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No hay agua para el proyecto Esencia

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Luego de dos días de vistas públicas, si algo quedó demostrado es que no hay el recurso de agua suficiente para suplir la demanda del pretendido megaproyecto turístico-residencial Esencia. Tampoco habría dónde depositar su basura.

En las vistas ante la Comisión de Innovación, Reforma y Nombramientodel Senado, presididas por Thomas Rivera Schatz, el primer día depusieron miembros de la Coalición Defiende Cabo Rojo, las agencias de gobierno Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) y Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), entre otras agencias públicas, pero la atención estuvo centrada en el recurso agua. En el segundo día de vistas fue interpelado Roberto Ruiz Vargas, representante autorizado del proyecto Cabo Rojo Land Acquisition, integrado por los inversionistas Reuben Brothers y Three Rules Capital.

En entrevista con CLARIDAD, el licenciado  Francisco Vargas Alcántara señaló sobre el resultado de las vistas, que por parte de la Coalición se tuvo la oportunidad de presentar las razones por las que se oponen al proyecto de manera bastante concisa en el tiempo que tuvieron y resaltando siempre el asunto del agua, lo cual fue reforzado por las misma ponencias de AEE y la AAA. Destacó como uno de los aspectos más importantes surgido en las vistas que, contrario a lo que dijeron los desarrolladores  de que no se conectarían a los servicios públicos de agua y luz, las agencias confirmaron que sí recibieron una solicitud de endoso para en su momento conectarse al sistema.

El licenciado en Derecho Ambiental describió como  demoledor para el proponente las admisiones de la AEE y AAA de que no tenían la capacidad para suplir agua al proyecto.  “Aunque siguen diciendo que hay suficiente agua, la verdad es que no la hay. La infraestructura no es capaz de transportar el agua que se requiere y esa agua tampoco existe”, aseguró.

Sobre la postura revelada por la Compañía de Turismo de que había levantado reservas para con el proyecto en relación con las llamadas  “residencias turísticas”, Vargas Alcántara denunció que  los proponentes utilizan ese término para tratar de cualificar para beneficios residenciales y turísticos. Turismo levantó bandera debido a que solo pueden dar beneficios contributivos para lo turístico, no para usos residenciales, y eso todavía los proponentes de Esencia no lo han podido aclarar.

El pretendido proyecto comprende 1,549 cuerdas de bosque en la zona suroeste de Puerto Rico —lo que equivale a tres isletas de San Juan, de Puerta de Tierra a El Morro— lo que sería de facto una ciudad privada de lujo para multimillonarios, con 1,132 residencias que se venderían por entre $2 y $20 millones de dólares y 520 unidades de hotel, además de una escuela desde preescolar hasta grado doce, un aeropuerto, y, por supuesto, sus campos de golf.

“Creo que el mayor éxito de la vistas  fue el hecho de que obligó a los proponentes a enseñar todas sus cartas y tuvieron que decir que sí están contemplando desalinizar el agua de mar, que es algo que no incluyeron en ninguna parte de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA), y que le sigue añadiendo al cuento”, expresó Vargas Alcántara.

Añadió que en un momento dado, los proponentes decían que se podían conectar al sistema, y cuando se les refutó, dijeron que podían utilizar agua de los acuíferos; cuando nuevamente se les refutó,  mencionaron usar agua de pozo. “Ahora dicen que pueden usar agua de mar de la bahía de Boquerón, bahía que está por catalogarse como un hábitat crítico para el manatí antillano y que alberga muchísimas especies, algunas de ellas calificadas en peligro de extinción a nivel federal.

Aun luego de las vistas, Vargas Alcántara anotó que a la  Legislatura —en este caso, al Senado— le resta todavía  seguir investigando el proyecto, en particular,  por qué la Oficina de Gerencia de Permisos (OGPe) le otorgó una consulta de ubicación cuando los proponentes abiertamente expresaron que no saben cuánta agua hay en el acuífero,  no saben cómo sacarían  esa agua y, quizás más importante, no saben la capacidad de recarga del acuífero.

En entrevista por separado, el veterano experto  en Derecho Ambiental Pedro Sadeé Lloréns expresó que se llevó una impresión negativa de parte de los legisladores de mayoría, los cuales usaron las vistas como plataforma para hacer propaganda de apoyo al proyecto. “En lugar de hacer las preguntas pertinentes, hicieron expresiones generales de apoyo”.

Censuró la impresión que se da de que poner una serie de condiciones a la consulta de ubicación resuelve el problema del proyecto.  Denunció que eso no es cierto porque la aprobación del proyecto con todos los problemas que tiene es inadecuada. Puntualizó que primero era necesario atender y resolver los problemas que presenta el proyecto y luego decidir si  merecía o no tener la consulta de ubicación. “Yo digo eso porque la experiencia ha sido que, en la marcha, van moldeando y cambiando la consulta de ubicación para ajustarla a la conveniencia del proyecto. Pero aun así, quedó claro el problema profundo que hay con el tema del agua en términos de abastos”, declaró.

A juicio de Sadeé Lloréns, un asunto  que no se examinó lo suficiente es cómo la extracción de agua de los pozos podrá afectar a los vecinos. Tampoco se habló de las consecuencias ambientales de una planta de salinización  donde se depositan los desperdicios de esa extracción, ya que estos pueden afectar las aguas. “Son un listado de cosas que nos se abordaron”.

Agregó que el proyectista tampoco explicó las consecuencias que van a atener en las especies las obras de construcción donde se depositará la basura. Aun cuando su impresión es que las vistas conformaron una serie de aspectos de que el proyecto no le conviene a Puerto Rico, le parece que todavía hay que indagar con más profundidad con respecto a los problemas señalados y otros que tiene el proyecto.

El asunto del agua

 A preguntas de la senadora del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) María de Lourdes Santiago a Ruiz Vargas, quedó demostrado que no hay agua para Esencia. La senadora puntualizó que ni siquiera  por la vía de explotación de pozos subterráneos se puede obtener una ínfima parte del agua que se necesita para operar de 1.5 millones de galones diarios de agua potable y una cantidad superior para el riego de áreas comunes, como campos de golf.

Esto quedó constatado debido a que de los cinco barrenos que autorizó  el Departamento de Recursos Naturales,  tres de esos ellos ya tuvieron que ser clausurados y declarados como no productivos. De los otros dos, solo uno produce quizás  el 10 % del agua que el proponente anticipa que van a consumir.

En sus señalamientos, la senadora del PIP apuntó que el proponente hizo una extrapolación,  la cual ella calificó de irracional, de que todavía no han encontrado al agua, pero que hay unos mapas del 96 y extracciones en otros espacios de la zona oeste que les permiten decir que por ahí discurren 20 millones de agua que pudieran extraerse.

Sobre la actitud de los proponentes de que si no hay agua van a extraer agua del mar, advirtió que eso no está contemplado en la consulta de ubicación ni en la DIA y que es competencia del Cuerpo de Ingenieros de EE. UU. , quien no ha sido consultado.

La basura de Esencia

 Ante preguntas del senador, también del PIP, Adrián González, se evidenció que en el área no hay las facilidades de vertederos para disponer de los desperdicios sólidos que generaría Esencia. El senador confrontó a Ruiz Vargas con los hechos de que el vertedero de Cabo Rojo estuvo cerrado después del huracán María y que el Municipio obtuvo un préstamo en el 2020 para abrir una nueva celda de una vida útil de solo 10 años. El vertedero de Peñuelas tiene un cierre previsto para el 2029, cuando aún la construcción de Esencia no habrá terminado.

Incluso el alcalde de Cabo Rojo, Jorge Morales Wiscovitch, reconoció que tiene que construir una nueva celda y expropiar terrenos aledaños para tener espacios futuros. Por parte del proponente se dijo que de no poder contar con vertederos municipales utilizarían “algunos operadores privados que hay en el  mercado”.

 

 

 

 

 

 

«Detrás de cada cifra hay un rostro humano»: Cuba denuncia US$ 8.000 millones en pérdidas por el bloqueo

 

Por Gabriel Lopes

Las pérdidas aumentaron un 7 % durante el período y afectaron con fuerza a sectores esenciales como la salud y el suministro de agua y electricidad

El bloqueo de Estados Unidos contra Cuba provocó pérdidas por más de 8.000 millones de dólares a la isla tan solo entre marzo de 2025 y febrero de 2026. Se trata del mayor perjuicio registrado en un solo año desde el inicio del bloqueo.

Así lo informó este lunes (7) el canciller cubano, Bruno Rodríguez, durante la presentación, ante el personal diplomático acreditado en la isla, del documento anual Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba.

“Una cifra récord, un 7 % superior a la reportada en el informe anterior”, afirmó el canciller, en referencia al período comprendido entre marzo de 2024 y febrero de 2025.

El documento, que el Gobierno cubano presenta anualmente al secretario general de las Naciones Unidas, detalla los daños económicos, comerciales y financieros que, según La Habana, provocan las medidas coercitivas de Washington contra la isla.

“El bloqueo no castiga a un gobierno, castiga la vida cotidiana de un pueblo en todos los ámbitos. Es un acto de castigo colectivo que se expresa en los largos meses viviendo con solo dos o tres horas diarias de electricidad, o menos”, aseguró.

Rodríguez señaló que las afectaciones abarcan la alimentación, la electricidad, el agua, la salud, la educación, el transporte y las condiciones de vida de las familias cubanas.

“La hostilidad y la agresión alcanzan todos los ámbitos de la vida. No se trata de daños colaterales. Frase también inaceptable de la guerra criminal de Estados Unidos contra Cuba. Son las víctimas de un diseño agresivo, de un plan fríamente calculado. Es el objetivo de las medidas que se aplican. Es el castigo colectivo contra los cubanos para buscar objetivos políticos. El bloqueo castiga. Queremos vivir en paz. Castiga a todas las familias”, afirmó.

El ministro también calificó la política estadounidense como “un acto de genocidio” y sostuvo que “la política vigente del Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba configura, tipifica un acto de genocidio según las convenciones internacionales”.

El reporte constituye, además, el principal sustento de la resolución que Cuba somete cada año a votación de la Asamblea General de la ONU para exigir el fin del bloqueo y que, desde hace más de tres décadas, recibe el respaldo de una amplia mayoría de los Estados miembros. Este año, la votación está prevista para el 28 de octubre.

De acuerdo con las cifras presentadas, los daños acumulados desde el inicio del bloqueo, hace más de seis décadas, ascienden a la extraordinaria cifra de 178.700 millones de dólares a precios corrientes, un 4,7 % más que lo informado en el período anterior.

Impacto en la salud

Entre los sectores más afectados se encuentra el sistema sanitario, con pérdidas estimadas en 121,7 millones de dólares durante el período analizado. El documento señala que las restricciones para acceder a mercados de insumos médicos, así como las dificultades bancarias que enfrentan proveedores internacionales, han provocado interrupciones en la disponibilidad de medicamentos esenciales.

A ello se suma el impacto de la inclusión de Cuba en la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo. Según el reporte, esta situación ha llevado a bancos e instituciones financieras internacionales a negarse a procesar pagos de la industria farmacéutica de la isla, BioCubaFarma, incluso para la adquisición de materias primas básicas destinadas a la fabricación de medicamentos.

En este contexto, la mortalidad infantil en Cuba pasó de 4 por cada 1.000 nacidos vivos en 2018 a 9,9 en 2025. Se trata de un indicador que, según las autoridades cubanas, podría verse aún más afectado por las consecuencias de la asfixia energética impuesta contra la isla desde finales de enero.

“Son niños, no son números. Son las muertes que no debieron ocurrir por privar a Cuba y a su sólido y eficaz sistema de salud pública de recursos legítimos. Hablamos, por ejemplo, del sistema que debe cuidar a una mujer embarazada, tratar a un niño enfermo y atender a quien llega a una urgencia médica”, afirmó Rodríguez.

El impacto de la asfixia energética

Rodríguez advirtió que las cifras del informe todavía no reflejan plenamente el impacto de las medidas adoptadas recientemente por Washington contra el suministro de combustibles a Cuba.

El período analizado solo incluye el primer mes posterior a la asfixia energética decretada por Estados Unidos a fines de enero y no contempla la ampliación de las llamadas sanciones secundarias, aplicada a principios de mayo. “Los daños en estos meses multiplican los daños que se produjeron en el período tratado”, señaló.

Desde entonces, Cuba se ha visto imposibilitada de importar petróleo, una situación que ha afectado gravemente la vida cotidiana en la isla, así como la actividad industrial y la producción de alimentos.

Los apagones masivos y la escasez de combustible han paralizado actividades industriales, la logística y el sector agroalimentario. En este contexto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) revisó a la baja sus estimaciones para Cuba y proyecta una contracción del 10,3 % del Producto Interno Bruto (PIB) cubano.

A las restricciones sobre los combustibles se suma el endurecimiento de las llamadas sanciones secundarias contra empresas extranjeras —no estadounidenses— que mantienen negocios en la isla. Estas medidas han provocado la salida de inversiones extranjeras en áreas críticas, como la industria turística, con el retiro de cadenas como Meliá, Blue Diamond e Iberostar, y la explotación de minerales, como en el caso de la minera canadiense Sherritt International.

Pese a este escenario, Rodríguez afirmó que el Gobierno cubano mantiene como prioridad atender las necesidades más urgentes de la población y preservar sus políticas sociales. También señaló que La Habana continuará aplicando las reformas económicas y sociales aprobadas recientemente por la Asamblea Nacional, con la expectativa de que comiencen a generar resultados en el corto plazo y contribuyan a mejorar las condiciones de vida.

Durante su intervención, el canciller recordó, además, el memorando de 1960 del entonces subsecretario de Estado estadounidense Lester Mallory, en el que, según citó, se planteaba “debilitar la vida económica de Cuba” mediante la privación de recursos, con el propósito de “provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Reproducido de www.rebelion.org

 

La Ilustración oscura

 

En junio de este año, en una columna publicada en el Financial Times, Javier Milei presentó al mundo las «corporaciones no humanas»: empresas operadas por agentes de inteligencia artificial (IA) o robots, con personalidad jurídica, en las que podrían participar accionistas humanos, aunque estos no serían obligatorios. La propuesta, que ya tomó la forma de un proyecto enviado al Congreso, se completa con el compromiso de mantener la IA libre de «la mano mortal» de la regulación y con una fiscalidad a medida. Buenos Aires debe ser para la inteligencia artificial, escribió el Presidente, lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación.

Milei es, hasta ahora, uno de los jefes de Estado que ha llevado más lejos las ideas que un conjunto de teóricos reaccionarios viene elaborando desde hace casi dos décadas y que hoy alimentan las fantasías políticas de algunos magnates tecnológicos, especialmente de aquellos vinculados al desarrollo de la IA. Las corporaciones reemplazarían a las instituciones democráticas y convertirían los conflictos políticos en problemas técnicos administrados por algoritmos, subordinando así las decisiones colectivas a sistemas automatizados que prometen eficiencia precisamente porque prescinden de la deliberación.

En la filosofía neorreaccionaria, la IA se presenta como un instrumento de reducción del poder estatal en favor del mercado. El poder estatal aparece como la única amenaza a la libertad; la competencia mercantil descentralizada, como su única garantía. Esa radicalización tiene un linaje conocido y, en cierto sentido, más respetable. La célebre distinción de Benjamin Constant entre la libertad de los modernos, entendida como el goce garantizado de la esfera privada, y la libertad de los antiguos, asociada con la participación en las decisiones colectivas, dejó planteada una tensión que las corrientes conservadoras del liberalismo resolverían en favor de la primera. En esas versiones, la igualdad y la soberanía popular aparecen como amenazas a la libertad. La filosofía neorreaccionaria actual es la versión desembozada de esa tradición antidemocrática.

Bajo las formas de propiedad y control que hoy predominan, la inteligencia artificial parece especialmente compatible con esta deriva antidemocrática. No se trata de una consecuencia necesaria de la tecnología, sino del rumbo que adquiere cuando su diseño y su propiedad quedan subordinados a la rentabilidad y el poder empresarial. Hoy su imaginario se organiza alrededor de máquinas capaces de «tomar el control» de procesos que hasta ahora dependían de decisiones humanas. Aplicada al mundo del trabajo, esta lógica tiende a profundizar la individualización de la fuerza laboral y la impersonalidad de la dominación que ya anticipan las plataformas digitales. La uberización ofrece una imagen posible del futuro: trabajadores aislados, gestionados por algoritmos, privados de vínculos estables de solidaridad y de las instituciones colectivas que hicieron posible la organización de la clase trabajadora. La relación de explotación ya no coloca frente al trabajador a una figura visible, sino que lo deja crecientemente desprotegido y aislado ante la crudeza de la «coacción muda» de las relaciones económicas de la que hablaba Marx.

Las innovaciones tecnológicas parecen mover el suelo bajo nuestros pies. El mundo cambia a una velocidad acelerada y, en medio de ese vértigo, no resulta sencillo distinguir el pronóstico razonable de la fantasía alucinada. Conviene avanzar con calma. El mundo está raro y difícil.

Este vértigo tiene sus filósofos. El más consecuente es Nick Land, figura fundacional del aceleracionismo, profesor de filosofía reconvertido en profeta de la reacción, que dio a la pulsión autoritaria de Silicon Valley su formulación más extrema. Su trayectoria constituye, en sí misma, un síntoma de época. Durante los años noventa fue un autor de culto para cierta izquierda, y Mark Fisher llegó a preguntarse si no era el filósofo británico más importante de su generación. Luego, Land viró hacia la extrema derecha. Su «Ilustración oscura» (Dark Enlightenment) invierte punto por punto la herencia ilustrada. Según Land, la modernidad se jodiócon la Revolución francesa y con la secuencia de revoluciones democráticas e independentistas que inscribieron la igualdad en el horizonte de la sociedad moderna. Allí donde la Ilustración prometía el progreso de la razón hacia la igualdad, Land reivindica una jerarquía fundada en la desigualdad natural y renuncia a toda confianza en el autogobierno de las mayorías. La democracia es, para él, la enfermedad de la civilización, un mecanismo que premia la mediocridad y obstaculiza el avance del capital y de la técnica.

En diálogo con el neocameralismo de Curtis Yarvin, Land concluye que el poder corporativo debe convertirse en la fuerza organizadora de la sociedad y que el Estado debe administrarse como una empresa. Los ciudadanos dejarían de intervenir como electores en las decisiones comunes para convertirse en clientes de distintas jurisdicciones. Podrían elegir entre ellas o abandonarlas, como se hace con un producto del mercado, pero nunca gobernarlas.

No hace falta tomar al pie de la letra estas fantasías, ni concederles demasiada seriedad. Al fin y al cabo, forman parte del mismo imaginario que alimenta las ambiciones de colonizar Marte o alcanzar la inmortalidad. Lo decisivo ocurre en otro plano, en el desplazamiento de una fracción de la burguesía tecnológica, encarnada en figuras como Peter Thiel y Elon Musk, hacia posiciones cada vez más autoritarias, en un contexto marcado por el estancamiento productivo en las economías centrales, la competencia con China y el debilitamiento de la confianza de las clases populares en la democracia.

Las ideas de Land y sus herederos importan menos por lo que dicen o por su consistencia teórica que por las condiciones que las volvieron audibles. Lo importante aquí no es decidir cuánto hay de programa y cuánto de delirio. Una doctrina que hace veinte años habría quedado confinada a un blog marginal circula hoy por las oficinas de algunos de los hombres más ricos del planeta e influye incluso en políticas de Estado. Su influencia puede reconocerse en el universo político e intelectual que conecta al mencionado Thiel con el actual vicepresidente J. D. Vance y con algunos de los proyectos de la segunda administración de Trump. Pero para entender este giro hay que retroceder un poco: ¿qué unió históricamente al capitalismo con el discurso de la igualdad jurídica y, más tarde, con la democracia de masas?

El matrimonio fue real, pero no necesario. La ideología de la Ilustración se ajustaba bien a un modo de explotación cuyo núcleo era una relación jurídicamente libre entre iguales. El asalariado y el capitalista se encuentran en el mercado como propietarios que intercambian, en esa esfera de la circulación que Marx llamó, con ironía, el «Edén de los derechos innatos del hombre». A diferencia del señor feudal o del esclavista, el capital podía apropiarse del lenguaje de la igualdad porque su dominación ya no necesitaba inscribirse en el estatuto jurídico de las personas. Pero esta afinidad no significa que la Ilustración haya sido la expresión ideológica de una burguesía capitalista en ascenso. Como muestra Ellen Meiksins Wood, las llamadas «revoluciones burguesas» no fueron obra de una clase capitalista que se alzaba para liberar al mercado de las cadenas feudales, sino de grupos profesionales, funcionarios e intelectuales cuya lucha contra el privilegio aristocrático produjo un universalismo igualitario en el seno de una sociedad todavía estructurada por formas no capitalistas de apropiación.

En cualquier caso, las clases dominantes nunca terminaron de domesticar la democracia. Lo que desde abajo suele verse como un instrumento dócil del empresariado, desde arriba siempre pareció una estructura problemática: demasiado lenta, demasiado errática y demasiado permeable a las demandas populares. Si existe una «afinidad electiva» entre capitalismo y democracia, como sostienen los teóricos liberales, es bastante débil. Al capital le alcanza con un régimen capaz de despolitizar la economía. Si ese régimen, además, produce una experiencia, aunque limitada, de autogobierno y vuelve menos visible la dominación de clase, la ventaja es doble. La condición es que la democracia no genere demasiados obstáculos.

La asociación entre capitalismo y liberalismo político comenzó a forjarse con la larga secuencia de revoluciones iniciada a fines del siglo XVII. Su identificación con la democracia es mucho más reciente: solo llegó a consolidarse durante la primera mitad del siglo XX, cuando el sufragio universal y las instituciones representativas se extendieron por buena parte de los países centrales.

El autoritarismo es, desde luego, consustancial al dominio capitalista, como muestran los golpes de Estado, las invasiones coloniales y la represión estatal. Sin embargo, ese dominio procura habitualmente no romper de manera abierta con el lenguaje democrático: los militares suelen tomar el poder en nombre de la democracia, las empresas coloniales se justifican como misiones civilizatorias y la represión estatal se presenta como un medio para restablecer el orden constitucional. La violencia se presenta así como una suspensión excepcional destinada, al menos retóricamente, a restaurar el orden o la legalidad.

La burguesía ya ensayó, sin embargo, un divorcio mucho más directo con la democracia durante el período de entreguerras. En una parte decisiva de Europa, acorralada por la crisis y por el ascenso del movimiento obrero, la burguesía abandonó sin demasiado duelo la razón y el progreso que afirmaba encarnar. Fue la hora del irracionalismo que Lukács diseccionó en El asalto a la razón y de aquello que Jeffrey Herf llamó «modernismo reaccionario»: Jünger, Spengler y el culto del ingeniero y de la máquina, combinados con el repudio de la herencia ilustrada.

Incluso el acercamiento entre libertarianismo y autoritarismo tiene antecedentes. En 1927, Ludwig von Mises escribió que el fascismo había «salvado, por el momento, la civilización europea» y que ese mérito «vivirá eternamente en la historia». También los tiene el impulso tecnocrático. En los años treinta, Technocracy Inc. proponía reemplazar a los políticos por ingenieros y administrar América del Norte como una máquina. Su dirigente en Canadá, Joshua Haldeman, detenido en 1940 por pertenecer al movimiento, era el abuelo de Elon Musk. A veces la genealogía intelectual coincide con la familiar.

¿Por qué la separación entre democracia y capitalismo vuelve a estar en agenda? Tras décadas de estancamiento productivo en las economías centrales, la inteligencia artificial aparece como la gran promesa de relanzamiento de la acumulación capitalista, la única a la vista, y, al mismo tiempo, como un terreno central de la disputa con China. Una promesa de esa magnitud no tolera la espera de los electorados. Durante la etapa neoliberal, el impulso dominante consistió en domesticar la democracia mediante bancos centrales independientes, tratados transnacionales y tribunales capaces de sustraer a las decisiones económicas al control popular. Hoy se abre paso una ambición más radical, la de reducirla a una formalidad o prescindir de ella, tomando como referencia el capitalismo autoritario que Land elogia desde Shanghái.

Nada de esto sería posible si las nuevas ideas reaccionarias fueran solo un asunto de élites. Pero la extrema derecha contemporánea es un fenómeno de masas: gana elecciones con un apoyo significativo en la clase trabajadora. También esto tiene precedentes. Lo que distinguió al fascismo clásico de las antiguas reacciones aristocráticas y de los movimientos autoritarios de élite, como las dictaduras militares, fue precisamente su carácter de movimiento reaccionario de masas: una «revolución contra la revolución» que adoptaba las formas de movilización plebeya de aquello que combatía. Esa configuración le otorgaba una plasticidad inusual. Le permitía capturar simultáneamente el hastío con los políticos, la angustia económica, el resentimiento contra las élites culturales y los prejuicios raciales o antisemitas, para fundirlos en un mismo movimiento. No cualquier proyecto autoritario puede recoger de ese modo las insatisfacciones populares. Para hacerlo, necesita hablar en nombre de un pueblo y presentarse como una rebelión contra el orden, incluso cuando sus ideas y sus políticas resulten funcionales a las clases dominantes.

La extrema derecha actual repite, bajo nuevas condiciones, una operación semejante. El autoritarismo no desciende solamente de los directorios empresariales. También encuentra una base social en sociedades golpeadas, donde amplios sectores populares hacen suyo el reclamo de orden frente a la incertidumbre social, económica y laboral. Los teóricos imaginan el Estado-empresa o, en su versión más terrenal, formas de autoritarismo electoral que conservan los comicios mientras vacían progresivamente sus condiciones democráticas. El malestar popular, por su parte, aporta los votos.

Ese contexto no se reduce a los programas y fantasías de la neorreacción. Incluye también el mundo que ya está tomando forma, cuya expresión más extrema es el exterminio en Gaza, en un escenario de proliferación de guerras y regímenes de excepción que erosionan las condiciones de la vida democrática. Algunos rasgos del orden imaginado por la neorreacción ya pueden reconocerse en estos escenarios.

La Ilustración oscura puede tener, al menos, un efecto colateral positivo: allana el terreno para que la izquierda comience a reconciliarse con la Ilustración. Durante décadas, sobre todo después de 1968, buena parte del pensamiento progresista se dedicó a demolerla, al presentar la razón y la verdad como meros efectos de relaciones de poder y el universalismo como una máscara del dominio europeo. Algo de esa crítica constituyó un correctivo necesario, pero también contribuyó a abrir un terreno de sospecha generalizada contra la razón, la verdad y el universalismo que finalmente encontró en la filosofía neorreaccionaria a sus herederos naturales. Hoy es la derecha la que relativiza la verdad y se burla de los hechos, mientras denuncia a la ciencia como una conspiración de las élites. Las armas de la crítica cambiaron de manos, y el propio Land ofrece una prueba elocuente. Formado en Bataille y Deleuze, hizo su primera fama radicalizando el antirracionalismo francés de los años setenta. La sospecha contra la razón, liberada de toda intención emancipatoria, terminó desembocando en el elogio de la jerarquía. La Ilustración oscura es también una hija bastarda de la teoría con la que una generación de la izquierda creyó volverse más radical.

Como siempre, no se trata de estar a favor o en contra de la técnica ni del cambio tecnológico. Marx sabía que las fuerzas productivas nunca se desarrollan en el vacío. Las relaciones sociales no solo determinan quién las controla y para qué se utilizan. También decide cuáles llegan a desarrollarse y qué formas de vida terminan imponiendo. Por eso, una tecnología concebida bajo el imperativo de la rentabilidad y el control no se vuelve automáticamente emancipadora con solo cambiar de manos: también debe ser reorganizada y transformada. Los neorreaccionarios ya tienen un proyecto para el nuevo mundo que está surgiendo. La pregunta es si nosotros tenemos el nuestro: qué formas de planificación y de democracia pueden someter al control colectivo a unas fuerzas productivas que están remodelando el mundo.

Sabemos, al menos, qué no conceder. Si la libertad consiste en ampliar el campo de la autodeterminación individual y colectiva, la democracia es su realización política: el nombre de esa autodeterminación cuando alcanza a la vida en común. Toda doctrina que las opone necesita empobrecer primero la idea de libertad. La lucidez que exige este presente consiste en mirar de frente el vértigo de las transformaciones en curso, sin fascinación ni pánico. Insistimos, el mundo está raro y difícil. Razón de más para no entregarlo.

Este artículo es el editorial de la revista #12 de Jacobin Latinoamérica.

Hoy, el conocimiento es una mercancía

El conocimiento tenía valor puesto que se esperaba que durara, así como la educación tenía valor en la medida en que ofreciera conocimiento de valor duradero. Ya fuera que se la juzgara como un episodio aislado, o bien que se la considerara una empresa de toda una vida, la educación debía encararse como la adquisición de un producto que, como todas las demás posesiones, podía y debía atesorarse y conservarse para siempre.

Así llegamos al primero de los múltiples retos que la educación contemporánea debe afrontar y soportar. En nuestra “modernidad líquida”, las posesiones duraderas, los productos que supuestamente uno compraba una vez y ya no reemplazaba nunca más —y que obviamente no se concebían para ser consumidos una única vez—, han perdido su antiguo encanto. Considerados alguna vez como activos ventajosos, hoy tienden a verse como pasivos. Los que alguna vez fueron objetos de deseo se transformaron en objetos de resquemor. ¿Por qué? Porque el “mundo vital” de la juventud contemporánea, compuesto desmañadamente con porciones de sus experiencias vitales, ya no se parece a los pasadizos ordenados, sólidos y “aprendibles” de los laberintos “de ratones de laboratorio” que hace medio siglo se utilizaban para explorar los misterios de la buena adaptación a través del aprendizaje. John Kotter, profesor de la Harvard Business School, aconseja a sus lectores que eviten quedar atrapados en empleos de larga duración del tipo “puesto permanente” y, en realidad, desaconseja desarrollar una lealtad institucional o dejarse absorber demasiado en cualquier empleo durante un tiempo prolongado.

…En el mundo de la modernidad líquida, la solidez de las cosas, como ocurre con la solidez de los vínculos humanos, se interpreta como una amenaza. Cualquier juramento de lealtad, cualquier compromiso a largo plazo (y mucho más un compromiso eterno) auguran un futuro cargado de obligaciones que (inevitablemente) restringiría la libertad de movimiento y reduciría la capacidad de aprovechar las nuevas y todavía desconocidas oportunidades en el momento en que (inevitablemente) se presenten. La perspectiva de cargar con una responsabilidad de por vida se desdeña como algo repulsivo y alarmante.

…La capacidad de durar mucho tiempo y servir indefinidamente a su propietario ya no juega a favor de un producto. Se espera que las cosas, como los vínculos, sirvan sólo durante un “lapso determinado” y luego se hagan pedazos; que, cuando —tarde o temprano, pero mejor temprano— hayan agotado su vida útil, sean desechadas. Por lo tanto hay que evitar las posesiones, y particularmente las posesiones de larga duración de las que no es fácil librarse.

El consumismo de hoy no se define por la acumulación de cosas, sino por el breve goce de esas cosas. Por lo tanto, ¿por qué el “caudal de conocimientos” adquiridos durante los años pasados en el colegio o en la universidad habría de ser la excepción a esa regla universal? En el torbellino de cambios, el conocimiento se ajusta al uso instantáneo y se concibe para que se utilice una sola vez. Los conocimientos listos para el uso instantáneo e instantáneamente desechables de ese estilo que prometen los programas de software —que aparecen y desaparecen de las estanterías de las tiendas en una sucesión cada vez más acelerada —, resultan mucho más atractivos.

…Hoy el conocimiento es una mercancía; al menos se ha fundido en el molde de la mercancía y se incita a seguir formándose en concordancia con el modelo de la mercancía. Hoy es posible patentar pequeñas porciones de conocimiento con el propósito de impedir las réplicas, al tiempo que otras porciones —que no entran en el marco de las leyes de la patente— constituyen secretos cuidadosamente guardados mientras están aún en el proceso de desarrollo (como un nuevo modelo de automóvil antes de que se exhiba en el salón del año siguiente), siguiendo la bien fundada creencia de que, como en el caso de cualquier otra mercancía, el valor comercial refleja lo que diferencia al producto de los ya existentes antes que la calidad del producto en su conjunto. Lo que diferencia al producto, por regla general, es de corta vida, pues el impacto de la novedad se desgasta rápidamente. Por lo tanto, el destino de la mercancía es perder valor de mercado velozmente y ser reemplazada por otras versiones “nuevas y mejoradas” que pretenden tener nuevas características diferenciales, tan transitorias como las de los productos que acaban de ser desechados porque ya perdieron su momentáneo poder de seducción. Concentrar el valor en lo diferencial es una manera de devaluar, oblicuamente, el resto del conjunto, el resto que no ha sido afectado por el cambio, el resto que “sigue siendo igual”.

Así es como se desalienta la idea de que la educación puede ser un “producto” que uno gana y conserva, atesora y protege y, ciertamente, ya son pocos los que hablan a favor de la educación institucionalizada. Antes, para convencer a sus hijos de los beneficios del aprendizaje, los padres y madres solían decirles: “Nadie podrá nunca quitarte lo que has aprendido”. Semejante consejo puede haber sido una promesa alentadora para aquellos niños a los que se les enseñaba a construir sus vidas como casas —desde los cimientos hasta el techo, mientras en ese proceso iban acumulando el mobiliario—, pero lo más probable es que la juventud contemporánea lo considere una perspectiva aterradora. Hoy los compromisos tienden a ser muy mal vistos, salvo que contengan una cláusula de «hasta nuevo aviso». En una cantidad cada vez mayor de ciudades de Estados Unidos, los permisos para construir sólo se entregan junto con su correspondiente permiso de demolición…

Texto del sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman, publicado por primera vez en su libro Liquid modern challenges to education del año 2005. Los fragmentos fueron tomados de Bloghemia.

Si podemos escuchar casi cualquier cosa, ¿por qué sigue siendo importante la lectura?

 

La conversación

Cierra los ojos e imagina cómo será el futuro dentro de unos cientos de años.

¿Seremos viajeros intergalácticos? Quizás vivamos en naves espaciales, mundos submarinos o planetas con cielos púrpuras.

Ahora, imagina tu habitación como la de un adolescente en el futuro. Probablemente haya una pantalla brillante en la pared. Y al mirar por la ventana, quizá veas los anillos de Saturno, el resplandor azul de Neptuno o las maravillas del fondo del océano.

Ahora pregúntate: ¿hay un libro en la habitación?

Abre los ojos. Probablemente haya un libro cerca. Quizás esté en tu mesita de noche o debajo de la cama. Hay quienes solo tienen uno; otros tienen muchos.

Incluso en un mundo lleno de podcasts, todavía hay libros. ¿Por qué? Si podemos escuchar casi cualquier cosa, ¿por qué sigue siendo importante leer?

Como científico del lenguaje, estudio cómo los factores biológicos y las experiencias sociales moldean el lenguaje. Mi trabajo explora cómo el cerebro procesa el lenguaje hablado y escrito, utilizando herramientas como la resonancia magnética y el electroencefalograma.

Ya sea leer un libro o escuchar una grabación, el objetivo es el mismo: comprender. Sin embargo, estas actividades no son exactamente iguales. Cada una contribuye a la comprensión de diferentes maneras. Escuchar no ofrece todos los beneficios de leer, y leer no ofrece todos los beneficios de escuchar. Ambas son importantes, pero no son intercambiables.

Diferentes procesos cerebrales

Tu cerebro utiliza algunos de los mismos sistemas cognitivos y lingüísticos tanto para leer como para escuchar, pero también realiza diferentes funciones dependiendo de cómo estés absorbiendo la información.

Cuando lees, tu cerebro trabaja arduamente entre bastidores. Reconoce las formas de las letras, las asocia con los sonidos del habla, conecta esos sonidos con el significado y luego vincula esos significados con palabras, oraciones e incluso libros enteros. El texto utiliza una estructura visual, como signos de puntuación, saltos de párrafo o palabras en negrita, para guiar la comprensión. Puedes progresar a tu propio ritmo.

Escuchar, por otro lado, requiere que el cerebro trabaje al ritmo del hablante. Dado que el lenguaje hablado es efímero, los oyentes deben recurrir a procesos cognitivos, incluida la memoria , para retener lo que acaban de escuchar.

El habla es un flujo continuo, no un conjunto de palabras distintas. Cuando alguien habla, los sonidos se fusionan en un proceso llamado coarticulación . Esto requiere que el cerebro del oyente identifique rápidamente los límites de las palabras y relacione los sonidos con su significado. Además de identificar las palabras, el cerebro del oyente también debe prestar atención al tono, la identidad del hablante y el contexto para comprender su significado.

¿Más fácil?

Mucha gente asume que escuchar es más fácil que leer, pero a menudo no es cierto. Las investigaciones demuestran que escuchar puede ser más difícil que leer, especialmente cuando el material es complejo o desconocido.

La comprensión auditiva y la comprensión lectora son más similares en narraciones sencillas, como los cuentos de ficción, que en libros de no ficción o ensayos que explican hechos, ideas o cómo funcionan las cosas. Mi investigación demuestra que el género influye en nuestra forma de leer. De hecho, los diferentes tipos de textos dependen de redes cerebrales especializadas. Los cuentos de ficción involucran regiones cerebrales implicadas en la comprensión social y la narración. Los textos de no ficción, en cambio, se basan en una red cerebral que apoya el pensamiento estratégico y la atención dirigida a objetivos.

Leer material difícil también suele ser más fácil que escuchar, desde un punto de vista práctico. Leer permite avanzar con facilidad dentro del texto, releyendo secciones específicas si se tiene dificultad para comprender o resaltando puntos importantes para repasarlos más tarde. Por otro lado, un oyente con dificultades para seguir un punto específico podría necesitar pausar y rebobinar, lo que puede interrumpir la fluidez de la escucha y dificultar la comprensión.

Aun así, para algunas personas, como las que padecen dislexia del desarrollo , escuchar puede resultar más fácil. Las personas con dislexia del desarrollo suelen tener dificultades para aplicar sus conocimientos del lenguaje escrito a la pronunciación correcta de las palabras, un proceso conocido como decodificación. La audición permite al cerebro extraer significado sin el complejo proceso de decodificación.

Implicación con el material

Un último aspecto a considerar es la participación . En este contexto, la participación se refiere a estar mentalmente presente, concentrarse activamente, procesar la información y conectar las ideas con lo que ya se sabe.

Las personas suelen escuchar mientras hacen otras cosas, como hacer ejercicio, cocinar o navegar por internet; actividades que serían difíciles de realizar mientras leen. Cuando investigadores pidieron a estudiantes universitarios que leyeran o escucharan un podcast en su tiempo libre, quienes leyeron el material obtuvieron un rendimiento significativamente mejor en un examen que quienes lo escucharon. Muchos de los estudiantes que escucharon informaron realizar varias tareas a la vez, como hacer clic en sus computadoras, mientras se reproducía el podcast. Esto es particularmente importante porque prestar atención parece ser más importante para la comprensión auditiva que para la comprensión lectora.

Así que sí, leer sigue siendo importante, incluso cuando escuchar es una opción. Cada actividad ofrece algo diferente y no son intercambiables.

La mejor manera de aprender no es tratar los libros y las grabaciones de audio como lo mismo, sino saber cómo funciona cada uno y utilizar ambos para comprender mejor el mundo.

Publicado originalmente en The Conversation.