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El contador que nos cuenta: LUMA, electricidad, datos y vigilancia en Puerto Rico

 

 

Especial para CLARIDAD

Hace unos días apareció en mi condominio una comunicación de LUMA anunciando la instalación de nuevos contadores eléctricos. El mensaje está redactado en el lenguaje tranquilizador de la modernización tecnológica: Puerto Rico tendrá 1.5 millones de “contadores inteligentes” que permitirán identificar más rápidamente las interrupciones del servicio, reducir las facturas estimadas, facilitar la integración de energía renovable y ofrecernos “mayor control” sobre nuestro consumo. Todo parece razonable, incluso deseable, en un país cuya red eléctrica lleva años siendo sinónimo de precariedad. Pero la comunicación deja sin formular una pregunta: ¿quién obtiene ahora mayor control sobre quién?

La pregunta surge porque LUMA no está simplemente sustituyendo un contador viejo por uno nuevo. Está instalando, en aproximadamente 1.5 millones de puntos de servicio, los terminales de una infraestructura digital capaz de producir, transmitir, almacenar y analizar información sobre nuestro consumo eléctrico. El contador ya no solamente cuenta. También comunica. Y porque comunica y convierte en datos actividades tan cotidianas como encender el aire acondicionado, cocinar, lavar la ropa, cargar un automóvil o producir electricidad mediante placas solares.

Quienes recuerden la historia de las telecomunicaciones en Puerto Rico encontrarán aquí una curiosa ironía. Décadas atrás se concibió PREPANET, un proyecto que pretendía aprovechar la infraestructura pública para desplegar una red de telecomunicaciones por fibra óptica hasta los consumidores. El sector privado se opuso y aquella posibilidad nunca llegó a desarrollarse tal como se había imaginado originalmente. Los nuevos contadores inteligentes son otra cosa tecnológica e histórica, pero el contraste resulta revelador: PREPANET imaginaba una infraestructura pública que llevaba capacidad de comunicación al ciudadano; la nueva infraestructura eléctrica lleva información desde el ciudadano y su hogar hacia la red. Hemos invertido el flujo.

Lo que LUMA está implementando se conoce como Advanced Metering Infrastructure (AMI). La empresa contrató a Itron para desplegar los nuevos contadores junto con una red de comunicaciones que los conectará con sus sistemas. La propia empresa describe capacidades de distributed intelligence, es decir, inteligencia computacional distribuida en los extremos de la red. Por eso llamarlos simplemente “contadores” resulta insuficiente: son también sensores y nodos de una infraestructura de datos.

El viejo contador electromecánico respondía esencialmente a una pregunta: ¿cuántos kilovatios-hora consumió esta residencia desde la última lectura? El nuevo sistema puede saber mucho más. Los documentos de LUMA ante el Negociado de Energía contienen información sobre consumo, carga, voltaje, interrupciones y restauración del servicio, eventos y otras condiciones operativas. La comunicación es, además, bidireccional: los sistemas centrales pueden comunicarse con el contador sin que una persona tenga que acudir físicamente a leerlo.

LUMA también reconoce que los nuevos equipos generan datos de consumo por intervalos. Ya no hablamos exclusivamente del número acumulado que figura en una factura mensual, sino de una serie temporal que permite conocer cómo evoluciona el consumo. Lo que la información pública que he podido examinar no permite determinar con certeza es la duración exacta de esos intervalos en Puerto Rico ni con qué frecuencia se transmiten los datos. ¿Un minuto, cinco, quince, treinta, sesenta? No es una minucia técnica. Como ejemplo, un contador que registrara cada quince minutos produciría unas 35,000 observaciones anuales por residencia. Multipliquemos eso por 1.5 millones de puntos de servicio. Ya no tendríamos simplemente facturas. Tendríamos patrones. Y los patrones hablan.

Desde hace años existen técnicas conocidas como Non-Intrusive Load Monitoring (NILM), mediante las cuales las variaciones de carga permiten inferir sobre determinados aparatos y, dependiendo de la granularidad y la calidad de los datos, sobre actividades domésticas. El contador no escribe “alguien llegó a casa a las 6:17”. Registra electricidad. Pero una secuencia suficientemente detallada puede permitir inferencias probabilísticas acerca de cuándo una residencia está ocupada o vacía, de sus períodos de actividad y de descanso, y de determinados patrones de uso de los equipos.

Quiero ser riguroso: no he encontrado evidencia de que LUMA esté utilizando actualmente esos datos para realizar inferencias conductuales similares. Una cosa es la capacidad de una tecnología y otra el uso efectivo que su operador hace de ella. Pero una sociedad democrática tampoco debería regular una infraestructura exclusivamente por lo que su administrador promete hacer hoy, ignorando lo que técnicamente permitirá hacer mañana.

Por eso pensé en las controversias recientes en Puerto Rico sobre cámaras capaces de registrar vehículos y sus tablillas. Las tecnologías son distintas, pero participan de una transformación común. La cámara convierte el desplazamiento de un automóvil en tablilla, lugar y hora; el teléfono convierte la localización, las comunicaciones y la navegación en datos; el contador inteligente transforma el consumo energético del hogar en una secuencia temporal susceptible de análisis. Actividades anteriormente efímeras dejan rastros digitales almacenables, consultables y potencialmente correlacionables.

Quizás seguimos pensando en la vigilancia con una imagen demasiado antigua: una cámara y alguien mirando la pantalla. Los sistemas contemporáneos pueden ser mucho más banales. No necesitan un vigilante que supervise 1.5 millones de hogares. Pueden funcionar mediante bases de datos, algoritmos y patrones. La pregunta deja de ser solamente “¿quién me está mirando?” para convertirse en “¿qué sistemas me están midiendo y qué pueden hacer después con esas mediciones?”

Shoshana Zuboff llama “surveillance capitalism”, capitalismo de vigilancia, a una racionalidad económica que convierte dimensiones de la experiencia humana en materia prima para producir datos conductuales, predicciones y formas de intervención sobre el comportamiento. ¿Son entonces los contadores de LUMA parte del capitalismo de vigilancia? Creo que podemos sostener que participan de esa lógica con precisión. No he encontrado evidencia de que LUMA venda los datos de los contadores a anunciantes ni a data brokers, y su política de privacidad establece que no vende ni alquila información personal. Pero el valor económico de los datos no requiere necesariamente venderlos: puede residir en conocer mejor al usuario, clasificar consumos, detectar anomalías, administrar la demanda, reducir costos, establecer incentivos y, eventualmente, modificar comportamientos mediante el precio.

Además, hay una diferencia fundamental respecto de las plataformas digitales. Podemos cerrar Facebook, borrar una aplicación o negarnos a instalar Alexa. No podemos vivir de manera razonable sin electricidad. Y el cliente puertorriqueño tampoco parece tener un derecho general a conservar al contador anterior. LUMA afirma expresamente que el contador inteligente no es opcional. La Ley Núm. 80 de 1972, según enmendada, permite lecturas mediante mecanismos locales o remotos, mientras el Reglamento 7982 reconoce al sistema eléctrico amplias facultades para inspeccionar, reparar y sustituir sus equipos de medición.

Aquí encontramos una distinción jurídica fundamental: una cosa es el derecho de la empresa a cambiar de contador y otra es un supuesto derecho ilimitado sobre los datos que ese contador pueda generar sobre nosotros. No he encontrado en esas disposiciones una autorización explícita que establezca que aceptar electricidad implique consentir cualquier grado de recopilación, granularidad, retención, análisis o reutilización de datos de AMI. Que el aparato pertenezca al sistema eléctrico no significa que la actividad doméstica que sus datos pueden revelar carezca de protección jurídica.

Dicho de otra manera: el contador podrá ser de LUMA; nuestra vida privada no.

La distinción tampoco es una extravagancia académica. En 2018, el Tribunal de Apelaciones federal del Séptimo Circuito examinó en Naperville Smart Meter Awareness v. City of Naperville, en Illinois, un sistema que recopilaba datos del consumo residencial cada quince minutos. El tribunal determinó que esa recopilación constituía una “búsqueda” bajo la Cuarta Enmienda de la Constitución de EE.UU., puesto que estos datos, suficientemente detallados, podían revelar actividades que ocurrían dentro del hogar. Sin embargo, no la declaró inconstitucional: consideró que la búsqueda era razonable dadas las circunstancias del caso y la finalidad de administrar el servicio eléctrico. Lo importante para nuestra discusión es que el tribunal reconoció algo que suele perderse en el discurso sobre los contadores inteligentes. Los datos del consumo eléctrico pueden revelar información sobre nuestra vida privada en el hogar y, por ello, plantean un problema constitucional de privacidad.

Puerto Rico añade una dimensión propia. El Artículo II, Sección 8 de nuestra Constitución protege expresamente la vida privada y familiar, mientras que la Sección 10 protege contra registros y allanamientos irrazonables. ¿Cómo se aplicarán esas garantías a una infraestructura capaz de generar datos granulares de millones de hogares? Es una pregunta jurídica que merece mucha más atención. Y surge una paradoja: precisamente porque no existe un opt-out sencillo, la protección de los datos debería ser mayor. El consumidor no está negociando libremente si desea participar en una plataforma digital; necesita electricidad y debe utilizar el equipo de medición que determine el sistema. El sensor viene con el servicio esencial. Ojalá y la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico pueda arrojar luz sobre qué hacer con esta paradoja.

Tampoco basta con decir que el contador no almacena nuestro nombre. Un identificador de dispositivo puede asociarse a otros sistemas mediante una cuenta, una dirección y un titular. La política de privacidad de LUMA contempla, además, a los proveedores de servicios y la divulgación de información específica ante requerimientos legales, como citaciones u órdenes judiciales. Eso no significa que la Policía tenga libre acceso a nuestros contadores. Significa que debemos saber qué ocurrirá cuando una autoridad solicite datos granulares: qué orden necesita, qué información recibirá, durante cuánto tiempo se conservarán y si el consumidor será notificado.

Y llegamos a la pregunta inmediata: ¿servirán para aumentarnos la factura? El contador inteligente no incrementa automáticamente la tarifa, y LUMA afirma que su instalación no representa, por sí sola, un aumento tarifario. Una lectura más precisa sí puede corregir los estimados anteriores. Pero AMI introduce algo mucho más importante: permite saber cuándo consumimos. Eso hace técnicamente posibles tarifas time-of-use y precios dinámicos en los que el precio de la electricidad varía según la hora o la demanda. Tales tarifas requerirían el proceso regulatorio correspondiente; el contador no autoriza a LUMA a imponérselas unilateralmente. Pero proporciona la infraestructura necesaria para pasar de cobrar únicamente por cuánto consumimos a incorporar también cuándo consumimos.

Entonces cambia la naturaleza de la medición: conocer para clasificar, clasificar para incentivar o penalizar y utilizar eventualmente el precio para modificar comportamientos. La diferencia entre medir una conducta y gobernarla puede reducirse a apenas una tarifa. Y tampoco todos los consumidores pueden reorganizar sus vidas según las horas más baratas. Quien cuida niños o ancianos, trabaja desde el hogar o necesita acondicionamiento de aire tiene menos libertad para reubicar su consumo. La inteligencia del contador no elimina las desigualdades sociales del hogar que mide.

Nada de esto implica que debamos oponernos a modernizar la red eléctrica. Los contadores inteligentes ofrecen beneficios reales: detectar apagones, reducir lecturas estimadas, integrar placas solares y baterías y proporcionar al consumidor información más precisa. El problema es otro: la modernización tecnológica avanza mucho más rápidamente que la conversación pública sobre los datos que genera.

LUMA nos explica los beneficios, pero todavía necesitamos respuestas sencillas: ¿qué modelo de contador está instalando?, ¿cada cuánto registra y transmite?, ¿cuánto tiempo conserva los datos?, ¿quién puede acceder a ellos?, ¿qué acceso tienen Itron y otros contratistas?, ¿para qué otros análisis pueden utilizarse?, ¿qué ocurre cuando una autoridad los solicita? Son preguntas elementales de gobernanza de datos, no de tecnofobia.

Hay finalmente una paradoja política. Esta transformación forma parte de una reconstrucción sostenida, en buena medida financiada con fondos públicos federales. Los recursos públicos contribuyen así a financiar una infraestructura que incrementa considerablemente la capacidad de una empresa privada para producir y administrar datos derivados de un servicio público esencial. Eso no hace ilegítimo el proyecto; hace mayor la obligación de transparencia y de fiscalización democrática.

Quizás hemos formulado mal, durante años, la discusión sobre la privacidad digital porque seguimos buscando cámaras. Pensamos que la vigilancia implica que alguien nos mira. Cada vez más significa que algo nos mide. El automóvil, el teléfono, la tarjeta de crédito y las plataformas generan datos. Ahora también los genera la infraestructura eléctrica. Lo común es la transformación progresiva de la vida cotidiana en información persistente.

Ese es el sentido en que podemos hablar de un panóptico digital y de una infraestructura que participa de la lógica del capitalismo de vigilancia. No porque alguien en LUMA esté mirando cuando encendemos el acondicionador de aire ni porque tengamos evidencia de que nuestros datos eléctricos se estén vendiendo, sino porque un servicio indispensable comienza a producir información sobre nuestra vida que el sistema anterior sencillamente no podía generar. Y, además, no podemos optar por quedarnos fuera.

Hace décadas imaginamos PREPANET, una red pública que utilizaría la infraestructura para ampliar la capacidad de comunicación del ciudadano. Hoy desplegamos otra capaz de ampliar lo que la infraestructura puede conocer del ciudadano. LUMA nos promete que el nuevo contador nos dará mayor conocimiento y control sobre nuestro consumo. Bienvenida sea esa posibilidad. Pero la reciprocidad democrática exige la misma transparencia en sentido inverso.

Si el contador va a conocernos mejor, tenemos derecho a conocerlo mejor. Sobre todo, queremos saber qué sabe el contador sobre nosotros.

 

El Local en Santurce: nueva administración provee continuidad del proyecto cultural y comunitario

 

ESPECIAL PARA EN ROJO

El Local en Santurce permanece como un bastión de las artes independientes durante los últimos casi 20 años, y ahora cuenta con dos nuevas administradoras que le dan continuidad al centro cultural y comunitario en la Avenida Fernández Juncos. Converso con Zuania Colón e Yvonne Santiago sobre su faena como nuevas organizadoras y gestoras del espacio artístico.

(Esta y todas las fotos fueron suministradas por Zuania Colón)

Establecido en el 2008 como un espacio de encuentro entre rockeros y diversos grupos del underground en la zona capitalina, ha servido como un escenario importante para el desarrollo de proyectos artísticos, entre la música, el teatro, el cine, la performance, la danza y otras artes visuales, como un espacio de apoyo mutuo para miembros de la comunidad artística. Se le ha titulado como un dive bar, al ser un espacio pequeño, ecléctico y accesible a todo público que busque un espacio seguro libre de prejuicios.

Es importante repercutir a la crónica que hiciera el periodista Joel Cintrón Arbasetti titulada “El Local”, publicada en la serie Literatura Hoy del Instituto de Cultura Puertorriqueña en el 2016: “la luz es suave, de lámpara de dormitorio; el aire es hogareño; hay dos estanterías con puertas de cristal repletas de memorabilia pop, una sala amplia con sofás y butacas, y una vellonera llena de discos de bandas locales”. La vellonera ahora contiene piezas de arte de artistas que acuden al espacio, y además hay un cuarto pequeño con cuatro máquinas de videojuegos y una sala para shows del tamaño de una marquesina.

La gestión del espacio ha transcurrido por diversos grupos de personas que se han relacionado con el negocio de manera directa, aportando sus capacidades de organización para desarrollar carteleras culturales, talleres educativos, mesas de diálogo y espacios de acopio para necesidades de su comunidad, que en todo caso son los artistas del patio y sus seguidores

Zuania, productora y música, e Yvonne, ilustradora, son dos asiduas concurrentes de El Local desde su apertura, y siempre mostraron interés en participar en el espacio, en el caso de Zuania habiendo organizado espectáculos musicales y tocando con diversas bandas. Según me comentan, a principios del 2025, uno de los colaboradores originales, Giancarlos, organizaba las labores de manera remota y comenzaron las conversaciones con otro de los socios, Félix, sobre la necesidad de apoyo en el proyecto. En mayo ocurre una tragedia sin precedentes en el espacio, que fungió como catalítico para el cambio de administración, según me afirma Yvonne, quien llevaba trabajando a tiempo completo en la barra y organizando el karaoke durante más de un año y a quien pretendían hacer socia del consorcio anterior.

El espacio estuvo dos meses cerrado. Se propuso un fondo de reapertura con un monto de $10,000 para gastos operacionales, cantidad que fue recaudada sin escatimos de su comunidad que añoraba el cierre no fuese definitivo, a pesar de lo ocurrido.

El 31 de agosto del 2025, abre las puertas bajo la administración de Zuania e Yvonne con un evento de matineé que contaba con una cocina solidaria y varias presentaciones musicales. Un mes después, celebraron el aniversario de la Cocina Huracanada (2017), donde se emuló aquel proyecto pos-María que ofrecía comida, talleres y espacios de conversación, impulsando que la comunidad se congregara nuevamente bajo la visión de recordar la permanencia e importancia del proyecto.

Como parte de la nueva administración, han logrado mantener una cartelera semanal con eventos diversos para el disfrute de la comunidad. Tienen su famoso karaoke los martes, y eventos musicales de jueves a sábado. Además, Yvonne dirige un proyecto llamado “dibuja local” que invita a personas sin experiencia en la ilustración a talleres abiertos para el disfrute y ocio mediante la educación en el dibujo, lo cual ha tenido buena recepción y creado una comunidad alrededor del evento.

Otro proyecto que continúa es la Galería Local, donde colaboran los artistas Uziel Orlandi y Adrián Martínez del colectivo Contrabando, curando exhibiciones de artistas allegados al espacio y otras personas que no han gozado de una primera presentación de sus proyectos. Se llevan a cabo en la marquesina del primer piso donde se ha habilitado como una sala para presentación de proyectos escénicos y plásticos.

A preguntas sobre el funcionamiento de El Local como proyecto, Zuania me comenta que “es un centro cultural, porque funciona como un negocio regular, pero tiene la visión de echar pa’lante a la escena alternativa e independiente del arte y mantener sus ideales; no solo colaboramos con artistas para llenar espacios, sino que creamos una comunidad, que es la que siempre nos rodea y apoya, algo que ha sido así siempre”.

Ambas organizadoras afirman que al no haber un mecanismo de financiamiento estatal a las artes, además de trabas burocráticas para conseguir permisos de venta de boletos y carecer de oportunidades de subvenciones al ser un negocio que vende alcohol, queda de utilizar las vías disponibles para lograr un capital que sea de significancia para la clase cultural que pretender vivir de su labor artístico.

En momentos en que el desarrollo de proyectos culturales se ve amenazado por el desplazamiento rampante, la pobre consecución de recursos económicos para los artistas y el consumo desmedido sin consecuencias, El Local ha adoptado el lema “el jangueo es político”. Me comentan que este estatuto fue encomendado por la bailarina Cristina Lugo, quien, en conversación con sus compañeras del grupo La Exorcista, afirman que a pesar de que ellas hacen eventos de diversión con toques maximalistas, al momento de desarrollar las propuestas, están constantemente conversando sobre las situaciones políticas del país, por lo que hace de su faena artística una política al siempre tener presente la gestión cultural en tiempos de crisis y afirmar un cambio desde las artes.

Zuania comenta, “si vamos a salir a gastar dinero, vamos a gastarlo en negocios de aquí, que pagan impuestos aquí, contratan gente de aquí, a los hermanos dominicanos y le alquila al de aquí”, haciendo alusión a diversos negocios que, a pesar de pintarse como locales, le tributan a extranjeros eximidos con la Ley 60 en lugares como Puerta de Tierra.

Los aportes de la nueva administración de El Local prometen seguir promoviendo un espacio de autogestión cultural mediante el apoyo mutuo de la comunidad artística y la ciudadanía que allí acude. Queda en manos de Zuania, Yvonne y su red de colaboradores permitir la permanencia de este proyecto para el desarrollo de las artes en Puerto Rico, y que su funcionamiento nutra la pasada, presente y futura generación de artistas y sus propuestas. De esta manera, se vive según el lema legendario que ha sido adoptado hace más de una década, “flaquear no es una opción”.

Para conocer más sobre el proyecto pueden ir a su página web www.ellocalensanturce.com, visitar sus redes sociales @ellocalensanturce y para coordinar actividades al correo bookeo@ellocalensanturce.com

Vivo en un pueblo de cuento. Animales. (2)

Periodista okupa en Casa Pueblo

ESPECIAL PARA EN ROJO

Esta mañana las nubes levitaban tan bajas y densas sobre la Casa de las Mariposas que parecían algodón flotante que se me dispersaba entre las manos cuando salí al balcón. Por la tarde me fui a jugar dominó y a escuchar historias de Adjuntas al colmadito de Sharon en el Alto de Cuba.

En ese amoroso colmadito, señores maduros y muy machos, sin ser familia, se despiden con un “te quiero mucho, ¿sabes? Yo a ti también, papá”.

Al segundo o tercer día de visitar la barrita, Melvin, sempiterno allí, mi nefasta pareja de dominó, me dijo al despedirme un prudente “se te quiere”. Ahora, cada vez que subo al Alto de Cuba, me dice “te quiero” tres o cuatro veces. Cumple 61 años este domingo.

Había sucedido una tragedia. Una gallina, que dice Sharon que es una mala madre porque abandona a sus polluelos antes de tiempo, pasa por allí con su pollada a cada rato. En el colmadito de Sharon velan hasta a los lagartijos que se comen las gallinas del barrio. Siempre había pensado que las gallinas eran vegetarianas, pero en Adjuntas no se ven cucarachas porque ellas se las comen. Varios días vi a esa gallina con sus polluelos, uno de ellos, cojo, siempre rodeado de sus hermanos y hermanas que lo protegían. Hoy falleció. Cuando la gallina y sus polluelos doblaron la esquina, en un instante Sharon notó la ausencia del pollo cojo. Se dirigió a la gallina para reclamarle: “¿Qué tú has hecho con el cojito, mala madre?”, y nos preguntó: “¿Qué le habrá pasado al cojito?”.

“Yo sé lo que le pasó”, contestó rápidamente Fernando, uno de los locales, con cara de pirata malo pero con mucho corazón. “Allí arriba en la esquina le pasó por encima un carro y casi lo mata. Luego llegó este cabrón en otro carro que lo aplastó, sea la madre”.

Más tarde nos enfrentamos a don Wilfredo Piazza, Piasita, que jugó con Rubén Luciano, y nos dieron tremenda chiva (pela exagerada, paliza descomunal y vergonzosa) que disfruté mucho, porque voy allí, sobre todo, a que me cuenten historias del pueblo. Esos tipos saben las fichas que tienes a la primera que sueltas.

Los relatos más graciosos que me han contado hasta ahora son los de un lagartijo borrachín y el de un cabro fumador de Ponce.

Sharon cierra los domingos, así que los parroquianos tienen que buscarse la vida. Un domingo, un bonche de locales decidió salir al campo. Lo de salir al campo es un decir, porque se la pasaron en el colmadito de Luis Pulga en el barrio Yahuecas del mismo pueblo. Su dueño, el Pulga dejó cocinar a una de las jóvenes del Alto de Cuba que fueron de excursión. Echaron el día jugando al billar y al dominó. Pero algo llamó la atención de Paisita: el dueño puso un vasito de ron en el marco de la ventana. Preguntó al dueño:

“Adiós, Luis, ¿por qué tú haces eso?” Y el dueño le dijo que esperara un momento. “Observa”. En seguida apareció un lagartijo que comenzó a beberse el palo. Un rato después, como todos los días, “el lagartijo estaba patas arriba”.

Luego Paisita me contó la historia del cabro Pepe, que todas las mañanas se escapaba de la granja para bajar a un negocito cercano en la cantera en Ponce. “Ahí le ponían un cigarrillo en la boca y él se lo fumaba y también le daban ron”.

“Cuando el cabro Pepe ya estaba picado, se subía para su casa tambaleándose como nosotros mismos”, puntualizó Titín Báez.

“Venía gente de todo el mundo a visitarlo. No lo podía tocar nadie porque era cliente regular. Fíjate si era leyenda que el que lo mató todavía está preso”, añadió Paisita.

En el colmadito de Sharon, las cervezas siempre están frías, a pesar de LUMA, porque Casa Pueblo le instaló placas solares.

Festival Mariana Bracetti 2026 convoca a Río Piedras a un “Grito de Solidaridad”

La Comunidad de Blondet celebrará una nueva edición del festival el jueves, 24 de septiembre, reafirmando la cultura, la organización comunitaria y la solidaridad como herramientas para fortalecer nuestros barrios.

La Comunidad de Blondet, en Río Piedras, celebrará el próximo jueves, 24 de septiembre de 2026, una nueva edición del Festival Mariana Bracetti, este año bajo el lema “Grito de Solidaridad”, una invitación a reconocer la fuerza que surge cuando las comunidades se organizan, se acompañan y trabajan juntas por el bienestar colectivo.

“Hablar de solidaridad es hablar de cómo nos cuidamos, cómo defendemos nuestros espacios y cómo reconocemos que lo que ocurre en una comunidad también nos afecta como pueblo. Queremos que este Festival sea precisamente eso: un llamado a encontrarnos, apoyarnos y celebrar todo lo que somos capaces de construir cuando trabajamos colectivamente”, expresó Rahisa Delucca Morales, Vicepresidenta de la Junta Comunitaria del Casco Urbano de Río Piedras.

“La celebración busca, además, reconocer el trabajo y legado de las mujeres lideresas y de las personas que, desde sus realidades buscan mejores condiciones de vida y bienestar”, añadió Delucca Morales.

El Festival lleva el nombre de Mariana Bracetti, figura histórica estrechamente vinculada al Grito de Lares y símbolo de participación, valentía y compromiso colectivo. Una de las calles principales de la Comunidad de Blondet lleva también su nombre, relación que dio origen a la identidad del Festival y que cada año sirve como punto de partida para reflexionar sobre la historia desde las experiencias presentes de la comunidad.

El lema “Grito de Solidaridad” toma inspiración de la figura de Bracetti y de su vínculo con la lucha colectiva en Puerto Rico, pero también de las experiencias cotidianas de solidaridad que trascienden las fronteras de los barrios y sostienen a nuestras comunidades.

“Una de las características que distingue al Festival es su compromiso con visibilizar la clase artística de las comunidades de Río Piedras y sectores aledaños”, expresó Miguel Acevedo Sierra, líder comunitario en Blondet y artesano.

Asimismo, el Festival convoca a organizaciones de base comunitaria para que puedan acercar sus servicios, conocimientos e iniciativas al público. Estos espacios buscan promover experiencias participativas e interactivas que faciliten el aprendizaje y el intercambio de saberes mediante prácticas de educación popular.

“De esta manera, el Festival procura combinar celebración, el goce, acceso a la cultura y aprendizaje en un mismo espacio, reconociendo que las comunidades también producen conocimiento, arte, propuestas colectivas y formas propias de organización”, sostuvo Acevedo Sierra.

“El Festival no ocurre solamente el día de la actividad. Se construye poco a poco, a partir de las personas, organizaciones, artistas y comercios que deciden sumarse. Ese proceso de colaboración también representa nuestro ‘Grito de Solidaridad’: reconocer lo que cada cual puede aportar y ponerlo al servicio de la comunidad”, finalizó Delucca Morales.

La duodécima edición del Festival Mariana Bracetti 2026 contará con la colaboración del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), la Universidad de Puerto Rico, la Junta Comunitaria del Casco Urbano de Río Piedras y el Fideicomiso para el Desarrollo de Río Piedras.

Además, contará con la participación artística de Nore Feliciano, Los Berets, Bucaneros, Conjunto Achiote, Tuna UPPRP, Pastrana y Zayas, Grupo sin Nombre y Andrea Cruz, ofreciendo una programación variada desde salsa, música independiente, merengue y bachata.

El Festival Mariana Bracetti se ha convertido en un espacio de encuentro para residentes de Blondet y de otras comunidades de Río Piedras, reuniendo expresiones culturales, iniciativas comunitarias, arte, música, artesanía y espacios de educación y participación ciudadana. Luego de una pausa provocada por el huracán María y posteriormente por la pandemia, el Festival Mariana Bracetti fue retomado en 2022 y desde entonces ha continuado celebrándose como una iniciativa impulsada desde la propia comunidad.

Para conocer las próximas actualizaciones y anuncios del Festival, visite https://festivalmarianabracetti.com/ y siga sus plataformas de redes sociales.

Chabela Rodríguez reivindica la danza puertorriqueña con su nuevo álbum

Chabela presenta su reciente produccuón. Foto Christian Rosado/Especial para En Rojo

EN ROJO

La composición musical homenajea grandes clásicos del género nacional

La cantante y músico Chabela Rodríguez lanzó, el 13 de septiembre, su nuevo álbum de piezas clásicas de danza puertorriqueña, Danza de la tierra mía, desde el Centro de Bellas Artes en Santurce, en un concierto íntimo acompañada de amistades, artistas y figuras relacionadas con la danza nacional.

En épocas en que la bomba, la plena, el seis chorreao, el aguinaldo, la salsa y otros géneros musicales asociados con la identidad puertorriqueña están en boga, Rodríguez apostó por rescatar los merengues y los acordes de la danza. Para la artista, la danza es un ritmo relegado dentro de este auge de la música nacional.

“Este proyecto fue pensado, hace unos años, por una amiga que financió el proyecto: Carmenchi García. Hace años ella pidió que hiciera este trabajo de danzas puertorriqueñas, y en aquel momento dije que no es el momento, no es el momento. Pero este año pasado le dije a Carmenchi que ahora es que es, que vamos a trabajar con la danza. Un poco reconociendo que la música puertorriqueña está en boga”, contó la artista a CLARIDAD, previo al concierto.

Pero esa tendencia, agregó, parece olvidar uno de “nuestros géneros por excelencia”, la danza, de modo que esta producción busca traer estas piezas a la memoria nacional. “Nuestra música de cámara”, le dice Rodríguez, al también referirse a la reducida cantidad de músicos que suelen interpretar una pieza de danza.

La danza surgió como un estilo musical que enfatiza el elemento nacional, asegura la “Cantora Boricua”. “A finales del siglo XIX, cuando se trabaja la danza, se trabaja desde ese elemento nacional. Ahí comienza ese lenguaje más puertorriqueño dentro de la música. Así que queríamos traer la danza y, por supuesto, hacerla más popular. Hay unas generaciones que conocen esas danzas, y las que hicimos en el disco son vasta conocidas por unas generaciones”, continuó Rodríguez.

Además de un homenaje al género, la intérprete reparó en que Danza de la tierra mía supone un recordatorio para nuevas generaciones que desconocen el estilo musical. La tendencia actual de integrar ritmos musicales puertorriqueños presentaron, a juicio de Rodríguez y el maestro pianista Víctor Meléndez Donhert, “el momento providencial” para producir el disco.

“En 2023, nosotros grabamos la danza que se va a escuchar hoy, Tierra mía, pero solo grabamos esa canción. No grabamos el álbum completo, sino que grabamos esa pieza de Papio Paz, pero encendió la chispa para continuar el junte y crear ese disco. Y mira, la historia no la borra nadie. La historia es como el ADN. Mientras exista la memoria de los grandes compositores como Morel, como Tavárez, como Quintón, como Narciso Figueroa, es imposible borrar la danza. Cuando hay obra, eso no se borra”, expresó Meléndez Donhert, quien colaboró con Rodríguez como el piano del álbum.

El maestro pianista difiere con quienes afirman que “la danza es cuestión del pasado”, y no escatimó en aseverar que funge como uno de los géneros musicales de mayor excelencia en la historia de Puerto Rico. Autor de numerosas danzas y reconocido en el Instituto Cultura Puertorriqueña (ICP) por su ejecución pianística, Meléndez Donhert considera un deber producir música para su “patria” Lo siente como una verdadera obligación. Tan verdadera como el arrobo que le cobra la mirada cuando evoca a su maestro, Jesús María Sanromás, y aquella indeleble danza “Laura y Georgina”, de Juan Morel Campos.

“Hay unos elementos que Víctor menciona que tienen que ver con partes de las danzas. Por ejemplo, él dice merengue. No quiere decir el merengue de la República Dominicana, sino partes de la composición de la danza… El encuentro entre nosotros dos no es una casualidad. Es un respeto mutuo y una admiración mutua. Yo lo conocí primero porque acompañó a los grandes artistas de este país y fuera del país. Es un personaje respetado por todos los músicos”, dijo Rodríguez.

La velada del álbum

A las 5:25 p.m., minutos después de concluir esta conversación, más de 100 personas del público aplaudieron para recibir a la

Foto por Christian Rosado Medina. Especial para En Rojo

Cantora Boricua. Figuras como el propio Papio Paz, Zoraida Santiago, Idalia Pérez Garay, Ana Irma Rivera Lassén y hasta la nieta de Juan Morel Campos ovacionaban a Rodríguez y Meléndez.

A las 6:15 p.m., una pareja de la audiencia acompañó a la voz y el piano mientras bailaban. Ramón Montañez y Elizabeth Torres daban pasos parsimoniosos, calculados, mientras retenían un brazo cerca del pecho y otro estirado. Torres sostenía, en la mano alargada, el abanico de mano que las mujeres cargan en este rito nacional. Cuando terminaron, la intérprete del baile indicó que el abanico fungía, en aquel siglo XIX, una suerte de idioma entre las mujeres, a quienes se les prohibía hablar en público.

“Danza de la tierra mía es un recorrido por la memoria sonora de nuestro país, desde la elegancia del siglo XIX– con toda esa cosa del abanico– hasta la vibrante lírica de nuestros compositores contemporáneos como Papio Paz. Cada pieza es un tributo a la identidad que nos define. Acompañan, a estas piezas, la maestría de nuestro Víctor Meléndez Donhert, y entregamos esta producción como un abrazo a la historia y un abrazo al porvenir esperanzado de nuestro Puerto Rico”, compartió Rodríguez con la audiencia.

El resto de la noche, el dúo interpretó piezas como “El baile del coquí”, “Tierra mía”, “Tú vives en mi pensamiento”, “Verde luz” y otras danzas que encantaron al público hasta impelerlo a la noche serena.