Inicio Blog Página 1953

Entender el poder para actuar con fuerza

Uno de los peores enemigos en momentos de crisis es la desesperación. Desde que comenzó en Puerto Rico la política neoliberal como acción abarcadora de gobierno, en 1989, hasta el día de hoy, la clase trabajadora y las comunidades han recibido golpes muy duros. Pero también pudieron poner en marcha movilizaciones impresionantes. Basta mencionar algunas: los paros nacionales de los trabajadores del sector público contra la venta de La Telefónica en marzo de 1989 y octubre de 1997, la contundente huelga del pueblo, y la lucha contra la presencia de la Marina de Guerra de Estados Unidos en Vieques. El éxito de la enorme movilización contra la Marina puso sobre la mesa de la historia una formidable ironía: la energía popular salió victoriosa contra el enemigo de mayor fuerza. Sobre eso hay que reflexionar hoy más que nunca. ¿Cómo es posible derrotar al más poderoso y ser derrotado ante fuerzas menos formidables? La contestación solo puede ir encaminada hacia un aspecto fundamental: la unidad del movimiento, la tenacidad y el sacrificio de los luchadores y su diversidad concertada. Ahí está la figura de la victoria.

Ahora bien, es evidente que el Puerto Rico existente entre 1989-2006 no es el mismo de hoy. Una debilidad crónica parece asediarnos por todos los costados. Es imposible esconder los aspectos depresivos y desmoralizadores: 1) la pérdida masiva de empleos industriales como resultado de la desaparición de la Sección 936; 2) la eliminación de decenas de miles de empleos del gobierno a partir de la Ley 7 de 2009; 3) el aumento de la dependencia de fondos federales; 4) la emigración masiva de sectores productivos hacia los Estados Unidos; 5) los ataques sistemáticos a los sectores laborales por vía de privatizaciones y reformas de las leyes que regulan el trabajo: 6) la voracidad de sectores empresariales en combinación con políticos inescrupulosos de nuevo cuño en un festival de contratos que han esquilmado la riqueza pública; 7) y la corrupción rampante que ha devorado fondos públicos en una estructura de robo legal e ilegal que incluye al sector financiero. Una verdad se desprende de esta política neoliberal de expoliación: ha sido un movimiento capitaneado por los dos partidos de turno en el gobierno. Por consiguiente, el llamado reciente del gobernador Ricardo Rosselló para formar un frente unido por Puerto Rico no es otra cosa que una combinación de los defensores de la política neoliberal para capear la tempestad que ellos mismos han creado. Al proponer la misma política, no tiene ninguna credibilidad.

Sin embargo, ese llamado hace visible varias cosas. La política neoliberal, si bien ha enriquecido a un grupo reducido de intereses locales, ha debilitado al conjunto de la economía, con repercusiones políticas desconocidas en nuestra historia. Los dos partidos responsables de la crisis que agobia al país se han debilitado de una forma que parece irreversible. Viven chapoteando en el charco podrido del neoliberalismo. La llamada de apariencia unitaria que hace el gobernador es hipócrita y está cruzada por la mentira. Mientras sus socios demenciales, como Dávila Colón y los participantes de su programa radial, le echan toda la culpa de la crisis a la ineficiencia – innegable, por cierto – del gobierno de García Padilla, Ricardo Rosselló, quien fuera parte del mismo programa radial durante largos meses antes de las últimas elecciones, llama a la unidad. Ante la dificultad de gobernar bajo el poder de la Junta de Control Fiscal, con el barco lleno de agua, el maltrecho gobernador se exhibe en ropas menores. Llama porque está débil, no porque camina con fuerza hacia la estadidad. Llama porque la estadidad es una caja que se ha quedado vacía desde que el PNP se convirtió en el más eficiente promotor del neoliberalismo y sus consecuencias: el robo y la insensibilidad. Una caja donde no cabe hoy una sola ilusión de futuro. De la misma forma, los políticos que recurren a su llamado son políticos derrotados, desmoralizados, tan vacíos como el gobierno en su capacidad de presentar un nuevo proyecto de autosuficiencia económica para Puerto Rico.

Si alguien tiene dudas sobre la debilidad del partido de gobierno, piense en lo siguiente: el año 2017 pudo haber sido uno de grandes celebraciones anexionistas después de la raquítica victoria electoral del pasado noviembre. Con una gran fanfarria, desde el año pasado, pusieron pasquines en cuanto muro encontraron, con el anuncio de los cien años de ciudadanía. Este año también se cumple el medio siglo de vida del PNP y el centenario del Senado de Puerto Rico, dirigido por el flamante Rivera Schatz. Pues bien, no han podido hacer ni un cumpleaños en una plaza pública. El día del natalicio de Barbosa pasó sin una movilización de masas como en años pasados, con un silencio más fuerte que los grititos que se oyen de la boca del gobernador y de la comisionada residente anunciando la supuesta cercanía de la estadidad. La realidad es que con una economía quebrada, con todos los sectores debilitados, sin fuerza, como resultado del elitismo neoliberal y las medidas que empobrecen a la población, no hay camino posible hacia la estadidad. El país en su conjunto está débil. El gobierno es un gobierno inevitablemente débil. Y la Junta, que no tiene ninguna fuerza interna , se regodea y se arregla el pelo en el espejismo de un poder vacuo. Hoy más que nunca brilla el pensamiento de Betances: los grandes parecen grandes porque estamos arrodillados.

Una verdad brilla en esta crisis. La burguesía local es un ente deforme y raquítico que ha manifestado consistentemente su incapacidad de elaborar un proyecto económico-político propio. El movimiento obrero está debilitado y presenta una figura que propicia la inmovilidad. Su debilidad mayor es la falta de unidad de propósito y de acción. Tampoco ha demostrado que tiene un proyecto de país. Pero lo peor de todo es que no da muestra de sentarse en una mesa colectiva a construirlo. Predomina en su dirección el individualismo y la urgencia de proyección y liderato. Es triste ver hombres viejos que se comportan como niños y no acuden a la acción común o se alejan descontentos por pequeñeces y minucias. Es triste porque el país se derrumba y ellos pueden ayudar a que se levante la esperanza. A pesar de la debilidad de la economía, a pesar de la pérdida de cientos de miles de empleos públicos y privados, la clase trabajadora tiene potencialmente mucho más fuerza que el sector empresarial que está a la cabeza de la crisis.

La indignación está en la calle. Pero camina sin rumbo y en silencio. Hace falta salir a organizarla de forma concertada, cada cual con su instrumento, para hacer que poco a poco se oiga una orquestación de pueblo. ¿No hay base para tanto optimismo? ¿Se olvidaron que hace solo unos meses, inspirado por un movimiento estudiantil ejemplar, se dio en Puerto Rico el primero de mayo más grande en la historia de esta isla? No se puede negar la desmoralización, pero se puede trabajar contra ella y abonar con buena fe la imaginación colectiva. La comunidad de Peñuelas lo reclama, la Universidad de Puerto Rico lo reclama, los que ven su sistema de retiro en peligro lo reclaman, los trabajadores públicos y privados lo reclaman. El pasado viernes se dio una nutrida protesta laboral frente al local de la Junta. El próximo miércoles 30 de agosto hay otra actividad. Cada actividad debe ser un escalón en el ascenso de la movilización. Puerto Rico entero necesita que sus fuerzas inspiradas por la igualdad y la justicia se organicen y comiencen a moverse con su propio ritmo, en combinación.

Breves de septiembre-1

No siempre podemos predecir qué películas quedan en cartelera por más de dos semanas pero siempre pensamos que si fue un filme especial—esos que nos hacen pensar y vibrar—permanecerá en los cines, especialmente los Fine Arts, hasta que el público deje de asistir. Detroit fue uno de esos filmes que por ser muy especial—temática, cuadro histórico-político, directora premiada—estábamos seguras que tendría una buena temporada. Nada más lejos de la realidad: solo duró dos semanas en una sola sala de Fine Arts de Miramar y me la perdí. Así que los tres que comento pueden seguir en cartelera o haber desaparecido, pero todos son excepcionales por la temática, su presentación y su alejamiento de los elementos hollywoodenses.

Maudie

(directora Aisling Walsh; guionista Sherry White; cinematógrafo Guy Godfree; elenco Sally Hawkins, Ethan Hawke, Kari Matchett, Zachary Bennett, Gabrielle Rose, Billy MacLellan, Marthe Bernard, David Feehan)

Lo que destaca este hermoso y emotivo cuadro de una mujer que poco a poco y a pesar del ambiente y circunstancias que le han tocado vivir sobrevive y florece como artista es su sencillez. Comienza en la década de 1930 en el pueblo de Marshalltown en Nova Scotia, Canadá. Al perder a sus padres, Maud Dowley también perdió su casa ya que su hermano la hereda y la vende sin consultarla. Le toca entonces vivir con una tía que no entendía cómo una mujer soltera y en sus treinta no podía quedarse en su casa y ser parte de su congregación religiosa. No importa si Maudie caminaba medio tullida por una condición artrítica severa, a ella le gustaba ir al pueblo en las noches cuando había música y baile y podía beber alcohol. Ya se imaginarán como esto le caía a su tía Ida. Su único entretenimiento en esta casa donde le recordaban a cada momento que no pertenecía era dibujar y pintar con juegos de colores que su madre le había dejado.

En una de sus caminatas al pueblo —pues no importaba si se le hacía difícil la travesía ya que era una manera de liberarse del encierro en que vivía— encuentra un anuncio de trabajo como sirvienta de un campesino que vivía solo y responde presentándose y convenciéndolo de que podía hacer el trabajo de limpieza a pesar de ser pequeña de estatura y caminar raro. Así convencerá a Everett Lewis de dejarla transformar su vivienda, una casita de una sola habitación y buhardilla, y llenarla de pájaros, hojas, flores pintadas en colores brillantes. Poco a poco tanto la gente a su alrededor como extraños de muy lejos conocerán su arte y pasarán por su pequeña casa a comprar sus postales y pinturas.

Sally Hawkins como Maudie es una obra maestra e Ethan Hawke nos sorprende por su interpretación de un personaje tan diferente a lo que nos tiene acostumbradxs. Todos los elementos de producción hacen de este cine minimalista un ejemplo de cómo se puede contar una historia con mínimo de diálogo, gestos casi congelados, cámara contemplativa pero también en movimiento para seguir a sus personajes y el relato de una vida relevante como son todos los que nos rodean.

The Big Sick

(director Michael Showalter; productor Judd Apatow; guionistas Emily Gordon y Kumail Nanjiani; cinematógrafo Brian Burgoyne; elenco Kumail Nanjiani, Zoe Kazan, Holly Hunter, Ray Romano, Anupam Kher, Zenobia Shroff, Adeel Akhtar, Bo Burnham, Aidy Bryant, Kurt Braunohler)

Puede que los comediantes ‘stand-up’ sean muy exitosos en sus presentaciones ante un público en vivo o en programas diseñados por ellos en Comedy Central, pero eso no traduce a un largometraje de ficción con una historia que vaya más allá del chiste fácil o de montaje difícil. Aunque con diferentes experiencias pero todos con la base de reírse de la vida, sí lo lograron en Funny People (2009), dirigida por Judd Apatow y protagonizada por Adam Sandler, 50/50 (2011), escrita casi como autobiografía por Will Reiser y Trainwreck (2015), escrita y protagonizada por Amy Schumer y dirigida también por Apatow. En The Big Stick, Kumail Nanjiani es co-guionista y protagonista de una historia que recoge lo que pareciera ser algo inventado en vez de una experiencia de vida.

Prácticamente toda la historia se desarrolla en interiores comenzando con el club donde Kumail hace su rutina junto a sus amigos y compañero de cuarto: Mary, CJ y Chris. Esas improvisaciones ensayadas de los comediantes se miden por la aceptación (muchas risas y especialmente carcajadas) del material presentado. En este caso, alguien del público decide volverse participante: así conoce a Emily. Lo que parece un romance muy interesante y con potencial de desarrollo se torna complicado por las familias de ambos. Kumail es pakistani y musulmán y si quiere continuar con el lazo familiar tiene que seguir las normas culturales, no importa dónde residan. Enamorarse de alguien diferente es un insulto a la familia. A través de la historia Kumail aprende a cómo establecer prioridades y balancear el amor y respeto hacia su familia y la mujer que ama a pesar de su negación. Todo esto sucede en medio de una crisis de salud cuando Emily se enferma seriamente y tienen que inducirle un estado de coma para salvar su vida. Todo esto parece un drama pero lo fabuloso del filme es que la audiencia/espectador estamos riéndonos a carcajadas. Muy de ‘stand-up’ los personajes entran y salen de escena con ‘one-liners’ pero tener a Holly Hunter y Ray Romano como los padres de Emily es darle otra dimensión a esta comedia romántica.

A Ghost Story

(director y guionista David Lowery; cinematógrafo Andrew Droz Palermo; elenco Casey Affleck, Rooney Mara, McColm Cephas, Kenneisha Thompson, Grover Coulson, Liz Franke, Barlow Jacobs, Richard Krause, Dagger Salazar, Sonia Acevedo, Carlos Bermúdez, Yasmina Gutiérrez)

Nuevamente en un estilo minimalista, este filme apenas tiene diálogo y depende casi en su totalidad de la cinematografía: las tomas de los personajes, la presencia del fantasma en su cubierta reconocida, los colores en interiores y exteriores, la escenografía casi desnuda, la distancia establecida entre lugares y presencias. Pero ante todo es una historia de cómo se apropian o no los espacios que ocupamos ya sea por corto o largo tiempo. Cuando conocemos a la pareja que habita la casa, C y M, reconocemos su intimidad pero a la misma vez la distancia que parece rodearles. Las pocas palabras que escuchamos tienen que ver con la casa que habitan y las que habitaron y quedan en su memoria. Cuando la pareja se separa, la casa ya es ajena y observamos cómo se vende o alquila, los nuevos inquilinos y su manera de llenar los espacios tan distinto a sus anteriores moradores. También el tiempo dejará de ser consecutivo y dará saltos hacia el pasado reciente y lejano para luego lanzarse a toda prisa a un futuro donde la casa ya sea irrelevante y sus fantasmas no tengan razón para requedarse.

La narración sin palabras, con imágenes y música, es como un poema silente que sentimos porque nos hace recordar casas no enteramente olvidadas, imaginar el pasado del presente que habitamos y las historias que quedaron flotando entre paredes.

Será otra cosa: La pecera

Cuando lo colocó, justo a la altura de los ojos, la mujer pudo apreciar en detalle la diminuta silueta de aquella criatura que parecía danzar solo para ella. Quiso sentir que había entre las dos alguna conexión, pero inmediatamente descartó la idea. Qué tontería, las cosas que se me ocurren, y siguió con lo suyo.

Desde allí arriba el pez no veía mucho y se aburría. Un pez aburrido puede confundir. A veces la perplejidad se toma por vanidad, sabiduría, desconcierto. Esto pasa mayormente con los cangrejos, las tortugas y los tinglares, pero ninguna de estas criaturas comparte su universo de forma tan íntima como este pez. En aquel cuarto no se daban grandes acontecimientos, como podía suceder en mar abierto, ni sufría grandes transformaciones, como ocurre con las costas. Sólo la luz se afanaba en un espectáculo mañanero a través de las cortinas y jugaba con los reflejos del agua por la tarde, cuando los rayos del sol calentaban un poco la reducida pecera que ocupaba el solitario pez encima del mueble.

La mujer se acostumbró muy pronto al pez, como quien se acostumbra a un cuadro o al paisaje cambiante a través de una ventana. De vez en cuando el movimiento de la criatura, como un celaje azul, le recordaba que era diferente al cuadro y al paisaje. Entonces se acercaba al pez y lo alimentaba.

Desde allí, el pez mataba el tiempo pensando en lo que veía. Su reducida pecera no tenía adornos, aparte de un castillo sin puertas ni ventanas, como una piedra cuadrada que hubieran lanzado al fondo sobre los guijarros azules, de manera que no le quedaba más remedio que mirar hacia fuera. El pez rodeaba los límites de la fortificación y se asomaba por la curvatura del cristal que le hacía ver más cercanos los objetos: todo era verde, azul y amarillo. Su único espectáculo era el monótono y predecible ir y venir de las enormes criaturas que ocupaban el cuarto.

Poco a poco el pez aprendió a reconocer las siluetas de los individuos que se presentían en la oscuridad. Cuando la luz le permitía distinguir las figuras, vigilaba a aquellos seres que se desplazaban por el cuarto, en un espacio aparentemente más suave y cristalino que el agua y que les permitía movimientos a un ritmo incomprensible para el ocupante de la pecera.

Algunas veces entró otro animal a la habitación. Era un cuadrúpedo amarillo de ojos endiabladamente feroces y largos bigotes picudos. Parecía fascinado por aquel receptáculo y el pez llegó a pensar que el pobre padecía de una sed perpetua, pues solía beber del agua de la superficie mientras él mantenía discreta distancia en el fondo, muy cerca del castillo. En una de esas ocasiones, el pequeño monstruo fue sorprendido por la mujer, que lo sacó del cuarto como si el animal la hubiera ofendido con su presencia. El asunto llegó a intrigarle. Algo había en él, siniestro y maligno, que hacía a las criaturas mayores reaccionar violentamente.

El pez se propuso combatir su aburrimiento y comenzó a llevar cuenta de las rutinas de los otros y a imaginar lo que pasaba más allá de las puertas y ventanas del cuarto. No tenía muchas pistas para hacerlo, pero desde el minúsculo abismo de su pecera, junto al falso castillo, hacía lo que podía. Pronto conoció sus costumbres, que se limitaban a las primeras y finales horas del día. Nadie sabe cómo es eso de vivir en una pecera, pero en este caso el pez fue muy cuidadoso en no exagerar sus ideas y se atuvo a lo que podía constatar en el tránsito cierto de aquellas criaturas lastimosas, tan ignorantes del ritmo de las mareas y corrientes submarinas. El pez imaginaba el pasado de la pareja desde su perspectiva de pez o jugaba a que era él quien determinaba los desplazamientos de los personajes: era él quien los levantaba con la luz por la mañana, quien los hacía retirarse después de cambiarse de piel, quien los hacía moverse en la penumbra y quien los dejaba inmóviles hasta el otro día.

Así las cosas, una mañana, el pez imaginó que ya era una criatura feliz, que había conseguido entender el adentro y el afuera de su pecera, y se quedó muy quieto en el fondo. Tan quieto estaba que dejó pasar las horas de la noche y la mañana, dejó pasar el momento de alimentarse, dejó de seguir a la pareja por el cuarto y tan quieto se quedó que al otro día la mujer pensó que todo había terminado para el pez.

La mujer lo miró desde arriba, muy triste y compungida –el pez sólo había durado año y medio y habría que explicarle al niño qué había pasado–, y decidió deshacerse de él y limpiar la pecera. Algo llorosa, la mujer fue sacando las piedritas azules del fondo, sacó el castillo y el liviano cuerpo del pececito, y, acaso por tener empañados los ojos, no alcanzó a notar cierto movimiento en las aletas cuando lo echó, en actitud melancólica, por el inodoro. Esa noche la mujer se dormiría pensando en aquel pobre ser que nunca escuchó música, ni conoció el mar, ni se enteró de que había otras criaturas marinas.

El pez, que había permanecido quieto y catatónico, los ojos puestos en la mirada compasiva de la mujer, concentrado él en aquel instante de exultada emoción, no opuso resistencia. Otro pez hubiera sacudido su cuerpo, buscando desesperado el regreso a la pecera, pero no así el pez de esta historia. Adiós, mundo maravilloso, se habrá dicho el pez mientras la fuerza del agua lo revolvía en la taza. Con el último aliento que le quedaba, alcanzó a ver la silueta de aquella otra criatura triste, y, mientras se sumía en la oscuridad de los desagües, se conmovió pensando en una vida dispersa y vulnerable, sin la tibia protección de una pecera. Cuánta hermosura y fragilidad en el desasosiego, pensó el pez, embelesado, y después: nada.

crucigrama: Juan Rius Rivera

Horizontales

1. Juan _____ Rivera; revolucionario militar puertorriqueño de más alto rango en el Ejército Independentista Cubano.

2. Grito de _____; Rius participó en la gesta desde la junta revolucionaria mayagüezana Capá Prieto.

5. _____ Rius Rivera; abandona sus estudios en España y viaja a Nueva York. Se presenta ante la Junta Central Republicana de Cuba y Puerto Rico, organismo rector desde el exilio y de apoyo a la guerra de independencia de 1868 y en una de esas primeras expediciones sale hacia la manigua cubana.

7. Símbolo del aluminio.

8. Ciudad de Caldea.

10. Regimiento de Caballería _____; su mando le fue entregado a Rius en Cuba.

14. Cuatro en números romanos.

15. Juntárase.

16. Juego infantil hondureño.

18. Otorgan.

19. En el juego del escondite, grito que dan los escondidos para que los empiecen a buscar.

20. Antiguamente, caudillo militar.

23. 26 de _____ de 1848; nacimiento de Rius.

26. _____ Cañas; barrio donde nació Rius en la hacienda cafetalera de sus padres.

27. Presidiario.

29. Hembra del oso.

31. Acción de copiar.

34. Arbusto de la familia de las apocináceas, venenoso, muy ramoso, de hojas persistentes semejantes a las del laurel.

37. General _____ Gómez; envió por Rius a Honduras para que se integrara a la guerra cubana de 1895.

40. Embarcación muy ligera movida a remo y con vela.

41. Grito de _____; gesta revolucionaria cubana de 1895. A su estallido, Rius regresó desde Honduras a la lucha contra la ocupación española.

42. Persia.

43. Apócope de mamá.

44. Asistir.

46. Que tiene ánimo, fem.

47. Anillo.

48. Pacto de _____; tratado con España que Rius no favoreció. Este acuerdo no garantizaba ninguno de los dos objetivos fundamentales de la Guerra de los Diez Años 1868 –1878: la independencia de Cuba, y la abolición de la esclavitud.

49. Friedrich _____; filósofo y revolucionario alemán.

Verticales

1. Juan Rius _____; alcanzó el rango de Mayor General del Ejército Libertador de Cuba desde 1896 al 1898. Gobernó la Provincia de La Habana en 1899. Fue Secretario de Agricultura, Industria y Comercio en 1900, Vicepresidente de la Asamblea Constitucional de Cuba y uno de los pocos extranjeros que podía aspirar a la Presidencia de ese país por su heroísmo en las guerras de Independencia.

2. Del verbo llenar.

3. Corté el pelo casi a la raíz.

4. Empapara en sudor.

6. Pueblo originario del oeste de América del Norte.

7. Compareció.

9. Quito a los filos de las espadas las ondas, resaltos o torceduras, dejándolos en línea seguida.

11. Preposición.

12. Tablar de huerta.

13. Conozco.

14. Satélite del planeta Júpiter, descubierto por Galileo Galilei.

17. _____; ciudad española donde Rius permaneció en la prisión de Montjuich tras ser herido y capturado en 1897.

21. Símbolo del litio.

22. 20 de _____ de 1924; fallecimiento de Rius. Sus restos descansan en el Cementerio de Colón en Cuba.

24. Forma de pronombre.

25. Pasar de dentro afuera.

27. Voz para arrullar.

28. Escuché.

30. _____; ciudad natal de Rius.

31. Antonio _____ Vale (El Topo); cantautor puertorriqueño.

32. Queréis.

33. _____; nación centroamericana donde vivió y murió el general Rius.

35. Primera nota musical.

36. Artículo, fem.

38. Decimocuarta letra del alfabeto griego.

39. Símbolo del megaamperio.

43. 26 de _____ de 1897; Rius fue herido en el combate de Cabezas de Río Hondo, capturado y deportado a España.

45. _____ Emeterio Betances; al Rius ser herido y capturado, Betances inició una campaña diplomática que ejerció presión al gobierno español y aseguró que no mataran a Rius.

Hacia una definición de la ciencia ficción: Los criterios de Aldiss.

No basta que la idea reclame la realidad, también la realidad tiene que tender al pensamiento. Entonces se verá que el mundo posee desde hace mucho tiempo el sueño de una cosa, de la que le basta tener conciencia para poseerla realmente.

Karl Marx

0. El escritor inglés, Brian Aldiss ha fallecido. Mi primer acercamiento a su obra se lo debo a la gentileza del escritor José Liboy. En 1986, Pepe me regaló Bang Bang y donde las líneas convergen, una novela del inglés traducida en España y que, aún así, con los modismos peninsulares, era muy entretenida. Logré conseguir un ejemplar en el idioma original (Brothers of The Head and Where The Lines Converge) y desde entonces la tengo entre mis lecturas favoritas. Lo que sigue es mi homenaje a esa experiencia.

1. Nadie sabe, a ciencia cierta lo que es ciencia ficción. Valga la redundancia. Para Brian Aldiss, uno de los que la crítica especializada llama maestros del género, la etiqueta ciencia-ficción se presta a confusiones. Cobija a muchos creadores diferentes bajo la misma bandera. Se ha cargado de significados peyorativos. Así, el escritor británico presenta una solución a ese desorden. Propone olvidarse del término ciencia ficción y denominar ese corpus textual simplemente como surrealismo.

Sin duda Aldiss no es muy bueno aclarando cosas. Su propuesta crea más confusión. Yo, sin tomar en consideración que provengo de un pequeño satélite flotando en el Caribe, voy a proponer una analogía que acabará con estas discusiones académicas. Me explico: si las necesidades mínimas para producir la fusión se llaman Criterios de Lawson, y son criterios de densidad iónica y tiempo mínimo de confinamiento necesario, entonces, por analogía, las necesidades mínimas para producir ciencia-ficción se llamarían Criterios de Aldiss: criterios de 1. densidad onírica; 2. fusión tecnológica, y 3. tiempo mínimo de desarrollo.

Debo admitir que había pensado desde hace mucho tiempo, antes de la caída del muro de Berlín, que uno de mis escritores favoritos, Walter Benjamin, había intuido y quizás demostrado, que la imbricación entre el surrealismo y algún modo particular, sistemático, de interpretación de la realidad era un develamiento importante y políticamente significativo. He podido leer en Benjamin una suerte de animé japonés con una carga que ni siquiera Mamoru Oshii es capaz de repetir. Es suficiente ver Tenshi no Tamago (El huevo del ángel) para tener una idea de cómo la mitología, el sueño, la metáfora, son los modos de anticiparse al presente. El mundo es ya post-apocalíptico. Sin embargo, es la belleza de las imágenes lo que nos permite apurar el trago y entender que creando esa visión cuasi futurista hablamos sobre el pasado y el presente. ¿De qué otro modo puedo ilustrar la concepción de la historia del intelectual alemán? Quiero decir, ¿no es un tanto manga, dibujo caprichoso, su alegoría? En su Tesis de Filosofía de la historia, Benjamin ataca la concepción positivista de la historia como sucesión de eventos ilustrándola con un panorama desolador de la mano de Paul Klee:

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y éste deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso

Walter Benjamin: Tesis de Filosofía de la Historia, Discursos interrumpidos I, Taurus, Madrid, 1971, § 9

Creo que con Benjamin, lo dicho por Brian Aldiss no suena tan simplista. Pero aún así la idea de Aldiss supone una explicación amplia para la que no tenemos espacio ni tiempo.

2. Por supuesto, no todo surrealismo es ci-fi. Ni viceversa. Una fracción de este movimiento podría catalogarse de literatura de anticipación. Entonces, ¿por qué Aldiss lo llama de esa manera? Quizás Aldiss se refiere a su propia obra. la ya mencionada, Brothers of the Head, por dar un ejemplo. En esta novela dos hermanos siameses, Barry y Tom, comparten en un apartado pueblo de la costa inglesa con una tercera cabeza que dormita en el hombro de Barry. Las relaciones entre los dos hermanos (y la cabeza) es turbulenta. Un empresario de espectáculos los convierte en estrellas de rock conformando el grupo The Bang Bang. Suficientemente surreal. Pero esas fábulas punk no son las más célebres en el mundillo ci-fi que también tiene sus escritores y críticos conservadores. Asimov no tiene nada de surreal. Tampoco Robert Heinlein. Se trata de un escritor célebre, con títulos como The Moon Is A Harsh Mistress, The Puppet masters (desaparecen seis agentes de servicios supersecretos tras el aterrizaje de una nave aérea desconocida) y de un estilo correcto, de narraciones lineales.

Entonces, ¿quién es el mejor ejemplo de surrealismo ci-fi? Sin duda sería, Philip K. Dick, que vivió como un surrealista automedicado. La locura como método. En cualquiera de sus novelas. Y, ¿qué son algunos textos de Calvino? Pensemos, estrictamente en su libro Las cosmicómicas. Se trata de narraciones en boca de un personaje llamado Qfwfq que parten de axiomas de la ciencia y se transforman en una delirante mitología. Poemas en prosa, sería más exacto decir. Pero también lo son Las ciudades invisibles, si me apuran mucho. Esas delimitaciones casi concretas de espacios imaginarios son ciencia ficción.

Dicho esto de manera somera, propongo una lectura profunda del género en el Caribe Hispano. Y mi homenaje al fallecido escritor inglés incluye este pequeño aparato crítico con el que delimitar el género: los criterios de Aldiss.