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Jíbaros, criollos, puertorriqueños: identidad y raza

 

La identidad y un antecedente ficcional

Para contrastar las certidumbres del positivista Salvador Brau Asencio en “Así somos nosotros” (1883) voy a elaborar un contrapunto remoto que ratifica la liquidez o historicidad de la identidad. Me refiero a un texto de Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700), historiador y novelista de la Nueva España, quien aludió al San Juan Bautista del Puerto Rico de fines del siglo 17. En un sentido estricto, si se acepta el carácter moderno del discurso regional o nacional, aquel era un entorno pre identitario por lo que la concepción de yo colectivo debía elaborarse sobre la base de premisas distintas a las del siglo 19.

En Infortunios de Alonso Ramírez, publicada en 1690, el personaje afirma “mi patria (es) la ciudad de San Juan de Puerto Rico” (95). Alonso, el protagonista y voz narrativa indirecta de la narración de aventuras de tono picaresco, era un colono pobre con voluntad aventurera que, probablemente, poseía ancestros judíos. Había nacido en el Puerto Rico de San Juan Bautista que el Obispo Fray Damián López de Haro en una relación de 1644, había descrito como “muy pobre”, sin “una tienda donde poder enviar por nada” y donde los consumos básicos y “todo lo que es necesario para vestirse, viene por el mar, de Castilla o la Nueva España”.[1]  El marasmo era tal que la colonia todavía no se había recuperado de un innominado huracán ocurrido en 1642.[2] Aquel era un territorio del cual se justificaba emigrar a cualquier parte del mundo. Infortunios… narraba episodios que comenzaban hacía 1675.

La transcripción de Infortunios… que utilizo es la versión moderna de la Dra. Estelle Irizarry (1937-2017) publicada en 1990[3] con el respaldo de la Comisión Puertorriqueña para la Celebración de Quinto Centenario del Descubrimiento de América y Puerto Rico. Mi relación con esa edición oculta una historia que atesoro. En 1989 me encontré casualmente con Estelle en San Juan Antiguo mientras miraba al Atlántico que servía de fondo al castillo de San Felipe. El “tótem” no estaba allí, la Plaza del Quinto Centenario aún no había sido inaugurada. Aquel día conversamos largo rato. Ella llevaba consigo el manuscrito de aquel volumen para discutir su publicación como parte de los actos de recordación.

Estelle, un ser extraordinario, compartió sus hallazgos y especulaciones conmigo como si hubiésemos sido viejos colegas y amigos. La condición histórica o ficcional de Alonso, la posible coautoría del persona(je) de la autobiografía novelada y su ascendencia judía eran los temas más candentes del diálogo. En 1990 el libro fue difundido, recibí un ejemplar en Hormigueros y no volví a conversar con la editora por años. El 6 de febrero de 2009, recuerdo la fecha porque ella la anotó en su dedicatoria en la hoja de bitácora, me la encontré en una actividad en la Universidad del Sagrado Corazón. Le traje a la memoria aquella conversación y volvimos sobre el tema con el mismo entusiasmo que en 1989.

El otro asunto que apasionaba a Estelle en 1989 era la condición nacional de Alonso y la conciencia que tuviese de ella. Su esfuerzo por puertorriqueñizar al personaje era intenso, actitud que debería comprenderse en el contexto de dos condiciones. La primera tenía cimientos en el pasado. Me refiero a la estrecha relación de dependencia que tuvo San Juan Bautista con la Nueva España durante tres siglos. La segunda tenía cimientos en el presente inmediato en el cual se emitía. La conmemoración de quinto centenario del encuentro de 1492 realizó un esfuerzo enorme por re hispanizar la cultura puertorriqueña y monetizar la relación de la identidad nacional con la hispanidad con la tesitura de una innovadora post hispanofilia mercadeable.

El capítulo primero de la novela,  “Motivos que tuvo para salir de su patria: Ocupaciones y viajes que hizo por la Nueva España: su asistencia en México hasta pasar a Filipinas” contiene dos detalles interesantes. El primero es una defensa del acto de narrar sobre la base de que ese ejercicio entretiene y moraliza (95); y el segundo es el uso del concepto  “patria” (95) para nominar su lugar origen. En la presentación se expone la impresión del personaje sobre su “patria”, su vinculación con la Nueva España y las razones para su huida de aquella en 1675 sin haber cumplido los 13 años (96), es decir siendo niño aún. Fíjese el lector que la “patria” es la ciudad de San Juan de Puerto Rico, llamada “Borriquen (sic) en la antigüedad” (95-96). Aquella era la tierra de su “padres”, sin duda, con el sentido pre moderno que se señaló en otra parte de esta reflexión. La razón para su salida fue la pobreza y el hambre (97).

El discurso no desdice al de López de Haro sino que lo reafirma: todo sugiere que la colonia era improductiva producto de la mala administración española. La alabanza de los pobladores por su “pundonor y fidelidad” (96) es un lugar común que se ha reiterado a lo largo de los siglos incluso en el citado texto de Brau Asencio. El hecho de que Ramírez se identificara como “español” en todo el resto del texto me parece significativo. También lo es que, una vez fuera del territorio, la novo hispanidad o mexicanidad de la narración, atribuible a Sigüenza y Góngora,  se confirmara. Un modelo de ello es el cálido elogio a Ciudad de México, hecho que contrasta con la parquedad de las observaciones sobre La Habana, Puebla e incluso Puerto Rico. El capítulo cierra con la salida, contra su voluntad y casi como castigo, hacia las Filipinas en 1682.

Los capítulos 2 “Sale de Acapulco para Filipinas…” y 3 “Pónense en compendio los robos y crueldades que cometieron estos piratas…”, relatan las aventuras de Alonso en el Pacífico e introducen el tema del espíritu anti sajón de los españoles (105, 107 ss.). La hispana es una cultura nacional que se forjó ante dos poderosos adversarios: Inglaterra durante los siglos 17 y 18, poder que penetró su imperio desde fines del siglo 16 con la bandera del Mare Liberum; y Francia a principios del siglo 19 que destruyó de forma temporera el poder de los borbones en 1808 por primera vez desde 1713 tras la invasión napoleónica.

La narración confirma que Alonso pensaba y sentía como un español e incluso se distinguía del sajón por sus afinidades con el catolicismo (128). La codificación de los ingleses como “piratas” (107, 119 entre otras)  y “herejes” (121), así como la documentación del maltrato sádico que sufrió en sus manos durante el cautiverio es muy valiosa a la hora de enjuiciar “la identidad de Ramírez”. El aventurero no vacilaba en afirmar su hispanidad. “Sabiendo de mí ser español” (128), dice cuando se topa con algunos franceses de vuelta ya en el Caribe. De hecho, a pesar de la desconfianza en todo aquel que no fuese español su opinión sobre los franceses, por católicos, era más llevadera que la que tenía de los ingleses (129).

Fuera de una mención casual de San Juan de Puerto Rico, la percepción de aquella localidad como “patria” se ha disuelto.  Un último detalle. En su viaje por las Antillas la nave de Ramírez evade San Juan de Puerto Rico a pesar de que lógicamente tenía que bojearlo para transitar hacia La Española y Jamaica. Las razones para ello no están claras pero no son difíciles de imaginar: no deseaba regresar. Ser de Puerto Rico y ser puertorriqueño son asuntos semánticamente distintos.

Criollos en el siglo 18: la imaginación social de Abad y Lasierra

¿Y qué papel le adjudicaban los insulares, criollos o puertorriqueños a la cuestión racial? ¿Cuánto debía el imaginario racial a la hispanidad que se cultivaba con tanto respeto? El tema de la raza y el color de piel poseía un pasado problemático inseparable del de la identidad. Agustín Iñigo Abbad y Lasierra, uno de los primeros en reconocer la existencia de un discurso diferenciador entre los insulares secos o de la banda de acá, y los peninsulares mojados o de la banda de allá, no dejó lugar a dudas al respecto. El fraile benedictino, considerado modelo del historiador regional por la intelectualidad criolla o puertorriqueña durante la segunda parte del siglo 19[4], nada tenía que perder con sus comentarios. Después de todo era peninsular por lo que sus observaciones sobre la identidad emergente y las tonalidades de la piel en Puerto Rico poseen un valor particular. La relación entre ambas esferas no se discutía de manera directa pero su argumentación dejaba abiertas varias puertas.

En su volumen de 1788, sin confesarse con los criollos blancos,  incluía bajo aquel concepto a los negros y mulatos descendientes de bozales africanos. Criollo era un código inclusivo que definía a quien nacía en este suelo y tenía a Puerto Rico por “patria” como en el caso de Alonso. El rechazo universal del español al criollo blanco poseía otro rostro ominoso relacionado con las tensas relaciones interraciales dentro de la emergente puertorriqueñidad. Todo sugiere que, para los criollos puertorriqueños blancos, los pardos, como se denominaba a los no blancos desde fines del siglo 18, no merecían el título de criollos. Abbad decía que para quien no era negro o mulato (pardo) en Puerto Rico: “no ha(bía) cosa mas afrentosa en esta Isla que el ser negro, ó descendiente de ellos”[5]. Una “afrenta” no es otra cosa que una vergüenza o deshonor como la que se siente tras haber cometido una falta o delito. Ser negro o mulato era equivalente a un error o una carencia en este caso de honra, dignidad o decoro.

La presunción racista de los insulares criollos se reafirmaba con actos. El insulto de los blancos y “su vara de tiranos”  era la nota dominante ante los negros y mulatos y, aunque ciertas excepciones había que los trataban con “sobrada estimación y cariño” (270), ello no impedía que otros blancos los vejaran y maltrataran. Esto sugiere que la batalla por la validación de la condición criolla y la emergente puertorriqueñidad estuvo llena de crueldades, violencia y exclusiones. En ese aspecto, valga la ironía, el insular, criollo o puertorriqueño blanco debía mucho a las glorias de la hispanidad católica racista.

La actitud discriminatoria no dejaba de ser paradójica. La llevada y traída “escasez de indios” de la que se quejaban los colonos desde 1510 y la exigua inmigración blanca a la isla, producto de la pobreza y las pocas posibilidades de crecimiento económico en un mercado que la relegó hasta el siglo 19, no dejaban dudas respecto a que la mayor parte de los insulares debían ser negros o descendientes de aquellos. La criollidad y la puertorriqueñidad, bases de la identidad moderna, se derivaban del rechazo y la invalidación de los grupos subalternos sobre la base de cuya explotación aquellos habían construido su poder. Lo cierto es que el punzante rechazo al “otro” por su color de piel debería ser considerado uno de los componentes de la emergente identidad regional, nacional o puertorriqueña.

Los historiadores del siglo 20, tradicionales y nuevos, acabaron por afirmar que modernizar a Puerto Rico, es decir, el escenario apropiado para una identidad nacional, tuvo un componente social y un componente racial básicos. El primero fue la transformación de los hateros libertarios, agrestes y adictos a la ilegalidad, en agricultores sumisos y fieles bajo el control de la legalidad, los comerciantes y los prestamistas.  El otro fue el supuesto “blanqueamiento” de la sociedad y de la producción cultural y la imaginación del “qué somos nosotros” claro está, como sucedáneo de la inmigración de gente blanca con capital entre 1815 y 1845 y de la inserción de la economía colonial en el mercado internacional. El crecimiento de las relaciones con Estados Unidos por medio del mercado azucarero no debe ser pasado por alto.

El ambiguo “blanqueamiento” no fue cuantitativo sino cualitativo. Las elites blancas hispanas, extranjeras y puertorriqueñas crecieron, se visibilizaron y politizaron con voluntad hegemónica, vacilando entre el liberalismo y el conservadurismo líquido propio de los criollos y sus aspiraciones a la igualdad con España. La premisa básica de aquellos era “todo por España y con España”. Separarse para la independencia o la anexión a otro país como Gran Colombia o estado Unidos, no era propio de criollos o puertorriqueños, argumento que se sigue utilizando en el presente como un fetiche para defender causas análogas.  Pero a pesar de la inmigración blanca las poblaciones negras y mulatas (pardas) consideradas inferiores, siempre fueron significativas en el país. Todavía recuerdo con extrañeza una valoración de Puerto Rico que se repetía entre historiadores tradicionales de principios de los 1980: “Puerto Rico es la más blanca de la Antillas”. Yo recordaba a las gentes de mi barrio y de la bajura de Hormigueros y el asunto me causaba extrañeza.

Claro que aquellas opiniones de Abbad y Lasierra sobre el racismo de criollos y puertorriqueños eran difíciles de sostener públicamente a mediados del siglo 19 tanto o más como lo son hoy en el siglo 21. Los liberales reformistas, separatistas independentistas y anexionistas de tendencia abolicionista que penetraron la opinión en España y Puerto Rico durante la década de 1860, si aspiraban a la credibilidad, debían ser cuidadosos a la hora de referirse a los negros y mulatos, esclavos o libres, y a los pardos en general. Los argumentos éticos, jurídicos, políticos y económicos, tan bien resumidos en el abortado proyecto de abolición de Segundo Ruiz Belvis, José Julián Acosta y Calbo y Francisco Mariano Quiñones en 1867, no ofrecían ninguna pista concreta sobre el problema del racismo.[6] Sólo elaboraban el problema de la institución de la esclavitud y sus choques con los fundamentos del mercado libre, el derecho liberal y la ética en general.

Los jíbaros españoles a fines del siglo 19: la imaginación liberal reformista

Una forma de enfrentar el espinoso dilema de la raza por los criollos y puertorriqueños de tendencias liberales fue suavizar el conflicto por medio del humor reflexivo o la comicidad evasiva. Ejemplo de ello es un texto periodístico de 1876 titulado “Jíbaro, una definición” firmado por “Un Jíbaro”. He tomado el mismo de la recopilación de José Pablo Morales (1828-1882), periodista liberal reformista y autonomista moderado de Toa Alta, titulada Misceláneas históricas publicada en San Juan en 1924.[7] El tema del jíbaro había estado allí desde mediados del siglo 19. La lectura de El Gíbaro de Manuel Alonso Pacheco publicado en 1849, traduce bien la voluntad de las elites de ilustrar y modernizar a ese sector social censurando algunas costumbres, tales como la lidia de gallos, que el “Gíbaro de Caguas” consideraba pocos edificantes[8].

El artículo de Morales es una demostración de la forma en que se discutió la cuestión jíbara en la última parte del siglo 19 en Puerto Rico. Partiendo de la octava edición del Diccionario de la Real Academia (1846), el autor establecía en tono joco-serio el hecho de que el vocabulario indo-antillano de la era de la colonización y conquista era incomprendido por los lingüistas europeos. El ejemplo de las palabras jíbaro y totumo, le servían para documentar el hecho. La definición oficial de jíbaro, que es la que me interesa, concordaba con la de John Layfield en el testimonio de 1598 publicado en 1625: “Se dice (…) de los animales domésticos que se hacen montaraces y particularmente de los perros. En sentido figurado agreste, grosero”.

Morales, molesto con la definición, alegaba con sorna sexista que si los autores del disparate “hubieran visto esta jibarita de talle gentil, ojos negros y pelo de ala de cuervo, leída y escribida, de seguro que confesarían, si vivos estuviesen, que jíbaro en Puerto Rico no quiere decir agreste ni montaraz.” En el artículo responsabilizaba al adicionador o editor Vicente Salvá (1786-1849) y a su asesor el venezolano Domingo M. del Monte y Aponte (1804-1853) por el desatino. La definición de jíbaro, por cierto, cambió el tono en la edición de 1884: “Campesino, silvestre. Dícese de las personas, los animales, las costumbres, las prendas de vestir y de algunas otras cosas”.

La definición alternativa del jíbaro propuesta por Morales se elabora mediante un procedimiento basado en la tesis del origen trinitario de la que somos, perspectiva que Brau Asencio también compartía y uno de los prejuicios intelectuales más permanentes que conozco. El “glorioso descubrimiento” de 1492, según le llama, había posibilitado la integración de tres razas presumidas puras: la blanca, la india y la negra. La negación de la heterogeneidad y complejidad de cada uno de esos conjuntos ha sido común a lo largo del tiempo.

De aquella mixtura salieron unas 16 castas “inferiores a las razas primitivas”: el mestizaje era interpretado como una desventaja biocultural.  La diversidad, sin embargo, no había desembocado en el apartheid o segregación voluntaria ni en la endogamia sino todo lo contrario. Morales suavizaba las relaciones interraciales, en efecto tensas, a fin de que el colectivo imaginado concordara con el perfil de la “gran familia puertorriqueña” que los criollos de ideas liberales cultivaban para fines políticos, económicos y sociales concretos.

La clasificación, que el autor achacaba al lenguaje de las Leyes de Indias, no deja ser una curiosidad por lo que la reproduzco en su totalidad:

  • Español con india, sale mestizo.
  • Mestizo con española, sale castizo.
  • Castizo con española, sale español.
  • Español con negro, sale mulato.
  • Mulato con española, sale morisco.
  • Morisco con española, sale salta-atrás.
  • Salta-atrás con india, sale chino.
  • Chino con mulata, sale lobo.
  • Lobo con mulata sale jíbaro.
  • Jíbaro con india, sale albarrazado.
  • Albarrazado con negra, sale cambujo.
  • Cambujo con india, sale sambaigo.
  • Sambaigo con mulata, sale calpan-mulato.
  • Calpan-mulato con sambaigo, sale tente en el aire.
  • Tente en el aire con mulata, sale no te entiendo.
  • No te entiendo con india, sale ahí estás.

Su matemática racial le conducía a elaborar una fórmula cultural joco-seria para comprender cuantitativamente al jíbaro y, a la vez, criticar el lenguaje de los españoles respecto al asunto. Aunque la lógica de Morales lo define como distante de la pureza racial ideal, le salva y le acepta. Dado que  “el jíbaro tendría 31/64 de español, 25/64 de africano y 8/64 de indio”, representaba la síntesis más lograda de cuatro siglos de relación colonial con España.

El juicio moral y social del jíbaro es por demás interesante. Ese es el “principal núcleo de la población de nuestros campos”. Lo más importante del documento es su conclusión de que “hoy los jíbaros somos españoles enteros y completos por deber, por derecho, por conveniencia y por afección: ciudadanos españoles por todos cuatro costados, a pesar de los matices de este u otro color físico o político”. La condición criolla del pardo que imponía Abbad y Lasierra a pesar del reconocido racismo de los insulares blancos, se había consagrado en la retórica de Morales.

Recuerden que escribe en 1876. Los logros de la Revolución Gloriosa de 1868 y de la República de 1873 a 1874 estaban muy vivos en la memoria de los intelectuales puertorriqueños liberales de aquel momento. El jíbaro ya no se proyectaba como un potencial rebelde según lo imaginó el lenguaje de la Insurrección de Lares de 1868, sino como un buen español acorde con el mito de la siempre fiel isla de Puerto Rico. Ahora habría que preguntarse ¿dónde quedó ese discurso tras la invasión de 1898? ¿Cómo interpretaron los observadores estadounidenses el fenómeno del puertorriqueño y el jíbaro? Esa será materia de otra reflexión.

 

 

[1] Mario R. Cancel Sepúlveda, notas (24 de junio de 2009) “Documento y comentario: Carta de Fray Damián López de Haro, a Juan Diez de la Calle…(1644)” en Puerto Rico su transformación en el tiempo. URL: http://historiapr.wordpress.com/2009/06/24/documento-y-comentario-damian-lopez-de-haro/
[2] Sobre este y otro huracán de 1615 refiero a Pío Medrano Herrero (2002) “Angustia, destrucción, pobreza y muerte: los huracanes de 1615 y 1642 en Puerto Rico” en Focus 7.1: 19-32.
[3] Estelle, nacida en Patterson, New Jersey, fue Profesora Emérita de literatura hispánica en la Universidad de Georgetown, autora de numerosos libros sobre la textualidad colonial y la literatura hispanoamericana y una adelantada en la aplicación de las tecnologías y la computación al estudio de la literatura. La obra a que me refiero es Estelle Irizarry, ed. (1990) Carlos Sigüenza y Góngora, Infortunios de Alonso Ramírez (San Juan: Comisión Puertorriqueña para la Celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América y Puerto Rico). La citas de la novela aparecerán dentro del texto entre paréntesis.
[4] Manuel Elzaburu Vizcarrondo (1971) “Una relación de la historia con la literatura” en Prosas, poemas y conferencias. Luis Hernández Aquino, ed. (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña):
[5] Abbad y Lasierra (1788) Historia geográfica, civil y política de la Isla de S. Juan Bautista de Puerto Rico. Madrid: Imprenta de Antonio de Espinosa p. 269
[6] Refiero al lector a Segundo Ruiz Belvis, José Julián Acosta y Calbo y Francisco Mariano Quiñones (1867) “Capítulo VII” en Proyecto para la abolición de la esclavitud (Madrid: Establecimiento Tipográfico de B. Vicente).URL:  https://documentaliablog.files.wordpress.com/2016/05/ruiz-belvis-segundo-proyecto-de-abolicic3b3n-1867.pdf
[7] José Pablo Morales (1924) Misceláneas históricas (San Juan: Tipografía de «La Correspondencia de Puerto Rico») . Versión digital en Mario R. Cancel Sepúlveda, notas (27 de febrero de 2010) “José Pablo Morales. Documento y comentario: jíbaro, una definición» en Puerto Rico su transformación en el tiempo. URL: https://historiapr.wordpress.com/2010/02/27/jibaro-una-definicion/
[8] Manuel A. Pacheco (1848) El Gíbaro (Barcelona: D. Juan Oliveras, Impresor de S.M.): 87.

CHElebración de Poesía y Patria

Che Melendes. Ilustración Iván Figueroa

Vida y Obra de Joserramón ‘Che’ Melendes

Más de un centenar de personas se dieron cita en el Museo de la Música en Ponce el pasado sábado 21 de enero para reconocer y celebrar la vida y obra de un puertorriqueño cabal, griego de Buen Consejo y taíno del mundo entero; un hombre libre que recorre una colonia conjurando un comando de fantasmas vivos –Corretjer, Lima, Ánjela… Joserramón “Che” Meléndez. Bajo el nombre CHElebración de Poesía y Patria se convocó a artistas y al público en general a un areyto de poesía, una celebración de nuestra lengua y el reconocimiento de una obra vasta y revolucionaria.

Fue una agradable sorpresa ver parte de la obra gráfica de Che (recuperada parcialmente) así como la re-instalación del libro La Casa de la Forma. En saludo a Che, varios artistas visuales mostraron trabajos relacionados; Gabriel Martínez, Nora Rodríguez, Jorge Rito Cordero, Markus Ortiz, Antonia Ordoñez e Iván Figueroa, a cargo del cartel. Artistas de otras disciplinas también dijeron presente, a saber: Andy Montañez, Ángel”Papote” Alvarado y los pleneros del grupo Esencia, Chabela inigualable, Tony Mapeyé, Adeán Cabán y Tato Santiago, así como la poeta y performera Izamar Anzalotta y el poeta José Luis “Lolo” Lebrón.  A todo ese conjunto de personas y talentos los convocó el organizador y patriota Luis Sanabria.

Joserramón Melendes (Río Piedras, 1952) Escritor, teórico, editor, crítico y organizador cultural. Conferencista y panelista en Cuba, Este y Oeste de EU, Jamaica, Rusia, México, Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico; donde siempre ha dictado talleres. Andrés Jiménez y otros han grabado sus poemas y Roberto Sierra los ha musicalizado para Festivales Musicales Internacionales. Colaborador en Claridad/En Rojo, Casa las Américas (Cuba) y publicado en traducciones asiáticas y europeas. Escritor de libretos teatrales, radiales y videos: Colectílogos I y II para ballet y teatro, Adoquines para Taller de Histriones, Tres esquemas radiales para Bruñida García, El Gíbaro de Alonso; videos Clemente Soto Vélez y película Corretjer codirigida con Pucho Segarra. Expone esculturas, instalaciones, ensamblajes y originales del libro-objeto La casa de la forma, Museo de la UPR, 1987; Exlibris, 1994; reposición, Museo UPR, 1997 y en Proscritos de la Trienal Poligráfica de SJ, 2004-5.

LIBROS: Desimos Désimas, 1976, En Borges, 1980, La casa de la forma, 1986, Para delfín, 1992, Secretum, 1995, Postemporáneos, 1994, Borges el espía, 1998, Dobles de Elizam Escobar, 2002. Edita Poesiaoi: Antología de la sospecha, 1978, Puño de poesía, 1979, Primeros libros poéticos Francisco Matos Paoli, 1982, La sílaba en la piel, de J.M. Lima, 1982, Antología poética de R. F. Retamar, 1999.

De Corretjer: Poesía y Revolución, 1981; Primeros libros poéticos, 1990; Yerba bruja, 1992 y La poesía inebitable: J.A. Corretjer, 1989.

El Pen Club de Puerto Rico le otorgó el Premio Nacional de Literatura del año 2002. El ICP, los premios para el año 2008 de poesía (Senotafio, 2009), ensayo (El fondo de la máscara, 2009), y publicación de narrativa (Orasión acerca de la indignidá humana).

Como ha señalado el crítico cultural Néstor E. Rodríguez «el activismo cultural, que le ha valido a la historia literaria de Puerto Rico el redescubrimiento de poetas fundamentales como Juan Antonio Corretjer y José María Lima. Qué no decir de su papel en la difusión de las voces más importantes de la poesía puertorriqueña de los años setenta y ochenta».

Aqui un poema dedicado a CHE

 

Invocación para una noche de alas negras

 

gracias Ché por haber resistido

por haber insistido

por haber pervivido

por haber escribido

por haber sobreescribido

y tan bien escrito

por habelte amanecío sin bebel

trabajando en la labor diaria de la patria

nocturnas horas que pasan sin tiempo

en el tiempo de la poesía

que nadie entiende sin teléfono

pero bien comunicado

como un murciélago enraizado

hasta el batey del belgel king

desde el puente de buen consejo

por la ruta de la sed o por la ruta de la seda

yo no sé

tendrán que leer sus poemas

sus foemas

sus eomas

sus fomasos

¿a dónde se fue la R?

¿estará en el formol

que se usó

para hacer las portadas de La Casa De La Forma?

¿o en la R de radical que nunca perdió su horma?

será en la R de revolución

que la agarró de la silla

que no la dejó tendida

que la vive hasta el tuétano

hasta la entraña de Martí

que la hizo suya

hasta en la ortografía

un gusano al martini por favor

que hoy celebramos al maestro

al múcaro

el que al metal del lauro

lo convirtió en paja

que hizo su nido verso a verso de azafrán

por ser quien es, por su vida y por su obra

que nos muestra y nos mostró

el camino del mostro

mostrando ese camino minado

de los falsos prestigios

de los que se ponen conos en el casco

para poder decir que son Cronos

visten su silla de trono

esos clonos

sí

con L

con L de clonopín

clonados del ELA

cargan la L de ‘conoceurs’

conocedores

disque disquette

disco rayao con el mismo cassette

que si acepto los cupones vendílapatria

que si nacionalista burgés o proletario progringo

de que si yo también tengo pingo

de que si yo también tengo pito

de que si yo también pito

de que si yo tengo flauta

que si ese lampo es mío

de que si yo soy el astronauta,

de que si yo tengo un bote que

si mi carro es deportivo

que si mi choza es un Castillo

y sobre todo positivo

por supuesto,

jamás será choza mi Castillo

robando lo compartido

el fantasma del ELA campea suelto

con su L

está suelta por el barrio y por la loza

la colonia es brillosa

la enorme serpiente de Muñoz

que dice que vive

que vive en el helesponto

y que, tiene un tridente

más bien solo sale, muerde y se esconde

como una rata

cloaca

roba riñones

bañera de hielo congelada

y te cobra el trasplante

sangre puertorriqueña drenada

y estancada

torniquete

drogada y dialisada

dialisada y drogada otra vez

copas doradas vierten la sangrienta sed

que por hambre violada

que por ambición, violada

para comérsela de nuevo

detrás de un supuesto

cedo al chantaje con tal de que me den el puesto

firmado está, se firmó el contrato

de nuestra delegación el desfile

olímpico trocado

nuestra bandera entregada por un blanco pañuelo

detrás de un telón

de una puerta cerrada

aunque metas la bola con el tubo

nunca serás suficiente si eres puertorriqeño

te dejaste llevar y te firmaron en Utah

como a Yolyi

pa sacarlo del equipo nacional

aunque seas grande si no vendes la patria

no eres profesional

como a Picu y a Carlos Arroyo

la oferta del millón condicionado

o vas pal banco en la liga continental

que por puertorriqeño solo fuiste un aficionado

 

¿La L de Palés?

¿De Luis Palés Matos?

 

bueno… pa aclarar eso hay que hablar con Ché

pero si fue Palés fue por Filí…

por Melé… por Filí-Melé

aquella diosa bella de fuego

la ninfa

como esta patria

la que extraño cuando nosedella

la que me pone a buscar un punzón

pa deshielarla

la que jamás olvido polque sé

que me habla desde su silencio

milenario, nativa, ancestral, materna,

creativa,

creadora diva, maternal

que se nos muere en las manos cada noche

para que la hagamos renacer

justo aquí

en la sede de la conspiración Ponceña

en esta noche de alas negras

en donde esta luciérnaga

no es mía

ni es tuya

y si es nuestra es porque la quisimos

y lo hicimos

y si es nuestra es porque

 

queremos verla

 

o como diría Ché

como se quedó esperando la camisa de Vallejo

abotonada

esperando a que querramos vengarla

pues será delito en la colonia ser puertorriqeño

pero vengarla

con los barrotes del presidio

las lanzas afiladas hacer

al Sol su debida ofrenda

subidle, mostradle en sus rayos

el corazón destripado que en nuestras manos aún late

del más vigoroso agente

militar yanqui

un corazón gringo y de burgesía criolla

en nuestras manos destripado

latiendo al Sol un yanqui ajusticiado

 

¿quién se atrevió a tocar la frente de Arnaldo Darío Rosado?

 

ella nunca está pero esta noche vino

presente

están aquí con su antorcha Carlos Soto Arriví

Lolita, sé que nos estás mirando

Filí

Yugueyra

Ramón Emeterio

Julia

 

el 11 de noviembre del 79

Adolfina

Abelardo

Josefina

Alberto el loco

Ángela María

Lima Matos

Paoli

Margot Arce

Canales Blanca

Carlos La Sombra

Juan Antonio

Don Pedro

el locote de Vietnam que recitaba

con su traje negro

Elizam

ventana encarcelada cual Alondra

que de prisión fugada

jamás encerrada

sangre de tu recuerdo

jamás olvidada

por siempre amada

por el traspaso de la espada

vomitarán la sangre tragada

nuestra patria será vengada.

José Luis (Lolo) Lebrón

 

«Prieto», perdona el desplante

Carlos García en el local de CLARIDAD en Villa Capri. Foto Pucho Charrón

 

Especial para Claridad

 

A fines de la década de los años sesenta del siglo pasado coincidió en la U.P.R.-Río Piedras un grupo de aguadeños. Nos unía, además de provenir de Aguada y ser un poco o un mucho regionalistas, nuestro deseo de luchar por la independencia de Puerto Rico. Entre los más veteranos, pues cursaban el segundo o tercer año en Pedagogía, estaban Manuel de Jesús Cordero, Carlos Humberto García Guzmán «El Prieto» (ya fallecidos) y Juan Cordero Santiago, Juan Yúnior, como le decimos. El combo lo completábamos otros varios, y seguramente olvidaré algunos nombres: Ferdi Acevedo, Ismael (Yungo) Cardona, Jorge Bonilla, Juan González Feliciano (DEP), Carlos Luis Lorenzo, Higinio Feliciano Avilés, Leonides Mendoza Figueroa (DEP), José Rosa Rodríguez (DEP) y yo. En las esquinas de simpatizantes muy activas estaban las compañeras Margarita Crespo Rosa, Juanita y su hermana Carmen «Titita» Cotto.

Casi todos teníamos por padrinos políticos a dos patriotas aguadeños: Evangelista (Yelin) González y Jaime Agudo, a quienes secundaban Radamés Solá, Rolando Acevedo y el isabelino Alejandro Sella.

Yo había llegado a la UPR en 1967, crudito en todo campo en que se podía estar crudo. Se puede decir que era un independentista intuitivo y analfabeto. Peor aún, atiborrado de prejucios anticomunistas hasta la coronilla, como lo disponía el evangelio de la guerra fría. Mi padre era independentista admirador de Juan Mari Brás, siempre lo fue, pero hasta ahí. Sucede que en casa se respiraba catolicismo hasta cuando no se respiraba por solemnidad, que era durante la Semana Santa. La parroquia aguadeña, encargada a San Francisco de Asís, la administraban y administran sacerdotes españoles agustinos, aunque tengo entendido que ya hay allí otros que no son españoles. Como era natural, mi padre tenía excelentes relaciones con aquellos curas, gran parte de los cuales, si no todos, eran admiradores acérrimos del franquismo fascista implantado a plomo y sangre en España con el beneplácito de la Iglesia Católica.

Es decir que antes de llegar a la Universidad yo había desayunado, almorzado y cenado catolicimo y anticomunismo en dosis iguales e igualmente perturbadoras. Pero hay más: El cuco de Fidel Castro y la Revolución Cubana se había soltado, con su rastro de juicios de pantomima, fusilamientos por dame acá esas pajas, encarcelamientos viciosos, persecución indiscriminada y tantas otras misas sueltas oficiadas y radiadas desde no sé dónde, captadas en mi casa, juntas en una emisión llamada «Lo que pasa en Cuba». Era inconcebible suponer que hubiese terror mayor que aquél tan gráfico y tan cerquita de Puerto Rico. ¡Como para no conciliar el sueño!

Hubo todavía otros tres ingredientes en este cóctel de deformación cerebral: A mi casa, de cuando en cuando, mi Viejo llevaba el periódico El Mundo. Allí se publicaban dos joyas de la propaganda desembozada anticomunista. Una, la columna «Trasfondo», de la pluma de lodo de Miguel Ángel Santín; otra, la titulada «En Torno a la Fortaleza», de la inspiración estercolera de Eliseo Combas Guerra, éste con menos aceite en la lámpara que el primero, ambos parejos en su afán ríspido contra el independentismo y, desde luego, contra el comunismo en cualquer manifestación dura o suave. Ninguno vacilaba en mentir descaradamente, pero yo los leía con alguna asiduidad y me contaminaba o consolidaba mis prejuicios anticomunistas.

Dije tres ingredientes, y falta uno. Se trató de un libro titulado Comunismo sin Máscara, que mi Viejo llevó a casa, de un autor llamado Blas Stefanich, supongo que sacerdote, pero no sé más sobre él. No tengo que decir que libro que llegaba a casa, libro que yo leía, al menos parcialmente. Según mi recuerdo, aquella pócima era un verdadero extracto de cicuta con relatos escalofriantes de las monstruosidades realizadas por los gobiernos de los países socialistas de entonces. Recuerdo que mencionaba mucho a Yugoslavia, del cual luego sabría yo que era el menos comunista de la región escarnecida, el Este de Europa hasta llegar al infierno absoluto de la Unión Soviética.

La cosa es que como salió el jibarito de Lamento Borincano, «loco de contento con su cargamento para la ciudad», Río Piedras me recibió con una carga bien apertrechada de liviandad de juicios y pesados fardos de prejicios que yo tenía por ideas.

Con ese trasfondo, yo tenía pánico a la FUPI satanizada por Santín y Combas Guerra y por Jaime Benítez y por una caterva innombrable de acólitos del colonialismo, con Muñoz Marín actuando de sumo sacerdote en esa cofradía. Pero no ocultaba mi afiliación independentista, no pipiola, ni mi admiración por el Movimiento Pro Independencia, por el ilustre patriota Juan Mari Brás, y comprendía más o menos la justicia de sus luchas nacionales, y en el caso de la FUPI simpatizaba sin ambages con los reclamos estudiantiles. Así llegó el 1968, segundo semestre de mi primer año en la UPR.

Si mi recuerdo es fiel, ese año se celebró un Congreso de la FUPI en Río Piedas, en las facilidades de un hotelito situado entonces en Ave. Ponce de León, cerca de la plaza de recreo. El compañero Carlos Humberto García Guzmán me invitó a ese Congreso y yo accedí. «El Prieto» no me dijo que tuviera intención de postularme para el Comité Ejecutivo de la FUPI. Pero lo hizo, para mi sorpresa. Carlos no había actuado de mala fe. Todo lo contrario: él entendió que yo estaba listo para dar aquel paso y se sorprendió mucho de que yo declinara la postulación. Pienso que sin decírmelo Carlos consideró que la FUPI necesitaba militancia nueva, pues él, Juan Yúnior y Manuel de Jesús Cordero, que habían sido la representación aguadeña más cercana a la organización, ya estaban por terminar sus estudios universitarios. Además, a un aguadeño independentista raramente se le consultaba si quería desempeñar una tarea que se considerara importante realizar. Se daba por sentado que quería y la haría. ¡Gracias, Prieto, por tu confianza! En fecha posterior yo aceptaría integrar el Comité Ejecutivo, la Secretaría de Prensa y Propaganda de la FUPI, y andando el tiempo la Comisión Política.

Recuerdo que el camarada Carlos me chacoteaba en broma cuando se refería a aquel lance del Congreso de la FUPI, diciendo que yo me había «despuntado» del Comité Ejecutivo fupista. La chanza duró años, incluso cuando ya yo había militado en la FUPI, y luego en el PSP. Lo cierto es que el incidente no pasó de ahí. Ni yo le hice ningún reclamo al Prieto ni él a mí y, bien considerado el asunto, aquello sirvió para hacer más sólidos los cimientos de nuestra fraternidad.

El lazo de amistad y camaradería entre Carlos y yo lo mantuvimos, ambos, desde antes de aquellos remotos años de la década de los años sesenta del siglo pasado hasta ahora que ha muerto el querido aguadeño, amigo y compañero de tantos y tantas. A veces pasaba mucho tiempo sin vernos, pero siempre su simpatía y afabilidad perduraron incólumes. Para mí, ha sido un gran honor haber compartido su amistad y hermandad. Y tenía que narrar el episodio del Congreso de la FUPI para pedirle al Prieto de Aguada perdón por aquel desplante que él no se merecía.

Carlos Humberto García Guzmán hizo muchas aportaciones a la lucha por la independencia y el socialismo para nuestra Patria y nuestro Pueblo. Algunas muy conocidas, como las tareas de fotógrafo en CLARIDAD, otras todavía por saberse, todas realizadas con pasión y dedicación. Fue un roble de la estirpe de Evangelista González y Jaime Agudo. Un abrazo para su hijo Miguel, a quien no conozco. Prieto, y otro abrazo de cariño y admiración para ti, noble hijo de nuestro Pueblo.

 

 

Ayuda Legal preparada enfrentar los retos del 2023

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

A la luz de las tendencias observadas en los casos atendidos en el 2022,  la organización Ayuda Legal Puerto Rico (ALPR) se propone  enfocar su agenda del 2023 en cuatro iniciativas principales de justicia económica y defensa del derecho a permanecer en la vivienda. En conferencia de prensa, el equipo de ALPR expuso que el trabajo se hará a través de educación y apoyo legal gratuito, así como a través de abogacía capaz de transformar políticas públicas en temas de alquileres, desastres y justicia económica de las mujeres.

La abogada comunitaria Verónica Rivera Torres expuso que este año, ALPR va a seguir con sus programas principales: un programa sobre alquileres, un programa de recuperación justa sobre desastres y justicia climática; un programa de derecho a tu casa, que va a trabajar en particular con temas de justicia económica, violencia de género y violencia doméstica cuando afecta  la vivienda, y un programa de apoderamiento legal para que la gente indigente tenga acceso a servicios. Uno de los programas que estarán trabajando y que esperan lograr luego de seis años de esfuerzo en esa misma línea de justicia económica para las mujeres y de apoderamiento legal es un acuerdo de colaboración con el Departamento de Corrección para que adopte la herramienta de Ayuda Legal PR.  Este  servicio en línea atiende casi dos millones de personas al año que buscan información y orientación legal. El proyecto comenzará en la cárcel de mujeres.

Otro de los proyectos es el Programa de Recuperación Justa 2023, en el cual se estará trabajando en los temas que tienen que ver con desastres, con fondos de recuperación y  la política de relocalización que el DV y el Gobierno de Puerto Rico se supone tiene que empezar a trazar para comunidades que viven en zonas de riesgos.

La directora ejecutiva de ALPR, Ariadna Godreau Aubert, destacó que si algo marcó el 2022 fue la inconsistencia del Gobierno, por ejemplo, entre querer hogares de lujo, lugares vacacionales u oficinas en lugares estratégicos versus empezar a hablar ya con más intensión y con fondos de gobierno de la necesidad de desplazar o sacar a familias que viven en zonas inundables o en zonas de riesgo. Añadió que cuando se habla de desplazar a personas que viven en zonas inundables, el manejo de estos fondos no es equitativo. ALPR se propone presentarle al Gobierno que maneje esa relocalización cuando se tenga que hacer.

Preguntada por CLARIDAD respecto a la información que se conoce sobre el programa de  relocalización, la licenciada  Rivera Torres indicó que según el DV no ha habido ninguna comunidad relocalizada. Hay $400 millones en el plan de mitigación para los proyectos de relocalización de unidades, pero todavía no hay unas guías claras de cómo se hará ni  tampoco hay comunidades seleccionadas.

En tanto, la coordinadora de litigios, licenciada González Rodríguez, expresó que este año toca de nuevo empezar el trabajo de recuperación para los desastres que han ocurrido después de María. Se supone que este año, por fin se apruebe el programa CDBG- DR para los sobrevivientes de los terremotos del 2020.  Aunque el DV enmendó el plan de acción, este  todavía no se ha aprobado. González Rodríguez dijo que tienen la esperanza de que a mediados de este año se empiece a ver por parte del DV y el Consorcio del Sur, que se creó para manejar este dinero, que se atiendan  las solicitudes para que las personas empiecen a reparar y construir sus casas afectadas por desastres.

 Aún sin ayudas para la reparación de viviendas

La coordinadora de litigios informó que tras el impacto de Fiona,  FEMA nuevamente  ha estado denegando o dando asistencia mínima a personas que sufrieron daños por el huracán. Según dijo, la mayoría de la gente que ha recibido ayuda solo recibió $700 de asistencia critica, La asistencia para la reparación de vivienda se está quedando atrás una vez más por problemas con seguros contra inundaciones y por la titularidad de la vivienda.

González Rodríguez añadió que quieren ser enfáticas en dicho programa dado a que al plan de acción de terremotos, que es el plan de CDBG-DR, se le destinaron  $208 millones y el  DV repitió la misma fórmula del PR3, programa que no ha funcionado, que no ha logrado que la gente pueda reparar ni reconstruir, ni tampoco ha logrado que la gente pueda conseguir una vivienda.

Al respecto, Godreau Aubert añadió que les  preocupa que la propuesta del DV a tres años del desastre sea una repetición del programa R3, que ya se sabe  que no tiene efectos reales. “Otra cosa que queremos anunciar con el tema de Fiona y por la línea de Verónica es que nos preocupa institucionalmente que haya una falsa inflación del dato de aprobaciones de FEMA en el caso de Fiona por los $700 dólares.  Literalmente, esa asistencia de mala calidad es el mínimo que FEMA casi le puede dar a una familia. Nos preocupa que se infle falsamente un número de aprobación para decir que FEMA tuvo una respuesta, porque no es así”.

Otro trabajo directo con la fiscalización de  ese proceso de recuperación que van a continuar  expandiendo es un proyecto de  paralegales comunitarios. En este caso, se refiere a  ayudar y acompañar a líderes comunitarios para que puedan fortalecer sus destrezas y conocimientos en Derecho, para que puedan servir dentro de sus comunidades en la identificación de las necesidades legales y defender sus derechos una vez tengan conocimientos. El propósito es colocar a la gente en mejor posición de identificar si tiene un problema legal, cuál podría ser la solución y cómo conseguirla. Al presente están trabajando con múltiples comunidades en Loíza, enfocadas en mitigación de desastres, así como en el cambio climático y el impacto de la crisis climática tanto en su comunidad, su ambiente y la salud de las personas.

El tema de los alquileres también está en la agenda, ya que estos representan una tercera parte de las unidades de vivienda y es un tema que cuando sale a la palestra pública usualmente sale atado a los alquiles a corto plazo. Godreau Aubert reparó en que si bien es cierto que los ACP tienen un impacto directo en la renta y en la disponibilidad de vivienda, sobre todo en algunas zonas, la realidad es que la crisis de alquileres viene antes del tema de ACP. Las situaciones de alquiler van desde personas que viven en vivienda pública, adultos mayores que alquilan, hasta falta de hospedajes para universitarios.  Un estudio que hizo ALPR para conocer la vulnerabilidad de defensa de su techo de las poblaciones inquilinas reveló que más del 94 % de la gente que alquila y que son demandas en desahucio por impago acuden al tribunal sin representación legal.

A esos efectos, ALPR informó que en el 2022 logró inaugurar el panel en defensa de alquileres dignos, que tiene el propósito de empezar a visibilizar con abogadas y abogados la necesidad de que haya defensa y de que el proceso sea uno equitativo, dado a  que una persona puede perder su casa en menos de 40 días y quedarse en la calle. El proyecto iniciará en  Carolina y esperan moverlo a San Juan.

Godreau Aubert reconoció que no están  pensando que van a poder alcanzar el universo de toda la gente que van a desahuciar, pero sí visualizar que sea un proceso más equitativo, en el cual se considere que es uno que termina quitándole el techo a una familia.

La solución al problema, según el Gobierno

 El equipo de ALPR dio a conocer que mientras todavía no hay guías ni hay planes de cómo funcionaría a nivel comunitario el PR3 de relocalización. Hasta ahora la relocalización se ha hecho de manera individual, rompiendo comunidades y creando espacios de casas vacías. La solución del DV a este problema ha sido otorgar un incentivo de $4 mil a corredores de bienes raíces que logren cerrar el voucher de compraventa. “Eso habla de que no hay otra propuesta proactiva de incentivar la vivienda, sino de seguir compitiendo en un mercado que cada vez es más caníbal. Eso es lo que estamos viendo”, manifestó Godreau Aubert.

El PR3 de reconstrucción y reubicación se enmendó el 29 de diciembre. Como la gente no consigue casas para mudarse, la alternativa propuesta es que la persona tenga un realtor para que le busque casa. Pero esto solo aplica a los que son elegibles para reubicación.

 

 

Editorial:Puerto Rico 2023 y la nueva era de  servidumbre energética

LUMA es quien está a cargo de la transmisión y distribución  de la energía y la Autoridad de Energía Eléctrica está a cargo de la generación. Foto por Alina Luciano

El fin de semana pasado, mientras el país se desbordaba en el frenesí de las Fiestas de la Calle San Sebastián, la Junta de Gobierno de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), sigilosamente y a espaldas del pueblo, le dio el jaque mate a dicha corporación pública, aprobando, con 4 votos a favor y 1 en contra, el contrato para la privatización de la generación eléctrica, y otorgando el mismo a uno de los «usual suspects», otro nuevo embeleco corporativo llamado Genera PR, un subterfugio de New Fortress Energy (NFE) , la empresa que tiene ya el contrato de suplir gas natural a las unidades de la AEE de San Juan. O sea, que el asunto se queda » en familia». NFE transporta y suple el gas natural, y Genera PR ( que también es NFE) opera y administra las unidades generatrices que, hasta ahora, estaban en manos de la AEE. Un negocio redondo como el de aquella frase «yo lo fabrico, yo lo uso y yo lo recomiendo», hecha famosa por aquel personaje cómico llamado «Cuca Gómez», de nuestro genial comediante Otilio Warrington, Bizcocho.

Y es que todo el manejo de los contratos para privatizar la electricidad en Puerto Rico, por parte de los sucesivos  gobiernos del PNP- desde Rosselló, hijo, Wanda Vázquez y, ahora, Pedro Pierluisi- podrían parecer una comedia si no fuera por el costo tan alto que está pagando y va a pagar el pueblo puertorriqueño por los mismos. El desastre de LUMA Energy con la transmisión y distribución eléctrica lo estamos sufriendo desde hace dos años, y ahora, aprueban este nuevo contrato para privatizar la generación eléctrica, y ni siquiera se conocen aún públicamente los términos del mismo. Sí sabemos que se hizo apresuradamente y con poca transparencia. Llama la atención que, en una burocracia gubernamental donde tantos asuntos urgentes languidecen por meses y años en espera de acción, hayan sido tan rapiditos en considerar y aprobar el nuevo contrato de Genera PR, aprovechando que la energía del país se concentraba en los festejos de la calle San Sebastián. Bueno para Puerto Rico no debe ser este acuerdo cuando se aprobó con tanta prisa y en cuartos oscuros. De hecho, el representante de los consumidores en la Junta de Gobierno de la AEE, ingeniero Tomás Torres Placa, quien fue el único voto en contra de la aprobación del contrato, pidió que se hiciera público su voto y su expresión contraria a la de la mayoría, lo cual no ha ocurrido aún, seis días después de aprobado el acuerdo. Por supuesto que el director de la Autoridad para las Alianzas Público Privadas (AAPP), Fermín Fontánez, también en lo favorece, a pesar de que todos los expertos consultados advierten que traerá nuevos aumentos a la tarifa eléctrica, ya inflada por los 7 aumentos consecutivos otorgados a LUMA Energy.

Y nada nuevo se espera tras las supuestas revisiones que habrá de hacerle al contrato la Junta de Control Fiscal (JCF), porque,  quien haya vivido en Puerto Rico durante los pasados seis años sabe que todos y cada uno de los pasos relacionados a la cuestión energética en nuestro país obedecen a directrices de la JCF y del Comité de Recursos Naturales del Congreso de Estados Unidos.

Se trata de una ecuación muy sencilla. Los contratos de la energía en Puerto Rico son muy codiciados por la industria del gas natural de Estados Unidos, ya que están respaldados por la multi millonaria asignación de fondos aprobados por el Congreso de EEUU para la reconstrucción de la red eléctrica de Puerto Rico, tras el desastre provocado por el huracán María. Un botín tan jugoso como ese se quedará entre los mismos jugadores que tienen sus cabilderos muy bien situados ante el Congreso.

Además, es de conocimiento general  que Estados Unidos está en la carrera para ser el puntero en exportación de gas natural en el mundo, y Puerto Rico es un mercado pequeño pero cautivo, y por lo tanto muy conveniente.

Mientras tanto, nuestro país continúa en su ruta de desgaste económico e incertidumbre hacia el futuro, y la llamada «política pública» que nos conduciría por el rumbo más certero de la energía renovable, ahora parece,, estar más lejos que nunca.

Por cada activo público que pasa a manos privadas, dejamos de ser dueños de lo poco nuestro que nos queda para hundirnos más en la servidumbre. Por esa ruta va el país puertorriqueño: la de ser cada vez más un siervo pasivo a merced de los nuevos dueños de nuestros activos colectivos, como lo hemos sido durante nuestros largos siglos de coloniaje, particularmente durante los 125 años como colonia de Estados Unidos.

Peor aún si el asunto se trata de la energía eléctrica, porque la acción de enajenar ese activo y trasladarlo a manos privadas, además de perdidosa, es peligrosa porque la producción y distribución de energía tienen importancia estratégica para el desarrollo económico de un país.

Pero como todos los siervos, las colonias no tienen el poder político propio para determinar lo que les conviene, ni rechazar lo que las explota y las mantiene en servidumbre. Este nuevo contrato con Genera PR, para la privatización de la generación eléctrica, unido al de LUMA Energy para la transmisión y distribución de energía, conforman la nueva plataforma de lanzamiento de una nueva era de servidumbre energética en nuestro país,  lo cual, sin duda, constituye un reto de alta prioridad para las acciones concertadas de lucha y resistencia de nuestro pueblo.