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El silencio a la mesa

La cena. Belkys Ayón.

 

La cena. Belkys Ayón

 

Ashoka, Buchinger, Arboretum y el oficio de cuidar

Conferencia para la Clínica Buchinger Wilhelmi — Marbella

 

Queridos amigos, querida familia de Buchinger Wilhelmi:

 Quiero comenzar dándoles las gracias por estar aquí y, sobre todo, por permitirme hablar en esta casa de algo que, en apariencia, podría parecer distinto de aquello que nos reúne esta noche y que, sin embargo, está profundamente unido a ello: el ser humano y su necesidad de detenerse, de hacerse preguntas y de aprender nuevamente a cuidarse.

 No vengo a hablarles solamente de gastronomía, ni vengo a hablar del ayuno desde el punto de vista médico. Vengo a hablar de algo que está antes y después de ambas cosas. Vengo a hablar de una manera de entender la vida; de nuestra relación con el cuerpo, con el alimento, con la tierra, con la emoción y con los demás. Y quisiera hacerlo a través de tres nombres que, a primera vista, parecen imposibles de colocar juntos: Ashoka, Otto Buchinger y Arboretum. Un emperador de la India antigua, un médico alemán del siglo XX y una tierra que hoy intenta enseñarnos nuevamente a vivir.

Tres épocas, tres mundos, tres lenguajes y, sin embargo, una misma pregunta: ¿qué hacemos con aquello que nos ha sido confiado? Esa pregunta, cuanto más la pienso, más grande me parece. Porque Ashoka recibió un imperio; Buchinger recibió el cuerpo vulnerable de los enfermos; Arboretum recibe la tierra, las semillas, la biodiversidad y también la confianza de quienes buscan aquí una manera diferente de cuidarse. Y quizá nosotros, cada uno desde nuestro lugar, hemos recibido algo que no nos pertenece del todo y que tenemos la obligación de devolver un poco mejor de cómo lo encontramos.

 Permítanme comenzar muchos siglos atrás. En la India del siglo III antes de Cristo encontramos a un hombre que probablemente nació para conquistar. Su nombre era Ashoka. Fue emperador del poderoso Imperio Maurya y, como tantos gobernantes de su tiempo, entendió inicialmente el poder desde una lógica sencilla y terrible: conquistar territorios, pueblos, ciudades y adhesiones. Su expansión culminó en la guerra de Kalinga. Ashoka ganó aquella guerra, pero aquella victoria terminó convirtiéndose en una derrota interior. Cuando contempló las consecuencias de la campaña —los muertos, los heridos, las familias destruidas, los desplazados— algo se quebró dentro de él. Y entonces tuvo que enfrentarse a una pregunta que probablemente ningún ejército puede responder: ¿de qué sirve conquistar un territorio si para hacerlo tienes que perderte a ti mismo?

 A partir de Kalinga comienza una transformación extraordinaria. Ashoka se acerca al budismo, cambia su concepción del poder y comienza a sustituir progresivamente la lógica de la conquista por la de la responsabilidad. En sus edictos aparecen la tolerancia, la preocupación por el bienestar de sus súbditos, la atención hacia los animales, las plantas medicinales, los pozos, los árboles y una preocupación que, para un emperador de su tiempo, resulta extraordinariamente avanzada: el poder debía estar al servicio de la vida y no únicamente al servicio de quien lo ejercía.

 Ashoka es, por eso, uno de los primeros grandes ejemplos históricos de un gobernante que convirtió una transformación moral personal en una política de bienestar, tolerancia y no violencia. Podemos presentar a Ashoka como uno de los primeros grandes gobernantes de la historia que convirtió una transformación moral personal en una política sistemática de bienestar, tolerancia y no violencia.

 Y ahora permítanme viajar más de dos mil años. De la India a Europa. Del emperador al médico. De un hombre que había visto morir a otros en una guerra a otro hombre que, en medio de otra guerra, terminaría descubriendo la fragilidad de su propio cuerpo. Otto Buchinger. No quiero decir que Ashoka y Buchinger fueran iguales. No lo fueron. No pertenecieron a la misma cultura, no compartieron la misma religión, no tuvieron la misma posición ni vivieron las mismas circunstancias.

 Lo que me interesa son las coincidencias. Me interesa que dos hombres separados por siglos, continentes y civilizaciones llegaran, después de atravesar el sufrimiento, a formular preguntas sorprendentemente parecidas. Ashoka tuvo que enfrentarse al sufrimiento que había causado; Buchinger tuvo que enfrentarse al sufrimiento inscrito en su propio cuerpo y a las heridas de su tiempo. Uno descubrió que ya no podía seguir gobernando de la misma manera; el otro descubrió que ya no podía seguir entendiendo la medicina exactamente como la había entendido hasta entonces. Los dos tuvieron que detenerse. Los dos tuvieron que mirar de nuevo su vida. Los dos tuvieron que preguntarse qué hacer con aquello que les había sucedido. Y por eso me gusta pensar en ellos como dos almas aparentemente sincronizadas en el tiempo: no porque una siguiera a la otra, sino porque, ante experiencias humanas esenciales, sus caminos parecen responder con una música semejante.

A partir de ahí comienzan las coincidencias que, personalmente, más me fascinan. Los dos se alejan de la violencia. Los dos se acercan a una concepción más compasiva de la existencia. Los dos encuentran un lugar para la espiritualidad. Los dos se acercan al vegetarianismo dentro de sus respectivos recorridos. Los dos conceden importancia al silencio y a la interioridad. Y los dos terminan comprendiendo que una transformación verdadera no puede quedarse encerrada dentro de uno mismo: tiene que convertirse en un don para los demás.

 Ashoka abraza el budismo y convierte progresivamente su poder en una responsabilidad moral. Buchinger, sin abandonar sus raíces cristianas, emprende una búsqueda espiritual extraordinariamente amplia, interesándose por otras tradiciones, por el pensamiento oriental, por el pacifismo, por los cuáqueros, por la literatura, por la música y por todo aquello que pudiera ayudarle a comprender al ser humano más allá de la enfermedad. Ashoka se encuentra con el budismo después de Kalinga; Buchinger se acerca a la sensibilidad oriental y al budismo sin convertirse plenamente en budista. Uno llega desde el trono; el otro desde la bata blanca. Pero ambos parecen descubrir algo semejante: el verdadero territorio que merece ser conquistado no está fuera, sino dentro de nosotros mismos.

Y por eso me interesa Ashoka cuando hablo de Buchinger. No porque sus vidas fueran iguales, sino porque ambos parecen haber comprendido una misma verdad desde orillas completamente diferentes: que después del sufrimiento ya no podemos seguir viviendo exactamente de la misma manera. Ashoka transformó su manera de gobernar; Buchinger transformó su manera de entender la medicina. Uno pasó de la conquista a la compasión; el otro, de la medicina entendida como intervención sobre el cuerpo a una visión más amplia del ser humano. Ambos hicieron de su transformación personal un servicio a los demás.

 Y entonces aparece una palabra que me parece fundamental para comprender a Buchinger: el silencio. Cuando hablamos de él solemos hablar del método, del ayuno, de la fisiología, de la alimentación. Todo eso es importante. Pero esta noche quisiera mirar un poco más lejos y preguntarme qué había detrás del método. Porque quizá el legado más profundo de Buchinger no consista únicamente en habernos enseñado a ayunar, sino en habernos recordado por qué necesitamos, de vez en cuando, detenernos. Cuando una persona deja durante un tiempo de comer, aparece un espacio. Y ese espacio puede resultar incómodo, porque cuando disminuye el ruido de los horarios, de la costumbre, de la satisfacción inmediata y de la relación automática con la comida, puede comenzar a escucharse algo que normalmente permanece oculto: uno mismo. Aparece el silencio y, con él, aparecen las preguntas: ¿quién soy?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿qué necesito realmente?, ¿qué me sobra?, ¿qué me pesa?, ¿qué quiero conservar?, ¿qué debería cambiar?, ¿qué he olvidado?, ¿qué estoy persiguiendo? Tal vez por eso me gusta pensar en el ayuno como un lienzo en blanco. No porque sea mágico, ni porque sustituya a la medicina, sino porque crea un espacio. Y cuando quitamos algo, aparece un lugar que tenemos que decidir cómo llenar. Podemos llenarlo nuevamente de ruido, de prisa y de automatismos, o podemos llenarlo de conciencia.

 Y aquí aparece para mí la dimensión más hermosa de Buchinger. Él sabía que un cuerpo puede ayunar, pero que un ser humano no puede vivir de vacío. Si retiramos alimento, tenemos que ofrecer algo más. Y ahí aparecen la música, la poesía, la lectura, la conversación, la meditación, la naturaleza, la espiritualidad. No como decoración de un tratamiento, sino como parte de una experiencia integral del ser humano. Buchinger entendió que cuidar no era solamente intervenir sobre un órgano, corregir un síntoma o modificar una función fisiológica. Detrás de cada enfermedad había una persona; y detrás de cada persona había una historia, una sensibilidad, unos miedos, unas esperanzas y unas preguntas. Por eso el ayuno podía ser una puerta. Pero después había que acompañar a la persona a través de esa puerta. La música podía ordenar el mundo interior. La poesía podía devolver profundidad a las palabras. Una conversación podía rescatar a alguien de su aislamiento. El silencio podía permitir que apareciera aquello que llevaba años esperando ser escuchado. Y quizá por eso el verdadero legado espiritual de Buchinger no esté únicamente en aquello que quitaba, sino en todo aquello que añadía alrededor de lo que quitaba.

 Por eso Bach ocupa un lugar tan especial en esta historia. Johann Sebastian Bach no es solamente música. En Bach hay estructura, silencio, orden, repetición, profundidad y espiritualidad. Hay una conversación entre lo visible y lo invisible. Su música parece una manera de ordenar el caos sin destruirlo. ¿Por qué un médico interesado en el ayuno necesitaba tanto la música? Quizá porque comprendía que cuando retiramos alimento del cuerpo necesitamos ofrecer alimento al alma. El cuerpo puede ayunar, pero el ser humano necesita sentido, belleza, vínculo y esperanza. Y me interesa también esa otra relación con la lectura: Buchinger no parece ser un hombre que simplemente lee la Biblia, a Goethe, a Rilke o a otros grandes autores. Los estudia. Los subraya. Los interroga. Escribe en los márgenes. Un libro no es para él una colección cerrada de respuestas, sino una conversación que todavía no ha terminado. Y eso me parece esencial para entenderlo: Buchinger no quería respuestas muertas; quería preguntas vivas. (Sus libros los amaba tanto que los guardó en su jardín.)

 Y quizá por eso pudo recibir en su clínica a personas de sensibilidades tan diferentes.Cuando uno mira hoy la lista de personas que acudieron a las clínicas de Otto Buchinger, descubre algo sorprendente: allí no se reunían personas con preguntas. Escritores, artistas, teólogos, científicos, exploradores, actores, pensadores y personas que, cada una desde su propio mundo, parecían estar buscando algo que no siempre podía encontrarse en una consulta médica. Quizápor eso la clínica de Buchinger terminó siendo mucho más que un lugar para ayunar: fue un lugar donde diferentes maneras de entender la vida podían sentarse bajo el mismo techo. En una Europa profundamente polarizada, en una época de enfrentamientos políticos, religiosos y sociales, aquella casa pudo convertirse en un espacio donde cabían personas que fuera de ella difícilmente habrían compartido una mesa.

 Esa pluralidad espiritual forma parte de la grandeza de su figura. No necesitaba que todos pensaran igual para poder acompañarlos. Y esto, para mí, tiene una enorme actualidad. Porque vivimos otra vez en una época de trincheras. Estamos acostumbrándonos demasiado a dividir el mundo entre los nuestros y los otros. Y entonces vuelvo a pensar en la mesa. Porque quizá sentarse juntos sea uno de los pocos actos humanos que todavía nos obliga a reconocer al otro como persona antes que como categoría. Y quizá el verdadero legado espiritual de Buchinger no esté únicamente en aquello que quitaba, sino en todo aquello que añadía alrededor de lo que quitaba. UN SILENCIO HOMENAJE DE 5 SEGUNDOS

 Y es precisamente aquí donde quiero salir del Magister durante unos minutos y llevarles a otro lugar. A un vivero. A un huerto. A la tierra. A la Fundación Arboretum.Y aquí quisiera iniciar el capítulo de Arboretum, porque Arboretum también nace de una pregunta. Si Ashoka surge de la pregunta por el uso del poder, y Buchinger de la pregunta por el cuidado del cuerpo y de la persona, Arboretum puede surgir de otra pregunta esencial: ¿Qué podemos hacer por nuestros amigos de Buchinger?

 Los continuadores del legado de Buchinger y Don Alejandro Orioli, director de la Fundación Arboretum, se encontraron ante una pregunta que parecía sencilla, pero que contenía toda una filosofía: si vamos a cuidar y alimentar a las personas que llegan hasta aquí buscando salud, descanso y una forma diferente de encontrarse consigo mismas, ¿cómo queremos alimentarlas? ¿Qué alimentos queremos poner delante de ellas? ¿De dónde deben proceder? ¿Qué historia deben contener? Y, sobre todo, ¿qué relación queremos que establezcan con su cuerpo, con la tierra y con el futuro?

 De esa pregunta nace un encuentro entre dos maneras de entender el cuidado que, en realidad, hablan el mismo lenguaje. La Casa Buchinger aporta una tradición centenaria dedicada al bienestar integral de la persona; Arboretum aporta la tierra, la biodiversidad, el conocimiento del cultivo y el respeto por los ciclos naturales. De ese encuentro nace ARF, un proyecto de aprovisionamiento de alimentos para la clínica que busca que el cuidado no termine en el plato, sino que comience mucho antes: en la semilla, en el suelo, en el productor y en la manera de cultivar.

 Esa pregunta transforma completamente la manera de entender la alimentación. Ya no basta con preguntarse si el alimento es agradable, abundante o técnicamente correcto. Hay que preguntarse también si ha sido producido con respeto, si procede de una agricultura ecológica y regenerativa, si protege el suelo, si cuida el agua, si favorece la biodiversidad, si honra el trabajo de quienes lo cultivan y si puede formar parte de una ética del cuidado.

 Arboretum no solo cultiva la tierra: cultiva futuro. Aquí, cada joven que aprende el oficio de agricultor en sus pasantías aprende también que detrás de cada semilla hay una responsabilidad, detrás de cada alimento una comunidad y detrás de cada cosecha un compromiso con la tierra y con quienes vendrán después de nosotros.

 Así, Arboretum surge como una respuesta viva a una inquietud concreta: cómo idear un sistema que dé de comer desde una ética. Si Buchinger me ha enseñado a mirar hacia dentro, Arboretum me ha obligado a mirar hacia abajo, hacia el suelo. Y cuando uno mira realmente el suelo descubre que debajo de nuestros pies existe un mundo que no vemos: microorganismos, hongos, bacterias, raíces, semillas, agua, materia orgánica, insectos y una multitud de formas de vida que trabajan silenciosamente para sostener la nuestra. Entonces uno comprende algo muy sencillo: el alimento que llega a nuestro plato comienza mucho antes de entrar en la cocina. Empieza en la tierra. Y esta experiencia, para mí, no ha sido teórica. He trabajado durante dos meses en el vivero y en el huerto de Arboretum, y esa experiencia ha cambiado mi manera de mirar un plato. Cuando uno está en una cocina recibe un producto y puede pensar: «Ahora empieza mi trabajo». Pero no. El trabajo empezó mucho antes de que yo tocara un cuchillo. Alguien eligió una semilla, preparó el terreno, sembró, regó, esperó, cuidó, recogió y transportó.

 Quiero que sepan que lo que voy a contarles no lo he leído en un libro. Lo he vivido en estos meses, con las manos en la tierra, bajo el sol de Arboretum, aprendiendo de personas que saben cosas que yo no sabía. He trabajado junto a personas bajo temperaturas que pueden alcanzar los cuarenta y cuatro grados, mientras se habla de gastronomía desde una cocina protegida, refrigerada. Y eso me ha obligado a cambiar la jerarquía que muchas veces establecemos en nuestro oficio. Tendemos a poner en el centro al chef, al plato, al restaurante, a la técnica y a la fotografía final. Pero antes de que exista cualquier elaboración, ya ha habido muchas manos. Está quien seleccionó la semilla, quien preparó el suelo, quien sembró, quien regó, quien esperó, quien recogió, quien transportó. Está el agricultor, el horticultor, el pescador, el ganadero, el quesero, el productor. Todos ellos forman parte de la gastronomía. Y quizá algunos sean incluso más protagonistas que nosotros, porque nosotros recibimos una historia ya comenzada y ellos son quienes escriben las primeras páginas. El agricultor también cocina, aunque no utilice un cuchillo. Cocina cuando decide qué semilla conservar, cuándo sembrar, cómo cuidar el suelo y cómo proteger una cosecha. Cocina cuando convierte el sol, el agua, la tierra y el tiempo en alimento. Nosotros llegamos después.

 Por eso hay una imagen que quisiera que se quedara con ustedes. Un tomate puede cortarse y sazonarse en seis segundos. Seis segundos. Pero quizá haya necesitado tres o cuatro meses para llegar hasta nuestra mano. Tres o cuatro meses de vida, de cuidado, de incertidumbre, de trabajo y de espera. La técnica puede durar segundos; la vida del alimento dura estaciones. Y cuando uno comprende eso, cambia también la manera de cocinar. El cocinero deja de preguntarse únicamente: «¿Qué puedo hacer con este producto?». Empieza a preguntarse: «¿Qué debo hacer para no arruinar todo lo que la tierra y el productor han hecho antes que yo?» Ahí comienza la humildad gastronómica. Y por eso no debemos enfrentar la cocina sencilla con la cocina sofisticada. Podemos hacer un Wellington de lentejas y castañas que exija técnica, tiempo, precisión y conocimiento. Podemos trabajar texturas, temperaturas, fermentaciones y elaboraciones complejas. Pero también podemos tomar un tomate, cortarlo, ponerle sal y comprender que, en ocasiones, la mayor expresión del conocimiento consiste precisamente en intervenir lo justo. La técnica debe saber cuándo hablar y cuándo guardar silencio para que el producto pueda expresarse.

 Y aquí aparece algo que considero extraordinario en el trabajo de Arboretum. Allí uno descubre que la tierra no es una cosa inerte que utilizamos para producir. Es un sistema vivo. Las abejas tienen una función. Los animales pueden integrarse en el ecosistema. Los vencejos forman parte del equilibrio. El huerto tiene sus propios tiempos. Y recuperar una semilla antigua significa mucho más que recuperar una variedad agrícola. Significa recuperar una parte de nuestra memoria. Las castañas del Valle del Genal, los alverjones, las vezas, las habas antiguas y tantas otras variedades que han sobrevivido gracias al conocimiento de generaciones no son simplemente productos. Son memoria agrícola. Son la huella de un territorio. Son la historia de personas que aprendieron a vivir con unas determinadas estaciones, unos determinados suelos y unas determinadas lluvias. Cuando recuperamos una semilla, estamos diciéndole a una generación futura: esto también nos perteneció; no lo olvides.

 Y aquí vuelven a encontrarse Buchinger y Arboretum. Ambos parten de una intuición esencial: el ser humano no está separado de la naturaleza. El cuerpo pertenece a la naturaleza. El alimento pertenece a la naturaleza. La tierra pertenece a la naturaleza. Y la cocina es el puente entre ellas. Por eso la alimentación saludable no puede reducirse solamente a contar nutrientes. La nutrición es fundamental, por supuesto, y la ciencia debe estar siempre presente. Pero también debemos preguntarnos de dónde viene un alimento, quién lo produce, cómo se cultiva, qué suelo lo sostiene, qué biodiversidad protege, qué agua necesita y qué relación establece con el territorio. Nutrirnos también es relacionarnos con el mundo. Y aquí es donde la gastronomía adquiere una responsabilidad nueva.

 Lo anterior nos lleva, inevitablemente, a una nueva pregunta: ¿cómo queremos que sea el cocinero de 2026? ¿Queremos que siga siendo solamente quien domina el fuego, el cuchillo y la técnica? ¿O queremos un cocinero que comprenda la tierra, al productor, al alimento y, sobre todo, a la persona que tiene delante? ¿Queremos que alimente únicamente el cuerpo, o que sea capaz de cuidar también las emociones, la memoria y la salud? ¿Un ejecutor de técnicas o un profesional con una verdadera responsabilidad social y ética? ¿Estamos preparados para que el cocinero deje de ser solamente quien cocina y se convierta en alguien que, a través de la cocina, aprende también a cuidar al ser humano?

 Por eso yo defiendo una figura que quizá tengamos que empezar a tomar más en serio: el cocinero como gestor de emociones y de salud; el cocinero como guardián. El cocinero del siglo XXI no puede ser únicamente un ejecutor de técnicas. No puede vivir solamente pendiente de la estética ni medir su éxito por la complejidad de un plato. Trabaja con personas, y una persona nunca llega a una mesa solamente con un estómago. Llega con una biografía. Llega con un día concreto, con una preocupación, una alegría, una pérdida, una memoria o una necesidad. Por eso no cocinamos solamente para estómagos; cocinamos para biografías. Un aroma puede devolvernos a la infancia. Un caldo puede recordar una casa. Un pan puede acercarnos a alguien que ya no está. Un plato puede decir, sin utilizar una sola palabra: «Estás a salvo». Eso no convierte al cocinero en psicólogo. Le exige algo más sencillo y, quizá, más difícil: presencia. Escuchar, observar, comprender, cuidar los detalles y saber cuándo hablar y cuándo callar. Algunas personas vienen a celebrar; otras vienen buscando refugio. El plato puede ser técnicamente perfecto, pero si no existe humanidad detrás, algo falta.

 Y existe una segunda dimensión de ese cocinero: la salud. Aquí tenemos que ser rigurosos y humildes. El cocinero no sustituye al médico ni al dietista-nutricionista. No diagnostica y no prescribe tratamientos. Pero tiene una responsabilidad enorme: conseguir que una alimentación saludable resulte deseable. La nutrición puede explicarnos qué necesita nuestro organismo, pero alguien tiene que convertir ese conocimiento en un plato, en una textura, en una temperatura, en un aroma y en una experiencia. Nadie se sienta delante de un plato pensando en proteínas, fibra, micronutrientes y polifenoles como si estuviera leyendo una tabla de composición. La persona come una elaboración. Come cultura. Come memoria. Come placer. Y entre la ciencia y el plato existe un puente. Ese puente es la cocina.

 Por eso el ayuno y la gastronomía no son conceptos opuestos. Son dos momentos de una misma conversación. El ayuno dice: detente. La cocina responde: ahora vuelve a recibir. El ayuno dice: escucha. La cocina responde: saborea. El ayuno crea espacio. La cocina vuelve a llenarlo. Primero viene el silencio y después la música. Primero la pregunta y después la elección. Primero el vacío y después la plenitud. Quizá la sabiduría consista en aprender cuándo necesitamos cada una de las dos cosas. Y quizá el verdadero final de un ayuno no sea la primera comida, sino la primera pregunta. ¿Cómo voy a volver a comer? ¿Voy a regresar exactamente a las mismas costumbres? ¿Voy a seguir comiendo sin preguntarme si tengo hambre? ¿Voy a elegir únicamente porque algo está disponible? ¿Seré capaz de mirar detrás de un plato y reconocer la tierra, el trabajo y las manos que lo han hecho posible?

 Y llegamos así a una dimensión que me apasiona especialmente: la gastronomía como lenguaje humano. Las fronteras pueden separar territorios, pero nunca han conseguido impedir completamente que los alimentos viajen. Una semilla cruza una frontera. Una receta cruza una frontera. Una especia cruza una frontera. Una persona emigra y lleva consigo su cocina. Y cuando esa cocina llega a otro territorio no desaparece necesariamente: se mezcla, se adapta, aprende y vuelve a transformarse. Así ha ocurrido durante miles de años. Ninguna cocina es completamente pura. Toda cocina es, en cierto modo, una historia de encuentros. Por eso la gastronomía puede hacer algo que a la política todavía le cuesta: mezclar sin destruir. No necesitamos que todas las cocinas sean iguales. Necesitamos aprender a respetar sus diferencias. La verdadera fraternidad no consiste en borrar la identidad del otro, sino en poder decir: «Tu cocina es distinta de la mía, pero quiero conocerla».

Y aquí llego a una idea que para mí tiene una enorme fuerza: antes que los países existieron las mesas. Antes de los pasaportes, de las banderas, de los ejércitos, de las fronteras y de las ideologías, hubo seres humanos alrededor de un fuego. Tenían hambre, frío y miedo. Y alguien decidió compartir la comida. No sabemos quién fue. No conocemos su rostro. No sabemos cómo se llamaba. Pero aquel gesto probablemente forma parte de nuestra historia más profunda. Compartir alimento fue una de las primeras formas de construir comunidad. Después llegaron los imperios, las religiones, los idiomas, las ideologías y las guerras. Y, sin embargo, la mesa permaneció. Todavía hoy podemos sentar alrededor de ella a personas que fuera de ella jamás se sentarían juntas. Porque durante un tiempo dejan de ser categorías. Ya no son solamente español o extranjero, creyente o no creyente, rico o pobre, conservador o progresista. Son dos seres humanos que necesitan comer.

Y entonces vuelvo a Ashoka. Porque no me he olvidado de él. Ashoka descubrió, después de una guerra, que conquistar no era suficiente. Buchinger descubrió, desde su propia experiencia, que cuidar el cuerpo tampoco era suficiente. Arboretum nos obliga a preguntarnos si podemos alimentar al ser humano sin separar el alimento de la tierra, la salud de la biodiversidad y la cocina de la responsabilidad. Ashoka transformó su relación con el poder. Buchinger transformó su relacióncon la medicina y con la vida interior. Arboretum intenta transformar nuestra relación con la alimentación y con el territorio. Y quizá nosotros tengamos que decidir qué transformación nos corresponde.

Porque hay una palabra que atraviesa toda esta historia y que quizá sea la más importante de todas: el don. Un don es aquello que damos sin exigir una equivalencia inmediata. Ashoka convirtió parte de su poder en cuidado, en tolerancia, en obras destinadas al bienestar de otros. Buchinger puso alrededor del ayuno todo aquello que no podía reducirse a la factura: la música, la poesía, la conversación, la cultura, la contemplación, el silencio, la belleza. Y nosotros, desdela cocina, podemos preguntarnos qué damos además del plato. ¿Damos atención? ¿Damos hospitalidad? ¿Damos memoria? ¿Damos salud? ¿Damos emoción? ¿Damos respeto al productor? ¿Damos una oportunidad a una semilla que estaba desapareciendo? Un don no se cobra. Se recuerda. Y quizá esa sea una de las mejores definiciones posibles de lo que significa cuidar.

Por eso creo que esta casa tiene una responsabilidad extraordinaria. Una casa de ayuno puede ser mucho más que un lugar donde una persona deja de comer durante unos días. Puede ser un lugar donde aprende a mirar de otra manera aquello que comerá cuando vuelva a hacerlo. Puede ayudar a distinguir entre el hambre física y otros tipos de hambre: el hambre de descanso, de compañía, de consuelo, de celebración, de sentido. Puede enseñar que el alimento no debería ser anónimo. Que detrás de un tomate existe una tierra. Detrás de una semilla existe una historia. Detrás de una cosecha existen personas. Detrás de un plato existe un cocinero. Y detrás de todo ello existe un comensal que no llega vacío: llega con una biografía. Por eso no quiero terminar esta conferencia dándoles respuestas.

Quiero devolverles preguntas. Porque ustedes han venido aquí con preguntas, y quizá no sería justo que yo intentara quitárselas. ¿Y si estamos intentando alimentar con comida un hambre que no es hambre de comida? ¿Y si algunas veces necesitamos silencio y otras veces necesitamos compañía? ¿Y si necesitamos naturaleza, música, una conversación pendiente o la posibilidad de perdonar? ¿Y si necesitamos cambiar nuestra manera de vivir antes de cambiar nuestra manera de comer? ¿Y si cada alimento que ponemos en nuestra mesa fuera también una decisión sobre el mundo que queremos construir? ¿Y si detrás de cada tomate fuéramos capaces de ver al agricultor? ¿Y si detrás de cada plato fuéramos capaces de ver la tierra? ¿Y si detrás de cada comensal fuéramos capaces de ver una biografía? ¿Y si detrás de cada persona fuéramos capaces de reconocer una pregunta que todavía no se ha atrevido a formular?

Y quizá ésta sea la última coincidencia entre Ashoka y Buchinger. Los dos comprendieron que una transformación verdadera no termina cuando uno se encuentra a sí mismo; empieza precisamente entonces, cuando aquello que hemos descubierto dentro de nosotros se convierte en algo que podemos ofrecer a los demás. Ashoka recibió un imperio y terminó preguntándose qué podía hacer con ese poder. Buchinger recibió la experiencia de la enfermedad y terminó preguntándose qué podía hacer con aquello que había aprendido. Nosotros recibimos una tierra, un alimento, una profesión, una cocina, una mesa. Y entonces aparece la misma pregunta, antigua y nueva al mismo tiempo: ¿qué vamos a hacer con aquello que hemos recibido?

Y quiero terminar volviendo al principio, a aquel fuego que existió antes de los restaurantes, antes de las fronteras y antes de la gastronomía como profesión. Había seres humanos alrededor de una llama. Tenían hambre, frío y miedo. Y alguien decidió compartir la comida. Quizá ahí nació algo más importante que la cocina. Quizá nació la comunidad. Después aprendimos a construir fronteras. Aprendimos a levantar muros, a separarnos, a clasificarnos y a defendernos unos de otros. Pero nunca dejamos de sentarnos alrededor de una mesa. Tal vez la gran revolución gastronómica del siglo XXI no consista en inventar otro plato. Tal vez consista en volver a descubrir para qué sirve una mesa. Y quizá la gastronomía, precisamente porque habla un lenguaje anterior a muchas de nuestras divisiones, pueda ayudarnos a hacer desaparecer poco a poco algunas de las fronteras que todavía llevamos dentro.

 Por eso quisiera dejarles una última frase, que para mí reúne a Ashoka, a Buchinger, a Arboretum, a la tierra, al productor, al cocinero, al ayuno y a la mesa: “Primero aprendimos a compartir el alimento; después construimos fronteras. Quizá el futuro de la humanidad consista, simplemente, envolver a sentarnos juntos a la misma mesa.”

Muchas gracias. Y, sobre todo, gracias por dejarme hacer esta noche algo que considero un privilegio: pensar con ustedes.

El autor es librero, filósofo y estudiante, dictó esta conferencia el pasado 28 de agosto de 2026 en Marbella.

El poema incompleto de abuela

 

En Rojo

Cuando nací, mi abuela me regaló un poema incompleto. Me dijo que lo fuera terminando según conociera mi tierra. Que era imprescindible porque, de pequeña, su padre se lo heredó. Y cuando ella se nos fue, cuando todo se tornó enrevesado y frío, mi viejo y yo recitábamos lo que teníamos hasta el momento. Eran, por decirlo así, unos versos sencillos pero que estremecían igual.

“Yo no pido regalos de lujo
Tampoco que me den alhajas
Pido del sol su embrujo
Y del mar sus eternas oleadas

Pido que mis nietos te vean
y que siempre les seas socorro
Que los cobijes con las mareas
que te protegen a ti, puertorro”

Tuve, por más que me resistiera, que callar las rimas por mucho tiempo. Con solo pensarlas, la comisura de mis labios se retraía en resignada obstinación. Fue, si me puedo sincerar, un tiempo voraginoso, entumecido por la ausencia de nuestra vate.

Eso duró hasta el día en que mi mamá- siempre sabia y bella- me reveló que las canciones son poemas y que, por lo tanto, los versos eran melodías. A trompetada y bailoteo, comencé a cantar cosas como:

“La marea y la brisa me cobijan
igual que el sol que me calienta
Todo por encargo de una hija
de la tierra bella que me sustenta”

Y fue más fácil. Cantar siempre lo hizo más fácil. Desde entonces, me persigno frente a los paisajes antes de entonar las melopeas que, seguramente, jamás terminaré. Pero de estrofa en estrofa, quién sabrá.

De Roselló a JGo:corrupción, controversias y responsabilidad pública

Jennifer González en el mensaje de estado. Foto Archivo/Alina Luciano

 

La distancia entre los gobiernos de Pedro Rosselló y Jenniffer González se mide en décadas. Sin embargo, las controversias actuales obligan a preguntarnos cuánto ha cambiado la cultura política del Partido Nuevo Progresista. Cambian los rostros y las consignas, pero persiste el peligro de confundir el gobierno con una maquinaria al servicio del partido y de sus allegados.

La era de Rosselló dejó un historial de casos de corrupción ampliamente conocido. Víctor Fajardo, su secretario de Educación, se declaró culpable de delitos vinculados al desvío de fondos federales. También hubo condenas de figuras cercanas a Rosselló, entre ellas su ex-ayudante María de los Ángeles “Angie” Rivera. 

El llamado “supertubo”, el Superacueducto del Norte, dejó otro ejemplo. René Vázquez Botet y Marcos Morell, figuras vinculadas al liderato del PNP, fueron condenados a prisión por delitos relacionados con un esquema de extorsión a contratistas del proyecto. En ese caso, se probó que utilizaron su influencia sobre el gobierno para exigir dinero.

Hoy, bajo JGo, nuevas controversias plantean preguntas sobre las influencias políticas, los controles administrativos y la contratación pública. La investigación del Panel sobre el Fiscal Especial Independiente que incluye a Secretario y a la ex-Sub-Secretaria de la Gobernacion, Francisco Domenech e Itza García es un ejemplo. En septiembre se añadió otro fiscal para reforzar esta pesquisa.

Pero la responsabilidad política exige explicaciones desde ahora. Mientras la investigación seguía su curso, JGo agradeció públicamente la labor de ambos y anunció que Domenech dirigiría su campaña. ¿Qué mensaje recibe el país cuando un funcionario investigado sale del gobierno y conserva semejante confianza política? La pregunta no presupone culpabilidad penal; pero cuestiona fuertemente el criterio político de la gobernadora.

A estas controversias se suma el caso de la secretaria del Departamento de la Familia, Suzanne Roig. La destituida administradora de ADSEF, Blanca Medina Díaz, alega que Roig la presionó para firmar un contrato de aproximadamente $38.5 millones que consideraba ilegal. Medina atribuye su destitución a su negativa firmar dicho contrato.

Roig rechaza esa explicación y sostiene que la separación respondió al desempeño de Medina. También ha afirmado que no se formalizó un contrato ni se desembolsaron fondos públicos para el Proyecto; pero luego apareció un borrador de contrato y una carta firmada por Roig donde le daba el visto bueno a la contratación que habia negado que existia. La controversia exige esclarecer qué documentos existían, qué autorizaciones se habían emitido y qué actuaciones correspondían a cada funcionaria. 

También está el caso de Power Expectations. La AEE canceló el contrato de generación temporera, valorado en aproximadamente $5,900 millones por diez años, después de que la Junta de Supervisión Fiscal retirara su aprobación. Entre los señalamientos figuraba la declaración de ERock, empresa matriz de Enchanted Rock, de que su nombre y firma habían sido utilizados sin autorización. 

Hay diferencias que debemos reconocer. En el Superacueducto hubo extorsión probada y condenas. En Familia existen versiones encontradas sobre un proceso de contratación que, según la secretaria, nunca se formalizó. En Power Expectations hubo un contrato firmado y posteriormente cancelado, cuya controversia también llegó a los tribunales. El valor de esos contratos no equivale a dinero robado. Llamarlos «tumbes» consumados antes de establecer los hechos confundiría la denuncia política con una sentencia judicial.

Sin embargo, esas diferencias no eliminan la pregunta fundamental: ¿por qué seguimos enfrentando controversias sobre influencias, presiones y controles deficientes en la contratación pública? Si las investigaciones acreditan actuaciones ilegales, corresponderá determinar su naturaleza y las responsabilidades individuales.

La cobertura periodística ha contribuido a someter estas controversias al escrutinio público y a exigir explicaciones. Por eso, el acceso oportuno a documentos oficiales resulta indispensable. Toda medida que dificulte ese acceso merece un examen crítico: el gobierno tiene la obligación de facilitar la fiscalización de sus decisiones.

A mi juicio, la comparación entre las épocas de Rosselló y JGo plantea una preocupación sobre la relación entre la lealtad política y la responsabilidad pública. Las condenas históricas y las controversias actuales son distintas, pero permiten evaluar cómo responde el liderato cuando sus funcionarios y aliados enfrentan señalamientos graves. La responsabilidad penal corresponde a los tribunales; la obligación de explicar decisiones, proteger los recursos públicos y rendir cuentas existe desde ahora.

Reconozco que hay personas serias y líderes respetables en ese partido, verdaderos estadistas por convicción. Pienso en Orlando Parga, a quien considero un ejemplo de esa tradición. Los estadistas no están obligados a justificar decisiones cuestionadas ni a guardar silencio ante denuncias que merecen una investigación rigurosa. Exigir transparencia también puede ser una forma de defender sus convicciones.

Estas controversias pueden perjudicar la propia aspiración estadista. Si obtener el favor del Congreso ya representa un desafío, considero que los antecedentes de corrupción y las dudas sobre la administración de recursos públicos debilitan la credibilidad política necesaria para defender esa propuesta.

¿Cómo puede un liderato reclamar confianza para su proyecto de estatus mientras enfrenta cuestionamientos sobre la gestión del gobierno? El PNP debería comprender que responder con documentos, explicaciones y medidas correctivas fortalece más su posición que limitarse a defender a sus funcionarios.

Puerto Rico merece superar esa imagen. Cuando se desvían recursos educativos, se les roba una oportunidad a los estudiantes. Cuando falla la contratación energética, se dificulta atender la crisis eléctrica. Cuando se cuestiona el manejo de programas sociales, se afecta la confianza en las instituciones que deben proteger a los más vulnerables.

De Rosselló a JGo, el PNP ha tenido tiempo suficiente para reflexionar y aprender de las condenas y los escándalos del pasado. A mi juicio, respaldar políticamente a funcionarios investigados sin ofrecer explicaciones suficientes debilita la confianza pública y la propuesta de estadidad que el partido dice defender. Exigir rendición de cuentas no requiere anticipar el resultado de una investigación.

A quienes no somos estadistas puede no preocuparnos que el PNP pierda credibilidad ni que sus actuaciones debiliten la estadidad. Pero sí nos preocupa el daño que la corrupción probada y la falta de respuestas ante señalamientos graves causan a Puerto Rico. El descrédito del PNP puede favorecer políticamente a quienes rechazamos la anexión, pero el desvío de recursos públicos jamás favorece a nuestro pueblo.

Quienes creemos en la descolonización y en nuestra propia soberanía aspiramos a construir una Patria Nueva con instituciones confiables y recursos para sostenerla. No queremos recibir como herencia un país debilitado por la corrupción y la desconfianza. Por eso debemos documentar los hechos, investigar las denuncias y reclamar responsabilidad. Lo que está en juego supera la credibilidad de un partido o la viabilidad de una propuesta de estatus: es el país que todos tendremos que reconstruir.

Altos niveles de contaminación con carcinógeno

 

Las comunidades de Salinas, junto a las organizaciones Earthjustice y el Comité Diálogo Ambiental, denunciaron que un acuerdo presentado por la  Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA, siglas en inglés) para resolver presuntas violaciones a la ley federal de Aire Limpio de la empresa contaminante Steri-Tech, Inc. no favorece a las comunidades. Aunque el acuerdo ofrece algunas protecciones adicionales, reclamaron  que este  no aborda de manera adecuada  las infracciones pasadas ni evita que vuelvan a ocurrir.

En conferencia y comunicado de prensa, los portavoces  dieron a conocer que un nuevo estudio de monitoreo a la calidad del aire de Salinas, efectuado entre los meses de julio a septiembre, reveló altas concentraciones de óxido de etileno (EtO, siglas en inglés), un producto químico con efectos carcinógenos. El acuerdo ofrece algunas protecciones adicionales, pero no aborda adecuadamente las infracciones pasadas ni evita que vuelvan a ocurrir.

El nuevo estudio de calidad del aire fue comisionado al científico Rick Peltier, de la firma Dirigo Innovations, por parte de Earthjustice, organización que apoya legalmente a las comunidades.

“Las muestras en Salinas fueron tomadas en las comunidades de La Margarita y Brisas del Mar, situadas al oeste y noroeste de Steri-Tech. Las concentraciones de EtO de la instalación medidas a favor del viento (es decir, en dirección a la comunidad) fueron sustancialmente más altas que las medidas en contra del viento, lo que indica que las emisiones de Steri-Tech contribuyen a los niveles elevados de EtO en la comunidad circundante”, expresó el científico, quien también es profesor de la Universidad de Massachusetts, en Amherst.

El profesor Peltier explicó que las concentraciones del EtO en Salinas resultaron en un promedio de 2.2 partes por billón (ppb). La exposición crónica a EtO conlleva graves riesgos para la salud a concentraciones aún más bajas que los niveles detectados por Earthjustice en 2025 y 2026 y por la EPA en el 2022.

La evaluación del Sistema Integrado de Información de Riego del 2016 de la EPA establece que 0.011 ppb es la concentración promedio de óxido de etileno que una persona puede respirar a lo largo de un espacio de 70 años sin que se prevea superar un riesgo de1entre 10.000 de contraer cáncer debido a dicha exposición. Los modelos y mediciones de la EPA, así como las realizadas por Earthjustice, muestran sistemáticamente concentraciones promedio de óxido de etileno en el aire de las comunidades circundantes a Steri-Tech que son varias veces superiores a 0.011 ppb.

Se explicó que el EtO —un gas invisible e inodoro pero que emana olor en altas concentraciones— es sumamente tóxico aun en concentraciones bajas. Los residentes de las comunidades expuestos a la sustancia corren  un mayor riesgo de sufrir problemas de salud, incluidos cáncer de mama y cánceres de la sangre, pérdida del embarazo, problemas de desarrollo y otros efectos adversos.

Deena Tumeh, abogada sénior de Earthjustice, señaló que durante años la organización ha representado a grupos comunitarios y ecologistas que buscan regulaciones más estrictas para las instalaciones de esterilización, como Steri-Tech. La organización decidió comisionar los monitoreos en los años 2025 y 2026 para contar con datos recientes. En el monitoreo de la EPA de 2022 se detectaron niveles de óxido de etileno que generaron gran preocupación respecto al riesgo de cáncer. De ahí, que la agencia radicara el caso de violaciones a la Ley de Aire Limpio en el Tribunal federal en junio de 2025.

“Los nuevos hallazgos de este estudio confirman que las comunidades de Salinas siguen expuestas a niveles de óxido de etileno asociados con un alto riesgo de cáncer; necesitan protecciones más fuertes. Cualquier acuerdo debe exigir controles más estrictos, así como un monitoreo transparente con resultados disponibles al público, para comprobar que estas medidas están reduciendo la exposición de la comunidad”, puntualizó Tumeh.

Víctor Alvarado Guzmán, del Comité Diálogo Ambiental, declaró: “El estudio es contundente. Demuestra lo que la propia EPA encontró en el pasado que los salinenses estamos expuestos a un químico carcinógeno que por años nos está enfermando. Exigimos que se detenga ya la contaminación a nuestro aire”.

“Las agencias del gobierno federal y el estatal, así como el Municipio no pueden hacer de la vista larga aquí. Es inaceptable el acuerdo radicado por la EPA. Demandamos mayores controles para proteger a nuestras comunidades. Hacemos la petición de que la EPA cumpla su compromiso anterior de financiar un estudio epidemiológico en las comunidades de Salinas para conocer el alcance del impacto del EtO lanzado por Steri-Tech en la salud de las personas”, manifestó la licenciada Ruth Santiago, también abogada del Comité Diálogo Ambiental.

Según las denuncias, el acuerdo propuesto en el Tribunal federal es un paso importante, pero contiene deficiencias significativas. Aunque se obliga a Steri-Tech a reducir el 99,99 % de las emisiones de óxido de etileno provenientes de los respiraderos de las cámaras de esterilización, es solo en una parte del proceso de esterilización y se dejan otras áreas sin supervisión suficiente.

“Steri-Tech operó incorrectamente sus equipos de control de contaminación atmosférica durante años, exponiendo a la población a graves riesgos”, añadió Lillian Zhou, abogada asociada de Earthjustice. “El daño causado a la salud de los miembros de la comunidad es irreversible. Lo mínimo que la EPA debe hacer para proteger a las personas de ahora en adelante es garantizar que Steri-Tech controle todas sus emisiones de EtO y publique todos los informes de cumplimiento y monitorización, permitiendo así que el público se mantenga informado”.

Las organizaciones exhortaron a la ciudadanía a someter sus comentarios al acuerdo antes del 24 de octubre; pueden enviarse por correo electrónico o correo regular. Es importante mencionar que los comentarios se refieren al caso United States v. Steri-Tech, Inc., D.J. Ref. No. 90-5-2-1-12790. La dirección de correo electrónico es pubcomment-ees.enrd@usdoj.gov.

Para el envío por correo de los comentarios, es preciso dirigirlo a: Principal Deputy Assistant Attorney General, U.S. DOJ—ENRD, P.O. Box 7611, Washington, DC 20044-7611.

 

 

El Partido Independentista Puertorriqueño celebra sus 80 años

 

Bajo el lema “De la lucha a la Victoria”, el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) anunció en conferencia de prensa, en la sede del partido el pasado domingo, la celebración de su 80 Aniversario, que tendrá lugar del 16 al 18 de octubre en el Hotel Ponce Hilton.

Los detalles de la celebración fueron presentados por el excandidato a la gobernación y secretario general, Juan Dalmau, y el secretario de organización y senador, Adrián González, quienes destacaron el significado histórico de estas ocho décadas y el momento particular en que el PIP celebra su aniversario.

“Llegamos a estos 80 años con la satisfacción de haber mantenido una lucha firme, coherente, honesta y constante por Puerto Rico, pero también con la certeza de que todavía tenemos mucho por hacer. Esta celebración no será solamente un homenaje a nuestra historia. Será una convocatoria a mirar hacia adelante y a continuar construyendo el país que Puerto Rico merece. El triunfo y la certeza de una patria nueva está al alcance de la mano”, expresó.

El Secretario General destacó que, durante ocho décadas, el PIP ha sostenido una presencia activa y de avanzada en los principales temas del país: la lucha por un seguro de salud universal, la defensa de nuestros recursos naturales, por la unicameralidad con representación proporcional, por una educación pública accesible, por la defensa de la UPR y por el desarrollo de una economía moral, entre otros.

“Sobre todo, hemos sido el referente para poner fin a la corrupción y el abuso del bipartidismo del liderato PPD y PNP”.El también exsenador, puntualizó que a lo largo de ese recorrido el PIP ha insistido en una premisa fundamental: la lucha por la independencia y la lucha por una mejor calidad de vida para nuestro pueblo no son esfuerzos separados. Por el contrario, forman parte de una misma visión de país sustentada en un gobierno eficaz, transparente, responsable y comprometido con la justicia social.

La colectividad puso en contexto que la celebración del 80 aniversario ocurre, además, en un momento político extraordinario para el independentismo y para las fuerzas que aspiran a una transformación profunda de Puerto Rico.

En las elecciones de 2024, la candidatura de Juan Dalmau a la gobernación alcanzó un resultado electoral histórico, al obtener alrededor del 31 % de los votos y convertirse en la principal alternativa electoral frente a los partidos tradicionales. Además, por primera vez en la historia reciente, el PIP ocupa cinco bancas en la Asamblea Legislativa. Este resultado confirmó que existe un sector del país, cada vez más amplio, dispuesto a considerar nuevas formas de hacer política y un nuevo proyecto de gobierno.

Ese crecimiento, reclama el PIP, también abrió una puerta hacia una conversación mucho más amplia: el fortalecimiento de una alianza de país capaz de unir a más puertorriqueños y puertorriqueñas de distintas perspectivas políticas alrededor de objetivos comunes y de una visión compartida de futuro.

“Lo que ocurrió en 2024 no fue un punto final, fue un punto de partida. El país nos demostró que existe una voluntad creciente de superar las divisiones tradicionales y construir una alternativa de gobierno distinta al bipartidismo rojo y azul que ha llevado al país a la ruina. Nuestra responsabilidad ahora es darle continuidad a ese esfuerzo, ampliarlo y fortalecerlo”, añadió Dalmau.

Tanto Dalmau como el senador González enfatizaron que durante esta celebración el PIP reafirmará su compromiso con un proceso de descolonización para Puerto Rico, así como su convicción de que la independencia constituye una alternativa natural, viable y conveniente para el desarrollo pleno del país.

“El aniversario será también una oportunidad para reconocer a las generaciones de hombres y mujeres que durante 80 años han sostenido la organización, la lucha política y el ideal independentista, muchas veces en circunstancias adversas, y que han contribuido a mantener vigente una alternativa política que hoy alcanza una nueva dimensión.

De cara al 2028, el objetivo será continuar fortaleciendo el esfuerzo de unidad puertorriqueña y alianza de país, ampliando los espacios de colaboración y construyendo una alternativa de gobierno capaz de incorporar a personas provenientes de distintas tradiciones políticas y sectores de nuestra sociedad.

“Celebramos 80 años porque tenemos una historia que honrar, pero miramos hacia el 2028 porque tenemos un futuro que conquistar. Queremos que este aniversario sea el comienzo de una nueva etapa de unidad, organización y esperanza. Una etapa que nos permita llegar a las próximas elecciones con una alianza de país más amplia, más fuerte y preparada para alcanzar el triunfo”, afirmó, por su parte, Adrián González.

El fin de semana del 16 al 18 de octubre incluirá múltiples actividades conmemorativas sobre la trayectoria histórica del Partido. El domingo 18 de octubre será una gran celebración amplia a partir de las 12 del mediodía en el Gran Salón del Hotel Ponce Hilton, en Ponce.

“Ochenta años después de su fundación, el PIP celebra su historia, reafirma sus principios y mira hacia el futuro con amplitud y la determinación de siempre: construir un Puerto Rico libre, justo, próspero y plenamente dueño de su destino. Y ahora, hacia el 2028, seguimos avanzando”, concluyó Juan Dalmau.