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Haití, «un coctel explosivo en el país más pobre de Latinoamérica»

 

Redacción Internacional Granma

 

Dos años después de que un comando armado asesinara en plena noche en su casa, al presidente Jovenel Moise, Haití sigue en las tinieblas, sostiene un artículo de la Agencia de prensa France-Presse (AFP), y agrega que el magnicidio «sumió al país caribeño en un caos político-humanitario».

«La sensación de vacío de poder ha empoderado a temibles bandas criminales, que imponen terror a su antojo: matan, violan, secuestran y saquean», reseña el artículo, y recuerda que, en visita reciente a la capital de Haití, Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, comparó la gravedad de la crisis con la de un país en guerra, y solicitó el despliegue de una fuerza internacional para ayudar a la policía haitiana a pacificar la nación.

La publicación, al citar a Guterres, dijo que: «he sentido todo el agotamiento de un pueblo que se enfrenta desde hace demasiado tiempo una cascada de crisis y condiciones de vida insostenibles (…) Ahora no es el momento de olvidar a Haití».

A juzgar por esta última expresión, pareciera que por fin la ONU empieza a reconocer –y ahora- la «cascada de crisis y condiciones de vida insostenibles» que azota a la sufrida nación caribeña desde hace más de dos siglos, ante la indiferencia de las potencias que la explotaron.

El escrito publicado por AFP no le dedica ni siquiera una línea al saqueo del que ha sido víctima la pequeña nación caribeña desde los tiempos de la esclavitud hasta nuestros días; tampoco habla de la pobreza fruto de la depredación de recursos a la que potencias occidentales la han sometido durante siglos.

He ahí la causa raigal de los múltiples, complejos y dolorosos fenómenos sociales que, uno tras otro, sufre el pueblo de Haití, los cuales requieren inversiones, recursos, ayuda, fuerzas para el desarrollo más que despliegue militar foráneo, a la corta reproductor del ciclo de caos y violencia.

De ese ciclo Haití vive otra fase aguda, más aún desde el asesinato de Jovenel Moise, un suceso «lejos de resolverse, con avances judiciales a cuentagotas», refiere en su artículo la AFP, y califica la situación como «un coctel explosivo en el considerado país más pobre de Latinoamérica, que en los últimos años ha sido víctima, además, de grandes desastres naturales y crisis sanitarias».

Añade que, «hartos de tanto atropello, de tanta ausencia policial y de tanta corrupción, algunos haitianos empezaron a defenderse, a tomarse la justicia por sus manos. Eso ha dejado escenas dantescas de linchamientos populares de presuntos pandilleros, que en ocasiones son quemados vivos en plena calle».

El material periodístico asegura que, con las fuerzas de seguridad debilitadas, las pandillas rivales expandieron sus tentáculos para hacerse con el control de buena parte de la capital y de más de la mitad del país y profundizaron sus lazos con la política y la policía.

Un «escenario aterrador», así califica al Haití de la AFP, apoyándose en datos revelados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM): «la violencia pandillera dejó más de 1600 personas asesinadas, heridas o secuestradas en los primeros tres meses de 2023, un 30% más que en el trimestre anterior. Y ha dejado ya más de 165 000 desplazados internos».

Citando al referido organismo, la agencia de Prensa Francesa añade que «los ataques de pandillas, las ejecuciones extrajudiciales, los secuestros y la violencia basada en género se han convertido en moneda corriente en la vida de los haitianos, forzando a los residentes locales a abandonar sus hogares».

Se calcula que en ese país operan más de 200 bandas criminales, las cuales funcionan en muchas ocasiones como un Estado paralelo: imponen su ley y tienen el control del suministro de agua, comida, comunicaciones e incluso, de infraestructuras esenciales de transporte. Además, se nutren de la venta de armas y drogas, asegura finalmente el artículo de la AFP.

 

Reproducido de www.granma.cu

Tras los fuegos artificiales del 4 de Julio, la historia estadounidense sigue bajo ataque

Howard Zinn

 

Por Amy Goodman y Denis Moynihan

 

¿Qué representa, para el esclavo estadounidense vuestro 4 de Julio?”, preguntó Frederick Douglass en un discurso que pronunció ante la Sociedad Antiesclavista de Damas de Rochester el 5 de julio de 1852. Douglass logró escapar de la esclavitud cuando tenía aproximadamente 20 años. A los 34, cuando pronunció este discurso, ya era un destacado líder del movimiento abolicionista, así como un renombrado escritor y orador. “Yo les respondo: es un día que le revela, más que cualquier otro día del año, la inmensa injusticia y la crueldad de las cuales él es una víctima constante. Para él, vuestra celebración es una farsa”. Las poderosas palabras de Douglass y su incansable activismo contribuyeron a generar conciencia y movilizar al pueblo estadounidense en favor de la abolición de la esclavitud, así como a apoyar a la red antiesclavista denominada Ferrocarril Subterráneo y, en última instancia, a librar una guerra civil increíblemente costosa para acabar de manera definitiva con la esclavitud. Las palabras de Douglass, y también su vida, nos muestran de manera contundente por qué es necesario tener una comprensión profunda y crítica de la verdadera historia de Estados Unidos si deseamos abordar con eficacia las problemáticas a las que actualmente nos enfrentamos. Sin embargo, se ha propagado en el último tiempo un movimiento muy bien organizado que tiene como objetivo tergiversar y ocultar gran parte de la historia estadounidense, censurar libros y promover la enseñanza de una versión suavizada del difícil y a menudo sangriento pasado del país.

Uno de los textos fundamentales que se centra en la parte ignorada o suprimida de la historia de Estados Unidos es el emblemático libro La otra historia de Estados Unidos, escrito por el fallecido historiador Howard Zinn. Desde su publicación en 1980, se han impreso más de cuatro millones de ejemplares. El libro aborda de manera detallada todos los procesos que componen la historia de este país, desde el genocidio llevado a cabo por Cristóbal Colón hasta los héroes olvidados de las luchas por los derechos laborales, los derechos de la mujer y el movimiento pacifista. La obra tuvo tanto éxito que Zinn y el editor Anthony Arnove publicaron el volumen complementario Voces de la otra historia de Estados Unidos. Este volumen incluye las fuentes históricas originales, como ensayos y discursos escritos o pronunciados por numerosas figuras históricas que, como se describe en la introducción del libro, “han sido excluidas en su mayoría de las narrativas ortodoxas, los principales medios de comunicación, los manuales escolares y la cultura dominante”.

En una entrevista que mantuvo con Democracy Now! en 1999, Howard Zinn expresó: “Cuando me convertí en historiador, ya sabía que no iba a ser neutral”.

Zinn y Arnove comenzaron a organizar encuentros en los que reconocidos actores y escritores recreaban y les daban vida a los textos históricos citados en Voces de la otra historia de Estados Unidos. El aclamado actor James Earl Jones recitó el histórico discurso de Frederick Douglass sobre el 4 de Julio con su reconocida y profunda voz de bajo:

“En tiempos como este, es necesaria la ironía crítica, en lugar de un argumento convincente. ¡Oh! Si yo tuviera la habilidad y pudiera llegar al oído de la nación, derramaría un torrente ardiente de burlas mordaces, de despiadados reproches, de sarcasmo fulminante y severas reprimendas. Pues no es luz lo que se requiere, sino fuego; no es una suave lluvia, sino truenos. Necesitamos una tormenta, un torbellino, un terremoto. Hay que reavivar el sentimiento de la nación; hay que despertar la conciencia de la nación; el decoro de la nación debe ser alterado; la hipocresía de la nación debe ser expuesta; y los crímenes contra Dios y el hombre, deben ser proclamados y condenados”.

El historiador Howard Zinn murió en 2010, pero su trabajo continúa. Anthony Arnove y Haley Pessin acaban de publicar un nuevo libro titulado Voces de la otra historia de Estados Unidos: documentos de esperanza y resistencia en el siglo XXI. Al igual que el anterior, este nuevo volumen también abarca diversos movimientos, pero esta vez se enfoca en los surgidos en las últimas décadas, como la oposición a la invasión y ocupación de Irak, el levantamiento en la ciudad de Ferguson, Misuri en defensa de la justicia racial, el movimiento Occupy Wall Street, el movimiento #MeToo, que movilizó a cientos de miles de mujeres en contra de los abusos sexuales, y la resistencia al Gobierno de Trump.

En conversación con Democracy Now!, Haley Pessin afirmó: “Tuve la suerte de que La otra historia de Estados Unidos fuera uno de los libros de texto que leímos [en la secundaria]. Realmente devoré el libro, ningún otro texto había logrado capturar mi atención de esta manera”.

Esa poderosa capacidad de influir en el interés de los jóvenes estudiantes es lo que intentan atacar grupos como Moms for Liberty (Mamás por la libertad), una organización ultraderechista de rápido crecimiento. Fundada en 2021, la organización sostiene que cuenta actualmente con 285 filiales en todo el país y más de 100.000 miembros. Su objetivo es influir en la currícula escolar mediante la censura de temas que su liderazgo, predominantemente blanco, considera ofensivos. La organización acaba de celebrar su convención anual en Filadelfia, el lugar de nacimiento de la Constitución de Estados Unidos y la primera ciudad a la que llegó Frederick Douglass en su valiente huida de la esclavitud en 1838. La mayoría de los principales contendientes presidenciales del Partido Republicano —incluidos Donald Trump y el gobernador de Florida, Ron DeSantis— se dirigieron a los asistentes a este evento a favor de la restricción de contenidos, mientras miles de personas se manifestaban en contra fuera de la sede donde se desarrollaba la reunión.

En vista de las crecientes amenazas a la libertad de expresión y a la enseñanza de la verdadera historia de Estados Unidos, vale la pena recordar la respuesta que Benjamin Franklin le dio a una persona que le preguntó sobre la nueva Constitución que él acababa de ayudar a redactar: “¿Tenemos una república o una monarquía?”. Franklin le respondió: “Una república, señora, si es que pueden mantenerla”.

Reproducido de Democracy Now.

 

 

 

“Santiago de las Mujeres” resplandece el filme documental

Especial para EN ROJO

Lo más importante que puedo decir sobre el impresionante documental de largometraje “Santiago de las Mujeres”, dirigido y producido por Rosamary Berríos, es que todo el mundo —por cierto cada puertorriqueñx— debe verlo, y, si es posible, verlo en el cine en pantalla grande. Así se puede mejor captar y apreciar su capacidad de revelar la riqueza visual, la textura cinestésica y la profundidad mito-histórica del ambiente cultural y humano de las vidas de las mujeres protagónicas del pueblo de Loíza en su relación a la imagen de Santiago de las mujeres y a las fiestas anuales de Santiago Apóstol.

Además, es una visión de Puerto Rico como es, sin gafas turísticas ni gríngolas folclóricas ni las pretensiones primer mundistas de compañías de relaciones públicas. Esta mirada penetrante muestra su africanía y su identidad hispano-caribeña como sellos de orgullo del “primer piso”, como decía José Luis González, de la puertorriqueñidad y no como un “token” cultural ni el cuartito de atrás donde vive “tu agüela” o Toña (de “Vejigantes”).

La directora, natural y residente de Loíza y profesora de Estudios de Medios en el Recinto de Arecibo de la Universidad de Puerto Rico, ha trabajado desde 2014 el tema de las mujeres loiceñas vistas a través de su devoción a Santiago de las mujeres. Conozco el trabajo y compromiso con su pueblo desde 2006, cuando Rosamary hizo la video-documentación de la exposición “El arte de Loíza” y el simposio “Re-Visiones de Santiago Apóstol” en el vestíbulo y los pasillos de la Biblioteca Lázaro del Recinto de Río Piedras de la UPR. Grabar y editar la memoria digital de ese evento mostró un alto nivel de creatividad y destrezas profesionales que resultó en un logro mayor en DVD.

No obstante, “Santiago de las Mujeres” luce por encima de sus trabajos previos y posiblemente de cualquier otro documental sobre Loíza y las fiestas de Santiago Apóstol, por dos razones principales: primero, la presencia constante de la directora dentro de la geografía fílmica y cultural durante una década de grabación y producción; y segundo, y tal vez más relevante, el enfoque sobre las mujeres que mantienen y cuidan la imagen de Santiago de las mujeres durante todo el año y que “corren” el santo en las procesiones de las fiestas.

Existen tres imágenes de Santiago Apóstol en Loíza, cada una con su día de celebración y procesión dentro de las fiestas: Santiago de los hombres (26 de julio), de las mujeres (27 de julio) y de los niños o Santiaguito (28 de julio). En casi treinta años de asistir y documentar las procesiones, mi enfoque ha sido los personajes profanos (y también sagrados) del Caballero, Vejigante, Loca y Viejo. La parte ritual cristiana-católica de los santos me ha servido más como contexto, el escenario y la escenografía en movimiento que crean el espacio estético privilegiado en que “bailan” estos performeros simultáneamente ancestrales y actuales.

“Santiago de las Mujeres” invierte esa propuesta; de hecho, los personajes profanos casi desaparecen dentro del trasfondo visual, y son los santos mismos y sus devotas que asumen los papeles protagónicos. La gran sorpresa de esta película surge porque no estamos concentrados en Vejigantes, Caballeros, los santos y el festejo, sino en las vidas de devotas de uno de los santos. 

Las tres imágenes de Santiago aparecen, pero es Santiago de las mujeres, también visto y celebrado como Santa Ana (cuyo día también es el 27 de julio), que sobresale en el filme. Y más que el santo, son las mujeres y sus creencias prácticas y espirituales —su manera de vivir— que la película nos pone en relieve. El santo es parte de sus vidas, y vemos y oimos de las especificidades cotidianas que constituyen su fe, su orgullo, sus relaciones familiares y generacionales, su creatividad, su querer vivir en Loíza y su devoción al santo como elementos de su complejidad y hermosura humana. 

Gran parte de esto nos llega a través del estilo “tú a tú” (sin intimidación) en el diálogo entre la cámara y las protagonistas. Hilda Juana Pizarro es la figura principal entre el grupo de mujeres cuyas historias constituyen el texto fílmico. Persona multi-talentosa, Hilda narra su vida en Loíza, en Nueva York, su regreso a la Isla; relata sus actuaciones en películas, como artesana de flores y dueña de un quiosco de frituras; también cuenta de la muerte de su mamá en la boda de un nieto y queda entretejida en todo su relación a Santiago de las mujeres. Dentro de su vida y circunstancias modestas, tiene una presencia “más grande que la vida” que nos transmite su fuerza espiritual de esperanza, fe y amor. 

La cámara también dialoga abiertamente con Ana Silvia Fuentes del conocido restaurante El Sazón de Silvia en Colobó y la mantenedora (a través de su hijo) de la imagen de Santiago de las mujeres. Conocemos a Daisy Tapia mientras habla de su vida como cartera a tiempo parcial, su familia e historia en Loíza, su relación con su papá y la importancia de participar cada año en llevar las literas de los santos por la carretera 187 hasta el final de su ruta en el sector Las Carreras. María del Pilar Tapia cuenta de su devoción de “correr” el santo a través de años. Comenzó acompañando a su abuela y tiene la seguridad de que alguien de su familia continuará en la tradición cuando ella no pueda hacerlo. 

Dalia Pizarro participa cada año con su hijo, como una forma de honrar a su marido fallecido quien fue también devoto de Santiago Apóstol. Cuenta de cómo su vida está enlazada con los santos y que ella y su hijo ya se visten cada año de Caballero o Vejigante. Rosa Julia Calcaño, mantenedora de la imagen de Santiago de los niños, narra sobre su relación con el santo de palo más famoso de las fiestas, su historia de más de 200 años y añade detalles esenciales sobre “mantener” los santos a través del año. Raquel Ayala provee otros elementos del ambiente cultural de las fiestas y de la “ruta del santo” por hablar de su papá, Castor, el artesano maestro de máscaras y hasta curandero y de su familia dentro de la zona creativa creada por las fiestas.

Priscila Osorio conversa con la cámara sentada en una silla y con una foto enmarcada en sus manos de ella llevando la litera de la imagen de Santiago de las mujeres. Doña Priscila falleció en 2017 pero vive en el documental al insistir que como mujer ella solamente marcharía con el santo de las mujeres. Así también subraya la dualidad de Santiago de las mujeres y Santa Ana, madre de María. Sin extender demasiado, la interpretación de ella abre a un posible Santiago Apóstol tripartito de padre, madre e hijo que refleja el sentir de varias de las mujeres devotas de Loíza.

“Santiago de las Mujeres” nos permite conocer, respetar, apreciar y hasta amar a estas mujeres. Revela algo de las fiestas de Loíza no presente en ningún otro documental o estudio, pero más que todo nos muestra, a pesar de los supuestos síndromes de pobreza con todo su bagaje de la violencia, la droga, el subdesarrollo personal, etc. —factores universales en todo Puerto Rico, el resto de América Latina y el Caribe y también grandes sectores de Estados Unidos—, que una inmensa sensibilidad, espiritualidad y creatividad humana gobiernan las vidas y tradiciones del pueblo de Loíza. 

Para cerrar, repito que la fotografía fílmica es asombrosa. Igualmente, la música y la banda sonora son impecables. Gracias a Idalise Delgado y Cheery Viruet y sus equipos de cámara y a Roig Berríos y sus equipos musicales. Gracias a las mujeres. He conocido a Ana Silvia, Raquel y Rosa Julia por años, pero hasta ahora, Hilda, Daisy, María del Pilar, Dalia y Priscila han sido caras sin nombres dentro de las procesiones. Ya sabemos sus historias.

Y gracias al trabajo magistral de Rosamary Berríos y todo su equipo de producción. El sentido de orgullo es grande.

En Reserva: Leer con casa. Reseña del N.8 de la revista the Puerto Rico Review

Esta edición de The Puerto Rico Review dedicada a la reseña me invita a hablar de mi relación con el género. Las primeras reseñas que escribí fueron asignadas por la profesora Rosalina Perales en los cursos de Apreciación del Teatro a finales de los noventa. Le guardo un cariño especial al género porque esas primeras reseñas fueron también mi dichosa, aunque obligada, entrada al universo del teatro puertorriqueño. El ejercicio de asistir a una obra con el fin de reseñarla se volvió un evento colectivo que me unió a personas con quienes aún mantengo vínculo. Desde entonces han venido muchas otras reseñas. 

A esta revista, el Puerto Rico Review, le tengo mucho cariño. Primero por ser revista, el tipo de publicación que me hizo amar la literatura cuando niña pues era lo más que había a mi alrededor. Segundo, porque es heroico querer hacer una revista y promover el ejercicio de la lectura, de hablar de la lectura, en tiempos en que este género, el de la reseña, escasea, no se practica a penas, no da tiempo, no se publican, como señalan los editores de este número en el prólogo, y eso, lamentablemente, aplica por igual a todas las artes.Tercero por cómo trazan una genealogía con nuestras otras revistas. El Puerto Rico Ilustrado, Zona de carga y descarga, Ventana o algunas más recientes aquí mencionadas como Parhelios, y en especial la revista virtual El roommate, de la que hablaré más adelante. Cuarto, por los afectos con sus editores: una de sus editoras fundadoras es una amiga poeta que admiro, Cristina Pérez Díaz, en compañía de otro amigo de tiempos más recientes, Jorge Lefevre, en este número acompañados por Isabel Guzzardo y Claudia Becerra, a quienes he comenzado a leer recientemente. 

Este número 8 de la revista no sólo está dedicado a la reseña sino al quehacer de otra revista, que también significa mucho para mí, El roommate, colectivo de lectores, fundada y dirigida por los entrañables amigos Luis Othoniel Rosa e Ingrid Robyn desde hace ya más de diez años. El título del prólogo, La tortuga, es un guiño para quienes hemos sido lectores de aquel otro espacio dedicado a la reseña, pues la tortuga siempre ha estado en el imaginario de la revista así como en la novela Otra vez me alejo, ópera prima de Rosa.

Lo primero que quiero decir del número es que pocas veces, o mejor dicho, nunca antes había terminado de leer una revista de reseñas con la sensación de haber terminado una novela o un poemario. En esta “cantidad hechizada” (Lezama Lima) hay once reseñistas que nos hablan de libros, pero también de casas, muchas casas, de lugares que son, del lugar que no son, lugares distancia, distancias que son la espera por los poetas que ya no bloguean, de la poesía de los hiphoperos, de las novelas sobre matemáticos, de los rumores de palabras, de la función del arte en espacios disímiles, de los nacimientos de pueblos originarios en otras islas. La magia está en que los editores hilvanaron estas respuestas de lectura como si fueran un diálogo. El efecto es el de un cadáver exquisito con todo el sentido del mundo. De la portada de “Celajes” de Sofía Gallisá pasamos a la reseña lírica de Margarita Pintado sobre Cloé Georás, quien sintetiza como Sofía, de un modo único la relación entre texto e imagen. 

En “La herida infinita: el lenguaje del dolor y de la solidaridad en tras: tocar de Chloé Georás”, nos encontramos ante la reseña que se vuelve poema, la reseña que conmueve. La lectura que deviene en poema. Margarita Pintado lee a la también poeta de rediviva: lost in trance.lations desde ese hiato de 20 años de un libro al otro. Sobre la poética del libro más reciente de Georas, una de las poetas que mejor sabe sintetizar la relación de ut pictura poesis, texto e imagen, Margarita concluye, “acaso una de las lecciones de tras.tocar es que no estamos solos. Y este libro es una manera de tocar y ser tocado, de sentir ser sentido”. Se trata de la reseña que de algún modo sabe camuflar en su escritura el tipo de ideación teórica a la que nos lleva la autora del libro reseñado. 

De ahí pasamos a Amanda Hernández en palabras de Jorge Lefevre. Esta reseña subraya el sentido de volver la reseña un asunto personal, minuciosamente personal. Para hablarnos de la poesía de Amanda, Jorge nos habla de la casa de los abuelos que habita, de los espacios en donde se encuentra a la obra de la también editora, de sus comienzos en la revista Parhelios, de los temas y obsesiones que habitan la evolución de la voz de Amanda para detenerse en Entre tanto amarillo, y en el hecho de que es un poema largo o como prefiero llamarles “poema de largo aliento”. 

Esta reseña empalma o nos prepara para hablar de la hermosa revista Parhelios, la revista en la que tanto ella como Alejandro Medina publicaron hace una década, esa revista tan hija del quehacer de Qease y de la obra de Che Melendes, a quien Sofía también lee y cita en sus Celajes, a través de la voz de Kairiana Nuñez. Juan Carlos Fret-Alvira lee a Medina también editor y poeta y, como Lefevre hace un recuento de la obra, aunque sin mostrarse tanto o al menos sin revelarnos los entramados ciegos, pero sí enfatizando en la importancia de su obra por el modo en que la palabra dialoga con aspectos visuales y táctiles. Las tres primeras lecturas tienen en común que quienes leen hablan de textos que combinan los aspectos multisensoriales del poema. El poema contemporáneo que leemos es un poema también indisciplinado, como la reseña que dicen los editores que le interesa: “La reseña que nos interesa resulta, digamos, indisciplinada”, nos explican los editores y continúan: “Esbozo, impresionismo, vista inicial, la reseña busca revivir la experiencia que se tiene al leer un texto por primera vez, las ideas y los pensamientos que de esta experiencia afloran”. (8). Estas son mis flores al 8 número.

También quiero hablar de las casas en este número. Comencemos con la imagen de portada tomada de la pieza fílmica “Celaje” de Sofía Gallisá Muriente (2020). En el filme, lo que comenzó con el deseo de hacer una película sobre su abuela, terminó siendo una película sobre restos, pedazos de cinta dañados en los cuales la pérdida no limita la belleza del paisaje, otros duelos, la historia de unas piedras que cambian de forma y de lugar, el no sitio de las transformaciones, la voz de una de las mejores actrices del país (Kairiana Núñez Santaliz), hablando de las piedras, y la voz de Sofía, hablando de encontrarse en esos pedazos de filme, de helecho y metales abandonados, de carso, con textos del Che Melendes, en refrigeradores en donde se dañó el afán de preservar la memoria. La imagen muestra unas “capturas de pantalla” de una toma de la abuela en la playa en la que se pueden distinguir “los sprockets” o agujeros para aguantar la cinta del filme en las cámaras, momento preciso en que la mano toca el agua. En el filme, se muestra también el proceso fílmico, el trasbastidores, la claqueta de las escenas, la casa vintage de la abuela. En una sociedad en que las abuelas son la mano derecha de las madres, la niñera de la sociedad sin niñera, la casa de las abuelas es un hito del imaginario colectivo, al menos del mío que aún sueño con la casa de mis abuelos en la calle Mckinley de Manatí. 

Lefevre nos habla de la casa de su abuelo, presumo que en Arecibo, cerca de la de mi abuela, para hablarnos de las casas en la poesía de Amanda. Sergio Gutiérrez, por otro lado, nos habla también de la casa de su abuela materna en donde se encontraba mientras leía el libro de Erika Fontánez Torres Casa, suelo y título: vivienda e informalidad en Puerto Rico. Sergio no puede evitar pensar en la historia familiar y se detiene en ese libro “que no es de historias, pero que tiene muchísimas”. Esta historia, la de la parcela, comenzó a hacer explícito lo que uno ya sabe, pero que olvida todo el tiempo: que la propiedad es un índice, un señuelo—nos dice Sergio—y que al principio lo que hubo-lo que siempre hay, tal vez-fue, ajá, pero debajo solo suelo y supervivencia”. 

Y entonces pienso, hasta qué punto ser una comunidad sin espacios de reseña es leer en la supervivencia, o survival mode, mientras que leer con reseñas, especialmente estas reseñas sustanciales, autobiográficas, de la lectura con disfrute, es leer con casa, o como si de ahí pudiera armarse una casa, con espacio en donde se hace cultura no como material simbólico o como índice de fortuna, como lo hacían los magnates imperialistas que investiga Marta Aponte en la novela PR 3 Aguirre que reseña de Luis Othoniel Rosa, sino como algo parecido al sustento. Cabe detenernos en la reseña de Luis Othoniel porque la misma formó parte de un dossier sobre la obra de Marta Aponte Alsina en la que varios de los escritores incluidos en este número participaron. Para Luis Othoniel el protagonista de este non-fiction es un lugar físico a lo largo de 120 años. Acaso como en La distancia es un lugar del libro de Hernández reseñado por Lefevre. La obra de Aponte traza sin “pizca de melancolía” la relación con un pasado en la que los objetos de estudio cuentan lo que esconden. De los muchos aciertos de la reseña, resulta muy interesante la propuesta de lo que Othoniel llama una “estética de la alegría” como herramienta de lucha revolucionaria en estos tiempos de capitalismo desastroso.

No sorprende entonces que esta lograda reseña se suceda por la reseña de Lo terciario/The Tertiary de Raquel Salas Rivera hecha por Nicole Lachat. En conversación con el hallazgo de Othoniel sobre la estética de la alegría, que contrasta en la obra de Aponte con la violencia y estética del pasado imperialista, y esta misma estética de la alegría como trinchera, Lachat propone que el tratamiento del inglés en el libro de Raquel le da una lección a los lectores anglófonos, a saber, que “el inglés no debe ser privilegiado siempre”. Es decir, la desconexión u opacidad que encontramos en el inglés es equivalente a la que tenemos los hispanohablantes en espacios anglófonos. Esto sin duda me hizo reflexionar sobre la oxigrafía del Che Melendes, la escritura del español fonético boricua, que también vemos en Alejandro Medina y otros poetas. Ese hacerse intraducible en el lector que no es bilingüe, en el caso de Raquel, traduce a crear una opacidad igual de incómoda, reproducir estéticamente la imposibilidad de la experiencia del otre como traducción benjaminiana, cerámica, y más bien como ensamblaje nuevo, más a lo Urayoán, tal como se ve también en el Celaje de Gallisá. Dicho por Lachat, además, con toda la ironía, en inglés. 

Otro aspecto que sin duda ayudó a que me gustara tanto el número es que en la mayoría de los casos ya conocía y soy fan de las personas reseñadas como con No lo llames un comeback y no te comas el cuento: Reseña de Te lo buscaste de Velcro, escrita por Isabel Guzzardo Tamargo, quien también es una de las editoras. La reseña de Guzzardo valora los aciertos de la lírica de Velcro en su último álbum Te lo buscaste y a Velcro como uno de los mejores intérpretes de la poesía urbana del hiphop. Y debo decir que, de este álbum, “Una loquera” fue una de mis canciones favoritas de la pandemia. En repeat. 

Con Velcro también comienza lo que identifico como el segundo bloque temático del número que tiene que ver más con cómo leemos el Caribe y la cultura de las islas. Guzzardo lo hace reconociendo en Velcro las influencias dominicanas y mexicanas incorporadas en la obra. Por otro lado en El show de la reality en Josefina Báez vemos cómo la escritora polaca Marina Barinova, quien ha dedicado otros ensayos y entrevistas a la escritura boricua, se pregunta sobre la obra de la autora dominicana o dominirrican: ¿Cómo es que me habla y cómo me relaciono con ese texto desde la posición de una mujer europea? En la novela de Báez, Barinova se detiene en ese no lugar aludido en la obra, el “Ni é” como metáfora de un tercer espacio y subraya, así como Othoniel en Marta, a Levente no como uno de esos textos que reflejan la precariedad de la vida bajo las políticas neoliberales con alegría y gracia. 

De Barinova pasamos a la reseña Un lugar definitivamente en la noche: a propósito de la poesía de Homero Pumarol de Guillermo Rebollo Gil, a quien casualmente le dediqué mi primera reseña literaria en 2005 con la presentación de su texto Teoría de conspiración, y con quien también comparto el amor por la obra de Pumarol, poeta y performero dominicano, figura de culto y mítico bloguero. La reseña de Rebollo Gil resulta nostálgica porque se trata de una reseña que te deja con cierta desesperanza ante la espera por nuevas publicaciones de Homero Pumarol en su blog Hugo de china. Esta reseña aporta a la selección el carácter lúdico de quien pone en práctica en la reseña el hallazgo de la lectura, cuando declara no ser crítico por preferir lanzarse al infinito de la interpretación. 

Con Los placeres del texto: Marta Aponte reseña una novela de Carlos Fonseca, nos encontramos con la única autora reseñada que también es reseñista del número. En el texto, Marta nos habla de la novela Coronel lágrimas, cuyo protagonista es un filósofo matemático con muchas vidas acumuladas para reflexionar sobre el placer de la lectura a través de los placeres formales de la estética de la novela. Así como la simetría que nos señala Luis Othoniel en la novela de Marta, Marta señala un afán perfeccionista en la de Fonseca, una ambición de cierta coherencia radical “que el filósofo busca mientras que el poeta encuentra”, dice citando a María Zambrano.

Finalmente, el número termina con la reseña Los lenguas cortadas de Laura García sobre la novela del autor canario Cirilo Leal, que trata de la invención de la historia de los pueblos originarios canarios a través de la novela. Con esta, sus editores quieren proponer también el Puerto Rico Review como lugar para pensar “en la isla” y en “lo archipielágico” más allá de nuestro entorno antillano para identificar, y cito “esa conexión inevitable entre Canarias y otras islas colonizadas”.

Tras leer el número, queda decir que me sobrevive la satisfacción de que la gente está leyendo con placer, que con la lectura seguimos trazando nuevas genealogías y pensando problemas estéticos con fe de que nuestras lecturas logren ejecutar cambios radicales en la realidad. Y regreso finalmente al detalle de la portada, los agujeros de la rueda fílmica en los que se aguanta el riel, pero que aquí se muestra como costura, trazo o huella que invita a leer y hacer comunidad. Hagamos reseñas que muestren las ligas, aleros y engranes que nos sostienen. 

Texto leído originalmente en la presentación de la revista el jueves, 17 de noviembre del 2022 en la Librería La Esquina, Río Piedras. 

Partes de guerra: Jorge Volpi y la representación de los niños

Especial para EN ROJO

“¿Qué es el amor sino una tempestad de neurotransmisores,

un torbellino eléctrico?”

Jorge Volpi

La representación de los niños y jóvenes en la literatura caribeña y latinoamericana no ha sido un foco central de la crítica literaria a pesar de su presencia en diversas producciones textuales. Recordemos que ya estos se encontraban en la novela picaresca española del Siglo de Oro: el adolescente de La vida de Lazarillo de Tormes y el joven flaneur del Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán son ejemplos muy conocidos.

Una excepción a este vacío es el libro de Adriana Astutti, Andares clancos, que discute “las fábulas del menor”. El problema de su estudio es que no siempre se define a los niños y jóvenes de igual forma en todos los países y que hay indefinición conceptual sobre estos según la cultura a la que pertenecen y a la diversidad de contextos sociales.

El escritor mexicano Jorge Volpi, uno de los creadores del manifiesto Crac de fines de la década del noventa del siglo XX y autor del provocador ensayo El insomnio de Bolívar, ha publicado una narración que versa sobre la delincuencia infantil y juvenil, además de tratar un tema muy novedoso en el campo de las ciencias. Partes de guerra es una novela que imbrica temas científicos, pedagógicos, sicológicos, sexuales, la violencia y el amor para representar las causas de la misma. Volpi elige la representación de niños/niñas y adolescentes de sectores desventajados que sufren maltrato en sus casas y que viven en la violencia y en la disfunción emocional que surge de ella en la zona de la frontera en Chiapas. En este texto polifónico el autor utiliza distintas voces, lo que le otorga complejidad a su estructura, que aúna distintos relatos y dos historias paralelas: la de la neurocientífica que narra sus amores con el director del Centro de Estudios en Neurociencias Aplicadas, Luis Roth y la historia de los niños. Entre estos sobresale el de los menores con el fin de cuestionar las raíces de la criminalidad y escenificar el entorno en que viven y sus relaciones familiares, como se aprecia en el siguiente fragmento narrado por una niña:

“En esa época papá bebía más que nunca, no había día que no terminara ahogado en su recámara, babeante y apestoso, me esforzaba por despertarlo para que llegara a la oficina. A su regreso me tundía por cualquier babosada, un vaso mal lavado, la colcha descuadrada, un ocho en vez de un nueve. El alcohol lo volvía alérgico a mi voz, yo hablaba y él se tapaba los oídos, cállate Lucy, ya,….” (176).

Una temática se destaca en el libro, el de la neurociencia, por el relieve que han adquirido las investigaciones cerebro y lenguaje desde la década de los setenta y que representan un reto, como el de la lectura de pensamiento y el control del cuerpo humano a larga distancia mediante nanotecnología. Uno de los personajes de esta obra es fundador del Centro de Estudios en Neurociencias Aplicadas, pero fallece en un accidente, y una de sus alumnas, neurocientífica, se hace cargo de la investigación a los niños que supuestamente cometieron un asesinato. Rodrigo Flores Sánchez ha resaltado que desde sus inicios escriturales los discursos de la ciencia han sido determinantes en las novelas de Volpi.

En entrevista ofrecida a Hugo Avreimy en el periódico Leamos (21 de mayo de 2022) Volpi, quien es abogado, manifestó que había estado estudiando temas de neurociencia, creatividad y literatura, en particular “cuáles son los componentes neuronales de la violencia, qué neurotransmisores se activan, qué padecimientos neurológicos o mentales” se asocian a esta. Es que México es un país azotado por la violencia: feminicidios en Juárez, desaparición de jóvenes en Ayotzinapa, el abuso con la población indígena en Chiapas, que nos recuerdan la masacre de Tlatelolco con los estudiantes de la UNAM sobre la cual Elena Poniatowska hizo un testimonio. No es común esta temática en las letras hispanoamericanas. Cada vez nos acercamos más a un mundo que posee mayor dominio de la tecnología, lo que representa tanto un uso médico como problemas de bioética, poder y delincuencia.

Las condiciones sociales en que surge la violencia hacia los niños y niñas, tanto como hacia los adolescentes, son resaltadas en este libro que coloca en escena el maltrato infantil como motivador de esta. A pesar del cientifismo que reina en la sociedad y de la afición y pasión por la ciencia que tiene Volpi, su formación legal le permite ponderar otros factores que producen la delincuencia juvenil. Los dos niños de los que se sospechaba que cometieron el asesinato de una joven llamada Dayana eran los menos populares de la escuela. En el propio equipo de trabajo de investigación sobre su conducta había personal que no entendía la niñez. “Yo nunca había convivido con niños tan pequeños, no tener hijos hi hermanos ni primos me había alejado de esas extrañas criaturas. Kevin y Britney me parecían extraterrestres, adultos en miniatura, una señorita repeinada y un maleante en potencia”, palabras con las que parodia la visión adultocéntrica que tenían algunos investigadores del caso. Es que Volpi está denunciando un problema epistemológico que de igual forma se ve en la sicología de la que se nutre la neurociencia. Las ciencias biológicas están inmersas en lo social, como lo ejemplifica el estudio de las enfermedades del corazón. ¿Por cuántos años se estudió el cuerpo masculino solamente? Comprender esto nos ayuda a entender la representación de los niños que hace el escritor mexicano. En varias ocasiones satiriza la propia investigación neurocientífica: “A mí el niño nunca dejó de parecerme un demonio altanero, mandón y voluble, desde el principio lo vi como un animalillo taimado”, son otras palabras de una de las investigadoras que componía el equipo de estudio.

En su representación del mundo de la neurología aplicada también expone el uso de pruebas sicológicas de forma irónica, aunque estas parecían dar fruto en algunos aspectos. Por ejemplo, revelar el déficit en la comprensión lectora y la rapidez al leer. Algunos de los hallazgos eran evidentes. “¿Disciernen los niños entre el bien y el mal?” es una interrogante que repite un personaje que teoriza con otro sobre la niñez:

“Los bebés de diez meses ya son capaces de sentir compasión y prefieren las conductas virtuosas a las malignas, me explicó Paul a partir de su lectura. Antes de los diez, los niños se guían por una moral heterónoma, su mundo está determinado por reglas inflexibles fijadas por los adultos” (145).

Este personaje enfatiza que los niños son máquinas fundamentalmente egoístas. Tal vez es una mirada proveniente del mundo posthumano de Ellon Musk.

Volpi nos introduce en esta producción discursiva poco a poco el relato del crimen, haciendo de la novela un thriller, lo que me parece le otorga a la narración mayor fluidez y mantiene el suspenso. El crimen de la adolescente se devela al final y fue cometido por otro adolescente, mientras Britney, Kevin y Saraí observaban y colaboraban en la alteración del escenario. Es Jacinto quien mata a Dayana por razones de género.

Partes de guerra, entre otras cosas, es una reflexión extraordinaria sobre cómo los adultos construyen la infancia, las causas de la violencia juvenil y una crítica mordaz y audaz a la neurociencia aplicada que no toma en cuenta a las ciencias sociales. La forma en que representa a niños y niñas desarrollados en una cultura autoritaria y heterónoma le concede ser sujetos de derecho, lo que contribuye a la defensa de la infancia.