Epstein, economía del crimen y derechos humanos: cuando el poder protege al depredador

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Especial para CLARIDAD

 

Epstein el caso que sacudió al mundo y luego fue silenciado, ¿por qué? Y ¿quiénes están envueltos? Es un caso dentro de la economía del crimen y la trata de personas que son fenómenos interconectados que generan importantes beneficios económicos, así como costos sociales. El crimen organizado en el capitalismo, incluyendo la trata, opera como una industria global que mueve grandes sumas de dinero y explota la vulnerabilidad de las personas con fines lucrativos. Entender la dinámica económica de estos delitos es crucial para diseñar estrategias efectivas de prevención y combate.

El caso de Jeffrey Epstein, magnate estadounidense acusado de liderar una red internacional de tráfico sexual de menores al servicio de elites políticas, empresariales y financieras, es uno de los episodios más reveladores de las últimas décadas. Pero más allá del escándalo mediático, este caso debe ser analizado en su verdadera dimensión: como un espejo del sistema económico-político global, donde el crimen, el dinero y el poder coexisten en redes de impunidad. Cómo las élites políticas y económicas se protegen ante sus acciones criminales, dónde la justicia no aplica a las élites, y surge el concepto de “Estado profundo”.

El concepto de «Estado profundo» (deep state) es una idea política que sugiere la existencia de una estructura de poder no elegida democráticamente que opera detrás de los gobiernos formales, influyendo o incluso controlando decisiones clave sin rendir cuentas al público. Y Elon Musk lo develó al asumir cargos en el gobierno de Trump. Aunque el término es polémico y suele ser usado de forma conspirativa, tiene raíces en estudios sobre burocracias, redes de inteligencia, intereses económicos y militares que operan con gran autonomía dentro del aparato estatal. En el caso Epstein, las víctimas, en su mayoría niñas y adolescentes de sectores vulnerables, no solo fueron abusadas sexualmente, sino también despojadas de sus derechos más básicos en el marco de una economía criminal funcional al capitalismo neoliberal, en la que la trata de personas se convierte en un activo más del sistema.

Dentro del capitalismo, la economía del crimen, donde uno de sus negocios lucrativos es la trata sexual como industria del poder es parte de estos casos. El cuerpo de las niñas como territorio de impunidad ante el crimen organizado. El crimen organizado genera enormes ganancias a través de diversas actividades ilícitas, como el tráfico de drogas, armas, personas, recursos naturales y la falsificación. La trata de personas se ha convertido en un mercado global lucrativo para los traficantes, quienes obtienen beneficios de la venta y explotación de personas, además tiene graves consecuencias para el desarrollo humano y social, afectando la salud, la educación y el bienestar de las víctimas y sus comunidades.

Jeffrey Epstein no fue un “depredador solitario”, fue un nodo de una red de poder, fue el centro de una compleja red de poder donde la economía del crimen asume el negocio de la trata, la corrupción y requiere la protección institucional. Entre sus vínculos estaban: Bill Clinton (viajes documentados en el «Lolita Express»), Donald Trump (amistad cercana en los 90), el príncipe Andrés del Reino Unido (acusado directamente de abuso sexual), Bill Gates (reuniones personales después de la primera condena de Epstein), y múltiples empresarios, académicos, abogados, jueces y agentes de inteligencia. En las acusaciones, Epstein manejaba una red de tráfico sexual con fines de chantaje y acumulación de capital político y económico. Lo que vendía no era sólo sexo, vendía acceso, control e información sensible. Donde el Estado profundo con sus redes de poder estables y opacas que protegen al capital y sus abusos. Por condiciones económicas se reclutaban las víctimas en condiciones de pobreza, muchas eran adolescentes vulnerables, sin apoyo familiar ni recursos económicos. A las mismas se le hacían promesas de empleo, dinero o becas, que se han convertido en mecanismos clásicos del tráfico humano. A cambio la obtención de favores sexuales como moneda de cambio, Epstein ofrecía a sus víctimas a terceros poderosos, posiblemente grabando los encuentros para obtener material de chantaje.

A pesar de su historial criminal conocido desde la década de 2000, Epstein fue protegido por fiscales federales, jueces indulgentes y redes mediáticas que minimizaron sus delitos. En el 2008, obtuvo un acuerdo judicial (plea deal) que lo eximió de cargos federales y le permitió cumplir una sentencia ridículamente leve, con permisos diarios para salir de prisión. Tuvo privilegios como salidas laborales diarias y fue liberado tras 13 meses, fue encubrimiento sistemático.

A eso se une el lavado de dinero y evasión fiscal mediante fundaciones, propiedades en paraísos fiscales y estructuras fuera de las fronteras nacionales (offshore). Y el financiamiento de figuras académicas y científicas para legitimar su imagen filantrópica, ocultando la base criminal de su fortuna.

Este entramado revela que la trata de personas es funcional a las lógicas de acumulación capitalista, y no una desviación del sistema del que forma parte del sistema.

La negación de los derechos humanos de las víctimas y las sobrevivientes de Epstein que han denunciado durante años los abusos sufridos, pero sus voces fueron desoídas. Fueron silenciadas, desacreditadas y revictimizadas, incluso por el aparato judicial. El caso viola múltiples normas internacionales de derechos humanos.

Los derechos violados incluyen, el derecho a la integridad física y psíquica, el derecho a la justicia y reparación, el derecho a una vida libre de violencia y explotación y el derecho a que el Estado actúe con diligencia debida para prevenir, sancionar y erradicar la trata

La muerte de Epstein en prisión, en circunstancias altamente sospechosas, cerró la puerta a una investigación judicial transparente. Epstein fue hallado muerto en su celda en 2019, en lo que oficialmente fue declarado un suicidio. Donde las cámaras dejaron de funcionar, los guardias se “durmieron” o abandonaron su puesto, y el forense de la familia dijo que el cuello tenía fracturas típicas de estrangulamiento.

Y el juicio posterior a su cómplice Ghislaine Maxwell fue opaco, sin publicación de los nombres de los abusadores, lo que agrava la impunidad. A pesar de que el caso involucraba una red transnacional de trata, muy pocos medios profundizaron en la dimensión estructural del crimen. El juicio contra Ghislaine Maxwell (su socia) se mantuvo cerrado al público, y no se hicieron públicos los nombres de quienes abusaron de las menores. Esto sugiere un pacto de protección o autocensura institucional, muy típico de lo que se describe como Estado profundo.

El Estado estadounidense  y las instituciones judiciales, policiales y de inteligencia, lejos de actuar como garante de los derechos humanos, ha jugado un papel cómplice u omisivo. La indulgencia con Epstein no fue casual ya que protegía secretos de poder. Por eso este caso expone lo que algunos politólogos llaman el Estado profundo esas redes de poder que actúan más allá del control democrático, fusionando intereses públicos y privados para garantizar la continuidad del sistema.

El resultado las víctimas fueron utilizadas y descartadas; los poderosos siguen impunes. El caso Epstein no será un punto de inflexión, sino una advertencia de cuán protegida está la economía del crimen cuando sirve al poder.

El caso Epstein es una manifestación brutal de cómo el capitalismo global permite que los cuerpos de mujeres y niñas pobres se han convertidos en mercancía, chantaje o espectáculo, si eso conviene a los intereses del poder económico y político.

El caso Epstein revela cómo redes de poder económico, político, judicial y mediático pueden operar al margen de la democracia y el derecho, encubriendo delitos graves con protección institucional.

Aunque el término “Estado profundo” debe usarse con precaución (para no caer en teorías conspirativas sin base), Epstein es uno de los casos más documentados en los que se visibiliza una estructura de poder paralela, que actúa para proteger a los poderosos incluso cuando cometen crímenes atroces.