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Exigen mejor liderato para la UPR

CLARIDAD

 

A dos meses de concluir, en Mayagüez, la última huelga, seis organizaciones relacionadas con la Universidad de Puerto Rico (UPR) exigieron una mejor defensa del presupuesto institucional, más participación comunitaria en la designación de estos fondos y criticaron el desempeño de la actual presidenta, la Dra. Zayira Jordán Conde.

En una comunicación remitida a la expresidenta de Atlantic University, la Junta de Gobierno y su presidente, Ricardo Dalmau Santana, los seis gremios argumentaron que la administración actual adolece de información clara y oportuna con relación a las gestiones del presupuesto y, además, de una estrategia clara para atender el asunto.

“Un presupuesto insuficiente tendría consecuencias profundas e inmediatas para toda la comunidad universitaria. Afectaría las operaciones académicas y administrativas, limitaría la capacidad de atender las necesidades de nuestros estudiantes, comprometería acreditaciones, proyectos de investigación y servicio, pondría el riesgo el cumplimiento de obligaciones institucionales y convenios colectivos, y agravaría los retos que enfrenta la Universidad para atraer y retener el talento docente y no docente indispensable para ofrecer una educación pública de excelencia”, argumentaron.

La denuncia incluye a: la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU), la Asociación de Supervisores y Gerenciales, la Federación Laborista Empleados Universitarios del RUM (FLEURUM), la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND), Coordinadora Caucus Claustral ante la Junta Universitaria y el Sindicato de Trabajadores.

Del mismo modo, expresaron preocupación por las respuestas implementadas por la administración de Jordán Conde. La falta de transparencia, enfatizaron las organizaciones, deja a la comunidad al margen de la toma de decisiones y con la incertidumbre de cuáles son las medidas «oportunas y visibles». El grupo recordó que, según aprobó la Asamblea Legislativa en 1966, la UPR debe recibir, por ley, el 9.6 % del presupuesto estatal.

“La asignación presupuestaria reconocida por ley para la Universidad de Puerto Rico no constituye una aspiración política ni una concesión discrecional. Es un mandato legal cuya defensa requiere una gestión firme, estratégica y permanente ante todas las instancias gubernamentales pertinentes. Defender ese presupuesto no es una opción, es una obligación inherente a la responsabilidad institucional de la presidencia y de la Junta de Gobierno”, continuaron.

La denuncia, asimismo, incluyó a la Junta de Gobierno por cumplir deficientemente con su deber de «velar por la estabilidad institucional, la sana administración de los recursos públicos y la sostenibilidad financiera». Aseguraron, en ese sentido, que la situación fiscal actual compromete la estabilidad y debilita la confianza de la comunidad en sus organismos rectores. A modo de paliar la situación, el conjunto de gremios exigió que:

  1. Asuman como prioridad institucional absoluta la defensa del presupuesto que, por ley, corresponde a la Universidad de Puerto Rico.
  2. Informen, de manera periódica, completa y transparente, a la comunidad universitaria sobre todas las gestiones realizadas y por realizar para garantizar la asignación presupuestaria de la institución.
  3. Integren formalmente a los cuerpos de gobernanza y a los distintos sectores universitarios en los procesos de información, consulta y discusión relacionados con el presupuesto institucional.
  4. Agoten todos los recursos administrativos, legislativos y legales disponibles para defender el financiamiento que la ley reconoce a la Universidad de Puerto Rico.

Los reclamos multisectoriales aparecen luego de que salieran, en el recinto de Río Piedras, tres figuras docentes relacionadas con la administración, según reportó El Nuevo Día: Carmen Maldonado Vlaar, decana de Ciencias Naturales; José García Arrarás, director interino del Departamento de Biología, y la doctora Ingrid Montes, decana asociada de Asuntos Académicos. Entre sus razones, arguyen trabajos incompletos en la asignación presupuestaria.

“La Universidad de Puerto Rico necesita hoy, más que nunca, un liderazgo que inspire confianza, que actúe con responsabilidad y que coloque el bienestar institucional por encima de cualquier otra consideración. El momento exige acciones concretas, presencia activa y una defensa inequívoca de la Universidad pública”, concluyeron las organizaciones.

Retrasan comienzo de clases en Río Piedras

 Luego de averiarse, por falta de agua, uno de los sistemas de enfriamiento del recinto de Río Piedras, la administración anunció un retraso en el comienzo de clases para el 17 de agosto, aplazando del mismo modo las fechas límites de pagos. Las clases habrían comenzado el 12 de agosto.

“La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) ha establecido un sistema de interrupciones programadas del servicio de agua potable que afecta directamente al sector de Río Piedras. Esta realidad representa un reto operacional extraordinario para nuestro recinto. La Planta de Enfriamiento de Agua Helada, de la cual dependen aproximadamente 25 edificios, requiere un suministro continuo de agua para su funcionamiento”, declaró el recinto por escrito.

Con 250,000 galones en capacidad para almacenar, la institución informó que no cuenta con métodos alternos de abastecimiento por «falta de recursos económicos» y porque el mercado no puede suplir continuamente el servicio. Para alinearse con la orden ejecutiva de la gobernadora, Jenniffer González Colón, el recinto de Río Piedras eliminará el consumo no esencial del agua, el lavado de vehículos y áreas exteriores, los lavados a presión y algunas labores de limpieza y mantenimiento. También, impondrá una inspección de fugas de agua y una distribución de cuáles baños pueden usarse.

El progreso que deja a Puerto Rico sin agua y a oscuras

 

 

El desarrollo de Puerto Rico debe partir de una realidad ineludible. Somos una isla con recursos limitados, una infraestructura de agua cada vez más vulnerable y un sistema eléctrico que continúa mostrando señales de fragilidad. Sin embargo, gran parte de la planificación territorial reciente parece avanzar como si estas limitaciones no existieran. Autorizar megaproyectos sin demostrar que existen la capacidad hídrica y energética para sostenerlos no representa una visión de futuro; representa el riesgo de trasladar los costos de ese crecimiento al resto del país mediante mayores racionamientos, apagones y una presión adicional sobre los recursos naturales.

Esta desconexión entre la planificación y la capacidad real de la infraestructura se refleja en proyectos de gran escala propuestos para zonas ambientalmente sensibles. El Proyecto Esencia, en Cabo Rojo, con una inversión estimada de más de $2,600 millones, plantea un desarrollo intensivo precisamente en una región que durante años ha enfrentado condiciones de sequía y estrés hídrico. De igual forma, las propuestas en Punta Bandera, Luquillo, y en los terrenos adyacentes a la Reserva Natural Playa La Esperanza, en Manatí, reabren el debate sobre el futuro de los humedales, las áreas de recarga de acuíferos y la resiliencia costera. Cada nuevo desarrollo implica una mayor demanda sobre los sistemas de agua potable, alcantarillado y energía eléctrica. La pregunta esencial es si el país realmente cuenta con la capacidad para absorber ese crecimiento sin afectar a las comunidades que ya experimentan interrupciones frecuentes en estos servicios.

Esta situación exige una reflexión profunda sobre el rumbo que ha tomado la política pública. La Junta de Planificación, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, la Legislatura y las demás agencias con responsabilidades sobre el ordenamiento territorial tienen el deber de asegurar que el desarrollo responda a criterios de sostenibilidad y no únicamente a oportunidades de inversión. El Plan de Uso de Terrenos fue concebido precisamente para armonizar el crecimiento urbano con la protección de los recursos naturales y la capacidad de la infraestructura. Cuando esa función pierde fuerza frente a presiones económicas o decisiones reglamentarias, también se debilita la capacidad del país para enfrentar el cambio climático y garantizar servicios esenciales.

Diversas medidas legislativas y reglamentarias han generado preocupación entre sectores profesionales, ambientales y comunitarios por su posible efecto acumulativo sobre la planificación. Entre ellas se encuentra la Ley 82-2026, que establece requisitos económicos para solicitar la paralización judicial de proyectos y que, según sus críticos, podría dificultar el acceso de las comunidades a los tribunales. De igual forma, el Proyecto de la Cámara 25 ha sido objeto de controversia por proponer modificaciones a la delimitación de la Zona Marítimo-Terrestre, mientras que las sucesivas revisiones al Reglamento Conjunto y la aplicación de la Ley 161-2009 han sido señaladas por distintos sectores por agilizar procesos de permisos y reducir el nivel de análisis ambiental requerido en determinados proyectos. Más allá del debate jurídico de cada medida, persiste una pregunta fundamental que rara vez ocupa el centro de la discusión pública: ¿puede la infraestructura de Puerto Rico sostener el crecimiento que se está autorizando?

La planificación moderna no puede limitarse a evaluar si un proyecto cumple con los requisitos de zonificación. También debe preguntarse si existen fuentes suficientes de agua potable, si los embalses podrán suplir la nueva demanda durante periodos de sequía, si la red de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados posee la capacidad necesaria y si el sistema eléctrico podrá responder sin incrementar la vulnerabilidad de toda la población. Ignorar esas variables significa trasladar el costo del desarrollo a quienes ya enfrentan interrupciones de agua, apagones recurrentes y tarifas cada vez más elevadas.

Puerto Rico necesita inversión, empleo y desarrollo económico, pero también necesita una planificación responsable que reconozca los límites físicos del territorio. El crecimiento no debe medirse únicamente por la cantidad de concreto que se construye, sino por la capacidad del país para sostener ese desarrollo sin comprometer sus recursos naturales ni deteriorar la calidad de vida de quienes ya viven aquí. En una isla donde el agua comienza a convertirse en uno de los recursos más escasos y la estabilidad energética continúa siendo incierta, el verdadero progreso será aquel que garantice primero el acceso al agua, la energía y un ambiente saludable para las generaciones presentes y futuras.

El autor es geógrafo, planificador y consultor en manejo de desastres.

 

ELLAS. Maestras del arte puertorriqueño

Myrna Báez ”Mujeres en el bar", 1967 Acrílico sobre lienzo 28” x 39 3/4" Colección del Ateneo Puertorriqueño

La historia ha documentado reiteradamente un aspecto real de la historia del arte. Basta con hojear libros de arte así como verificar el contenido de exposiciones de museos y galerías para corroborar dicho dato. El universo de artistas ha estado dominado en su grandísima mayoría por los hombres. La presencia de mujeres artistas a lo largo de los tiempos ha sido una minoría, no porque no han existido grandes pintoras y escultoras de marcado talento sino porque han sido minimizadas por sus contrapartes del género masculino. Desde finales del siglo XX y principios del siglo actual, instancias culturales así como profesionales del arte han estado atendiendo esta situación, aunque no con la rapidez deseada. La inequidad expuesta sigue siendo una realidad.

La Fundación Ángel Ramos a través de su Sala FAR espacio expositivo inaugurado en 2010   mantuvo sus puertas abiertas por 14 años consecutivos. Antes de un hiato destinado a la remodelación y actualización de la sala se presentaron unas 50 exposiciones de temas y medios heterogéneos. Como complemento expositivo valioso y novedoso, se realizaron 3 Bienales Sala FAR en el Museo de Arte de Puerto Rico.

La exposición, abierta de mayo a octubre de 2026, titulada ELLAS. Maestras del arte puertorriqueño subsana afirmativamente el olvido que tantas artistas han sufrido. La muestra presenta 14 creadoras nacidas en el primer tercio del siglo XX quienes se destacaron en una variedad de medios: pintura, dibujo, grabado, escultura y cerámica así como en el campo de la educación. Ellas fueron pioneras de muchas maneras y sobresalen muy particularmente porque abrieron caminos para el beneficio de las siguientes generaciones de mujeres artistas.

La exposición también rinde homenaje a doña Tina Hills (1921-2025) al dedicarle la reapertura de la Sala FAR.  Hills fue contemporánea de ELLAS, y pionera en diversos campos del empresarismo, la filantropía y la búsqueda del bien común a través de la educación, así como el interés por la movilidad social y el arte. En el 2008 donó 30 obras de la Colección Ángel Ramos y Tina Hills al Museo de Arte de Puerto Rico, como prueba de su compromiso a Puerto Rico y a sus artes plásticas.

El concepto museográfico de la muestra consistió en presentar dos ejes temáticos principales de los cuales surgirían la obra de otras grandes artistas. Todas las piezas a exhibirse son prestamos de los principales museos e instituciones públicas y privadas de Puerto Rico. Ello convierte a la exposición en una de carácter histórico ya que nuestras 14 artistas no habían sido presentadas juntas previamente. Se tuvo en cuenta presentar una diversidad de medios, por lo que veremos ejemplos de pintura, dibujo, grabado, escultura y cerámica. Finalmente, la curadoría tuvo como norte seleccionar artistas nacidas en las tres primeras décadas del siglo XX ya que fueron ellas quienes abrieron caminos plásticos.

El primer eje está compuesto por el trio qué en 2010, con motivo del XV aniversario de la Galería de Arte de la Universidad del Sagrado Corazón, bauticé como Las tres Luisas. Este ilustre triunvirato se compone de: Luisina Ordóñez (San Sebastián, PR, 1909-1975), María Luisa Penne del Castillo (Ponce, P.R. 1913 – San Juan, P.R. 2005) y Luisa Géigel (San Juan, PR, 1916-2008)

Estas creadoras fueron indiscutiblemente las pioneras del arte contemporáneo nacional.

Ellas tuvieron en común haber sido las primeras mujeres puertorriqueñas en estudiar arte en el extranjero, tanto en Europa como Estados Unidos, educándose dentro de las vanguardias artísticas de los años treinta.El haber abordado decididamente la modernidad así como el género del desnudo, tradicionalmente dominio de los hombres, les dificultó desarrollar plenamente su obra y terminaron principalmente dedicándose a la enseñanza del arte. Fueron maestras de maestros y afortunadamente muchos de sus estudiantes se convirtieron en artistas consagrados.

(Izquierda) Luisina Ordoñez ”Paisaje", c. 1940 Óleo sobre lienzo 17 7/8" x 21 3/4" Colección Instituto de Cultura Puertorriqueña (Derecha) Luisa Géigel ”Lorenza, la lavandera", 1939 Óleo sobre lienzo 35 1/2” x 27 1/2” Colección Museo de Historia, Antropología y Arte. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

(Izquierda) Luisa Ordoñez, «Paisaje», c. 1940. Óleo sobre lienzo. 17 7/8″ x 21 3/4″. Colección Instituto de Cultura Puertorriqueña.
(Derecha) Luisa Géigel. «Lorenza, la lavandera», 1939. Óleo sobre lienzo. 35 1/2” x 27 1/2”. Colección Museo de Historia, Antropología y Arte. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

El óleo de Luisina Ordoñez, titulado Paisaje, pertenece al Instituto de Cultura Puertorriqueña y está realizado con una propuesta marcadamente impresionista que resalta la energía y belleza de nuestro entorno campestre.

De María Luisa Penne de Castillo está presente la acuarela Composición. En esta pintura, perteneciente al Museo de Arte (MUSA)-UPRM, están presentes los visos de modernidad que la autora despliega, contario a la obra de la mayor parte de los artistas de su época.

El Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico facilitó el óleo Lorenza, la lavandera. Esta pintura es un grito al empoderamiento de la mujer y a mostrar su orgullo femenino dejándolo saber por su gesto y mirada.

María Luisa Penne del Castillo. ”Composición», 1979 .Acuarela. 23 1/4″ x  15 15/16″. Colección Museo de Arte, Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez

 

El segundo eje temático está dedicado a las pioneras de la abstracción en Puerto Rico: Olga Albizu (Ponce, PR, 1924 – Nueva York, EEUU, 2005) y a Noemí Ruiz (Mayagüez, P.R., 1931- San Juan, PR 2023). Ambas fueron las pioneras de la abstracción en Puerto Rico. La obra artística de ellas es igual en el concepto y desarrollo de la abstracción y muy diferente en estilo y técnica. Albizu se decantó por el expresionismo abstracto, mientras que Ruiz cultivó la abstracción geométrica.

La pintura 900-50-80 de Albizu es un generoso préstamo del Museo de Arte de Puerto Rico. Ostenta el color favorito de la autora y era una de sus obras predilectas la cual colgaba de la pared de su comedor en Nueva York. De gran formato, composición centrífuga, paleta de fuerte saturación y expresivas formas encajonadas de gran impasto hacen de ella una obra extraordinaria.

Olga Albizu. ”900-50-80″, 1978. Óleo sobre lienzo. 62 1/4″ x 70 1/8″ x 2 1/4. Colección Museo de Arte de Puerto Rico

 

De la Colección de Arte de la Compañía de Turismo recibimos el acrílico titulado Aquí Trópico: fuga de Noemí Ruiz. La artista siempre inspirándose en la naturaleza también presenta una pintura de gran formato, la cual disfruta de los atributos que distinguen a Ruiz: amplios planos pictóricos, armonías lumínicas y cromáticas así como pinceladas muy controladas que abren caminos visuales al espectador a un lirismo encantador.

Dentro de la tendencia figurativa tenemos a Cecilia Orta (Carolina,PR 1923- 2000) con la obra titulada Areyto y El Guitarrista de María Rodríguez Señériz (Río Piedras,PR 1926-1983) ambas pertenecientes al Museo de Arte de Ponce. Orta fue pintora, educadora, música y transgresora. Se le conoce como “la pintora del pueblo”. Sus pinturas de la naturaleza, del pasado indígena y de la negritud, conjuntamente con un cromatismo vibrante y gestualidad de trazo son distintivos de su obra. Señeriz, pintora, dibujante y escultora, cursó estudios en Puerto Rico, Nueva York, México, Florencia y Madrid. Fue una de las pocas muralistas en la historia del arte en Puerto Rico. Sus figuras disfrutan de gran volumen y de una paleta armoniosa tal como lo demuestra El guitarrista.

Zilia Sánchez (La Habana, Cuba 1926- San Juan, P.R. 2024)9 y Cossette Zeno República Dominicana, 1930) cultivaron la abstracción desde ángulos diferentes. Sánchez aportó el minimalismo de la abstracción geométrica con sus dibujos monocromáticos y sus lienzos tridimensionales, también conocidos como pinturas escultóricas. En esta exposición apreciamos la obra Concepto zeta que es un dibujo de su época temprana donde el contraste de blanco y negro así como lo geométrico y lo orgánico son protagonistas.

Zeno con su personal obra y estilo inconfundible fue la primera mujer puertorriqueña en adoptar y destacarse en el surrealismo. La representa Hair Piece es una obra que destila fantasía, cromatismo de gran armonía y líneas curvas que nos remontan al mundo onírico de su arte. Ambas obras pertenecen a la Colección del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Cossette Zeno. ”Hair Piece», 1958. Medio mixto sobre papel. 22 1/2″ x  18 1/2″. Colección Instituto de Cultura Puertorriqueña

En representación de la expresión tridimensional tenemos a Susana Espinosa (Buenos Aires, Argentina, 1933 – San Juan, P.R., 2022) y a Toni Hambleton (DF, México, 1934- San Juan, P.R.), 2026. Estas creadoras fueron parte del grupo fundador de Casa Candina (1980-1992), institución dedicada a la enseñanza, promoción y exhibición de la cerámica contemporánea puertorriqueña.  La obra de ambas, conjuntamente con la de otros colegas, llevó la cerámica artística a niveles de excelencia en el ámbito internacional, donde ganaron numerosos e importantes premios.  Animalia 6, del Museo y Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Ana G. Méndez es una cerámica de bulto redondo de estética exquisita y de factura prístina en la cual se aprecia el estilo inconfundible de Espinosa. Por su parte Hambleton con su escultura vertical y estilizada en metal de título Homenaje a la luna propiedad del Museo de Arte de Bayamón nos invita a alzar la vista y mirar al único satélite natural de la tierra. A mirar la luna con optimismo, cualidad distintiva de Hambleton.

Myrna Báez (San Juan, P.R., 1931-2018), Isabel Bernal (San Sebastián, P.R 1935) y María Emilia Somoza (San Juan, P.R. 1936 -2016), sobresalen muy particularmente en el grabado. Báez es una de las más destacadas artistas visuales del Puerto Rico del siglo XX y su obra es reconocida internacionalmente. Desde el grabado y la pintura y entre el paisaje y el retrato, Báez indiscutiblemente es maestra de maestras. Su pintura Mujeres en el bar de la Colección de Arte del Ateneo Puertorriqueño ganó el Primer Premio de Pintura en el certamen del Ateneo en 1967.  Esta interesante pintura tiene una composición poco usual al presentar a las protagonistas de espalda y con una economía cromática basada en colores primarios que le confieren un aire nocturno y un ambiente para ser interpretado por el observador.

Myrna Báez. ”Mujeres en el bar», 1967. Acrílico sobre lienzo. 28” x 39 3/4″. Colección del Ateneo Puertorriqueño

Bernal, quien es pintora y grabadora, fue la única mujer artista que trabajó junto a los maestros de la generación del 50 en la Sección de Gráfica de la División de Educación de la Comunidad (DIVEDCO), del Departamento de Instrucción Pública. Su devoción al paisaje patrio es protagónico en su obra serigráfica y pictórica. Paisaje, préstamo del Museo de Arte Contemporáneo, es una hermosa pintura en pequeñísimo formato que se transforma en una obra monumental por su vibrante expresividad, sueltas pinceladas y su temática tan cercana a muchos de nosotros. Somoza, por su parte, siempre trabajó el medio del grabado en intaglio, especialmente el aguafuerte. Pospuso su obra gráfica para junto a otros artistas fundar el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico, el cual dirigió durante 24 años. Perteneciente al Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico, su grabado Espectros del paisaje es un canto solidario a la naturaleza. Contrario a la mayoría de los grabadores que suelen hacer gráfica monocromática en blanco y negro, Somoza a quien recordamos como Miyuca perfeccionó el grabado policromático logrando efectos novedosos y profundidades estéticas muy personales.

Esta exhibición reúne obras de 14 mujeres pioneras del arte puertorriqueño que provienen de 10 de las más importantes colecciones públicas y privadas de nuestro país. Con esta muestra de carácter histórico, nos place celebrar la valiosa aportación de estas pioneras al arte, educación y cultura de Puerto Rico. Celebramos también la renovación de la Sala FAR la cual estuvo a cargo del arquitecto Jorge Rigau, cuyo nuevo diseño ofrece un amplio abanico de posibilidades museográficas para futuras exposiciones.

La exposición ELLAS, Maestras del arte puertorriqueño está abierta, al público hasta el 4 de octubre de 2026, de lunes a viernes en horario de 8:00am a 5:00pm en el vestíbulo del Edificio Fundación Ángel Ramos situado en la calle Chardón, en Hato Rey. La entrada es libre de costo.

 

Escándalo por derribo de ambulancia aérea en Nuevo México

 

 

Especial para En Rojo

Las Fuerzas Armadas estadounidenses experimentan con interferencia a los sistemas GPS del tráfico aéreo en la frontera con México. La idea es enfrentar una supuesta amenaza de invasión de drones a Estados Unidos provenientes de los cárteles del narcotráfico mexicanos. Por un error resultante de la negligencia en esos experimentos militares, un avión-ambulancia estadounidense se estrelló en Nuevo México debido a problemas de navegación por esas interferencias (jamming) de GPS.

El trágico suceso ocurrió poco después de la medianoche del 14 de mayo de 2026. Una aeronave Beechcraft King Air C90, operada por la compañía TransAero Medevac, realizaba un vuelo médico desde Roswell hacia el Aeropuerto Regional de Sierra Blanca en Ruidoso, Nuevo México. Debido a esa interferencia de los sistemas GPS, el avión se estrelló en las montañas de Capitán, provocando la muerte de sus cuatro tripulantes (dos pilotos y dos enfermeros) y desatando un incendio forestal de gran magnitud.

De acuerdo con el reporte preliminar de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) publicado en junio de 2026, la interferencia electrónica de la señal GPS que provenía de un entrenamiento programado del Ejército de Estados Unidos en el cercano polígono militar de White Sands Missile Range provocó la pérdida de la orientación de navegación de la aeronave.

Tras despegar, los pilotos notificaron la pérdida completa de su sistema de navegación por GPS. Los controladores aéreos de Albuquerque intervinieron y solicitaron provisionalmente a los militares que detuvieran el bloqueo de señal. Una vez que la señal se restableció momentáneamente, los pilotos informaron tener el aeropuerto a la vista y solicitaron proceder mediante una aproximación visual. Al asumir que el avión ya operaba bajo navegación visual en una noche muy oscura, los controladores autorizaron a la base militar a reanudar la interferencia de GPS.

La aeronave perdió la orientación pocos minutos después de reactivarse el bloqueo electrónico, descendió demasiado e impactó contra la ladera de la montaña a unos 9,950 pies de altura, justo 230 pies por debajo de la cumbre.

Coincidentemente con la interferencia militar que inutilizó el GPS, la NTSB y los expertos en aviación, el sistema de observación meteorológica del aeropuerto de destino estaba fuera de servicio. Las condiciones de la noche eran extremadamente oscuras y sin luz de luna, lo que impidió que los pilotos divisaran la silueta de las montañas a tiempo tras perder sus instrumentos de navegación asistida.

Este caso ha encendido alertas en la industria de la aviación civil de los Estados Unidos sobre el grave riesgo que representan las pruebas de guerra electrónica militar sobre el espacio aéreo comercial.

El Pentágono y la Casa Blanca han intentado encubrir el suceso y mantener el secretismo del caso ante la prensa, lo que se está convirtiendo en otro escándalo más para la administración gubernativa del presidente Donald Trump cuando empezó a revelarse recientemente los detalles del suceso y se supo que no fueron los narcotraficantes mexicano quienes derribaron el avión como originalmente se daba a entender.

La narrativa oficial estadounidense de una fantasmal amenaza de ataque con drones de los cárteles de narcotráfico mexicano y consecuentes protecciones extremas en zonas fronterizas con México, sumado a la xenofóbica política anti inmigratoria contra ese país vecino al sur de Estados Unidos, mientras mantiene una guerra comercial al norte con Canadá, su otro vecino fronterizo, convierte su política de relaciones vecinales con los demás países de América en las de la política del huraño y agresivo mal vecino. Pero que, además, atenta contra el propio Estados Unidos como se ha visto con este caso.

Bajo la presidencia de Trump, la Política de buena vecindad, que fue una iniciativa de política exterior establecida por el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt en 1933, ha quedado totalmente erradicada. Aquellas metas principales que incluían la no intervención militar en América Latina, el fomento del comercio recíproco y la cooperación hemisférica, han dejado de existir.

Roosevelt prometió en 1933 que ningún Estado tenía derecho a intervenir en los asuntos internos o externos de otro. Buscó reemplazar la fuerza militar y las invasiones previas por la diplomacia y acuerdos comerciales. Estados Unidos sacó sus fuerzas militares de países como Haití y Nicaragua. Se anuló la Enmienda Platt en Cuba en 1934, lo que limitó el control directo sobre la isla caribeña vecina. Procuró la unión del continente americano frente a las amenazas de las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial.

Todo parece indicar que esa política estadounidense de buena vecindad fue simplemente circunstancial como parte de una estrategia ajustada a la realidad geopolítica y necesidad diplomática del momento.

 

José Ignacio y María Clemencia, siempre juntos

José Ignacio Jiménez y Mzría Clemencia López. Foto suministrada

 

 

José Ignacio y María Clemencia, siempre juntos hasta el final. Así fue su compromiso con la vida, que como decía nuestro Juan Antonio Corretjer, “es lucha toda”.

José Ignacio fue un historiador apasionado, defensor de causas justas y con un compromiso social inquebrantable. Luchó incansablemente por la independencia de su amado Puerto Rico y por la Revolución Bolivariana de su amada Venezuela. Su entusiasmo y empeño eran infinitos. Constantemente, organizaba actividades sobre Puerto Rico en Venezuela y sobre Venezuela en Puerto Rico. La mayor parte de ellas las coordinó desde el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en el Viejo San Juan, una de las instituciones más prestigiosas de la isla. Allí el doctor en literatura y laborioso funcionario de la ONU se destacó como asesor de la institución dirigida por don Ricardo Alegría, de quien también fue amigo personal.

Cuando José Ignacio coordinaba las actividades, recurría a su lista de contactos y llamaba personalmente a cada invitado para conseguir su compromiso de asistencia. Ponía pasión en todas las iniciativas que emprendía y es de notar que contagiaba con su entusiasmo. Presentó a muchas figuras destacadas y un sinnúmero de documentales, gracias a los cuales la comunidad puertorriqueña tuvo la oportunidad de comprender la realidad venezolana, y también presentó la realidad puertorriqueña a los venezolanos. “Sus conferencias sobre la realidad venezolana ante los más diversos públicos de la isla han servido para contrarrestar la ola mediática contra la revolución bolivariana que al principio inundó la prensa en Puerto Rico.”

En la Plaza de Armas del Viejo San Juan participaba en las tertulias nocturnas de los parroquianos y desde allí mismo gestaba sus proyectos. Era su segunda oficina, pues allí se citaba con los amigos y compañeros de la vida y de la lucha.

José Ignacio participó activamente en la lucha por la liberación de los prisioneros (as)políticos puertorriqueños de las cárceles estadounidenses y defendió con tenacidad la cultura de todas sus patrias, entre las que también se encontraba España, debido a sus antepasados almerienses, de la provincia andaluza.

Su esposa María Clemencia, compañera inseparable y una destacada diplomática venezolana, compartió con él esa vida de lucha toda. Tenían una comunicación muy especial y de total compenetración. Eran un equipo de luchadores a los cuales tendremos siempre en gran estimación y admiración por su compromiso irrenunciable y tenaz, no sólo con las causas de Puerto Rico y Venezuela, sino además con las de la querida isla de Cuba.

Que descansen en paz, unidos para siempre, José Ignacio y María Clemencia. Si un día tuvieron que naufragar porque el tifón rompió sus velas, nos queda el consuelo de que al partir permanecieron unidos cerca del mar en su hermosa Venezuela. No los olvidaremos. Especialmente, cada vez que veamos una orquídea florecer…

*José Ignacio Jiménez y María Clemencia López Ramírez fallecieron en La Guaira, Venezuela tras los terremotos del 24 de junio de 2026.