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La Novia de Betances / Cayetano Coll y Toste

El año de 1848 apareció en Cabo Rojo un joven como de veintidós años de edad, bien plantado, cerrado de barba, cabello rizado, rostro simpático, color broncíneo, nariz perfilada, ojos pardos, luminosos, labios finos, vestido elegante y correctos modales.

La gente del pueblo le tomó por un árabe comerciante rico; era el doctor Ramón Emeterio Betances, que había salido niño de la población natal y regresaba adulto a la tierra querida, después de haber cursado en París estudios menores y facultad mayor.

El pueblo, tan pronto le reconoció, le acogió en su seno con cariño, y él se hizo querer por su carácter bondadoso y sus rasgos caritativos.

Betances, que siempre fue un soñador y de imaginación volcánica, al visitar por vez primera a su hermana Clara, se enamoró ardientemente de un oloroso pimpollo de rosa, que su parienta tenía en el jardín.

La joven Carmelita, doncella esbelta de diecisiete primaveras, era una linda trigueña de formas y perfiles seductores, de rostro viril y frente alta., con grandes ojos negros brillantes, luengas pestañas, mirada dulce, labios de fresas, sonrisa chispeante en boca incitante, gruesas trenzas de azabache, que resaltaban sobre la albura de la fina muselina, cubridora de sus hombros y de su talle gentil de núbil doncella.

Doña Clara, que adoraba a su hijita, había observado con ese instinto de las mujeres perspicaces y más aún de las buenas madres cuidadosas de sus hijas castas que el joven doctor, su hermano, se bebía los vientos por Carmelita.

–¿Parece -le dijo un día- que en París ninguna mujer te ha hecho tilín en el corazón, hermanito?

–Querida hermana, en mi corazón no ha penetrado ninguna belleza parisién, sino la flecha de oro de los ojos fascinadores de Lita; y quiero casarme con ella.

Ya la dulce cantinela de] amor había deslizado su onda sonora en los oídos de María de] Carmen, despertando su dormida pubescencia, y de cándida flor de melancolía la había transformado en opulenta rosa de amor.

–Pues, chico, háblate con el Padre Vargas -le contestó doña Clara sonriente-, porque, como ustedes son parientes, hay que alcanzar del Papa la licencia matrimonial; y pagar no sé cuánto dinero.

–Hermana, eso queda de mi cuenta; hablaré hoy con el señor cura y todo se arreglará satisfactoriamente.

El Joven doctor, espoleado por su frenesí de amor, se fue derechito a la sacristía, donde encontró al Padre Vargas y le expuso su deseo.

–Amigo doctor, las licencias matrimoniales entre parientes requieren un expedienteo engorroso que tiene que ir a Roma y obtener de] Pontífice el consentimiento para sus esponsales.

–Bien, Padre…. ¿y qué costará ese expediente‘?

–Alrededor de dos mil pesos, doctor.

–Sacre nom de Dieu, dicen los franceses, Padre: “¡Dos mil ojos de buey!”

–Amigo doctor, hay muchos trámites que llenar: primero, sacar las partidas de bautismo de ustedes y de sus padres, hacer un suplicatorio a Su Santidad, designar una persona lista y entendida de la Curia eclesiástica de Roma, para que lleve a efecto los requisitos necesarios ante el Vaticano para obtener pronto el permiso del Santo Padre, ¡En fin, hijo mío, la mar con sus marullos! ¡Ustedes se figuran que la luna es de queso y se come con melao! ¡Pues no, señor doctor! ¡Hay que aflojar la bolsa; de lo contrario, se queda usted sin su sobrina, la bella María del Carmen.

–¡Bien,Padre Vargas! ¡Todo se arreglará!

Salió el joven caborrojeño de la sacristía con el semblante hosco y los puños apretados y bufando como si le hubieran puesto un par de banderillas de fuego.

Fuente(s):

–¡Ira de Dios! ¡Conque dos mil pesos! ¡Un capital! ¡Qué manera cruel de saquear a los enamorados!…

–Hermana Clara, el Padre Vargas pide dos mil pesos por el expediente de permiso matrimonial entre parientes; hay que hacer unas diligencias muy largas y los papeles tienen que ir a Roma. He concebido otro plan. Yo levanto dinero y me voy primero a París. Luego, Lita y usted embarcan para Francia. Yo iré al Havre a esperarlas.

Betances salió del país a fines de 1857 en dirección a St. Thomas, donde tomó el trasatlántico para Francia. Al mes siguiente se embarcó por igual vía para Europa doña Clara Betances y su hija María del Carmen Henry.

Carmelita fue colocada en un colegio de señoritas de Tolosa, para que aprendiera francés y adquiriese mayor instrucción en labores y literatura.

Llegadas las vacaciones de Nochebuena de 1858, estando una tarde en el jardín del colegio Carmelita con varias condiscípulas, se acercó muy contenta otra de las educandas, con un precioso librito en las manos, que parecía de misa por el canto dorado y cubierta de nácar.

–¿Qué libro es ese? -le interrogó Carmelita.

–Me lo acaba de regalar mi hermana mayor, que vino a verme, y díjorne era muy divertido.

–¿Cómo se titula? -manifestó otra niña.

–”El libro del Destino.”

–¿Y en qué consiste su bondad y entretenimiento? -preguntó otra colegiala.

–En que tú haces una pregunta sobre cualquier asunto de tu porvenir: se abre el librito y en la página derecha está la contestación, y en la izquierda, un consejo, proverbio o sentencia.

–Pues, chica -repuso una moza paliducha y bella que estaba saboreando unas uvas moscatel-, pregúntale a tu libro si mi novio me quiere.

–El arcano dice que sí, y añade: ”La esperanza es un pájaro azul… de faz rosácea y rubia cabellera”.

–Demándale al Destino que cuándo saldré del colegio.

–Confía en tu buena estrella. Ten fe y lo sabrás.

Acercóse al interesante grupo de educandas una de las profesoras de la Institución y, enterada del entretenido Juego, rogóle a la dueña del librito le preguntara

si ella conseguiría aumento de sueldo aquel año.

–¡Desde luego! -contestó el oráculo, y en la página decía: “Sin el amor, la dicha verdadera no puede existir”.

–Y tú, Carmelita, ¿no preguntas algo?

María del Carmen, que tenía sus pensamientos plácidos puestos en París, calculando lo que tardaba en venir la licencia del Papa, al verse interpelada de improviso por la compañera, le contestó con vivo interés:

–¿Me casaré pronto?

–¡Nunca! –respondió el librito de oro y, nácar, y en la otra página decía: “¡Resignación!”

Carmelita se puso intensamente pálida con la fuerte emoción sufrida en aquel instante inesperado. ¡Era una sensitiva!

–¡Chica, qué pálida te has puesto; si esto es un juego, un pasatiempo!

–¿Quién cree en los siglos que vivimos en presagios y agorerías? ¡Esas son supersticiones para los ignorantes!

–Y agregó riéndose-: ¡Sólo Dios sabe el porvenir!

–Vamos, Carmelita, haz otra pregunta para cortar la bilis que te ha producido la primera.

–¿Vendrá a buscarme alguien de casa?

–»Dios es Dios y Mahoma su profeta.»

Las muchachas se echaron a reír con la contestación, que no ligaba con la pregunta:

–¿Y qué dice la página izquierda? -preguntó la maestra.

–A la sombra de las espadas está el paraíso».

Volvió a repetirse la explosión de risa argentina de las muchachas y una educanda opinó que probablemente el novio de Carmelita sería militar. La pobre María de] Carmen continuaba fuertemente impresionada, sin reaccionar su sistema nervioso. Era extremadamente impresionable y aquel incidente la había afectado profundamente.

Por la noche tuvo un cruel insomnio, y cuando se durmió se apoderó de ella una fuerte pesadilla: veía a su novio de cuerpo presente atravesado de una espada; se despertó bañada en frío sudor y con una horrible jaqueca. Se avisó al doctor Betances, y el joven galeno acudió solícito y se llevó a Lita a un pueblecito cercano a París, a Menecy, a la casa de un matrimonio amigo, a fin de distraer a su amada con el encanto inagotable de poesía y belleza de los campos inmediatos. A Carmelita se le desarrolló al día siguiente una fiebre nerviosa intensa.

Desesperado su infeliz novio al verla delirar, llevó de París facultativos de toda su confianza. A pesar de tantos cuidados y de tanto cariño, el 22 de abril, a la medía noche, la pálida traidora la había besado en la frente.

Una honda pena, un dolor intenso flotaba en el ambiente de Menecy. Betances tenía una angustia terrible. Su alma estaba en congojas, presa de un tormento infinito. Las siete espadas del infortunio las tenía clavadas en su pecho.

Su espíritu quedó sumergido en los abismos de un profundo aniquilamiento moral. Había llegado la licencia de Roma, costando solamente cien francos; y fijado él con gran alegría su casamiento para el 5 de mayo, y tres días antes le arrebataban el ídolo de su corazón. La hizo embalsamar; la vistió su traje de boda, la ciñó su corona de azahares, la adornó con el velo simbólico, finísimo cendal, y le puso en el dedo de la mano derecha el anillo nupcial. La colocó en un ataúd de plomo, forrado interiormente de raso azul, dentro de otro de encina con tapa de cristal, encerrado en caja de madera común, y depositó su tesoro en el cementerio de Menecy. Entonces fue que escribió su sentido poema: „La Virgen de Borinquen“.

A fines de septiembre del mismo año 1859 salió para América en la fragata Georgina, llevando su tesoro consigo, a su inolvidable Lila, con rumbo a la patria querida.

Al llegar a Puerto Rico pudo depositar en la necrópolis de Mayagüez él cuerpo embalsamado de su idolatrada Virgen. Tal parecía dormida bajo un filtro mágico. Todas las tardes iba a visitar su tumba y, a llevarle flores a la bien querida. Levantaba la tapa del ataúd, que tenía goznes, y quedaba al descubierto la de cristal. Entonces contemplaba con estática religiosidad la faz de su amada y permanecía allí leyendo al lado de su muerta idolatrada hasta que el sol declinaba y las tinieblas invadían el cementerio.

Cuando el gobernador Marchessi desterró a Betances en 1867, el apasionado amante tuvo que abandonar su tesoro de amor, a su Lita inolvidable, imán de sus entrañas.

Como el hombre de valía suele tener dos amores: la tierra en que nació y la mujer que su corazón elige, para Betances fueron, Puerto Rico y Carmelita Henry. Hoy el cuerpo embalsamado de la pobre novia reposa en Cabo Rojo, adonde fue trasladado. En prosa y en verso el prócer consagró el recuerdo de la Virgen de Borinquen

Ojos que observan el silencio del horror: La passion de Jeanne d’Arc y A Quiet Place

His amused eyes looked into her horrified ones.

Agatha Christie, And Then There Were None (1939)

El cine es un arte visual. A pesar de que esta afirmación es bastante obvia, me hice consciente de esta característica por primera vez a principio de los 90 cuando Diane Accaria, una de mis mayores influencias en cómo pienso sobre el cine, me dijo: “Se puede tener una película sin sonido, pero nunca sin imagen.” En aquel entonces tenía aproximadamente veinte años y, en mi búsqueda de probar los límites del cine, me cuestionaba si funcionaría una película donde el público no vería nada pues el proyector se mantendría apagado. Y todo el concepto de espacio y reconstrucción del mundo visual dependería solamente del diálogo. Pero esto no es cine, sino radio teatro. Se necesita la presencia de luz proyectada en una pantalla para considerarse cine. Acepto que esto es algo categórico de mi parte y espero con ansias el día que algún artista desafíe mis ideas en cuanto a los límites del cine. Las dos películas que vi este fin de semana en la pantalla grande, La passion de Jeanne d’Arc (dir. Carl Theodor Dreyer, Francia, 1928) y A Quiet Place (dir. John Krasinski, EEUU, 2018), utilizan lo visual de maneras únicas para demostrarnos el horror tanto de una iglesia que condena a la hoguera todo desafío a su autoridad como el de las criaturas que acechan los pocos sobrevivientes humanos.

La passion de Jeanne d’Arc, presentada en el Quad Cinema de Nueva York como parte de una retrospectiva de Juana de Arco en el cine, está basada en la transcripción oficial del juicio en el 1431 por la iglesia católica en contubernio con Inglaterra durante la Guerra de los Cien Años. Dreyer evita las proporciones épicas de Birth of a Nation (dir. D.W. Griffith, EEUU, 1915) para contar la historia de manera más personal a través de “close-ups” o tomas de primer plano. La película no retrata los grandes momentos históricos en la vida de Juana de Arco, sino los ojos sufridos de la guerrera ante la burla del cruel patriarcado eclesiástico que la condenará a la hoguera.

El uso del primer plano permite al espectador notar las sutilezas en las expresiones de cada personaje y, más específicamente, en los ojos de Maria Falconetti, actriz que desempeña el papel de Juana. Los ojos de la Falconetti nos llevan desde el éxtasis del personaje por la conexión con su dios al terror de la tortura física que se avecina. Sus ojos son el centro de la historia y su intensidad altera todo su alrededor. Esto se hace claro por la manera en que la cámara retrata una realidad inclinada y algo torcida por la confusión (o quizás por la sicosis) de la héroe. En la escena de la tortura, Juana nota con ojos brotados de pavor un garfio, los afilados serruchos y la gran rueda con estacas de hierro que gira cada vez más rápido. Peor aún son los ojos maléficos de los oficiales de la iglesia que observan a la mujer como depredadores que esperan la caída final de su víctima. La gramática visual pasa precipitadamente de un detalle a otro siguiendo el girar de la gran rueda de dientes de hierro. La secuencia termina cuando Juana se desmaya por el miedo. El cerrar de sus ojos marca el final del episodio. Se dice que Dreyer descubrió a Falconetti (cuyo nombre real es Renée Jeanne Falconetti) mientras ella actuaba en un teatro de París. Estoy seguro que Dreyer se estremeció por la intensidad de sus ojos, desde donde se narra el alucinante ascenso de Juana de Arco a la hoguera.

Muchos cinéfilos arguyen que el cine mudo usa a la perfección el lenguaje del cine ya que depende de lo visual para contar su historia. A pesar de que estoy de acuerdo con el argumento, se me hace imposible cantar sus glorias como contraste al cine con sonido integrado. La más reciente película de horror, A Quiet Place, nos cuenta una historia a través del sonido y la imagen, pero con uso mínimo del diálogo. En esta película, una familia sobrevive ante una invasión de monstruos cuya audición es exageradamente sensitiva. El más mínimo ruido los atrae de inmediato, sumiendo a los sobrevivientes en una rutina diaria de amortiguar cada sonido que define su diario vivir. ¿Cómo podemos silenciar el grito que provoca el dolor intenso, el romper de un vaso de cristal, el crujir del piso de madera y hasta el andar descalzo por un camino campestre? Como en Swiss Family Robinson (dir. Ken Annakin, EEUU, 1960), donde una familia encuentra diferentes maneras para sobrevivir en una isla desierta, A Quiet Place se concentra en cómo la familia Abbott lucha por suprimir cada suspiro para vencer lo inimaginable.

A Quiet Place no tiene un monstruo cuya imagen impacte al espectador, como la belleza grotesca de los xenomorphs de Alien (dir. Ridley Scott, EEUU, 1979) diseñados por H. R. Giger. Aunque tienen una anatomía particular con detalles interesantes, las criaturas de A Quiet Place no son memorables. Sin embargo, la colaboración entre la dirección de Krasinski (sí, el mismo que protagonizó la versión estadounidense de la serie The Office), la cinematografía a cargo de Charlotte Bruus Christensen y el equipo de sonido supervisado por Erik Aadahl nos ha dado una película cuya textura auditiva expande en su espacio visual. No necesitamos escuchar un grito para sentir la desesperación de Evelyn Abbott (actuada magistralmente por Emily Blunt), cuyas manos la fuerzan a tragar un grito de dolor y de miedo por el monstruo que la acecha. La música de la película no entorpece la tensión ya que Krasinski nos prueba que el silencio y los sonidos de nuestro entorno son suficientemente aterradores. Al no depender del diálogo, la cámara permite que los personajes se comuniquen a través de la mirada. Los ojos de Lee Abbott (John Krasinski) al notar que uno de los suyos corre peligro son una explosión de pavor y de miseria por su impotencia ante las criaturas casi indestructibles.

Fue una coincidencia ver ambas películas en la pantalla grande este fin de semana. En Nueva York, uno enfrenta los inviernos, el prejuicio disfrazado de generosidad, las rentas prohibitivas y la lejanía de la familia isleña, porque puede tomar refugio en la diversidad de cine que se ofrece por toda la ciudad. Sé que demuestro mi obsesión con el cine. Pero es que he llegado a entender mi experiencia y la de los que me rodean a través de las imágenes proyectadas en la pantalla grande, que sigue siendo para mí la manera idónea de ver una película. Salgan y vean A Quiet Place en cualquier sala de cine de la isla. Busquen en YouTube alguna versión de La passion de Jeanne d’Arc, preferiblemente sin música. Este último detalle es crucial ya que la manipulación emotiva de la banda sonora le resta fuerza a los ojos de Falconetti. Llevé a mi hijo de doce años a ver ambas películas. Y sus ojos se abrieron como cavernas de luz ante los ojos sufridos de Juana de Arco y se asomaron horrorizados desde las profundidades de su abrigo de invierno cuando la hija mayor de los Abbott atestigua la amenaza que se aproxima. Los ojos del niño se abrieron ante el silencio de lo terrible.

Breves de abril

Abril, mi mes preferido, parece ser este año un bajón en estrenos de buen cine con la gran excepción del documental de Luis Manuel Dávila Marichal, 1950: la insurrección nacionalista. ¿Cuándo llegarán los filmes nominados para el Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera? ¿una selección de los filmes presentados en Sundance y la Berlinale? ¿el filme anterior de Sebastián Lelio, Disobedience? ¿y las ya estrenadas en EU: Loving Pablo de Fernando de León Aranoa, Mary Magdalene de Garth Davis, The Death of Stalin de Armando Iannucci? Mientras tanto aquí comento tres buenos filmes entre las montones de comedias argentinas y españolas casi con la misma trama, guión, perspectiva y chistes conocidos que ocupan espacios en las salas de los Fine Arts.

Una mujer fantástica

(director Sebastián Lelio; guionistas Sebastián Lelio y Gonzalo Maza; cinematógrafo Benjamín Echazarreta; elenco Daniela Vega, Francisco Reyes, Luis Gnecco, Aline Kuppenheim, Nicolás Saavedra, Amparo Noguera, Trinidad González, Néstor Cantillana, Sergio Hernández)

Una mujer fantástica, ganadora este año del Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera, del chileno Sebastián Leilo (director también del excelente Gloria de 2013), es una visión valiente de presentar realidades sexuales en nuestro presente. Marina Vidal—interpretada por la transexual Daniela Vega—es la joven que convive con Orlando, hombre mucho mayor que ella y de posición acomodada, que le brinda amor y seguridad en sociedades intolerante como las latinoamericanas incluyendo la nuestra. Recordemos que en muy pocos lugares se acepta que el ser humano no nace predeterminado por su sexualidad sino que la sexualidad también es una construcción. Tanto los políticos conservadores y derechistas como las organizaciones religiosas se han encargado de encasillar a todos en los comportamientos exclusivos de hombre y mujer con las definiciones dictadas por ellos. El romper con este encerramiento  en un drama, y no en una comedia, declarando y actuando su opción sexual, es el gran logro de este filme.

Marina podrá tener un grupo de amistades y familiares que la protegen en muchas ocasiones, pero la mayor parte del tiempo tiene que enfrentar agresiones verbales y físicas de conocidos y extraños y, en especial de los representantes de la ley que tratan de evadir lo legal para dar paso a sus propios prejuicios. Lo maravilloso del personaje de Marina es la valentía con la que enfrenta cada uno de estos asaltos a su dignidad como persona. Puede estar muerta de miedo pero no dejará que nadie le impida despedirse del hombre que le brindó el respeto y amor que todo ser humano merece.

Seven Days in Entebbe

(director José Padilha; guionista Gregory Burke; cinematógrafo Lula Carvalho; elenco Rosamund Pike, Daniel Brühl, Eddie Marsan, Lior Ashkenazi, Omar Berdouni, Nonso Anozie, Zina Zinchenko, Ben Schnetzer, Brontis Jodorowsky, Angel Bonanni)

El filme del director brasileño José Padilha puede parecer al principio otra historia de la celebrada agresividad del estado de Israel de lidiar con cualquier grupo que atenta contra ellos. Recrea el secuestro de un avión lleno de pasajeros de Air France en ruta de Tel Aviv a París en 1976 y su exitoso rescate. Pero el filme ha sido criticado por el estado de Israel por darle visibilidad a los dos alemanes y dos palestinos que ejecutaron el secuestro y que fueron asesinados por la fuerza israelí.

Entre los discursos más importantes en la historia están las conversaciones entre Wilfred, Brigitte y Juan Pablo sobre lo que significa esta acción no tanto por sus consecuencias—la muerte de ellos y muchas personas inocentes—sino por lo que los motiva a hacerlo. ¿Cómo pueden Brigitte y Wilfrid probar que no todos los alemanes seguían las creencias nazis? ¿que aún ellos podían reconocer y condenar las atrocidades cometidas? ¿Cómo probar que secuestrar a los pasajeros judíos no era una acción similar, sino una manera de expresar su solidaridad con el pueblo palestino, cuyas tierras habían sido apropiadas por el nuevo estado de Israel, y su población obligada a abandonar el lugar de sus ancestros bajo amenaza militar?

El filme explora además los debates entre el primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin (asesinado por un judío ortodoxo en 1995), su Ministro de Defensa, Shimon Peres (ganador en 1994 del Premio Nobel de la Paz junto a Rabin y Yasser Arafat) y su gabinete para decidir si negociar con los terroristas y salvar las vidas de sus 94 ciudadanos (148 ya habían sido liberados por los secuestradores) o emprender un ataque militar con el riesgo de poner a todos en peligro de morir. El aeropuerto en desuso de Entebbe, Uganda es el escenario principal de la trama que nadie sabe cómo va a terminar.

El director y guionista le dan un giro sorprendente a la trama cuando deciden apartarse del cuadro casi de realidad documental e insertar la metáfora del baile, a través del performance de la compañía de danza moderna Batsheva, del tradicional “Echad Mi Yodea” para dramatizar la realidad interna de los participantes en este cuadro caótico, tenso y explosivo.

Leisure Seeker

(director Paolo Virzi; guionistas Stephen Amidon, Francesca Archibugi, Francesco Piccolo; autor Michael Zadoorian; cinematógrafo Luca Bigazzi; elenco Helen Mirren, Donald Sutherland, Christian McKay, Janet Moloney, Dana Ivey, Dan Coleman)

Filme “pequeño”, queriendo decir íntimo sin reclamos de absorber a una audiencia masiva, con dos excelentes actores (Mirren y Sutherland) que se apropian del filme sin dejar que se agote con sentimentalismos o chistes trillados. “El buscador del ocio” es el nombre que Ella y John Spencer le dieron a su trailer que, como un gran sector de los estadounidenses, transitaban por las carreteras del país a explorar lugares nuevos o poco conocidos con la comodidad de poder conducir ellos mismos y contar con una casa sobre ruedas. John, profesor retirado de literatura y un admirador y estudioso de Ernest Hemingway que puede olvidar todo menos la vida y los libros de este escritor y Ella, su esposa no universitaria pero conocedora y asertiva de lo que constituye formar una vida y tener una familia, deciden revivir sus buenos tiempos en el “Leisure Seeker”. Ella, más que John, quiere revivir esos viajes antes que las vidas de ambos se apaguen y solo sirvan para que los cuiden. Los choques con sus hijos—todo por teléfono y celular—son las escenas más divertidas y tiernas porque reflejan el amor que se tienen sin tener que decirlo.

El viaje que emprenden estos dos viejos, que se empeñan en seguir gozando de la vida que les queda, es muy especial porque la ruta—con sus desvíos muy divertidos—es visitar la casa de Hemingway en Key West, Florida (no la de Cuba). Y, como me ocurrió a mi, será una decepción ya que el fantasma del escritor ya no reside ahí pues se ha convertido en otro lugar turístico donde lo único que se recuerda es su vida bohemia (y sí, los descendientes de sus gatos). Aunque no tiene la picardía de esta pareja el filme canadiense de 2012, Still Mine, con James Cromwell y Geneviève Bujold es un hermoso drama de cómo vivir cada momento que tenemos en este camino/vida.

Restaurarán las tumbas de nuestros y nuestras mártires

La Coordinadora Nacional de las Actividades del Cerro Maravilla, mejor conocida como Coordinadora del Cerro de los Mártires, a raíz de su objetivo de resaltar en la memoria colectiva la gesta de nuestros(as) mártires, se ha propuesto concretizar un proyecto de limpieza y restauración de las tumbas de los y las patriotas que dedicaron su vida hasta la muerte por lograr su anhelo de un Puerto Rico independiente.

Esta Coordinadora, con un grupo timón de 8 a 10 personas, se ha ceñido a trabajar con los y las mártires que han muerto en la lucha a partir de 1930 hasta nuestros días. Es por eso, que el proyecto comenzará con la limpieza de la tumba de los cuatro mártires que fueron asesinados en la Masacre de Río Piedras de 1935: Ramón Pagán, Pedro Quiñones, Eduardo Rodríguez y José Santiago Barea. “Estos mártires comparten la misma tumba en el viejo cementerio de Villa Palmeras y nosotros estamos en el proceso de coordinar con las autoridades del cementerio, localizar a algún familiar y comenzar con la restauración, que incluirá limpieza, pintura, y la colocación de una lápida y una bandera de Puerto Rico”, dijo a este medio Juan Camacho, miembro de la Coordinadora.

“Más allá de restaurar ese espacio físico, nosotros haremos las gestiones para que un grupo de ciudadanos le siga dando de manera sistemática el mantenimiento necesario a las tumbas restauradas”, prosiguió Camacho.

De igual forma, para la Coordinadora es importante que, además del mantenimiento de las tumbas, todos los años se convoque a una actividad de recordación cerca de los respectivos cementerios o de las tumbas para así, perpetuar esa memoria a través de las generaciones.

“En el caso de Río Piedras, cada vez que se cumpla un año de la Masacre, se espera que un grupo haya limpiado la tumba y organice una actividad de recordación”, explicó el miembro de la Coordinadora.

El segundo proyecto que han considerado será limpiar y cambiar la lápida de la tumba de Don Pedro Albizu Campos, localizada en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, en el Viejo San Juan. “Hemos recibido el visto bueno de la familia de Don Pedro”, celebró Camacho. En este caso, la lápida es costosa por ser de mármol, lo que hace necesario la petición de donativos económicos a la ciudadanía, mientras la Coordinadora pondrá la mano de obra.

Aún no han gestado con detenimiento el tercer proyecto de restauración, pero han pensado trabajar con el monumento donde yacen los mártires de la Masacre de Ponce.

Los fondos para las restauraciones provienen de donativos que le hacen a la Coordinadora a través de un calendario anual que se distribuye con la intención de que la gente ofrezca su donativo. El calendario “es una pieza de colección porque recoge la lucha de la independencia y la de nuestros mártires”. Asimismo, la Coordinadora mantiene el Museo de los Mártires en el municipio de Jayuya para allegar dinero.

Según explicó Juan Camacho, la Coordinadora fue creada por un grupo de compañeros y compañeras en 1996. El propósito fundamental fue honrar a los jóvenes asesinados en el Cerro Maravilla, Arnaldo Darío y Carlos Soto Arriví, y por ende, a otros mártires de la lucha por la independencia. Sin embargo, en el camino también adoptaron la tarea de reconocer y destacar a nuestros prisioneros y prisioneras políticos(as), a quienes siempre honran cada 25 de julio en una actividad que realizan en el Cerro Maravilla.

“Nuestra lucha por la independencia es centenaria, por lo cual este país ha tenido mártires desde los primeros levantamientos de los indígenas en la ocupación española hasta nuestros días. Fundamentalmente, hubo un auge grande a partir de 1930 por la lucha de los nacionalistas y la muerte de muchos de ellos y ellas en el cumplimiento del deber de la independencia, por eso son mártires aquí y ante cualquier país del mundo”, informó Camacho sobre el porqué decidieron honrar los mártires de los años ’30 en adelante.

Este proyecto de la Coordinadora del Cerro de los Mártires tiene la intención de que la ciudadanía sepa “que aquí se aman y se respetan a los muertos que lucharon por la independencia de Puerto Rico porque son parte nuestra y de la historia de nuestro pueblo”, concluyó Camacho.

Ayuda urgente para Héctor Rodríguez

El querido amigo y músico puertorriqueño Héctor Atabal Rodríguez, fundador y director del grupo Atabal – el cual tiene a su haber 35 años de éxito musical – ha tenido bien claro que la música es la aportación que puede brindar a las causas sociales.

La palabra que describe la gestión musical y cultural que ejercen Héctor y el grupo Atabal es solidaridad. Durante los años de trayectoria, Héctor ha ofrecido su música , por ejemplo, a causas de compromiso con el pueblo hermano de Haití y con la excarcelación de nuestros(as) prisioneros(as) políticos(as),además es junto a Atabal uno de los conscuentes en el Festival de Apoyo a CLARIDAD.

Recientemente, Héctor ha sido diagnosticado con mieloma múltiple que, según la Sociedad Americana del Cáncer, es un tipo de cáncer de la médula ósea en el que existe una proliferación anormal de células plasmáticas. Dichas células de la sangre, producen los anticuerpos (inmunoglobulinas) que defienden al organismo de infecciones y otras sustancias extrañas (antígenos).

Es ahora cuando el compañero necesita que el pueblo que lo quiere se desborde en solidaridad y gestos de agradecimiento por la música puertorriqueña que ha llevado a países de Europa, Centro y Sur América, y a ciudades de Estados Unidos. Ciertamente, muchos y muchas le han expresado solidaridad mediante mensajes de apoyo en las redes sociales (Facebook/Pro Fondos Héctor Atabal), con la gestación de grupos virtuales para mantener comunicación sobre el estado de salud del compañero y con la organización de encuentros religiosos.

Otras iniciativas creadas han tenido la intención de recaudar fondos para los varios tratamientos médicos que requiere el padecimiento y para un trasplante de médula ósea, cuyos costos alcanzan los $250 mil. Para apoyar esa necesidad económica, la familia extendida de “Atabal” insta al pueblo puertorriqueño a aportar dinero a la cuenta 229 – 352116 del Banco Popular de Puerto Rico o a través de Ath Móvil, marcando el número 787 -632- 0357.

Otra manera de aportar económicamente es accediendo a www.gofundme.com/pro-fondos-hector-atabal. “Esta cuenta se crea con el propósito de recaudar fondos para el tratamiento y trasplante de médula ósea. Como muchos saben, los costos de la medicina, gastos asociados a tratamientos médicos y recuperación son increíblemente altos. Ya comencé el tratamiento de quimio y en los próximos meses espero someterme al trasplante. Mi mayor deseo es poder seguir trabajando como músico y ser útil a mi familia”, reza el corto mensaje en la página web.

De igual modo, el próximo 3 de junio a la 1:00 de la tarde en el Colegio de Ingenieros y Agrimensores en Hato Rey se efectuará el evento “Atabales para Héctor Atabal”, actividad pro fondos para la salud de nuestro gran amigo. Para más información sobre la misma, se puede llamar al 787-781-8140.

El grupo Atabal continuará sus presentaciones bajo la dirección del hijo de Héctor, Caymmi Rodríguez, quien es el cantante de la agrupación. Para contrataciones, pueden llamar a los siguientes números: 787-632-0357 o 787-240-9963.