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Todo sobre su padre: Eliseo Alberto y Eliseo Diego

Eliseo Diego (1920-1994), el gran poeta cubano, por años fue una especie de incógnita o espejismo literario; hasta había quien dudaba de su existencia. Era que, un hombre tímido y privado, Diego publicaba su obra en pequeñas ediciones de escasa circulación. Aunque desde principio recibió elogios de otros poetas, especialmente de José Lezama Lima, fue sólo muy tardíamente que obtuvo reconocimiento nacional e internacional. En 1986 ganó el Premio Nacional de Literatura de Cuba y en 1993 el Premio Juan Rulfo en México. Formó parte del grupo de escritores que se nucleó en las páginas de la revista Orígenes (1944-1956), pero, a pesar de su lealtad al grupo, mantuvo su independencia e individualidad estética. Estuvo siempre consciente del gran peso poético que lo rodeaba, sobre todo el que ejercía la magnífica e importante obra de su amigo José Lezama Lima. Este fue su primer crítico y constante admirador, pero siempre hubo entre los dos poetas una amistosa rivalidad que nunca dejó de tener tonos fraternales. Se admiraban mutuamente, se respetaban profundamente, pero se sabían disímiles y hasta antagónicos en términos estéticos. Por ello Diego le dedicó un hermosísimo poema a Lezama donde se presenta a sí mismo y a su amigo como los jugadores de una partida de ajedrez:

Una partida de ajedrez,

jugada por nosotros dos,

ha de quedar, no piensa usted,

siempre honorablemente a tablas,

dice José, riéndose entre la espuma.

Habla aquí la voz de Lezama, no la de Diego, quien al final del poema humildemente aclara: “¡A tablas, mi querido José! / Pero su risa, sí, / me tumba el rey definitivamente.” (“Elegía para un partido de ajedrez”) Aunque la humildad de Diego es ejemplar, hay que reconocer que la relación de los dos grandes poetas fue amable, cordial y hasta fraternal, pero siempre compleja y hasta competitiva. En el fondo se confrontaban dos visiones poéticas distintas, ambas barrocas, pero una oscura, la de Lezama, y la otra cristalina, la de Diego.

Una aún más compleja relación se estableció entre Eliseo Diego y su hijo, Eliseo Alberto Diego (1951-2011), quien para sobrevivir como escritor por sus propios méritos tuvo que hasta achicar su nombre y convertirse meramente en Eliseo Alberto, eliminando simbólicamente el apellido paterno. Creo, que también tuvo que dedicarse a la narrativa más que a la poesía, porque este segundo era el género donde dominaba y hasta reinaba su padre.

El caso invita a un estudio desde las perspectivas sicoanalíticas, aunque por ese rumbo no me encamino. También invita a un comentario desde la perspectiva política, pues tanto el padre como el hijo tuvieron una relación compleja y hasta a veces problemática con el gobierno cubano. Por años, especialmente a principios de la Revolución, Eliseo Diego quedó marcado por una cierta desconfianza oficial por su declarado catolicismo, por su visión estética y por su defensa de ciertos escritores que no comulgaban con el proceso político que se daba en el país. Con el tiempo esa desconfianza fue disminuyendo; recordemos que en el 1986 se le otorgó el más alto premio nacional de letras, lo que lo estableció como figura de la cultura oficial.

En cambio, la situación del hijo fue más conflictiva y culminó en el auto-exilio en México donde murió, como su padre. La pieza principal para un análisis político de esta relación muy probablemente sea Informe contra mí mismo (1997), un libro donde Eliseo Alberto hace un análisis, desde su experiencia, de la situación política cubana y de su relación con su padre, quien en este libro se puede ver como figura que encarna el país en general. La gran auto denuncia en estas páginas es que la policía cubana le pidió al hijo que vigilara y denunciara a su padre. Este conflicto, entre otras circunstancias, lo llevó al auto exilio mexicano.

Como se puede ver por esta evidencia, la tentación del comentario político y sicoanalítico es fuerte, fuertísima; la vida de padre e hijo se presta a ello. Pero, por mis propios intereses, me acerco a la relación entre ambos desde otra perspectiva, desde la de la historia de la literatura. Para ello me valgo del comentario de un libro póstumo de Eliseo Alberto, La novela de mi padre (México, Penguin / Random House, 2017). Pero antes de emprender esa ruta, antes de ceñirme a mis intereses al leer este libro, se hace útil y necesario describirlo, aunque sea brevemente, y hacer algunos apuntes biográficos de los dos autores.

Eliseo Diego se dedicó a la poesía y también escribió breves cuentos que colindan con la literatura folklórica y la fantástica y que siempre tienen profundos tonos poéticos. En cambio, Eliseo Alberto comenzó escribiendo poesía, pero se destacó como novelista. Su obra más conocida en este género fue Caracol Beach (1998), obra con la que obtuvo el Premio Alfaguara. Recordemos que Eliseo Alberto se exiló en México. Sus padres permanecieron en Cuba, pero pasaron los últimos meses de la vida de Diego en México, donde este murió en 1994. Eliseo Alberto también falleció en la misma ciudad diecisiete años más tarde.

El libro que nos interesa ahora, La novela de mi padre, es, pues, póstumo. El mismo comienza con el recuento del hallazgo de unas decenas de páginas escritas entre 1944 y 1945 por Eliseo Diego donde esbozaba una novela que nunca terminó. Con el viejo recurso clásico del manuscrito perdido – recordemos al Cide Hamete Benengeli de Cervantes, autor favorito del padre – el hijo abre su libro. La idea no es recrear o reconstruir la novela perdida del progenitor sino contar la vida de este, especialmente el momento de la concepción de la novela inconclusa. La vida del padre, como el título apunta, se convierte así en su novela o en la novela del hijo sobre su padre. Desde el título del texto se juega con la confusión de géneros: crónica, autobiografía, novela. En este juega también un papel esencial la madre del escritor, Bella García Marruz (1921-2005), hermana de la gran poeta cubana Fina García Marruz quien, a su vez, fue la esposa de Cintio Vitier, todos miembros del llamado grupo Orígenes.

La novela de mi padre se compone de fragmentos donde la voz narrativa – la que suponemos es la de Eliseo Alberto – reconstruye la juventud de Eliseo Diego y rememora su historia familiar, intercalados estos fragmentos por cartas de Bella a Diego, entonces su novio, escritas durante los años de composición de la novela inconclusa. En esos años el poeta estaba fuera del país por razones médicas. (Este fue siempre muy delicado física y sicológicamente.) Presuponemos que las cartas de la madre al padre las inventa el hijo quien se vale de ellas para construir la voz narrativa de Bella, una mujer que no escribió poesía pero que estaba plenamente ligada al ámbito poético cubano, hasta el punto de convertirse en una especie de crítica o evaluadora de la poesía de su marido, de su hermana, de su cuñado y de todos los poetas que convivían en ese admirable grupo que se creó a través de las páginas de la revista Orígenes. No cabe duda de que aunque nunca publicó una sola página en esa revista, Bella García Marruz fue otra origenista más.

Desde la perspectiva de la historia literaria, La novela de mi padre no hace verdaderamente grandes contribuciones al conocimiento de la poesía cubana de ese momento; lo que cuenta el libro ya lo conocíamos. A pesar de ello este es de valor pues ofrece una visión íntima del grupo y en sus páginas aparecen, además de los poetas ya mencionados, otras figuras importantes del momento, como el pintor René Portocarrero, el crítico José Rodríguez Feo, el sacerdote Ángel Gaztelu, el músico Julián Orbón y el entonces joven poeta Roberto Fernández Retamar, entre muchos otros. Más que hacer aportes nuevos a la historia de Orígenes y el mundo intelectual y artístico de su momento, Eliseo Alberto ofrece una agradable y amena imagen, desde dentro, de ese importante momento de la cultura cubana.

Propongo leer, pues, La novela de mi padre como una visión de ese complejo mundo poético cubano hecha por el que podríamos considerar miembro de una segunda o tercera generación de Orígenes. Es el niño y el joven hijo de dos miembros del grupo quien recrea ese importante momento de la cultura cubana. También propongo leer este libro como una revaloración de la figura de la madre, Bella Esther García Marruz, quien siempre estuvo integrada al grupo Orígenes pero no como contribuidora directa de la revista sino como observadora activa del grupo. El personaje que de ella crea Eliseo Alberto parece un ser pasivo en cuanto a la creación del grupo, pero su aparente pasividad fue una forma efectiva de integrarse, observar y criticar a los actores culturales que siempre la eclipsaron o a quien ella dejó que la eclipsaran. Al darle voz a su madre se le asigna un papel que obviamente tuvo en vida pero que todos parecen ignorar. Bella García Marruz era la observadora escondida e ignorada que en estas hermosas páginas de su hijo se convierte en la testigo esencial para recrear el mundo privado de su padre y el gran mundo público de Orígenes.

Declaro mi prejuicio a favor del tema de esta revista cubana y del grupo de escritores que la formaron. Por años me ha fascinado el mundo de los poetas y artistas que formaron el inestable pero efectivo colectivo que se aglutinó en las páginas de la revistas Orígenes. Declaro especialmente mi marcado y particular interés por un crítico menor del grupo, José Rodríguez Feo, por uno de sus poetas mayores, Eliseo Diego, y por su disidente máximo, Virgilio Piñera. Confieso que ese interés prejuiciado – prejuicio positivo, recalco – me llevó a leer con gran entusiasmo este breve libro póstumo de un niño, de un joven que vivió muy directamente en ese mundo. Creo que La novela de mi padre es una visión filial de ese importante momento cubano y es también una clave para entender la obra de Eliseo Alberto mismo. Quizás tengamos que leer su obra de atrás hacia delante, desde este libro póstumo sobre el mundo de su padre – y de su madre también – a las denuncias del gobierno cubano expuestas en sus memorias y de ahí a su narrativa que no dejaba de ser una forma de negar o simbólicamente matar a su padre, el gran poeta que no llegó a escribir su propia novela.

Apunto, para terminar, que La novela de mi padre también vale la pena leerse por su prosa aguda, hermosa y atinada, prosa que en el fondo evidencia una fuerte raíz poética. En esos elementos poéticos de la narrativa y las crónicas de Eliseo Alberto sobrevive, por suerte y a pesar suyo, a pesar de todo, la voz poética del padre.

18o Festival de Cine de La Habana en Nueva York

La audiencia hispanohablante y latinoamericana de Nueva York, disfrutó esta primavera del Festival de Cine de La Habana que acaba de cumplir dieciocho años de existencia. El evento incluyó charlas educativas con participación de cineastas y actores invitados. Un festejo culminó el festival con la premiación de cintas destacadas, y el reconocimiento a sus realizadores y actores galardonados. La siguiente reseña es una selección de la muestra mayor de cine de América Latina de la cual merecen mencionarse las siguientes cintas extraordinarias: El Candidato del realizador Daniel Hendler, Uruguay-Argentina sobre el robo cibernético de información y El Soborno del cielo de Lisandro Duque, Colombia, donde se exponen los extremos de la intolerancia religiosa y el dogmatismo del clero católico y su grey en un pequeño pueblo de América del Sur.

Playing Lecuona – Dir. Pavel Giroud, JuanMa Villar, España/Colombia, 2015. 114 min Insularia Films (Documental presentado fuera de concurso) Esta composición cinematográfica codirigida magistralmente por el realizador cubano Pavel Giroud (El Acompañante 2016; La Edad de la Peseta 2006) y el productor canario JuanMa Villar, se inspira en la obra del cubano Ernesto Lecuona y Casado (1895-1963) figura cimera en el arte musical de las Antillas hispánicas y América Latina en el siglo 20. El filme rebasa todos los adjetivos que pudiéramos aplicar para clasificarlo como obra de arte magnífica. El pianista Chucho Valdés (IRAKERE-CD) dicta las pautas sobre el celebrado compositor mientras hace gala de su propio virtuosismo en la maestría del teclado, y nos guía husmeando el rastro del genio musical por las callejuelas de La Habana. Rememora el anecdotario familiar de lo vivido junto a su padre Bebo Valdés (Lágrimas Negras-DVD) pianista renombrado, amigo entrañable y miembro del círculo íntimo del artista Lecuona. Esta gira musical sobre las partituras de Lecuona se transforma en experiencia orgánica que parte desde el oído, y se desplaza a las imágenes visuales del filme colocándonos en el vórtice, el mero centro de un placer estético sensorial absoluto. El pianista cubano Gonzalo Rubalcaba hechiza con el efecto de su personalidad tan grata y la maestría técnica sobre el instrumento investido de sapiencia, mientras sacraliza el momento con profundidad, ejecutando con pasión y sutileza. Michel Camilo, dominicano, nos arropa de sensibilidad, hace brotar en el teclado un manantial de hermosa sonoridad que culmina con un conjunto de jazz. Se les une en Canarias el maestro Raimundo Amador, virtuoso sin par de la guitarra. El círculo musical e interpretativo culmina con tres voces de mujer: de España Ana Belén y Esperanza Fernández; Omara Portuondo de Cuba. Son artistas destacadas que se apoderan del espacio sonoro y escénico como celebrantes de un ritual sugestivo y sensual para sellar la inefable vivencia con emotiva intensidad. Los Muñequitos de Matanzas y el quinteto The Afro-Cuban Messengers salpican la pantalla con la alegría energizante de sus ritmos percutidos y danzas de solar. La cámara recoge de modo directo los cuadros escénicos sin desviarnos de lo fundamental que es la música, sus ejecutantes, y el homenaje que se le brinda al instrumento del piano con extremado fervor. No faltó el detalle misterioso de un ilustre piano que andaba por ahí perdido en busca de dueño y que predestinado arriba a puerto seguro. Posee el filme una edición precisa, sin distracciones, con un lenguaje cinematográfico acoplado en ritmo y matices en cada escenario. El conjunto total es una experiencia armoniosa inolvidable, una joya que deseamos sostener en un espacio infinito al contener todas las raíces musicales de Cuba y nuestro Caribe que es el legado glorioso de Lecuona: evocación de lo hispánico y lo africano, lo indígena y lo árabe, atravesando mares, jardines de palmeras, de luna y sol con Siboney, Danza de los ñáñigos, La Comparsa, Siempre en mi corazón, Andalucía, Malagueña, y Para Vigo me voy. Como dijo el poeta… lo criollo y lo mestizo ¡todo mezclado!

Últimos días en La Habana – Dir.FernandoPérez,Cuba/España 2016. 92 min Fernando Pérez (Suite Habana 2003; La vida es silbar 1998) es un director idiosincrático, original y cautivante que nos tiene acostumbrados a sorpresas ya sean formales, alegóricas o de contenido enigmático impregnadas de actos simbólicos. Esta vez asistimos al ocaso de una vida tronchada por la plaga maldita del sida que sigue asolando nuestro universo cotidiano. Disfrutamos de un mano a mano de carácter dialéctico entre dos actores-personajes inteligentes y diestros en el oficio: (Jorge Martínez y Patricio Wood) enfrentados por medio del lenguaje de los silencios, la emoción controlada y secreta de un lado, opuesto al agonista que habla hasta por los codos, medita en voz alta, compone y recompone la realidad cubana con un apoteósico y reflexivo gracejo, la exaltación humorística de las ironías de la vida. Lo más sorprendente es que justo cuando la llama espiritual parpadea, el personaje proyecta su nobleza. Al final el realizador Fernando Pérez nos divierte de manera magistral con un guiño a la muerte. La cinta y el intérprete Jorge Martínez recibieron el premio de Mejor Película, y Mejor Actor del HFFNY.

El Techo – Dir. Patricia Ramos, Cuba/Nicaragua, 2016. 70min En la ópera prima de Patricia Ramos, aparece una muchacha encinta acompañada de dos jóvenes que forman un trío inseparable que se la pasa en la azotea de un edificio en plena ciudad de La Habana. Los roles son interpretados por Andrea Doimeadiós, Jonathan Navarro y Enmanuel Galán. Son buenos actores que además de hermosos debutan en el cine por la puerta grande al captar nuestra atención con intensa curiosidad. Aunque la joven se niega a revelar quién es el padre del niño, ambos reclaman la paternidad porque están enamorados de ella. De momento se les ocurre montar en la azotea un improvisado negocito como respuesta a la batalla cotidiana por la sobrevivencia. Los resultados son inesperados: a veces extremadamente divertidos o decepcionantes y contradictorios. Entre la variedad de elementos acertados, una característica del filme es observar el desarrollo emotivo de la tríada, y la dinámica social entre los que se desplazan por los techos, creadores de otro universo de intimidad y tolerancia con reglas establecidas en complicidad. Es un filme encantador, filmado con los elementos necesarios sin desperdicio. La cinta muestra analogías, un feliz paralelo con Halfaouine, El Niño de las terrazas 1990, del realizador tunecino Férid Boughedir, exhibida en el Festival de Nuevos Directores del MOMA-NY donde descubrimos curiosos detalles culturales en las azoteas, además de una visita al legendario baño turco del mundo árabe.

Carpinteros – Dir. José María Cabral, República Dominicana, 2017. 107 min El reconocido actor haitiano Jean Jean protagoniza la cinta Carpinteros junto a la dominicana Judith Rodríguez, actriz que se las trae por su versatilidad arriesgada ante la cámara. Toda la acción principal ocurre entre muros en La Victoria, Najayo Hombres y Najayo Mujeres, repletas de jóvenes hacinados, desperdiciados en el pico de su juventud, aunque llenos de energía, con mucha maña y talento para la trampa, el traqueteo o trasiego callejero; en fin unos “tigres”. El otro detalle importante, es la penitenciaría una especie de “co ed” con una sección paralela para mujeres separada de los varones por una alta verja de alambre. Los que habitan el filme, en su mayoría son verdaderos reclusos con una alta tasa de analfabetismo. Estos internos han inventado un lenguaje de señas para enamorar llamado “carpinteo”. En primer lugar acuerdan las citas íntimas, luego todo tipo de negocios como la venta de marihuana y otros productos. Es un código donde los transmisores se tienen que entrenar y no fallar. En el transcurso la protagonista decide dejarse de un amante peligroso y juntarse con el joven haitiano que está menos viciado y pronto a salir, creando así un triángulo conflictivo de influencia y poder. Se infiere que el realizador ha querido dar un paso significativo hacia la integración social de la etnia francófona de Haití. Se comenta por ahí que los que ocupan la mitad del territorio quisqueyano son los despreciados de la tierra explotados por la oligarquía nacional. Al cabo, cuando se confirma la venta interna de estupefacientes se desata el alzamiento en el penal, y allí fue Troya… El manejo escénico de los actores y la edición de secuencias de lucha frontal seguro le valió a su realizador el Premio de Mejor Director.

Esteban – Dir. Jonal Cosculluela, Cuba, 2016. 90 min. Este es el cuento de un niño, un piano, y un músico desencantado de la vida… Esteban es un niño surgido de un sector urbano marginado dentro de la clase trabajadora habanera. Sus padres ya separados traquetean, o sea se sustentan activa y malamente del mercado negro que es ilegal. La madre de Esteban aunque joven, le exige al chico que trabaje para ella, en un lleva y trae de productos (chucherías, cosméticos de apariencia dudosa, como el ron artesanal que vende su papá a los borrachos) distribuidos entre cierta clientela de la ciudad. La quejosa madre cumple con alimentarlo y por lo menos mandarlo con su ropita limpia a la escuela. En el trayecto Esteban siempre se detiene a oír música ejecutada al piano por cierto personaje, un ogro a pesar suyo. Es un encuentro inevitable: al chico le gusta la música. A pesar del rechazo del gruñón musical que habita al otro lado de la verja, la tenacidad ferviente y obsesión ante el embrujo de la música culta, le provoca saltar el muro de contención para domar y capear al ogro. Con sutileza lo convence de que le dé clases, que le paga y que después. Eso, sin tener apenas un centavo para costearlo. Podríamos catalogarla como narrativa simbólica del mito de germinal, con final prometedor. Con lo inteligente y talentoso que es Esteban, quien quiera que tenga conciencia, buen corazón y biblioteca, lo adopta. Reynaldo Guanche el estudiante y Manuel Porto el profesor de música comparten la pantalla de forma magistral. Para culminar los solos musicales están ejecutados por Chucho Valdés al piano convirtiendo la música en personaje imprescindible de la existencia noble. Es otro buen filme cubano, ópera prima sin morbo, que derrocha esperanza. ¡Bravo!

*La autora es actriz de teatro y fue profesora de Español, Estudios Puertorriqueños y del Caribe en la Universidad de la ciudad de Nueva York CUNY.

Bajarán a votación proyecto para prohibir cenizas de carbón

El exalcalde de Salinas y senador Carlos Rodríguez Mateo, presidente de la Comisión de Salud Ambiental y Recursos Naturales del Senado, dijo en un programa de radio que esta misma semana bajará un informe presentando un proyecto sustitutivo para prohibir el uso de las cenizas de carbón en Puerto Rico.

El senador hizo estas expresiones el pasado sábado, en el programa Contacto de Pueblo, que transmite la emisora Radio Whoy (1210 AM) de Salinas.

“En esta semana, si no siguen enviándonos más documentos, en esta semana debe salir el informe a los miembros de la Comisión. En esta misma semana. Y yo no creo que pueda estar anticipando escenarios, porque yo debería ser neutral en ese ejercicio, pero la realidad es que al final del camino las cenizas no se van a depositar en Puerto Rico. Porque lo dijo el señor gobernador que es política pública”, expresó Rodríguez Mateo.

El legislador se refería a las expresiones que ha hecho el gobernador, y varios jefes de agencias, con respecto a que la política pública del gobierno es que los residuos de la combustión tienen que sacarse fuera de Puerto Rico.

Sin embargo, las cenizas tóxicas siguen acumulándose en un vertedero de grandes proporciones, en el patio trasero de la carbonera AES en Guayama, dijo Manolo Díaz, portavoz de los residentes de Peñuelas.

Al igual que han insistido distintas organizaciones que luchan contra las cenizas, el doctor de profesión explicó que el gobernador podría aprobar una orden ejecutiva para terminar este asunto del depósito de los residuos de carbón.

“Él pudiera hoy, con una simple orden ejecutiva, como las muchas que ha firmado, como las muchas que firmó desde el primer día, prohibir el uso de las cenizas en Puerto Rico. Y yo creo, lo he dicho muchas veces, que eso es una medida salomónica, porque primero, independiente si causa o no causa enfermedad, ya no va a tener ese riesgo a las comunidades. Independiente si ese producto excede los niveles de toxicidad, si algún día los excediera, no va a estar en Puerto Rico”, manifestó el senador.

A la salida del programa radial, Rodríguez Mateo fue confrontado por un grupo de residentes de Peñuelas, Guayama y Salinas, quienes se manifestaban frente a la emisora.

“Entendemos que el senador Rodríguez Mateo ha intentado dilatar este proceso. Llegó a decir que no había tiempo para aprobar este proyecto en esta sesión del senado que termina el 25 de junio. Pero, al parecer la presión ha ayudado a que cambie de opinión y acaba de anunciar que por fin bajará el proyecto a la comisión. Esperamos que este proyecto se apruebe en el senado y que pase inmediatamente a la Cámara de Representantes para que sea evaluado y aprobado en esta sesión. Hay tiempo suficiente”, sostuvo Díaz.I

En Memoria: Carlos Irizarry (1938-2017) La vida como performance, como pintura, como conspiración

Cuando se menciona a Carlos Irizarry, un inmenso icono de la plástica puertorriqueña de la segunda mitad del siglo 20 fallecido el pasado sábado tras una larga pelea contra el cáncer, se invocan dos entes que vienen a la mente. Aquel artista que dentro de una cuadrícula adrede evidente, jamás oculta, tomaba los signos conocidos de nuestro ser colectivo puertorriqueño, evicerándolos en una realidad actualizada, como su emblemática Transculturación del puertorriqueño (1975), en la que tomaba la imagen del cayeyano Ramón Frades, discípulo de Francisco Oller y su realismo social en su Pan nuestro de cada día (1905), que retrataba a un campesino con todos los signos de la miseria, empuñando un racimo de plátanos, y la de aquel hombre que entró un buen día desnudo a consumir a El Patio de Sam, haciendo a su propietario en pánico arrancar precipitadamente un mantel para cubrir su descubierta anatomía. De aquella Julia de Burgos inmensa, dibujada en tan suaves tonos, y el ser humano que amenazaría con asesinar al presidente de Estados Unidos de aquel entonces (Gerald Ford), y amenazaría de nuevo dentro de un avión, con hacerlo pedazos, de no liberarse a los nacionalistas presos por los ataques a la Casa Blair y al Congreso de los Estados Unidos de 1950 y 1954, pagando un mes en una prisión federal por un acto, y cuatro años por el otro, tiempo que dedicó a ser maestro de arte de su comunidad penitenciaria, dejando como legado de ese momento la formación en el oficio de otro artista puertorriqueño, Pablo Marcano.

Y quizás no sería especulativo decir que si nos trasladáramos a la propia percepción del artista, no encontraríamos el más pequeño atisbo de una línea divisoria entra ambos seres y sus hechos, siendo todos a su vez una obra plástica, siendo todos a su vez una conspiración, una subversión de todo lo anteriormente aceptado y conocido. Un germen de revolución y una revolución en un solo ser humano.

Criado en la hacienda La Florida, de su natal Santa Isabel, el que sería una figura tan importante de nuetra plástica migra a Nueva York afinales de la década de 1940. Su vocación por las formas y colores, le lleva a estudiar en la Escuela de Arte y Diseño de esa ciudad, originalmente influenciado por la escuela del expresionismo alemán de los albores del siglo veinte, movimiento de seres que concientemente buscaban subvertir todo aquello a que se le llamaba pintura hasta el momento.

A mediados de la década de los 60 regresaría a Puerto Rico, armado de sus conocimientos en pintura y artes gráficas. Ya aquí llegaría a ser director gráfico de dos recordadas publicaciones, hoy extintas, el periódico El Mundo, y la revista de comentario político Avance. En estas, y sobre todo en la segunda, Irizarry iba, como en algún punto del camino recorrido por la plástica había decidido subvertir las formas de ver del lector puertorriqueño.

A la misma vez que realizaba su trabajo com pintor, artista gráfico y comercial atendía su agenda, dejar sembrado un grupo de co conspiradores y futuros conspiradores, siendo cofundador del Centro Nacional de las Artes en San Juan y creó la Galería 63, esta última dedicada a promover el arte de vanguardia.

De ahí surgen un Irizarry que retaría abiertamente ya no una forma de arte circunscrita a la plástica, sino a la forma de percibir de un ser al que cada vez la vida colonial condicionaba más, un Carlos Irizarry, que se enfrentaría él solo,aún sin literales atavíos al estatus quo, ya violento y obsceno de su isla.

De esta faceta de su ser, se generan incontables anécdotas, como entrar como un comensal más, pero desnudo, en ese local de San Juan conocido como El Patio de Sam, como en su primer montaje del monólogo A mis amigos de la locura, de Carlos Umpierre y Ernesto Ruíz, al actor Teófilo Torres, en el ya inexistente café teatro La Tea le intentara interrumpir la función, comentando cada línea toda voz y tirándole cubos de hielo desde la barra hasta la tarima, sacándole un cuchillo, cuando el artista escénico, furibundo fue en el mismo segundo del apagón a golpear al artista plástico.

Torres recuerda el incidente: “Lo acusaron de tentativa de asesinato. La Guardia Municipal y la Policía le tenían ganas. Su abogado fue Marcos Rigau y el experto que aportó su conocimiento en géneros de Artes Plásticas y Teatro fue Jorge Rodríguez. Yo no entendía muy bien lo de arte conceptual en aquel momento, como tampoco sabía quién era Carlos Irizarry; la Fiscalía me incluyó como testigo, pero sabíamos que era un intento de encarcelarlo. Actué gran parte del monólogo A mis amigos de la locura en la sala ante el juez y Marcos Rigau logró que se desestimaran los cargos, por la razón principal de que el monólogo instaba a hacer una Revolución de locos, y éso fue lo que Carlos Irizarry había aportado a mi evento. ¡Genial! A ese encuentro debo en parte que después de 39 años yo continúe interpretándolo. Después del juicio Carlos y yo nos hicimos grandes amigos”.

Y el conspirador llevaría su performance y acto plástico a dimensiones que dos veces le costarían la prisión federal. En 1976, amenazó con asesinar al entonces presidente, Gerald Ford, durante su participación en la cumbre de las potencias económicas a celebrarse en Dorado entre mayo y junio de ese año. Tres años después, en un vuelo de American Airlines en 1979, le entregó una nota a una azafata, dirigida al presidente Jimmy Carter, en la anunciaba que volaría en pedazos el avión si no liberaba a los presos políticos puertorriqueños. El artista alegó que la acción pretendía ser una manifestación artística conceptual, lo que no evitó una condena en una penitenciaría federal de 1979 a 1983, en la que terminó como maestro de dibujo y pintura, compartiendo de lo aprendido con quien se convertiría en otro gran artista de nuestra plástica, Pablo Marcano.

Y siempre vanguardia, siempre punta de lanza renunciado a espaldas a la que seguir, Irizarry en su obra sumaría nuevas formas de hacerla, incurriendo en nuevas técnicas, antes no tratadas en Puerto Rico, y convirtiéndos en el primer artista puertorriqueño en utilizar la técnica de la fotoserigrafía. De hecho, mucha de su obra desde cierto punto en adelante se caracterizaría por la implementación e intervención de diversas imágenes fotográficas, puestas a conversar, o a enfrentarse entre sí en una misma superficie, la refriega resultante su manifiesto. Según se descubrían nuevas técnicas, Irizarry iba sumando siendo pionero de instrumentos digitales ante la masificación de la computadora en la década de 1980.

Sobre su figura, el artista plástico puertorriqueño Humberto Figueroa dice: “Carlos puede representar la inquietud que desemboca en cambio y revuelta. En días de agitación social desde los sectores ilustrados y claros de que la vida es cambio, Carlos Irizarry asoma su ojo e invita a mirar a fondo su obra. Pionero en exploraciones técnicas saltó del diseño a la fotografía desde el ejercicio gráfico. Así sumó sin esfuerzo en el tracto evolutivo del lenguaje artístico puertorriqueño. Afincado en los asuntos de identidad política y cultural con precisión formal y desde su lenguaje de avanzada se afirmaba. Ese discurso plástico se basa en la cuadrícula que permite la multiplicación de imágenes que se interconectan tematicamente y sobre ello el artista suma su línea editorial crítica. Así logra su díptico fotoserigráfico que denuncia la guerra en Vietnam ya para el 1968-69. De igual forma se incorporó a la escena artística de San Juan vinculado a los artistas de mayor perfil creativo al momento. Hace obra de experimentación formal y técnica durante su vida y le suma a ello varias acciones artísticas de incisivo mensaje político sobre la condición colonial de la isla y su derecho a la independencia. Por ello sufrió cárcel aún contando con el apoyo de abogados comprometidos con la lucha cultural nacional. Desde prisión realizó su obra de mayor tamaño y de juegos compositivos. Con materiales diversos de uso común realizó retratos monumentales que se presentaron en el viejo Museo de Bellas Artes de Puerto Rico del ICP en la calle Cristo 253. Esa inauguración celebró su retorno a San Juan en grande no hay celda que limite el empuje libertario de un artista de inteligencia y valor patriótico. Carlos Irizarry queda vivo en su obra y en su ejemplo de vida. Un artista anda de la mano con su urgencia de hacer cosas nuevas, admirando las precedentes y añadiendo desde su registro un nivel que afirma la realidad del ser puertorriqueño artista. Así hizo Carlos. Gracias al pueblo de Santa Isabel que desde su costa caliente da hombres y mujeres valientes con ingenio”.

A él también le hace homenaje el pintor Rafael Trelles cuando dice: “Conocí sus fotoserigrafías en 1975 cuando estudiaba en el Colegio de Mayagüez. Me impresionó la técnica depurada y la temática comprometida con los movimientos de protesta en contra de la guerra de Vietnam y la hambruna en África. Un año más tarde, leí en los periódicos sobre su arresto y encarcelamiento por exigir la excarcelación de los presos nacionalistas mediante un acto artístico subversivo, convirtiéndose en el primer artista puertorriqueño que es encarcelado por violar la ley mediante una obra conceptual. Desde entonces supe que estaba ante un artista ejemplar de gran verticalidad y compromiso con nuestro país, digno heredero de los maestros del 50, de la estirpe de Oller, Frade y Carlos Raquel”.

Según su compañero en el arte de la Patria y compañero de celda por la Patria, en momentos y lugares diferentes, Elizam Escobar, sus restos serán expuestos en el Ateneo de Puerto Rico, en un acto de recordación y celebración de su vida, obra y legado, para al día siguiente ser sepultados en el El Cementerio de Santa María Magdalena de Pazzis, el llamado Cementerio del Morro, en el Viejo San Juan, en una tumba conseguida por sus amigos artistas.

¿Se desmantela una gran potencia?

¿Cómo se desmantela una gran potencia? La pregunta la lanza el escritor venezolano Moisés Naím, en una columna presidida por este sugestivo titular, en la que afirma que Estados Unidos está “renunciando” a su “liderazgo mundial”. Concluye que la retirada unilateral de acuerdos comerciales internacionales y el limitado apoyo a entidades como la OTAN, el Banco Mundial y el Fondo Monetario, implican una “cesión de poder” y una “abdicación” por parte de la potencia norteamericana. Afirma que esta política de la administración de Donald Trump constituye un “regalo” a potencias emergentes y opositoras, como China, que rápidamente se han movido a llenar el vacío que deja Estados Unidos en el escenario mundial.

Cuando se publicó el artículo de Naím, Estados Unidos aún no se había retirado del acuerdo de París sobre cambio climático. Tras ese último anuncio vimos cómo inmediatamente el primer ministro de China reafirmó su apoyo al pacto flanqueado por la líder alemana Ángela Meyer, lo que parecía confirmar la tesis de Naím.

Entre las medidas que está impulsando el magnate neoyorquino hay una muy importante que no encaja con este análisis y nos lleva a preguntarnos si realmente Estados Unidos está renunciando a su papel hegemónico y prepotente en el mundo. Mientras ordena revisar el acuerdo de libre comercio con México y Canadá y cuestiona la inversión que su país hace en la OTAN, simultáneamente Trump aumenta el gasto militar hasta alcanzar la increíble cifra de $600 mil millones de dólares en un solo año. Nadie que estuviera pensando retirarse de los escenarios donde de ordinario impone su mollero, se dispone a aumentar de esta manera el gasto militar.

Desde los comienzos de la Guerra Fría la política exterior de Estados Unidos se resume en una frase grotesca y despreciativa, pero que define muy bien su comportamiento: “carrot and stick” o zanahoria y macana, aunque tal vez la mejor traducción es “limosna y fuerza bruta”. En ocasiones, dependiendo del gobernante de turno, sus acciones se inclinan más hacia uno de los dos elementos de la balanza, pero ninguno de ellos nunca deja de estar presente en la ecuación.

Ambos elementos se utilizan con esmero desde que la Segunda Guerra Mundial dejó a Europa en ruinas y a Estados Unidos como principal potencia militar y económica del mundo. El objetivo de esas políticas siempre ha sido el mismo: lograr que sus fuerzas económicas dominen en otros países. En la historia de la humanidad el dominio militar nunca ha sido un fin en sí mismo. Ningún pueblo domina a otro por el gusto de dominarlo, sino para la explotación y el beneficio económico del dominador. Así ha actuado siempre Estados Unidos. Cuando, tras el fin de la segunda gran guerra asumió el liderato del llamado “mundo libre” frente a la expansión comunista, nunca perdió de vista que realmente actuaba como líder y portavoz del gran capital.

Como señalé antes, en ocasiones varió el énfasis sobre uno de los dos elementos de la ecuación, dependiendo del gobernante de turno. Durante la década del ’50 del pasado siglo, la Casa Blanca estuvo al mando de un militar, Dwight Eisenhower, y el énfasis se puso en la macana. La guerra de Corea y el apoyo irrestricto a las dictaduras en América Latina (y de Europa como las de Franco y Salazar) son buenos ejemplos. Bajo John Kennedy siguió la misma ecuación, pero el énfasis estuvo en la “zanahoria”, ejemplificada en programas como la Alianza para el Progreso, la Agencia de Desarrollo y los Cuerpos de Paz. Con uno u otro el objetivo último –mantener el poder hegemónico necesario para la explotación económica– nunca varió. Así ha sido siempre.

¿Representa Donald Trump el rompimiento de esa ecuación? El significativo aumento en el gasto militar sugiere un renovado énfasis en la macana, un poco olvidada durante los ocho años de Barack Obama. Pero en las políticas que impulsa el magnate hay un cambio que, si continúa acentuándose, implicaría un elemento nuevo que se añade a la ecuación. Me refiero a su belicosidad contra países y líderes que hasta ahora habían actuado del lado de Estados Unidos en su marcha hegemónica por el mundo. Trump ha empezado su presidencia peleando con amigos, que lo han sido no sólo de su país, sino más aún del gran capital que dice representar.

En su marcha hegemónica a lo largo de los últimos ochenta años Estados Unidos no ha estado solo, sino que ha contado con la estrecha colaboración de un grupo grande de otros países. En Europa han contado con Gran Bretaña, Francia y Alemania como socios principales, en Asia ha estado Japón y América se ha apoyado en sus vecinos inmediatos, México y Canadá, y en ocasiones Colombia y Brasil. Estas alianzas han estado basadas en la existencia, con leves variaciones, de un mismo sistema económico en todos estos países donde la “libre empresa” y la circulación sin trabas del capital ha sido la norma. Hasta ahora Estados Unidos ha sido el líder de sus pares, no de sus opositores.

A lo largo de los últimos veinticinco años, esa intensa actividad económica entre socios ha producido una estrecha imbricación entre capitales –eso que llaman “globalización”– donde hasta ahora el originado en Estados Unidos sigue siendo dominante, aunque tal vez no con la misma rotundidad del pasado. Ahora, debido a esa imbricación, ya no es tan fácil determinar cuál capital domina ni qué grupo realmente controla determinada rama.

Esta reducción relativa del domino del capital estadounidense en el mundo globalizado es lo que molesta a un magnate de mente pequeña como Donald Trump, quien en medio de sus rabietas pasa por alto la realidad actual. No se da cuenta, por ejemplo, que cuando ataca a Alemania porque tiene un superávit comercial frente a Estados Unidos, entre las empresas beneficiarias de ese intercambio desigual hay muchas de capital estadounidense, ni que cuando pretende proteger a las empresas que invierten en Estados Unidos, entre ellas hay muchas con capital alemán o japonés.

¿Continuará Trump acentuando sus conflictos con sus otrora aliados hasta afectar la función de su país como líder mundial del capitalismo? Los que más se perjudicarían con ese resultado serían los grandes capitalistas de Estados Unidos y es lógico esperar que actúen antes de que su nuevo líder les trasforme un mundo donde ellos todavía dominan. El incremento en el gasto militar que simultáneamente hace Trump, preparándose para su política de macana, no le resuelve al capital estadounidense –entrelazado con el europeo y el japonés– los problemas que provocaría el proteccionismo retrógrado que promueve el gobierno de Trump. A ver qué harán.