“Cambios de táctica”, memoria y actualidad de “Rompeforma”

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En Rojo

Leo poemas en vez de escribir, demorando comentar sobre la danza porque es difícil para mí, y más difícil cuando se trata de coreografías de las maestras Petra Bravo, Viveca Vázquez y Merián Soto. Añadidos a la mezcla encontramos a los formidables talentos, destrezas e historiales creativos de Alejandra Martorell y Marion Ramírez como las ejecutantes de estas coreografías. Se trata de la “Escuelita fenomenal de Rompeforma” en sus funciones de “Cambios de táctica” del 26 y el 27 de julio en el Teatro Victoria Espinosa.

“Soltar el cuerpo”: mover casi como si el cuerpo no tuviera coyunturas; poder articular el cuerpo con la precisión cortante y angular de una cuchilla aguda para crear una multitud de imágenes tanto viscerales como simbólicas en niveladas capas de sensibilidad y sentido; intervenirse plásticamente como un factor activo dentro de los discursos vivos y hasta precarios actuales; y por otro lado, de ser capaz de suspendernos en momentos de asombro y descubrimiento traslucientes antes de reubicarnos nuevamente dentro de las narrativas de nuestras vidas cotidianas.

Personalmente, las maestras Bravo, Vázquez y Soto (y otras incluyendo Awilda Sterling Duprey) muestran esa creatividad de cuerpos sueltos, fluidos y completamente controlados. Es lo que constituye la enseñanza de su trabajo y cementa la fundación de cómo entendemos la danza en Puerto Rico. En el teatro (mi campo), Bertolt Brecht llamaba esa soltura “the ease” (la facilidad, tal vez) de performance que hace lo físicamente difícil o casi imposible parecer natural. Por eso, intento traducir nociones de espacio, cuerpo y movimiento en términos de un vocabulario compartido, porque todo lo que conozco de danza y baile viene de Puerto Rico, desde el Taller de Histriones de Gilda Navarra hasta al presente.

La Escuelita Fenomenal de Rompeforma extiende el alcance del muy exitoso y premiado documental “Fenomenal, Rompeforma 1989-1996” (2022) co-dirigido y producido por Merián Soto y Viveca Vázquez. Para los que no sepan, el Festival de Rompeforma: Maratón de Baile, Performance y Visuales” se celebró entre 1989 y 1996 principalmente dentro de los espacios como el Teatro Julia de Burgos del Departamento de  Drama y los anfiteatros de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. La multidisciplinariedad y el poder romper barreras artísticas y a la vez “brechar” grupos, distancias y diferencias fueron entre sus propósitos generales. Tal vez más importante fue su tendencia de crear un diálogo danzado entre artistas de la diáspora puertorriqueña y de la Isla, aunque también incluía artistas de América Latina e internacionales. En pocas palabras, resultó en un hito cultural enorme en la historia de baile, danza, performance y teatro en Puerto Rico. Uno que obliga su preservación y su continuación como parte viva de la creatividad cultural actual puertorriqueña.

Dentro del contexto de preservar y extender las metas de Rompeforma, me parece que la premisa detrás de “Cambios de táctica” se reduce a tres preguntas básicas: ¿cuánto cambian las coreografías cuando cambian los cuerpos?; ¿las coreografías de los 1980 y 90 responden a cuerpos y públicos de los 2020+?; y ¿es justo comparar los trabajos (y cuerpos) de Alejandra Martorell y Marion Ramírez a los de Petra, Viveca y Merián?

Mirando desde afuera, no veo tanto coreografías sino cuerpos bailando. Veo movimientos, acciones, patrones particulares de una bailarina o un bailarín. Identifico los movimientos y patrones de Viveca Vázquez, por ejemplo, porque son tan característicos de ella de trabajar de coyunturas y doblajes para dar forma única y espectacular a imágenes que se basen en cómo ella suelta su cuerpo para sobrepasar, como si fuera natural, lo que parecen ser sus límites fisio-anatómicos. Verlos re-creados por otra bailarina provee una segunda evaluación tanto de las destrezas y el impacto artístico de su creación original como de la precisión corporal requerida para reinterpretarlos. Fue un momento de reflexionar, reinterpretar y literalmente reinventar mi aprecio del arte de Vázquez.

Mis recolecciones de las coreografías de Petra Bravo y Merián Soto no surgieron con el mismo sentido de “huellas” dejadas en el escenario. Mis memorias de Petra siempre regresan a su trabajo con Pisotón, con montajes como “Elizam entra libre” (1995) con Maritza Pérez (y otrxs) y especialmente con los impactantes actos corporales colectivos  de estudiantes que resultaron de sus talleres de “Hincapié” en el teatro Julia Burgos del Departamento de Drama.

Lo que queda grabado para mí del trabajo de Soto es su montaje (con Pepón Osorio) de “Historias” (Rompeforma y FESTELAT ’93). Escribí entonces: “La acción y representación visual de la esterilización femenina y el proceso de recuperar una sensibilidad humana encontró un gesto físico-expresivo múltiple que comunicó el dolor de la pérdida forzada de una identidad regenerativa y la alegría de poder rescatar y hacer florecer a otra” (“El teatro puertorriqueño reimaginado”, 302-03). Esos cuerpos, rodando en ese piso (si recuerdo bien) dejaron huellas (en mi mente, por lo menos). Yo sentía algo igual con su increíblemente bello trabajo más reciente con ramas (“branches”) de árboles en el Museo de Arte Contemporáneo.

No obstante, Marion Ramírez es fenomenal y hace suyas las coreografías escogidas de Soto, Vázquez y Bravo. Tal vez, esto es el cuarto punto de la premisa detrás de “Cambios de táctica”: otrxs bailarinxs pueden apropiarse de ellas – excepto, tal vez, las de Viveca – y literalmente reubicarlas en contextos nuevos y, tal vez, con significados cambiados. Importa poco que no recuerdo esas coreografías ni que no tengo una memoria explícita de  Ramírez bailando dentro de Rompeforma ni con unx u otrx de lxs maestrxs de baile y danza en Puerto Rico más temprano en su carrera. Su dominio de su propio cuerpo y su arte es obvio e impresionante, como es su flexibilidad física-plástica-corporal de ocupar los espacios esbozado por las coreografías de Merián, Viveca y Petra, y revivirlas con una creatividad dinámica muy suya que presta continuidad y perduración a características coreográficas antes encerradas en los cuerpos de sus creadoras.

Además, el trabajo de Marion con las jóvenes bailarinas Alanys Cardona Oropeza, Carmela Cruz, Sara Isabel Núñez Torres y Sabrina Enid Valerrama Calderón merece mención especial. La integración de ellas en el proyecto – creando una nueva generación que aprenda a defenderse entre tantos talentos – me parece como uno de los logros más importantes de “Cambios de tácticas”. También es un buen momento mencionar la siempre sustancial colaboración como diseñador de luces y director técnico de Juan Fernando Morales.

Conclusión

Hace varios años asistí a un “site-specific” performance innovador de Alejandra Martorell en un pozo de un riachuelo del río Piedras en el barrio Venezuela en Río Piedras. No pude escribir sobre ese evento en ese momento, pero surgió como la primera memoria en mi imaginación al ver la apertura de Alejandra en I MAPA y TRANSICIÓN 1 de “Cambios de táctica”.  Su soltura e “ease” de movimiento y su relación al mapa de textos escritos y la intervención de las danzantes jóvenes para doblar las telas del mapa me dejó fascinado por un rito secular de pasaje, tanto para Alejandra como para esta función porque mostraba su maestría de cuerpo como no la había visto antes y creó un sentido de suspensión estética, un marco de asombro que daba entrada y que duró a través del resto de la función.

La “Escuelita fenomenal de Rompeforma” culminará en noviembre de 2025 con talleres en el Departamento de Drama de la UPR, Río Piedras y el Museo de Arte Contemporáneo dirigidos por Eiko Otake, que terminarán en una charla/performance en el teatro de la UPR.

 

 

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