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La importancia de 18va cumbre de los BRICS

 

Por Frei Beto

 

La 18va cumbre de los BRICS, celebrada en Nueva Delhi los días 12 y 13 de septiembre, fue la más compleja y, tal vez, la más importante desde la creación del bloque. Presidida por la India con el tema “Resiliencia, innovación, cooperación y sostenibilidad”, la reunión cerró un ciclo que transformó al BRICS de un acrónimo económico en un actor político central.

Hoy, el bloque ampliado –Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Indonesia, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita–representa el 45% de la población mundial, el 40% del PIB en paridad del poder de compra y el 25% del comercio global. Sumados los asociados e invitados del “segmento ampliado”, en el cual se incluye Cuba, fueron más de 30 países los que se reunieron en Nueva Delhi.

Los miembros del BRICS llegaron divididos a la India. La guerra iniciada por los Estados Unidos e Israel contra Irán hace siete meses prácticamente cerró el Estrecho de Ormuz y llevó el precio del petróleo a más de cien dólares. Dos miembros del bloque están en lados opuesto: Irán, miembro desde 2024, y Emiratos Árabes, que suspendió los contactos con Teherán tras ser alcanzado por sus misiles.

Encontrar un lenguaje común sobre el conflicto en la declaración final sería una gran pueba de madurez. Se logró. El evento terminó con un consenso en torno a cuatro puntos fundamentales:

1) Preocupación con la escalada de las tensiones en el Medio Oriente provocada por la complicidad entre los Estados Unidos e Israel, y defensa de la integridad y la soberanía de los Estados.

2) Condena a la imposición de sanciones unilaterales y medidas coercitivas que violan el Derecho Internacional, incluidas las sanciones económicas y secundarias que afectan a poblaciones vulnerables.

3) Defensa de Cuba: a petición de la diplomacia brasileña, representada por el canciller Mauro Vieira, el BRICS manifestó su preocupación ante el endurecimiento del criminal bloqueo impuesto por la Casa Blanca. Y exigió el fin de las restricciones económicas y financieras, de conformidad con las resoluciones de la ONU.

4) Gobernanza global: una fuerte defensa de la reforma del orden mundial y la ampliación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como refuerzo al papel del multilateralismo.

En un mundo signado por las sanciones occidentales, los aranceles y el uso del dólar como arma política, el orden del día económico dejó de ser técnico. El presidente del Banco Central de la India, Sanjay Mahlotra, puso sobre la mesa la interrelación de los sistemas de pago rápido y las monedas digitales de bancos centrales (CBDC) de los miembros. La idea es reducir costos, facilitar el comercio en monedas locales y disminuir la dependencia del dólar.

Esa es una agenda que irrita a Washington. Donald Trump ya llamó al BRICS “antinorteamericano”.. pero que le interesa directamente a Brasil, el mayor exportador de soya y carne, y a la India, uns gran importadora de energía.

Xi Jinping hizo su primera visita a la India en siete años. Narendra Modi y Xi negociaron la normalización de las relaciones tras años de tensiones en la frontera del Himalaya. A la vez, Modi se reunió con Vladimir Putin para reafirmar la compra de petróleo ruso, aun con las presiones norteamericanas.

La India, que mantiene un buen contacto con Rusia, Irán, el Golfo, los Estados Unidos e Israel, se ubica como el único puente posible dentro del bloque y fuera de él.

Brasil tuvo un papel semejante al defender la “gobernanza global inclusiva y el fortalecimiento del multilateralismo”.

Con la ONU debilitada y el G20 paralizado por vetos, los países del Sur Global miran a los BRICS como un espacio de estabilidad. La presencia en Nueva Delhi del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, no fue protocolar. El bloque discutió la reforma del FMI, el Banco Mundial, la OMC y reglas para el comercio agrícola, la transición energética y la inteligencia artificial.

La reunión de la India no creará un orden mundial en un par de días. Pero puede consolidar tres mensajes: que es posible mantener la unidad incluso con grandes diferencias internas, que existe una alternativa técnica al sistema financiero dolarizado y que el centro de gravedad económico y político del mundo ya se ha desplazado.

En un escenario de guerras simultáneas en Ucrania y el Medio Oriente, crisis climática y fragmentación comercial, el BRICS dejó de ser un club de países emergentes. En Nueva Delhi se presentó como un laboratorio del multilateralismo que avanza.

Reproducido de www.cubadebate.cu

 

Como docentes no tenemos que resolver todos los temas “controversiales” en una sola clase

ESPECIAL PARA EN ROJO

¿Los hombres y las mujeres deberían tener los mismos derechos dentro del matrimonio?

Con esta pregunta empecé mi clase de literatura avanzada para estudiantes de 17 años en Estados Unidos. Por lo general, siempre empiezo con una pregunta detonante antes de acercarnos al texto que vamos a leer. Al principio, todos dijeron que sí: hombres y mujeres debían tener los mismos derechos. No recuerdo uno que haya dicho que no.

Después les dije: “Giren y hablen con su compañero de al lado o con quien esté detrás de ustedes y discutan esa pregunta”. Yo caminaba entre sus asientos escuchando cómo estaban problematizando la pregunta que les hice. Al cabo de varios minutos, los traje de vuelta y les dije: “Bien, ¿llegaron a alguna conclusión? ¿Quién quiere compartir de qué hablaron?”.

Patricia, nombre ficticio para proteger la identidad de la estudiante, levantó la mano y dijo: “Bueno, si digo que no, se va a escuchar feo. No es que no deban tener los mismos derechos. Es que cada cual tiene algo que hacer”. Y casi la mayoría afirmó que estaba de acuerdo con lo que su compañera había expresado.

Y ahí fue que la conversación se puso buena. Le contesté: “Lo que estás planteando son roles de género”. Entonces les pregunté: ¿qué roles se supone que deben asumir los hombres y las mujeres dentro de un matrimonio? Les pedí que giraran y hablaran de nuevo con la persona que tenían al lado. Y otra vez, los traje de vuelta a la discusión. Ahí empezaron a salir las respuestas.

La mujer debía encargarse más de la casa y de los niños porque, según ellos, tiende a ser más cariñosa y cuidadora. El hombre debía trabajar, proveer y proteger. Así que les hice otra pregunta: “¿Y estaría mal que una mujer trabajara mientras su esposo decide quedarse en casa cuidando a los niños?”. Las caras de desaprobación ante la atrocidad que su maestra acababa de decir me dieron bastante información.

En algún momento me preguntaron: “¿Y usted qué piensa?”. Y decidí no contestar. Podía haber aprovechado para explicarles que muchas de esas ideas están atravesadas por una sociedad patriarcal, hablarles de cómo construimos socialmente el género y darles una clase completa sobre el tema. Pero no quería hacer eso. Al menos, no todavía.

Porque mientras ellos hablaban, yo estaba haciendo otra cosa: estaba tratando de entender desde dónde estaban pensando. Qué entienden por igualdad. Qué consideran un rol “natural” para un hombre o una mujer. Hasta dónde llega esa igualdad cuando dejamos de hablar de ella en abstracto y empezamos a poner ejemplos concretos. Necesitaba ver dónde estaban antes de decidir hacia dónde llevar la conversación.

Y puedo darme ese tiempo porque el currículo también me lo permite. El texto que íbamos a leer ese día era Lo que le sucedió a un mozo que se casó con una muchacha de muy mal carácter, el Ejemplo XXXV de El Conde Lucanor, escrito por Don Juan Manuel en la España medieval. Después de leerlo, mis estudiantes tenían que compararlo con una publicidad de Van Heusen de 1951, producida en los Estados Unidos de la posguerra, en la que aparece una mujer arrodillada llevándole el desayuno a su esposo que está acostado en la cama.

Y aquí aparece para mí la importancia no solo del diseño curricular, sino de un buen programa de literatura cuando trabajamos temas que pueden ser controversiales en el salón de clase. La construcción del género y la sociedad patriarcal no aparecen solamente en esta obra. Vamos a encontrarnos con ellas una y otra vez, en textos diferentes y en momentos históricos distintos.

Una historia nos permite acercarnos a problemáticas como la desigualdad de género, el racismo o la xenofobia sin necesariamente empezar por los conceptos abstractos que, en medio de la polarización actual, pueden hacer que muchos adolescentes se pongan inmediatamente a la defensiva. La literatura nos permite ver esas problemáticas encarnadas en personajes, conflictos y sociedades, pero también observar cómo se van transformando a través de la historia.

Eso fue precisamente lo que ocurrió en esta clase. En El Conde Lucanor, escrito hace casi 700 años, mis estudiantes encontraron una representación de la sociedad patriarcal basada en la violencia y la intimidación. Después tuvieron que mirar una publicidad estadounidense de 1951 y preguntarse qué había cambiado. La sociedad era otra. Habían pasado siglos. Sin embargo, allí también aparecía una representación de la dominación masculina. La diferencia era que ya no se presentaba de la misma manera: en la publicidad, esa dominación aparecía como algo deseable, algo que la propia mujer parecía querer.

Por eso no necesito dar en ese momento la gran clase sobre género y pretender que el asunto quedó resuelto. Un buen programa de literatura puede hacer mucho más que hablarles directamente de una problemática: puede permitirles encontrarse con ella una y otra vez, verla desde distintos textos, contextos y momentos históricos, comparar sus transformaciones y construir preguntas cada vez más complejas. Voy a tener muchas oportunidades para volver sobre lo que hablamos ese día.

De hecho, me interesa más ver qué pasa cuando esas ideas que escuché ese día empiezan a encontrarse con otras obras. Qué se mantiene. Qué empiezan a cuestionar. Qué contradicciones aparecen. Qué argumentos nuevos incorporan. Y también qué cosas siguen pensando exactamente igual. Ese proceso también es aprendizaje.

Creo que a veces, cuando enseñamos temas que nuestra sociedad considera “controversiales”, sentimos demasiada urgencia por intervenir. Queremos explicar. Corregir. Dar contexto. Introducir todos los conceptos. Asegurarnos de que los estudiantes salgan de esa clase con “la idea correcta”. Pero escuchar lo que realmente piensan también forma parte de enseñar. Y desde esa urgencia también se nos olvida que una mirada basada en el respeto y la dignidad humana necesita tiempo de maduración y que entrar de lleno con adolescentes en todos estos conceptos abstractos simplemente los agobiaría y los desconectaría de la discusión.

En esa clase, podía decirles lo que yo pensaba. Preferí seguir preguntando. Porque tengo un currículo entero para volver sobre estas ideas y ayudarles a mirarlas desde distintos textos, contextos y momentos históricos. No necesitamos resolver todas las conversaciones controversiales en la primera clase. Primero necesitamos saber desde dónde estamos empezando.

Esta reflexión se publicó inicialmente en Educando con Perspectiva, un proyecto educativo fundado por la educadora y comunicadora Alejandra Lara-Infante, dedicado a promover la reflexión sobre la enseñanza, el aprendizaje y la educación desde una mirada crítica y fundamentada.

El contador que nos cuenta: LUMA, electricidad, datos y vigilancia en Puerto Rico

 

 

Especial para CLARIDAD

Hace unos días apareció en mi condominio una comunicación de LUMA anunciando la instalación de nuevos contadores eléctricos. El mensaje está redactado en el lenguaje tranquilizador de la modernización tecnológica: Puerto Rico tendrá 1.5 millones de “contadores inteligentes” que permitirán identificar más rápidamente las interrupciones del servicio, reducir las facturas estimadas, facilitar la integración de energía renovable y ofrecernos “mayor control” sobre nuestro consumo. Todo parece razonable, incluso deseable, en un país cuya red eléctrica lleva años siendo sinónimo de precariedad. Pero la comunicación deja sin formular una pregunta: ¿quién obtiene ahora mayor control sobre quién?

La pregunta surge porque LUMA no está simplemente sustituyendo un contador viejo por uno nuevo. Está instalando, en aproximadamente 1.5 millones de puntos de servicio, los terminales de una infraestructura digital capaz de producir, transmitir, almacenar y analizar información sobre nuestro consumo eléctrico. El contador ya no solamente cuenta. También comunica. Y porque comunica y convierte en datos actividades tan cotidianas como encender el aire acondicionado, cocinar, lavar la ropa, cargar un automóvil o producir electricidad mediante placas solares.

Quienes recuerden la historia de las telecomunicaciones en Puerto Rico encontrarán aquí una curiosa ironía. Décadas atrás se concibió PREPANET, un proyecto que pretendía aprovechar la infraestructura pública para desplegar una red de telecomunicaciones por fibra óptica hasta los consumidores. El sector privado se opuso y aquella posibilidad nunca llegó a desarrollarse tal como se había imaginado originalmente. Los nuevos contadores inteligentes son otra cosa tecnológica e histórica, pero el contraste resulta revelador: PREPANET imaginaba una infraestructura pública que llevaba capacidad de comunicación al ciudadano; la nueva infraestructura eléctrica lleva información desde el ciudadano y su hogar hacia la red. Hemos invertido el flujo.

Lo que LUMA está implementando se conoce como Advanced Metering Infrastructure (AMI). La empresa contrató a Itron para desplegar los nuevos contadores junto con una red de comunicaciones que los conectará con sus sistemas. La propia empresa describe capacidades de distributed intelligence, es decir, inteligencia computacional distribuida en los extremos de la red. Por eso llamarlos simplemente “contadores” resulta insuficiente: son también sensores y nodos de una infraestructura de datos.

El viejo contador electromecánico respondía esencialmente a una pregunta: ¿cuántos kilovatios-hora consumió esta residencia desde la última lectura? El nuevo sistema puede saber mucho más. Los documentos de LUMA ante el Negociado de Energía contienen información sobre consumo, carga, voltaje, interrupciones y restauración del servicio, eventos y otras condiciones operativas. La comunicación es, además, bidireccional: los sistemas centrales pueden comunicarse con el contador sin que una persona tenga que acudir físicamente a leerlo.

LUMA también reconoce que los nuevos equipos generan datos de consumo por intervalos. Ya no hablamos exclusivamente del número acumulado que figura en una factura mensual, sino de una serie temporal que permite conocer cómo evoluciona el consumo. Lo que la información pública que he podido examinar no permite determinar con certeza es la duración exacta de esos intervalos en Puerto Rico ni con qué frecuencia se transmiten los datos. ¿Un minuto, cinco, quince, treinta, sesenta? No es una minucia técnica. Como ejemplo, un contador que registrara cada quince minutos produciría unas 35,000 observaciones anuales por residencia. Multipliquemos eso por 1.5 millones de puntos de servicio. Ya no tendríamos simplemente facturas. Tendríamos patrones. Y los patrones hablan.

Desde hace años existen técnicas conocidas como Non-Intrusive Load Monitoring (NILM), mediante las cuales las variaciones de carga permiten inferir sobre determinados aparatos y, dependiendo de la granularidad y la calidad de los datos, sobre actividades domésticas. El contador no escribe “alguien llegó a casa a las 6:17”. Registra electricidad. Pero una secuencia suficientemente detallada puede permitir inferencias probabilísticas acerca de cuándo una residencia está ocupada o vacía, de sus períodos de actividad y de descanso, y de determinados patrones de uso de los equipos.

Quiero ser riguroso: no he encontrado evidencia de que LUMA esté utilizando actualmente esos datos para realizar inferencias conductuales similares. Una cosa es la capacidad de una tecnología y otra el uso efectivo que su operador hace de ella. Pero una sociedad democrática tampoco debería regular una infraestructura exclusivamente por lo que su administrador promete hacer hoy, ignorando lo que técnicamente permitirá hacer mañana.

Por eso pensé en las controversias recientes en Puerto Rico sobre cámaras capaces de registrar vehículos y sus tablillas. Las tecnologías son distintas, pero participan de una transformación común. La cámara convierte el desplazamiento de un automóvil en tablilla, lugar y hora; el teléfono convierte la localización, las comunicaciones y la navegación en datos; el contador inteligente transforma el consumo energético del hogar en una secuencia temporal susceptible de análisis. Actividades anteriormente efímeras dejan rastros digitales almacenables, consultables y potencialmente correlacionables.

Quizás seguimos pensando en la vigilancia con una imagen demasiado antigua: una cámara y alguien mirando la pantalla. Los sistemas contemporáneos pueden ser mucho más banales. No necesitan un vigilante que supervise 1.5 millones de hogares. Pueden funcionar mediante bases de datos, algoritmos y patrones. La pregunta deja de ser solamente “¿quién me está mirando?” para convertirse en “¿qué sistemas me están midiendo y qué pueden hacer después con esas mediciones?”

Shoshana Zuboff llama “surveillance capitalism”, capitalismo de vigilancia, a una racionalidad económica que convierte dimensiones de la experiencia humana en materia prima para producir datos conductuales, predicciones y formas de intervención sobre el comportamiento. ¿Son entonces los contadores de LUMA parte del capitalismo de vigilancia? Creo que podemos sostener que participan de esa lógica con precisión. No he encontrado evidencia de que LUMA venda los datos de los contadores a anunciantes ni a data brokers, y su política de privacidad establece que no vende ni alquila información personal. Pero el valor económico de los datos no requiere necesariamente venderlos: puede residir en conocer mejor al usuario, clasificar consumos, detectar anomalías, administrar la demanda, reducir costos, establecer incentivos y, eventualmente, modificar comportamientos mediante el precio.

Además, hay una diferencia fundamental respecto de las plataformas digitales. Podemos cerrar Facebook, borrar una aplicación o negarnos a instalar Alexa. No podemos vivir de manera razonable sin electricidad. Y el cliente puertorriqueño tampoco parece tener un derecho general a conservar al contador anterior. LUMA afirma expresamente que el contador inteligente no es opcional. La Ley Núm. 80 de 1972, según enmendada, permite lecturas mediante mecanismos locales o remotos, mientras el Reglamento 7982 reconoce al sistema eléctrico amplias facultades para inspeccionar, reparar y sustituir sus equipos de medición.

Aquí encontramos una distinción jurídica fundamental: una cosa es el derecho de la empresa a cambiar de contador y otra es un supuesto derecho ilimitado sobre los datos que ese contador pueda generar sobre nosotros. No he encontrado en esas disposiciones una autorización explícita que establezca que aceptar electricidad implique consentir cualquier grado de recopilación, granularidad, retención, análisis o reutilización de datos de AMI. Que el aparato pertenezca al sistema eléctrico no significa que la actividad doméstica que sus datos pueden revelar carezca de protección jurídica.

Dicho de otra manera: el contador podrá ser de LUMA; nuestra vida privada no.

La distinción tampoco es una extravagancia académica. En 2018, el Tribunal de Apelaciones federal del Séptimo Circuito examinó en Naperville Smart Meter Awareness v. City of Naperville, en Illinois, un sistema que recopilaba datos del consumo residencial cada quince minutos. El tribunal determinó que esa recopilación constituía una “búsqueda” bajo la Cuarta Enmienda de la Constitución de EE.UU., puesto que estos datos, suficientemente detallados, podían revelar actividades que ocurrían dentro del hogar. Sin embargo, no la declaró inconstitucional: consideró que la búsqueda era razonable dadas las circunstancias del caso y la finalidad de administrar el servicio eléctrico. Lo importante para nuestra discusión es que el tribunal reconoció algo que suele perderse en el discurso sobre los contadores inteligentes. Los datos del consumo eléctrico pueden revelar información sobre nuestra vida privada en el hogar y, por ello, plantean un problema constitucional de privacidad.

Puerto Rico añade una dimensión propia. El Artículo II, Sección 8 de nuestra Constitución protege expresamente la vida privada y familiar, mientras que la Sección 10 protege contra registros y allanamientos irrazonables. ¿Cómo se aplicarán esas garantías a una infraestructura capaz de generar datos granulares de millones de hogares? Es una pregunta jurídica que merece mucha más atención. Y surge una paradoja: precisamente porque no existe un opt-out sencillo, la protección de los datos debería ser mayor. El consumidor no está negociando libremente si desea participar en una plataforma digital; necesita electricidad y debe utilizar el equipo de medición que determine el sistema. El sensor viene con el servicio esencial. Ojalá y la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico pueda arrojar luz sobre qué hacer con esta paradoja.

Tampoco basta con decir que el contador no almacena nuestro nombre. Un identificador de dispositivo puede asociarse a otros sistemas mediante una cuenta, una dirección y un titular. La política de privacidad de LUMA contempla, además, a los proveedores de servicios y la divulgación de información específica ante requerimientos legales, como citaciones u órdenes judiciales. Eso no significa que la Policía tenga libre acceso a nuestros contadores. Significa que debemos saber qué ocurrirá cuando una autoridad solicite datos granulares: qué orden necesita, qué información recibirá, durante cuánto tiempo se conservarán y si el consumidor será notificado.

Y llegamos a la pregunta inmediata: ¿servirán para aumentarnos la factura? El contador inteligente no incrementa automáticamente la tarifa, y LUMA afirma que su instalación no representa, por sí sola, un aumento tarifario. Una lectura más precisa sí puede corregir los estimados anteriores. Pero AMI introduce algo mucho más importante: permite saber cuándo consumimos. Eso hace técnicamente posibles tarifas time-of-use y precios dinámicos en los que el precio de la electricidad varía según la hora o la demanda. Tales tarifas requerirían el proceso regulatorio correspondiente; el contador no autoriza a LUMA a imponérselas unilateralmente. Pero proporciona la infraestructura necesaria para pasar de cobrar únicamente por cuánto consumimos a incorporar también cuándo consumimos.

Entonces cambia la naturaleza de la medición: conocer para clasificar, clasificar para incentivar o penalizar y utilizar eventualmente el precio para modificar comportamientos. La diferencia entre medir una conducta y gobernarla puede reducirse a apenas una tarifa. Y tampoco todos los consumidores pueden reorganizar sus vidas según las horas más baratas. Quien cuida niños o ancianos, trabaja desde el hogar o necesita acondicionamiento de aire tiene menos libertad para reubicar su consumo. La inteligencia del contador no elimina las desigualdades sociales del hogar que mide.

Nada de esto implica que debamos oponernos a modernizar la red eléctrica. Los contadores inteligentes ofrecen beneficios reales: detectar apagones, reducir lecturas estimadas, integrar placas solares y baterías y proporcionar al consumidor información más precisa. El problema es otro: la modernización tecnológica avanza mucho más rápidamente que la conversación pública sobre los datos que genera.

LUMA nos explica los beneficios, pero todavía necesitamos respuestas sencillas: ¿qué modelo de contador está instalando?, ¿cada cuánto registra y transmite?, ¿cuánto tiempo conserva los datos?, ¿quién puede acceder a ellos?, ¿qué acceso tienen Itron y otros contratistas?, ¿para qué otros análisis pueden utilizarse?, ¿qué ocurre cuando una autoridad los solicita? Son preguntas elementales de gobernanza de datos, no de tecnofobia.

Hay finalmente una paradoja política. Esta transformación forma parte de una reconstrucción sostenida, en buena medida financiada con fondos públicos federales. Los recursos públicos contribuyen así a financiar una infraestructura que incrementa considerablemente la capacidad de una empresa privada para producir y administrar datos derivados de un servicio público esencial. Eso no hace ilegítimo el proyecto; hace mayor la obligación de transparencia y de fiscalización democrática.

Quizás hemos formulado mal, durante años, la discusión sobre la privacidad digital porque seguimos buscando cámaras. Pensamos que la vigilancia implica que alguien nos mira. Cada vez más significa que algo nos mide. El automóvil, el teléfono, la tarjeta de crédito y las plataformas generan datos. Ahora también los genera la infraestructura eléctrica. Lo común es la transformación progresiva de la vida cotidiana en información persistente.

Ese es el sentido en que podemos hablar de un panóptico digital y de una infraestructura que participa de la lógica del capitalismo de vigilancia. No porque alguien en LUMA esté mirando cuando encendemos el acondicionador de aire ni porque tengamos evidencia de que nuestros datos eléctricos se estén vendiendo, sino porque un servicio indispensable comienza a producir información sobre nuestra vida que el sistema anterior sencillamente no podía generar. Y, además, no podemos optar por quedarnos fuera.

Hace décadas imaginamos PREPANET, una red pública que utilizaría la infraestructura para ampliar la capacidad de comunicación del ciudadano. Hoy desplegamos otra capaz de ampliar lo que la infraestructura puede conocer del ciudadano. LUMA nos promete que el nuevo contador nos dará mayor conocimiento y control sobre nuestro consumo. Bienvenida sea esa posibilidad. Pero la reciprocidad democrática exige la misma transparencia en sentido inverso.

Si el contador va a conocernos mejor, tenemos derecho a conocerlo mejor. Sobre todo, queremos saber qué sabe el contador sobre nosotros.

 

El Local en Santurce: nueva administración provee continuidad del proyecto cultural y comunitario

 

ESPECIAL PARA EN ROJO

El Local en Santurce permanece como un bastión de las artes independientes durante los últimos casi 20 años, y ahora cuenta con dos nuevas administradoras que le dan continuidad al centro cultural y comunitario en la Avenida Fernández Juncos. Converso con Zuania Colón e Yvonne Santiago sobre su faena como nuevas organizadoras y gestoras del espacio artístico.

(Esta y todas las fotos fueron suministradas por Zuania Colón)

Establecido en el 2008 como un espacio de encuentro entre rockeros y diversos grupos del underground en la zona capitalina, ha servido como un escenario importante para el desarrollo de proyectos artísticos, entre la música, el teatro, el cine, la performance, la danza y otras artes visuales, como un espacio de apoyo mutuo para miembros de la comunidad artística. Se le ha titulado como un dive bar, al ser un espacio pequeño, ecléctico y accesible a todo público que busque un espacio seguro libre de prejuicios.

Es importante repercutir a la crónica que hiciera el periodista Joel Cintrón Arbasetti titulada “El Local”, publicada en la serie Literatura Hoy del Instituto de Cultura Puertorriqueña en el 2016: “la luz es suave, de lámpara de dormitorio; el aire es hogareño; hay dos estanterías con puertas de cristal repletas de memorabilia pop, una sala amplia con sofás y butacas, y una vellonera llena de discos de bandas locales”. La vellonera ahora contiene piezas de arte de artistas que acuden al espacio, y además hay un cuarto pequeño con cuatro máquinas de videojuegos y una sala para shows del tamaño de una marquesina.

La gestión del espacio ha transcurrido por diversos grupos de personas que se han relacionado con el negocio de manera directa, aportando sus capacidades de organización para desarrollar carteleras culturales, talleres educativos, mesas de diálogo y espacios de acopio para necesidades de su comunidad, que en todo caso son los artistas del patio y sus seguidores

Zuania, productora y música, e Yvonne, ilustradora, son dos asiduas concurrentes de El Local desde su apertura, y siempre mostraron interés en participar en el espacio, en el caso de Zuania habiendo organizado espectáculos musicales y tocando con diversas bandas. Según me comentan, a principios del 2025, uno de los colaboradores originales, Giancarlos, organizaba las labores de manera remota y comenzaron las conversaciones con otro de los socios, Félix, sobre la necesidad de apoyo en el proyecto. En mayo ocurre una tragedia sin precedentes en el espacio, que fungió como catalítico para el cambio de administración, según me afirma Yvonne, quien llevaba trabajando a tiempo completo en la barra y organizando el karaoke durante más de un año y a quien pretendían hacer socia del consorcio anterior.

El espacio estuvo dos meses cerrado. Se propuso un fondo de reapertura con un monto de $10,000 para gastos operacionales, cantidad que fue recaudada sin escatimos de su comunidad que añoraba el cierre no fuese definitivo, a pesar de lo ocurrido.

El 31 de agosto del 2025, abre las puertas bajo la administración de Zuania e Yvonne con un evento de matineé que contaba con una cocina solidaria y varias presentaciones musicales. Un mes después, celebraron el aniversario de la Cocina Huracanada (2017), donde se emuló aquel proyecto pos-María que ofrecía comida, talleres y espacios de conversación, impulsando que la comunidad se congregara nuevamente bajo la visión de recordar la permanencia e importancia del proyecto.

Como parte de la nueva administración, han logrado mantener una cartelera semanal con eventos diversos para el disfrute de la comunidad. Tienen su famoso karaoke los martes, y eventos musicales de jueves a sábado. Además, Yvonne dirige un proyecto llamado “dibuja local” que invita a personas sin experiencia en la ilustración a talleres abiertos para el disfrute y ocio mediante la educación en el dibujo, lo cual ha tenido buena recepción y creado una comunidad alrededor del evento.

Otro proyecto que continúa es la Galería Local, donde colaboran los artistas Uziel Orlandi y Adrián Martínez del colectivo Contrabando, curando exhibiciones de artistas allegados al espacio y otras personas que no han gozado de una primera presentación de sus proyectos. Se llevan a cabo en la marquesina del primer piso donde se ha habilitado como una sala para presentación de proyectos escénicos y plásticos.

A preguntas sobre el funcionamiento de El Local como proyecto, Zuania me comenta que “es un centro cultural, porque funciona como un negocio regular, pero tiene la visión de echar pa’lante a la escena alternativa e independiente del arte y mantener sus ideales; no solo colaboramos con artistas para llenar espacios, sino que creamos una comunidad, que es la que siempre nos rodea y apoya, algo que ha sido así siempre”.

Ambas organizadoras afirman que al no haber un mecanismo de financiamiento estatal a las artes, además de trabas burocráticas para conseguir permisos de venta de boletos y carecer de oportunidades de subvenciones al ser un negocio que vende alcohol, queda de utilizar las vías disponibles para lograr un capital que sea de significancia para la clase cultural que pretender vivir de su labor artístico.

En momentos en que el desarrollo de proyectos culturales se ve amenazado por el desplazamiento rampante, la pobre consecución de recursos económicos para los artistas y el consumo desmedido sin consecuencias, El Local ha adoptado el lema “el jangueo es político”. Me comentan que este estatuto fue encomendado por la bailarina Cristina Lugo, quien, en conversación con sus compañeras del grupo La Exorcista, afirman que a pesar de que ellas hacen eventos de diversión con toques maximalistas, al momento de desarrollar las propuestas, están constantemente conversando sobre las situaciones políticas del país, por lo que hace de su faena artística una política al siempre tener presente la gestión cultural en tiempos de crisis y afirmar un cambio desde las artes.

Zuania comenta, “si vamos a salir a gastar dinero, vamos a gastarlo en negocios de aquí, que pagan impuestos aquí, contratan gente de aquí, a los hermanos dominicanos y le alquila al de aquí”, haciendo alusión a diversos negocios que, a pesar de pintarse como locales, le tributan a extranjeros eximidos con la Ley 60 en lugares como Puerta de Tierra.

Los aportes de la nueva administración de El Local prometen seguir promoviendo un espacio de autogestión cultural mediante el apoyo mutuo de la comunidad artística y la ciudadanía que allí acude. Queda en manos de Zuania, Yvonne y su red de colaboradores permitir la permanencia de este proyecto para el desarrollo de las artes en Puerto Rico, y que su funcionamiento nutra la pasada, presente y futura generación de artistas y sus propuestas. De esta manera, se vive según el lema legendario que ha sido adoptado hace más de una década, “flaquear no es una opción”.

Para conocer más sobre el proyecto pueden ir a su página web www.ellocalensanturce.com, visitar sus redes sociales @ellocalensanturce y para coordinar actividades al correo bookeo@ellocalensanturce.com

Vivo en un pueblo de cuento. Animales. (2)

Periodista okupa en Casa Pueblo

ESPECIAL PARA EN ROJO

Esta mañana las nubes levitaban tan bajas y densas sobre la Casa de las Mariposas que parecían algodón flotante que se me dispersaba entre las manos cuando salí al balcón. Por la tarde me fui a jugar dominó y a escuchar historias de Adjuntas al colmadito de Sharon en el Alto de Cuba.

En ese amoroso colmadito, señores maduros y muy machos, sin ser familia, se despiden con un “te quiero mucho, ¿sabes? Yo a ti también, papá”.

Al segundo o tercer día de visitar la barrita, Melvin, sempiterno allí, mi nefasta pareja de dominó, me dijo al despedirme un prudente “se te quiere”. Ahora, cada vez que subo al Alto de Cuba, me dice “te quiero” tres o cuatro veces. Cumple 61 años este domingo.

Había sucedido una tragedia. Una gallina, que dice Sharon que es una mala madre porque abandona a sus polluelos antes de tiempo, pasa por allí con su pollada a cada rato. En el colmadito de Sharon velan hasta a los lagartijos que se comen las gallinas del barrio. Siempre había pensado que las gallinas eran vegetarianas, pero en Adjuntas no se ven cucarachas porque ellas se las comen. Varios días vi a esa gallina con sus polluelos, uno de ellos, cojo, siempre rodeado de sus hermanos y hermanas que lo protegían. Hoy falleció. Cuando la gallina y sus polluelos doblaron la esquina, en un instante Sharon notó la ausencia del pollo cojo. Se dirigió a la gallina para reclamarle: “¿Qué tú has hecho con el cojito, mala madre?”, y nos preguntó: “¿Qué le habrá pasado al cojito?”.

“Yo sé lo que le pasó”, contestó rápidamente Fernando, uno de los locales, con cara de pirata malo pero con mucho corazón. “Allí arriba en la esquina le pasó por encima un carro y casi lo mata. Luego llegó este cabrón en otro carro que lo aplastó, sea la madre”.

Más tarde nos enfrentamos a don Wilfredo Piazza, Piasita, que jugó con Rubén Luciano, y nos dieron tremenda chiva (pela exagerada, paliza descomunal y vergonzosa) que disfruté mucho, porque voy allí, sobre todo, a que me cuenten historias del pueblo. Esos tipos saben las fichas que tienes a la primera que sueltas.

Los relatos más graciosos que me han contado hasta ahora son los de un lagartijo borrachín y el de un cabro fumador de Ponce.

Sharon cierra los domingos, así que los parroquianos tienen que buscarse la vida. Un domingo, un bonche de locales decidió salir al campo. Lo de salir al campo es un decir, porque se la pasaron en el colmadito de Luis Pulga en el barrio Yahuecas del mismo pueblo. Su dueño, el Pulga dejó cocinar a una de las jóvenes del Alto de Cuba que fueron de excursión. Echaron el día jugando al billar y al dominó. Pero algo llamó la atención de Paisita: el dueño puso un vasito de ron en el marco de la ventana. Preguntó al dueño:

“Adiós, Luis, ¿por qué tú haces eso?” Y el dueño le dijo que esperara un momento. “Observa”. En seguida apareció un lagartijo que comenzó a beberse el palo. Un rato después, como todos los días, “el lagartijo estaba patas arriba”.

Luego Paisita me contó la historia del cabro Pepe, que todas las mañanas se escapaba de la granja para bajar a un negocito cercano en la cantera en Ponce. “Ahí le ponían un cigarrillo en la boca y él se lo fumaba y también le daban ron”.

“Cuando el cabro Pepe ya estaba picado, se subía para su casa tambaleándose como nosotros mismos”, puntualizó Titín Báez.

“Venía gente de todo el mundo a visitarlo. No lo podía tocar nadie porque era cliente regular. Fíjate si era leyenda que el que lo mató todavía está preso”, añadió Paisita.

En el colmadito de Sharon, las cervezas siempre están frías, a pesar de LUMA, porque Casa Pueblo le instaló placas solares.