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Seremos Libres

 

 

Especial para CLARIDAD

Estamos aquí frente a las cruces de dos luchadores por la independencia. Y nos preguntamos qué mensaje debemos expresar ante este lugar que nos permite recordarlos. Ciertamente el mensaje debe ser uno de lucha, de unidad y resistencia, con la seguridad de que seremos libres.  Sí, Puerto Rico será libre y soberano. Los actos de conmemoración en el Cerro Maravilla, de los asesinatos de los jóvenes independentistas Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado, es un encuentro que debe servir para reafirmar que Puerto Rico siempre ha sido un país en lucha, por la independencia y plena soberanía. Son luchas en las que muchas personas han ofrendado sus vidas y merecen ser recordados.

Tengamos presente la lucha de muchas generaciones de puertorriqueños y puertorriqueñas que han levantado el estandarte de la independencia. Esto es algo que nos debe servir para educar a las presentes y futuras generaciones sobre la historia de lucha y resistencia en la colonia; visibilizar lo que es el imperialismo, el capitalismo, el neoliberalismo y cómo se ha pretendido mantener la dominación colonial de nuestra patria.

Para alcanzar ese futuro anhelado de un Puerto Rico Libre y Soberano, tenemos que impulsar la unidad. Esa es una gran lección aprendida en los procesos de lucha y resistencia de nuestro pueblo. Sin unidad no hay victoria.

El pueblo de Puerto Rico es como las flores silvestres, dan alimento, dan belleza y viven en resistencia; luchando por ocupar esos espacios vacíos que poco a poco vamos sembrando con semillas de liberación. Desde ellos construimos trincheras de lucha, sin dejar que las inclemencias nos derroten. Las plantas silvestres son el espejo en donde mirarnos. Son bellas, en resistencia, en lucha, y nos debe servir como imagen del pueblo en diversas luchas, aportando y creciendo. Tendiendo redes, enredando a todo, como el tejido palestino que es una red, así somos. Somos las redes de los pescadores de Vieques y Palestina, somos las redes de apoyo a las víctimas diversas en la colonia, somos los/las/les luchadores que seguimos dando la batalla, sacrificado, pero sembrando.

Recordemos que cada nueva lucha viene de personas que construyeron la lucha en el pasado, que no la dejaron caer y la traen hasta el presente para que nuevas generaciones la impulsen hasta la victoria. Esos viejos y viejas que nos sembraron la ilusión de que podemos ser libres, que nos enseñaron diferentes caminos, unos con dolor y otros menos doloroso, han sembrado y esparcido semillas en cada camino. Nos han enseñado a reconocer que los tropiezos no son derrotas, porque surgen nuevas flores que nacen, crecen, se desarrollan y siembran esperanzas. Hay que recordar que fueron ellos y ellas los que recuperaron el idioma, los que con acciones simples -algunos desde la fe-, fueron derrotando el asimilismo y forjando el derrotero patriótico y la identidad.

En ese sentido vale recordar al Padre Margarito y la Cruzada Patriótica Cristiana. Proceso de lucha y organización en donde se luchó junto los pobres estableciendo varios núcleos en diferentes barrios para desde ahí construir ese mundo nuevo. Tenía el objetivo de educar sobre la situación colonial de Puerto Rico y crear conciencia de la importancia de la autogestión en sus comunidades. Son algunas de las historias olvidadas que debemos rescatar para aprender de las mismas.

Son esos luchadores, los que sacaron la Marina de Guerra de Vieques y Culebra, los que se opusieron y denunciaron al servicio militar obligatorio, sacaron el ROTC de la UPR, defendimos y exigimos autonomía y democracia en la UPR, los sacamos de sus bases… y también luchamos por el ambiente, defendiendo las playas para el pueblo y diciendo no a la minería, no a las nucleares y otras muchas luchas ambientales, como fue la denuncia de la contaminación ambiental de las fábricas y las bases militares. Cuando leemos las ediciones pasadas de Claridad nos muestran muchas de esas luchas.

Pero también las que construyeron los espacios de libertad de los derechos reproductivos y sexuales, los derechos a la educación, los derechos a la salud y los derechos a usar la bandera de Puerto Rico, decir la palabra libertad y usar emblemas patrios, los que fuimos a la ONU a denunciar el colonialismo, los que denuncian el colonialismo en diversos foros, y todos esos que luchamos en Puerto Rico y allá en las entrañas del monstruo.

Fuimos construyendo espacios de liberación desde las cooperativas, el ambiente, la acción social y comunal, la cultura, los foros académicos, los pescadores, los agricultores, el rescate de terrenos, desde el sindicalismo y en defensa de los derechos humanos, contra el racismo, el sexismo y la xenofobia.

Aunque hemos cometido errores, aprendemos de estos para poder continuar sembrando las semillas que hoy utilizan las rendijas para florecer y poco a poco derrumbar los muros del colonialismo, del imperialismo y el capitalismo salvaje.

Hemos aprendido que nunca debemos de dejar de educar, de unirnos y luchar. Prohibido olvidar las luchas pasadas que sembraron las semillas. Y cada día debemos aprender. Con nuevas herramientas analíticas como la interseccionalidad que reconoce las desigualdades sistémicas, con la transversalización del conocimiento y desde el estudio de la colonialidad vamos destruyendo y construyendo nuevos conocimientos que nos ayudan a descolonizar, liberar y decir que si podemos ser libres y ser una nación independiente, soberana y con equidad y justicia, por eso decimos Puerto Rico será libre.

Nosotros, somos hoy ese pueblo, que va abriendo caminos diversos. Camino a las personas de preferencias sexuales diferentes y el respeto a la diversidad, para decir todos, todas y todes (que fastidia a los académicos de la lengua). Son caminos para derrumbar el racismo (tener pelos libres es un ejemplo), son los mismos que han liberado las palabras que ya no son malas palabras, son las que dicen NO es NO y me respetas… Son muchas las luchas en las que nos sumamos y todavía seguimos afirmando nuestros derechos como pueblo, como una Nación. Nos mantenemos afirmando las playas son del pueblo, no a la minería, no al incinerador, si a la agricultura diversa, protejamos el ambiente, luchamos por la UPR y su reforma universitaria, luchamos por los derechos laborales y humanos, por defender el ambiente y el patrimonio natural y cultural (como es la Cueva del Indio en Arecibo)-capitalista-neoliberal, contra el calentamiento global, contra la gentrificación y desplazamientos (la nueva forma de colonialismo por población) y contra las formas perversas de colonialismo como es la Junta de Control Fiscal, los buitres de la deuda, los inversionistas de ley 22 (colonialismo por población), tener la deuda odiosa sin auditar y esta corrupción colonial que es un cáncer que nos devora.

Esa unidad de Pueblo luchador y solidario que se construye y reafirma todos los días.

Somos los que reconstruimos a Puerto Rico luego de los huracanes, los temblores y llevamos mensajes positivos, sin dinero, pero con amor, a diferencia de los administradores corruptos coloniales (insensibles ante el dolor del pueblo).

Y, ahí estamos nosotros luchando por la independencia y plena soberanía, liberando a los seres humanos en sus diferentes luchas, uniéndonos y resistiendo. Sembradores de libertad porque sabemos que seremos libres. Peleamos en todas las batallas de forma diferente pero ahí estamos, solos o acompañados liberando e emancipado al pueblo y así romperemos el muro colonial. Todes somos parte de la lucha, cada cual a su paso recordando que cada acción genera una reacción, se siembra semillas de liberación y nos liberamos del miedo, de la opresión, del colonialismo. Perdemos sino aprendemos y educamos sobre lo que hemos logrado. Perdemos si no divulgamos lo que hemos hecho y construido. Perdemos si no sembramos semillas de liberación.

Nos hemos propuesto derrotar la ignorancia y sembrar esperanzas en el futuro. Poco a poco podemos derrumbar la colonia. Hemos resistido ante el pasado y dominio colonial que se hace presente queriendo hacernos retroceder, como los adictos con la droga (el colonialismo es una droga), desde un sistema educativo colonial en quiebra hasta la enajenación provocada por la televisión y los medios de comunicación. Y aunque la descolonización es difícil, se puede enfrentar esa colonialidad del colonialismo todos los días. Somos esa flor silvestre que surge; pensamos, construimos mundos diversos, interpretamos y buscamos ser libres y autónomos para recuperar la soberanía nuestra y del pueblo.

En las elecciones debemos sembrar semillas de liberación, la emancipación es posible si la gente rompe el cerco mediático y entiende que es posible, que quién te ha quitado todo es la colonia y el capitalismo depredador, neoliberal. Porque hay que decirlo, el sistema colonial capitalista está en crisis y en cada rendija debemos sembrar y construir ese futuro. En cada rendija podemos construir otro mundo posible, desde la colonia hacia la independencia, que es el futuro. Aprovechar para educar que los plebiscitos coloniales no son consultas validas en las colonias, donde la dominan el imperio, por medio de sus administradores coloniales. Siempre sembrar semillas de liberación.

Así como las flores rompen el cemento para crecer y brillar, así Puerto Rico será Libre y Soberana y lucirá ante el resto del Mundo. Como Palestina víctima de genocidio y colonialismo por población, de igual forma Nueva Caledonia ambas serán Libre, como Puerto Rico será Libre.

Decía Gilberto Concepción de Gracia que el primer deber de la juventud en las colonias es luchar por la libertad, por la independencia. Yo añado que los jóvenes son buscadores natos de caminos de liberación. Desde pequeños buscaban constantemente revolucionar las creencias, saliéndose de los caminos marcados por las tradiciones familiares. Son criticados, juzgados e incluso rechazados, esos, por lo general son los llamados a liberarse de las historias repetitivas que frustran a generaciones enteras y las condenan al colonialismo. Cumplen el papel de desintoxicar el colonialismo, crear nuevas batallas y florecer, para renovar en esa tierra fértil.

Estos dos mártires, Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado, son tierra fértil, su locura es agua que nutre, su terquedad es nuevo aire, su apasionamiento es fuego que vuelve a encender el corazón de los ancestros. “Eres y somos el sueño realizado de todes tus ancestros, y te dicen transforma la colonia.” Seremos libres.

Y recordando a Antonio Cabán Vale, el Topo, en Antonia:

“Aquellos que un día derramaron
tus pétalos de sangre no sabían que
así echaban las semillas en el aire
y a la vista del pueblo habrían de surgir.

Antonia, los pueblos no perdonan
un día esa ley se ha de cumplir.”

Antonia, Carlos y Arnaldo recuerdan que los pueblos no perdonan un día esa ley se ha de cumplir.

Somos sembradores de libertad. Seremos Libres.

 

 

 

25 de julio de 2024, 8:30 am frente a las Cruces

 

 

La democracia liberal asesinada por los liberales

 

 

 

En julio de 2024, el partido republicano de Estados Unidos puso en la fórmula presidencial como vicepresidente de Donald Trump al joven libertario J. D. Vance (las iniciales y el apellido falso se deben a su prehistoria de escritor de un best-seller barato, promovido por corporaciones conservadores). El joven se había convertido en senador por Ohio un año antes, bendecido y promovido por el poderoso lobby israelí AIPAC y por sus amigos multimillonarios de las corporaciones tecnológicas de Silicon Valley.

No por casualidad, el pensador que articula la retórica y ordena las ideas de Vance es el bloguero Curtis Yarvin, uno de los impulsores del Dark Enlightenment (Iluminismo Oscuro), según el cual las democracias son experimentos fallidos y la idea de igualdad es perversa. Es decir, variaciones de la psicopatología de la autora admirada por la derecha del siglo XX, Ayn Rand, quien afirmaba que el egoísmo es altruismo y la solidaridad un crimen.

Este nuevo movimiento libertario, ahora de forma más explícita, pregona una dictadura de las corporaciones tecnológicas, “basadas en el mérito” y el resto de los nadies (los nuevos negros) deben obedecer por su propio bien y prosperidad. ¿Vieron que los libertarios del Sur siempre están hablando de crecimiento y nunca les crece nada?

Básicamente se trata de eso: la eliminación de la libertad política de los iguales de abajo y la conveniente y universal libertad de los CEOs de arriba, de los elegidos, de los exitosos. Yarvin y la ola de influencers postcapitalistas sostienen que la democracia estadounidense debe ser destruida. Como todos vienen del sector de la tecnología, piensan con esos parámetros: es necesario apretar el botón de reset o cambiar el harware de una forma violenta, no solo el sofware.

Mi crítica ha sido la misma desde hace un cuarto de siglo: el problema no es la democracia, sino la farsa de democracia. La democracia ya ha sido destruida por los lobbies y las corporaciones que compran y venden elecciones desde hace siglos, desde la East India Company, fundada en 1600, desde los piratas privatizadores (privateers) hasta Microsoft y CrowdStrike. Como decía el gran manipulador de la propaganda Edward Bernays, mantener a la población en desconocimiento de cómo funciona el poder es la mejor forma de administrar una democracia.

En un mitin con J.D. Vance, poco después de que fuera promovido a candidato a la vicepresidencia, el senador del estado de Ohio, George Lang, dijo que, si Trump perdía las elecciones, sería “necesaria una guerra civil para salvar al país” El lado humorístico lo agregó cuando afirmó que ganarían la guerra si tenían a grupos de fanáticos como “Motociclistas por Trump” de su lado. Típica brabuconada (bravado) de borracho listo para ser noqueado por alguien más sobrio. Una metáfora geopolítica actual y los mismos argumentos de los esclavistas del Sur en el siglo XIX ante la “idea inmoral” de liberar a los esclavos, porque era un inaceptable ataque al sagrado derecho a la “propiedad privada”. Antes de ser mano de obra asalariada, los negros no descalzados eran propiedad privada.

Todo esto confirma lo que en el libro Moscas en la telaraña analizamos como la continuidad de dos elementos alternos en las estructuras de poder a lo largo de distintos periodos y sistemas sociales, lo que podía resumirse tomando como ejemplo la Edad Media: por un lado, los sistemas centralizados y, por el otro, los sistemas nobiliarios. En términos económicos, podemos verlo como monopolios y oligopolios.

Esto último se define en economía, desde Adam Smith, como “una competencia imperfecta” ―ya que Smith y los liberales del Iluminismo creían (o al menos profesaban) la idea de que la igualdad era algo bueno, algo muy anti feudal. Idea que ahora comienza a ser abandonada por los libertarios del Norte próspero, rico, poderoso y decadente que deslumbra a los colonizados del Sur, desde adolescentes votantes hasta presidentes que no superaron los traumas de la adolescencia.

La “competencia imperfecta” es la observación desde una visión utópica del liberalismo y de liberales como Adam Smith: la aceptación de la igualdad básica como virtud social y de la competencia que premia a los individuos por sus méritos, pero sin destruir esa igualdad inicial, sin privilegios, como ser nacer en un hogar rico o en un país imperial. Dogmas cristalizados por la ingenuidad del siglo XVIII.

Estas contradicciones nunca fueron resueltas por el liberalismo sino todo lo contrario: fueron progresivamente agravadas (debido a la naturaleza acumulativa de poder del capitalismo) lo que lleva, irónicamente, a su opuesto ideal: al autoritarismo.

Por este Modelo de progresión inversa analizado antes, el surgimiento y maduración de uno de los sistemas conduce a su propia caída y reemplazo por el opuesto a través de continuidades de poderes y privilegios. Por ejemplo, el feudalismo se continuó con el liberalismo (los poderosos señores feudales se convirtieron en señores capitalistas) y continuaron su tradición de exigir “libertad de acción” de sus comarcas amenazadas por el poder absoluto del rey en Europa o del gobierno Federal en Estados Unidos. En la Era Moderna, le exigieron al poder centralizado (“autoritario”) que no limitase su poder de acción económica (“libertad―de empresa”), al tiempo que le exigían a esos mismos gobiernos centrales la protección del poder represivo y colonial de sus ejércitos. De ahí el amor de los liberales posmodernos por la fuerza represiva de la fuerza militar de los gobiernos que prefieren llamar “protección de un individuo ante la agresión de otro(s) individuo(s)”.

Este sistema se llamó “democracias liberales”. Como en la antigua Atenas, los demócratas tenían esclavos y colonias dominadas por dictaduras y se presentaban a sí mismos (ante los esclavos y sus colonizados) como modelos de progreso, prosperidad y libertad. De hecho, como ya vimos antes, los esclavistas se justificaban en la prensa y en los congresos “democráticos” como los campeones del orden y la libertad. La libertad de la raza libre…

El extremo utópico de los filósofos iluministas por la igualdad es lo que imaginamos como democracia, algo que nunca se desarrolló completamente pero que encontró en la Era Moderna algunos ejemplos, como el de las democracias liberales con representantes en los congresos. Esto fue siempre limitado por el poder liberal, concentrado en la acumulación del capital del sistema capitalista.

Las ideas por las dictaduras corporativas de James Vance y de Curtis Yarvin, como las del Tea Party libertario, llegarán a las colonias. Para entonces no estará Milei en Argentina ni en otros países de América latina y los libertarios se trasformarán en partidarios abiertos de una dictadura de las (exitosas) corporaciones. Es decir, apoyarán ideas conocidas por la historia de aquellas comarcas, más que en Estados Unidos. Revindicarán nuevas dictaduras colonialistas que solucionen los problemas de las fallidas democracias.

La duda radica en si este proceso repetitivo no se degastará a si mismo. Sospecho que una ola inversa terminará por removerlos del poder y del discurso popular. Sospecho, deseo, que una nueva ola popular en los 30s o en los 40s termine con la dictadura de señores feudales y vasallos funcionales.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

Venezuela no esta  sola

 

 

El presidente del Consejo Nacional Electoral venezolano confirmó este viernes el triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones del pasado 28 de julio mientras el Tribunal Superior de Justicia investiga lo sucedido a pedido del presidente electo, y citó a los nueve candidatos participantes en los comicios, los que concurrieron, salvo Edmundo González.

Mientras se conocen más datos sobre el plan elaborado en Washington, que iba a desatar extrema violencia utilizando mercenarios como sucedió en la madrugada del pasado 29 que produjeron daños millonarios incendiando incluso a sedes del organismo Electoral.

Se denunció la intervención masiva externa contra las estructuras del organismo electoral. Esto era más que previsible repitiendo un escenario criminal, que dejó, en otros momentos muertos y heridos, ante la feroz campaña mediática con una sincronización extraordinaria alentada, asesorada y financiada por Estados Unidos y sus más cercanos asociados.

Esto como parte de un plan preparado, a sabiendas de que lo único que no podían ni pudieron hacer es  intervenir el sistema electoral venezolano, reconocido como uno de los más seguros en todo el mundo y  que dejó en herencia el ex presidente y líder Hugo Chávez Frías.

El líder venezolano se adelantó a lo que está sucediendo ahora cuando el poder hegemónico necesita como nunca controlar colonialmente a su insubordinado “patrio trasero” y uno de los objetivos es socavar las elecciones, impidiendo el triunfo de gobiernos populares y destruir asimismo la unidad en diversidad de América Latina y el Caribe, que decidió en su momento que la región sea un territorio de paz.

Esta unidad de América latina era un obstáculo para el plan geoestratégico de recolonización en la región que intenta hacernos regresar a 1823, con la doctrina Monroe, la de “América (del sur) para los americanos (del norte)” con que comenzó la expansión colonial imperial en el siglo XIX.

 No ha pasado tanto tiempo como para que hayamos olvidado lo que somos, países dependientes que nos merecemos  la independencia definitiva en este siglo, después del genocidio a que fuimos sometidos a lo largo del pasado, mediante las dictaduras impuestas por Estados Unidos para proteger sus intereses y dominarnos colonialmente.

La Constitución de la nueva República Bolivariana de Venezuela permitió un cambio profundo en ese país ya que permitía avanzar en soberanía, recuperar el derecho sobre sus recursos naturales, detener el saqueo y esencialmente recuperar y ampliar los derechos de las mayorías de una población, mayoritariamente empobrecida e invisibilizada, que salió desde las oscuridades del olvido parea convertirse en un pueblo empoderado.

Que Estados Unidos y sus satélites estén al frente de los sucesos violentos y reconozcan en estos días a la oposición como ganadora, sin ninguna razón, sin cifras, sin nada, no sorprende porque Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo y otros valiosos recursos y una posición territorial estratégica, pero además un gobierno insumiso a sus mandantes, que debiera orgullecer a los nuestros.

Que algunos gobiernos y políticos de nuestra región no sepan nada de lo que es el sistema electoral venezolano es muy grave y si lo sabían es más peligroso porque fueron cooptados por la feroz campaña mediática, saliendo a pedir “las actas” y violando la autodeterminación de los pueblos.

 El pasado 28 de julio a las 16 horas, sin terminar el proceso electoral la opositora María Corina Machado, intentó que los comicios se cerraran anticipadamente y salió a decir que la oposición había triunfado. En su empeño disparó una cifra inadmisible e inconcebible de un 70 por ciento a su favor, para demandar las actas y proclamar un fraude que nunca existió.

De acuerdo al sistema en un primer conteo, cuando los resultados aparecen con cifras que son irreversibles, el Consejo  Nacional Electoral  da a conocer el triunfador y tiene entre 48 o 72 horas y hasta 30 días para dar los resultados definitivos, que pueden ser auditados abiertamente.

Las actas se iban a mostrar en su momento como siempre se hizo y el plan fue adelantarse a dar resultados falsos exigiendo justamente “mostrar” las actas. En tanto, como lo informó el presidente Maduro, si se demoró en dar los primeros resultados fue porque hackearon el sistema varias veces hasta que los técnicos lograron ubicar desde donde llegaba el ataque. Esto está bajo investigación del Supremo Tribunal de Justicia.

Lo que no podemos ni debemos olvidar es la posición que tomaron, partidos o sectores políticos que fueron muchas veces ayudados por la generosidad y solidaridad de los gobiernos del Partido Socialista Unidos (PSUV)de Venezuela.

Son los mismos que hubiéramos querido ver salir al ruedo a reclamar por el genocidio contra el pueblo palestino, que Israel continúa agravando día por día. Nunca habíamos asistido a un genocidio televisado día por día, donde podemos ver la crueldad que significa bombardear escuelas, hospitales, edificios habitados por miles que quedaron bajo los escombros, también refugios de Naciones Unidas, destrucción de ambulancias e impedimentos para llegar la ayuda humanitarias, en forma urgente. Escuchar que el Congreso israelí justifica la tortura a los prisioneros palestinos, entre los que hay niños, mujeres, ancianos es una afrenta a las víctimas del holocausto.

Lo sorprendente es lo que está sucediendo en Argentina, cuyo retroceso nos lleva hacia el siglo XIX y estamos bajo una dictadura encubierta que cada día da un paso más, como hoy cuando el gobierno de Javier Milei envía un proyecto al Congreso para que las Fuerzas Armadas participen en seguridad interior, cuando su papel es cuidar la soberanía cada vez más lejana de nuestra patria.

Milei está entregando la patria y todos sabemos quiénes son los verdaderos gobernantes detrás del trono, que siembran pobreza, indigencia, desempleo, dolor e injusticia, y que son responsable de la represión, las amenazas la persecución política que aumentará con el plan del Ministerio de Seguridad Nacional que dispone un “patrullaje cibernético” una autorización para espiar a todos los ciudadanos, intervenir sus teléfonos, computadoras etc.. como sólo puede ocurrir en dictadura. También permite los allanamientos por sospechas.

Pasamos todos a ser sospechosos “enemigos internos”, y nadie dice nada sobre la guerra que nos están imponiendo, contrainsurgente de Baja Intensidad, híbrida como quieran llamarla, lo que termina en persecución política, en represión ilegal. Una guerra por distintos medios con el mismo objetivo criminal.

En medio de la tragedia que está viviendo el pueblo argentino, sucedió lo imprevisible. El Bloque de diputados nacionales de Unión por la Patria (Peronismo) dio a conocer un comunicado sosteniendo que es “imprescindible” que el régimen ( así lo dicen ) de Nicolás Maduro publique las actas de las elecciones en Venezuela instando a las Fuerzas de Seguridad a “actuar de acuerdo a los estándares del derecho internacional”.

Es buenos recordarles lo que sucedió en Brasil cuando ganó el presidente Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, en diciembre de 2022 cuando los violentos ultraderechistas del candidato a la reelección Jair Bolsonaro, comenzaron un violento ataque al Congreso, a la casa presidencial, a edificios gubernamentales para provocar un golpe de Estado. Si no hubieran actuado las fuerzas de seguridad, se hubiera incendiado ese país.

La pregunta es ¿por qué el gobierno de Venezuela, debe cruzarse de brazos cuando están incendiando el país, a sabiendas que ya habían descubierto el plan de producir un enorme apagón en varias zonas del país, para impedir las elecciones?

Son los mismos que en 2017 rociaron con gasolina a quienes consideraban “chavista” y los quemaron vivos y han intentado decenas de intento de golpes y hasta un plan de invasión militar de Estados Unidos, lo que dejó muerte y destrucción.

También es necesario recordar que Venezuela es víctima de un bloqueo feroz dese hace una década, y bajo una implacable guerra económica.

Por todas estas razones es incomprensible que el bloque de diputados peronistas, reclamaron “la reconstrucción del diálogo político y la plena vigencia del Estado de derecho”, lo que en realidad debían reclamarle al gobierno ultraderechista de Milei.

Si bien el peronismo no reconoció que hubo fraude en los recientes comicios del pasado domingo, los diputados afirmaron que “el Presidente Maduro “es el responsable de garantizar que el escrutinio sea transparente”, y exhibición de las actas ante veedores de las fuerzas políticas nacionales e internacionales, como paso indispensable para disipar cualquier cuestionamiento sobre el resultado de la elección”, algo que nunca se negó a hacer el mandatario  y está previsto en el sistema electoral venezolano

Al parecer no se enteraron de los contundentes informes de los veedores entre ellos el Partido de los Trabajadores de Brasil, y los argentinos chilenos y de otros países que comprobaron la corrección del Consejo Electoral y la ejecución del sistema electoral venezolano, como ya dijimos uno de los más seguros del mundo.

El único medio televisivo que tiene noticias verdaderas sobre lo que estamos viviendo aquí se ha prestado para silenciar la voz del gobierno de Nicolás Maduro, y curiosamente quedaron pegados a lo actuado por el ultraderechista Milei con respecto a Venezuela, “alineado” con Estados Unidos e Israel. Nunca estuvo en peligro la embajada argentina, ni los seis asilados todos ellos parte del golpismo en Venezuela.

Y si hubo algún peligro en embajadas fue lo sucedido aquí en Buenos Aires, cuando la sede diplomática de Venezuela a fue rodeada por un centenar de venezolanos residentes aquí a cuya cabeza estaba nada menos que la Ministra de Seguridad Patricia Bulrich y otros funcionarios con la decisión confirmada por la funcionaria de ingresar al lugar cuando se anunciara el triunfo opositor.

¿Con que derecho se puede reclamar cuando ni siquiera se ha cerrado el escrutinio y además sin conocer siquiera el sistema electoral venezolano? ¿Era necesario semejante comunicado, como el que envió también el partido Renovador, contra un país y un gobierno hermano? Es necesaria una reflexión y una disculpa ante esta intervención indebida, cuando hay tanto silencio ante la dictadura aquí que avanza, hora por hora.

 

Reproducido de www. cubadebate.cu

Será Otra Cosa-Dos vueltas de tuerca: afectos fantasmales

Especial para En Rojo

«siempre se escribe para un fantasma
para una cuenta pendiente y oculta
para un fantasma íntimo y secreto
su presencia hace a los poetas»

―Juana Bignozzi

Nunca me gustaron demasiado las historias de fantasmas, al menos eso me dije a mí misma durante años. No obstante, con el tiempo, me di cuenta de que formo parte de una larga tradición que, aunque no cae bajo el sedoso género gótico con sus tenebrosas mansiones y enigmáticos personajes, bien podrían ser historias de miedo: terror al apego, terror a la transparencia, terror al compromiso, la retahíla de hombres indisponibles emocionalmente que ahora observo sobre un estante como soldaditos de plomo en mi apartamento de soltera. No pretendo cosificarlos como hacen algunos con nosotras, ni escribo desde el desdén: simplemente enebro un relato fantasmal, embelleciendo y atenebrando el local, como la institutriz de Otra vuelta de tuerca de Henry James [1898].

Empujo la puerta de cristal y salgo del establecimiento. Me adentro al vaho callejero. Sé que lloverá y al rato, en efecto, llega la cola del huracán veraniego, Beryl, primero con inocentes gotas y luego con vehemencia y viento. En el auto me voy haciendo camino, acelerando lento y divagando entre los miles de carriles de la de Diego con las luces dilucidando tímidamente el asfalto. No hay muchos otros carros en la calle, ni faroles funcionales. Me siento la heroína al principio de una obra de misterio, atravesando la neblina a solas, abriéndome paso en la oscuridad con curiosidad, inocencia y brío.

Abro la puerta de madera de mi apartamento y ella cruje al son de la tormenta que incrementa a nuestro alrededor. Sonrío a mi gato. Por fin perdí el miedo a los fantasmas al percatarme de que me he rodeado de algunos, no sólo como heredera por la línea paterna de ciertos conceptos del Evangelio según los espíritus de Allan Kardek, sino también de amigos inestables, muchas veces fuera de sí: espectros que parecen estar a mi lado, conmigo en el plano físico, pero que al final pululan su propio mundo. Esas relaciones sexoafectivas, esos apegos desapegados e inestables conforman una historia fantasmal que cuento, a pedazos, esta noche lluviosa, no al calor del fuego, sino bajo la tenue de una lámpara anaranjada; no rodeada de un público a la historia de fantasmas de la mansión Bly, sino de ejemplares, testigos silentes de una historia perfectamente anodina que comparto con centenares de predecesoras.

Contrario a los fantasmas que logramos espantar con rezos, con el poder de la mente y con mantras, estos otros se espantan con deseos de compromiso y ternura. Ahuyentados, desaparecen como los seres que de vez en cuando invaden nuestros hogares para abrir y cerrar gavetas, dejar símbolos y alusiones de quienes eran en otra vida sin mostrarse de frente, evitando la comunicación directa. Al soltar los tacones en el zapatero me pregunto si alguna vez los demás me vieron hablando sola en público en lugar de verme hablar con mis exparejas, como aquella otra escena en Otra vuelta de tuerca, donde la niña Flora aparenta hablar con quien resulta ser, en apariencia, el fantasma de la señorita Jessel. Recuerdo y rebobino diferentes salidas y encuentros: ¿qué habrá sido tacto? ¿Qué habrá sido sueño?

Pienso en esta cita del filósofo español Paul B. Preciado: «No me gusta pensar en la valentía, sino en la vulnerabilidad. Yo creo que lo que me ha salvado la vida es estar siempre del lado de mi fragilidad». Escribe la poeta Luna Miguel en su obra Caliente que «la vulnerabilidad es una postura legítima desde la que militar y desde la que generar belleza y pensamiento». Según ella, Preciado «escribe filosofía para los débiles, pues a su parecer la vulnerabilidad es sinónimo de disidencia, y la disidencia, de libertad». Tras pasarme gran parte del año llorando tanto de tristeza como de alegría y, ahora, tentando entender la modernidad, los vínculos y dinámicas de la izquierda actual puertorriqueña, me aferro más que nunca a esas palabras que descubrí al volver a la isla. Mi vulnerabilidad es mi escudo; mi militancia va en parte anclada en la transparencia, en mis anhelos emocionales: mis deseos de cuidados que van más allá del título de «marido» y el más detestable posesivo «mujer». Más allá de salidas al cine, de pasadías playeros y bailes cada vez menos comunes, la evidencia y experiencia de formar equipo equitativo de sana seducción.

Me distraigo de la escritura. Volteo la mirada hacia las rociadas puertas de cristal del balcón. Inhalo y piso el miedo con el pie y lo acerco donde mí. Trago la palabra que busco y sigo escribiendo: dos de mis examantes me llamaron «compañera» justo antes de yo dejarlos, sabiendo que el significado se había desligado del significante. Ahora, despojar «compañera» de su naturaleza premonitoria de ruptura es un ejercicio diario. Cuando me presentan a un «compañero», «compañera», «compañere», me percato que pienso: «Qué lástima. Igual se dejan pronto». Quizás en esto soy mujer rudimentaria: aún confío en la liturgia de las palabras. Dejé yo misma de ser fantasma hace un tiempo atrás. Cuando paseo, muchas veces a sola, me volteo e intento dar con mi reflejo: confirmo que soy de carne y hueso.

A pesar de la herida, elijo creer. Lo admito: quisiera volver a despertar con huellas ajenas y conocidas a mi lado aún luego de cerrar el cuento fantasmal. Quisiera tener quien me reciba a diario, curioso, atento. Un compañero de arte, risa, acción y marasmo en plena época de genocidio, cambio climático, inteligencia artificial ecocida y teorías de conspiración. Con quien comentar debates políticos entre neofascistas y racistas seniles; para aullar ante el alza en precio de la luz, la comida, la ineptitud de seres estériles de criterio y bienestar para el puertorriqueño. Siento en mis adentros la mística de mi soledad que no es loneliness, sino una condición labrada, llevadera. Empero sigo deseando la compañía como agente activo que observa y anhela intimidades que suman a la amistad. Como caudal de río que fluye hasta cierto punto, pero que no le molestaría cruzarse con otro tipo de agua: el deseo de un estuario santurcino.

Me detengo ante las puertas de cristal del balcón que dan hacia la calle e imagino que emana agua, mojándome los pies. Mi gato chapotea por el agua imaginaria hacia donde mí también, a rozarme. Se va la luz y permanezco de pie, de espaldas a las puertas del balcón. Al principio de la historia, uno de los personajes de Henry James acoge el término que da nombre a la pieza y, parafraseando, dice que si un niño, el primero, en ver los fantasmas es una vuelta de tuerca, ¿qué serán dos?

Dos vueltas de tuerca, me repito. Camino sigilosa y calmada a la cocina en busca de la linterna. Por supuesto, no tiene batería. Las busco y las enrosco hasta asegurarlas. Regresa la luz para la sorpresa de todos ―el vecino salta en celebración―, interrumpiendo lo místico y misterioso de la escena.  Conversar con fantasmas está bien; la espera atenta a que se hagan de carne y hueso sin acción activa, sin alquimia, sin responsabilidad afectiva, no. Pero las historias fantasmales no son sólo miedo, pérdida, soledad: son también luminosidad, curioseo, un baile íntimo que revela en nosotras, como un espejo, quiénes y cómo somos.

Los fantasmas permiten entrever futuros posibles, explorar miedos y apuntar recovecos vacíos desde donde aprender y vivir otras perspectivas. Con ambas manos sobre la encimera sé a ciencia cierta que de este hogar antiguamente embrujado ahora brota el estuario imaginario más hermoso jamás visto. Como escribió Juana Bignozzi en su poema, «los fantasmas hacen los poetas» y «sola, con él, cruzaré esa última plaza vacía». Todo para bien.