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“La música puertorriqueña carga la nostalgia de la patria”: entrevista a Fabiola Méndez

Esta es la primera parte de una larga entrevista a la virtuosa del cuatro Fabiola Méndez.

 Vianco Martínez

Especial para En Rojo

Lleva dentro las canciones de su tierra y cuando toca su instrumento hace que la luna duerma en sus tonadas. Se llama Fabiola Méndez y tiene una sonrisa que empieza en el mar de las Antillas y no termina en ninguna parte. Rotundamente puertorriqueña, lleva siempre su le lo lai adentro. Y, como el poeta Corretjer, sería boricua hasta en la luna.

Fabiola es hija de la libertad y nieta de la tradición. Toca el cuatro puertorriqueño desde los seis años y carga en su instrumento todas las canciones que le enseñó a cantar su tierra. Los rizos de su pelo se parecen a los rizos de su mar, y su alma de trovadora tiene mucho que ver con la identidad, nunca negociada, de su nación. Solo tiene veintiséis años y su música ya se está paseando por el futuro.

Fabiola Méndez nació en Caguas, una provincia musical situada al este de Puerto Rico. Allí aprendió a tocar el cuatro y a entenderse con la voz de las mañanas. Cada día, con su instrumento, rinde sus respetos a los viejos trovadores y a la tradición de su cultura. “Caguas es un pueblo de trovadores, uno de los más reconocidos en la música folclórica de Puerto Rico”, dice con un orgullo que enciende todas las luces que carga en sus ojos.

El cuatro es un hacedor de patria y está amarrado a la historia de Puerto Rico. Ella lo toca con el alma y nunca olvida que es, ante todo, una enseña de identidad, un símbolo que corre parejo con las lluvias de mayo, con las siembras de la esperanza y con los arrullos de la nacionalidad boricua.

En Puerto Rico la cultura es un santuario de la libertad, un gallo de pelea que se le plantó a un imperio. Su patria fue mancillada por la historia, pero su música nunca se rindió, y hoy, en gran medida, Puerto Rico es lo que es su música y lo que es su cultura.

Fabiola Méndez tiene varios discos, entre ellos Al otro lado del charco y Afrorriqueña;este último, un canto a la identidad que incluye canciones emblemáticas como Trigueña,un poema de Carmen Colón Pellot musicalizado con las tonadas de su tierra, y Dedicatoria, un texto libertario que encontró al leer Animal fiero, un poemario imprescindible de Angelamaría Dávila, que rinde homenaje a la mujer negra puertorriqueña y a poetas y luchadoras independentistas, entre ellas Julia de Burgos y Lolita Lebrón. En camino tiene una producción que explora el folclore puertorriqueño con armonías de jazz.

Fabiola impulsa el proyecto Afrorriqueña: la música puertorriqueña y su contexto sociocultural, una iniciativa que quiere llevar a todos lados la música tradicional de su tierra y, con el cuatro de fondo, reflexionar sobre temas asociados a la identidad, la raza, la música, la historia y el folclore. ¡Y quiere traerlo a la República Dominicana!

Fabiola Méndez ha compartido escenario con Eddie Palmieri, Pedro Capó, Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, El Gran Combo y la Filarmónica de Chicago. Y en todos lados va dejando un mensaje de luz y de amor a la patria, que son elementos de los que se ha nutrido históricamente la cultura puertorriqueña.

A Fabiola Méndez el futuro la encontró con un cuatro en la mano. Estudió en Berklee College of Music y hoy es artista residente en la Boston Landmarks Orchestra.

Fabiola tiene una relación sentimental con su cuatro. Fue fabricado con la madera que un luthier le tomó prestada a un árbol sembrado en su tierra. “Es como llevar un pedacito de mi tierra a donde quiera que voy porque, metafóricamente y literalmente, fue confeccionado a mano en Puerto Rico. Es como si yo estoy llevando un cantito de un árbol que creció en mi tierra.”

Fabiola Méndez, pequeña diosa trigueña con las manos paridas de luz, es un destello de innovación en la música tradicional de Borinquen. Como todos los boricuas, canta cuando habla y, como todos los boricuas, sueña con un Puerto Rico libre, independiente y dueño de su destino. Y eso lo hace constar cada vez que toca su instrumento.

¿Cómo entró el cuatro a su vida?

El cuatro entró a mi vida por mi familia; en el lado de mi papá, que tocaba el instrumento cuando era más joven, y por el lado de mi mamá, pues toda su familia ha sido bien pro cultura, y especialmente en las navidades, que es la época en que se escucha el cuatro en Puerto Rico. Así que empecé a los seis años.

¿Qué le concedió musicalmente Caguas, su tierra natal?

Caguas es un pueblo de trovadores, uno de los más reconocidos en la música folclórica de Puerto Rico. Allí había tres hermanos -Ramito, Moralito y Luisito- que vivían en Bairoa, el barrio de Caguas donde mis papás nacieron. Y allí, en Bairoa, ellos desarrollaban esa música.

Cuando yo nací ya ellos habían fallecido, pero se mantuvo esta tradición de trovadores. Todos los domingos en Caguas, en la Plaza del Mercado, había trovadores cantando y tocando.

En Caguas está una de las cinco escuelas especializadas en música que había en todo Puerto Rico, la Escuela Libre de Música de Caguas “Antonio Paoli”. Esta escuela fue el espacio donde yo me desarrollé. Casi todo lo que soy y lo que sé de música lo aprendí ahí. Ahí fue que cogí mis primeras clases, ahí aprendí a leer música, aprendí teoría musical.

Desde los diez años estuve con maestros privados, pero ya, cuando entro a la Escuela Libre de Caguas, recibo una educación más formal en la música, con maestros de cuatro que estaban super empapados del repertorio tradicional, de las técnicas del cuatro y todo eso, además de tener las clases privadas, pues había una rondalla en esa Escuela Libre de Música.

Así que tenía la oportunidad de tocar con otros jóvenes de mi edad canciones populares, aprender a tocar frente a un público, a tocar en grupo.

Y luego llego a la Escuela Superior, donde estuve desde mis diez años hasta mis dieciocho. Ahí me empiezan a enseñar unos conceptos más avanzados, como la improvisación, la composición, empiezo a coger clases básicas de cómo escribir una canción, armonía, todo eso.

Caguas fue y sigue siendo un espacio super importante para mí, pues tenía disponible todas esas herramientas. Yo soy super super orgullosa de ser cagüeña.

¿Musicalmente hablando, Caguas es diferente a otros pueblos o regiones de Puerto Rico?

Sí hay una diferencia geográfica de estilos musicales. Por ejemplo, la bomba. Hay varias regiones en la isla, pero es mayormente en la costa donde se desarrolla la bomba puertorriqueña, que es este ritmo percusivo de herencia africana.

Caguas queda en un valle en el centro de la isla, no super centro, más hacia el este; queda literalmente debajo de San Juan.

En Puerto Rico las expresiones musicales se dividían así: la costa versus la montaña. En la costa teníamos toda la percusión, todo el baile, y en el centro era más cuerda, más de cantar, los trovadores, la música campesina. Así que creo que Caguas va más por esa línea de la música de cuerdas y de trovadores.

¿Qué nombres en la trayectoria del cuatro a usted le sirven de referencia?

Varios nombres. Ladislao Martínez, que se conoce como El Maestro Ladí, fue uno de los pioneros del cuatro moderno y uno de los compositores que más música escribió para cuatro. Incluso, todavía hoy, en el 2022, se descubren piezas. Mira, esto lo escribió el maestro Ladí. ¡Ay, yo no sé ni cuantas! Tal vez los historiadores tendrán un número estimado de cuántas composiciones tiene, pero él ha sido muy importante en la historia del cuatro.

Maso Rivera, que es un poquito ya más cerquita del 1900; Pancho Ortiz Piñeiro, Archilla (Sarrail). Y ya más moderno yo diría Edwin Colón Zayas, Quique Domenech, Prodigio Claudio.

En la figura de la mujer, que como pasa en mucha de la música, no hubo tal vez muchas a las que se les dio el espacio en las épocas que el cuatro estaba desarrollándose. Pero en la música moderna tenemos a Maribel Delgado, Emma Colón Zayas.

¿El cuatro era un instrumento de hombres?

Si. Realmente no sé por qué, pues yo me imagino que tenía que haber mujeres cuatristas, solo que a lo mejor no se les daba el espacio para que tocaran en tarima o no se les daba la visibilidad en los medios, en los periódicos, en la radio de ese tiempo.

Las que conocemos, de las primeras, son de ahora, del 2000 para acá, que son las que mencioné, Emma Colón Zayas y Maribel Delgado, que fueron las primeras que hicieron un disco tocando el cuatro.

Antes de ellas no había, que yo sepa, una mujer que hubiera hecho un disco como cuatrista. Sí había mujeres que cantaban la música campesina. Creo que siempre en la música a la mujer se le dio ese rol, especialmente antes: tú eres mujer, canta, canta o baila.

¿Cuáles posibilidades ofrece el cuatro para enlazarse con otros géneros y otras músicas, más allá de las expresiones puertorriqueñas?

Tradicionalmente, el cuatro fue hecho para la música campesina y la música folclórica de Puerto Rico. No es hasta finales de los 90 que los cuatristas empiezan a experimentar con otros géneros musicales. Por ejemplo, Edwin Colón Zayas empieza a explorar con la música clásica, empieza a explorar un poquito con el jazz, empieza a explorar con otros géneros latinoamericanos.

El cuatro tiene un timbre bien parecido a muchísimos instrumentos autóctonos. Por ejemplo, si tú estás tocando en el registro agudo del cuatro, suena bien parecido a un cavaquinho o a un bandolín, que es un instrumento brasilero.

Si estás tocando en las cuerdas graves y estás tocando tipo montuno, suena bien parecido a un tres cubano. Si estás tocando finger star, como le dicen, con los dedos, puede sonar como una guitarra de doce cuerdas, una guitarra de cuerdas dobles. O sea, es versátil en ese sentido.

Como tiene un registro también tan amplio, como tiene unas notas graves, como tiene unas notas super agudas, porque tiene cinco cuerdas dobles, tiene todas esas posibilidades.

Dependiendo del lugar en el diapasón en el cual tú estés tocando, pues tiene una sonoridad que le da esa flexibilidad. Puedo tocar un choro brasilero, puedo tocar un bossa nova o puedo tocar un son cubano o puedo tocar una pieza de jazz.

Uno de los pioneros en eso de jazz también fue otro cuatrista que se llama Pedro Guzmán. El empezó a tocar el cuatro con el blues y a tocar el cuatro más con la música de Estados Unidos, el jazz y todo eso. Y lo tocaba un poco más como una guitarra, que es un poco también de lo que yo hago.

Cuando estoy cantando me acompaño con el cuatro tocando acordes, que tradicionalmente no es lo del cuatro. El cuatro es un instrumento de melodías, que es acompañado con una guitarra. Pero tiene cinco cuerdas dobles, se pueden tocar acordes cómodamente, entonces, por qué no hacerlo. Así que es parte de eso, de esa exploración, lo que yo siempre digo, es un instrumento como cualquier otro. Lo podemos comparar con una guitarra, se puede tocar acordes, se puede tocar melodías, puedo tocar cualquier tipo de género musical.

¿Qué papel juega el cuatro en una orquestación?

Foto: página de FB de Fabiola Méndez

El cuatro es el que establece la melodía, la tonalidad, la guitarra acompaña y, entonces, tenemos el bongó y el güiro. Ese es el conjunto típico: cuatro, guitarra, güiro -el güiro es el güícharo puertorriqueño- y el bongó y el trovador que canta. Esa sería la instrumentación tradicional.

En Puerto Rico hay muchas melodías tradicionales que se conocen como seises o aguinaldos. Hay más de ciento cincuenta seises dependiendo de la región de la isla. El cuatro es el que delinea las melodías y establece el estilo. Por ejemplo, si un trovador de la isla llega y dice yo quiero cantar un seis fajardeño, que es de la región de Fajardo, pues el cuatrista es el que establece la melodía del seis fajardeño: pam pa pam pam / pa pa pa pam / pam pa pam pam / pa pa pam. El trovador canta su letra, pero es el cuatro, por esta melodía, el que establece que este es el seis fajardeño.

O sea, que el cuatro siempre va adelante, siempre va a la vanguardia

Si. Incluso en los contextos tradicionales es el instrumento líder. El cuatro es el que hace el solo, el cuatro es el que acompaña, cuando la canción termina -o si es una canción instrumental es la misma cosa-, el cuatro es el que da como que el “qiu” para terminarla. O sea, es bien líder en la música, el cuatro.

 

Continuará…

 

 

Martí, génesis de la dignidad

 

 

Cristóbal León Campos

“Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan”

José Martí

Un doble aniversario celebra el prócer cubano José Martí: se cumplen 170 años de su natalicio en La Habana, el 28 de enero de 1853, y se conmemora el 132 aniversario de la publicación de su magistral ensayo Nuestra América en las páginas mexicanas del periódico El Partido Liberal, el 30 de enero de 1891. Hoy, Martí sigue iluminando a nuestras culturas que reflejan la grandeza del ser latinoamericano y caribeño con una filosofía propia y universal, la semilla que sembró explica nuestra identidad y la ayuda florecer en el quehacer humilde y descalzo de los pueblos que luchan día a día por su libertad.

Nuestra América es la utopía que nos mueve al porvenir, la unidad e integración son sueños necesarios y es que estamos integrados con una identidad forjada en la diversidad; fortalecerla y protegerla es parte militante de la vida en las geografías nuestras, la esperanza sobrevive en estas tierras al perjurio y la soberbia imperial. La América nuestra vive en la memoria y en el presente de nuestros pueblos. Martí entregó su vida por ella, ahora nosotros honramos su legado defendiéndola con decoro. Nuestra América es la síntesis de nuestra historia escrita desde lo profundo del espíritu libertario que da forma a las miles de voces que reclamaban una segunda y definitiva independencia, voces que ahora demandan el establecimiento de otro orden social y continental, es sueño originario por el derecho a ser y grito rebelde de la mujer que se reconfigura a sí misma desde perspectivas autogestivas, es palabra que nombra al campesino despojado, al jornalero vilipendiado y al obrero explotado, es voz de los excluidos en los debates nacionales, de los niños hambrientos y de los ancianos olvidados sin importar cuánto dieron a las patrias presentes, es el reconocimiento de que existimos más allá de las concepciones eurocéntricas colonizadoras que han pretendido dictar nuestra identidad sin conocerla ni comprenderla.

La razón martiana encauza el grito de esperanza, es crítica y proposición, análisis y programa, el ensayo Nuestra América reúne lo significativo de la necesidad y proyecta lo urgente de nuestras obligaciones: “Hacer es la mejor manera de decir”, sentenciara Martí, palabras que resuenan en lo profundo de los corazones que laten empujando el deseo irrenunciable de construir nuevas realidades en libertad; la cultura latinoamericana es única porque retoma lo más universal y lo suscribe en forma originaria.

La luz del pensamiento de José Martí ilumina con intensidad en estas horas tan complejas para la humanidad, marca el derrotero del porvenir. Utopía nuestra es la unidad y la integración de nuestros pueblos en una sola congregación compuesta por la raíz compartida, la misma desde el río Bravo hasta la Patagonia; fronteras difusas de una identidad común, nuestras naciones latinoamericanas nacieron hermanadas en la tragedia de la historia, forjaron patria quienes con su vida y sus actos dieron rumbo a los ideales de próceres que soñaron con el mejoramiento humano.

Nuestra América tiene su génesis en la dignidad de las mujeres y hombres de piel multicolor, en el esfuerzo diario por ser como somos sin condicionamientos ni condicionantes, emancipados, porque las cadenas apresan los cuerpos, pero las ideas surcan sin presidio, la libertad y la independencia son la sangre que recorre nuestras venas, soñamos despiertos la utopía con los pies descalzos andando los senderos de la dignidad.

Reproducido de www.rebelion.org

 

 

La prosodia del ruiseñor

Foto del Instagram del artista

 

 

Toda producción centrada en hacer visibles las impresiones y respuestas emocionales de un artista frente a unos procesos sociales de carácter histórico, resulta inevitablemente heterogénea. Por esta razón, tras el evidente elemento físico unificador de esta muestra, el óleo sobre tela, la selección de piezas aparenta eludir cualquier otro hilo conductor; los temas son diversos, la paleta varía notablemente y se trata de piezas realizadas a lo largo de siete años. Y es que el establecer un estilo propio es una noción del arte moderno que a Roberto Silva Ortiz no le interesa continuar. En cambio, a su retorno a Puerto Rico luego de una serie de viajes que incluyeron cursos formales, residencias artísticas y estudios independientes en Cuba, Islas Canarias, Noruega, Cataluña y Estados Unidos, Silva Ortiz nos presenta sus reacciones al panorama ecléctico que encontró en su patria al retornar en un tiempo tan convulso como el que le siguió al año 2016. A pesar de ser un artista multifacético, Silva Ortiz decidió limitar la selección de piezas a un medio primordial, ese que comenzó a estudiar en su niñez en la Liga de Arte de San Juan, a donde regresa con “La prosodia del ruiseñor”. De este modo, la muestra completa un arco autobiográfico –aunque con inclinaciones universales–, ese de quien se va en busca de experiencias de mundo y retorna a su hogar habiendo convertido esas vivencias en autoconocimiento.

Habiéndose tomado prestada un vocablo propio de la lingüística, la prosodia, como eje central, no sorprende el que haya un propósito comunicativo en la muestra, aunque no establezca un discurso determinado. La intención del artista no es la de provocar una reacción particular, sino la de invitar al espectador a entablar un diálogo acerca de lo que ha significado para el artista su retorno a la isla. A través sus cuadros Silva Ortiz relaciona la historia del arte occidental relacionándola con nuestra actualidad, comenta recuerdos de las luchas de pueblo, y confía dudas existenciales y cavilaciones espirituales. Para lograrlo, el artista acude a referencias y estrategias propias del modernismo pictórico, en particular del cubismo, el futurismo y neoclasicismo, entre otras, mientras potencia sus composiciones controlando el color mediante la luminotécnica. Estrategias que además se alimenta del estudio de maestros de siglos anteriores como Diego Velázquez, Mariano Fortuny y en particular Joaquín Sorolla por su control de la luz.

Algunos temas que Silva Ortiz aborda son problemáticas en torno a la percepción fragmentada y reafirma la pertinencia de las técnicas manuales del arte en tiempos, ya no de la reproducción mecánica, si no de la hiper-proliferación de imágenes digitales. De estos intereses nacen espacios construidos a base de pedazos de imágenes, colores artificiales producidos por luces manipuladas y escenarios casi oníricos en los ubica mujeres que se presentan como apariciones en medio de la noche. Sin embargo, desde el título de la exhibición, Silva Ortiz propone una sinestesia poética que funciona como la clave en un pentagrama: en una paradoja, los múltiples cantos del ruiseñor se consolidan en el timbre familiar de una sola voz. Con esta metáfora sonora, las variaciones entre las piezas adquieren coherencia en su intencionalidad de mostrarnos las partes individuales que componen la personalidad de una misma persona. Como conjunto, entonces, las obras en esta exposición constituyen una especie de auto-retrato diacrónico del artista.

 

Sin intención de dividir la selección presente en dos cuerpos individuales de trabajo, la distinción entre pinturas de pequeño formato y aquellas más grandes es más que obvia. Las de menor tamaño vienen a ser apuntes y estudios minuciosos que nutren las composiciones de mayor escala. Sin embargo, esto no implica que cada pieza pequeña se convierta en un elemento de una obra mayor. Cada pintura aquí incluida es una obra terminada y, aunque en su mayoría las pequeñas son menos complejas a nivel visual por incluir menos elementos, la mayoría contiene en su escaso tamaño una gran fuerza vital. En económicos encuadres propios de la fotografía, Silva Ortiz logra transmitir aquella vastedad del paisaje que los romanticistas estudiaban; irónicamente es la pequeñez lo que resalta lo sublime del paisaje tropical. A su vez, los elementos vegetales y ese sentir de grandiosidad del paisaje empalman con la incorporación de componentes botánicos en las piezas de mayor tamaño. En este sentido el artista articula un espacio/tiempo en ambientes misterioso, auras místicas y escenas fantásticas que aparentan ser parte de una película que a los puertorriqueños nos resulta muy familiar, pero que no hemos visto en pantalla.

 

Como extensión de la metáfora sonora que conlleva el canto del ruiseñor, los tiempos a los que hace referencia la muestra, cada año vivido en Puerto Rico a su retorno, tiene también incluye “silencios”. Lo que en una pieza musical sería ausencia de sonido, en el caso de esta exposición se representan como ausencia de pinturas en momentos determinados, aquellos tiempos que le exigían al artista el soltar el pincel para unirse a su comunidad ya sea para reponerse tras un fenómeno atmosférico o para tomar las calles en protesta. Después de todo, el artista no únicamente hace arte; del viaje de estudios, la conversación con la vecina, la solidaridad comunitaria en tiempos de necesidad, la protesta o la taza de café es de donde nace la poesía tanto escrita como visual. Así es como, desde la polifonía, la multiplicidad, Silva Ortiz recurre a la poesía para aglutinar un lenguaje plástico, el cual nos propone como el ritmo propio de su voz visual, su prosodia pictórica.

 

Texto del opúsculo de la exposición de Roberto Silva, La prosodia del ruiseñor

El autor es Historiador del Arte

 

 

 

Víctor Villalba Rodríguez  (1952-2023), dirigente sindical: una vida de lucha y dignidad por los derechos de los  trabajadores y el pueblo puertorriqueño

Foto Archivo CLARIDAD/Alina Luciano

 

Al hablar de las luchas por los derechos de los trabajadores en nuestro país, surge la figura de Víctor Villalba Rodríguez- hijo ilustre de la ciudad de Aguadilla- entre los más respetables y respetados dirigentes del sindicalismo puertorriqueño de los últimos 40 años. Su destacada trayectoria, primero al frente de la Asociación de Empleados de Casinos de Puerto Rico desde 1981, y luego como Presidente de la Central Puertorriqueña de Trabajadores (CPT) desde el año 2000, le cimentó su prestigio dentro y fuera de Puerto Rico, y le llevó,  en el año 2004, a ser electo al Comité Ejecutivo de la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT),  un importante organismo de educación y coordinación sindical entre países de la región de Latinoamérica y el Caribe.

Iniciado en las luchas estudiantiles y universitarias de la década del 1970 cuando era estudiante de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Villalba comenzó su carrera sindical en el año 1976 cuando comenzó a trabajar en el casino del entonces Condado Holiday Inn, hoy Condado Plaza. Por sus dotes de liderazgo fue electo delegado de la Asociación de Empleados de Casinos en 1981, formando parte de su Comité Negociador hasta ser electo como  presidente de la unión en el año 1985.

Al frente de dicha unión, Víctor Villalba fue un férreo defensor de los derechos de sus afiliados. Fue despedido por el patrono por defender a sus compañeros de trabajo, y estuvo fuera de su empleo por 10 años, al cabo de los cuales fue reinstalado al prevalecer sus reclamos ante un foro judicial. En el año 1990 fue electo como Secretario de Organización de la Central Puertorriqueña de Trabajadores (CPT), y luego como su presidente, posición que ocupó hasta su fallecimiento hace unos días.

Pero Víctor Villalba no fue solamente un excelente y dedicado dirigente sindical. Fue también un luchador y patriota desde muchos frentes, a favor de la independencia de Puerto Rico y de las mejores causas de nuestro pueblo, lo mismo reclamos de justicia laboral, que de derechos  políticos y humanos, o la lucha contra la Marina de Guerra de Estados Unidos en Vieques. Más recientemente, su liderazgo se dejó sentir con fuerza en las distintas movilizaciones para denunciar y frenar la ofensiva anti obrera que se ha desatado contra las y los trabajadores en nuestro país. Por ejemplo, en la lucha contra la aprobación de la Ley 7, que dejó sin empleo a miles de servidores públicos, y contra la mal llamada Reforma Laboral que recortó derechos a los empleados de la empresa privada. Más recientemente, se movilizó contra el conjunto de medidas de austeridad y racionamiento de servicios básicos,  impuestas por la Junta de Control Fiscal (JCF) tras la aprobación de la Ley PROMESA, e implantadas por los gobiernos coloniales de turno  para satisfacer la codicia de los buitres de la deuda de Puerto Rico. Junto a la CPT y otros sindicatos, Víctor Villalba combatió de frente las medidas que han despojado a los trabajadores del servicio público de sus pensiones y otros derechos adquiridos, las que han estrangulado a la Universidad de Puerto Rico, o las que han privatizado o encarecido servicios públicos esenciales como la energía eléctrica y el agua potable.

En CLARIDAD también sentimos profundamente su pérdida. Víctor fue miembro de la Junta Directiva de nuestro periódico por largos años, y parte del grupo de compañeros destacados en la entrada de los  Festivales de CLARIDAD para dar la bienvenida al público. Hizo siempre aportaciones muy valiosas al periódico, y nos extendió a todas y todos en CLARIDAD su amistad y generosidad. Recientemente participó de la última reunión de nuestro cuerpo directivo del 2022, con la misma disposición a colaborar de siempre.

Con su fallecimiento, las luchas obreras en nuestro país pierden  un baluarte  y la patria puertorriqueña a un hijo y luchador incansable que le entregó lo mejor de su ser. Desde CLARIDAD, nos unimos en un fuerte y solidario abrazo a su compañera, Iris Lugo,  sus hijos e hija,  Víctor Vladimir, Víctor Emmanuel y Lourdes, y demás familiares y relacionados.

Junta Directiva y Colectivo de Trabajo de CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña

 

Alquileres a corto plazo: ¿resuelven las escasez de viviendas

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

En lugar de procurar que haya vivienda accesible y bienestar comunitario, el proyecto de la Cámara PC 1557 y los cambios en el Reglamento Conjunto (RC) respecto a la regulación de los alquileres a corto plazo (ACP) se centran en la recaudación de fondos.

El PC 1557 presentado por el representante José Rivera Madera,  presidente de la Comisión de Turismo de la Cámara de Representantes,  propone que un propietario en una zona residencial pueda usar hasta un 30 % de la unidad, es decir, su residencia, para ACP.

Consultado por CLARIDAD,  el profesor de la Escuela Graduada de Planificación Raúl Santiago Bartolomei,  quien junto al Centro para una Nueva Economía (CNE) presentó en diciembre los resultados del estudio  El impacto de los alquileres a corto plazo en Puerto Rico: 20140-2020, señaló que tanto  el PC 1557 como  las ordenanzas municipales que han adoptado algunos municipios se enfocan  en entrar y cobrar un impuesto adicional, por lo que, en efecto, regulan muy poco.  Indicó que uno de los problemas con la medida es cómo se define un área residencial dado a que en el país,  excepto las urbanizaciones cerradas y urbanizaciones unifamiliares, son muy pocos los lugares que son exclusivamente residenciales. En realidad, las medidas lo que buscan es recaudos. El problema apuntó es que si se le deja a la Compañía de Turismo (CT) velar por el cumplimiento, lo que va velar es por los recaudos.

“Pero los efectos en vivienda en comunidades es que son áreas que quedan fuera de lo que hace CT. Lo que hay que plantearse es si esto atiende los problemas de escasez de vivienda que está causando este tipo de actividad, específicamente en las áreas de más oportunidad que concentran empleos, servicios esenciales, que son también las áreas turísticas. Son lugares que se están volviendo más exclusivos”.

Al reconocer la necesidad de reglamentación, Santiago Bartolomei planteó la necesidad de mirar lo que se ha hecho en otros lugares, por considerar que este es un problema  relativamente nuevo y hay muy poco análisis para saber qué cosas funcionan. No obstante,  hay unas cosas que son comunes en aquellos lugares que sí han  podido registrar un resultado positivo y mitigar  los efectos de los precios de vivienda. Estos son: producir un sistema de registro de arrendadores y los ACP, crear un sistema de contribución a este tipo de actividad y multas para asegurar el cumplimiento y establecer  unos topes en el número de días al año en que se pueden estar alquilando las viviendas y en el número de unidades asignadas para poder utilizar la propiedad. “Esas son disposiciones que aquí no se están discutiendo”.

El otro elemento importante que dijo no se está discutiendo en la ley es la cuestión de la capacidad  informática, es decir, un buen registro de propiedades, de cómo se están usando para saber si se están usando o no y un proceso de auditoría de campus. “Eso son cosas que realmente aquí no se están haciendo en términos de informática. Una de las complicaciones es que, por ejemplo, el Airbnb  tiene un expediente nefasto de no ser transparente, de no compartir los datos e información que facilite el cumplimiento, y por lo tanto, muchas ciudades a través del mundo han tenido que invertir en contratar programadores, comprar datos o hacer escrutinio de los datos de Airbnb  para hacer una monitoría”, denunció.

El también investigador y planificador añadió sobre la postura de la plataforma de Airbnb, de que es preferible una sola ley, que ese argumento no se sostiene porque en otros países cada ciudad tiene sus reglamentos. Expuso que cada municipio tiene que identificar cuáles son sus prioridades y necesidades y cuáles son los lugares en que se concentran sus actividades económicas. De otra manera, hay desplazamientos de las personas de los lugares en trabajos y servicios.

Por otra parte, el planificador David Carrasquillo Medrano hizo advertencias respecto a las consecuencias en el acceso a la vivienda si se permite el establecimiento de ACP en zonas residenciales mediante un permiso ministerial, como propone la Junta de Planificación en el nuevo Reglamento Conjunto. “La pregunta es quién va a habitar esas casas, quién va a poder comprarlas. Y la contestación es que si se permite de forma ministerial el ACP,  van a ser personas que se dediquen a eso.  Ese tipo de capital tiene mucho que ver con la ley 20-22 (ahora Ley 60)”.

Añadió que estos incentivos son engañosos en muchos sentidos. Por ejemplo, el mismo RC le  está dando el código NAICS (Distribución del Impuesto sobre Ventas y Uso por código industrial) a los alquileres a corto plazo, pero la realidad es que las personas están reportando ese tipo de ganancia como si fuese alquiler a largo plazo.  Reparó en que permitir ese uso en zonas residenciales puede tener  implicaciones serias porque el préstamo que da el banco lo da como si fuera una casa. Los incentivos y las ayudas que se ofrecen están destinados a gente que quiere adquirir casas; pero se da el caso de que no lo están usando como casa, sino que las están usando como un negocio para generar dinero, afirmó.

El RC no toma en consideración la determinación que pueda adoptar una junta de condómines. En el caso del PC 1557, al menos, establece que hay unas limitaciones para el uso de áreas comunes en los condominios. Carrasquillo Medrano considera que la disposición del RC es una intervención del Gobierno estatal, yéndose en contra de las políticas municipales que puedan tomar los Municipios Autónomos.

En tanto, ya la OGP dijo que no endosaba el PC 1557 por discrepar de lo que dispone el RC.