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¿Personajes o personas?

 

 

Especial para En Rojo

 

En la literatura puertorriqueña hay personajes icónicos  que se han convertido en inolvidables. Algunos han sido llevados al cine como los que presenta Abelardo Díaz Alfaro en sus cuentos de Terrazo que fueran filmados magistralmente por Luis Molina Casanova. En “El despedidor de duelos” se destacan los actores José Miguel Agrelot (Don Cholito) y Chavito Marrero.  Jacobo Morales  es el actor que encarna al popular maestro Peyo Mercé.  Algunos son personas reales ficcionalizadas como el doctor Francisco Rufino de Goenaga que sale en el cuento de Vanessa Vilches titulado “La casa de la memoria”. En él se representa al alienista director del Asilo de Beneficiencia y Manicomio de Puerto Rico quien comenta los problemas de la institución durante las dos primeras décadas  del siglo XX y las formas de trabajar médicamente a “los locos”, exponiendo de esta  manera parte de las creencias médicas de su tiempo.

Otro extraordinario ente ficticio es el de Isabelo Andújar, detective afrodescendiente que es el personaje principal de las novelas de Wilfredo Mattos Cintrón, quien transita por las calles de Río Piedras cercanas a la Plaza de Mercado, lugar por donde recorren por igual los deambulantes que habitan en la zona periférica de Capetillo en la que vemos el rostro alterno de la ciudad. El detective del novelista Edgardo Rodríguez Juliá ha sido llevado al cine con su obra Sol de medianoche dirigida por Douglas Sánchez, ambientada en concordancia con la criminalidad y crueldad que vivimos en el capitalismo caníbal. Otro  fascinante  detective, esta vez el sicópata Gabriel Marte, es el de Marta Aponte Alsina en su libro Fúgate.

La obra de María Zamparelli nos sorprende con un personaje femenino que llega al llamado nuevo mundo en el primer viaje de Cristóbal Colón: su hija que zarpa con él disfrazada, dándole una mirada femenina a la travesía que llevaría al mundo europeo al encuentro con los que serían llamados caníbales del Caribe.  La colonización comenzó por el archipiélago antillano nos recuerda la autora.

En los últimos tiempos  han surgido nuevos sujetos en la literatura puertorriqueña como el joven emigrante de la narración Barrachina de Manolo Núñez.  Tal vez los  libros de Rafael Acevedo y el de José Lee Borges titulado  Los chinos en Puerto Rico han contribuido a develar nuestros lazos con el mundo oriental influyendo en el quehacer literario. Junito de Luis Negrón tiene un personaje que se debate entre su homosexualidad y su identidad puertorriqueña porque la falta de aceptación le llevó a considerar emigrar del país.

Violeta Cruz, patóloga forense, embalsamadora, fervorosa del Internet, escritora y apasionada del bolero fue creada por Marta Aponte Alsina y “reside” en la novela Sexto sueño. Amante también del saber, conocía a los muertos desde pequeña en sesiones de espiritismo en las que aparecía Ramón Emeterio Betances , emblema de las luchas por la liberación de las Antillas, con sangre negra en sus venas, muerto que aparece entre los vivos de esta ínsula.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gilberto Santa Rosa encanta al público con una noche “auténtica”

"Un montaje pintoresco, 15 músicos y el ánimo del oyente dieron vida a las piezas de Santa Rosa". Fotos José Rodriguez/ Especial para CLARIDAD

 

El salsero, que interpreta el género tropical hace más de 45 años, cantó decenas de temas clásicos y nuevos

 En Rojo

 Con un timbre de voz que pareciera no caducar con los años y acompañado por el estruendo de una banda compuesta de “una mezcla entre veteranitos con juventud”, Gilberto Santa Rosa embelesó al “público bailador” boricua, en su reciente concierto “Auténtico”. El evento, que forma parte de la nueva gira del “Caballero de la Salsa”, no escatimó en deleitar a la audiencia entre palos noveles y clásicos preciados.

Un montaje pintoresco, 15 músicos y el ánimo del oyente dieron vida a las piezas de Santa Rosa, que variaron desde “La agarro bajando” (2001) hasta “Déjame sentirte” (1988). Para entonar el concierto, un breve estrépito orquestal musicalizó un vídeo inicial, que destacó datos de la vida y carrera del cantante, nacido un “21 de agosto de 1962” (Yo soy, 1991).

Coliseo Jose Miguel Aglerot Concierto Gilberto Santa Rosa “Autentico”. Fotos José Rodríguez

“Venir a la casa y estar en la casa es una satisfacción muy grande”, expresó el salsero de 61 años. Además, confesó que, hace un tiempo atrás, no imaginaba presentarse en el centro multitudinario más grande del país, cosa que cumplió por segunda vez.

En junio de 2021, Santa Rosa fue el primer artista en presentar un concierto en el País tras la pandemia.

Durante la noche, las risas, que son sinónimas de la buena rumba, no se ausentaron. “Horita canté “Un montón de estrellas”. Yo recuerdo con cariño y simpatía que, cuando grabé esa canción, los ejecutivos de las disqueras armaron un lío y me llamaron la atención porque decir ‘idiota’ en una canción era muy fuerte”, narró el artista. Entre el público, las carcajadas y los cuchicheos de ironía contagiaron al bullicio, que solo cesó cuando la banda tocaba.

Los temas de una vida en el soneo

Bailando con la fluidez de un cocolo cualquiera, “Gilbertito” presentó, engabana’o como acostumbra, una plétora de temas de toda su carrera.

“Quiéreme” (2018), “Desayuno” (1988), “No me dejes solo” (1990) y “For Sale” (2022), entre otros temas afinaron el tono caballeresco de Santa Rosa. Desde la arena hasta las graderías, no hubo suelo que no quedara transformado en una pista de baile.

Mayormente, las canciones se organizaron en melodías mezcladas, que fluctuaron de tres a cinco canciones por partitura. Entremedio, el salsero amenizaba el ambiente antes de su próxima canción, como hizo previo a cantar los boleros “Amor para la historia” (2012), “Mentira” (2001) y “Si te dijeron” (2002).

Las muestras de aclamación, que no parecían poder sonar más fuertes, reventaron entre aplausos, silbidos y gritos cuando el notorio soprano de “Conciencia” (1991) se escurrió entre los oídos del público. Por igual, el interludio de la trompeta en “Perdóname” (1990) animó hasta al que menos bailaba.

Para sorpresa de la audiencia, Santa Rosa cantó su nuevo tema “Vamos a ver”, un bugaloo que incluyó la interpretación de bailarines profesionales.

Los metales, vientos, percusión y cuerdas se encargaron de melodizar los éxitos  del sonero.

Los corista Michael Pérez, Michelle Brava, Dino Ramirez y Gilberto. Foto: José Rodríguez

.Los músicos que forman parte de la banda de Santa Rosa son: Michelle Brava (corista), Rebeca Zambrana (trompeta), Georgie Torres (trombón), Saviel Cartagena (flauta y saxofón), Pedro Marcano (trompeta), Anthony Rosado (trombón), Francisco “Paquito” Cruz (bongó), Rafael “Tito” Echevarría (timbales)- exmiembro de la orquesta de Willie Rosario-, Pete Perignon (percusión, nominado a un latino grammy), Gerardo Rivas (congas), Luis Marín, Johnny Torres, Juan Carlos Vega, Michael Pérez y Ginno Ramírez.

Saludó a sus amigos entre coros

Con su tradicional”mira quién llegó, quién está ahí; qué bueno que me vino a ver”. Con esa rima, Gilberto Santa Rosa le dedicó soneos a sus amistades y colegas invitados.

A Ismael Miranda- quien sufrió complicaciones del cerebelo- le regaló las rimas “Desde que llegué, me dijo la banda ‘Gilbertito, ponte duro’, que por ahí está Ismael Miranda”. Aparte del “Niño bonito”, improvisó para Chucho Avellanet, Cuco Peña, Otilio Warrington “Bizcocho”, Luis Vigoreaux, Alexandra Fuentes y otras figuras públicas que asistieron al espectáculo.

Homenaje al Gallo salsero Tito Rojas. Foto: José Rodríguez

Hubo un amigo que no estuvo presente, pero que recibió su debido saludo. Los vídeos musicales del tema “Por la calle del medio”, pieza que fue grabada meses antes de la muerte de Tito Rojas en 2020, encarnaron un tipo de dúo dedicatorio para el “gallo salsero”, quien falleció de un ataque al corazón. Al final, un retrato de la picardía de Rojas recibió la ovación de una audiencia solidaria y enternecida por el homenaje.

Tras 24 canciones interpretadas, los mensajes de agradecimiento y las súplicas por otra canción, Gilberto Santa Rosa despidió la noche con “Qué manera de quererte” (1993), con la discreción de un caballero y el timbre indiscutible que lo identifican como un baluarte de la salsa romántica.

 

Hostos decolonial

 

Francisco J. Concepción Márquez

 

La obra que nos convoca esta noche es la oportunidad para confrontar la voz del pasado en la personalidad de Eugenio María de Hostos. Lo interesante de esta reflexión es que se trata de un Hostos inédito para nosotros. A Hostos lo hemos encasillado en la voz de un educador, de un político, y tal vez, en menos ocasiones, en la voz de un activista, pero normalmente no vemos a Hostos relacionado con el ámbito del derecho. Esa voz, la voz del derecho en Hostos, ha sido silenciada por la apatía, el miedo o simplemente la desidia.

Hostos abogado constitucionalista tal vez es una referencia a la que podemos estar abiertos, pero Hostos abogado penalista es más difícil imaginárselo. Es cierto que no se trata, el dominio del derecho penal de Hostos, de una forma de articular su práctica jurídica, ya que no la tuvo, sino de la oportunidad de un pensamiento profundo acerca de la legalidad que se construye sobre la experiencia del expatriado, del colonizado y del luchador por la igualdad y la moral.

Esa incitación a la moralidad es otra forma de articular el recuerdo de Hostos en la memoria colectiva. La moralidad que el mismo texto menciona en su sección III donde Hostos articula el análisis del derecho penal desde la perspectiva de la moralidad que se entiende como la materia que se ocupa de que “los hombres individuales y colectivos realicen su naturaleza o, en otros términos, que sean real y efectivamente hombres”. (343)

Una moral que permite al ser humano ser lo que es, supone una conformación con el ideal de la libertad que se articula en función del pleno desarrollo humano. Esta es una concepción humana abierta y flexible, que permite pensar a la sociedad en función del objetivo de la existencia dirigida a la plenificación de la naturaleza humana. En Hostos, entonces, esta naturaleza sería el ámbito en el que el derecho penal incide para comprender cómo es que la sociedad piensa lo que es el crimen, cuales son las razones del crimen y cómo confrontar el crimen en nuestras sociedades.

Este libro, en palabras del Dr. Julio Fontanet, autor del prólogo, es un acto de rescate. Afirma Fontanet que el Lcdo. Carmelo Campos, “ha rescatado reflexiones, pensamientos y escritos de gran envergadura” de Hostos. Este rescate es el arte fundamental de la historia. La historia es el ejercicio del recuerdo, la memoria, ejercido en función de la construcción de la identidad que se percibe difuminada por la condición colonial y que, por lo tanto, se ejerce en función de la liberación de una tierra que ha sido subyugada por el poder metropolitano. Esta memoria rescatada es la forma de hablar de un pasado que pudo haber sido pero que fue interferido, o de un pasado que ya fue pero que quiso, intentó, ser otro diferente. Rescatar la memoria de Hostos, rescatar sus reflexiones sobre el derecho penal, es una oportunidad para pensarnos, pensar lo que hemos llegado a ser, desde el ámbito de las víctimas del delito, de las voces que ha sido apagadas por la violencia. No es casualidad que sea el Lcdo. Carmelo Campos, activista de derechos humanos, ardiente opositor de la pena de muerte y quien se ha destacado en la defensa de las víctimas del crimen quien se haya dado a la tarea de rescatar esta memoria de Eugenio María de Hostos.

El libro consta de un prólogo escrito por el Decano de la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, quien fuera presidente del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, Julio Fontanet. La introducción del libro, que en si mismo es un libro, escrita por el Lcdo. Carmelo Campos nos coloca en posición de comprender la aportación trascendental de Hostos en el ámbito del Derecho Penal, pero también de la evolución de la reflexión acerca de esa área del pensamiento hostosiano. Las tres partes del libro constan de las reflexiones realizadas en el ámbito de las lecciones de derecho penal de Hostos, sus escritos periodísticos, una de las partes más sorpresivas del libro, y una sección acerca de las reflexiones interdisciplinarias de Hostos.

La primera pregunta que le he hecho a este texto, pensándolo como una forma de guiar mis propias preocupaciones luego de los asesinatos de Nahia Paola Ramos López y de Tanaisha Michelle De Jesús Curet, de 13 y 15 años respectivamente, es la pregunta sobre la naturaleza del delito.  ¿Qué es el crimen? ¿Cómo delimitamos las conductas que clasificamos como delitos? ¿Cuáles son los criterios que una sociedad debe utilizar a la hora de pensar el delito? Hostos, sabio como es, me respondió con una afirmación que es simple y abarcadora. “Si el crimen es una enfermedad, debe ser el fin primordial de la ley el remediarlo”. (288)

Entonces Hostos nos invita a pensar el delito como algo diferente a un acto de maldad. No hay una ontología religiosa subyacente a la reflexión hostosiana. El crimen es una enfermedad, una forma de manifestar una anomalía, un mal que es fruto de una imperfección. El crimen como enfermedad es un reto para la sociedad que no tiene más función que la de encargarse de remediar, de curar, de sanar. Es el deber de volver a la salud lo que se vislumbra en la definición del crimen como enfermedad. No es una responsabilidad única del delincuente, es una responsabilidad social. Es una sociedad la que está llamada a darle vida, es el colectivo el que es responsable, y la preservación de la vida, la de estas niñas que he mencionado, es responsabilidad del colectivo, de la sociedad.

Hostos anuncia un derecho penal que no está montado cobre el castigo. Si es responsabilidad de la ley remediar la enfermedad del crimen entonces se pregunta, “¿se cura castigando?”, a lo que responde, “pocas veces”. No es el castigo el centro del derecho penal. No es la pena el fin en si mismo de un sistema que debe servir como instrumento para que la sociedad, el colectivo, sane la enfermedad del crimen.

Como si vislumbrara la pesadilla de los sistemas de represión penal privados Hostos afirma que el “poder de penar es tan formidable que de ninguna manera debe consentir la sociedad en delegarlo sin previamente definirlo, limitarlo y precisarlo de tal modo que sea absolutamente imposible trasponerlo o usurparlo sin incurrir en delito de lesa soberanía”. (169) Es el estado el llamado a definir el delito en función de lograr un sistema que sea justo y que, de tal manera responda a las necesidades colectivas, que violarlo sea un crimen contra la soberanía, que es el fundamento del sistema del que hablamos. Hostos, desde esta perspectiva, piensa en un sistema que responda a las visiones de la sociedad que no abusa, no impone y no reprime sin causa real. Por eso definir el delito como parte de la función del estado es tan importante.

Ya que el delito, el delinquir, es un acto social y que la sociedad tiene una responsabilidad en cuanto a la posibilidad de la comisión del delito, Hostos afirma que la pena debe cumplir con un fin colectivo. “El fin de la pena no es la expiación del crimen”. (330) Es la rehabilitación del delincuente el objetivo del sistema penitenciario. Se pena para que el criminal pase de un estado de inconciencia al de conciencia. Este pasar a la conciencia del crimen sólo es posible con la condición de que “viva el malhechor”. (330) Siendo las sociedades latinoamericanas, asediadas por el pasado colonial, una civilización incompleta, la abolición de la pena de muerte es un imperativo ya que no cumple con el fin social de la pena, de que haya un proceso de rehabilitación del criminal, del malhechor como le llama Hostos, ya que “el ser humano se civiliza, porque adquiere el conocimiento de sus derechos y de sus deberes, y porque adquiere el convencimiento, ya por experiencia, ya por razonamiento, de que fuera del derecho respetado y del deber cumplido no hay posibilidad de vida civil”. (330)

Es la ley la que posibilita la existencia de un orden civil, de una sociedad, de un colectivo que se experimenta y entiende como responsable o corresponsable de la seguridad del ser humano. Es por esto por lo que Hostos afirma que “no existiendo ni código civil, ni código penal en vano se buscará la seguridad del ciudadano ante la ley”. Es la ley codificada, establecida, delimitada, la que posibilita que el ciudadano tenga seguridad y libertad. Es por ello por lo que definir el delito es una responsabilidad tan importante en una sociedad que pretende ser civilizada. El juez, en una sociedad sin ley, donde es su discreción la que articula la aplicación de la norma, deben ser “hombres sin tacha, jurisconsultos sabios, corazones rectos y almas justiciera.” (305)

El sistema de justicia manipulado por la discreción individual de un juez es un sistema abocado a la injusticia. Es por ello por lo que Hostos dice que un juez “es en Puerto Rico jerárquicamente una potencia: dispone de la tranquilidad, de la hacienda y de la vida de las familias”. (305) Hablando sobre los jueces afirma que, considerando el poder que tienen en una sociedad colonial “si es un hombre inteligente y bueno, es el Dios de sus administrados; si es ignorante, perverso, interesado y venal, es un demonio”. (305)

Es el estado, la colectividad, desde la visión hostosiana, el llamado a asegurar que los ciudadanos vivan en un sistema donde el crimen no sea posible. La criminalidad es prevenida por medio de la existencia de un sistema de justicia justo, donde los ciudadanos estén seguros, donde la vida, la hacienda y la tranquilidad de todos esté asegurada. Hostos así lo afirma cuando escribe que el “buen gobierno contribuye a prevenir la criminalidad haciendo efectiva la administración de la justicia”. (185)

Mientras que el buen gobierno contribuye a prevenir el crimen con la administración de un sistema de justicia efectivo por otro lado el colectivo tiene otra importante tarea a la hora de asegurar la vida de los ciudadanos y de prevenir la criminalidad. Hostos afirma que la “instrucción contribuye a prevenir la criminalidad en cuanto contribuye a aumentar la racionalidad y a corregir los errores que la pasión y el interés espolean y que concluyen por manifestarse en delitos más o menos graves”. (185)

Así que la prevención de la criminalidad tiene dos elementos, dice Hostos. Educar y administrar un sistema de justicia efectivo. Esas dos vertientes son el fundamento de un acercamiento salubrista, como se le llama hoy, al problema del crimen. El crimen entendido como un reflejo de un mal mayor, que sólo es prevenido con una administración de justicia adecuada y un sistema educativo efectivo. Hostos es relevante, como afirma el Dr. Julio Fontanet.

La pregunta que queda es si un sistema de justicia como el nuestro, anquilosado en judicaturas hereditarias, apellidos de alcurnia y la pleitesía colonial del “su señoría”, “vuestro honor”, o el casi apropiado “your majesty”, estaría abierto a implementar las ideas de un Hostos decolonial que nos libera de la atadura con el pasado monárquico y nos impulsa a pensar el problema criminal desde perspectivas democráticas y liberadoras.

Agradecemos al licenciado Carmelo Campos por este trabajo de rescate y por bridarnos la oportunidad de ser interpelados por un Hostos desconocido y radical.

 

Presentación del libro Antología Jurídica de Eugenio María de Hostos, Vol. I, Derecho Penal, Carmelo Campos Cruz, editor el 11 de agosto de 202, en el Anfiteatro del Archivo General de Puerto Rico

 

 

 

Antonia: la estudiante: rescatando la memoria colectiva

 

En Rojo

Trato de ubicarme en mi Universidad ese año de 1970, pero la memoria no tiene en archivo la noticia de una estudiante asesinada ese 4 de marzo. Los mítines, las marchas, las veladas, las protestas, las confrontaciones con lxs estudiantes uniformados, las carreras para esconderse o salir corriendo ante la avanzada policíaca, eso sí. Quizá por eso, conocer a Antonia Martínez Lagares a través del recuerdo de su familia y lxs estudiantes que compartieron o tan solo se toparon con ella, se siente tan íntimo, y nos devela a una chica con quien pudimos haber compartido en un salón de clase, en las cientos de actividades culturales, académicas o políticas que eran la orden del día, mientras seguíamos asistiendo a clases y pasando los fines de semana estudiando en la Biblioteca o regresando a la casa familiar para compartir con las personas que siempre las habían protegido. Antonia muere a los 20 años, casi por completar su grado de Bachillerato en la Facultad de Educación.

Sin duda, el propósito de este tan emotivo documental es humanizar a la estudiante como indica su título. Antonia Martínez Lagares se presenta, ante todo, como parte de una generación, de un grupo familiar, una de miles de estudiantes para quien la educación era su formación y estudiar en la Universidad de Puerto Rico, su aspiración. Tenía el respaldo de su familia para poder trasladarse desde Arecibo a Río Piedras, encontrar un hospedaje circundante a la UPR y proveer sus necesidades básicas de comida, pasaje y otros gastos. Poder tener como compañera de vivienda, estudios y salidas a su prima Iris Nilda, era una tranquilidad para la familia que le echaba bendiciones desde lejos. Son los miembros de su familia, los que nos ofrecen detalles de la mudanza de la familia de Arecibo a New Jersey, su crianza y educación en la escuela primaria de allá, su traslado nuevamente a Arecibo donde cursa su escuela intermedia y superior. Todxs lxs entrevistadxs nos recuerdan que en aquel entonces había programas especiales para estudiantes avanzados, en los cuales participó “Toñita” y su hermana mayor, Jenny. El resultado fue acelerar sus años secundarios, ser aceptada en UPR-RP y ser parte de esa nueva generación que creía en transformar nuestro país. Escoge la pedagogía por tener como modelo a su cuñado maestro, Apolinar Cintrón y tener ya experiencia en intercambiar ideas y siempre buscar mejorar las cosas por su experiencia como parte de la Iglesia Alianza Misionera y por su semestre de práctica pedagógica como requisito de sus estudios.

Todo este trasfondo nos hace conocer a Toñita como estudiante universitaria que un día, casi por accidente, se encontró en una encerrona entre estudiantes y policías que lxs veían como enemigxs. Aunque sus simpatías estuvieran con el ideal de la independencia de su país, tanto Hiram Sánchez Martínez, autor de Antonia, tu nombre es una historia, de 2019, como Julio Muriente, líder estudiantil para esos años, reconocen que Toñita no militaba en ningún grupo político, pero como cualquier estudiante en ese momento, entendía y participaba de la oposición a la guerra de Vietnam, al Servicio Militar Obligatorio, a la presencia del ROTC en el Recinto y a la vigilancia de la policía estatal. Al igual que todxs lxs estudiantes, sabía que permitir la presencia de la policía dentro del Recinto significaba una confrontación de fuerza donde el centro de estudios sería fragmentado y eventualmente, cerrado. Los sucesos de ese 4 de marzo se presentan como declaraciones de Hiram, Iris Nilda y el propio José Artemio que van de la normalidad de un día de clases a ser testigo de la persecución por las calles de Río Piedras de la fuerza de choque. Estar en ese balcón de la avenida Ponce de León, como otrxs también lo hacían, para saber qué estaba pasando, no parecía peligroso hasta que un policía decidió apuntar su arma y disparar a ese punto. Resultado: dos heridos: Celestino Santiago y Antonia. Él se recuperaría de la herida, pero ella moriría en el hospital. Aunque se indaga en la investigación superficial que se hizo de este crimen, el foco del documental es en rescatar la humanidad de Antonia para que nunca sea una estadística más, sino un ser complejo con aspiraciones que nunca llegó a realizar, pero que su vida fue una de dar y recibir la atención y el amor de la gente que le rodeaba.

La pérdida de esta joven inspiró a cantautores como Roy Brown y Andrés Jiménez, pero el poema recitado y cantado que se volvió himno de lxs estudiantes es de Antonio Cabán Vale, El Topo. Escuchamos ese himno con la formalidad del Coro de la Universidad de Puerto Rico-Cayey, “en la calle” con voz y percusión y en la voz y guitarra de su autor. Es la Antonia de todas y todos.

 

 

 

 

 

Crucigrama- Bernarda Toro Pelegrín

Por Vilma Soto Bermúdez

Horizontales

1. Bernarda _____ Pelegrín; patriota revolucionaria cubana. Acompañó a su esposo durante toda la guerra y participó en las actividades logísticas del Ejército Libertador.
3. Máximo _____; general dominicano del Ejército Libertador cubano y compañero de Bernarda Toro.
7. _____ Martí; escribió a Toro dándole referencias sobre Gómez y de los hombres que desembarcaron con él en Cuba y le reconoce sus valores de madre y patriota
10. Mirar.
12. Proferirá palabrotas.
15. 20 de _____ de 1852; nacimiento de Toro.
19. Antigua ciudad del sur de Mesopotamia, Patrimonio Mixto de la Humanidad.
21. Terminación verbal.
23. Estima y respeto de la dignidad propia.
26. Decimoséptima letra del alfabeto griego.
28. Eva _____; (1987) novela de Isabel Allende.
30. Tierra o campo sin cultivar ni labrar.
31. Prefijo que indica negación o privación.
32. Canoa.
33. Eché mal de ojo.
34. Símbolo del neodimio.
35. Quintana _____; estado mexicano.
37. _____; pueblo natal de Toro en la provincia de Oriente.
42. Del verbo ir.
43. Símbolo del argón.
45. _____; país caribeño donde Toro vivió exiliada.
47. Carta de la baraja.
48. Preposición.
49. En el hinduismo, maestro espiritual o jefe religioso.
53. _____; país donde nació y murió Toro.
54. 29 de _____ de 1911; fallecimiento de Toro.
56. _____ Peredo; guerrillero boliviano.
57. Onomatopeya que, repetida, se usa para imitar el ruido del habla ininterrumpida y previsible.
58. Pasad la vista por lo escrito.
59. 7 de _____ de 1896; muerte en batalla del capitán Francisco (Panchito) Gómez, hijo de Bernarda Toro y de Máximo Gómez, al lado del mayor general Antonio Maceo Grajales.

Verticales

2. Onda.
4. Alga verde.
5. Acusativo o dativo de pronombre.
6. Época.
8. Catedral.
9. Ahora.
11. Primera nota musical.
13. 17 de _____ de 1905; fallecimiento de Máximo Gómez, esposo de Toro.
14. Carbón vegetal hecho con el hueso de la aceituna.
16. Sazonar con sal.
17. Ardid o trampa que se utiliza para el logro de un fin.
18. Ernesto “_____” Guevara; el Guerrillero Heroico.
20. _____; país suramericano donde vivieron exiliados Toro y su familia.
22. Comandos Armados de Liberación; siglas de guerrilla puertorriqueña.
24. Reza.
25. Dulce de harina de cebada condimentado con ajonjolí.
26. Cuadrilátero.
27. _____ Habana; allí falleció Toro.
29. Nave.
36. Bernarda Toro _____; a la muerte de su hijo Panchito, creó un club revolucionario femenino con el nombre de él. Fue miembro de la Junta Patriótica de La Habana, fundada el 10 de octubre de 1907.
38. Distraídas.
39. Viene a la vida.
40. Persia.
41. _____ Toro Pelegrín; nació en Jiguaní, Cuba. Su madre murió prisionera de los españoles. Seis de sus hermanos murieron combatiendo por la independencia de Cuba.
44. Conozco.
46. Señor, abrev.
50. Juntad.
51. Biberón.
52. Imán, encargado de presidir la oración canónica musulmana.
53. Del verbo celar.
55. Nombre de la letra L.