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El negro Yuyú y el Grito de Lares

La cuestión de la esclavitud se venía debatiendo en Puerto Rico desde comienzos del siglo 19. En las Instrucciones del Ayuntamiento de San Juan al diputado Ramón Power, del 27 de octubre de 1809, se expone: “El mayor de los males que padece esta isla es la servidumbre de la esclavitud. El miserable esclavo padece cuanta miseria produce la naturaleza…” (Texto en Aída R. Caro Costas, Ramón Power y Giralt, 2012).

Sin embargo, aunque los ilustrados criollos no proponían el cese inmediato del tráfico de esclavos ni la abolición de la esclavitud, favorecían importar trabajadores rurales libres para ir formando la “clase de jornalero, que es lo que se necesita en esta isla”. Así mismo se quejaban del “sin número de agregados” que vivían desparramados por el país sin aplicación adecuada al trabajo.

Las condiciones económicas y sociales de Puerto Rico en el primer tercio del siglo 19, basadas en relaciones esclavistas (amos y esclavos) y relaciones semi-feudales (campesinos sin tierras dependientes en estancias y haciendas agrícolas) retrasaron el desarrollo del capitalismo. Lo mismo sucedía en el resto de los países colonizados o neo-colonizados del planeta. Frente al feudalismo y esclavismo o sus vestigios históricos, en el siglo 19 el capitalismo era el camino a seguir. Los obreros iban aprendiendo lo que eso significaba contradictoriamente, y desde los inicios lucharon contra ello, pero aun no era su momento histórico En el Tomo II de Memorias geográficas, históricas, económicas y estadísticas de la Isla de Puerto Rico, de 1831(2da edición 1968), el Secretario de Gobierno Pedro Tomás de Córdova constató la realidad esclava-agregada que resumimos en el cuadro que sigue:

Cuadro: Población de Puerto Rico, 1828

Castas y clases Cantidad Por ciento

Blancos 133,100 45%

Pardos 78,870 26%

Morenos y

negros libres 14,470 5%

Agregados de

todas castas 38,397 13%

Esclavos 31,874 11%

Totales 296,711 100%

Sirva el cuadro y la ficha bibliográfica, además, para subrayar la importancia de que el Gobierno mantenga un acopio y disponibilidad de información económica y estadística completo y fiable, que es uno de los asuntos importantes exigidos por la ciudadanía y bajo el escrutinio público en el presente. Hay que defender y dotar plenamente al Instituto de Estadísticas, libre de injerencia partidista, y Federal. La manera de exponer las categorías sociales, mezclando criterios de castas (diferenciaciones por racismo en este caso) y de clases (las relaciones de producción) solo permiten indicar que las clases trabajadoras reunían campesinos agregados y esclavos en 24% de la fuerza laboral básica. Los demás sectores libres estarían distribuidos en las clases de los comerciantes, hacendados, pequeños y medianos agricultores, artesanos, y empleados asalariados del gobierno y otros oficios.

De hecho, por su utilización principal en el ramo azucarero el número de esclavos casi triplicó de 18,600 en 1815 a sobre 51,000 en 1846. Pero desde la década de 1840, precisamente, bajo una ordenanza del gobernador Miguel López Baños se formalizó la categoría de jornalero como trabajador a base de salario y se estigmatizó de vago a todo el que no pudiera probar una ocupación. Los decretos sobre la vagancia y la existencia de una masa campesina sin tierras propias fueron medios de estimular (y forzar) la formación de la clase de los jornaleros.

El crecimiento de la agricultura comercial (de haciendas azucareras y cafetaleras, especialmente) y la interconexión de Puerto Rico con el mercado capitalista mundial, a la vez que se experimentaba el desarrollo tecnológico industrial, fueron impulsando la transformación de las relaciones pre-capitalistas en la dirección visualizada desde comienzos del siglo 19. Hacia mediados del siglo, Inglaterra capitalista industrial le impuso tratados a España para cortar el tráfico de esclavos de África y sus números comenzaron a disminuir. Interconectado a ello dentro de Puerto Rico la masa de trabajadores fue incrementando y nutriendo a los jornaleros. Entonces otro gobernador, Juan de la Pezuela, dio cuenta de esta realidad estableciendo la Libreta de Jornaleros de 1849. Los trabajadores estaban encauzados por el camino semi-capitalista, de asalariados con muchas restricciones y coacciones patronales. Teóricamente, como sistema socioeconómico el capitalismo se predica sobre la base de la existencia de una relación contractual entre empresarios libres y obreros libres. Claro, en esa ecuación desde el comienzo la minoritaria clase propietaria ha sido (y continua siendo) más libre que la mayoritaria empleada subordinada. Nos estamos acercando al negro Yuyú.

En las vísperas del Grito de Lares, según el censo de 1867 se registraron un total 43,347 esclavos (de todas edades y sexos), por un lado. Y, 66,079 jornaleros varones portadores de libretas de trabajo, por otro lado. Lo que esa cifra esconde es que si le asociamos mujeres e hijos e hijas, en realidad la clase jornalera fácilmente alcanzaba los 400,000 habitantes, constituyendo probablemente dos terceras partes de la población. Visto desde esta perspectiva la revolución de 1868 exigía un cambio drástico de dirección económica. No más servidumbre feudal ni esclavitud, históricamente anacrónicos.

Los esclavos venían luchando por su libertad desde que fueron cautivados en sus hogares africanos en el siglo 16. A lo largo del siglo 19 resistieron en Puerto Rico mediante fugas incesantes (esclavos cimarrones), intentos de rebelión armada y homicidios de capataces, por ejemplo. En la década de 1860 contaron con unos aliados propietarios y profesionales, partidarios del liberalismo y favorecedores de la abolición de la esclavitud, por razones económicas, humanitarias o religiosas, o una combinación de ellas. Eso es lo que se constata con la participación de los comisionados puertorriqueños ante la Junta de Información de Ultramar, entre octubre de 1866 y abril de 1867.

Formando un frente liberal por Puerto Rico, José Julián Acosta (asimilista), Francisco Mariano Quiñones (autonomista) y Segundo Ruiz Belvis (independentista), denunciaron el despotismo colonial, y exigieron libertad de comercio, gobierno propio y la abolición radical de la esclavitud y del régimen de libreta de jornaleros. Sabido es que el gobierno de España se burló de Puerto Rico e impuso un nuevo esquema de impuestos. Remito a los libros de Olga Jiménez de Wagenheim, “El grito de Lares” (1986) y el mío si se me permite, “La Revolución Puertorriqueña de 1868” (2003).

Terminar con la esclavitud en Puerto Rico no fue tarea fácil. Eso el negro Yuyú, y tantos otros, lo vivieron en carne propia. Sobre el fin de la libreta de jornaleros como de la esclavitud hubo perspectivas encontradas: (a) mantenerlo eternamente, (b) transformación gradual, (c) abolición radical. Un sector revolucionario de avanzada, con el Doctor Ramón Emeterio Betances a la cabeza, promovió la abolición inmediata de la esclavitud. Betances lo consagró en su famosa proclama de los Diez Mandamientos de los Hombres Libres, de 1867. Un Betances hubiese decretado la abolición incondicionalmente.

Pero a la hora del Grito de Lares, concretamente, para propiciar la acción de los esclavos, hacendados revolucionarios dueños de esclavos proclamaron su libertad con su participación directa, es decir, empujándolos a conquistarla junto a la independencia nacional. A los ancianos y desvalidos no le plantearon esa condición. Se la dieron sin más discusión.

Aquí es que entra en acción Yuyú. Tarde en el artículo, pero sin el trasfondo histórico previo no se comprende bien. Agradezco la paciencia y su atención. Digo, también hay que provocarles agua en la boca antes de saborear el manjar. Así sabe mejor. Drama y cine en Puerto Rico tienen en nuestra historia, empezando con esta de los de más abajo, sobrada tela por donde cortar y guiones solo esperando creatividad, voluntad y, claro lo entiendo, respaldo financiero de la cualidad que ni a la Junta de Control Fiscal (“Federal” de Estados Unidos) ni al gobierno anexionista del Plan y la Ruta (de lo que nunca nos enteramos) les interesa respaldar. Pero, no nos engañemos, tampoco interesaba al Gobierno de la Transparencia del status quo colonial previo.

Como tanta otra información, importante y secundaria (toda merece atención) la del esclavo Yuyú figura en el “Expediente sobre la insurrección de Lares, de 1868-1869”. Ajustado al estado actual de investigaciones, de una muestra de 490 presos (indicado por Olga Jiménez) figuran 49 esclavos o 10% de ese total; por otras investigaciones los presos ya rondan los 600. Fueron muchos más los esclavos y paisanos de las demás clases sociales que participaron, mas, no los atraparon. Varios esclavos fueron sometidos a interrogatorios por las autoridades españolas.

De la “Declaración del negro Yuyú al Fiscal, del 29 de septiembre de 1868” (Pieza 5) obtenemos lo que sigue. Dijo que se llamaba Cándido, conocido por Yuyú. Creía tener “sobre 25 años”, de donde podemos inferir que nació como mínimo hacia 1843. Es decir, en pleno apogeo de la hacienda azucarera. No se indica si era criollo o llegó como bozal (importado) joven a la isla. Es uno de los tantos ejemplos de la ecuación azúcar y esclavitud en su apogeo. Era esclavo de don Pedro Beauchamp; sí, un revolucionario esclavista. ¿Acaso George Washington, jefe militar de la revolución “americana” (la de las Trece Colonias del Norte) y tantos otros revolucionarios de Virginia, North Carolina, etc., no eran dueños de esclavos? Busquen a ver cuántos de aquellos patriotas les dieron la libertad a sus esclavos. Algunos no podían prescindir de los “pancakes” de Aunt Jemima, ni de los placeres de algunas de sus negras oprimidas.

La familia Beauchamp (sobre la que hay que escribir un libro) pertenecía a la organización revolucionaria del Barrio Furnias, ubicada en la zona de la altura montañosa (¿suena redundante lo de “altura”?) de Mayagüez, en el oeste de Puerto Rico; es que muchos no saben que la ciudad-puerto de Mayagüez se extiende territorialmente desde la costa de Guanajibo hacia uno de los cielos de Puerto Rico. Hay que educar hasta en geografía básica, y mejor sería si todos conocieran los recursos naturales y potencial alimenticio de cada área. En el presente Puerto Rico se honra con sus descendientes, varios todavía viviendo en Mayagüez. Seis miembros de los Beauchamp de 1868 figuran entre los presos: Dionisio, Elías, Francisco Dorval, Pablo Antonio, Zoilo, y Pedro. Sobrevivieron y fueron liberados en la Amnistía de enero de 1869, pero ahora no es ocasión de extendernos en ello.

Yuyú quería ser libre como todo ser humano. Jean Jacques Rousseau y otros filósofos de la Era de la Ilustración de la Europa civilizada en el siglo 18 lo enunciaron en sus obras clásicas. La Declaración de los Derechos del Hombre y Ciudadano de la revolución francesa lo proclamó en 1789. “Todos los hombres nacen libres” y así deben permanecer durante sus existencias. Solo falta añadir, ¡y las mujeres también! Así lo proclamó en otra osada Declaración de los Derechos de la Mujer, Olympia de Gouges, quien pagó su atrevimiento en la guillotina. Pues entonces ni los más radicales de los hombres de izquierda admitían la emancipación de las mujeres. Algunos de ellos, como el jefe de la Comuna de París Maximilien Robespierre, por otras contradicciones y torpezas políticas también pagaron con sus cabezas. No hay que adular a ningún ídolo; hay que estudiar y entender, apreciar sus virtudes y criticar y corregir sus defectos, a los seres humanos.

El negro Yuyú fue uno de los revolucionarios del Grito de Lares. Admitió su participación. Dijo que el 23 de septiembre de 1868 fue con Eleuterio Soto y con Pascasio, esclavo de don Pablo Beauchamp, “y mandó a los cogedores de café que le siguieran a Lares”. El día del Grito de Lares se estaba recogiendo café. Eso hay que saborearlo, incluso desde mucho antes.

Llevaba a los esclavos cogedores de café a casa de don Bruno Chabrier, otro hacendado involucrado. Vio en casa de Chabrier a don Pablo “armado con un revólver y un sable”, y de allí junto a otros esclavos armados con machetes se encaminaron al pueblo (cafetalero por excelencia) de Lares a proclamar la República de Puerto Rico. Lares sabe a revolucionario café. Es la cuna de la lucha de Puerto Rico por su libertad. No es un pueblo de “los cielos abiertos” de cierto alcalde anexionista ignorante del revolucionario tabaco de Virginia.

En Lares, dijo Yuyú, “se les unió más gente que había allí”. Al tomar exitosamente al pueblo por asalto, de lo que recordaba creyó “que pusieron preso al alcalde de Lares”. El puertorriqueño Pablo Mediavilla era funcionario al servicio de los españoles.

Los carceleros españoles le preguntaron “si su amo le mandó se metiera con los armados”. ¿Si usted fuera un negro o una negra esclavo y esclava de 1868 qué les diría a las autoridades que podían mandarlo a ejecutar en el acto? Yuyú, “dijo que sí, se lo mandó diciéndole que como vendría la libertad vendría también para el declarante, y lo mismo dijo a los demás negros”. Es que con la abolición revolucionaria de la esclavitud, de ella iban a quedar libres tanto esclavos como amos.

Otros dos esclavos de don Pedro Beauchamp también participaron y fueron presos. Pascasio y Timoteo “iban cuidando mulas” cargadas de pertrechos necesarios. Incluso menciona otros protagonistas de los del trabajo explotado de más abajo que iban con la esperanza de verse emancipados en la república de Puerto Rico libre. El negro Yuyú figura entre los beneficiados de la amnistía general de finales de enero de 1869, pero continuó siendo esclavo hasta la abolición definitiva en 1873. Su decisión así como la de otros esclavos y patriotas rebeldes en general contribuyeron decisivamente a abonar esa culminación.

El autor es Historiador, Departamento de Historia UPR-RP. fmoscoso48@gmail.com.

México llora las cicatrices de su tierra

Un panorama desolador se percibía este sábado 9 de septiembre en las zonas más devastadas por el terremoto de 8,2 grados en la escala de Richter que sacudió el centro y sudeste de México, el más poderoso en un siglo, mientras la cifra oficial de víctimas se elevó a 64 muertos y 300 lesionados.

Las imágenes, sobre todo de Juchitán, en el llamado Istmo de Tehuantepec, del estado de Oaxaca, muestran un amasijo de ruinas de lo que fue el histórico Palacio Municipal, construido en 1860.

En Juchitán, donde 36 personas murieron –de un total de 45 solo en Oaxaca, el estado más pobre y con más población indígena del país–, se derrumbó parcialmente una iglesia y numerosas viviendas, reportó la agencia ANSA.

Restos de cercas metálicas, láminas, fragmentos de concreto, tierra y yeso se mezclaban sobre el suelo con tejas de barro, rodeando la maquinaria pesada que intentaba remover escombros en la devastada Juchitán.

El presidente Enrique Peña Nieto, que ordenó tres días de luto nacional, visitó Juchitán pero no pudo cumplir su plan de ir a Chiapas, por el mal tiempo, y dijo a la cadena Televisa que el Gobierno ayudará a reconstruir las casas destruidas.

En Juchitán, la alcaldesa Gloria Sánchez informó que hubo 7 000 inmuebles dañados, de los cuales al menos mil quedaron destruidos por completo, entre ellos el único hospital público, cuyos pacientes debieron ser evacuados y las consultas se realizaban al aire libre.

Otros municipios castigados fueron Matías Romero, donde se vino abajo un hotel; Unión Hidalgo, Ciudad Ixtepec y Tehuantepec, mientras que una refinería del puerto de Salina Cruz tuvo que cancelar operaciones temporalmente por una explosión.

En Chiapas, punto del epicentro, fueron dañados unos 3 000 inmuebles, entre ellos 428 casas colapsadas, 792 escuelas, 18 edificios, un puente y 9 segmentos de carreteras. Peña Nieto fue abordado por decenas de personas que le pidieron ayuda: agua, comida, servicio eléctrico y reparación doméstica.

Don Pedro Albizu Campos: “Tormentera nuestra»

Tras el paso por Puerto Rico de los vientos huracanados de Irma, la Plaza Monumento Pedro Albizu Campos de Salinas, bajo un sol radiante, fue sede el pasado sábado, 9 de septiembre de la conmemoración del 126 aniversario del natalicio de El Maestro.

Los colectivos Caminantes 33 en 33 por Oscar, Fundación Casa Albizu, Comité Plaza Monumento Pedro Albizu Campos de Salina y Oscar: árbol de la libertad organizaron esta celebración amparados en la fecha que reconoce el nacimiento de Albizu el 12 de septiembre de 1891. En la introducción de la ceremonia, se hizo la aclaración de que existe discrepancia respecto a la fecha de nacimiento del patriota, por lo que hay personas que conmemoran la fecha basándose en el  29 de junio 1893 y otras, en el 12 de septiembre de 1891. Aunque Albizu utilizó ambas fechas en documentos oficiales, la que celebran estos colectivos quedó evidenciada en el documento legal en el cual el padre del patriota lo reconoció como hijo.

La actividad, dedicada a la memoria de quien por un tiempo fuera el líder del sindicado de los enfermeros y enfermeras de Puerto Rico, Radamés Quiñones Aponte, contó con el mensaje principal del exprisionero político Oscar López Rivera. Del mismo modo, intervinieron con sus palabras los portavoces de los colectivos auspiciadores y el senador por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Juan Dalmau.

Aprovechando la historia política puertorriqueña y el reciente paso del huracán Irma, el gestor de la Fundación Casa Albizu, Edwin Rosario incluyó en su mensaje una analogía: en 1898, “se fueron dispersando ráfagas por la isla en comandos militares norteamericanos”. Según él, en Puerto Rico azota un huracán desde 1898.

Ante esa realidad política, “Don Pedro fue en el siglo pasado la tormentera nuestra. Fue esa figura que resistió todos los embates de la invasión norteamericana. Fue el escudo para este país. Don Pedro fue y es, porque todavía vive, el muro de contención, la tormentera que enfrentó a los norteamericanos, que pretendieron acabar con nuestro derecho a la libertad en Ponce en 1937, en la masacre de Río Piedras en 1935, en el asesinato a Elías Beauchamp en 1936 en San Juan. En todos y cada uno de esos atentados, Don Pedro ha sido nuestra tormentera de salvación”, dijo Rosario ante la concurrencia.

Además de las expresiones al micrófono, amenizaron la actividad una representación teatral de la canción Oubao-Moin, los versos de varios trovadores salinenses, y la siembra de dos árboles: un guayacán y un tamarindo, “hijo del árbol de tamarindo que sembró Don Pedro Albizu Campos en la Plaza de la Revolución de Lares en la década del 1930”.

La tarea de sembrar estuvo a cargo del colectivo Oscar: árbol de la libertad, conjunto de personas que desde enero 2017 comenzaron a sembrar un árbol – tarja incluida – en cada pueblo de la isla con el objetivo de recordar la campaña multisectorial por la excarcelación de López Rivera. Este compromiso, que de paso contribuye a “hacer patria”, ya se evidencia en los 17 árboles sembrados hasta el momento.

Precisamente, conmemorar el natalicio de Albizu también significa celebrar la vida y gesta patriótica de Oscar López porque “como decía Don Pedro, la Patria es valor y sacrificio, y tú has sido, Oscar, ejemplo de ello”, expresó la moderadora antes de cederle la palabra a Oscar.

López Rivera basó su mensaje en la explicación de dónde y por qué todavía vive Don Pedro Albizu Campos. Según dijo, El Maestro “vive en los corazones de todos y todas los que amamos la Patria. Vive en ciudades lejos de Puerto Rico, vive en una escuela alternativa en Chicago, vive en muchísimos lugares de la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos”.

“Don Pedro vive porque sembró el amor por la Patria, porque nos dio el ejemplo de lo que es luchar cueste lo que cueste. Podemos apreciar la grandeza de Albizu porque fue un hombre con mucho valor, amor, desprendimiento del “yo” y pensamiento de futuro”, continuó Oscar.

Asimismo, el patriota recién excarcelado aseguró que el ejemplo de Don Pedro se evidenció cuando llevó el Partido Nacionalista a elecciones y enfatizó que el ejercicio eleccionario era instrumento del imperio y no uno que sirviera para el pueblo puertorriqueño: “dio un ejemplo al decirnos que no debemos participar de elecciones que son instrumentos del gobierno estadounidense”, acotó Oscar.

Por su parte y para concluir los discursos de la actividad, el senador Juan Dalmau resaltó que la pertinencia del El Maestro en estos momentos es su mensaje de valor. Ese mensaje, cimentado en la valentía de defender la independencia de Puerto Rico, debe continuar significando en la actualidad que “sin desvíos ni vacilaciones, cada cual desde el espacio que ocupa y de la manera más decidida, siempre actúe para defender el reclamo de independencia”.

Ni aplausos ni paciencia

Otro posible titular para este artículo podría ser ¡ESTA BUENO YA!, porque ese es el grito que está en los labios de los cientos de miles de puertorriqueños que estuvieron cuatro o cinco días sin energía eléctrica y, parte de ellos, también sin agua potable. Muchos todavía lo están. A todo ese mar de gente el Gobierno les pide paciencia advirtiendo del momento difícil “que vive el país”. Junto con el pedido de paciencia suenan los aplausos hacia el mismo Gobierno porque, entre otras cosas, “se han comportado con serenidad en medio de la crisis”.

Los cientos de miles de personas que ha estado sin los servicios básicos que de ordinario debe tener una sociedad medianamente moderna, no viven en áreas rurales ni aisladas, sino en los grandes centros urbanos. El lunes 11 de septiembre, a seis días de la tormenta, el centro de Río Piedras está a oscuras y gran parte de Hato Rey, que es el centro de la Capital. Al indispensable Centro Médico le dieron luz a duras penas, luego de estar dos angustiosos días paralizado. Los hospitales del área –el Maestro y el Auxilio Mutuo– también estuvieron a oscuras varios días. Los altos condominios del sector operan con generadores, pero en algunos estos equipos fallaron dejando a sus residentes atrapados en alturas de hasta 20 pisos.

¿Por qué nos piden paciencia? Dicen que estamos en una “emergencia” sobrevenida tras el “paso del huracán Irma” que era “categoría 5”, que atacó con fuerza devastadora. También dicen que el Gobierno está dando “el máximo” y que por eso debemos aplaudirlos, como ya hizo el diario El Nuevo Día a todo despliegue.

Es falso, totalmente falso, que Puerto Rico haya sido atacado por un huracán, mucho menos de categoría 5. El poderoso huracán Irma pasó al norte de la isla y sólo algunos municipios del Este, en su franja costera, enfrentaron vientos huracanados, aunque jamás de categoría 5. El resto de la Isla enfrentó vientos que apenas llegaron al nivel de tormenta, de esos que tumban ramas y algunos árboles. Sufrimos el golpe de lo que antes llamaban una “tormenta platanera”, porque sólo tumbaba las matas de plátano cuyo tallo es muy frágil.

El apagón masivo que enfrentó el País no llegó como resultado de la tormenta, sino que fue el producto de una negligencia de larga vida en la que el partido político que en la actualidad controla el gobierno colonial, el Partido Nuevo Progresista, tiene una altísima cuota de responsabilidad. De hecho, la inmensa mayoría del país perdió el servicio eléctrico antes de que llegara la primera ráfaga de viento. Al medio día del miércoles 6 de septiembre ya buena parte del país estaba sin electricidad y en ese momento el huracán andaba por Islas Vírgenes. Luego, cuando llegaron las ráfagas de la tormenta platanera los pocos que todavía tenían luz, la perdieron.

La negligencia acumulada en la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) por todos los gobiernos anteriores, incluyendo de manera destacada a los de Pedro Rosselló y Luis Fortuño, la llevaron al estado de quiebra en que se encuentra. Todos ellos convirtieron la AEE en un gran centro de patronazgo político donde las malas decisiones y el despilfarro (¿recuerdan el Gasoducto?) fueron la orden del día. Mientras la negligencia campeaba, se abandonó el sistema dejándonos a merced de cualquier viento.

Por eso no podemos tener paciencia. Porque ese llamado a la “comprensión” y a la “paciencia” es también un llamado al olvido, a que echemos al baúl del pasado todas las acciones de aquellos que se cebaron con el jugoso presupuesto de la principal corporación pública del país. La AEE siempre ha sido el plato fuerte del botín político que se reparte cada cuatro años. Ese preciado recurso fue parte importante del “banquete total” que disfrutó Luis Fortuño cuando llegó a la fortaleza en enero de 2009. Tan pronto llegó comenzó a ordeñar la vaca y ese ordeño es el que ahora se refleja en líneas de trasmisión que se caen ante cualquier soplo porque la base está corroída.

Tampoco podemos aplaudir al actual gobernador, Ricardo Rosselló, porque se paró ante las cámaras de televisión a cada hora para decirnos del grave peligro que se acercaba, mientras nos recordaba el pasado que heredó. Es cierto que lo heredó pero entre los causantes de esa herencia está su señor padre, Pedro, y su correligionario Luis. También son causantes, y de forma destacada, los funcionarios del partido opositor, el PPD, quienes también ordeñaron de la misma vaca.

Ricardo Rosselló no tartamudeó ante las cámaras como lo hacía Alejandro García Padilla, ni dijo mentiras evidentes como tanto lo hizo su antecesor inmediato. Sin duda se benefició de que la gente tenía muy fresca en la memoria la pavorosa incompetencia del gobernador inmediatamente anterior y de ahí algunos aplausos. Pero esa ventaja comparativa en cuanto al ”performance” televisivo no puede llevarnos a olvidar que somos víctimas de la politiquería y del desgobierno tanto del PPD como del PNP.

Como resultado de ese pasado muy presente nuestro país ha estado, ¡innecesariamente!, una semana sufriendo todo tipo de percance. Por eso nadie debe pedirnos paciencia ni mucho menos aplausos.

Un nuevo plan 2020

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Para la economista Martha Quiñones Domínguez, el gobierno de Estados Unidos, a través de la Junta de Control Fiscal (JCF) está en realidad aplicando el Plan 2020 que se reveló en la década del 1980. Su apreciación la hace al comparar lo que proponía el plan con las propuestas de la JCF. Como por ejemplo, que el citado plan concentraba las empresas contaminantes en ciertas áreas del país, proponía reducir la población y eliminar municipios para poder tener control de la Isla, la explotación minera y el establecimiento de industrias contaminantes.

Los señalamientos fueron hechos a CLARIDAD como parte de una entrevista sobre su evaluación del primer año de la imposición de la JCF. Otros elementos del citado plan reparó eran la reducción del gobierno para que no interviniera en los asuntos económicos, y la concentración del turismo en determinados puntos. A juicio de Quiñones Domínguez todos estos aspectos son los mismos que en la actualidad está imponiendo la JCF.

“Una de las quejas de Estados Unidos es que el Gobierno local no se atrevió a cumplir con el PLAN 2020 por politiquería porque necesitaban ganar las elecciones así que se negaban en algunos momentos, en especial cerca de éstas. Así que como la JCF no va a elecciones y no cae presa de eso, por eso tiene el poder de vetar leyes (incluso las ambientales de la EPA) y crea un coordinador de revitalización que actualizará la propuesta 2020 para adaptarlo a las necesidades del capitalismo actual”.

La catedrática del Departamento de Ciencias Sociales del Recinto de Arecibo, de la UPR censuró que la Junta haya utilizado a los medios para cumplir parte de su plan como es reducir municipios, mediante el cuestionamiento de si son necesarios, con la eliminación de municipios se reduce la población, se facilita las expropiaciones, lo que deja tierras disponibles para que los inversionistas compren mediante la Ley 22, la cual destacó no paga impuestos.

Para sustentar su apreciación retó a pensar que parte del documento del Plan 2020 dice; “El PLAN 2020 es la respuesta del Gobierno de Puerto Rico a una grave crisis económica. Puerto Rico tiene un ingreso per cápita igual a la mitad de la de Mississippi, el estado más pobre de Estados Unidos. Veinte por ciento de la población está desempleada y el 70% está en cupones de alimentos. Cerca del 85% de la economía de la isla está controlada por corporaciones multinacionales con sede en los Estados Unidos.”

Para Quiñones Domínguez este discurso es a tono con el de la JCF y contiene la misma respuesta. Según el Plan 2020 original, la Isla se dividía en seis áreas: Un área para el desarrollo urbano; un área industrial con 11 super parques industriales; desarrollo agrícola en los llanos costeros; la separación de 37,000 cuerdas de terreno en el área central para la explotación del cobre, plata, molibdeno y zinc y 11,000 cuerdas para el níquel, cromio y cobalto en el oeste; y el desarrollo de infraestructura para darle soporte y viabilidad al mismo, es decir , vertederos de desperdicios tóxicos y peligrosos, plantas de tratamientos regionales, energía, agua, represas, puertos, aeropuertos, etc. En el plan las áreas militares aparecían como intocables.

Frente a estas pretensiones la economista, vice presidenta de la Asociación de Economistas de Puerto Rico (AEPR) y miembro de la Asociación de Economía Política (AEP) rechazó que este sea el plan que el país necesite y reclamó que el proyecto de Puerto Rico debe ir por otro lado como lo es el cooperativismo y el desarrollo de la economía local, “pero ese no es el proyecto que quieren para la Isla”.

No obstante para el ingeniero Alexis Massol, pionero en denunciar el contenido y propósitos del llamado Plan 2020, a preguntas de CLARIDAD consideró que el plan original ya ha caducado. Sin ánimo de entrar en discusiones a su juicio indicó que aunque algunos elementos del plan original como los de construir unas zonas industriales, la carretera número 10, se hicieron a medias, lo principal, la explotación minera en la zona montañosa el pueblo logró detenerla.

El gestor del proyecto Casa Pueblo de Adjuntas, el cual surgió de la lucha en contra de la explotación minera, entiende que el Plan 2020 es un modelo económico del pasado. Su mirada es que el nuevo modelo es un “colonialismo desde Wáshington” y no hay un plan económico de desarrollo para el país que no sea seguir siendo una colonia de consumidores con un modelo de subsistencia.

Pese a esta descripción Massol expresó confianza de que “aquí hay un país vivo y en alerta estoy seguro de que habrá respuestas positivas desde la base del pueblo”.