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Amor con amor se paga, gracias Jan

El próximo domingo, 6 de mayo se celebrará la actividad anual para reconocer la labor de la Misión de Puerto Rico en Cuba Juan Mari Brás – único espacio en el que se reconoce a Puerto Rico como nación– y para recaudar fondos para asegurar su permanencia y funcionamiento.

Justo el año pasado, la Misión cumplió 50 años de fundada y la actividad en Puerto Rico fue dedicada a esa admirable gestión de décadas. Años anteriores, sin embargo, se le ha dedicado el evento a diferentes figuras del quehacer artístico, cultural y político de Puerto Rico. Por ejemplo, Pablo Marcano, Roy Brown y Zoraida Santiago, Danny Rivera, Andy Montañez, la Orquesta Nacional Criolla Mapeyé, Doris Pizarro, entre otros y otras han sido homenajeados.

Este año, la fiesta será en honor a la abogada especializada en derechos civiles, Jan Susler, quien ha dedicado la mayor parte de su carrera profesional a representar a prisioneros políticos puertorriqueños: hombres y mujeres que han luchado por la independencia de Puerto Rico. Al último prisionero político que Susler apoyó legalmente en el proceso de excarcelación fue a Oscar López Rivera, de quien se hizo muy amiga, al igual que de los otros y otras ex prisioneras.

Susler ha ejercido como abogada por más de 40 años. Se especializa en los derechos de los confinados, conducta policíaca impropia y derechos civiles, y ha trabajado en la firma People’s Law Office en Chicago desde 1982. En el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, ha sido una de los pocos estadounidenses que hablan a favor de la descolonización de Puerto Rico.

A pesar de que nació en Estados Unidos, en Chicago, Illinois muchos y muchas la consideran puertorriqueña e incluso dicen que nació en el lugar equivocado. “Amo al pueblo puertorriqueño y al país. Respeto y admiro la increíble resistencia del pueblo ante cientos de años de colonización, y me siento bien amada y aceptada. Me siento muy privilegiada de poder tener esta maravillosa relación cercana con el pueblo puertorriqueño. Soy sumamente bendecida”, dijo la homenajeada.

Y es que desde que se mudó a Chicago en los ‘80 y comenzó a trabajar para la People’s Law Office, se acercó a la comunidad puertorriqueña, a las familias de los prisioneros que defendía y a comenzó a viajar mucho a la Isla.

“Sobran las razones para dedicarle la actividad a ella”, le comentó a CLARIDAD Néstor Nazario, parte del comité de trabajo del evento. “Hay mucho entusiasmo y estamos contentos de que se le reconozca a ella”, continúo Nazario quien además comentó que a Susler no le gustan los homenajes porque “no hace las cosas a cambio de algo”.

El Centro de Convenciones de Coamo será la sede de la actividad, que contará con música bailable, con Nueva Trova, con la presencia de muchos y muchas de los compañeros exprisioneros(as) políticos(as) puertorriqueños(as), con un acto protocolar para la homenajeada y con una cena para los presentes.

Los boletos están a la venta por un costo de $30.00.

En Memoria del amigo Juan González Feliciano

Juan González Feliciano fue un hombre que al decir del poeta español, Antonio Machado, supo ser “en el buen sentido de la palabra, bueno”. Juan fue un bueno cabal. Debidamente terminado en cuanto a todas las dimensiones de lo que se requiere de un ser humano para merecer reclamar dicha condición; las que podríamos señalar, aunque suene redundante, que se trata precisamente de ser “humano”. Juan era un hombre profundamente humano. Era capaz de tratar a los otros con la misma consideración y respeto, y con el reconocimiento de la misma dignidad esencial que siempre supo exigir para sí.

Por mano propia, Juan supo construir de sí mismo el rompecabezas acabado de un hombre bueno; sin que le faltaran piezas. ¡Y vaya que esa forma de ser le rompió las cabezas a tantos, a quienes en sus pequeños y egoístas esquemas mentales no caben la solidaridad, el desprendimiento, el sacrificio, la generosidad y la afabilidad que emanan naturalmente de los seres como Juan!

Y es que, así como fue un batallador constante y consistente en la fatigosa y a veces frustrante lucha diaria por las mejores causas de su país y el derecho negado a la vida digna de sus compatriotas; en Juan se hizo verdad aquella frase de Marx de que “la felicidad es la lucha”. Juan, siempre de buen humor y capaz de regalarnos una sonrisa o un comentario jocoso, aunque se encontrara en el medio de una ardua batalla, o abatido por la decepción de quienes desviaban el camino. Juan, que siempre supo ser conciliador, porque nunca fue mas importante su orgullo personal que el adelantar las causas que lideró.

Frente a quienes principalmente se preguntaban: ¿qué es lo más que me conviene en estas circunstancias? Juan siempre se obligaba a preguntarse a sí mismo: ¿qué es lo correcto? ; porque Juan era un hombre de principios, no de conveniencias.

Mientras por más de cinco siglos, una lastimosa y humillante herencia de colonialismo y explotación nos mantiene empantanados en este país, con sus versiones modernas de aquellas tres “b” del “baile, botella y baraja”, Juan supo ser estandarte de las tres “v”: visión, valentía y voluntad, las que siempre predicó con su ejemplo.

Con su forma de actuar Juan trazó el camino de una ética del nosotros, frente a los promotores de oportunistas ideologías del yo. Por eso, la figura de Juan siempre seguirá siendo un referente de honestidad, compromiso, entereza y de buen proceder, para quienes le conocimos. Y por eso seguirá estando presente entre nosotros, mirándonos firme y a la vez sonriente, cada vez que tengamos que resolver el predicamento de escoger entre lo fácil y lo correcto; entre lo personalmente beneficioso y un genuino compromiso de amor al prójimo; entre la seducción o el temor que infunde el poder desnaturalizado y nuestro compromiso con la defensa de los derechos de la persona humana. Para elegir sabia, solidaria y valientemente, siempre podremos preguntarnos: ¿qué hubiera hecho Juan, en estas circunstancias?

Palabras pronunciadas en la actividad de despedida.

CON-TEXTOS: Se vende una isla

“…creemos ser país,

y la verdad es que somos paisaje.”

Nicanor Parra

“…Ningún país en el que se haya privatizado el sector eléctrico ha tenido los beneficios esperados. … La privatización … puede ser considerada una estafa perpetrada para despojar a la sociedad de su legítimo control sobre un servicio público esencial. Es un truco concebido y ejecutado por grupos de poder

que buscan beneficiarse del control privado…”

Sharon Beder

Energía y poder: la lucha por el control de la electricidad en el mundo

(editado por el Fondo de Cultura Económica, 2005)

La venta de la Autoridad de Energía Eléctrica anunciada por el gobernador Ricardo Rosselló como la cesión de todos sus “activos” a la empresa privada –de consumarse según propuesta– constituiría el mayor disparate cometido por gobierno alguno en la historia moderna de nuestro país. Una mayoría de los puertorriqueños, sin embargo, apoya la propuesta, víctima de los múltiples argumentos falaces con los que ha sido irradiada a mansalva a través de la narrativa partidista, con el aplauso disléxico –pero vociferante– de los oscuros intereses privados que se beneficiarían de este despojo. Es una verdad profunda como el mar que configura nuestra determinante condición isleña. A veces lo obvio está delante de nosotros a un palmo de narices, pero nuestros ojos no lo ven. Nuestra geología, topografía, tamaño y ubicación geográfica demasiado alejada de los continentes más cercanos, nos convierte en un entorno muy poco apropiado para este tipo de privatización monopólica.

Nadie en su sano juicio puede afirmar que no es cierta la premisa oficial de que durante las pasadas décadas, la administración pública del monopolio natural de la generación, transmisión y distribución de energía ha sido deficiente, lastrada por el virus hasta ahora incurable que asedia sin misericordia sus órganos ya necróticos: los componentes de la alta y mediana gerencia y los políticos de turno que éstos apoyan. Mientras, el trabajador que con sus manos y mentes diestras la producen, pierde su espacio en la estructura operacional de la empresa para detrimento del servicio esencialísimo que es la producción y distribución de energía en una Isla alejada de toda masa continental. La fuerza obrera ha sido reducida a un número tan exiguo que hasta convierte en peligroso el permitir que continúe esa tendencia mientras se suceden apagones tras apagones masivos. Mientras, los partidos de turno continúan repartiéndose los escritorios ejecutivos a cambio de donaciones y apoyos en campañas políticas a candidatos que se turnan en el agarre a la cúpula decisional.

Nuestra gente aún no se percata de ello, pero es falaz afirmar que la solución consistente en pasar de un monopolio natural público a uno privado es buena para el país y redundará en una reducción de tarifas y facturas. El aserto es patentemente falso, ya que, en síntesis bidimensional, supondrá que a quien se le vendan los “activos” –como todo conglomerado capitalista que aspire a sobrevivir en el feroz mercado global de la energía– perseguirá obtener una ganancia tan pronto como a mediano plazo y además, precisará retener una parte sustancial de esas ganancias para enfrentar la inversión inmediata y a largo plazo que requerirá el reconstruir y mantener un sistema viejo, obsoleto, devastado, prácticamente en el piso, luego del paso de los potentes fenómenos atmosféricos que obnubilaron el 100% de su capacidad generatriz y operacional. En varios sectores de la ruralía no tan rural –incluyendo Guaynabo y Aguas Buenas, por dar un ejemplo que conozco– las líneas que restablecieron el servicio después de cinco (5) meses de la debacle, hoy día, a apenas un par de meses del comienzo de la nueva temporada de huracanes, penden de varios arboles de almácigo. Tengo fotos.

De hecho, en otras islas comparables a Puerto Rico como Hawái y Singapur  –esta última no tan lejana a una plataforma continental como nosotros– el costo al consumidor y usuarios de la energía eléctrica –incluyendo empresas y gobierno– es sustancialmente mayor al que pagamos en Puerto Rico, aún a pesar de la ineficiencia administrativa de la AEE, la que repito, no disputamos.

En Singapur, la isla/nación más próspera del mundo, con población y extensión comparables a Puerto Rico, el Gobierno mantiene el control público de la generación e infraestructura. Al presente, explora la posibilidad de una concesión controlada de opciones a la empresa privada para desarrollar tecnología de energía renovable, la que al presente es mucho más costosa para los habitantes de Singapur en tarifas medidas a base de kilovatios/hora. Nunca se les ha ocurrido –ni se les ocurriría– vender los “activos” de su infraestructura. ¿Por qué? Porque le estarían vendiendo la isla a perpetuidad a una gran multinacional. Ello es así porque el universo de residentes, inmigrantes, visitantes, turistas, empresas pequeñas, medianas o grandes –incluyendo filiales de compañías multinacionales o conglomerados de manufactura, comunicaciones o servicios– se verían obligados a pagar la tarifa que establezca la empresa que adquiera los “activos”. Esos activos que en el caso de Puerto Rico el gobernador ha propuesto “vender” incluyen los activos intangibles. El principal activo intangible somos nosotros mismos como conglomerado económico–social–ciudadano: el equivalente al futuro de nuestra existencia como pueblo por generaciones y generaciones. Eso sencillamente no puede ser objeto de valoración o “tasación”. El valor intangible de un mercado cautivo derivado de nuestra condición isleña es incalculable. Como dice el anuncio de Master Card, “priceless”.

Están vendiendo la Isla, a nosotros, a nuestro país, a nuestra economía, ad perpetuam. ¿O es que alguien cree que luego de vender los “activos” podrá el gobierno de Puerto Rico recomprarlos a la Con–Edison, o a la PUMA o a la Mobil, o al conglomerado que sea?

En Hawái, contrario a Singapur, hay una pseudocompetencia de tres grandes empresas en cada una de las principales islas. Aun así, el costo por kilovatio/hora es mucho más caro que el de Puerto Rico (30¢ k/h, similar al de Singapur). Los propios hawaianos así lo reconocen:

“The isolated geographic location also contributes to the higher cost of electricity because we don’t have any nearby utility companies from which to draw power in the event of a problem. So, for system reliability, we must have reserve generating capacity and multiple distribution routes.” https://www.hawaiianelectric.com/billing–and–payment/rates–and–regulations/average–price–of–electricity

Lo que abordamos antes no es nuevo. Ya lo había dicho Franklin D. Roosevelt durante su discurso inaugural como presidente de EU en el 1958:

“…ninguna Comisión ni la Legislatura misma tiene el derecho, por ninguna causa, a dar un sólo kilovatio en perpetuidad virtual a ninguna persona ni corporación. La Legislatura, en este sentido, es solo un fideicomiso de la gente.”

Rexford Guy Tugwell, The art of politics as practiced by three great americans: F.D. Roosevelt, L. Munoz Marín and Fiorello LaGuardia

El deber fiduciario de la Legislatura es detener esta venta. Comentarios a: rei_perez_ramirez@yahoo.com

La “joya de la corona”

Las palabras viajan con los vientos y penetran en las mentes de la humanidad. En ellas se mezclan con las memorias y las impresiones, formando una arcilla que permite interpretar el mundo. Cualquier expresión es obra de muchos y viene de lejos: de la noche de los tiempos, de otro país o de un significado que ya poco o nada tiene que ver con el uso contemporáneo de la expresión.

En boca de comentaristas de radio, en la prensa escrita, en las conferencias públicas de los políticos, en conversaciones de cualquier esquina, de un tiempo a esta parte se usa una expresión rancia y, hasta cierto punto exótica, que bajo el sol puertorriqueño ha venido transformándose, cambiando de tono, alterando su significado. Una y otra vez se escucha que esto o lo otro, tal dependencia del Estado, tal institución u organismo o, incluso, una u otra persona son la “joya de la corona”.

Puedo equivocarme, pero entiendo que la expresión se origina en los debates políticos de Inglaterra, en la época de su Imperio. Por ello, ésta alude a un sistema político (la monarquía) y al distintivo simbólico de la autoridad de ésta (la corona del rey o la reina). Las coronas reales son objetos suntuarios, símbolos del exceso de poder y riqueza centrados en un individuo, y por ello han sido realizadas con piedras y metales preciosos. La “joya” sería, por tanto, una de las piedras valiosísimas que adornan la corona del monarca: la más grande o la más preciada. Por esto mismo, la que resulta más deseada, la que puede producir más beneficios.

En el contexto británico de época, esta expresión debe haber sido pronunciada por primera vez por un parlamentario, que en un exceso retórico, se refería a algo tan carente de poesía como una colonia. Como tantos políticos, éste, al hablar, combinaba el eufemismo con la grandilocuencia: una imagen en apariencia engrandecedora, ocultaba el sudor y la sangre de los habitantes de un territorio apropiado por la fuerza. Aludir a la joya de la corona significaba, en realidad, identificar lo que bajo ningún concepto se estaba dispuesto a dejar en manos de otro, debido al caudal de beneficios que se estaban y se podría continuar extrayendo de ella. Históricamente, la joya de la corona era la India: la enorme colonia asiática que entonces rebasaba las fronteras del país actual, e incluía a Pakistán y Bangladesh, con su variedad alucinante de pueblos, lenguas, climas y riquezas. La expresión, entonces, se refería a unos recursos apropiados, que de ninguna manera se estaba dispuesto a entregar a otro o a devolver a sus dueños originales.

Desde hace unos años, politólogos y políticos aluden sin descanso a nuestra “joya de la corona” y casi invariablemente la expresión se asocia con la Autoridad de Energía Eléctrica. El proceso, sin embargo, es confuso, porque más que una “joya” se están refiriendo a una ex joya. La AEE resultaría, en palabras de estos fenómenos del tiro de la vaqueta, en algo que misteriosamente, a pesar de su condición de ex, continuaría siendo objeto del deseo. Una AEE con deudas estrambóticas, con un sistema que es un harapo de parches, diezmada por la cantidad de profesionales que se han lanzado por las “ventanas” de retiro, regentada en los ambientes enrarecidos de los cuartos cerrados y las negociaciones secretas, continuaría milagrosamente poseyendo los potenciales de lucro de antaño, los de ese tiempo mítico anterior a su saqueo bipartidista.

No existe tal “joya de la corona”. La AEE no es ya la Autoridad de Energía Eléctrica, sino la Autorización de Espejismos Exagerados, para politólogos necesitados de llenar minutos hasta la llegada salvadora de los comerciales, o para políticos empecinados en concebir el servicio público como un juego de póker en el que se tiene un as escondido en la manga.

Como la India en tiempos del Imperio Británico, la AEE es una joya robada. Ésta ya no está en la mina donde fue creada por lentas acciones milenarias y, en nuestro caso, no se encuentra ensartada en la corona de un monarca, sino que se ha transustanciado en mansiones y piscinas, en casas de playa y portafolios de acciones y valores que ahora pertenecen, en exclusividad, a ingenieros, empresarios, abogados, cabilderos y políticos.

La joya puertorriqueña es, por tanto, una ex joya o, si se quiere, una joya hurtada. Sin embargo, el deslumbre de su espejismo, sirve para ocultar la verdadera joya del Estado puertorriqueño. Cabe decir que la actual joya de la corona boricua no es ni un rubí ni una esmeralda, no clasifica siquiera como piedra preciosa, y tiene una triste vinculación con la joyería de fantasía. Esta ausencia de categoría, esta condición de baratija, no la han despojado de un charm rudo y primitivo.

La verdadera joya de la corona puertorriqueña es la Comisión Estatal de Elecciones. No en balde, no hace tanto, su brevísimo director justificó el pago público de servicios de automóvil, combustible y chófer debido al estatus máximo de su cargo. No en balde, en un chispeante intercambio de mensajes electrónicos el breve director se convirtió rápidamente en un ex juez y ha tiznado, con alborozados mensajes de pocas palabras, a medio círculo íntimo del gobernador.

No importa a qué cifra inaudita de millares de millones de dólares ascienda la deuda de la AEE, ex joya de la corona, o del gobierno o de los planes de retiro, pero a la CEE no se le puede reducir un centavo de su presupuesto. Al gobierno se le ha impuesto una Junta que equivale a elevar al cubo la colonia. A los protagonistas del bipartidismo totalitario los han reducido a jugar sus partidos de pelota dura en los confines de una mesa de dominó y no hay cancha para tanta gente. Pero mientras controlen la CEE habrá trabajo y esperanza, un lugar para dar rienda suelta a los turbios manejos de siempre, una pequeña república del partido que permitirá soñar con la victoria en las próximas elecciones y con la casa que se mandará a construir en un suburbio de Maryland o la Florida cuando, como los ingleses en un día de 1947 quieran llevarse, escondidas entre la ropa sucia o disimuladas en las tiernas maletas de sus hijos, los pedacitos de la joya de la corona.

El autor es escritor.

Construir desde la rabia

Hay muchas formas de enfrentarse a las crisis. Puedes frustrarte, deprimirte, caer en el cinismo y derrotismo o puedes sentir mucho coraje. La pregunta es ¿cómo canalizamos el coraje? Yo propongo que construyamos desde la rabia.

Rabia, que cierren escuelas de forma caprichosa sin criterios objetivos ni de eficiencia ni ahorros.

Rabia, que sea una persona que no conoce de adentro el sistema de educación pública (esto no es un asunto de nacionalidad), que no conozca nuestra idiosincrasia ni nuestra cultura ni haya vivido entre nosotros y la traigan como el exterminator a desmantelar nuestras escuelas.

Rabia, de que mientras el cierre de escuelas solo significa un ahorro de $15 millones (si se le puede creer algo a RR y Keleher), que estemos pagando:

• $100 millones para gastos incurridos por la Junta que diz que nos representa (al pueblo de Puerto Rico) en el pleito de la ley de quiebra bajo el Título 13 de PROMESA.

• $350 mil más beneficios que llegan a casi $800 mil a un director ejecutivo fantasma de la AEE que debe estar en la playa en su casa en Bermudas o Barbados mientras cobra y Puerto Rico se queda una vez más sin luz;

• $650 mil más beneficio que llegan a casi un millón, a una ukraniana-americana con un portafolio de agente de la CIA que probablemente despreciaba a los puertorriqueños de Chicago de donde ella viene;

• $250 mil más beneficios a un Comisionado de Seguridad, agente del FBI, bajo cuya incumbencia el crimen se ha disparado, las masacres ocurren casi semanalmente y para lo único que movilizan a la Policía es para dar macanazos y regar gas pimienta a los manifestantes;

• Honorarios probablemente exorbitantes por hora a Pierluisi (se acuerdan de él, el que triplicó su fortuna y la de su mujer mientras era Comisionado Residente) para que represente a tres palitos en la solicitud de desacato contra el gobierno de Puerto Rico por negarse a aprobar la “reforma” laboral.

Rabia, que después de trabajar 30 años en el gobierno y dar tus energías y años más productivos al servicio del pueblo de Puerto Rico, muchas veces por salarios muy por debajo de lo que se paga en la empresa privada, tu gran beneficio al final del día era que ibas a tener cierta seguridad económica al tener una pensión para tus años de vejez. Recuerden que fue Rosselló padre el que metió las manos al Sistema de Retiro, quitó las pensiones, pero antes se aseguró de llevarse una pensión Cadillac.

Rabia, que en la empresa privada le reduzcan los días de vacacione y enfermedad a 7 días, le quiten el Bono de Navidad y eliminen la protección por despido injustificado de la Ley 80. ¿Entenderán ahora mucha gente por qué es importante estar sindicalizado? Bueno, aunque algunos dirán que no es mucho lo que pueden hacer las uniones que existen; si en vez de representar menos de un 8% de los trabajadores representaran un 50% imagínense el poder que tendrían.

Rabia, del trabajo que da ponernos de acuerdo para hacer cosas sencillas como marchar juntos el 1 de mayo.

Esta columna saldrá ya pasado el 1 de mayo. Si salimos muchos a pocos a la calle será tema de análisis. Lo importante es lo que bien dijera nuestro compañero de la Juventud Hostosiana, Mikael Rosa, en su columna ¿Qué pasa el 2 de mayo? (80 Grados) “La unidad no es un cliché ni un acto fútil. Es una forma de hacer política que conlleva incomodidades. Las respuestas categóricas de los tiempos soviéticos nos sirven para muy poco. Mucho menos la clásica actitud de pararnos de la mesa a la primera que algo no nos gusta. Se trata de unir fuerzas a partir de un análisis contextual prudente, realista y humilde.”

¿Entonces qué hacemos con la rabia? Hay rabias que son destructivas cuando nos las proyectamos sobre nosotros mismos o sobre la gente cercana a nosotros. Pero hay rabias que nos sirven de energía para luchar sin miedo y con tesón. Es la rabia con que vemos que un padre o una madre defiende a sus hijos ante el abuso de otros. Es la rabia del que ya no tiene nada que perder y está dispuesto a dar la vida por luchar por lo que más quiere. La que nos da el coraje y la valentía a veces desconocida por nosotros mismos.

Las respuestas a lo que vivimos no son fáciles. Nadie tiene la solución mágica para atender la crisis. Pretender tenerla sería una arrogancia mesiánica. Lo que si tenemos que tener es la capacidad para escuchar, entender, analizar, reflexionar y actuar.

Todos los días de distintos sectores se llevan a cabo esfuerzos que por sí solos no hacen mella en la crisis, pero que al juntarlos con los demás, aportan significativamente en la conformación de una concatenación de esfuerzos que van haciendo la diferencia. Establecer la tónica de que podemos por nosotros mismos, sin dependencia ni ayuda de los gobiernos es ganancia para todos. Pero no debemos dejar que se tomen decisiones desde cúpulas y cuartos escondidos, sobre asuntos que van a impactar nuestras comunidades y que se realizarán con fondos públicos, que después de todos son fondos PARA el Pueblo de Puerto Rico y no para los amigos del alma e inversionistas extranjeros.

Hay que exigir la participación ciudadana en decisiones sobre servicios que son esenciales y reconocidos como derechos humanos: el acceso a la energía, el agua, la salud, la vivienda, la educación y el trabajo. Tenemos que impulsar una agenda de desarrollo sostenible. Hay que defender con rabia nuestros derechos, con la mente fría y el corazón caliente.

El pueblo es el único y verdadero soberano e históricamente cuando se une no solo cambia gobiernos, cambia la historia de la humanidad. Desde los independentistas estadounidenses de las 13 colonias reunidos en los Congresos Continentales, la Toma de la Bastilla en Francia, la Revolución de Octubre de Rusia, la marcha en Birgminham, Alabama, han marcado hitos en la obtención de derechos para los pueblos que aún cuando haya retrocesos y dificultades en el camino, pautan progreso hacia adelante.

Los puertorriqueños enfrentamos un momento que puede convertirse en hito o puede marcar la ruta hacia nuestra desaparición. La rabia ha de ser constructiva para formar la patria que queremos de justicia social y libertad plena.

La autora es co-presidentea del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano