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Polémicas de género en los Juegos Olímpicos del 2024

 

 

En la novela Hércules y yo, Robert Graves narra el incidente de la cacería infortunada del jabalí de Calidón. Este era un animal enviado por la diosa Artemis como castigo para el rey Eneas, por tanto, solo se le podría matar en una cacería ritual que precisaba el permiso de la misma diosa. Las sacerdotisas ordenaron que su representante, la virgen consagrada Atalanta, fuera una de las participantes. Según el mito, excepto uno de los cazadores, todos estaban en contra de su participación. Como rezaban las supersticiones de la época, toda empresa masculina donde estuviera una mujer sería marcada por la mala suerte y, en correspondencia, los participantes de la cacería no querían que Atalanta fuera con ellos.

Finalmente se logró matar al jabalí, azote de Calidón, pero el costo en vidas fue desproporcionado porque unos no tuvieron en cuenta las sugerencias de Atalanta, otros se burlaron de ella y otros trataron de violentarla y sufrieron las consecuencias. Robert Graves termina la narración razonando que así se confirmó el prejuicio que prohibía cazar en compañía de mujeres, porque ese día habían muerto cinco hombres. Pero a su vez subraya que también podrían atribuirse esas muertes al prejuicio, causa principal de los errores y violencias que llevaron a la fatalidad.

Los prejuicios sexistas han marcado la historia y la cotidianidad humanas. Han sido fuente de polémicas y freno del desarrollo, puesto que se expresan en actitudes e ideas fóbicas, misoginia, racismo, clasismo y violencias varias, y atraviesan los poderes que permiten o patrocinan dicho desarrollo. La ciencia, la educación, el arte, la política, la economía, la religión y también el deporte, han sufrido los embates del machismo y sus múltiples derivaciones, que han moldeado el devenir de estas áreas del desarrollo humano ralentizándolas o generando contradicciones que se traducen en cambios necesarios, ineludibles, verdaderas revoluciones. Una de las revoluciones más interesantes ha ocurrido en el deporte.

Desde la antigüedad, la práctica del deporte se asoció a los hombres y constituyó durante mucho tiempo un ámbito de acceso limitado a las mujeres. La participación femenina ha estado mediada por representaciones sociales que otorgan todo el control y poder a los hombres, lo que hace al deporte el espacio de socialización y realización de las masculinidades, mayoritariamente disfrutado, regulado y practicado por hombres en una manifestación más de hegemonía e inequidad de género.

Ideas como la debilidad de la mujer, su incapacidad de adherirse a la disciplina competitiva, la supuesta masculinización de su cuerpo por la práctica de la actividad física, su «necesidad de ser protegida» de la exposición pública y supuestos accidentes, y la tendencia a la infantilización han sido algunos de los prejuicios más acentuados que frenaron la incorporación femenina al deporte.

Esto ha resultado en una serie de aspectos que todavía en la actualidad caracterizan la actividad deportiva femenina. En primer lugar, el deporte femenino de alto rendimiento aún es practicado por una minoría de mujeres y aunque se ha incrementado en los últimos 50 años, esta incorporación sigue siendo mínima en comparación con los hombres. La representación femenina en los deportes de fuerza y de combate sigue siendo insuficiente, y cuando la mujer incursiona en estos deportes tradicionalmente masculinos, que moldean el cuerpo de una manera característica, se le califica de «masculinizada».

En la iniciación deportiva escolar se privilegia a los niños, mientras que a las niñas se les ofrecen otras opciones extracurriculares o se les exhorta a practicar deportes tenidos por más «femeninos», como la gimnasia artística o la rítmica, que, a su vez, suelen ser más selectivos y de menor tiempo de práctica activa que otras disciplinas. Esta brecha se refuerza a partir de los mandatos de roles culturalmente asignados que marcan la vida social y el ocio, la construcción familiar, la conciliación laboral y estudiantil, las necesidades económicas y las maternidades.

Otros aspectos relativos a la insuficiente visibilidad en medios, inequidad de representación en los cargos directivos de organizaciones y desigual asignación de recursos contribuyen a perpetuar la brecha de género en la participación deportiva. El deporte femenino continúa siendo estructural, cultural y simbólicamente más precario, una deuda que viene desde los primeros juegos celebrados en la ciudad de Olimpia.

Las Olimpiadas más femeninas de la historia

Los Juegos Olímpicos de París 2024 son los primeros juegos paritarios en relación al número de hombres y mujeres participantes. Más que un número curioso, esa perfecta proporción uno a una de 5250 atletas mujeres y 5250 atletas hombres, es el resultado de la lucha de siglos por la participación femenina en un área del desarrollo humano que nació siendo exclusivamente masculina.

En los Juegos Olímpicos de la antigüedad las mujeres solo podían participar como espectadoras, y aún estas no eran mujeres corrientes sino unas pocas seleccionadas por su carácter de sacerdotisas. Solo en los Juegos Hereos, dedicados a la diosa Hera, podían las féminas participar, en una suerte de competencias rituales menos severas que las de los juegos masculinos.

Aunque la primera edición moderna de los JJOO tuvo lugar en 1896, no fue hasta la segunda en 1900 y celebrada en París, cuando participaron por primera vez las mujeres. Según el Congreso Organizador de los Juegos Olímpicos liderado por el Barón Pierre de Coubertin, la participación femenina podría afectar su salud y sería «impráctica y poco interesante». Este pensamiento reflejaba la subestimación de las capacidades femeninas en el ámbito deportivo de aquel entonces. Se decía que en aquella época las mujeres apenas practicaban deporte, como si eso se debiera a un interés ínfimo por la actividad física y no a la política que defendía una rígida segregación entre hombres y mujeres jóvenes, y en la que el deporte desempeñó un papel central.

Es en 1900 cuando finalmente se presentan las mujeres a las olimpiadas. En esta edición fueron 22 las atletas que compitieron en cinco disciplinas: tenis, vela, crocket, hípica y golf.  Su presencia fue sobre todo testimonial y se limitó a estas disciplinas que eran consideradas «acordes a la naturaleza femenina».

La edición del 2012 en Londres marcó un hito. Esa edición fue conocida como «los juegos de las mujeres», porque por primera vez cada delegación por países tuvo al menos una mujer participante. En total, representaron el 44% de los atletas en esa ocasión, de acuerdo con ONU-Mujeres, la entidad de las Naciones Unidas dedicada a la igualdad de género y el empoderamiento femenino. Además, los Juegos de Londres fueron los primeros en los que las mujeres compitieron en todos los deportes del programa, incluido el boxeo femenino.

Con la paridad de género lograda en los juegos de París, el Comité Olímpico Internacional (COI) cumple así con la 11ª recomendación de la Agenda Olímpica 2020, que establecía el 50% de cuota participativa de las mujeres en los Juegos y promovía la introducción de pruebas con equipos mixtos, 20 de las 329 que componen las Olimpiadas.

El camino hacia la igualdad de género en los Juegos Olímpicos ha sido largo y a menudo arduo. El costo en energía, recursos, aceptación social y seguridad ha sido muy alto para las atletas y sus familias. Y como toda lucha social, política y cultural por subvertir las imposiciones del sistema patriarcal, no ha estado exenta de violentas polémicas.

Cuerpos femeninos en disputa

Desde la selección de algunas disciplinas deportivas, la inauguración, la calidad de los servicios de la villa, la composición de equipos, la participación de atletas embarazadas y refugiadas y las normas de elegibilidad, estos JJOO de París 2024 pugnan por ser los más controversiales de la historia del deporte.

Una de las polémicas más iracundas ha sido la de las boxeadoras Imane Khelif, de la división de peso welter (66 kg), y Lin Yu-Ting, de peso pluma (57 kg). Las atletas, de Argelia y Taiwan respectivamente, han enfrentado la arremetida de una parte de la opinión pública que las califica de «hombres infiltrados» y mujeres transgénero, lo que es información falsa. En los JJOO, de acuerdo al sitio Outsports participan al menos 193 atletas abiertamente LGBT+. De ese total solo hay un hombre trans y dos personas no binaries. Ninguna mujer trans compite en París 2024.

La controversia parte desde el Campeonato Mundial de Boxeo de 2023 cuando Khelif y Yu-Ting fueron descalificadas por la Asociación Internacional de Boxeo (IBA) que realizó tests a ambas, ya con la competencia en curso y cuando estaban presentando resultados prometedores en su desempeño.

Khelif y Yu-Ting / Foto: Imago

Según refiere la IBA en acta de la reunión técnica de la asociación, las boxeadoras no pasaron las pruebas de elegibilidad por género. Sin embargo, en dicha acta se revelan dos conjeturas interesantes: se cometieron irregularidades anteriores a la suspensión del 2023, permitiendo que dos atletas no elegibles contendieran durante varios años y lograran títulos en mundiales, o la medida se tomó intencionalmente y a raíz del cambio de dirección de la IBA en el 2019, cuando asumió la dirección el anterior Secretario General y Miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Rusa de Boxeo, Umar Kremlev, quien ha declarado en varias ocasiones que está abiertamente en contra de políticas de inclusión para personas LGBTIQ+.

Ante la presión de los medios, el debate generado y las declaraciones de la directiva del COI, la asociación refirió en un comunicado reciente que ninguna de las dos atletas fue sometida a exámenes hormonales, sin embargo, después, en comparecencia vía zoom, Umar Kremlev insistió en los niveles elevados de testosterona y en que las atletas eran hombres, en franca contradicción con lo notificado por la asociación el 31 de julio del 2023. Según esta notificación, las atletas no se sometieron a un examen de testo, sino que pasaron una prueba separada y reconocida cuyos detalles permanecen confidenciales. Este test, al que fueron sometidas en respuesta a quejas de otros equipos, supuestamente indicó que ambas atletas no cumplían con los criterios de elegibilidad necesarios. En el momento de la suspensión, la dirección de la IBA insistió en que tenían «ventajas competitivas sobre otras competidoras femeninas» y en otros espacios se insinuó que podrían tener cromosomas XY.

El único modo de identificar qué cromosomas tiene una persona es la prueba de cariotipo, un tipo de examen genético que verifica el tamaño, la forma y el número de los cromosomas en una muestra de células del cuerpo. No se aclara en ninguna comunicación o acta de la IBA si se realizó un examen de cariotipo, quedando todo lo dicho por la asociación en un limbo de ambigüedad.

El informe del test fue desacreditado por el Comité Olímpico Internacional debido a que parecía defectuoso en su metodología, elección de vías para hacerla pública y formulación de resultados, y la directiva de la organización aventuró que todo es una campaña política para desacreditar al COI por no permitir la participación de atletas rusos en los JJOO. Los Comités Olímpicos de Argelia y Taiwan también respaldaron a sus atletas. Sin embargo, los informes de la IBA y un grupo de medios y personalidades que se han pronunciado al respecto han desatado una ola de violencia digital y mediática contra las atletas, dentro y fuera del mundo del deporte, colocándolas a ellas en un doble ring de combate y, por otro lado, poniendo en duda la veracidad y transparencia de la asociación.

El boxeo en los Juegos Olímpicos de París 2024 está regido por reglas establecidas por el Comité Olímpico Internacional (COI), las mismas que se aplicaron en los Juegos de Río 2016 y Tokyo 2020. Estas reglas se aseguran de que todas las atletas que compiten en categorías femeninas cumplan con los requisitos de elegibilidad. Mark Adams, portavoz del COI, ha defendido la participación de Khelif y Lin, afirmando que ellas cumplen con las normas de la competencia y llevan 6 años compitiendo como mujeres.

Sobre la polémica es interesante destacar que dos trabajos publicados en los últimos días por los medios Volcánicas y El País apuntan a una campaña que se inició casi desde que se tuvo conocimiento de la participación de las boxeadoras en los JJOO.

Imane Khelif es originaria de Tiaret, un pueblo rural pobre, a casi 300 kilómetros de Argel, y ha superado numerosos obstáculos y prejuicios en un país donde no solo no se incentiva que las mujeres practiquen esta clase de deportes, sino que cualquier sexodivergencia es duramente penada con la cárcel. Su carrera de años la ha traído hasta este punto decisivo, donde disputó el título olímpico después de dejar de lado los cuestionamientos sobre su género. Khelif, quien es embajadora de UNICEF, estaba determinada a cumplir lo que se prometió: «Mi sueño es ganar una medalla de oro. Si gano, las madres y los padres podrán ver hasta dónde pueden llegar sus hijos. Quiero inspirar a las niñas y a los niños en Argelia».

Se apreció en su último combate que dominó la pelea y al finalizar recibió un abrazo de su oponente, la campeona mundial china Yang Liu. Cuando el resultado fue confirmado por decisión unánime, Yang levantó el brazo de Khelif como gesto de triunfo y felicitación, en contraste con las escenas posteriores a la pelea inaugural de la argelina contra la italiana Angela Carini, y la campeona fue llevada por el estadio sobre los hombros de su entrenador, mientras la delegación argelina y sus seguidores celebraban el primer oro olímpico en boxeo femenino de Argelia.

En entrevista ofrecida a la BBC, Imane dice que ganar el oro olímpico fue solo el comienzo para ella, pero que sus próximos pasos son inciertos debido a la suspensión de la IBA.

«Descansaré unos meses y hablaré con mi equipo sobre lo que haré y si hay otro camino en el boxeo. Sé que ahora he ganado una gran base popular y espero contribuir a la felicidad y alegría de mi país». Luego añadió: «El pueblo argelino me apoyó, me defendió ferozmente y se enfrentó a las campañas que estaban en mi contra».

En su natal Tiaret, será recibida como heroína e inspirará a las niñas de su país a lograr lo que parece imposible.

En el caso de Lin Yu-Ting se aprecia un camino diferente pero marcado por ciertas similitudes relacionadas con un entorno nada favorecedor. Lin comenzó a practicar boxeo a los 13 años para ayudar económicamente a su familia. Ha referido que en su medio la violencia machista predominaba, y la decisión de hacerse boxeadora fue en parte motivada por ello. Cuando todavía no había cumplido la mayoría de edad, se convirtió en la primera taiwanesa en conseguir la medalla de oro del Mundial Juvenil Femenino, organizado por la Asociación Internacional de Boxeo (IBA), en 2013, y brilló en la categoría de 51 kilogramos.

Luego de la suspensión de la IBA, vio prácticamente rotas las posibilidades de seguir adelante con su carrera, sin embargo, el COI la dio como apta para presentarse a los juegos. La decisión del jurado en el último combate fue unánime, lo que reafirma el dominio de Lin de principio a fin. En octavos de final dejó en el camino a la uzbeka Sitora Turdibekova, en cuartos a la búlgara Svetlana Staneva, en semifinales a Esra Yildiz de Turquía y, en la definición del título, a la campeona polaca Julia Szeremeta. Así, luego de varios combates donde su estilo explosivo y rápido se impuso, lleva la medalla de oro para su república.

Las dos boxeadoras han recibido el respaldo solidario de sus gobiernos y países. La comisión de boxeo de Taiwán y Khelif, a título personal, estudian la posibilidad de interpelar a la IBA, medios y personas que han replicado la controversia, mediante demandas judiciales que podrían poner en tela de juicio la credibilidad de la asociación y la impunidad para los que practican linchamientos en redes.

Debido a esta polémica, muchos usuarios de RRSS y admiradores del boxeo femenino amateur han comenzado a seguir y apoyar a ambas boxeadoras, poniendo en el ojo del público las cuestiones relacionadas con la equidad de oportunidades y la percepción acerca de la diversidad en el deporte.

Sin embargo, persiste la querella sobre qué lugar tendrían las mujeres intersex y transgénero en las disciplinas deportivas, y qué se piensa a nivel popular acerca de cómo debe ser y lucir una mujer que practique deporte de alto rendimiento. También hasta qué punto son idóneas las pruebas de elegibilidad basadas en índices hormonales para garantizar a todas las deportistas su espacio en el deporte de élite.

Las reglas sobre los niveles de testosterona, aunque buscan nivelar el campo de juego, a menudo resultan en la exclusión de atletas, muchas de ellas racializadas o provenientes de países que no pertenecen al norte global, con condiciones naturales que elevan sus niveles de andrógenos, como fue el caso de Christine Mboma y Beatrice Masilingi de Namibia, y otras cuyos casos aún están en estudio.

De ambas atletas se dijo que «no lucen como mujeres» al no encajar en los estereotipos tradicionalmente femeninos, y se ha señalado que, al no ser «femeninas», deben ser «hombres». Se refuerza esta narrativa desde plataformas de redes como TikTok y X, y medios que replicaron y continúan replicando los comunicados e informes de la IBA. Además, han introducido subrepticiamente valoraciones y enlaces acerca de la participación de deportistas transgénero en competencias internacionales, informaciones no siempre fiables sobre el impacto de la testosterona y el cariotipo en el rendimiento deportivo, y otras cuestiones que han encauzado la opinión en redes generando una controversia interminable.

Las discusiones, interpretaciones sesgadas y fake news no solo han ensombrecido la visión de los parámetros de elegibilidad deportiva, sino que han recrudecido la larga disputa sobre el derecho a la participación de las personas trans e intersexuales en el deporte competitivo de élite, y hasta la visión de lo que debe ser un cuerpo femenino y qué deporte es o no deseable que practique una mujer.

Aún con la paridad de géneros, la mayor visibilidad de las disciplinas deportivas practicadas por féminas y el apoyo de organizaciones y países, el cuerpo de la mujer, su fuerza y el derecho que le asiste a desarrollar todo su potencial competitivo, sigue siendo un terreno en disputa, donde muchos todavía se atribuyen la autoridad de decirle a alguna de nosotras «Tú no».

*Tomado de Joven Cuba, 13 de agosto de 2024 (https://jovencuba.com/mujeres-juegos-olimpicos/). La autora es una escritora cubana y profesora de psicología, Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona.

Filmes flotantes 9: The Dead Don’t Hurt, Peak Season, 500 Days of Summer

 

En Rojo

 

Incluyo en este penúltimo segmento de “Filmes flotantes” el 2ndo filme dirigido y protagonizado por el excelente actor Viggo Mortensen (Falling de 2020 es su 1er), The Dead Don’t Hurt y un ‘viewing’ adelantado de una comedia romántica de las que duelen, Peak Season. Termino con un “rescate del pasado” del libro en preparación, titulado tentativamente: Y volver a ver: Conversaciones de cine con María Cristina de CLARIDAD.

The Dead Don’t Hurt

Director y guionista: Viggo Mortensen; cinematógrafo: Marcel Zyskind; elenco: Vicky Krieps, Viggo Mortensen, Solly McLeod, Garret Dillahunt, W. Earl Brown, Danny Huston, Shane Graham, Rafel Plana, Luke Reilly)

Al parecer los ‘westerns’ están haciendo un increíble comeback en el cine si nos dejamos llevar por el gran número de producciones en años recientes tanto para la pantalla grande (espacio ideal para este género) como en seriales. Algunos son de época, pero otros son del presente, aunque con los mismos valores y actitudes de supremacía blanca que las anteriores. La mayoría son críticas del discrimen y prejuicio contra las poblaciones originarias sin dejar fuera las masacres de lado y lado. Y aunque admiten que están en tierras ajenas, el tema de reparaciones, devolución, leyes en las reservaciones y para el resto de la población, no son necesariamente parte de sus historias. Por supuesto, siempre hay excepciones, pero esas no son las grandes producciones que se ciñen a lo que ha hecho a este género tan popular. Estoy por ver la saga de Kevin Costner, pero recuerdo muy bien su Dances with Wolves (1990) y Open Range (2003) que siguieron el modelo clásico y a la vez lo abrieron a esas otras historias invisibilizadas por la narrativa oficial. El filme de Mortensen se destaca por tratar de las relaciones entre especuladores (por supuesto, todos blancos), la vaga noción de la ley y el orden, y la mirada y presencia de una mujer ‘que no se quita’. Además, introduce el tema de la sífilis como una amenaza real a hombres y mujeres en los espacios fronterizos.

Aunque al principio creemos que la historia principal es la del danés Holger Olsen, pronto descubrimos a través de la 1era escena y sus recuerdos de encuentros y viajes, que es Vivienne de Coudy la protagonista de esta hermosa, triste y valiente narrativa. Holger (Mortensen) es el observador y redactor de la vida compartida con su compañera de viaje. De pequeña es ella y su familia la que está del lado perdedor en la rivalidad entre Francia e Inglaterra en las guerras del norte del continente y por eso su rechazo a cualquier guerra que la aparte del lugar escogido para vivir. Su experiencia y crianza la hacen una mujer fuerte e independiente que escoge la ruta que quiere seguir: en este caso, juntarse con Holger en un lugar difícil, pero con posibilidades de transformarlo. La vemos enfrentarse a este lugar inhóspito y transformarlo en un hogar, pero siempre dependiendo de ella y nunca de los que creen que una mujer es alguien débil y obediente. Vicky Krieps, como Vivienne, es sencillamente fascinante y sigue su trayectoria de interpretar papeles difíciles que se apartan de lo conocido como Phantom Thread (2017) y Bergman Island (2021).

 

Peak Season

Directores, guionistas, cinematógrafos y editores: Steven Kanter y Henry Loevner ; elenco: Claudia Restrepo, Derrick Joseph DeBlasis, Ben Coleman, Fred Melamed, Stephanie Courtney, Ron Hanks, Caroline Kwan)

Esta producción independiente donde Steven Kanter y Henry Loevner tienen el control de su dirección, guion, edición y cámara, es una producción muy limpia en el sentido de que todo está enfocado en la historia y su desarrollo, no sobra ninguna escena, no extiende su tiempo y le da a cada actorx el espacio que necesita para desarrollar su personaje. Además, los lugares de filmación sirven para sostener las posiciones ambientales de lxs que han escogido vivir aquí y los que prefieren visitarlo como turistas. Jackson Hole en Wyoming tiene la belleza de la naturaleza que le rodea, espacios amplios y escogidos donde se puede nadar, pescar y escalar, además de centros pequeños con restaurantes, cafeterías y tienditas y, me imagino, escuelas y oficinas para suplir las necesidades de la pequeña población. Y como es de esperarse en este país, hay viviendas lujosas que sirven de 2ndas residencias o para alquiler (Airbnb).

Loren es el que ha optado por vivir de la manera + básica posible (con perro y todo lo necesario que cabe en su auto) y trabajar en empleos que no tienen ataduras, pero que le permiten sobrevivir cómodamente. Mientras Max y Amy son lxs visitantes que vienen a disfrutar de algo diferente a lo acostumbrado, ya que ambos trabajan y viven en la ciudad de NY. Mientras Amy parece acomodarse fácilmente a este ambiente, Max no logra cortar ataduras ni siquiera por varios días. Se dan acercamientos entre Loren y Amy, pero los sentimientos, como bien sabemos, son complejos y aunque, abandonar lo conocido para emprender un nuevo camino sucede con frecuencia en el cine (“happy ending”), es muy difícil en la vida real. Como siempre estoy pendiente a la imagen de lo puertorriqueño que se da en el cine estadounidense e internacional, en Peak Season, Amy hace referencia a ser puertorriqueña y habla con su madre en español. Otro puntito para este filme.

Rescate del pasado: 500 Days of Summer (2009)

Director: Marc Webb; guionistas: Scott Neustadter y Michael H. Weber; cinematógrafo:Eric Steelberg)

“But thy eternal summer shall not fade”

(Soneto 18, William Shakespeare)

 500 Days of Summer es un filme que sorprende por su sencillez y ternura. Aquí hay trazos de historias que hemos visto muchas veces: el junte de “los chicos/panas/buddies”, las conversaciones momentáneas e insignificantes entre compañerxs de trabajo, el coqueteo, la atracción inicial, el rompimiento del hielo para ir más allá de hola, ¿qué tal?, el acercamiento nervioso, el tiempo compartido, los momentos de risa y satisfacción, la construcción de algo que pudiera ser una relación a largo plazo y, por supuesto, el derrumbe de todo lo creado e imaginado. Digo por supuesto porque en las relaciones, como todos sabemos, llega un momento– consciente o no– de juntar todas las instancias y remirar el pasado y el presente para tener una idea de lo que está por venir. La mayor parte de las veces esta pausa es la que necesitamos para reforzar y apreciar lo existente y trazar un camino juntxs.

Este filme es todo esto y algo más. Esta historia trasciende edades, géneros, etnias. Los jóvenes aquí actúan como adultos; no se han quedado en la etapa de la preadolescencia como los trentones de las películas de Judd Apatow y el más reciente intento de vendernos la pareja ideal que puede ser independiente, movible y feliz de Away We Go de Sam Mendes. Tom (Joseph Gordon-Levitt) en 500 Days of Summer trabaja diseñando tarjetas postales, ideando estructuras para preservar los espacios abiertos en los centros urbanos, compartiendo pesares y sueños con sus amigos (Geoffrey Arend, Mathew Gray Gubler) y hermana (Chloë Grace Moretz), y lidiando con su timidez y miedos– fundados o no– de acercarse a esa nueva chica en la oficina.

500 Days of Summer no pretende tener la llave de la felicidad ni tampoco saber cómo conseguirla. Su cotidianidad, la de Tom, sus amigos y la de Summer (Zooey Deschanel) no contiene viajes, cambios radicales, actividades “extreme” o momentos culminantes. Aquí se conversa, se confiesan las debilidades, se intercambian historias de amor y de pérdida. Aquí la memoria se reconstruye por pedazos anti-cronológicos– la manera que nuestra memoria maneja los recuerdos– y aunque después de un rompimiento siempre queremos captar los momentos de intensa felicidad y así sufrir aún más la pérdida, Tom se ve forzado a admitir que ya las conversaciones con Summer no eran tan amenas, que ya no se reían juntos como antes, que ya las ideas verbalizadas no fluían como antes. Aún así la herida sigue doliendo. El tiempo pasará, habrá otras experiencias, pero nuestrx Summer siempre será parte de lo que somos y seremos.

 

 

 

Poesia y Música

Pública Espacio se vuelve a convertir en lugar de cultura viva. El poeta Andrés Alfonso presentará sus poemarios en un conversatorio que, además, estará amenizado por músicos y otros bardos: Matotumba, Nutmeg, Verónika Reca, Lola Rosario, Gardy Pérez, José Ernesto, Axel Santiago y  Rubben Emmanuelli.

Es un evento más en el que la Librería y Editorial Pulpo crea un momento de encuentro artístico. Les invitamos a estar pendientes del trabajo de editoriales independientes y librerías a lo largo y ancho de la isla.

Este viernes, 6 de agosto, desde las 6 de la tarde. Pública Espacio está en la Ponce de León 1057, cerca de la esquina de los food trucks.

Cuerpos atléticos y miradas indiscretas

0. En unos días terminan los JJOO en París. Desde la apertura, que tanto dio que hablar, hasta las próximas semanas habrá asuntos que se discutirán.

Leyendo las redes me llama la atención el juicio que se hace sobre diferentes miradas a los cuerpos. No me refiero a los comentarios de los que vieron erróneamente “la última cena” en clave queer y se rasgaron las vestiduras. Más bien señalo como los cuerpos atléticos son contemplados, descubiertos, acechados.

Llama mi atención como se hacen juicios morales sobre cómo miramos a les atletas. No me extraña, pero tengo preguntas.

1. La policía moral, políticamente correcta, se niega a expresar que la mirada no es solo un acto de ver, sino que está íntimamente ligada al deseo. Cuando un sujeto mira, busca algo que le falta, un objeto que satisface su deseo. Este objeto puede ser una imagen, una persona o incluso una experiencia o un cúmulo de signos que conforman una identidad particular. La mirada, entonces, se convierte en un medio para alcanzar el deseo. 

Aquí hago una distinción: el deseo se refiere a una inclinación o anhelo hacia algo o alguien, que puede incluir aspectos emocionales, físicos o psicológicos. Es una experiencia subjetiva que puede manifestarse en diferentes contextos, pero, además, hay que decir -y me perdonan el sesgo lacaniano- que a veces deseamos el deseo mismo. En un sentido más profundo, el deseo en sí es una parte fundamental de la experiencia humana que podemos decir es en ocasiones más valiosa que la satisfacción del deseo.

Esto que digo no es lo mismo que sexualización. Esto implica la atribución de características sexuales a una persona -o situación- reduciendo su valor o identidad a su atractivo físico o a su sexualidad. La sexualización puede ser un fenómeno social o cultural, donde se enfatiza lo sexual de manera que puede ser objeto de consumo o explotación.

Uno puede sentirse atraído por la armonía, la proporción, la simetría o el color. En resumen, uno admira la belleza. Pero “la belleza” es en última instancia una construcción social que puede ser definida a  partir de experiencias culturales y personales.

2. En los JJOO a través de la pantalla, les atletas corren, saltan, pelean, juegan. No nos ven. Les vemos. Pero saben perfectamente que se convierten en objeto de la mirada del Otro. ¿Pueden sentirse despojados de su subjetividad? ¿Ocurre en les atletas un conflicto entre el deseo de ser visto y el deseo de mantenerse libres de las miradas?

 Dicho esto, ¿cuándo es que ese juicio sobre la belleza de los cuerpos -algo tan subjetivo- se convierte en “violencia” ? ¿Depende de quién emite el juicio? ¿El género, la edad, la etnia, determinan que la expresión sea adecuada o inadecuada?

3. Entonces, ¿qué pasa cuando hay atletas cuyos cuerpos escapan a las miradas de lente binario? Me explico. Nadie duda que el lugar que ocupa el cuerpo femenino en la imaginación occidental y en sus producciones simbólicas se presenta a partir de una actividad predominantemente dominada por hombres y para el hombre. Traigo un caso. Las boxeadoras, Imane Khelif, argelina y la taiwanesa Lin Yu-ting. Altas, cabello corto. Inmersas en un escándalo mediático gracias a una circense conferencia de prensa de la corrupta Asociación Internacional de Boxeo (IBA) en la que se afirmó que ambas boxeadoras fueron descalificadas del Mundial de boxeo de 2023 después de que las púgiles no pasaron las pruebas de elegibilidad de género, sin especificar cuáles eran esos exámenes. El presidente de tal asociación. Umar Kremlev, ha llamado al presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), “un sodomita”, y puede vincularse su ataque mediático a la decisión absurda del COI a excluir a Rusia de los JJOO.

¿Es inédita esta decisión de un organismo internacional como la IBA? No. Es una larga tradición de exclusión y de mirada falocéntrica. Por dar un ejemplo, el historiador Sander L. Gilman (Difference and Patology, Making the Body Beautiful))  estudia el entramado de significaciones particulares atribuidos a la genitalia femenina en discursos médicos, artísticos y culturales desde siglo XIX. En resumen, hay un discurso aún dominante en el que la sexualidad femenina se “mira” como monstruosidad, enfermedad y fuente de corrupción.

4. Aparte de las discusiones bizantinas sobre Khelif y Lin Yu-ting, los juicios sobre sus cuerpos y sus identidades (¿son mujeres? ¿Son hombres?) parten de la mirada más superficial posible. Está claro que muchos de los comentarios y falacias se sostienen precariamente sobre una mirada binaria muy llana. Sabemos que las mujeres se convierten en lo que los hombres no son en el entramado occidental del dualismo. Si un cuerpo escapa a esa mirada reduccionista sobreviene el caos en el discurso conservador que se torna agresivo. No solo es una cuestión de imagen. Se trata de boxeadoras. Cuando se piensa – ¡aun en 2024! que las mujeres son actores sociales destinados a la esfera privada en la que se reproduce y sustenta la familia, ¿qué pasa con mujeres -en este caso atletas- que se entran a golpes, un deporte…¿masculino? ¿Cómo la mirada conservadora puede “ver” en su lente sucio, el órgano reproductivo de Khelif o Yu-ting? ¿Pueden verse sus cromosomas a simple vista? A partir de la absurda determinación de “la verdad natural e inmutable de la reproducción biológica” de las mujeres, ¿por qué no basta ahora con que esos cuerpos cuya identidad es pasto de las llamas de la inquisición conservadora tengan vagina? ¿No eran acaso los órganos de reproducción lo que determinaba el género? Aquí funcionan tres perspectivas opresivas: la objetivación sexual, los estereotipos, y la dominación cultural. Otra vez se intenta de manera agresiva definir a una persona por sus partes o funciones sexuales, al separarlas del resto de su personalidad. En esta mirada hay miedo. En esa violencia verbal hay una gran inseguridad. En la mirada sexualizada masculina la pasividad y la objetivación son características fundamentales de la mujer. Eso a partir de una ¿realidad biológica? falocéntrica. ¿Cómo entender un cuerpo femenino que despliega fuerza, dinamismo, energía? Algunos medios han respondido: deshumanizando, construyendo relatos de monstruos.

4. Y volviendo a las miradas olímpicas: ¿desde dónde surge la autoridad de algunes para pasar juicio sobre la apreciación de la belleza de los cuerpos expresada en palabras? ¿Existen diferentes escalas dependiendo de género, edad, etnia, grado académico, militancia? ¿Quién puede mirar y expresar su apreciación sobre cuerpos ajenos con impunidad? ¿Es necesario hacerlo? ¿Está prohibido? En las redes sociales los juicios son individuales y variados pero no es posible escapar de la ideología. En los medios la cosa es más evidente y llana. TikTok, You Tube, El País, Excelsior, Vanidades, es lo mismo: la mirada es homogénea. Las atletas “bellas” son blancas y rubias. Los atletas “guapos” son blancos, en general.

5. Creo que sabemos lo que es violencia y tratamiento digno. Estoy refiriéndome a las expresiones en las que la dignidad de la persona no está en juego. ¿Será posible pensar en las preguntas que me hago sin entrar en juicios morales sobre la naturaleza de las mismas preguntas?

Homenaje en Nueva York a Antonio Cabán Vale

 

“Todos aquellos que alguna vez han escuchado “Verde Luz”, canción escrita por Antonio Cabán Vale “El Topo”, seguro se sienten devastados ante la noticia de la partida del gran canta-autor y poeta Puertorriqueño.” Amneris Morales.

Barrio Independent Productions liderado por Amneris Morales y Belange Rodríguez convocaron a todo el pueblo de la diáspora puertorriqueña en Nueva York y latinos de otras naciones hermanas que conocen de su música e historia a celebrar la vida y el legado de nuestro Juglar Nacional.

La actividad se celebró en “El Barrio’s Artspace PS109” justamente el miércoles 31 de julio, día en que fue sembrado en su natal pueblo de Moca nuestro siempre recordado Antonio Cabán Vale. Fue una velada de música y poesía donde compañeros cantantes, poetas y actores interpretaron canciones y poemas de El Topo así como también le rindieron homenaje con poemas escritos en reconocimiento a su vida.

Ante este Tributo a El Topo inmediatamente acudieron a la convocatoria: los actores Ángel Vázquez y Sully Díaz; los poetas: Mariposa, Luis Laro Rodríguez, Carlos Manuel Rivera, Jesús Papoleto Meléndez y la activista, cineasta y poeta Rafaela “Ronnie Billini, y los canta-autores: Mario Cancel, Cesar Camacho y Emmanuel Roque de la hermana isla antillana Republica Dominicana.

Después de la bienvenida a los asistentes dada por las organizadoras del evento se presentó un video de la vida y deceso de Don Antonio preparado desde Puerto Rico por el amigo Carlos Miguel Martínez Pérez. También el compañero Ángel Vázquez proporcionó un video de Guanina, hija mayor de El Topo con un emotivo mensaje grabado para toda la diáspora. Amneris y Belange compartieron algunas anécdotas vividas con el Topo durante todos los años compartidos con él de amistad, hermandad y lucha.

Los compañeros canta-autores y músicos entonaron canciones tales como: Las manos del Campo, Solina.. Solina, Misuco, Expresa lo que sientes y Antonia. La canción Antonia tuvo a su vez la interpretación del poema que lleva el mismo nombre de Antonia y que fue escrito por Jesús Papoleto Meléndez. En el tributo no solo se recordó la gran aportación de El Topo al pentagrama musical de nuestra Nación sino que también se resaltó su aportación a la poesía. Para ello el poeta Luis Laro Rodríguez leyó los poemas de Don Antonio: “Oración ante un amigo muerto “y “Es necesario”.

Ya concluyendo el tributo se leyeron anécdotas que compartieron los asistentes y para concluir el evento la compañera Sully Díaz entonó junto a todos los asistentes nuestro segundo Himno Nacional “Verde Luz”.

Texto suministrado por :Barrio Independent Productions

Fotos suministradas por Luis Laro Rodríguez