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Catalunya: de la “estadidad” a la independencia

La relación de Catalunya con el gobierno central de España es muy similar a la que tienen los estados de Estados Unidos con el gobierno federal, por lo que podemos decir que ese territorio vive lo que en Puerto Rico llamamos la “estadidad”.

Igual que los estados federados estadounidenses, Catalunya tiene representación en el Congreso de Diputados español. También tiene representación en el Senado, aunque este cuerpo, distinto al de Estados Unidos, tiene muy poco poder. Casi todo el poder político de España se concentra en el Congreso donde en la actualidad hay 47 diputados electos de entre los catalanes. De todas las regiones o comunidades que conforman el estado español, Catalunya tiene la segunda representación más grande en el Congreso. Sólo Andalucía la supera.

También igual que los estados de EU, Catalunya tiene autonomía en muchos asuntos internos y cuenta con su propia legislatura. El Parlamento o Parlament tiene poderes que surgen de la constitución española y de un “Estatuto de Autonomía” que, además de establecer las competencias del gobierno catalán (“Generalitat”), define su relación con el central. Esas competencias o esferas de poder de la Generalitat catalana también se parecen mucho a las de los estados de EU, adentrándose a áreas como la tributación, la seguridad interna, el sistema educativo y el judicial. En este último renglón, como ocurre en Estados Unidos, existe superioridad del poder judicial central que, en el caso de España se divide en dos foros: el Tribunal Constitucional y el Supremo.

Catalunya, por tanto, no es una “colonia” de España. Distinto a Puerto Rico, cuando el Congreso español aprueba legislación que afecta a los catalanes, una nutrida representación de éstos participa en el proceso legislativo y en la votación final. No se trata, como el caso nuestro, de un cuerpo externo con poderes omnímodos en cuyos procesos sólo podemos participar cuando nos invitan a opinar como ponentes de una vista de comisión. Todo lo contrario, entre los 350 diputados que debaten y deciden hay 47 catalanes opinando y votando. Esa representación excluye cualquier calificativo de “colonial” a la relación que en la actualidad existe entre Catalunya y España. Como decíamos antes, Catalunya vive eso que en Puerto Rico llamamos “estadidad” y que se refiere a la relación que desde 1787 existe entre los estados que componen Estados Unidos y el gobierno federal creado en la constitución adoptada ese año.

A pesar de vivir la “estadidad” en Catalunya existe un fuerte movimiento independentista y un aún más fuerte reclamo de que se les reconozca el derecho a la libre determinación o, como allí lo llaman, el “derecho a decidir” si continúan formando parte de España o advienen a ser una nación independiente. Según las últimas encuestas, el 78 por ciento de los catalanes favorecen que se celebre un referéndum de independencia cuyos resultados sean vinculantes para el gobierno central de Madrid y la comunidad europea. Las encuestas señalan que poco más del 45 por ciento se expresa abiertamente por la independencia, mientras otro grupo también grande aceptaría una nueva relación donde se reconozca a Catalunya como “nación” y se amplíen los poderes y competencias del gobierno autonómico.

Estos reclamos persisten a pesar de que la vinculación entre Catalunya y España comenzó hace muchos siglos, desde que por virtud de los matrimonios reales catalanes y aragoneses se vincularon en un mismo reino y posteriormente se juntaron las coronas de Castilla y Aragón. El tiempo transcurre, pero la unidad no se solidifica y los reclamos diferenciadores se mantienen.

La explicación para ese fenómeno político se llama “nacionalidad”. Aunque Catalunya está integrada al reino de España de forma similar a como los estados se integran a Estados Unidos, distinta a éstos, es una nacionalidad muy definida y diferenciada. Todos los elementos sociológicos e históricos que explican la existencia de una “nación” están presentes en el caso catalán. Hay un “territorio” demarcado y definido, en el que habita una población que comparte una historia muy rica, se expresa en un idioma distinto, exhibe rasgos culturales diferenciados y, lo más importante, proclama y defiende su propia identidad.

Es esa nacionalidad – que se manifiesta, sobre todo, por el sentido de pertenencia a un pueblo – lo que explica que el reclamo independentista persista en Catalunya a pesar de su virtual integración a España a lo largo de siglos. La “estadidad” que le dieron o le impusieron no ha mermado esa diferenciación nacional.

La lucha de los catalanes porque se les reconozca su derecho a la libre determinación ha sido noticia de impacto mundial durante los últimos años y lo será aún más dentro de algunos meses. Ante la continuada negativa del estado español, el parlamento catalán ha optado por convocar un referéndum de independencia para el próximo 1 de octubre. A diferencia de esfuerzos anteriores, la consulta es producto de una ley autonómica votada tras intenso debate en el Parlamento. De obtener el voto mayoritario a favor de la independencia, ésta será proclamada inmediatamente.

Frente a ese esfuerzo por “autodeterminarse”, se mantiene la negativa del estado central para permitirlo. El referéndum convocado es tachado de “ilegal” y se barajan opciones que van desde la estrangulación económica hasta el encarcelamiento del liderato catalán y la intervención militar.

Los próximos meses, por tanto, desde la península Ibérica llegarán noticias que, entre otros lugares, llegarán hasta Washington. Allí – en medio de la vorágine surrealista que todos los días crea un presidente que parece de ficción – algunos verán en el caso catalán una verdad que siempre ha sido corroborada por la historia. Es una verdad muy sencilla: que cuando una federación incorpora como “estado” a otra nación, el germen de la secesión viene con ella.

Cuando sea grande, quiero trabajar en CLARIDAD

Yo me gano la vida hablando, pero en esta ocasión me resulta dificilísimo hacerlo.

Para empezar, creo que este reconocimiento es innecesario…, no porque no me lo merezca, sino porque estoy convencido de que hay muchos otros compañeros y compañeras que lo merecen más que yo. En diferentes partes de la Isla y aún Estados Unidos hay compañeros y compañeras que sin hacer mucho ruido llevan más tiempo vinculados a CLARIDAD y en situaciones más difíciles que las mías, como son los distribuidores y los porteadores.

Yo no busco los reconocimientos, ni trabajo para lograrlos pero cuando llegan, los acepto con humildad, pero también con mucho orgullo y de todos los que me han dado, éste es el más preciado y el que más nervioso me ha puesto.

Quiero agradecer de todo corazón a los compañeros que han estado en la dirección de CLARIDAD durante los últimos 19 años, por haberme soportado durante todo ese tiempo.

Cuando llegó el momento de mi vida de decidir entre ejercer la ingeniería –que tanto tiempo, esfuerzo, y dinero me costó alcanzar– y el periodismo deportivo en CLARIDAD, tardé quince segundos en tomar la decisión.

Hoy, 19 años más tarde, no me arrepiento en lo más mínimo. Es cierto que he ganado mucho menos dinero, pero me siento muchísimo más rico en satisfacciones de todo tipo.

En cuanto me enteré de que me iban a hacer este reconocimiento , inevitablemente comencé a pasar revista mental de algunas experiencias que han dejado huellas en mi persona.

Quiero hacer un paréntesis para recordar a seis compañeros trabajadores del periódico que se nos han ido en ese tiempo. Me refiero al director Raúl González, a las reporteras Sonia Marrero y Gloria “Picci” Alonso, al fotógrafo Rafael “Changui” Díaz, al emplanador y fotógrafo Luis “Estrella” Sánchez, a “Tim” Munsigñac, de circulación y a ese roble de fortaleza e inspiración para todos que siempre fue Domingo “Mingo” Vega.

En ese tiempo también falleció otro que trabajó en circulación, pero cuya muerte no me dio ninguna pena; Alejandro González Malavé.

Por otro lado, éste es uno de los momentos más felices de mi vida, pues lo comparto con todas las extensiones de mi familia. En términos de sangre, están aquí presentes mis tres generaciones, pues están mis padres, mis hermanas, mi compañera y mi hija, así como las ramas anexas. Pero también están la mayor parte de mis amigos, los que se han convertido en parte vital de mi vida.

Un saludo y agradecimiento especial a todos los “Tritis” y a todos los que sin saberlo, también son “Tritis de corazón”.

Agradezco a mi maestro, Jaime Córdova, todo lo que me permitió aprender de él y su escrito “El ingeniero que encontró el camino”, cuya lectura me causó gran emoción.

La importancia de CLARIDAD siempre ha estado vigente, aunque en este momento, la misma aumenta aún más.

Precisamente por todo lo que representa para nuestra nacionalidad, es que tenemos que apoyar a CLARIDAD, aunque no coincidamos cien por ciento con todas y cada una de las posiciones que se asumen en el periódico en cada edición.

Uno puede apoyar a CLARIDAD de muchas maneras diferentes. Escribir es sólo una de ellas. La manera más sencilla es venir al Festival. una forma más consistente de apoyo comprarlo todas las semanas y después de leerlo, pasarlo a un amigo o amiga. Un paso mayor de vinculación es distribuirlo o anunciarlo, pero sobre todo es defenderlo.

CLARIDAD es poderoso, pero a la vez es indefenso, pues no se puede defender solo de los ataques que le hacen. Si nosotros no lo defendemos, nadie lo va a hacer y son muchos los que desean que CLARIDAD deje de alumbrar.

De mi parte, les aseguro que soy capaz de revertir todas las cosas buenas que dijeron de mí, contra el que ataca a CLARIDAD. Dicho de otra forma, el que ataca a CLARIDAD es mi enemigo y como tal lo trataré.

Nuevamente, les agradezco este reconocimiento y los invito a que apoyen a CLARIDAD en la forma que sea, que “yo cuando sea grande, quiero ser periodista deportivo de CLARIDAD en un Puerto Rico LIBRE.”

Muchas gracias.

El escrito recoge lo que Elliott dijo o lo que debió haber dicho al recibir el reconocimiento por sus años en CLARIDAD.

El “Cartel” del Carbón

Durante los primeros días de este mes de julio se reinició el proceso de depósito en Peñuelas de las cenizas tóxicas que genera la Applied Energy Sytem (AES) en Guayama. Al igual que ocurrió con el despliegue de fuerzas policíacas y gestiones de represión de la expresión pública en contra de la Junta de Control Fiscal el 1 de mayo de 2017, se llevó un operativo similar en Peñuelas para reprimir las expresiones de protesta y cuestionamiento de sectores de la comunidad que objetan la práctica de disponer de esos residuos peligrosos en una instalación diseñada para desperdicios no-peligrosos. El operativo policíaco, de las fuerzas públicas del estado, se utilizaron en un número dramáticamente desproporcionado en relación a los ciudadanos que protestan en una especie de “espectáculo de fuerza” articulado para proteger los intereses privados de AES, de los camioneros que transportan las cenizas desde Guayama y también de los empresarios del llamado Peñuelas Sanitary Landfill. Esas actuaciones hacen patente y evidente el poder que ejercen representantes del interés privado, del lucro, sobre los legítimos intereses de la seguridad, la salud ambiental y la salud pública del Pueblo. Las actuaciones de la policía correspondían y fueron validadas por la Ley 40 del 4 de julio de 2007 que, irónicamente titularon “Ley para Prohibir el Depósito y la Disposición de Cenizas de Carbón o Residuos de Combustión de Carbón en Puerto Rico”. Notable contradicción la que resultó del uso desmesurado de la fuerza policíaca para viabilizar el depósito de cenizas tóxicas reclamando que hacen cumplir la Ley 40 que, supuestamente, se promovió en el proceso legislativo como una iniciativa para impedir esa práctica. Es evidente que el aparato estatal, legislativo y ejecutivo, opera para asegurar intereses particulares de unas corporaciones e individuos, a través de unas prácticas que son dañinas al Pueblo.

He utilizado el concepto “Cartel” en el título de esta columna teniendo claro las definiciones formales que se le asignan al mismo. El diccionario de La Lengua de la Real Academia Española, define el concepto cartel como “organización ilícita vinculada al tráfico de armas y drogas”. También considera la acepción, en el tema de la economía, como “convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial”. Es evidente que cuando nos referimos a la producción y uso del carbón mineral para la producción de energía eléctrica y al manejo de los residuos tóxicos que esta actividad genera en forma de cenizas tóxicas, no estamos hablando del funcionamiento de actividades “ilegales” como el trasiego de armas ni de drogas narcóticas. Sin embargo, si no se quisiera llamar ‘ilegal’ a la práctica del manejo del carbón, podríamos considerarla como inmoral pues es altamente conocido cómo funciona el mercado del carbón en los EE.UU. y el mundo. Toda persona racional, educada en el campo técnico y con sensibilidad social sabe que la generación de electricidad a base de carbón produce enormes cantidades de gases de invernadero, particularmente dióxido de carbono, y una enorme cantidad de cenizas tóxicas. En EE.UU. se estima que la producción de cenizas tóxicas de combustión de carbón mineral está en el orden de 100 millones de toneladas anuales. AES genera en Puerto Rico cerca de 400,000 toneladas anuales. Muchas empresas hacen esfuerzos “legales” para disponer de estos materiales tóxicos incurriendo en prácticas con el menor costo monetario, es decir, transfiriendo los riesgos asociados a su inadecuado manejo y disposición a las comunidades y a la sociedad en general en forma de degradación y contaminación ambiental. Estos efectos negativos giran contra la salud de los seres humanos, así como de plantas y animales.

El negocio del carbón involucra miles de millones de dólares de ganancias para las empresas que los realizan. Ese lucro descarta el impacto sobre la sociedad humana en cuanto a la producción de gases de invernadero, contaminación de aire, aguas y terrenos y cambios en el clima. Ese ‘negocio’ del carbón está organizado fuertemente en distintas instituciones como la American Coal Ash Asociation, America Road and Transportartion Builders Association-Transportation Development Foundation y otras similares que abogan y cabildean sobre legisladores, congresistas y ejecutivos, tanto a nivel del Congreso de EE.UU. de la Agencia de Protacción Ambiental (EPA), de nuestra legislatura colonial y de jefes y ejecutivos de agencias del gobierno de Puerto Rico. En conjunto, estos actores sociales, sistemáticamente organizados, económica y políticamente poderosos, promueven sus ‘negocios’ como si fuera un tipo de ‘cartel’. El “éxito” de sus gestiones los ha beneficiado monetariamente de forma sustancial. Pero el resultado de esos procesos ha generado daño ambiental y problemas de salud a una gran cantidad de comunidades como es el caso de Salinas y Guayama. Ese mismo tipo de “estructura organizacional” es la que está operando para depositar las cenizas tóxicas en Peñuelas, a pesar del reclamo de una gran mayoría de sectores y personas en Puerto Rico, incluyendo la militante comunidad de Tallaboa.

En días recientes leía una reseña que daba cuenta de que en el 2016 se estableció un récord de líderes y activistas ambientales que fueron asesinados en 24 países distintos. La organización Global Witness estima que, al menos, 200 activistas-ecologistas fueron asesinados por sicarios y para-militares al servicio de empresas multinacionales. El 60% de esas muertes, dice la organización, ocurrieron en Latinoamérica. Citando a Global Witness, “murder is the sharp end of a range of tactics use to silence defenders, including dead threats, arrests, sexual assault, abductions, and aggressive legal attacks”. Uno de los líderes prominentes que recibió amenaza de muerte en diciembre de 2016 es la activista Jakeline Romero, una destacada líder de la etnia indígena Wayuu, quien se ha estado expresando públicamente en contra de abusos de corporaciones y grupos para-militares de la región de La Guajira en Colombia. En esta región ubica la empresa minera Carbones El Cerrejón la cual, entre otros impactos ambientales, ha ido desviando cauces de cuerpos de agua superficiales para su operación minera e industrial privando a las familias indígenas Wayuu del agua necesaria para su sostenimiento. Se alegó que la privación del agua por parte del Cerrejón, produjo en el 2016, decenas de muertes, incluyendo la de 40 menores de edad. Tengo el recuerdo de que el carbón que quema AES en Guayama proviene de esa mina de El Cerrejón. Si así fuese, la operación de esa carbonera en Puerto Rico se relaciona, desde el inicio, con un régimen de explotación del pueblo de La Guajira, de un terrible impacto a la estructura y funcionamiento de la etnia Wayuu y a una alegada multiplicidad de asesinatos de líderes obreros, de soborno y corrupción a funcionarios públicos y de un gran impacto ambiental en el territorio colombiano. Da la impresión que la explotación del carbón, desde su minería, su uso y disposición de residuos tóxicos, sigue un perfil de operación de dudosa legalidad y moralidad.

Si no hubiesen suficientes razones científicas y técnicas para objetar el uso del carbón y el manejo de sus cenizas tóxicas, existe un imperativo moral para objetar el mismo por los daños y gravámenes que genera la práctica histórica de las corporaciones internacionales que se lucran con este mineral. La comunidad en Peñuelas y el Pueblo de Puerto Rico en general, debe luchar para detener esa práctica contaminante y predeciblemente corrupta en el manejo y disposición de cenizas y del uso del carbón como combustible. Es fundamental que aquellos funcionarios, legisladores y actores sociales, que practican principios éticos y morales elevados y que promueven el uso del carbón como un combustible beneficioso, se eduquen sobre lo que implica el mismo. Aquellos que conociendo de estas circunstancias y aún persisten en promoverlo, hay que denunciarlos y combatirlos públicamente. Las calles de Guayama y de Peñuelas deben ser el escenario para dramatizar esa protesta y articular la lucha contra estos “carteles corporativos”. La coyuntura actual exige que mostremos nuestra militante solidaridad y apoyo a los luchadores de Peñuelas.

De Arturo Alfonso a Arthur A: Acerca de un nuevo libro sobre Schomburg

Como con tantos otros casos relacionados a la historia de los puertorriqueños en los Estados Unidos, fue un pasaje en las Memorias de Bernardo Vega que me hizo interesarme por la vida y la obra de Arturo Alfonso Schomburg (1874-1938).  Ya sabía algo de su importantísima labor como bibliófilo y participante con José Martí y otros en los esfuerzos por la liberación de Cuba y Puerto Rico.   Pero fueron los elogiosos y atinados pasajes de Vega los que en verdad me encaminaron a investigar más sobre este fascinante personaje.  Vega ofrece en unas pocas páginas – son meramente dos pero llenas de datos y atinadas interpretaciones – una excelente síntesis de la vida de Schomburg a quien, contrario a otros boricuas del momento, Vega no desprecia por haber dedicado la segunda parte de su vida a explorar la cultura de la diáspora africana y, al hacerlo, quedar identificado como afro-estadounidense.  Es que Schomburg pasó de ser Arturo Alfonso, un tabaquero puertorriqueño y negro que emigró a New York a finales del siglo XIX, a ser Arthur A., uno de los pilares intelectuales del llamado “Harlem Renaissance”.  Para Vega este significativo cambio de nombre y de su vida como totalidad es un “¡magnífico ejemplo de identidad de pueblos oprimidos!” (244)

Desde entonces trato de leer todo lo que sobre Schomburg se publica.  Por ello, leí con gran interés y atención el nuevo estudio de Vanessa K. Valdés, Diasporic blackness: The Life and Times of Arturo Alfonso Schomburg (Albany, New York, SUNY Press, 2017), libro donde se nos ofrece una especie de autobiografía intelectual del gran bibliófilo.  El libro es una contribución de importancia al campo, pero todavía tenemos que depender del trabajo de Elinor Des Verney Sinnette, Arthur Alfonso Schumburg: Black bibliophile and collector (1989), para tener una visión amplia de su vida y de los dos volúmenes compilados por Flor Piñero de Rivera, Arthur Alfonso Schumburg: A Puerto Rican quest for his black heritage / Arturo Schumburg: Un puertorriqueño descubre el legado histórico del negro (1989), para familiarizarnos con sus escritos.  Por su parte, Valdés intenta contextualizar la vida y la obra de Schomburg y, por ello, estudia sus publicaciones, sus lecturas formativas, sus imágenes fotográficas y, sobre todo, su labor como creador de archivos sobre la negritud.

El gran problema con la figura de Schomburg es que se ha impuesto una visión dicotómica sobre su persona, visión que lleva a algunos a verlo como un traidor, como un puertorriqueño que deja de serlo para convertirse en afroamericano.  Este es el paso de Arturo Alfonso a Arthur A.  Vega no lo veía así porque, como buen socialista, tenía una mirada internacionalista y, por ello, veía en los dos momentos de la vida de Schomburg – antes y después de 1898 – un claro y noble propósito cívico que lo convertía en un ser coherente y no en uno fragmentado y, menos aún, en un traidor a sus orígenes nacionales.

Valdés se acerca al problema de manera distinta: ella trata de ver cómo las raíces antillanas de Schomburg sobreviven en su periodo de identificación con el movimiento de revisión de la cultura afro-estadounidense y cómo el concepto y el ideal del archivo está siempre presente en toda su vida.  Es que Valdés, como muchos intelectuales de nuestro momento, entienden la identidad, tanto la individual como la colectiva, como una situación y no como una esencia.  Por ello mismo ve en Schomburg múltiples identidades que se expresan y funcionan de acuerdo a las necesidades sociales y políticas del momento.  Valdés tiene también el particular beneficio de poder valerse del concepto de lo “afro-latino”, un concepto relativamente nuevo y particularmente útil para poder explicar la vida de Schomburg.  En éste y en otros importantes sentidos su libro está marcado por el pensamiento crítico de nuestro momento; sus páginas están llenas de términos e ideas que así lo confirman.  En este sentido y por esta razón, el libro de Valdés representa una valiosa contribución al estudio de la vida y la obra de Schomburg y de la historia de los puertorriqueños y los afro-estadounidenses de su momento.

Diasporic Blackness es un libro ambicioso; no cabe duda de ello.  Y es también un libro que hace aportaciones de importancia al estudio de Schomburg.  Para mí, lo más valioso del libro de Valdés es el capítulo que dedica a los archivos – el Archivo – creado por Schomburg.  El empleo de este concepto está marcado por las ideas posestructuralistas que en general marcan profundamente todo el trabajo de Valdés.  Archivo, pues, va más allá de la mera colección de documentos, objetos artísticos y libros que concretamente amasó y armó Schomburg y que formó la base para la colección de la diáspora africana de la Biblioteca Pública de New York.  Archivo, en este caso, es la construcción de un ente intelectual que sirve para crear la historia de esa diáspora.  De ahí el título del libro y de ahí también que el capítulo dedicado a este tema en particular sea el mejor del estudio de Valdés, a pesar de que todavía hay que estudiar en más detalle la composición de ese aún tan importante archivo.  ¿Qué contenía exactamente?  ¿Qué libros u objeto privilegió Schomburg al formarlo?  ¿Cómo fue creando ese archivo?

Por otra parte, está el capítulo que Valdés dedica a los escritos de Schomburg.  En vez de ofrecer un cuadro amplio de toda su producción – lo que sería posible dado que Schomburg escribió relativamente poco –, Valdés ofrece un comentario somero de algunos de sus ensayos; ella los llama crónicas, aunque creo que no es una categoría aplicable a los mismos.  Es que predominan en su obra los textos históricos o los que plantean la necesidad de crear y difundir una historia de la diáspora africana.  La selección de textos que Valdés comenta no me parece la más acertada para entender el significado de la obra de Schomburg como totalidad y como conjunto coherente.

Además, para entender el significado de la obra de Schomburg hay que partir de la idea de que no fue un gran escritor, que sus ensayos reflejan ideas de importancia para entender el momento, pero que no fue ni un Hostos ni un Martí ni un Du Bois.  Su obra es limitada en cantidad y no alcanza los logros de otros intelectuales del momento.  Eso, bajo ninguna circunstancia, quiere decir que sea una obra descartable, que se pueda ignorar, que no nos ayude a entender su momento.  Es que en su caso, su actividad vital fue más importante que el testimonio escrito que nos dejó.  Por ello mismo el capítulo que Valdés dedica a los textos de Schomburg no me parece el mejor de su libro.

Pero, a pesar de todo ello y por sus innegablemente valiosas contribuciones, hay que darle la bienvenida a este nuevo libro de Vanessa K. Valdés sobre Arturo Alfonso Schomburg quien sin traicionar a nadie y, sobre todo, sin traicionarse a sí mismo, fue también y a la vez Arthur A. Schomburg.

(Este texto apareció originalmente en Centro Voices, publicación del Centro de Estudios Puertorriqueños de la Universidad de la Ciudad de Nueva York el 13 de julio de 2017. Se publica con permiso del editor de la misma.)

Comedias cuestionables: El ciudadano ilustre y La reina de España

Aunque no considero el filme argentino, El ciudadano ilustre, una comedia sino una historia muy seria de lo es un escritor y sus historias imaginadas y realizadas, así se mercadea para tener una audiencia más amplia en el mercado internacional (como el remake del filme francés Intouchables de 2011 ahora argentinizado como Inseparables). La reina de España, por el contrario es una comedia que tiene como referente La niña de tus ojos (1998) y que emplea una historia similar para atraer a un viejo y nuevo público.

El ciudadano ilustre

(directores Gastón Duprat y Mariano Cohn; guionista Andrés Duprat; cinematógrafos Mariano Cohn y Gastón Duprat; elenco Oscar Martínez, Dady Brieva, Andrea Frigerio, Nora Navas, Manuel Vicente, Julián Larquier Tellarini, Nicolás De Tracy, Marcelo D’Andrea, Belén Chavanne, Gustavo Garzón)

Este filme sorprendió a la crítica hollywoodense porque lo veían como una comedia agradable y nada más cuando fue escogida para representar a Argentina en los Oscares y pasó a ganar el Goya (Mejor película iberoamericana), el Ariel de México, el prestigioso Premio Forqué y dos premios en el Festival de Venecia. El talento de Oscar Martínez, como el escritor Nobel Daniel Mantovani, hace que la historia adquiera matices muy particulares dentro de situaciones reales e imaginadas. Desde que conocemos a Mantovani en su discurso de aceptación del Nobel de literatura entendemos que es un hombre difícil de tratar, insatisfecho con lo conseguido en su larga y reconocida trayectoria como escritor, con preferencia de mantener su vida privada en silencio y socializar lo menos posible. Su fama y dinero le permiten ser un recluso y todavía ser reconocido. Aunque el desarrollo de la historia es otro camino ficticio, el público (nosotrxs) conocedor, estudioso y amante de la literatura debe reconocer los referentes a Jorge Luis Borges, el nunca ganador del Nobel pero reconocido por todxs como la mayor influencia en la literatura latinoamericana.

En esta historia Mantovani recibe, entre tantas otras que ofrecen dinero y prestigio, una invitación a su pueblo natal, Salas, para recibir la distinción de “ciudadano ilustre”, ser reconocido por el gobierno municipal y ofrecer un cursillo sobre el proceso de escribir a un público variado pero interesado. Hace casi 40 años que se fue de Salas y esta sería la primera vez que vuelve aunque siempre ha sido su fuente de inspiración a pesar de vivir todo este tiempo en Barcelona. Salas es el Macondo de Gabriel García Márquez o Santa María de Juan Carlos Onetti y sus personajes son reconociblemente reales aunque el pueblo sea ficticio. Mantovani acepta la invitación por curiosidad de ver cómo ha cambiado o no el lugar donde nació y se crió, reencontrarse con gente de su pasado y también para compartir momentos más sencillos donde él pueda descubrirse nuevamente.

Mantovani tendrá contratiempos de transportación y movimiento ya que lo quieren llevar a todos los sitios y no le permiten el placer de caminar y perderse por caminos de la infancia. También irritará a varias figuras públicas por no acceder a lo que ellos entienden es uso y costumbre. Tendrá aventuras, conflictos y choques de personalidades pero siempre estará presente el lenguaje literario del narrador y autor y su continuo planteamiento de la diferencia o no entre la ficción y la realidad.

La reina de España

(director y guionista Fernando Trueba; cinematógrafo José Luis Alcaine; elenco Penélope Cruz, Antonio Resines, Santiago Segura, Neus Asensi, Rosa María Sardá, Jorge Sanz, Loles León, Javier Cámara, Ana Belén, Chino Darín, Carlos Areces, Mandy Patinkin, Arturo Ripstein,, Cary Elwes, Clive Revill)

El director Fernando Trueba ganó el Oscar por Mejor Película Extranjera en 1992 por Belle Epoque precisamente con Penélope Cruz y Jorge Sanz, dos de los que luego integrarían La niña de tus ojos en 1998. Ambos filmes son comedias “lite” a pesar de tener un contexto político muy real: la Guerra Civil Española y los primeros años del franquismo. En La reina de España ya han pasado más de diez años (es la década de 1950) y el repertorio del anterior filme se ha fragmentado. Macarena Granada es ahora una gran actriz de Hollywood ya que hay que recordar que no podía volver a España después de haber denunciado a Franco por la muerte de su padre en una de sus cárceles de presos políticos. Trini Morenos es su ayudante inseparable; Blas Fontiveros, director y antes amante de Macarena, acaba de salir de la prisión y va en busca de su anterior grupo de actores para reconectar con ellos y quizá encontrar algún trabajo; Rosa Rosales ahora tiene una pequeña compañía de teatro ya que está muy vieja para el cine; Julián Toralba, Castillo y Lucía son parte del grupo de cine que ahora filman en España (con la aprobación de Franco) la historia de la Reina Isabel con director, guionista y productor estadounidense.

El filme tiene momentos muy graciosos, especialmente por la manera en que todos se han reinventado. También está muy bien cómo aglutinaron pedazos de la historia en un solo personaje: Mandy Patinkin es el guionista blacklisted por Hollywood durante la era McCarthista —y por eso escribe bajo un pseudónimo— que fue parte de la Brigada Lincoln de los brigadistas internacionales que defendieron y pelearon junto a los Republicanos en la Guerra Civil Española. También se incluye a un nuevo y joven personaje, Leo (interpretado por Chino Darín, el hijo de Ricardo Darín, el maravilloso actor argentino que tanto admiro), que es parte de la resistencia existente al gobierno militar y represivo de Franco. Pero el gran problema del filme es su estereotipada presentación de la homosexualidad que es siempre motivo de chiste, de comentarios como que con el tiempo y la costumbre se puede revertir y lo peor (que todavía no entiendo cómo se pudo incluir): la violación de Julián por el actor americano como si fuera otro gran chiste.