Inicio Blog Página 951

Quíntuples 2022: una maroma con redes

 

Especial para En Rojo

Quizá es que nuestra sociedad ha desarrollado una estética distinta sobre el teatro. Quizá ahora se conciba el teatro como un circo, un lugar al que acudimos para entretenernos, reírnos, disfrutar representaciones satíricas de nuestra sociedad. Esto podría explicar la proliferación de obras de este tipo en nuestro teatro. Sí, soy consciente de que el arte, en ocasiones, cede ante los reclamos banales de la audiencia porque hay que llenar butacas. Igual, reconozco que hay espacio en la viña del Señor para todo tipo de expresión cultural. A pesar de todo esto, no puedo dejar de sentir duelo hoy, luego de ver la reposición de Quíntuples, dirigida por Emineh de Lourdes y protagonizada por Jacqueline Duprey y Joaquín Jarque.

Confieso que he visto Quíntuples desde su primera puesta en escena por Idalia Pérez Garay y Francisco Prado y, posteriormente, con José Félix Gómez. El primer montaje estuvo bajo la dirección de Rafael Acevedo y el segundo fue dirigido por el autor, Luis Rafael Sánchez y la actriz Idalia Pérez Garay. Confieso también que, en mi opinión, Quíntuples es la mejor obra de teatro puertorriqueño del siglo XX y, como dijo Efraín Barradas, “el inicio de un nuevo teatro caribeño”. Por eso, asistí con cierta aprensión a esta nueva producción, reconociendo el alto nivel de calidad que le precedía.

Si medimos la obra por la respuesta del público, que aplaudió a rabiar, habrá que admitir que fue un éxito. De hecho, creo que es la primera vez que he presenciado esa aprobación abrumadora de la audiencia, precedida por la risa constante ante los parlamentos. Sin embargo, la interacción con el público, que es parte fundamental de esta obra, se limitó a lo mínimo: miradas cómplices, la solicitud del encendedor, la entrega de tarjetas y el recogido de fotos de Soledad Niebla, y la interacción de Carlota y sus moñas. Esas interacciones fueron breves y forzadas, porque la producción se enfocó en la emisión de los parlamentos y la audiencia no fue integrada efectivamente como personaje. Quizá eso explique por qué la audiencia estuvo tan reacia a participar activamente, algo que resultaba más fluido en las representaciones anteriores.

La novedad de esta producción radica en una lectura diferente de este texto y de sus significados. La puesta en escena que vimos estuvo concebida como un carnaval que nos recuerda a la “Comedia del arte”. La representación caricaturizada de los quíntuples y su padre, si bien aprovechó los disparates, chistes y contradicciones de la obra, no permitió el espacio necesario para la representación de la complejidad existencial de los personajes, su lucha interna entre el discurso oficial y el familiar, entre el yo y el otro o los otros. En ese sentido, las actuaciones resultaron llanas, sin profundidad, recurriendo reiteradamente al grito y la silabización. Vimos a una Dafne coqueta, pero ordinaria, sin la sexualidad que le afloraba a Pérez Garay. Sus alusiones a otros personajes, como las que hace de Papa Morrison, fueron burlonas, sin proyectar el respeto al caudillo, tan vital en esta obra. Al pronunciar la fundamental frase “el amor es, por más que lo embelequen, una maroma audaz, un feroz riesgo”, la emisión gritada menoscabó la transmisión de una de las ideas centrales del drama. En el caso de Baby, quien explícitamente representa la problemática de la rebelión contra el “ser según el otro”, el actor no presentó el lado rebelde de Baby convincentemente, quedándose llanamente en la caricatura del “tímido”. Hasta su atuendo, corbata ancha y corta como de uniforme de payaso, ya anticipaba el foco de su representación. ¿Y qué decir de Bianca, un personaje que me es particularmente cercano? Sin conjeturar razones, no hubo vestigio de masculinidad en Bianca. El momento de su“salir del closet” al decir “ella”…. “la persona” pasó casi desapercibido, quizá por la gigantesca pausa que contradijo la necesidad de Bianca de corregirse inmediatamente por su transgresión social. En una sociedad con una sensibilidad más consciente que en la década de 1980, estos pasajes debieron trabajarse con más agudeza. Este descuido en el manejo del guión ocurrió a través de la obra: aquellos momentos en los que los personajes transgreden el “libreto” de Papa Morrison/sociedad fueron opacados o por extensas pausas o ninguna o, como en el caso de Papa Morrison cuando tose para desviar la atención de la confesión por su alegría de haber enviudado, por la constante tos enfermiza que, incluso, casi no permitía entender el monólogo.

Ver esta puesta en escena fue como ver solo la mitad de Quíntuples, solo el espectáculo lúdico. Afuera quedaron los mecanismos de censura, represión y colonialismo plasmados a nivel de sujeto y representativos de la realidad sociopolítica puertorriqueña. Pero, ¿es realmente Quíntuples si se le elimina la problematización, el conflicto del yo vs. los otros, la angustia existencial de unos personajes que comparten con nosotros su decisión de cambiar su vida, quienes nos confían sus secretos la noche antes de que abandonen el espectáculo que ha sido su existencia desde que nacieron? ¿Dónde queda el efecto trágico que causa saber que no hay cambio posible —tan imposible como la improvisación— porque el barco zarpó sin ellos?

La autora es profesora de la UPR en Río Piedras

Una victoria que silenciará otras voces: Nominaciones para el Óscar por Mejor Película Internacional

Especial para En Rojo

 

Los filmes nominados al Óscar en la categoría de Mejor Película Internacional nos recuerdan que la peor persona del mundo es uno mismo, especialmente si nos leen desde afuera; nos demuestran cómo un yak en el salón de clases es una presencia sagrada; nos inspiran a encontrar el lenguaje idóneo para expresar nuestras angustias; nos obligan a confrontar los peligros que vive un emigrante; y nos revelan la intervención divina de la mano de Diego Maradona. Cada una de estas películas devela la futilidad de escoger un ganador y lo absurdo de estos premios. ¿Cómo podemos evaluar cinco historias tan diferentes, contadas de modos tan únicos e imaginadas desde experiencias tan diversas? No soy tan denso de pensar que las premiaciones deben ser eliminadas del todo. Los intercambios que promueven los festivales entre críticos, creadores y audiencias de todo el mundo son esenciales para el continuo desarrollo del cine. Sin embargo, los Óscares son únicamente sobre el privilegio de las celebridades, sus diseñadores, las fiestas, y la adoración al estatus quo. Sigo viendo los Óscar porque la charrería de la pompa es irresistible. Y entre esa deliciosa pomposidad se cuelan categorías como la de Mejor Película Internacional que, aunque peca en lo limitado de su escogido, usualmente refleja la diversidad de perspectivas e identidades que otras categorías marginalizan. De hecho, una película como The Worst Person in the World (dir. Joachim Trier, Noruega/Francia/Suecia/Dinamarca, 2021) cuenta el tipo de historia que es tan aparentemente simple que, si no fuera por la categoría de Mejor Película Internacional, pudo haber sido ignorada por la Academia

.The Worst Person in the World se concentra en Julie (Renate Reinsve), una mujer en sus veinte que busca su propio rumbo y explora carreras en la universidad que le podrían atraer y comienza relaciones amorosas con varias personas a las que se siente atraída. De esta manera, comienza una relación con Aksel (Anders Danielsen Lie), un artista de comics mayor que ella (en sus 40) con el que es muy feliz. Con Aksel, Julie explora sus intereses intelectuales (la escritura y la fotografía) y adquiere una estabilidad que nunca había sentido. Pero en esta etapa de su vida, la estabilidad le aburre y, una noche, todo empieza a cambiar cuando conoce a Eivind (Herbert Nordrum). Julie toma decisiones que, a simple vista, la hacen ver como la peor persona del mundo. Sin embargo, la película adentra en el viaje de la protagonista y cómo ella busca su felicidad. La película comienza avisándole al espectador que la historia se dividirá en doce capítulos, un prólogo y un epílogo. Cada capítulo nos revela algo nuevo en la vida de Julie y en sus decisiones. Los diferentes caminos que toma Julie afectan a los demás, pero también responden a una honesta exploración de la vida. La película es muy sencilla y depende mucho del diálogo para que la historia avance. La división de capítulos resalta su enfoque en el lenguaje y le da una cualidad literaria, pero de vez en cuando aparecen momentos mágicos que desafían la cotidianeidad de la historia y nos recuerdan su esencia fílmica. Hay un momento en el que toda la acción se paraliza para captar la emoción alrededor de dos personas que se atraen. Esta magia es precisamente lo que nos demuestra que cada decisión de Julie es esencial para su experiencia, aunque la moralidad tradicional la vilificaría. Aunque no creo que The Worst Person in the World ganará el Oscar en su categoría, esta es una película de mucha sutileza emocional que nos recuerda que la empatía es el elemento central para entender las acciones del otro.

Otra de las nominadas, Lunana: A Yak in the Classroom (dir. Pawo Choyning Dorji, Bután/China, 2019), nos devela la humanidad detrás de las decisiones de su protagonista en un contexto muy diferente al de The Worst Person in the World. La película nos cuenta la historia de Ugyen (Sherab Dorji) que vive en una ciudad moderna de Bután. Aunque le interesa viajar a Australia y seguir una carrera musical, él es maestro y es asignado a una escuela en Lunana, un pueblo aislado en el Himalaya. En lo que el joven espera por una visa para viajar a Australia, Ugyen se va a Lunana y comienza a ejercer como maestro en la escuela. El pueblo es muy pequeño y la escuela no tiene recursos. Aunque Ugyen espera el momento por regresar, el joven decide permanecer cuando conoce a sus estudiantes y a medida que va descubriendo la poesía de aquel lugar entre las montañas. La belleza de la música, de los mitos de la comunidad y de la curiosidad de los niños de la escuela marcarán a Ugyen tanto como al espectador. El lenguaje visual que contrasta la energía de la ciudad con la pausada contemplación de Lunana capta las dificultades en la adaptación del protagonista.

La necesidad del lenguaje preciso para contar una historia se convierte en el trauma que enfrentan los personajes de Drive My Car (dir. Ryûsuke Hamaguchi, Japón, 2021) que tiene una historia compleja por todo lo que logra abarcar. Esas tres horas de duración son necesarias y bien logradas. La historia sigue a Yûsuke (Hidetoshi Nishijima), un director de teatro que descubre que su esposa le es infiel. Este descubrimiento no provoca ninguna reacción en Yûsuke y es un síntoma más de la apatía que define la manera en que la pareja se relaciona con el mundo. A medida que avanza la película, vamos viendo las experiencias que se abren alrededor del nuevo montaje teatral de Yûsuke del Tío Vanya de Anton Chekhov. En la obra, la angustia de Vanya ante su amor frustrado y las limitaciones de su existencia rural reflejan los traumas que marcan las vidas de cada uno de los personajes de la película. Drive My Car tiene unas actuaciones magníficas y cada personaje tiene una escena donde revela la manera en la que ha procesado una experiencia traumática. A través de la película, vemos cómo Yûsuke gradualmente trabaja la obra de Chekhov que concluye con un hermoso crescendo que combina el lenguaje físico del teatro y el cine. Drive My Car nos recuerda lo esencial de la expresión para procesar una crisis y la esperanza que nace de la decisión consciente de seguir viviendo.

La necesidad de supervivencia en los momentos más oscuros de una vida son el foco de la película animada Flee (dir. Jonas Poher Rasmussen, Dinamarca/Francia/Noruega/Suecia, 2021) que combina la animación con algunos momentos de pietaje real que retratan la odisea de Amin en diferentes etapas de su vida y a raíz de su emigración de Afganistán. El protagonista, su madre y sus hermanos logran conseguir una visa para viajar a Rusia, donde permanecen indocumentados. Pero allí las cosas no son fáciles ya que tienen que vivir encerrados en un apartamento para que la policía no los arreste por no tener papeles. Dentro de los peligros e inestabilidad de la existencia del indocumentado, Amin también está lidiando con su homosexualidad. El protagonista tiene que sobrevivir con el prejuicio contra su identidad sexual. A todo esto, el espectador se siente seguro que el protagonista sobrevivirá su odisea porque Amin está contando su historia ya como un hombre que vive junto a su pareja. Pero ¿cuál es el precio que tuvo que pagar para llegar hasta allí? Usar a un Amin adulto para narrar su experiencia revela las marcas profundas que afectarán todas sus relaciones futuras. En este momento, uno se da cuenta que los sufrimientos del viaje nunca terminan. Flee usa la animación para contar experiencias trágicas de maneras similares a Persepolis (la novela gráfica escrita por Marjane Satrapi y la película [dirs. Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi, Francia/EEUU, 2008]) y Maus, escrita por Art Spiegelman y publicada en 1991. De maneras similares al uso de la animación en Flee, The Hand of God (dir. Paolo Sorrentino, Italia/EEUU, 2021) es una película autobiográfica que usa el humor para narrar momentos trágicos en la vida del protagonista.

Admito que The Hand of God es la menos que me ha gustado del grupo. Esta película es un coming-of-age al estilo de Belfast (dir. Kenneth Branagh, 2021), que está nominada para el Oscar en las categorías de Mejor Película y Mejor Director, entre otras. Tanto Belfast como The Hand of God tienen momentos bellísimos, pero siguen al pie de la letra la fórmula cinematográfica del joven protagonista que enfrenta una serie de situaciones que resultan en la pérdida de su inocencia. Diferente a Flee, que usa el género del coming-of-age de maneras innovadoras por las experiencias que examina y su formato tan particular, The Hand of God cuenta de manera convencional la vida de Fabietto (Filippo Scotti), un adolescente en Italia durante la época de los 80. El joven tiene una familia inusual: una abuela que entretiene a todos con su misantropía risible; un padre cuya jovialidad suaviza sus infidelidades; una madre que le fascinan las bromas pesadas; y una atractiva tía con problemas mentales que jura haber conocido a San Genaro. La narración visual y la vida del joven tienen bríos del cine de Federico Fellini como también es evidente en otra película de Sorrentino, The Great Beauty (Italia/Francia, 2014). En The Hand of God, las tragedias y los descubrimientos de Fabietto lo llevan a decidir que su futuro está en el cine. No importa que haya visto tan solo cuatro películas, el joven tiene muchísimas historias que contar. The Hand of God es una película buena, aunque no entiendo cómo tomó el lugar de películas internacionales más poderosas como Titane (dir. Julia Ducournau, Francia/Bélgica, 2021) y Madres paralelas (dir. Pedro Almodóvar, España/Francia, 2021), entre otras.

Estoy convencido de que Drive My Car se llevará el Oscar como Mejor Película Internacional por su compleja propuesta, maravillosas actuaciones y una cinematografía que conecta el mundo exterior con la vida interior quebrada de sus personajes. Pero esto es tan solo una victoria pírrica porque el reconocimiento de esta película eclipsará las narrativas tan únicas de las demás películas nominadas.

Crucigrama: Edelmira González Maldonado

Especial para CLARIDAD

Horizontales

1. Edelmira González _____; profesora y escritora puertorriqueña. Dirigió la revista Educación del Departamento de Instrucción Pública de Puerto Rico.

7. _____ a lo divino; escrito de González publicado en 1972.

8. Río de Cataluña.

9. Título honorífico que se da a algunos religiosos cartujos y benedictinos.

11. Del verbo raer.

12. Raúl _____ García; escritor, profesor, político y diplomático cubano, el Canciller de la Dignidad.

13. Doña _____ Roqué de Duprey; biografía escrita por González en 1965.

14. Actualidad de _____ P. Varela como pedagogo y sociólogo; publicación de González de 1970.

15. _____ Marqués García; escritor, dramaturgo, y poeta puertorriqueño.

17. Poesía, música y _____: tres hermanas en sangre y espíritu; escrito de González de 1963.

21. Ahora.

22. Cierto baile andaluz.

25. Nombre de la letra g.

26. Producción impresa de ejemplares de un texto.

28. Cogiese, agarrase.

32. Dañino, perjudicial.

34. Ornamento arquitectónico en forma de huevo.

35. Concierto de voces insurgentes – Tres autoras puertorriqueñas – Edelmira González Maldonado, Violeta _____ Suria y Anagilda Garrastegui; libro de María Arrillaga.

36. Las brujas de _____ o El crisol (en inglés: The Crucible); obra de teatro de Arthur Miller.

37. Uno de los continentes.

38. Ciudad medieval armenia ubicada en la actual Turquía. Patrimonio de la Humanidad.

39. Estrategias para fomentar _____ gusto y aprecio por la literatura en los estudiantes; publicación de González en 1978.

40. Soledumbre. Grabados _____ dibujos de Susana Herrero Kunhardt; libro de González publicado en 1976.

41. Comité Olímpico Ruso, siglas.

42. Volví a ver.

43. La educación en Puerto _____; ensayo de González de 1977.

44. Canal de _____; canal artificial navegable que une los mares Rojo y Mediterráneo.

Verticales

1. Del verbo medrar.

2. Remolcó una nave.

3. Municipio del departamento de Comayagua, Honduras.

4. Acercar, aproximar.

5. _____ Zayas Pereira; actor, director, productor y profesor del Departamento de Drama de la UPR en Río Piedras, quien falleciera el 3 de febrero de 2022.

6. Airear.

10. _____ cueros; cuento de González.

14. _____; pueblo natal de González.

16. El arte del _____ en José́ Enrique Rodó: análisis de «El camino de Paros»; libro de González de 1968.

17. Presencia de la muerte en la poesía de Luis _____ Matos; ensayo de González publicado en 1972.

18. Negación.

19. Algún.

20. Perteneciente a otra persona.

23. _____ González Maldonado; autora de «Soledumbre», «Alucinaciones», «Crisis», «Poesía, música y pintura: tres hermanas en sangre y espíritu» y «Poeta a lo divino».

24. Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, siglas.

25. Edelmira _____ Maldonado; autora de «El arte del estilo en José́ Enrique Rodó: análisis de ‘El camino de Paros’» y «Actualidad de José P. Varela como pedagogo y sociólogo».

27. Tercera nota musical.

29. Mercedes _____; cantautora argentina.

30. En torno a «La muerte de _____ Illich», de León Tolstói; ensayo de González de 1971.

31. Perteneciente o relativo a Eolo, dios de los vientos.

33. _____; libro de cuentos y poemas de González de 1973.

39. Símbolo del erbio.

Biden procura prolongar la guerra

 

Por Angel Guerra Cabrera

El presidente Joe Biden no está interesado, o no se le ve capaz, de impulsar la paz en Ucrania, lo que hace aún más difícil alcanzar un cese el fuego. Para mayor dificultad, Volodymir Zelensky no es más que una marioneta sujeta a las presiones yanquis y de los poderosos grupos neonazis en Ucrania, por más que nos lo intenten vender como un gran héroe de la patria. Al parecer, el ocupante de la Casa Blanca se aferra al eventual impulso que a su alicaída popularidad podría proporcionarle la imagen de gran líder del mundo libre, construida apresuradamente por la maquinaria mediática desde que a finales del año pasado se agudizó el conflicto con Moscú, debido a la cerril renuencia de Washington a considerar siquiera sus demandas de seguridad, y reforzada, desde que inició la guerra.

Por otra parte, es indudable la exigencia sobre Biden de mano dura con Vladimir Putin por parte de muchos legisladores de los dos partidos, aceitados con fondos de las grandes empresas armamentistas, a menudo accionistas de los grandes medios de difusión. Por cierto, no tiene precedente, en las últimas décadas, la histeria rusófoba y belicista cultivada por esos medios y por las llamadas redes sociales. Además, para sus intereses geoestratégicos, a Washington le conviene prolongar las hostilidades en el país eslavo y de ese modo consolidar la bochornosa subordinación política de Europa, que esta guerra ha llevado a extremos inimaginables, pues lo último que desearía es verla unida y con una política exterior y de defensa independiente que, eventualmente, la convirtiera en un jugador global capaz de llegar a acuerdos por sí misma con Rusia y China. Debilitar a Moscú, y, por consiguiente a Pekín, y perpetuar a Europa como unidad política vasalla atada por la OTAN son objetivos estratégicos fundamentales de Washington en esta guerra.

¿Qué, si no, se busca con el torrente de armamento que fluye incontenible hacia Ucrania, las rondas casi diarias de sanciones ilegales a Rusia y el feroz linchamiento mediático, en particular del presidente Putin, pero también de todo lo ruso?

En relación con las probabilidades de que Biden impulse un cese el fuego, el coronel retirado del ejército estadunidense Douglas Macgregor, profesor de estrategia y autor de cinco libros, señala lo siguiente: El presidente Biden es probablemente renuente a apoyar un cese el fuego que lo expondría al ataque despiadado de los senadores de ambos partidos.

Añade: el estridente discurso de odio de Biden hacia el presidente Putin y hacia el Estado ruso hace difícil, si no imposible, apoyar cualquier cese el fuego que deje a Rusia en control de cualquier cosa en Ucrania. Lo mismo es cierto –añade el coronel– para cualquier eventual acuerdo que reconozca a Rusia, como mínimo, el control de sus intereses de seguridad en el este de Ucrania. Uno desearía que Macgregor esté totalmente equivocado, pues con la dependencia de Washington que muestran los líderes europeos y la actitud, por parte de éste, de continuar echando leña al fuego en Ucrania, es muy poco el margen restante para encontrar la anhelada salida negociada a esta guerra entre pueblos hermanos.

Por otro lado, la sesgada y desbalanceada resolución de factura gringa acordada en la Asamblea General de la ONU, en lugar de crear un clima favorable a la paz, como algunos creyeron, lo que hizo fue favorecer la histeria belicista y minar aún más el derecho internacional. No deja de ser un hecho muy notable que China, India, Irán, Pakistán, Vietnam, Sudáfrica, Cuba, Bolivia, Nicaragua y otros 20 países se hayan abstenido. Ellos representan aproximadamente la mitad del género humano. Conviene subrayarlo, Venezuela no pudo ejercer el voto por habérsele retirado ese derecho con el argumento de que adeuda su contribución a la ONU.

Debe reiterarse la enorme responsabilidad histórica de Washington y su comparsa europea en el desencadenamiento de este doloroso conflicto. Me limito a citar a un criminal de guerra pero reconocido experto en temas estratégicos y geopolíticos, el mismísimo Henry Kissinger, quien advirtió hace ocho años sobre la centralidad de Ucrania para Rusia: El oeste debe entender que para Rusia Ucrania no puede ser nunca un país extranjero. La historia rusa comienza en lo que fue llamado el Rus de Kiev. De allí se esparció la religión rusa. Ucrania ha sido parte de Rusia por siglos y sus historias han estado intercaladas desde antes de entonces. Muchas de las más importantes batallas por la libertad de Rusia, incluyendo la de Poltava en 1709, se libraron en suelo de Ucrania. La Flota del Mar Negro, medio de Rusia para proyectar poder en el Mediterráneo, está basada, en arrendamiento de largo plazo, en Sevastopol, Crimea. Incluso famosos disidentes, como Alexander Solchenityin y Joseph Brodsky, insistían en que Ucrania era parte integral de la historia rusa y, a propósito, de Rusia: (https://wapo.st/3qbkQPQ).

Twitter: @aguerraguerra

Reproducido de www.rebelion.org

Fuente: www.lajornada.com.mx

Las redes sociales imponen su relato

 

Por Ignacio Ramonet

¿En qué nuevo mundo geopolítico estamos? ¿Qué consecuencias planetarias está teniendo la guerra de Ucrania? ¿Qué hace China? ¿Qué está pasando con la información y las mentiras sobre este conflicto? ¿Qué ocurre, en particular, con el funcionamiento de las redes sociales que aparecían como las grandes plataformas democratizadoras para acceder a una información de mejor calidad?

La guerra de Ucrania, iniciada el 24 de febrero pasado, apenas está empezando… Y cuando comienza una guerra, como se sabe, arranca un relato mediático plagado de desinformaciones cuyo objetivo es la seducción de las almas y la captación de sentimientos para ganar los corazones y cautivar las mentes. No se trata de informar. De ser objetivo. Cada bando va a tratar de imponer –a base de propaganda y toda suerte de manipulaciones narrativas- su propia crónica de los hechos, y desacreditar la versión del adversario…

Lo que ocurre con todas las mentiras (1) que ambos bandos están difundiendo sobre el conflicto de Ucrania no es muy diferente de lo que ya hemos visto en otras guerras. Es la histeria bélica habitual en los medios, la proliferación de mentiras, de fake news, de posverdades, de intoxicaciones, de manipulaciones… La conversión de la información en propaganda es ampliamente conocida y estudiada, en particular en los conflictos de los últimos cincuenta años. Quizás ya con la guerra de Vietnam, en los años 1960 y 1970, se alcanzó el zenit de la sofisticación en materia de mentiras audiovisuales y manipulaciones mediáticas.

Hoy, con la guerra de Ucrania, los grandes medios de masas, en particular los principales canales de televisión, han sido de nuevo enrolados -o se han enrolado voluntariamente- como un combatiente o un militante más en la batalla… Aquí, en donde nos encontramos nosotros, están combatiendo -y no informando- en favor esencialmente de lo que podríamos llamar la posición occidental.

Sin embargo, dentro de esa normalidad propagandística, estamos asistiendo a un fenómeno nuevo. Porque, por vez primera en la historia de la información, en primera línea del frente mediático, intervienen las redes sociales.

Hasta ahora, en tiempos de guerra, las redes no habían tenido la misma importancia. ¿Cuál fue el último conflicto de esta envergadura en el mundo? Realmente, desde 1945, final de la Segunda Guerra Mundial, o desde la guerra de Corea a principios de los años 1950, no ha habido una conflagración militar de dimensiones semejantes a la de Ucrania… Ha habido sin duda grandes conflictos como la guerra de Argelia, la de Vietnam, la de Angola, la del Líbano, la del Golfo, la de Irak, la de Afganistán, la de Serbia, la de Libia, la guerra contra el terrorismo después del 11 de septiembre de 2001 y la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York… Todos esos conflictos han sido colosales, espantosos. No cabe duda… Pero las redes sociales no existían entonces.

Hoy, los ciudadanos no solo se ven confrontados a la histeria bélica colectiva y permanente de los grandes medios tradicionales, a su discurso coral uniforme (y en uniforme), sino que todo eso les llega ahora en sus teléfonos, en sus tabletas, en sus computadoras de bolsillo… Ya no solo son los periodistas sino nuestras amistades nuestros familiares, nuestros mejores amigos quienes contribuyen también, mediante sus mensajes en las redes, a amplificar esa incesante coral de discurso único… Se trata de una nueva dimensión emocional, un nuevo frente de la batalla comunicacional que hasta ahora no existía en tiempos de guerra.

Por ejemplo, el asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021 en Washington -que fue una tentativa de golpe de Estado-, constituyó un acontecimiento de primera magnitud desde el punto de visto político. Pero no militar. Y ese ataque sí fue el resultado de una gran confrontación previa en las redes sociales. En la que los fanáticos conspiracionistas leales a Donald Trump lograron imponer la tesis de un fraude electoral que nunca existió… Se produjo una encendida batalla frontal, en las redes, por el control del relato. Una confrontación digital de gran envergadura para desinformar, tratar de imponer una falsa verdad complotista y ocultar la realidad de las urnas. Ahí, las redes fueron decisivas…

Pero en un conflicto militar de estas dimensiones, hasta ahora, las redes no habían tenido protagonismo… Lo están teniendo en esta guerra de Ucrania por primera vez en la historia de la información… También, por primera vez, se produce esta decisión de Google de sacar de la plataforma a medios del «adversario» como Russia Today (RT) y Sputnik… Mientras Facebook e Instagram declaran que tolerarán «mensajes de odio» contra los rusos (2)… Y Twitter tomó la decisión de «advertir» sobre cualquier aviso que difunda noticias de medios afiliados a Moscú, y redujo significativamente la circulación de esos contenidos (3)… Cosa que Twitter no hace del otro lado con quienes apoyan a Ucrania y a la OTAN… Esto no se había producido nunca hasta ahora. Poniendo en evidencia la hipocresía sobre la supuesta libertad de expresión y la neutralidad de las redes…

Todo esto confirma que si el conflicto de Ucrania es una guerra local en el sentido de que el teatro de operaciones está localizado en un territorio geográfico preciso, por lo demás es una guerra global, mundial, en particular por sus consecuencias digitales, comunicacionales y mediáticas. En esos frentes, Washington, como en la época de maccarthysmo y la «caza de brujas», ha enrolado a los nuevos actores de la geopolítica internacional, o sea, las megaempresas del universo digital: las GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft). Estas hiperempresas -cuyo valor en Bolsa es superior al Producto Interior Bruto (PIB) de muchos Estados del mundo-, se han retirado de Rusia y se han enrolado voluntariamente en esta guerra contra Moscú…

Esto es nuevo. Hasta ahora conocíamos la actitud partidaria y militante de los grandes medios que, en caso de conflicto, se alineaban con uno de los beligerantes y abandonaban todo sentido crítico para comprometerse unilateralmente y defender los argumentos de una sola de las potencias en presencia… Lo nuevo es que, por primera vez, las redes sociales hacen lo mismo ahora. Lo cual confirma que los verdaderos medios dominantes hoy son las redes sociales.

Por definición, las redes no están hechas para informar, están hechas para emocionar. Evidentemente en las redes circulan muchos textos de calidad, testimonios, análisis, reportajes… Las redes retoman muchos excelentes documentales, videos, artículos de la prensa y de los medios existentes… Pero la manera de consumir contenidos en las redes (aunque cada una tiene su especificidad) no es de pasarse el tiempo leyendo o viendo la integralidad de los documentos que uno recibe… Las redes están hechas sobre todo para actuar… El ciudadano o la ciudadana que usa las redes lo que quiere es compartir o adherirse dando like… Lo que le gusta al internauta es comunicar, transmitir, difundir… La red, en realidad, funciona como una cadena. Cada usuario se siente eslabón, con la misión de expresarse, de conectar, remitir, enviar, pasar, repercutir…

Lo que más circula y mayor influencia tiene en algunas redes (Facebook, Twitter, Instagram) son los memes, o sea, especies de gotas, de haikús, de resúmenes muy reducidos, muy sintéticos, muy caricaturales de un tema… Es lo que más se comparte. Los memes funcionan como si las informaciones en la prensa escrita se redujesen únicamente a los títulos de los artículos, y no hubiera necesidad de leerlos… Cada uno de nosotros puede hacer la experiencia: cuelgue en su red preferida el mejor texto, el vídeo más completo, más inteligente y honesto que pueda haber sobre la crisis de Ucrania, y verá que, a lo sumo, puede alcanzar algunas decenas de like… Pero si coloca un buen meme eficaz y original, que, por su creatividad, suscita a la vez risa y sorpresa, su velocidad de transmisión será impresionante… Si se habla de difusión viral no es por casualidad…

Ese deseo compulsivo de adherirse y de compartir es lo que hace que las redes consigan difundir masivamente un sentimiento general, una interpretación dominante sobre cualquier tema… Ese sentimiento es el que, poco a poco, consigue imponerse en toda una parte de la sociedad… Esa es una de las grandes diferencias, entre las redes y los medios.

Las consecuencias de esta guerra ya se sienten en todo el mundo. Ningún país, por lejano que se encuentre, está a salvo de sus efectos y consecuencias. No solo mediáticas. En principio, se trata de una confrontación entre dos potencias –una grande, otra mediana- que se desarrolla, como dijimos, en un teatro local: el territorio de Ucrania. Pero ese enfrentamiento, a pesar de ser local, fractura el mundo en dos. Como durante la Guerra Fría (1948-1991).

Desde 1980, el planeta estaba en vías de globalización, existía como una dinámica de interconexión global. Esa globalización se detiene ahora. Washington y sus aliados han excluido a Moscú del funcionamiento mundial… Como ha dicho Joe Biden se trata de colocar a Rusia en una situación de paria planetario, de paria de la humanidad… El mundo, desde el punto de vista geopolítico, se halla de nuevo dividido en dos bandos opuestos: quienes están con Rusia y quienes están con Estados Unidos… Y los países que no están ni con uno ni con otro van a verse sometidos a fuertes chantajes y a enormes presiones. Seguramente vamos también a ver surgir un tercer grupo de nuevos No-Alineados…

En lo que concierne a la guerra propiamente dicha, la conclusión más obvia a estas alturas es que los combates están durando más tiempo del originalmente previsto. Con cierta lógica, podíamos imaginar al principio que las fuerzas rusas conseguirían sus principales objetivos muy pronto mediante una operación relámpago. Eso no se produjo.

El Estado Mayor ruso se enfrenta hoy a un dilema entre dos necesidades contradictorias: debe ir rápido, pero debe preservar las vidas de los civiles no combatientes. Porque esta «operación militar especial» iniciada por el presidente Vladimir Putin tiene también por objetivo, conquistar los corazones de los ucranianos rusoparlantes. Y no se conquistan corazones machacando a la gente con bombardeos, incendios y destrucciones… O sea, las fuerzas rusas no están consiguiendo realizar su doble objetivo inicial: llevar a cabo una guerra relámpago y al mismo tiempo preservar la vida de la población civil, que está sufriendo trágicas pérdidas, y resistiendo.

La ofensiva se ha vuelto por lo tanto más lenta y más peligrosa. No debe descartarse la posibilidad de cualquier provocación, o incluso una escalada. El presidente de Ucrania, Volodomir Zelenski, le exigió a la OTAN y a los EE.UU. que establecieran una prohibición de sobrevuelo –una zona de exclusión- sobre el territorio ucraniano. Por el momento, las potencias occidentales no han aceptado, porque ello significaría tener que derribar aviones rusos… Llegar a esa situación implicaría un choque directo entre Rusia y las fuerzas de la OTAN, o sea, una guerra nuclear, que hasta ahora se procura evitar.

En el actual escenario, el objetivo de Estados Unidos pudiera ser inmovilizar por largo tiempo, enlodar, a los ejércitos rusos en los campos de Ucrania. Literalmente. Es decir, lograr que queden empantanados. Teniendo en cuenta un elemento estratégico: la invasión rusa se inició el 24 de febrero pasado, en pleno invierno, cuando los campos ucranianos estaban todavía cubiertos de nieve. La tierra congelada, dura, permitía que los tanques y los camiones avanzaran sin problemas campo a través. Porque muchas carreteras y puentes están minados, saboteados o destruidos… Pero dentro de un mes, a finales de abril, comenzará allí la primavera, la temperatura subirá y la nieve y el hielo derretidos transformarán las inmensas estepas ucranianas en infinitos lodazales… Los tanques, los camiones y los vehículos de las largas líneas de aprovisionamiento de Rusia comenzarán a enterrarse, a inmovilizarse, y esto marcará el comienzo de una guerra totalmente diferente… Fue lo que le ocurrió al ejército alemán cuando Hitler se topó con la resistencia soviética en Ucrania. Rusia no dispone de mucho tiempo: si quiere ganar la guerra tiene que hacerlo en menos de un mes. Si no, se expone a un conflicto largo y extenuante, en cierta manera al estilo del de Afganistán. Sus fuerzas estarán inmovilizadas y dispersas, a la merced de guerrillas dotadas de armamento occidental de última tecnología… ¿Qué ocurriría si, entre tanto, se abre otro frente en otro teatro de operaciones de los rusos, por ejemplo en Siria? Rusia no cuenta con capacidad para llevar a cabo dos guerras de gran envergadura al mismo tiempo.

Más allá de lo que ocurra en el terreno concreto de la batalla, por lo demás, como ya dijimos, se trata de un conflicto global: en los frentes comercial y financiero, además de mediático, con derivaciones incluso deportivas y culturales. Es un conflicto que no deja a ningún país al margen. Nadie puede decir, se encuentre donde se encuentre, que no le concierne. Eso le da a esta guerra un carácter singular, único desde la caída del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría.

La batería de sanciones o medidas coercitivas impuestas por Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea junto con sus aliados, Japón, Corea del Sur, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, repercuten de manera global. Las consecuencias se reflejan ya en los precios de la energía y los carburantes. Rusia, como se sabe, es un gran productor de petróleo y gas, Ucrania de carbón. Las dificultades para sostener la producción y las sanciones están limitando el aprovisionamiento, sobre todo en Europa. Por Ucrania, además, pasan los oleoductos y gasoductos que llevan petróleo y el gas ruso a Europa, que depende aproximadamente en un 40% de esos hidrocarburos. Todo esto altera de manera muy acelerada la geopolítica de la energía. Y produce nuevos efectos sobre las sociedades. El gas y el petróleo son clave para la producción de electricidad. Esto ha hecho que el precio de la luz, por ejemplo en España, alcance niveles jamás vistos, o que otros países, como Alemania, vuelvan a plantearse la necesidad de mantener activas las centrales nucleares.

Del mismo modo, metales como el aluminio, el cobre y el níquel registraron un aumento de precios exorbitante. El níquel superó los 100.000 dólares la tonelada… Las fábricas de automóviles, en particular las de modelos más modernos y caros, están sufriendo los nuevos precios. BMW está estudiando si detiene algunas de sus producciones. Rusia es además una gran productora de titanio, metal clave para la fabricación de microprocesadores (chips), que ya venían en crisis por la pandemia y que son indispensables en numerosos sectores industriales.

En otras palabras, sobre una situación de grave recesión económica mundial provocada por dos años de pandemia de covid-19, el estallido de la guerra de Ucrania y las sanciones impulsan un nuevo aumento del coste de vida. Este conflicto añade inflación a la inflación. Los precios de los alimentos, del transporte y de la luz van a alcanzar un nivel tan elevado que probablemente eso despierte movimientos de protesta ciudadana y aumente el descontento hacia los gobiernos en muchos países, entre ellos algunos de América Latina. A nivel mundial, la traducción política de esta guerra probablemente sea una ola de manifestaciones y reclamos sociales que podrían desestabilizar a varios gobiernos.

Pero las ramificaciones también se sienten en los posicionamientos de las grandes potencias mundiales. Empezando por Europa. En este sentido, la consecuencia más significativa de la guerra de Ucrania es el rearme alemán. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania no contaba con fuerzas armadas importantes ni con un presupuesto militar relevante. Era la OTAN, y en última instancia EEUU, de acuerdo a los pactos firmados en 1945, quienes aseguraban esencialmente la defensa alemana. Hace pocos días, sin embargo, el canciller Olaf Scholz, anunció un programa de rearme colosal, de más de cien mil millones de euros, que incluye el relanzamiento de la industria militar, la reconstrucción de los astilleros, la Armada, la aviación… Los recursos anuales, a partir de ahora, equivalen a casi el 3% del presupuesto anual, es decir casi tanto como lo que consagra a la defensa Estados Unidos. Es una verdadera revolución militar, que tendrá impactos geopolíticos (aunque Berlín siga sin disponer de armas nucleares, se convertirá pronto en la principal potencia militar europea) y económicos. Alemania es el único país realmente industrializado de la Unión Europea y el mayor exportador industrial del mundo per cápita. Puesto a fabricar armas, barcos, aviones, submarinos o drones, podemos apostar que Berlín producirá una conmoción en la industria armamentista global.

En América Latina, la importancia de la guerra de Ucrania se refleja también en movimientos geopolíticos que hasta hace poco parecían impensables. Uno de ellos lo constituye el encuentro, el 5 de marzo pasado, entre una delegación de alto nivel de Estados Unidos y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, para iniciar, al parecer, negociaciones que permitan retomar las exportaciones de petróleo venezolano a ese país. En los hechos, esto implica un reconocimiento de facto de la legitimidad del presidente Maduro que termina de desplazar definitivamente a Juan Guaidó del escenario político y que también afecta al principal aliado militar de Washington en América Latina, Colombia, cuyo presidente, Iván Duque, quedó descolocado… Este tipo de cambios súbitos de posición confirman que estamos ante un conflicto de consecuencias globales.

En cuanto a China, segunda potencia global, en un momento delicado y difícil, mantiene una posición cercana a Rusia sin desear romper necesariamente con el mundo occidental. Por Rusia y Ucrania pasan parte de las nuevas rutas de la seda, el gran proyecto chino de comercio e infraestructuras que ahora está parcialmente interrumpido por el conflicto y las sanciones. Para China, esta guerra supone un impacto económico fuerte, en la medida en que afecta a un proyecto fundamental, definido por Xi Jinping como uno de los ejes del desarrollo chino y de su despliegue por el mundo.

Por otra parte, como consecuencia de la guerra de Ucrania y de las sanciones, Moscú puede pasar a depender cada vez más de Pekín. En cierta medida, las fuertes medidas coercitivas impuestas por Estados Unidos y Europa empujan a Rusia, lo quiera o no, a una creciente dependencia de China, su único aliado de envergadura. Pekín podría ver aumentar considerablemente su capacidad hegemónica sobre Moscú.

Al mismo tiempo estamos viendo una eventual amenaza de sanciones de Washington a China en caso de que Pekín le ofrezca a Moscú soluciones que le permitan evitar las sanciones o reducir su efecto. El presidente Joe Biden advirtió a su homólogo chino, Xi Jinping, sobre “las implicaciones y consecuencias” que para China tendría “brindar apoyo material a Rusia mientras perpetra ataques brutales contra ciudades y civiles ucranianos” (4). Por eso Pekín ha mantenido una línea de cooperación con Rusia sin alinearse de manera unívoca con la posición de Putin. Por ejemplo, no votó en contra de la resolución de Naciones Unidas de condena a Moscú; se abstuvo.

Otra consideración, en un contexto de río revuelto como el actual: China teme que Estados Unidos aproveche la ocasión para lanzar alguna iniciativa en favor de Taiwán. Por ejemplo, si Taiwán inicia alguna maniobra militar preventiva con la excusa de una inminente invasión china semejante a la de Rusia sobre Ucrania. O si Estados Unidos y sus aliados avanzan en mayores niveles de reconocimiento político y diplomático a Taiwán. Asimismo, el gobierno estadounidense anunció recientemente que revisará el esquema de subsidios de Pekín a aquellas industrias chinas cuyos productos se exportan al mercado norteamericano, con vistas a un posible aumento de aranceles, retomando la guerra comercial que en su momento había intensificado Donald Trump (5).

En suma, se constata una voluntad de la Casa Blanca de hostigar a China, reafirmando que el objetivo estratégico principal de Washington en el siglo XXI es contener a China, debilitarla de modo tal que no logre superar a Estados Unidos y disputarle su hegemonía planetaria. En ese sentido, podríamos ver, en las próximas semanas, nuevas presiones sobre Pekín. ¿En qué medida China podría ser excluida a su vez, a pesar de su gigantismo, del funcionamiento «occidental» del mundo? Es posible que ese sea el gran objetivo estratégico de la partida de ajedrez que acaba de empezar en Ucrania.

Estamos en una nueva edad geopolítica. La historia se ha puesto nuevamente en marcha… Ha comenzado un juego peligrosísimo. La próxima etapa podría ser la guerra nuclear…

(1) Léase: «110 bulos y desinformaciones sobre el ataque de Rusia contra Ucrania», https://maldita.es/malditobulo/20220317/conflicto-militar-rusia-ucrania-bulos/
(2) La Vanguardia, Barcelona, 11 de marzo de 2022.
(3) Europa Press, Madrid, 28 de febrero de 2022.
(4) La Vanguardia, Barcelona, 19 de marzo de 2022.
(5) ElDiario.es, Madrid, 5 de marzo de 2022. https://www.eldiario.es/economia/casa-blanca-abre-frente-geoestrategico-subsidios-industriales-tecnologicos-china_1_8804255.html
Reproducido de www.cubadebate.cu