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Desmienten a propietario del antiguo Normandie

 

La organización Amigos del Mar desmintió declaraciones del presidente de grupo Normandie OZ, LLC l Eddie Ishay de que se había reunido con miembros de Amigos del Mar y que su proyecto para el antiguo Hotel Normandie contaba con el respaldo de dicha organización.

Las declaraciones de Ishay aparecieron en una noticia publicada por el periódico Primera Hora el 13 de febrero en donde se confirma por parte del alcalde de San Juan Miguel Romero el arrendamiento a 30 años de los terrenos del Parque Sixto Escobar y el antiguo Hotel Normandie al grupo Normandie OZ, LLC y su presidente Ezra Eddie Ishay, un inversionista de la Ley 22.

“Dichas afirmaciones son totalmente falsas. Amigxs del M.A.R ni ninguno de sus miembros activos ha sostenido ninguna reunión o comunicación alguna ni con Ishay, algún representante de Normandie OZ, ni con el Municipio de San Juan o su alcalde Miguel Romero”, declaró la organización ambientalista en comunicado de prensa.

Gabriela Vélez Agosto, co-directora reiteró que rechazaban esas expresiones y acusó a Ishay de difamación y libelo a través de la manipulación de la opinión pública. Recalcó además de que Tito Kayak no es miembro activo de la organización desde el 2019 por lo cual, sus actos individuales no representan ni están autorizados por la organización.

Mientras Vanessa Uriarte, directora ejecutiva de Amigos del MAR sentenció que “[n]osotras como organización política y ecologista no estamos ni estaremos nunca del lado de inversionistas que privatizan lo público y destruyen la naturaleza. Nos mantenemos solidarios con el grupo de Escambrón Unido y las personas que defienden el derecho a permanecer en Puerto Rico. Es por esta razón, que el 8 de noviembre de 2022 nuestra organización dio por concluida toda colaboración con la organización Scuba Dogs Society, por no respaldar a la comunidad en sus reclamos y escoger el lado de los destructores para beneficio personal.”

Por su parte en comunicado de prensa el asambleísta municipal, portavoz del Partido Popular Democrático (PPD) Manuel Calderón Cerame, también denunció la acción del Alcalde.

“Lo señalamos primero y así en efecto ha sucedido, el alcalde Miguel Romero ha privatizado el Estadio Sixto Escobar a los intereses de los dueños del Normandie, para construir un estacionamiento soterrado que no tiene permisos ni del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), ni de las autoridades federales correspondientes”, aseguró Calderón Cerame.

“El pueblo de San Juan pide un parque para todos y un acceso a la Playa del Escambrón sin ese edificio que es hoy un estorbo a la vista y un peligro para todo el que se acerque”, añadió refiriéndose a la deteriorada estructura del antiguo hotel que lleva varios años en condiciones ruinosas. De hecho es sabido que el fin de la semana pasada una parte del alero del cuarto piso de dicha estructura se derrumbó debido a su mal estado.

 

 

 

Haití en el espacio estadounidense

 

 

Especial para CLARIDAD

Este es el segundo de tres artículos sobre Haití dirigidos a conocer las raíces históricas de su actual crisis. En este capítulo considero el interés estadounidense por controlar el Estado haitiano. El primero de ellos se publicó en las páginas del suplemento cultural En Rojo

Introducción

En el tablero de luchas entre las naciones colonialistas de principios del siglo 19, el Haití liberado se fue convirtiendo en pieza codiciada. A pesar de las pretensiones de las metrópolis colonialistas de aislar a Haití de los circuitos económicos del capitalismo agrario de los primeros decenios de ese siglo, la nueva nación no disminuyó su importancia económica. Antes bien, se fue convirtiendo en un país codiciado por los intereses capitalistas de aquellos tiempos.

Durante sus años finales como colonia, el Sainte-Domingue francés suplió buena parte de las mercancías agrícolas ansiadas por los consumidores de Francia, sobre todo azúcar y café, superando la producción de otras colonias de las Antillas. De modo que, desde los primeros lustros del siglo 19, los intereses económicos y financieros de diversos países se interesaron en penetrar a Haití, iniciativa en la que encontraron el apoyo de la oligarquía haitiana, interesada en proveer continuidad al papel de Haití como principal exportador de mercancías agrícolas, pero bajo su mando.

Aunque Estados Unidos y varios países europeos tuvieron relaciones comerciales con el Haití liberado desde sus inicios, estos se resistieron a reconocer formalmente la existencia de la República de Haití, puesto que ella representaba la anulación de la esclavitud, que era el fundamento de las economías coloniales de aquellos tiempos. De ahí que los poderosos manejadores del colonialismo esclavista, que fueron aniquilados por la revolución haitiana, se transformaran en los principales acreedores de la nueva nación, exigiendo reparaciones a un pueblo que, en justicia, debió de haberlas recibido.

Cuando repensaron su oposición a reconocer la existencia de Haití como país, no lo hicieron como un acto de generosidad hacia un pueblo que pretendía construir un país de afrodescendientes libres desde las más dificultosas condiciones, sino como un modo de reapropiarse de sus recursos y sus riquezas, a través de la inserción de la producción agrícola en los circuitos comerciales de la época.

El reconocimiento de Haití

El reconocimiento por Francia fue el más costoso para Haití, ya que los esclavizadores franceses exigieron una altísima compensación por la pérdida de las propiedades de la clase esclavista.

En 1824, el presidente haitiano Jean-Pierre Boyer envió una delegación a París para negociar una indemnización a cambio del reconocimiento de Haití por su antigua metrópoli colonial. Francia reconoció a Haití en 1826, luego de extorsionar al gobierno de Boyer, obligándole a resarcir en metálico lo que los combatientes antiesclavistas habían conquistado en el campo de batalla.[1]  Como resultado de ello, Haití acabó pagando a Francia la suma de 150 millones de francos, que fue muchísimo más que lo que el gobierno de Estados Unidos pagó a la República francesa en 1803 por la compra del territorio de Luisiana. El Reino Unido lo haría una década más tarde, en 1833, junto a la aprobación de la Ley de abolición de la esclavitud en las colonias británicas.

A Estados Unidos se le hizo mucho más difícil reconocer a la primera república afrodescendiente del mundo. A diferencia de las metrópolis europeas, cuyas colonias estuvieron localizadas en una zona ultramarina distante de Europa, Estados Unidos construyó su sistema esclavista en su propio seno. El reconocimiento de Haití amenazaba los intereses de los dueños de las empresas esclavistas del Sur, temerosos de que el ejemplo haitiano sacudiera los fundamentos económicos de la nación. Por ello, las varias propuestas para que Estados Unidos reconociera a la república negra, tropezaran con el monstruoso racismo que existía, tanto en el sector económico de ese país, como en el seno de su propio gobierno.

De ahí que, a pesar de los intercambios comerciales informales que tuvieron ambas naciones durante cuatro décadas, Estados Unidos acabó reconociendo a Haití mucho más tarde que otras naciones. Lo hizo en 1862, justo cuando los estados del sur se separaron de la Unión de estados federados, iniciando la guerra civil de ese país, la cual tuvo como eje las pretensiones de la clase esclavócrata estadounidense de expandir el sistema esclavista hacia el oeste del país.

Haití en la mirada geopolítica estadounidense

Además de sus intereses económicos, los intereses geopolíticos de Estados Unidos fueron determinantes a la hora de entablar relaciones diplomáticas con el nuevo país. Haití había incrementado su papel como exportador de mercancías agrícolas, y los intereses navieros estadounidenses consideraban a Haití como un eje importante en el comercio marítimo en la región del Caribe, el cual aspiraban a controlar.

Además, a Estados Unidos le preocupaban los esfuerzos europeos de ampliar su presencia en esta parte del mundo, que fue precisamente el motivo que llevó al presidente estadounidense James Monroe a advertir a las metrópolis coloniales europeas en 1832, que no debían entremeterse en los asuntos del hemisferio occidental, que Estados Unidos consideraba como suyo. Con ello, se iniciaba las acciones de Estados Unidos dirigidas a dominar, no apenas la economía haitiana, sino toda la isla de La Española. Como parte de ese esquema, intentaron la adquisición del Mole-Saint Nicolas, en la región noroccidental del país, que mira hacia Cuba, para convertirlo en una base naval, garantizando el monopolio estadounidense del comercio marítimo en la región.

De ese modo, Haití se fue convirtiendo en una colonia informal de Estados Unidos, país que pretendía hacer girar las riendas del poder estatal haitiano hacia sus garfios imperiales. Como parte de ese esfuerzo, el presidente estadounidense Benjamin Harrison designó al reconocido abolicionista Frederick Douglass como ministro Residente y Cónsul General de los Estados Unidos en Haití, convirtiéndolo en un instrumento del naciente imperialismo estadounidense.

 

Un abolicionista negro en Haití

Aunque Douglass aceptó su nombramiento con la esperanza de que su presencia en Haití sería un potente factor para la paz, el bienestar y la prosperidad del pueblo de Haití, el Departamento de Estado tenía otros planes con su presencia, como «la esperanza de usarla para socavar la independencia de Haití mientras fortalecía el proyecto expansionista estadounidense en el Caribe».[2]

Durante su breve estancia en Haití, entre 1889 y 1891, Douglass se percató de que su misión no era estimular el desarrollo de una nación habitada por sus congéneres, sino abrirle las puertas al capital estadounidense. Desde el inicio de su gestión, Douglass percibió que, lejos de la visión romántica de un embajador estadounidense negro en afinidad con un país de mayoría negra, el poder imperial estadounidense esperaba de él que utilizara su negritud para abrirle el camino a los intereses económicos de ese país, sobre todo el sector naviero que se expandía por la región.

Lejos de un embajador, ejerciendo su papel diplomático, la presencia de Douglass en Haití se vio reducida a recibir órdenes de empresarios estadounidenses golosos y racistas en detrimento de los empresarios y ciudadanos haitianos, lo que se convertiría en el estándar de conducta que regiría la asistencia de Estados Unidos hacia ese país durante el siglo veinte, e incluso hasta nuestros días.

La ocupación de Haití

Varias décadas después del experimento con Douglass Estados Unidos optó por el modo directo de control sobre Haití, enviando soldados de la Marina de Guerra en 1915, bajo la presidencia de Woodrow Wilson, con el pretexto de «restaurar el orden y preservar la estabilidad política y económica del país en el Caribe», proceso que se extendió hasta 1934.

En realidad, de lo que se trataba era de sustituir las cúpulas de los estados de América Latina y el Caribe mediante la promoción de golpes militares dirigidos instalar gobiernos favorables a Estados Unidos, o el control directo de ellos mediante su invasión y ocupación. En ambos casos se obligaba a los países a convertirse en repúblicas bananeras, bajo un modelo que privilegiaba los intereses de monopolios dedicados a la producción de mercancías agrícolas para la exportación, apoyado por oligarquías serviles que ejercían su represión sobre sociedades altamente estratificadas.

Durante la ocupación de casi dos décadas Estados Unidos cumplió buena parte de los objetivos que se propuso, entre ellos la consolidación de un Estado favorable a sus intereses estadounidenses, la creación de la Garde d’Haiti, que fue una fuerza policiaca adiestrada para suprimir a los movimientos de luchas campesinas, y la instalación de instituciones americanas en el país, que canalizarían las llamadas «ayudas» a la población. La ocupación también tuvo una clara preferencia por los mulatos en el poder, que se beneficiaron del esfuerzo estadounidense de implantar la estructura racista de Jim Crow en el seno de la primera república afrodescendiente.

Durante los diecinueve años que duró la intrusión en Haití, el gobierno de Washington realizó obras de infraestructura y servicios agrícolas en ese país, a la vez que incrementaba el flujo de exportaciones estadounidenses, tales como instrumentos y productos agrícolas, hacia ese país. Con ello se incrementó la corrupción gubernamental y el endeudamiento del estado haitiano en el mercado financiero internacional.

Una nueva constitución aprobada en 1918 viabilizó la posesión de tierras por extranjeros. En ese proceso, que fue primordialmente controlado por las élites mulatas, muchos campesinos fueron despojados de sus tierras, obligándolos a emigrar hacia las ciudades del país, en las cuales se topaban con un Estado manejado por élites que despreciaban al pueblo campesino haitiano..

Sin embargo, el control mulato sobre el aparato de Estado se fue debilitando luego de la Segunda Guerra Mundial, como resultado de la fuerza ganada por los movimientos negristas haitianos durante el periodo entre las dos grandes guerras mundiales del siglo veinte.

Conclusión

A lo largo del siglo veinte hubo intentos de modernizar al estado, los cuales se desmoronaba por los vaivenes entre su papel figurativo de representar el bien de la nación en su conjunto y su misión real de ser instrumento para proteger los intereses de la clase dominante haitiana. En ese proceso, el bienestar de la población haitiana quedó siempre relegado en la agenda de los que controlaban las riendas del poder.

Afirmado el control estadounidense de Haití, el país vivió periodos altibajos de luchas entre los diversos sectores de la clase dominante que se resolvieron con asesinatos de varios presidentes. Con la toma del poder por François Duvalier en 1957, Haití se fue tornando en una dictadura servil más, dentro de las muchas que amamantó Washington con el fin de convertir naciones con futuros, en meros tugurios marcados por la pobreza persistente y ciclos de violencia que culminaban en intervenciones militares extranjeras.

Con ello, se trastocaba la agenda trazada por los fundadores de la República de Haití en 1804, quienes imaginaron una nación independiente, con un Estado volcado hacia el bienestar del pueblo que logró destruir las estructuras deshumanizantes que sirvieron para enriquecer al mundo europeo.

 

[1]

[2] «Frederick Douglass and American Empire in Haiti». National African-American Rerparations Commission (December 15, 2021)

Otra cadena de pago para el pueblo

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Por tercera ocasión la Junta de Control Fiscal volvió a enmendar el plan de ajuste de deuda (PAD) para la Autoridad de Energía Eléctrica (JCF), y presenta un plan que le coloca otra cadena de pago al pueblo de Puerto Rico por los próximos casi 50 años.

Este 10 de febrero la JCF presentó ante la jueza Laura Taylor Swain, que atiende el caso de quiebra del gobierno de Puerto Rico, mediante la ley especial Promesa, un escrito de divulgación del PAD enmendado. Este plan enmendado confirma la imposición de un cargo fijo -la Junta lo llama cargo híbrido- a todos los abonados residenciales no subsidiados de $13.00 mensuales; $16.25 para los abonados llamados comercios pequeños; $800 para comercios intermedios e industriales; $1,800 para comercios e industriales grandes. Estos cargos fijos subirán según se exceda el consumo de 500 kilovatio hora (kvh).

En entrevista el licenciado Rolando Emmanuelli Jiménez, indicó que ya presentado el escrito de divulgación del PAD, este próximo 28 de febrero se supone que comiencen las vistas de objeciones por parte de los acreedores. Si la jueza aprueba la presentación del PAD entonces se iniciaría el proceso de vistas para ver si el plan cumple con los requisitos de la ley Promesa. Entre los elementos que se supone que la jueza tome en consideración es si el PAD, es viable que se pueda pagar, si se ha obtenido la ley habilitadora, pero se supone que lo principal sea que el plan sea viable. “Habrá que ver si el pueblo de Puerto Rico puede aguantar ese cargo”, expresó Emmanuelli Jiménez.

Al planteamiento de quién o quiénes serían los que exponga la parte del pueblo de Puerto Rico, ya que es evidente que eso no lo hace el PAD que presentó la JCF; El experto en la ley Promesa, ley de quiebra y representante legal de la UTIER,que participa en el proceso dijo que hay espacio para que otras organizaciones participen en el proceso, como podrían ser la Cámara de Comercio, los industriales, el comité de acreedores no asegurados, MIDA. “Los llamados líderes empresariales de Puerto Rico, los que tienen capacidad económica que pueden acudir van a pagar ese cargo por 35 años, va haber un momento en que todas las organizaciones comunitarias empresariales tienen la opción de participar”.

El gobernador es un cero a la izquierda

El licenciado Emmanuelli Jiménez, le resto credibilidad a las declaraciones del gobernador de que iba a intervenir en el proceso, para oponerse al cargo. “La expresión del gobernador de que iba a intervenir es un cero a la izquierda porque esa no es la manera de intervenir lo que tiene que hacer el gobernador es aprobar una ley habilitadora que le ponga condiciones a la JCF para el plan de ajuste de la deuda como hizo con la Ley 53 de no recortar las pensiones”. Recordó que el gobernador ya ha vetado dos proyectos aprobados por la Legislatura (PS1429 y PC1883), en los cuales se le imponían condiciones a que un plan de pago entre ellas que no haya aumento en las tarifas, “entonces ahora está llorando por ahí diciendo que va a quejarse con la jueza con ese lloriqueo no llega a ningún lado tiene que hacer lo que debe hacer que es el único poder que tiene el gobierno aprobar la ley habilitadora”. El licenciado reafirmó que el único poder que tiene el gobierno es aprobar la ley habilitadora.

Respecto al PAD presentado denunció que de entrada el plan propone pagar el 50% del valor de la deuda, que primero no ha sido auditada y segundo la propia JCF dice que lo único que se debe son $16 millones.

“Entonces porque si le dice a la juez que lo único que debe son $16 millones ofrece en el plan $5.4 billones de dólares en realidad la Junta es todo un aguaje se tiene que haber gastado cientos de millones de dólares en un caso que lo echaron al zafaron porque le hicieron una propuesta a los bonistas de pagar el 50% conscientes de que no se debía esa cantidad”, manifestó.

Al respecto reparó que los abogados cuando dicen algo al tribunal tienen que estar convencidos de lo que están diciendo, por otro lado los mismos abogados que le dicen a la jueza que lo que se debe son $16 millones hacen ese plan y proponen pagar $5.4 billones, lo que calificó como una barbaridad, además de que debilita el caso. El experto en casos de quiebra hizo las mismas advertencias de economistas de que el PAD va a destruir la economía del país, va a ocasionar el cierre de negocios y la des conexión de la gente por falta de pago, afirmó que eventualmente la economía se va a poner tan mala que va a retrasar también el plan de deuda de los $350 millones de la deuda del gobierno central.

Un detalle que dijo nadie ha visto es que los municipios ahora no están obligados a pagar, pero la Junta se propone eliminar la sección de la ley que exime a los municipios de pagar ese cargo por lo que eventualmente los municipios también tendrán que pagar el cargo fijo.

Además de la deuda de la AEE que se propone la JCF pague el pueblo de Puerto Rico, ya pagamos la deuda del gobierno central $350 millones, y el pago de $1,245 millones de la deuda de la Autoridad de Carreteras y Transportación (ACT) la cual está asegurada con los peajes a 40 años.

Editorial       PAD-AEE, hipoteca el futuro de Puerto Rico

 

Los abonados de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE), residenciales, comerciales e institucionales, que mensualmente pagan sus facturas de luz, verán aumentar las mismas por el llamado “cargo híbrido” que forma parte de la negociación del nuevo  Plan de Ajuste de Deuda (PAD) para dicha corporación pública, que aguarda por la aprobación final de la jueza Laura Taylor Swain del Tribunal de Quiebras de la Ley PROMESA. El propuesto PAD fue presentado por la Junta de Control Fiscal (JCF), a tenor con su facultad, otorgada por el Congreso y el Presidente de Estados Unidos, para fiscalizar y manejar las finanzas públicas y reestructurar la deuda de Puerto Rico.

Dicho así, sin mayores detalles, el propuesto PAD parecería casi una buena noticia, de esas que tanto le gustan a los mercados financieros. Pero, en la vida cotidiana del pueblo trabajador puertorriqueño pesa como un baldón la realidad de que habrá de recibir otro aumento más en la factura de luz,  un aumento fijo promedio de $19 mensuales, que deberá pagarse por los próximos 30 años hasta finiquitado el pago de la deuda. A cuánto realmente aumentará la tarifa no se sabe, porque hay varios cargos cuyos costos varían. Ni hablemos del impacto sobre los negocios y otros sectores productivos del país que verán aumentos aún mayores en sus facturas. Diecinueve dólares se dice fácil y debe parecerle poco a los miembros de la JCF, al círculo privilegiado de la alta oficialidad del Gobierno de Puerto Rico o al segmento del 1% de la población que cuenta con los recursos para pagar eso y mucho más. Pero, para la clase media y trabajadora que ya carga con el peso de los sucesivos aumentos en todos los renglones: tarifas de luz, agua potable, peajes y otros servicios públicos, más el alza en el costo de alimentos, medicamentos  y otros productos y servicios de primera necesidad. Para ellos, afrontar ahora otro aumento fijo, permanente y sustancial en la tarifa de luz, es abusivo.

Por otro lado, el acuerdo es desbalanceado.  Solo cuenta con el aval de tres de las principales clases de acreedores de la AEE. El resto se opone o resiste, en un caso de insurrección abierta de los bonistas al proceso de reestructuración de deuda pocas veces visto. Esos acreedores, grandes firmas de “hedge funds” de Estados Unidos, que compraron a precio irrisorio los bonos de la AEE, y ya han recuperado su inversión con creces, siguieron presionando para continuar multiplicando sus ganancias. Y la JCF cedió a sus presiones y  se rindió en su obligación de lograr un acuerdo de mayor balance y justicia para el pueblo de Puerto Rico que, después de todo, no es responsable por las malas acciones de sus gobernantes que lo endeudaron. Un recorte de deuda de apenas un 48% se queda muy por debajo de lo que pudo haberse logrado con una actuación más efectiva por parte de los negociadores de la JCF.

Este PAD es un golpe muy duro para la porción del pueblo puertorriqueño que trabaja, produce,  paga contribuciones al erario y cumple con todas sus obligaciones a fin de mes. Porque nuestra gente sabe visualizar lo que representaría esa condena adicional por 30 años sobre sus ya cargadas espaldas, que los compromete no solo a ellos y ellas, sino también a sus hijos y nietos. Para la clase media y trabajadora de Puerto Rico este es un acuerdo pésimo.

Grupos de expertos, con buen récord de análisis y pronósticos certeros, predicen que el PAD presentado no es sostenible en el tiempo y eventualmente nos conducirá nuevamente a la quiebra. Así lo concluye el Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA), entidad que insiste que este nuevo PA debe ser rechazado.  El análisis de IEEFA  considera factores tales como la capacidad de la economía de Puerto Rico para cargar con la deuda heredada de la AEE, el aumento en los precios de la electricidad que se necesitarán para pagar la deuda antigua y la incapacidad de la AEE y sus sucesores, LUMA y New Fortress Energy, para ofrecer mejoras operativas.  “Las implicaciones de la tasa de pago tanto de la deuda heredada como del uso continuo de combustibles fósiles de alto precio producirán una disfunción fiscal continua, incluida la falta de pago de la deuda, más cambios en el sistema de pensiones y un juego continuo de pagos a los productores de combustible. Este conflicto no es conciliable. El actual plan de restructuración de la deuda sacrifica el capital sólido y la planificación de la gestión de la deuda por las necesidades de los bonistas de la deuda heredada. En efecto, el plan hipoteca el futuro.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡A descubrir! ¡Y a fundar!: Sobre la poesía de Cristina Pérez Díaz

 

Decir que Cristina Pérez Díaz escribe como nadie aquí en Puerto Rico sería un cliché. Prefiero decir entonces que Cristina escribe como tu poeta lirico favorito. Y como tu poeta confesional preferido. Y como tu poeta de vanguardia o experimental o funky fresh predilecto. De hecho, escribe mejor que todos ellos juntos. Y para colmo tiene el descaro—y vamos, la generosidad infinita— para hacerlo en un solo tomo de 126 páginas. El libro es From the founding of the country y fue publicado por La Secta de los Perros, sello editorial bajo el cual han publicado algunos de los poetas líricos y confesionales y experimentales más respetados del país.

El libro está dividido en siete secciones y aunque yo odio las reseñas donde el crítico describe la estructura y contenido del libro, me permito hacer un repaso relámpago de los contenidos de From the founding.

El libro comienza con “La cena de la víspera” donde la autora escenifica un encuentro entre Platón, Manuel Ramos Otero, Walt Whitman, Virginia Woolf, James Baldwin, Jacques Derrida y Ramos Otero otra vez, solo que esta vez traducido al inglés por la autora. De estos, Whitman y el poeta de Manatí son los referentes-fantasmas que más se repiten a lo largo del libro. Cristina no ofrece traducciones ni del griego, ni del francés ni del inglés—porque vamos, si bien la poesía puede salvar vidas, la mejor literatura se hace así, sin salvavidas. En ese sentido, este libro es purito naufragio. Ahora bien, para efectos de esta reseña mejor quedémonos en puerto seguro. Cita la autora de Ramos Otero: “Cada isla nos seduce, nos obliga a naufragar, a llegar, llegar, llegar, a inventar un verbo nuevo.” El verbo es amar. Pero la autora opta por otros—mucho más inquietantes—en sustitución. Aquí cito de algunos poemas salteados:

 

We need a new verb, what would it be, elegy?

 

We need a new verb, what would it be, limb?

 

How we innovated!

How we cheered up!

How we exhausted!

 

En ninguna parte del libro dice “how we loved.” Pero de eso se trata el asunto. Conviene aquí recordar lo que propone el filósofo francés Alain Badiou—que yo leí en inglés—en torno al amor y el cambio radical que este provoca en quienes se aman: “What kind of world does one see when one experiences it from the point of view of two and not one?” From the founding contesta esta pregunta desde la perspectiva de dos mujeres (Josephine y la ‘yo’ de estas páginas) que se aman y que no se quieren levantar de la cama un domingo—todos los días son domingo—y que tienen la onerosa pero hermosísima tarea de fundar un país. Las restantes seis secciones, detallarán, a su manera, los pormoneres de esta gesta de la imaginación.

En la segunda sección, titulada “The Garden of Limbs,” la autora abandona el collage de la primera parte, y reúne 16 textos líricos, escuetos, algunos de los cuales leen como intrépidas declaraciones de amor:

 

Your body I will found onto the landscape.

And on the landscape a home.

And I will cut your outline and fold.

And the paper in the shape of a boat.

And I will sail you.

 

I promise endless expeditions.

Y otros vienen cargados de un sentido de pérdida o dejan asomar un duelo previo o previsto:

We begin.

Our country is plenty of us at 27.

Let us meet there: in between our ages.

I bequeath myself to the dust to grow from the grass I love.

Here we start.

On the rocky shore.

En “Sunday expeditions,” la tercera sección, los poemas no solo son más largos sino que tornan parlanchines, narrativos. Es aquí donde las amantes quedan enmarcadas en un contexto sociopolítico específico: están en el norte, Trump está en el poder, la ‘yo’ de los poemas se ha casado con alguien, un él, ante el riesgo de que lo deporten. Estos poemas brillan por su especificidad, por la capacidad de la autora de transformar los patrones y ritmos del diálogo in real life, así como del monólogo interno, en versos maravillosamente ejecutados:

Cat was sick,

She said so she could miss my Reading last night

Today morning, I replied here’s a récipe:

Two liters of wáter

One emergen-C every four hours

Go to Yoga

Rest

Use a Neti Pot

What’s a Neti Pot, she asked

I said omg it Will change your life

It’s a nose irrigator, thinking she is a rather delicate flower

I didn’t write that and the messaging came to an end

Even though I went so far as to suggest singing

Yo tampoco sabía que era un neti pot pero, santo díos, esos versos casi casi cambiaron mi vida. Es el giro, la capacidad de transformación en la poética de Cristina que le permite, de sección en sección cambiar dramáticamente su estilo y su registro sin perder el hilo narrativo. Sin que deje de ser el mismo libro.

En la cuarta sección, “The Future of dust,” el tomo toma un giro meta poético, y los poemas a su vez asumen formas más híbridas (for lack of a better word). Si en la sección anterior los poemas eran parlanchines, cotidianos, aquí la autora—se me antoja— juega con la jerga y el posturing de la academia, los estudios críticos, y los mitines de activistas académicos, que a veces le ponen de sombrero conceptos muy complejos a asuntos muy simples. Los poemas brillan precisamente porque la autora reconoce que todo esto es purito artificio y lo atiende desde el humor y la auto-conciencia:

Why did I write this poem/ instead of hitting on Josephine? What megalomaniac/ decides to found a country because she has/ fallen in love? And what does love, of all things,/ have to do with the business of founding a country?

Vuelvo a Badiou, ahora con la cita completa: “what kind of world does one see when one experiences it from the point of view of two and not one? What is the world when it is experienced, developed and lived from the point of view of difference and not identity? That is what I believe love to be.” La premisa del libro es precisamente esa: que no es tanto lo que vemos en la amada, mucho menos lo que vemos de nosotros reflejado en ella, lo que importa, en lo que concierne al amor, es cómo cambia el panorama, o más bien cómo surge un ímpetu compartido para cambiar el panorama. Hacer otro mundo.

…founding a country is not something one does by stepping into a boat and reaching a territory and erasing the bad verses. Rhyme demands so much more! Consequences ought to be anticipated! Forms should be studied! Ideas molded! Justice embraced! What kind of country do the lovers want to embrace?

La sección cinco—compuesta de un solo texto breve— es una especie de paréntesis y se titula así mismo, “paréntesis” en inglés.  Rescato el comienzo, donde Cristina, parecería profundizar en eso que decía el filósofo francés del “point of view of two and not one.” Y cito:

The lover stands still in front of a thousand/ universes: decompositon, waiting, expectation/ contemplating the landscape, lying on/ the bed, reverberating. But the lovers embark/ in countless expeditions, always in their quest of founding a country.

¡Cuánto depende de ese ‘but’, tal como si se tratara de una carretilla colorada junto a unos pollos! Una amante puede estar quieta en contemplación, y el panorama—no hay duda—es impresionante. Pero son las amantes—en plural—las que se aventuran, las que se exceden, las que se inventan que se fugan para fundar un nuevo país. Esa travesía es la que recoge la penúltima sección “To sail.” Aquí la voz poética se muestra, qué sé yo, algo cansada, o si no cansada, estropeada, y si no estropeada es simplemente que ha pasado tiempo y el trayecto es largo y duro y los verbos inventados para el amor “are depleted.” No obstante, escribe Cristina, “this is the poem and this is the time!” Con signo de exclamación al final. Aquí debo yo hacer mi propio paréntesis y decir algo alguito atrevido o provocador: Ningún otro poeta vivo en Puerto Rico pone signos de exclamación como Cristina. El libro está atiborrado de ellos. Ejemplo:

And you have breasts!

Milky breasts!

I really like it when they are erect.

 

I am erect!

I myself a jutting rock!

Where I am standing now!

From where not I turn my gaze away!

To the vast landscape!

Our country!

Our own country!

dust!

No sé apalabrar muy bien el efecto que tienen en mi como lector. ¡Pero funcionan! De la misma forma que sus cortes de línea y sus puntos finales funcionan también. Y digo más: Pocos poetas del patio versifican como Cristina. Todos leemos más o menos con la misma cadencia, el mismo flow, las mismas líneas que escribimos primero en forma de párrafo y que luego cortamos en la compu para hacerlas lucir como versos, sin pensarlo muchísimo. Esta es otra forma en que este libro representa un quiebre y un asomo hacía otra forma de escribir desde aquí. Hacia una mejor.

La última sección se titula canto primero y en efecto es en español. Y yo no sé si atribuírselo a un déficit de atención, pero cómo explicar que tardé en darme cuenta de que los dos poemas que componen la sección que cierra este volumen no son en inglés. ¿Será que el lenguaje—y aquí estoy parafraseando a la autora—no es más que un adjetivo para la voz? ¿Que este libro soñado en Brooklyn, escrito en inglés, y publicado en Puerto Rico es muestra de que, si bien la poesía es trabajo con y desde el lenguaje, el lenguaje es incidental a la poesía? No sé. Es una cosa muy loca. Y este libro es una cosa muy bella. La dedicatoria, de paso, es bellísima. Dice así: “para mi país.” Yo supongo que se refiere al país de Josephine y la ‘yo’ de estas páginas. Pero no hay nada malo con soñar que sea el nuestro también.

Texto leído en la presentación del libro en la Casa de los Contrafuertes.