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En Memoria: Radamés Quiñones Aponte – La versatilidad de un líder sindical

El movimiento obrero puertorriqueño tiene la virtud de contar con sindicalistas como Radamés Quiñones Aponte, quien fuera uno de los fundadores de la Unidad Laboral de Enfermeras y Empleados de la Salud(ULEES). La ULEES se formó para la década de los setenta del siglo XX pero la militancia obrera de Radamés data desde mucho antes. Radamés, quien era natural de Salinas, era activista independentista desde los tiempos de escuela superior, según dan fe dos de sus amigos de juventud, los compañeros Nelson Sambolín y Nelson Santos. Dirigentes de la ULEES nos comunican que sus estudios de enfermería graduada, los realizó en el Hospital de Damas, institución organizada por la ULEES.

Al graduarse como enfermero en los setenta, se trasladó a San Germán para trabajar como enfermero anestesista en el histórico Hospital de La Concepción, fundado por el Obispo Alonso Manso en los primeros años de la colonización española, (1511). Allí, Radamés se inició en las filas sindicalistas, y se afincó en esas lides cuando se tiró a la calle con las enfermeras prácticas, en una huelga donde la Fuerza de Choque se movilizó para acallar con sus macanas la participación de los trabajadores de la salud. Cuando se desarrolló esa huelga, el hospital estaba ubicado en el pueblo, cerca de la Calle Luna. Para esa época la lucha de independencia y la lucha sindical estaban fortaleciendo sus formas de movilización y organización ante el llamado del Movimiento Pro Independencia al trabajo de base y la lucha de calle en apoyo a los reclamos obreros. Llamado, al cual Radamés Quiñones no era ajeno, al incorporarse a las diferentes esfuerzos organizativos que se desarrollaban en San Germán, la Ciudad de las Lomas.

Con nuevas estrategias organizativas, el MPI reactivó sus organismos de base mediante los círculos de estudios, el trabajo estudiantil y la propaganda en los centros de trabajo. Radamés Quiñones fue parte de esos esfuerzos, junto a Israel Torres Penchi, Miguel Santín, René e Iván Matos, Alberto Márquez, (responsable de Educación Política del MPI y miembro de su Comisión Política), Don Abraham, Don Jandro (quien trabajaba en el Hotel el Oasis y había sido fundador del MPI; y el Dr. José (Pepe) Román, entre otros. El entusiasmo y el optimismo pegajoso de Radamés contribuyó al despunte de un Junte de viejos militantes pipiolos, nacionalistas y emepeístas; y de mucha juventud que tuvo a bien llamarse el Círculo Lola Rodríguez de Tió, el cual inundaba de CLARIDAD los semáforos de la calle Luna todos los viernes en la tarde.

Allí estaba Radamés como uno de los más entusiastas vendedores del Periódico CLARIDAD, con Jorge Silva (Puro). Ese colectivo Lola Rodríguez de Tió se encargó eventualmente de organizar Lajas y Sabana Grande, además de organizar una FUPI en la Interamericana de Sol Luis Descartes; y una FEPI (Federación Estudiantil Pro Independencia, en la Escuela Lola Rodríguez de Tió. Ello, sin contar los círculos de estudios del Guamá, Sabana Eneas, el Cotui, El Retiro y en la General Electric, donde se trató de promover su sindicación.

Ese empuje para organizar, para movilizar y para pelear nunca lo perdió Radamés. Si algo han tenido los hospitales privados a lo largo de décadas ha sido un sindicato consecuente en la lucha sindical- con convenio o sin convenio; con descuento de cuotas o sin descuento, certificados o descertificados. Eso me lo afirmaron los funcionarios de la ULEES Ariel Echevarría y Justiniano Díaz. Radamés era un guerrero sindical. No digo que fuera el único, ni que otros no lo hayan hecho, pero la ULEES y Radamés han escrito su propia historia con los trabajadores y trabajadoras de la salud, siendo persistentes en los principios sindicales y en la solidaridad obrera.

La ULEES cuenta con una infraestructura envidiable: local, tecnología y tumbacoco. Todo ello-enfatizan los sindicalistas- Radamés lo tenía disponible para dar solidaridad. No esperaba que se le solicitara. Era desprendido con las causas justas: con la lucha estudiantil, con los reclamos comunitarios y con todos los esfuerzos para acabar con la desigualdad. Con mucho orgullo, una de las delegadas me hablaba que la Unión le enseñó a respaldar todas las actividades justas. Que vió su transparencia, su verticalidad y claridad. De otra parte, Radamés era un gran amigo.

No escapa para las personas que compartimos con él su compromiso con la educación obrera. Desde el Día uno, comenzó a apoyar al Instituto Laboral de Educación Sindical, el ILES, enviaba a su gente. Recientemente en Ponce, para el Día Internacional de los Trabajadores, participamos con una veintena de delegados y delegadas jóvenes del inicio de una promoción de educación sindical, lo que aprovechamos para rendir honor a Pedro Grant; y rememorar algunas de las anécdotas del Instituto Laboral de Educación Sindical, el ILES, del cual fue un ferviente colaborador.

Hay algo que no puedo dejar de decir: es que nunca tranzó con la afiliación de uniones puertorriqueñas a las norteamericanas. Para él era una cuestión de principios. Lo cual no le restaba capacidad para entender esa dimensión de la diversidad, tan necesaria para llegar a la unidad en la acción.

La ULEES da cuenta de sus aportaciones para mejorar las condiciones de trabajo en el sector de la salud. Destaca la ampliación de cláusulas en los convenios, la reclasificación de las escalas de enfermería en alianza con el Colegio de Enfermeras Graduadas e involucrarse en un esfuerzo legislativo para establecer un salario digno mediante legislación a las enfermeras prácticas y privadas. De la misma manera, hizo constar su solidaridad internacional apoyando durante muchos años la Revolución Cubana, la Misión de Puerto Rico en Cuba, Juan Mari Brás y otros esfuerzos de solidaridad patriótica. De las últimas gestiones compartidas con Radamés, destaco el apoyo al homenaje a Juan Mari Brás, y a la Misión de Puerto Rico en Cuba.

Radamés, como Pedro Grant, Angel Báez, Isolina y otros y otras, han dejado un amplio legado cultural, sindical y político. Necesitamos su ejemplo, para seguir adelante. Gracias, Radamés.

Destituyen a la junta de gobierno de la AEE

Una nueva junta de gobierno al servicio de los bonistas, es el claro propósito de la nueva ley que “reestructura” la composición de la actual Junta de Gobierno de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE).

El gobernador Rosselló Nevares, firmó este lunes 26 de junio la nueva Ley de la Autoridad de Eenergía Eléctrica (AEE) la cual constituye de facto una destitución de los actuales miembros de la JG de la AEE. La nueva ley reduce de nueve a siete los miembros de Junta con lo cual se reduce la representación en el citado cuerpo de la mayoría de los abonados de la AEE que es el pueblo.

La nueva JG estará constituida por tres personas nombradas a total discreción del Gobernador. Otros tres nominados por el Gobernador para consentimiento del Senado. Estos tres nominados a su vez serán seleccionados de una lista de candidatos como resultado de un proceso de búsqueda de talento. Este requisito de “independencia” es para cumplir 2/ 3 de los requisitos impuestos por la Junta de Control Fiscal (JCF). El séptimo miembro será el representante de los consumidores, seleccionado mediante elección dirigida por el Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO). Antes eran tres los representantes de los consumidores.

Según la nueva ley cinco de los siete miembros deberán ser residentes de la isla, sus miembros deberán fijar por unanimidad su compensación, o en su lugar lo hará el gobernador. Para uno de los ya exrepresentante de los consumidores en la JG, el licenciado Carlos Gallisá, los cambios responden a exigencias de los bonistas y acuerdos entre la JCF y el gobernador Rosselló Nevares. El Plan Fiscal de la AEE fue sometido a la JCF en reunión el pasado 19 de marzo y aprobado por la JCF el 28 en abril 2017, en su resolución número cinco. En ambas reuniones se aprobaron cambios y tomaron decisiones que no fueron compartidas con la JG.

Gallisá, defendió que la junta destituída ha sido la de mayor independencia de criterio que ha tenido la citada corporación pública y que por el contrario la falta de transparencia, una cero fiscalización, la politización, una apertura a la corrupción, una reducción de ingresos, dado a la asignación de una remuneración a sus miembros, serán algunas de las consecuencias de la nueva junta.

Llaman la atención las palabras del Gobernador al firmar la ley de que los cambios al máximo rector de la AEE “ayudará a recuperar la credibilidad del gobierno y encaminar la economía de la isla”. Eso contrasta con la misma resolución número cinco de la JCF que aprobó el PF. La resolución reconoce que habrá un aumento en la tarifa del kilovatio hora, de 21 centavos, mientras habrá una reducción en el consumo de 23%.

En la resolución también se advierte que si no se cumple con los objetivos del Plan fiscal de; “reducir sustancialmente el costo de generar energía (costos de combustible) y mejorar la red de distribución a través de acuerdos de colaboración pública / privada sin obstáculos y / o privatizando completamente la generación de energía”, habrá la necesidad de privatizar por completo la generación de energía. Mientras tanto el acuerdo de reestructuración (RFA) de la deuda de la AEE se encuentra en suspenso.

En riesgo los Servicios Legales para personas pobres

Durante el largo tiempo que he trabajado en Servicios Legales de Puerto Rico (SLPR), muchas han sido las ocasiones en que ha estado en riesgo la importante aportación que hace esta institución para que las personas de escasos recursos económicos tengan acceso a la justicia en el ámbito civil. A este programa cuya iniciativa fue del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico hace cinco décadas, se suman otros que surgieron posteriormente como la Oficina Legal de la Comunidad (OLC), vinculada a la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana y Pro Bono del Colegio. Son organizaciones que económicamente funcionan a base de propuestas que someten principalmente a la Corporación de Servicios Legales de Estados Unidos (LSC, por su siglas en inglés) y en mucha menor cuantía, pero de igual importancia, a la Legislatura de Puerto Rico. En cuanto a los fondos federales, la mayoría de las reducciones sufridas han respondido a las posiciones más conservadoras del Partido Republicano cuando ha asumido el poder. Típicamente organizaciones como SLPR litigan contra el gobierno por violaciones de derechos y esto, por supuesto, no es de su gusto. Así ocurrió cuando Ronald Reagan, cuyo gobierno impuso además limitantes restricciones para los casos que pueden tramitarse.

En esta ocasión en que el “Trompismo” ha rebasado los límites de la imaginación en cuanto a abuso de poder y decisiones adversas para las personas más vulnerables, ni siquiera aparecieron fondos asignados a LSC en el presupuesto inicial que fue sometido por la Casa Blanca. La esperanza está puesta en que tanto en el Partido Demócrata como en su contrario, hay defensores de los programas de Servicios Legales y que eventualmente la negociación que los procesos presupuestarios conllevan produzca asignaciones, aunque se da por descontado que habrá importantes recortes de fondos que traerán consecuencias sobre las entidades de Puerto Rico. Respecto a las asignaciones de la Legislatura de aquí, el drama tiene su raíz en la recesión económica que sufrimos, en el rol determinante de la Junta de Control Fiscal y en el proceso que se está dando en Cámara y Senado con el presupuesto. La falta de información y de un proceso abierto y participativo nos mantiene en ascuas sobre cuáles van a ser las cantidades que finalmente sean asignadas a los distintos programas de ayuda legal, al menos hasta el momento en que escribía este artículo. Están en la misma cuerda floja que otras organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro, que ofrecen al Pueblo servicios esenciales que el gobierno no puede proveer porque carece del personal especializado que se requiere y de las condiciones necesarias.

Es tiempo entonces de aunar esfuerzos para que las entidades que hacen la labor de viabilizar el acceso a la justicia a las comunidades que defienden su derecho a la vivienda y a la protección de los recursos naturales; a las sobrevivientes de violencia de género, incluyendo a las inmigrantes indocumentadas; a las personas que están al borde de perder sus hogares debido a la crítica situación económica que el país trata de sobrevivir; a las niñas, niños y jóvenes con diversidad funcional cuyo reclamo a la educación especial que necesitan está amenazado, continúen operando con la calidad y dignidad que se requiere. De esta forma también serán preservados los empleos de madres y padres de familia que por años han trabajado en SLPR, en la OLC y Pro Bono. El junte de acción y defensa de la integridad de los programas señalados debe ser en alianza de unos con otros, como ha ocurrido en años anteriores; de las gerencias que los dirigen y las juntas de dirección con las uniones que representan a su fuerza trabajadora, en la que hay abogadas y abogados, personal de apoyo y administrativo; junto a la clientela que es la razón por la que existen. ¿ Qué mejor demostración de la justeza de que estas iniciativas que surgen de la sociedad civil y de esfuerzos comunitarios se mantengan como brazo defensor de los reclamos de justicia de las personas más necesitadas que la unidad de todos los sectores involucrados, compartiendo información, estrategias, acercamientos, reuniones, iniciativas? Al igual que la sociedad puertorriqueña en estos tiempos aciagos debe refugiarse en la fuerza de la solidaridad, el análisis y acciones de consenso para resistir los males que nos acechan y luchar por nuestros derechos, las organizaciones que representan a las personas pobres en sus reclamos legales amenazadas por los recortes de fondos deben hacer lo mismo.

La tierra prometida

Puerto Rico, para la diáspora, es la tierra prometida.

En momentos en que los miles de puertorriqueños y puertorriqueñas que vivimos en los Estados Unidos resistimos a diario contra el racismo abierto del Presidente y sus seguidores, las palabras del patriota Oscar López Rivera brindan un hálito de esperanza.

Su expresión, que parece tan sencilla, conforma un complejo concepto que sólo los que vivimos lejos de la patria, de la nuestra, de nuestros antepasados y de nuestra descendencia, entendemos con el corazón.

Casi me atrevo a asegurar que cuando López Rivera propuso esta idea, todos los boricuas exiliados que lo fuimos a ver y escuchar hace varios días a Hartford, Connecticut, asentimos.

“Vengo de una familia que ahora tiene tres generaciones de puertorriqueños nacidos y criados en los Estados Unidos. Y sé algo con certeza, cada uno de los miembros de mi familia ama a Puerto Rico. Ellos visitan Puerto Rico y se identifican con Puerto Rico. Tenemos que mirar a Puerto Rico como nuestra tierra prometida. Por ejemplo, a lo mejor yo no puedo regresar a Puerto Rico pero tengo la esperanza de que mi hijo o mi hija o nieto o nieta puedan ir y decir ‘éste es mi hogar’”, exclamó López Rivera.

Ya somos millones de puertorriqueños y puertorriqueñas los(as) que vivimos exilados por una u otra razón. La gran mayoría seguimos amando nuestra bella isla.

Según el Perfil de Migrante 2015 del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, que utiliza datos de la Encuesta sobre la Comunidad del U.S. Census Bureau, del movimiento neto de pasajeros aéreos del U.S. Bureau of Transportation Statistic (BTS) y de la Autoridad de los Puertos, durante el año 2015, la migración de Puerto Rico a los Estados Unidos alcanzó nuevos récords. La presente ola migratoria apunta a ser más grande que la del 1945 al 1960, periodo de 15 años durante el cual se estima que 500 mil puertorriqueños se trasladaron al Imperio. En diez años entre 2006 y 2015, se calcula que emigraron 445 mil personas.

Hay que tener claro que el colonialismo y la migración están interrelacionados. El escritor y analista Manuel Maldonado Denis (1933-1992) planteó de manera muy elocuente que la migración de los puertorriqueños desde la colonia hacia la metrópoli no es un fenómeno social fortuito ni accidental, sino algo profundamente ligado al modo de producción capitalista colonial; la migración ha sido parte integral de la estrategia de desarrollo dependiente.

Desde que el Congreso estadounidense impuso su ciudadanía a la población puertorriqueña en 1917, por razones egoístas, los Estados Unidos (EE.UU.) se nutre con mano de obra diestra y –ahora– profesional para crecer su imperio.

Se les ha ‘vendido’ a los boricuas que para progresar y encontrar trabajo y mejores condiciones de vida, sólo necesitan de un boleto aéreo y una tarjeta de identificación, para llegar y establecerse en cualquier parte de los Estados Unidos. No obstante, sabemos que la diáspora puertorriqueña en EE.UU. tiene una de las tasas de pobreza más altas de esa nación.

Y pese a esto, migramos y resistimos, sin dejar de amar a nuestro terruño.

“Nunca dejamos de ser puertorriqueños. (…) Enfatizó que Puerto Rico es la tierra prometida. Nuestras familias viven en los Estados Unidos, nuestros seres amados, y queremos que regresen cada vez que quieran y puedan. Somos puertorriqueños donde quiera que estemos. Juan Antonio Corretjer dijo que sería borincano aunque naciera en la Luna. No importa donde estemos, o nazcamos, mientras nos sintamos puertorriqueños(as) y digamos que somos puertorriqueños y creamos en la identidad boricua, somos puertorriqueños(as) y eso es lo que importa”, añadió López Rivera ante un público emocionado que aplaudía de pie.

En los minutos previos al conversatorio convocado por la concejala de Hartford, Wildaliz Bermúdez, observé como se llenaba la sala de gente de todas las edades, de todos los colores, casi todos boricuas, algunos hablando español y otros inglés, hasta que se acabaron las sillas. Las personas se comenzaron a apiñar por todas las esquinas para por fin ver al maravilloso ser humano por quien luchamos toda una vida para que pudiera regresar a su hogar.

Y de repente, con el típico vozarrón nuestro, mi tipito de cuatro años preguntó: “Mamá, ¿dónde está el patriota?”. “Ya mismo viene”, le respondí, mientras sentía a mi alrededor las miradas sonrientes y cómplices de la multitud.

La emoción de por fin ver en persona a Oscar López Rivera es casi indescriptible. Flanqueada por mi corrillo de boricuas exiliados, con los rostros humedecidos de la emoción, entendí por fin porqué cada vez que este hombre se presenta ante un grupo de personas, la gente lo que quiere es abrazarlo, quieres apretarlo para sentir el amor y la compasión que siempre predica. Es para darte cuenta de que los problemas cotidianos son ‘pajitas que le caen a la leche’, porque si un hombre que estuvo preso por casi 36 años y declara que, a pesar de la tortura, salió con el espíritu fuerte, con la frente en alto y con más ganas que nunca de luchar por su patria, nosotros y nosotras podemos hacer lo que sea.

Y si eso no bastara, con una amplia sonrisa, nos validó.

“Los puertorriqueños en la diáspora tienen todo el derecho de sentirse puertorriqueños, de hacer todo lo que quieran por Puerto Rico, de celebrar su vida como puertorriqueños y disfrutarlo, de gozar de la salsa, de la bomba, de la plena, de gozar la vida como puertorriqueños”, expresó.

Una vez más me convencí de que la diáspora no se quita. Que somos un país dividido y que la patria se construye desde donde estés.

“Cómo podemos colaborar con Puerto Rico”, preguntamos.

“Hay muchas maneras en que la diáspora puertorriqueña puede colaborar. Sólo visitando, sólo estando allí, en Puerto Rico. Eso es importante”, declaró nuestro Oscar. Mencionó que también hay que apoyar los buenos proyectos ciudadanos, como los jardines y huertos urbanos y el ecoturismo, que ayudamos comprando el café de Puerto Rico y saboreándolo. “Los puertorriqueños de la diáspora pueden invertir en Puerto Rico y esa inversión se quedará allí, no como las grandes corporaciones que invierten, pero luego se llevan el dinero”, agregó.

Puerto Rico es el lugar al que queremos regresar, con el que soñamos, por el que luchamos y echamos pa’lante, el que llevamos en el corazón, es nuestro hogar… es nuestra tierra prometida.

Balance de una huelga y de un plebiscito

La pasada huelga estudiantil de la UPR y el plebiscito del 11 de junio de este año son dos acontecimientos que tendrán efectos duraderos. El pasado histórico tiene varios acontecimientos semejantes, pero tanto la huelga como el plebiscito tienen perfiles completamente nuevos. Ambos ocurrieron en un contexto social único, sin precedentes: bajo la tutela de una Junta de Control Fiscal (JCF) que ejerce poderes dictatoriales y le responde al Congreso de Estados Unidos. En un país caracterizado por una prensa e instituciones de gobierno que han celebrado históricamente la existencia de una supuesta democracia, sorprende observar tanta debilidad y servilismo institucional ante una dictadura tan descarada y vergonzosa.

En este contexto social de pérdida de libertad, con gesto de alarmante aceptación, el Partido Nuevo Progresista se lanzó a una sospechosa empresa plebiscitaria. Cumplía con una promesa de campaña. Lo hizo bajando la cerviz ante señalamientos de la Secretaría de Justicia federal. La vulgar actitud colonial del PNP provocó un movimiento general de boicot al engendro plebiscitario. De políticos que desean proyectar la estadidad como una posibilidad muy cercana, se hubiese esperado una postura de protesta ante el desnudamiento del abuso imperial. Pero no hubo nada parecido. Por el contrario, presentaron el plebiscito como una consulta fundamental en el proceso de acceder a la estadidad. “Ahora es el momento”, se oía con euforia en su propaganda. Lo sucedido en la consulta hay que verlo en este contexto de lucha inminente, presentando el plebiscito al borde del logro de convertir a Puerto Rico en un estado. Visto así, en el interior del “ahora es el momento”, el resultado fue un fracaso estrepitoso. Con una participación electoral de apenas un 23%, con más de 150,000 votos menos de los que obtuvo el PNP en las pasadas elecciones, hace poco más de siete meses, el plebiscito se ha convertido en un espejo donde puede verse el gobernador y su partido.

¿Qué reflejó ese espejo plebiscitario? Nada menos que la debilidad de un movimiento de retórica anticolonial inmerso en una práctica política totalmente colonial. El gobernador y su partido, incluyendo algún bocón con silla presidencial legislativa, sólo han demostrado ser dóciles y serviles ante la JCF. Pero la cosa puede ser aun peor. Es probable que hayan usado el poder de la Junta para atacar de manera hipócrita y cobarde a la UPR. Con este ataque, bajo la sombra dictatorial de la JCF, muchas figurillas heridas en el PNP han sacado sus garras. No contaron, sin embargo, con la complejidad de la comunidad universitaria. Uno de sus componentes, apoyado en decisiones de sus asambleas, no titubeó ante la amenaza de destrucción de la UPR. Fue más allá de las palabras y se lanzó a la acción.

No será fácil evaluar el impacto de la pasada huelga sobre todo el país. Hay mucho humo en la atmósfera y tardará en despejarse. Pero algo puede reflejar la duración del conflicto. El cierre de la UPR fue decisivo: los estudiantes cerraron y abrieron cuando lo consideraron pertinente. Frente a la debilidad del gobierno, resultado de una victoria electoral en condiciones de extrema fragilidad, los estudiantes y los sectores de la comunidad universitaria que los apoyaron demostraron una fuerza relativa inesperada. Pero no podemos silenciar algo clave: los estudiantes han sido la fuerza social más decidida y audaz que ha enfrentado la JCF y un gobierno dócil ante ese siniestro cuerpo. Si hubo instituciones importantes que comprendieron el reto estudiantil, fueron los medios masivos de comunicación: prensa, televisión y radio. Era necesario detener el ejemplo universitario. Los estudiantes, a su vez, enfrentaron el ataque mediático sin que les temblara el pulso.

Los medios tenían razón en tratar de contrarrestar el impacto de la huelga. Pero el costo de atacarla fue enorme: se quitaron la capucha de falsos defensores de una democracia desmantelada por una JCF dictatorial. Mientras se daba la guerra mediática, los estudiantes llamaron al país a celebrar el primero de mayo. Dos cosas pasaron ante la propuesta estudiantil: 1) frente al recinto de Río Piedras se reunió la marcha más grande en la historia de la UPR; 2) el primero de mayo de 2017 fue el más monumental y concurrido en la historia de Puerto Rico. Más concurrido que el de 2009 contra la Ley 7 del desafortunado gobierno de Fortuño. No se limitó a la masa inmensa que se presentó en las cercanías de la Milla de Oro. También hubo protestas concurridas en Humacao, Cayey, Ponce y Mayagüez. Podía verse en esa marcha una imagen, en escala menor, de lo que fue la huelga del pueblo del verano de 1998 contra el padre del actual gobernador. ¿Alguien puede pensar que una protesta de esa magnitud, como imagen de fuerza, no tuvo efectos sobre el plebiscito fatulo del PNP? Los efectos de la huelga lastimaron aun más a un PNP debilitado.

¿No dice mucho que la única fuerza social que ha podido reunirse con la JCF han sido los estudiantes? ¿No representa nada que los dirigentes de la Junta, que quedaron muy mal parados ante los dirigentes estudiantiles, sólo tuvieron elogios y reconocimientos para los estudiantes? Esta situación se repitió en todas las ocasiones, que fueron varias, en que los estudiantes se reunieron en La Fortaleza. Sólo han recibido elogios y reconocimientos. ¿Cómo es posible, entonces, que tantas voces, incluyendo algunas del personal docente, acusaran a los estudiantes de destruir o querer destruir la Universidad. Todas las asambleas estudiantiles hicieron un despliegue de madurez, de competencia intelectual en los debates, y manifestaron una cultura más sólida que la asamblea celebrada por el claustro del recinto de Río Piedras antes de la huelga. Las asambleas de estudiantes no tuvieron que enfrentar políticos desgastados y deteriorados, como Garriga Picó, con sus vulgares insolencias y amenazas, presentando mociones que no encontraron un solo docente que las secundara.

Debilidad en el gobierno y fuerza en la comunidad universitaria, esa ecuación se desprende del balance de los dos acontecimientos: huelga estudiantil y plebiscito. Atacar la UPR de una forma tan brutal y desnuda, tratando de esconder los colmillos de políticos profesionales, ha significado escoger el camino de la derrota política. Las más de 300,000 personas que han abandonado la estadidad desde el plebiscito de 2012 hasta el del pasado junio, son un síntoma de lo que le podría suceder al gobierno si sigue el curso de acción que lleva. Hace falta una ceguera enorme para no percibir en los exabruptos e insultos de personajes como Saldaña otra cosa que no sea impotencia, rabia y desesperación. Sin embargo, sorprendió que a esta comparsa se sumaran figuras inesperadas, como Díaz Olivo y Luis Avilés.

Alguna escritora de mentalidad simple, con chapuzones de poder mediático, vio el PPT detrás de las acciones estudiantiles. Hay espejismos fáciles que propician la vagancia del intelecto. El PPT le propuso al país, entre muchas otras cosas, resistencia ante la JCF, la auditoría de la deuda, y enfrentar las leyes draconianas propuestas en la campaña por el PNP. Tales propuestas fracasaron electoralmente. Si los estudiantes han adoptado algunas, lo han hecho desde criterios propios, con total autonomía intelectual. Los políticos y periodistas adictos a viejos paternalismos, se estrellarán contra la realidad. Si algo impresionante se manifestó en la fuerza estudiantil fue su madurez, su independencia de criterio y un sentimiento democrático profundo. Ingredientes que faltan en los partidos de gobierno y en la mayoría de la prensa de nuestra sociedad colonial que se relame con las ventajas fáciles de una sociedad en severa crisis. La democracia, nos ha enseñado que el movimiento estudiantil, exige compromisos serios.