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Ley 53: error de política pública

CLARIDAD

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El efecto de las políticas públicas, primero la Ley 7 del exgobernador Luis Fortuño en el 2009, cuyo fin fue despedir a 30 mil empleados públicos, luego  la Ley 66 del 2014 del gobernador Alejandro García Padilla, que también conllevó despidos,  y las más recientes medidas tomadas por la Junta de Control Fiscal (JCF) han provocado  limitaciones de recursos en las diferentes agencias gubernamentales.

Aunque ahora el gobierno reconoce que existe una falta de recursos en la estructura gubernamental, lo inaceptable es que pretenda subsanar esa falta con personas jubiladas. En junio, la Legislatura de mayoría del Partido Popular Democrático (PPD) junto a legisladores del Partido Nuevo Progresista (PNP) y el gobernador aprobaron la Ley 53, la cual permite que funcionarios jubilados o que se acogieron al retiro mediante un programa de transición voluntaria regresen a trabajar al gobierno, ya sea por contrato o a tiempo parcial. Varios entrevistados por CLARIDAD catalogaron la medida de otro error de política pública, de burla y opresión y hasta de una medida electorera.

El profesor de economía y presidente de la Asociación de Economistas (AEPR) Iyari Ríos González,  concedió que la ley es un reconocimiento por parte del gobierno de que hacen  falta  recursos para ofrecer servicios adecuados, pero objetó que se pretenda contratar a trabajadores a medio tiempo y no se promueva el  reclutamiento de trabajadores a tiempo completo con beneficios marginales y las condiciones  necesarias para poder realizar el trabajo de manera adecuada, sobre todo tomando en consideración los múltiples golpes que ha recibido el servicio público en años recientes.

Señaló, además, que se supone que hay en marcha unos planes de  reclasificación y retribución del gobierno como empleador único, para lo que se  han tenido discusiones sobre las escalas de retribución de los empleados públicos, que  no se revisan hace un largo tiempo, y que se debe procurar revisar las retribuciones para que los trabajadores no tengan que buscar otro trabajo. Este considera que a luz de la ley dentro del Plan Fiscal el gobierno quiere  tener algunos recursos sin  incurrir en los gastos que desde la perspectiva de ellos conllevaría contratar gente de carrera.

Otro  elemento que dijo le preocupa es la tendencia que se ha visto en Puerto Rico de que se fomente que personas jubiladas tengan que seguir trabajando, lo que pone en evidencia la precarización laboral, el  deterioro de las condiciones laborales, tanto en el sector público como en el privado.

“Esa situación se ha agravado en la medida en que los sistemas de retiro se desmontaban. Eso me preocupa, el hecho de que se fomente que las personas tengan que seguir trabajando. El planteamiento de fondo es que las condiciones de trabajo son tales, que tenemos que seguir trabajando hasta que nos caigamos, cuando deberíamos tener la oportunidad de que las personas puedan disfrutar de su jubilación y otras actividades”.

El economista apuntó que habrá que esperar para ver qué efectos pueda tener la medida en las diversas agencias; pero subrayó que  no se fortalece el sector público con jubilados, sino endosando trabajadores jóvenes, y rechazó el argumento del conocimiento de la cultura de las organizaciones. “De igual manera, tiene que haber un relevo, pero ese relevo lo que se observa es que no se está remplazando. Eso hay que atenderlo”.

Por otra parte, para el  profesor de Derecho de Política Pública, Víctor García San Inocencio,  la práctica de no llenar puestos de carrera en el gobierno tiene varios efectos.  El primero es la desarticulación del trabajo que se realiza y la pérdida de oportunidades de servicio al pueblo, junto a  la pérdida de  derechos por parte de los trabajadores. El segundo efecto es uno más acumulativo, que es la desmoralización por la devaluación que se hace del servicio y del empleado público.

“Sobre esto no hay una sola mención y, por consiguiente, lo que se hace es abonar a la falta de autocrítica, y lo que es peor, a la impunidad de quienes administran politiqueramente e ideológicamente. Porque detrás de todo este diseño está la ideología neoliberal y todos sus males, como son la desreglamentación, el desmantelamiento de instituciones fiscalizadoras y el decaimiento, desvalorización del servicio y el trabajo del empleado público”, denunció.

García San Inocencio, quien también es estudioso de la  corrupción gubernamental, planteó que la medida neoliberal de votar empleados públicos tiene el propósito de luego empezar a contratar servicios privados, y que los que se lucran de esa contratación son los “amigos del alma. “El argumento de la economía es falso. En muchas ocasiones cuesta más de lo que es institucionalmente. Ese es el problema”.

El otro problema que a su juicio conlleva la ley es que se presta al favoritismo, porque no hay manera realmente de rastrear a qué comisario de barrio, a qué coordinador,  funcionario de colegio se emplea, por lo que en esta contratación  no opera ni el principio de mérito ni una evaluación real de qué es lo que hace falta hacer o qué se necesita para hacerlo, dijo. García San Inocencio comentó que se le ocurre creer que con esta ley se va a abrir un carril exclusivo para pasar al embotellamiento de todos los que están esperando ser ubicados “correctamente” y que realmente hace mucho tiempo que en el gobierno no existe un sistema de exámenes y de oposiciones, lo que conlleva consecuencias tremendas.

Una opresión

Para la portavoz de Construyamos Otro Acuerdo y del Frente en Defensa  de las Pensiones, Sonia Palacios, la ley es una opresión: “Es que, realmente, la única palabra que tengo para describir eso es opresión, porque no hay otra manera de definirlo. Se supone que el retiro sea el reconocimiento de que ya uno llegó a una edad, dio unos servicios. No vamos para jóvenes, vamos para viejos, porque la vida es un círculo, un ciclo, y uno termina una etapa y alguien sustituye esa tarea que uno estaba haciendo”, expresó.  Se supone que la cuestión del retiro esté enmarcada en dejar espacios para que los jóvenes entren al mercado del trabajo, sigan aportando al retiro, generen ingresos para ellos y para el gobierno, acotó.

La también retirada del Departamento de Justicia no dejó pasar por alto que la Ley 7 fue el detonante de esa política de que el gobierno no hace falta. “Los empleados públicos somos imprescindibles. Los   empleados públicos damos un servicio esencial. Para eso es que existe el gobierno, no es para cobrar contribuciones. El gobierno existe para proveer servicios a los ciudadanos, y esos servicios los prestamos los empleados públicos. A cambio, recibimos unos salarios, unos beneficios marginales y cotizamos para un sistema de retiro. Nosotros, los empleados públicos, pagamos contribuciones sobre ingresos, así que el Estado tiene un ingreso que le generamos”.

La portavoz del Frente en Defensa de las Pensiones calificó de explotación la pretensión de la ley, a la vez que es un reconocimiento por parte del gobierno de que la pensión que reciben no da. “¡Cómo es posible que a LUMA se le dé un aumento por el costo de vida y que los empleados públicos no tengamos un aumento de la pensión desde cuándo!  Me da angustia pensar que conozco personas que ven esa opción para cuadrar el presupuesto, me duele”.

Esto es hasta el 2024

 Mientras, Pedro Pastrana, portavoz del Capítulo de Retirados de la Federación de Maestros (FMPR), llamó a la atención que la ley se firmó en junio del 2022 y que, según el gobernador, va a ayudar a la educación y a las agencias del gobierno a dar servicios a los ciudadanos.  El gobierno y el mismo secretario del DE han reconocido que dicho departamento es el que más empleados necesita, en particular maestros.

“Sin embargo, se dieron cuenta de que no tenían reglamento y lo hacen ahora a finales de noviembre, seis meses después. ¿Qué quiere decir eso?  Quiere decir que el primer anuncio que hacen para firmar la ley lo hacen cerca del año escolar; pero ya acercándose el año electoral, vienen con el reglamento. Esa ley va a ser prácticamente  hasta noviembre de 2024, y creo que lo que está buscando es aparentar que están haciendo cosas buenas. Esto es un gobierno de apariencias y de imagen, pero la realidad es que aquí no hay nada que no sea el efecto de un plan de ajuste aprobado con la firma de los legisladores y el gobernador”, denunció.

En el caso de los maestros retirados, el gobierno tiene dos categorías: las maestras y maestros que se retiraron con 30 años de servicio y 50 años de edad. A este grupo, el reglamento le obliga a informar al sistema de retiro que están trabajando. En el caso de que decidan trabajar, afirmó Pastrana, es obvio que lo hacen  por la necesidad económica, por la inflación debido al alto costo de vida que los tiene estrangulados.

El otro grupo son los maestros  y maestras que se fueron por el llamado Retiro Incentivado. Estos no tienen la edad de retiro, ni los años de servicio; están entre los 30 y 40 años de edad,  son mucho más jóvenes. A esos que ya están hace un año fuera el gobierno se les condicionó a que si se retiraban con un incentivo de un año tenían una penalidad de cinco años para volver a trabajar en el gobierno.

Pastrana fue enfático en alertar que el propósito de ese plan es la privatización, que el gobierno no quiere seguir pagando beneficios y que detrás de eso está la Junta de Control Fiscal. “A esos compañeros que están en una situación económica difícil, quizás tengan la opción de regresar; pero por qué no los hacen permanentes otra vez y de esa forma se evita, cada vez que comienza un año escolar, la situación de que no tienes maestros para cubrir las plazas”.

Este alertó de que el gobierno le tuvo que decir a la JCF que los maestros van a ser contratados por servicios profesionales, lo que a su vez es parte de la privatización. Cuestionó qué les va ofrecer el DE a los maestros  que se fueron y que ahora quiere que vuelvan, si ya antes la escuela no les proveía materiales. Tenían ellos mismos que comprarlos, pintar los salones. Salieron frustrados por toda esa falta de apoyo del sistema y ahora pretende que vuelvan sin beneficios marginales.

“A LUMA, por la inflación, le dan $112 millones. Para el sector privado aquí siempre hay millones. Pero para la educación, salud y la seguridad no tenemos dinero. Esta es la administración que nosotros hemos estado escogiendo por décadas y mira dónde nos han metido”.

 

Perú: Cinco días de Boluarte marcados por la represión

 

Por Carlos Noriega

Desde Lima

Un estreno con represión, muertes y el recorte del mandato presidencial por presión popular. Eso ha marcado los primeros días de la presidencia de Dina Boluarte, que el pasado miércoles reemplazó al destituido Pedro Castillo. En medio de un estallido social, jaqueada por las protestas en diferentes regiones del país que ya han dejado seis muertos y decenas de heridos en choques con la policía -entre ellos una niña que recibió un disparo de perdigón en un ojo-, la presidenta Boluarte anunció el adelanto de las elecciones para la presidencia y el Congreso. Al mismo tiempo, por Twitter, Castillo denunció que fue “humillado, incomunicado, maltratado y secuestrado”. Y agregó: “No renunciaré ni abandonaré mis altas y sagradas funciones”.

Piden la libertad de Castillo

Adelanto de elecciones, cierre del Congreso y Asamblea Constituyente son las demandas centrales de las protestas que han tomado calles y carreteras luego de la destitución de Castillo por el Congreso controlado por la derecha por haber intentado sin éxito cerrar inconstitucionalmente el Parlamento que buscaba sacarlo de la presidencia. También se pide la libertad de Castillo. Boluarte señaló que tomaba la decisión de adelantar las elecciones “interpretando el interés mayoritario”. Este adelanto de elecciones debe ser aprobado por el Congreso. En su mensaje Boluarte también anunció el estado de emergencia en las zonas donde las protestas son más fuertes.

La presidenta comunicó el adelanto de las elecciones en un mensaje televisado dado poco después de la medianoche del domingo. Con esta decisión, las elecciones se deben realizar en abril de 2024, con lo que Boluarte, que debía culminar el período de Castillo en 2026, acorta su mandato en dos años. Pero el anuncio de adelantar las elecciones no calmó los ánimos y las protestas continuaron, incluso escalaron en varias regiones. En las protestas confluyen un extendido sentimiento de “que se vayan todos” y la exigencia de un adelanto de elecciones para antes de 2024, la bronca contra un Congreso identificado con la corrupción y con una derecha antidemocrática que se concentró en derribar a Castillo, profundas desigualdades y demandas sociales postergadas, y también un respaldo a Castillo, ahora en prisión.

«Que se vayan todos»

“Cierren Congreso corrupto y golpista”, “Dina traidora renuncia”, “Nuevas elecciones”, “Que se vayan todo”, son las principales demandas que se escuchan y leen en las movilizaciones que abarcan a buena parte del país, incluyendo Lima. Se exige una Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución heredada de la dictadura fujimorista. La derecha ha bloqueado en el Congreso esa posibilidad. “Castillo libertad” es otra proclama que se escucha entre sectores de los manifestantes.

En las zonas andinas se vienen dando las protestas más importantes y la represión más dura. El expresidente Castillo es de origen andino y es en este sector que tenía su mayor respaldo. Durante el lunes se dieron choques entre manifestantes y policías en distintas regiones. Las protestas más fuertes se han dado en la provincia de Andahuaylas, en la región andina de Apurímac de la cual es oriunda la presidenta Boluarte. En esta zona hay cinco muertes. Una sexta muerte ocurrió en la sureña región de Arequipa, donde el lunes fue tomado el aeropuerto y una planta de leche de la empresa Gloria, el mayor grupo lácteo del país. Se han atacado comisarías en diversas zonas y se mantienen los piquetes que bloquean las rutas en distintas carreteras.

Frente a las demandas para adelantar las elecciones para antes de la fecha fijada para abril de 2024, el gobierno dice que el plazo establecido se debe a que se necesita una reforma constitucional que debe pasar por el Congreso y ser aprobada en dos legislaturas o en una legislatura y un referéndum. Y señala que junto con el adelanto de elecciones propondrá al Congreso un paquete de reformas del sistema político para no ir a unas elecciones solamente entre los mismos partidos ahora desacreditados y para darle más estabilidad a los próximos gobiernos. La figura de la destitución sumaria del presidente por la ambigua figura de “incapacidad moral” que se le quiso aplicar tres veces a Castillo es parte central de esa inestabilidad. Con un gobierno sin bancada propia, la presión ciudadana será fundamental para avanzar con esas reformas en el Congreso. Con un gobierno débil y un Congreso desacreditado, el plazo hasta abril de 2024 para nuevas elecciones puede ser muy largo.

Se exige, en las calles y en sectores del Congreso cercanos a Castillo, la renuncia inmediata de Boluarte, acusada de “traidora” por los seguidores de Castillo. Con la renuncia de Boluarte se acelerarían las nuevas elecciones, que se convocarían en cuatro meses. El problema con esa alternativa que algunos proponen es que hasta que tome posesión el nuevo gobierno la presidencia del país la asumiría el titular del Congreso, el general en retiro de extrema derecha José Williams, acusado de violaciones a los derechos humanos, que tendría de su lado a la mayoría parlamentaria, con el alto riesgo que eso significaría para la democracia.

El lunes, el jefe del gabinete ministerial, Pedro Angulo, y los ministros del Interior y de Defensa, acudieron al Congreso para explicar la convulsionada situación que vive el país y las muertes durante las protestas. Angulo ha acusado a los pobladores que protestan en las calles de “ser parte de un golpe de Estado”, lo que ha exacerbado más los ánimos. En sintonía con la derecha, los ministros acusaron en el Congreso a políticos y dirigentes de izquierda de “azuzar” las movilizaciones “para crear el caos”. Señalaron que lamentaban las muertes, pero no asumieron ninguna responsabilidad.

Desde la derecha criminalizaron las protestas, le exigieron al gobierno más represión, gritaron “mano dura” y demandaron que las Fuerzas Armadas tomen las calles. Amenazantes, acusaron a legisladores de izquierda de ser “terroristas” por defender el derecho a la protesta y condenar la represión. Desde la izquierda denunciaron “un uso excesivo de la fuerza”, pidieron cesar la represión y recogieron las demandas populares de adelanto de elecciones y una Asamblea Constituyente.

Castillo, sin fuero

Casi en simultánea al anuncio presidencial de adelantar las elecciones, el Congreso levantó el fuero a Castillo en una agitada sesión de varias horas, que comenzó la tarde del domingo y culminó en la madrugada de este lunes, en la que hubo intercambio de insultos e incluso de golpes. Esta decisión, aprobada por 67 votos a favor y 45 en contra, le quita a Castillo el derecho de antejuicio, con lo que el Congreso despeja el camino para que Castillo, detenido desde el miércoles, continúe en prisión y sea procesado por rebelión y conspiración, acusación planteada contra el expresidente por la fiscalía por el intento de cerrar inconstitucionalmente el Congreso. Castillo se encuentra en prisión con una orden de detención preliminar que vence este miércoles, por eso la desesperación de la mayoría parlamentaria de derecha de levantarle el fuero con rapidez y así habilitar la posibilidad de que se le abra proceso penal y se ordene su detención preventiva mientras es procesado. Legisladores “castillistas” y de otros grupos de izquierda denunciaron que la decisión de levantarle el fuero a Castillo se tomó violentando la Constitución y el reglamento del Congreso, saltándose procedimientos y plazos, violando el debido proceso y el derecho de defensa del exmandatario.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

 

Solo falta la estatua de Pinochet…

Por Juan Pablo Cárdenas

En el entorno de La Moneda se ha instalado una estatua del ex presidente Patricio Aylwin. A su ceremonia de descubrimiento ha asistido el propio Jefe de Estado y un conjunto muy variopinto de autoridades políticas y de toda índole. El monumento quedará muy cerca del de Salvador Allende, Jorge Alessandri y del ministro Diego Portales, a quien se le atribuye ser el principal forjador de nuestra República.

Los tres discursos que se pronunciaron obviamente destacaron la trayectoria democrática de Aylwin, incluida las palabras que le dedicó Gabriel Boric, el mismo que ayer como dirigente estudiantil y diputado se expresara en los más duros términos por la responsabilidad que le cupo al mandatario demócrata cristiano en el golpe militar de 1973, como en los años de impunidad de su mandato en favor de los violadores de los DDHH de la Dictadura. De esta forma, el que defendió ante el mundo la insurrección militar pinochetista y después prometiera “justicia solo en la medida de lo posible” resultaba homenajeado no solo por sus camaradas sino por una amplia gama de los que fueran sus más duros adversarios políticos.

Este es el Chile de hoy. Los que ayer merecieron las más duras descalificaciones ahora se los homenajea y se instalan sus estatuas alrededor de nuestro palacio de gobierno. Empresarios, ex sindicalistas y otros acompañaron esta ceremonia oficial en que se exculpa a este mandatario, como si ello fuera un trámite necesario para afianzar nuestra endeble institucionalidad republicana y democrática. Pensamos que solo debemos esperar el fallecimiento de Sebastián Piñera para que su efigie también se instale en perenne bronce en el corazón de nuestra Capital.

Cómo no recordar en estos momentos aquel pronunciamiento de nuestro poeta Nicanor Parra en cuanto a que “la derecha y la izquierda unidas jamás serán vencidas”, una de las más notables expresiones de nuestro lúcido vate, con toda esa carga de ironía que ponía siempre en sus sentencias. Queda claro que en Chile al fallecer en menos de una o dos décadas se es reivindicado y llevado a los altares de la República. Tal como lo fueron un tirano como el mismo Portales, o un asesino como el propio Arturo Alessandri. ¡Qué insulto más agraviante es que entre estos quede ubicada la estatua de Salvador Allende!

Lo más extraño es que todo esto suceda bajo un gobierno como el de Boric. En una administración plagada de socialistas y comunistas, además de aquellos que solo hasta ayer eran considerados de ultra izquierda por la derecha y la clase empresarial. La misma que hoy es convocada a La Moneda para que ayude a resolver los conflictos con los camioneros y otros gremios. La que en pocos meses se ha hecho dilecta de las giras presidenciales y cuya opinión cada vez es más considerada por quienes se comprometieron a realizar una profunda reforma tributaria y otras que debieran afectar sus intereses.

Nunca la connivencia se había hecho más ostensible y grosera entre derechistas, centristas y socialistas “democráticos”. Más allá de las reyertas que se producen en el Parlamento que tienen mucho más de espectáculo farandulero que de realidad. Porque sabemos que todos los que allí dicen representarnos son los que se aseguran las más altas dietas y granjerías pagadas por los millones de chilenos que ya ven que los grandes cambios prometidos constituyen un total espejismo. Porque si ayer se criticaban los estados de excepción en la Araucanía, hoy estos han pasado a ser el recurso principal de la lucha del Estado Chileno contra los derechos de los mapuches.

Algunos podrán decir que nuestro país ha puesto en práctica una profunda reconciliación. Pero ni las iglesias se atreverían a celebrar este avenimiento ante las injusticias flagrantes que se prolongan y retrotraen nuestra economía. Provocando que los ricos sigan aumentando sus caudales, mientras el pueblo se empobrece y hasta se ve forzado a delinquir para subsistir.

La estatua de Aylwin en la Plaza de la Constitución es de una total desvergüenza si se considera su actitud pusilánime ante con los derechos conculcados por la Dictadura y una gestión presidencial en que fueron abatidas tantas esperanzas populares. Lo consecuente con todo este mundo de incongruencias sería que este gobierno y la clase política den el paso de erigir una estatua monumental a Augusto Pinochet, como el fundador del nuevo estado, la Constitución que todavía nos rige y el modelo económico más que sacralizado por los gobiernos que le sucedieron. Mal que mal siempre cualquier gobierno tiene sus aciertos.

Y si ya no quedara espacio en el entorno del Palacio Gubernamental, se podría levantar este monumento en la Plaza Italia, allí mismo donde fue removida la del general Baquedano con el Estallido social del 2019. De esta forma, este sitio asumiría sinceramente lo que hoy realmente somos: un país que se hunde en la indignidad de su política.

Se entiende que cambiar de opinión es un derecho humano. Sin embargo, ¿tanto y en tan poco tiempo?

Reproducido de www.rebelion.org

En Reserva: Control

Especial para En Rojo

Mayo, 1987. Claros en su objetivo mas ajenos a la fracción que proseguía, la legislatura de Puerto Rico veía bien el dividir a la isla en dos experiencias distintas de habitación. La ley 21 del 20 de mayo de 1987, conocida como la Ley de Control de Acceso, inaugura una nueva era, dando a los dueños de residencias con acceso en común la potestad para cerrar y decidir quiénes tendrían paso vehicular por sus enclaves.

Sería injusto, por la naturaleza misma de los actuantes, suponer que los proponentes de la ley, ni sus endosantes, intencionaban el alcance de la brecha que abrían, ni mucho menos pensar que hubiesen podido prever cómo desde ese momento el país se dividiría, de entre todas las fracturas que ya nos segmentaban, en uno de habitaciones intra y extramuros.

La verdad es que en aquel entonces Puerto Rico era un lugar muy distinto que se movía sobre el momento de las 936 hacia lo que sería la jauja del primer rossellato. Era una era de ebria prosperidad durante la cuál el inversionismo político construiría grandes fortunas personales hechas posible gracias a la contracción de una porción sustancial de la deuda que hoy justifica la existencia de PROMESA.

La era del control de acceso, dinámica que daría nombres a Residente y Visitante, sería parte integral de la euforia de privatizaciones que tomaría al país. La posibilidad no tardó en adentrarse en el imaginario de pudientes y aspiracionistas. En todas partes, contratistas cotizaban muros, portones corredizos, accesos de tele-tecla, brazos mecánicos. Incluso en comunidades ya existentes, un par de portones o tiestos lograban apartar cuadrículas de forma rápida.

La demanda por residir en comunidades privadas propulsó el rápido desarrollo de viviendas. Desde casas terreras hasta chalets, el control de acceso vino con aplanadoras sobre mogotes y humedales. Ingenieros, arquitectos y delineantes trabajaban día y noche para cumplir con las exigencias de los desarrolladores quienes aplanaban grandes extensiones de terreno incluso antes de procurar permisos para construir.

En las entradas de futuras urbanizaciones, casetas de seguridad se erguían sin ventilación, deparando asaderos para quienes atenderían la identificación de las visitas. Puerto Rico estaba al reparto y calladamente la noción de lo privado comenzaba a igualarse a prosperidad. ¿Cómo alteraban estos cierres nuestras vidas? Tal vez más importante, ¿qué sería de las parrandas? Nadie estaba seguro y la verdad a pocos parecía importarles.

Claro, para quiénes residirían en estos espacios el cercado tenía y tiene justificación: están velando por los suyos, por su seguridad. En Paseos de Cracovia, Miradores de Pecorino, y Chalets de Sacrebleu, una módica mensualidad cubre el homeowners association que no solo contrata a la compañía de seguridad, sino que además se encarga de instalar luces y empapelar festivamente los buzones durante la Navidad. Dos pájaros de un tiro. Tiro que igual se escucha desde el resguardo de lo privado, estando separado el complejo apenas por un poco de cyclone fence y el único mogote que quedó en pie tras la construcción aledaña a la vecina Barriada Olmeda a la cual seis generaciones de bichotes han llamado hogar.

Sin decirse en voz alta se propagó la ficción de que podíamos vivir en dos países. Uno, el Puerto Rico ese terrible que da sangre que reseñar a los noticiarios y otro, pastoreado por gracia de la seguridad privada que vigila sobre los bucólicos jardines de las facilidades deportivas donde ejercitarse. Las comunidades detrás de los portones no son sin gracia pero guardan semejanza a la vida que se desenvuelve en un terrario: un cernimiento mayormente ornamental del total de condiciones ambientales de las que procede la vida que allí se recrea.

Sé que habrá quien lea esto y no le siente bien. Después de todo, lo señalado es opuesto a una serie de promesas sociales que proponen ciertos espacios y accesos como parte fundamental del discurso aspiracionista y meritocrático que domina la vasta mayoría del pensamiento sociopolítico del país. Fíjese igualmente que no propongo ni sugiero, ni mucho menos quiero convencerle de nada.

No pido el detente “de sus copas elevadas y sus brindis de chalet”, es meramente una observación, no un reclamo, ni un juicio. It is what it is.  No pretendo una lección moral. Solo digo que tener presente las diferencias favorece la completud de nuestros juicios. Que cada vez me está más claro que aunque compartimos espacios y tránsito no habitamos el mismo país.

Que quienes han vivido sin los resguardos del control de acceso se han visto vis a vis con la dejadez del gobierno y la inutilidad de las fuerzas de ley. Por ello la desconfianza, el hartazgo y la desesperanza de los que enfrentan la intemperie no es igual a la de aquellos cuidados por el costo de la suscripción vecinal, por malo o insuficiente que resulte el servicio.

Tras debates al respecto con amigos y compañeros, me pregunto sinceramente si será posible negociar convivencia entre experiencias tan dispares. ¿Cuánto moldea el pensamiento del que habita tras el control de acceso a las políticas del país? ¿Cómo sirve al país una clase política cuyas experiencias no están a par con las de la mayoría del país?

Qué nociones alimentan sus tomas de decisiones y de qué forma la búsqueda de estos estilos de vida promueve el desparrame urbano, la desconexión y el aislamiento, y la dependencia del carro y por tanto, de una visión pro automóvil. ¿Será que inevitablemente se está cuajando un enfrentamiento frontal entre clases ante la creciente disparidad entre nuestras aspiraciones y experiencias? ¿Existe en realidad un proyecto de país en común o es que meramente cada cuál está luchando por su turno al bat?

Jíbaros, criollos, puertorriqueños: digresiones sobre la identidad

¿Qué significa lo jíbaro?

El concepto jíbaro aparece casualmente en la Relación del Viaje a Puerto Rico de la Expedición de Sir George Clifford, Tercer Conde de Cumberland, escrita por el Reverendo Doctor John Layfield, capellán de la expedición invasora inglesa de 1598.[1]  El texto de Layfield fue difundido en la obra póstuma de Samuel Purchas (c. 1575 –1626) titulada Hakluytus Posthumus también conocida como Purchas his Pilgrimes, containing a History of the World in Sea Voyages and Lande Travells, by Englishmen and others, impresa en Londres en 1625 en cuatro volúmenes.

Purchas fue un religioso e historiador inglés que estudió en el Saint John’s College de la Universidad de Cambridge quien, como Pedro Mártir de Anglería (1457-1526), nunca viajó a América e hizo la obra de un recopilador e intérprete. La segunda edición de su colección corresponde a los años 1905 a 1907 y alcanzó los 20 volúmenes. Se trata de una colección desconocida para los lectores de los siglos 18 y 19 cuando el concepto de lo jíbaro se formula y difunde en Puerto Rico.

Layfield era teólogo, académico y traductor de la Biblia muerto en 1617 en Londres. La inclusión de su Relación… legitimaba el discurso de Purchas dado que Layfield había estado en San Juan Bautista durante la invasión inglesa de 1598. El testimonio del capellán, fundamentado en la observación directa y en el interrogatorio a ciertos vecinos, sintetizaba la mirada inglesa en torno a la posibilidad de una colonia tropical útil para los intereses ingleses.

La literatura de exploraciones y viajes sajona, posee numerosas concomitancias con la crónica de Indias hispana que historizó la situación antillana durante el siglo 16 desde la condición del testigo. En ambas, el pintoresquismo y el interés empresarial, el dualismo maniqueo y la devaluación de lo local, se imbricaban para ofrecer al lector europeo, fuese un empresario en ciernes o un posible migrante, una imagen sobre la naturaleza y su potencial material. Layfield, como algunos cronistas de Indias, escribió sobre Puerto Rico in situ, elemento que le daba confiabilidad a su discurso.

Aparte de los datos fidedignos que el texto ofrecía sobre el carácter cimarrón de la ganadería y el valor económico de las corambres, y el cuadro preciso sobre el panorama industrial y agrario del territorio, el autor realizó unas distinciones interesantes entre la región costera o la bajura y sus ingenios azucareros, y el interior o la altura y sus estancias de jengibre de mucha utilidad para comprender el sustrato de lo jíbaro como núcleo de una identidad puertorriqueña.

La asociación de la industria azucarera a los sectores poderosos e influyentes, y la de las estancias a los pobres o a la gente de escasos recursos, era inevitable. Ese es un lugar común en la interpretación de la economía social de San Juan Bautista a fines del siglo 16 y principios del 17. En la América Hispana, las estancias de subsistencia se asociaban a la vida en la ruralía. En San Juan Bautista sugerían las granjas aplicadas a la producción de jengibre y, ocasionalmente, a la ganadería y los cueros.

Una aportación de la obra de Layfield fueron sus anotaciones sobre el ganado mayor y el ganado menor. El reverendo reconocía que los novillos eran más grandes en Puerto Rico que en Inglaterra; a la vez que destacaba que el ganado caballar era de menor gracia y que no comparaba con el inglés porque se trata de animales “trotones” o que andaban a saltos y  sin elegancia. Una de cal y otra de arena: todavía la naturaleza indiana o americana no había sido devaluada del todo ante la naturaleza europea, como sucedió en el discurso de los naturalistas del siglo 18.

En su evaluación del ganado menor, concluyó que el mismo era escaso por causa de los perros salvajes que pululaban por la ciudad de Puerto Rico y se refugiaban durante las noches en los bosques. Las observaciones sobre ese episodio son detalladas. Aquellas jaurías se alimentaban de los cangrejos que cazaban en los manglares, pero también comían ovejas, cabras y otros animales pequeños. Lo más interesante era que en Cuba, los perros realengos eran denominados jíbaros, concepto que equivalía a un animal doméstico que se había hecho montaraz o mostrenco y terminaba siendo un habitante de los bosques. La noción jíbaro en Cuba sugería la cimarronería o anarquía de la altura y, en cierto modo, la barbarie como negación de civilidad: un jíbaro era un ser arisco, difícil de controlar.

Como podrá verse, esa concepción no tenía nada que ver con la raza o el color de piel. De lo que se trataba era de cifrar una actitud ante la vida y una forma distanciarse del orden. Entre jíbaro y canalla, concepto que procede del italiano canaglia o “muchedumbre de perros”, existe algún parentesco. Ambos conceptos tenían un origen despreciativo. Voltaire, pensador ilustrado aristocrático, usaba en voz de uno de sus personajes de Cándido, Martín, el concepto canalla para referirse a los sectores más rebeldes e insumisos del pueblo francés.[2]

Lo más interesante de aquel juego es la relación que se pueda establecer entre el interior y los bosques y la animalización del jíbaro que sugería el retorno a la barbarie con la cultura rural. Recuerden que el interior montañoso central, seguía inexplorado a fines del siglo 16, hecho por el cual estaba marcado por el misterio. La pregunta es ¿cómo se convirtió un insulto en el signo respetable de la identidad nacional puertorriqueña?

¿Qué significa lo criollo?

Cuando observo, de otra parte, el sentido de lo criollo, reconozco que en este se manifiesta un acto de sumisión a los valores peninsulares. Afirmar la criollidad, si se me permite el neologismo, significaba suprimir la condición de indiano en la medida en que se adoptaba una hispanidad problemática, difusa y evanescente. La jibaridad implicaba aceptar una condición alterna, la de aquel que huye de la formalidades del poder, igual que los perros salvajes en la noche, y se refugia en un interior feral, en un Jáuja o en el Pipiripao de la barbarie más prístina.[3] El criollo suprime lo que el jíbaro celebra. Lo criollo y lo jíbaro se contradicen, son conceptos difíciles de vincular tanto como la naturaleza de la costa y la del interior. Su principal punto de encuentro radica en que, tanto lo criollo como lo jíbaro, se asumen desde la blancura.

El concepto criollo proviene del portugués crioulo, derivado del verbo criar. Conceptualmente sugiere la figura de aquel que es producto, sujeto y responsabilidad del padre. Posee un fuerte sentido patriarcal que afirma el carácter natural de la sujeción al otro a la vez que legitima su infantilización por parte de aquel que lo nombra. De un modo u otro el criollo, el indiano y el insular vienen a ser la sombra, el opuesto o el doble inferior del español, el hispano o el peninsular. Se trata de la reiterada dialéctica de los secos y los mojados. Semánticamente, la noción criollo constituye un reconocimiento de la diferencia y una justificación de la desigualdad al otro.

Aquella idea traducía un viejo prejuicio naturalista o cientificista a un plano etnocultural. Uno de las tendencias más visibles de los textos de Indias había sido la degradación del indio. Los observadores europeos apoyaron su actitud en el repudio de la naturaleza indiana o americana. La imagen devaluada se transmitió como si se tratase de un código genético: del indio pasó al mestizo y, de este, al criollo. A aquella conclusión se llegaba mediante procedimientos complejos. La presunción generalizada de que el progreso material era producto de la bondad del ambiente, condujo a la conclusión de que la inferioridad de otro indiano o americano, tenía una explicación  biológica. La naturaleza determinaba el temperamento. El temperamento era un derivado lógico de la temperie o el clima: un europeo y un americano tenía que ser seres distintos.

La realidad de que el criollo no era más que un hispano nacido en la Indias que compartía la mayor parte de sus valores, no era suficiente para aceptarlo como igual. Su nación, su lugar de nacimiento, eran las Indias o América. A lo más que podía apelar para contrarrestar la asimetría era al hecho de que España era su patria, es decir, el lugar de origen de sus padres. Ello no impedía que fuese considerado como un vasallo inferior. Las consecuencias políticas de ello fueron enormes: el criollo nunca tuvo acceso igual a los privilegios sociales de un hispano.

Visto desde esta perspectiva, la pregunta obligada es ¿qué justificaba el manifiesto orgullo colectivo por la herencia criolla? ¿En qué condición se insertó la conciencia criolla en el proceso de maduración de la puertorriqueñidad? Me parece que el orgullo se apoyaba en la sobrevaloración de su condición de descendientes de padres hispano-europeos y en una supresión tácita a la circunstancia de que nacer en las Indias y las ínsulas los excluía de ser españoles y peninsulares. El hecho de la hispanidad o la pensisularidad heredada por sangre, lo privilegiaba en su ámbito social colonial. Pero nunca lo equipararía del todo con el hispano-europeo. Ser criollo traducía una carencia que no le dejaba más opción que respetar por la fuerza a aquel que lo rechazaba. Ello condujo al criollo a expresar un exagerado afán por ser aceptado o asimilado por el otro con los ribetes políticos que ello tuvo durante el siglo 19.

Insisto en que el criollo reconocía en España el signo de una patria. La patria es la tierra de los padres: no se equivocaba. El proceso lo llevó a identificar la ínsula con la nación o la tierra en que nació: tampoco se equivocaba. Pero esa misma lógica lo apartó del resto de la comunidad. La condición criolla acabó por ser tan excluyente como la hispano-europea. La relación del criollo con el mestizo, el mulato, el negro esclavo o libre, fue tan contenciosa como la de los hispano-europeos con ellos. La inferioridad que le adjudicaba el hispano-europeo, el criollo la desplazaba hacia los grupos subalternos por lo que este podía ser tan prejuiciado y racista como el hispano-europeo. El criollo, incluso el que se (des)dibuja en el criollismo del siglo 19 y el neocriollismo del siglo 20, fue parte de una aristocracia elitista y orgullosa de su condición de clase.

Los símbolos de poder a los que apelaba el criollo eran los mismos a los que apelaba el hispano-europeo: honores y privilegios que se podía adquirir y sostener con dinero. La nobleza y la posibilidad de ser denominado don era crucial.  La nobleza de sangre, la que se adquiría en buena lid o por ciertas ejecutorias, estaba a la mano del criollo. Si a ello se añadían ciertas condiciones vinculadas al oficio y a la raza, sus privilegios estaban seguros. En el juego discursivo sobre Puerto Rico las voces criollas ocupan una posición incómoda: se vieron precisados a aceptar una herencia que los rechazaba.

¿Qué significa lo puertorriqueño?

Salvador Brau Asencio (1842-1912) es considerado uno de los precursores de la historiografía y la sociología y la historia social puertorriqueñas. Fue activista abolicionista, liberal y autonomista, y trabajó al servicio de España y Estados Unidos en el cambio del siglo 19 al 20. El documento de 1883 titulado “Puertorriqueños, así somos nosotros”, es un interesante juicio sobre la percepción de la identidad puertorriqueña a los ojos de este intelectual de Cabo Rojo.[4]

Brau Asencio era un criollo neto que afirmaba el papel fundamental de la hispanidad en la puertorriqueñidad en la figuración de la puertorriqueñidad. En su texto  llamaba la atención sobre ciertas cualidades “tan especiales” que solo podían ser nuestras pero reconocía que “se trataba de “cualidades inherentes algunas a toda la familia española”. Una lectura cuidadosa del escrito confirma que Brau Asencio reconocía que entre lo hispánico y lo puertorriqueño existían elementos de continuidad y de discontinuidad.

Sus argumentos en torno a lo que se heredaba de España eran histórico-sociales, producto de la observación social y de la racionalidad positivista propia de su tiempo. Colonizados por la gente del sur el puertorriqueño era vivo de imaginación como aquellos, pero carente de pasión en el obrar. El puertorriqueño más bien parecía heredero de la gente del norte siempre fría y frugal en el hacer social. Se trataba de dos prejuicios y generalizaciones culturales indemostrables científicamente. Pero cuando enfrentaba lo que nos hacía “tan especiales”, es decir, el color local, su reflexión  se desplazaba hacia el terreno de las consideraciones morales y emocionales. Después de todo, afirmaba con un tono de aceptación, “así somos nosotros”.

La descripción de Puerto Rico y los puertorriqueños como un pueblo “sufrido” y fantasioso, “fácil de dirigir y muy aficionado a dejar hacer”, “respetuoso con la autoridad, pero evitando todo lo posible el rozarse con ella” y “en sus deberes nacionales es un modelo”, racionalizaba la sumisión y la credulidad como virtudes o, en última instancia, como condiciones insuperables por naturales u orgánicas. El “aislamiento”, los “hábitos de la vida campestre”, el “régimen colonial” y la poca cultura social, explicaban aquella fisonomía moral.

El autor no quizo separar las virtudes de los defectos. La decisión de si lo expuesto era una cosa u otra la debía tomar el lector. Pero, en general, los rasgos que atribuía el caborrojeño al puertorriqueño eran como siguen:

  • La “vivacidad de imaginación y la delicadeza”
  • Lo “expansivo del carácter, lo generoso y sufrido, y lo propenso a resignarse con una promesa”
  • La “independencia de carácter” y el hecho de que el “puertorriqueño estima en mucho su libertad individual”.
  • La “parsimonia con que procede” y la ausencia de “vehemencia en el obrar”
  • Manifiesta “instintos solitarios” y tiene por virtud la “hospitalidad”
  • Son “los peores cortesanos del mundo”, distantes del boato, el formalismo, los protocolos y el lujo
  • Es un pueblo “decidor y jovial en sus reuniones, pero circunspecto y hasta desabrido en la vida pública”
  • Es un pueblo que posee una “calma estoica”, es “fácil de dirigir y muy aficionado a dejar hacer” y, a la vez, “respetuoso con la autoridad, pero evitando todo lo posible el rozarse con ella”, el cual cumpliendo “sus deberes nacionales es un modelo”
  • “¿Viene un gobernador nuevo? Le recibiremos con palmas”, pero “si el gobernador no cumple nada de lo ofrecido (…) no nos vemos obligados a ponernos en franquicia” o protestar y se guarda silencio
  • No cambian con facilidad: “apegados nos hallamos a nuestras costumbres” de donde deriva su tesis central de que “así somos nosotros”.

Las observaciones aludidas, de un modo u otro, han sido repetidas como una fórmula vinculada al mito de la docilidad natural del nacional ¿Eran así los puertorriqueños? ¿Era aquel acaso el borrador de como la elite política educada evaluaba a la canaglia o canalla insular? Eso sólo lo podría responder Brau Asencio pero, para su bien, ya no encuentra entre nosotros.

Notas

[1] Refiero a Mario R. Cancel Sepúlveda, notas (2010), “Reverendo John Layfield: Testimonio de 1598” en Puerto rico entre siglos. URL: https://puertoricoentresiglos.wordpress.com/2010/11/15/reverendo-john-layfield-testimonio-de-1598/ . Tomado de Samuel Purchas (1625) “Relación del Viaje a Puerto Rico de la Expedición de Sir George Clifford, Tercer Conde de Cumberland, escrita por el Reverendo Doctor John Layfield, Capellán de la Expedición. Año 1598” en His Pilgrims, Parte IV (Londres). Algunos fragmentos de la obra pueden ser revisados en  Eugenio Fernández Méndez (1981) Crónicas de Puerto Rico ( Río Piedras: EDUPR): 135-156.
[2] De una traducción anónima de 1882 del francés al italiano de Voltaire (1759) “Cap. 21. Candido e Martino si avvicinano alle coste di Francia e ragionano” en Candido, cito a Martino diciendo “Io vi ho conosciuto la canaglia degli scrittori, la canaglia de’ cavillatori e la canaglia de’ convulsionari; si dice che vi è della gente assai civile in quel paese: io voglio crederlo. En la traducción al castellano en Voltaire (1974) “Cándido” en  Obras inmortales (Barcelona: Bruguera): 328, cito la misma parte “Conocí a los canallas que escribían, a los que pensaban y a los revolucionarios. Se dice que en esa ciudad hay gente muy educada; quiero creerlo”. La ciudad a que se refiere es París.
[3] Sobre este país imaginario  inventado en el siglo 17 véase Julio Caro Baroja (1993) Jardín de flores raras (Madrid: Seix Barral) : 56-58.
[4] El texto poder ser consultado en Mario R. Cancel Sepúlveda (2010) “Documento y comentario: Puertorriqueños, así somos nosotros” en Puerto rico su transformación en el tiempo. URL: https://historiapr.wordpress.com/2010/03/31/puertorriquenos-asi-somos-nosotros/