Especial para En Rojo
Para fomentar la solidaridad y recordarnos la fraternidad universal de todo ser humano, la Organización de Naciones Unidas consagró el 25 de mayo como «Día de África» y promovió actividades durante la última semana de mayo para despertar a la sociedad internacional sobre la difícil realidad en la cual vive la inmensa mayoría de nuestros hermanos y hermanas en África.
Se trata de un continente tres veces más grande que Europa. En él viven actualmente unos 930 millones de habitantes, la inmensa mayoría de los cuales se encuentran entre las personas más empobrecidas y sufridas del mundo. Mientras que en Europa y Norteamérica la edad media de vida supera los 80 años, en el continente africano se estima que la esperanza media de vida no va más allá de 20 años (Cf. Avvenire, 25/05/2023, editorial).
África está dividida en 52 países, a veces creados y fomentados por la ambición de países colonizadores europeos para mejor dominar a la población y apoderarse de las inmensas riquezas naturales del continente. Diamantes, oro, plata y metales preciosos proceden de las minas belgas y británicas situadas en la República Democrática del Congo y otros países centroafricanos. Gran parte del petróleo que explotan las grandes compañías norteamericanas procede de las costas de países africanos. Las organizaciones internacionales de derechos humanos denuncian las terribles condiciones de trabajo que amenazan la salud y la vida de hombres, mujeres y, a menudo, de adolescentes y niños en los bosques y sabanas de África. Se calcula que más del 90% de las maravillosas obras de arte y riquezas culturales de la historia africana han sido robadas y se encuentran en famosos museos de países europeos y del continente americano.
Los países subsaharianos son los más pobres y olvidados. En 2020, la deuda internacional del continente africano superaba los 700,000 millones de dólares. Sólo a China los países africanos intentan pagar una deuda inmensa, y China prefiere que no paguen y así poder invertir y sacar beneficios de los ferrocarriles y de las obras monumentales que hace en África de este a oeste y de norte a sur (Revista è Africa, octubre 2022, p. 4).
Desde hace años, la destrucción de bosques y de la naturaleza ha provocado gran sequía que ha devastado varios países de África. La guerra en Sudán dura ya más de diez años. La guerra civil en Etiopía es una tragedia que parece no tener fin. Se calcula que en los últimos 16 meses han muerto 500,000 personas de hambre, o como consecuencia directa de la violencia de la guerra en la región.
En un intento de unir a los países y defender sus intereses comunes, el 25 de mayo de 1963 se fundó en Abdis Abeba (Etiopía) la Organización para la Unidad Africana (OUA), que en 2002 se convirtió en la Unión Africana (UA). A pesar de su fragilidad, la unidad de los países africanos permite un proyecto político opuesto al colonialismo, que en cada época adopta nuevas expresiones pero se rehace con fuerza y con igual crueldad.
El pensamiento decolonial es importante tanto en el plano político como en el cultural, ya que trata de expresar el modo propio de vida de los pueblos africanos y de lo que hoy se denomina «Sur Global» de una forma libre de colonialismo e independiente.
En el pasado, algunas religiones y, especialmente, el cristianismo consideraban idólatras y primitivas las culturas tradicionales de los pueblos autóctonos. El hecho de haber legitimado conquistas y colonizaciones genera una deuda histórica con las religiones negras e indígenas. Sin embargo, en estos tiempos en que buscamos recuperar una relación amorosa con la Madre Tierra y con la naturaleza, los ritos y creencias de origen africano e indígena, pueden guiarnos en este camino de una espiritualidad que valora a la Vida y a la Ecología Integral.




Verticales

Siempre y cuando mis acciones y sus productos cambien mi pasado, sé que estoy en lo correcto. Así permito que la realidad esencial de lo que hice y lo que fui adquiera su mejor forma. Hay un hermoso pájaro filipino de deslumbrante amarillo y brillante pico anaranjado que he visto solo unas cuatro o cinco veces en los pasados quince años. Pero en la última semana nos ha visitado cada día en el árbol de mangó que ha hecho su favorito. Su cantar es único y así me avisa de su presencia. Voy enseguida corriendo a la ventana apropiada y ajustando mi camera, espero con paciencia poder capturarlo. Pero es elusivo y por más que me escondo, siempre me percibe y huye. Su cantar lo acompaña el de otro centenar de aves comunes que revolotean azoradas toda el area, haciéndome pensar que nuestro exótico visitante, de tamaño considerablemente mayor que los demás, es un cazador de nidos. Tanta belleza, debí sospecharme, estaba hecha para matar, y su rareza, señal de que los humanos hemos devuelto el proceder.

