4 de abril de 1968

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Luis G. Collazo

Fue este día que el líder de los Derechos Civiles y Humanos, Martin Luther King, fue asesinado en la ciudad de Memphis, Tennessee a manos de un franco tirador. Muchos pensamos que el autor intelectual del mismo fue el sector hegemónico de la elite  prepotente de ese momento histórico., enemigo acérrimo del pastor bautista. Su sentencia de muerte resulta, a mi juicio, de su denuncia radical de la participación de los E.U. de N.A. en la guerra de Vietnam.

Retomar los valores e ideales que guiaron el ministerio profético de este pastor y profeta es hoy un imperativo ético fundamental. La perversidad con que hoy se ejerce el poder, en los diferentes contextos históricos, amerita la urgencia de asumir una opción de denuncia contundente de las agendas que frustran la esperanza, la justicia y la paz.

En su carta, escrita mientras estaba en la cárcel de Birmingham, estado de Alabama, fechada el 16 de abril de 1963, les respondía a líderes religiosos de la ciudad la carta que estos le enviaron recriminando su gesta profética, “Pero lo fundamental es que, si estoy en Birmingham, es porque aquí está la injusticia. Al igual que los profetas del siglo VIII a.C. dejaron su tierra y llevaron la palabra de Dios mucho más allá de los confines de sus pueblos de origen, y al igual que San Pablo dejó su ciudad de Tarso y llevó la palabra de Cristo hasta los confines del mundo greco-romano, yo también estoy impelido a llevar la palabra de la libertad más allá de mi ciudad.”

Es evidente que la gesta de King constituyó una ruptura entre un discurso auténticamente evangélico y una agenda religiosa – eclesiástica subordinada al poder político predominantemente racista, belicista y opresivo. Su mensaje implicó la denuncia de una religiosidad y una cultura eclesiástica prostituida por una cultura dominada por un síndrome de codicia, lucro y ansias de poder.

Nos desafía el mensaje de M. L. King a retomar el camino de la resistencia y la denuncia radical que nos ejemplificó Jesús de Nazaret. No el Jesús de la catedral y del populismo asfixiante de estos tiempos, sino el que nació en un pesebre y alteró el orden en el templo. Su confrontación a los líderes religiosos de Birmingham es la que hoy merecen muchos líderes religiosos que han corrompido el mensaje de Jesús a cambio de algunas monedas.

Si hemos retrocedido desde aquel año 1968, en lo que respecta a defender los valores y referencias del mensaje radical de Jesús, entonces hoy nos urge una mirada crítica y severa a la disfuncionalidad histórica que vivimos. El vacío de una conciencia histórica fundada en la empatía, la justicia y la solidaridad global exige de la militancia auténticamente evangélica que Martin Luther King ejemplificó. Recordemos la afirmación evangélica: “Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciara a uno y amara al otro”.

Optar por una agenda multi- estratégica es fundamental para confrontar las de los “estrategas del mal”. Sus aliados, muchos de ellos líderes de movimientos religiosos, carecen de una espiritualidad legitima. La “Roma Imperial” que hoy está encarnada en la prepotencia imperial, la sed de riqueza desenfrenada y el afán de poder; merece ser denunciada y rechazada enérgicamente por la auténtica comunidad de seguidores de Jesús de Nazaret.

El autor es pastor bautista.

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