Especial para En Rojo
El espacio y el paso del tiempo son temas fundamentales en el cine de Richard Linklater. A través de los 90, mis amigos y yo vimos incontables veces Dazed and Confused (EE.UU., 1993). Esta es la película perfecta para un compartir entretenido entre jóvenes adultos porque trata sobre el último día de clases en una escuela superior en Austin, Texas. Varios grupos de graduados gozan de su nueva libertad fumando marihuana con amigos, discutiendo sus vidas y futuros con otros y desafiando a los adultos que los rodean. Tanto como la década de los 70, que la película retrata con una inocencia y picardía deliciosa que muchos espectadores añoramos, presenciamos el último adiós a una adolescencia que idealizamos. Nos podemos ver en el personaje de David (Matthew McConaughey), el joven adulto que se niega a crecer y conduce por las calles disfrutando los espacios juveniles a los que quizás ya no pertenece, pero que son duros de dejar. Linklater construye un Austin con un toque nostálgico que se siente como una fantasía setentosa que sobrevive en cada reunión con amigos del pasado. La nostalgia inspirada por la película lleva a la risa y al recuerdo compartido con personas que nos acompañaron en la juventud, pero que posiblemente ya se han ido.
Experimentamos el mismo sentimiento al final de Before Sunrise (dir. Richard Linklater, EE.UU. y Austria, 1995), donde Linklater nos lleva a revisitar los lugares en Viena que exploran Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) en uno de los encuentros nocturnos más románticos del cine. La mañana siguiente, después que Jesse y Celine se despiden, transitamos los mismos lugares donde ellos compartieron. Viena pasa de ser un espacio nocturno de ensueño a otro de ausencia en la mañana por la separación de los amantes. El tiempo altera la experiencia del espacio enfatizando la ausencia, pero sin perder de vista las futuras vivencias que seguirán transformando esos lugares. Las dos películas más recientes de Linklater, Blue Moon (EE.UU. e Irlanda, 2025) y Nouvelle Vague (Francia y EE.UU., 2025), reconstruyen espacios de una resonancia cultural que persiste a través del tiempo, aunque de diferentes maneras.
Blue Moon comienza con la muerte de Lorenz Hart (Ethan Hawke), el escritor de éxitos del cancionero estadounidense de las décadas de los 30 y 40. Este se desploma bajo la lluvia en una calle de Nueva York. Desde este punto futuro en la vida de Hart, la historia nos lleva a tan solo unos meses antes justo después de la premier del musical Oklahoma! Hart espera el grupo de artistas que vendrán a celebrar el triunfo de la obra en Sardi’s, el famoso restaurante en Broadway con las caricaturas de estrellas del teatro en la pared. El director de fotografía, Shane F. Kelly, sumerge al espectador en el marrón rojizo de la madera que dominan el ambiente de Sardi’s junto a la barra, donde se lleva a cabo casi toda la acción. El espacio debe oler a humo de cigarrillos y a whiskey, parte de su encanto. Linklater nos cuenta la historia como en una obra de teatro porque se limita al vestíbulo del restaurante, donde Hart espera encontrar a Richard Rodgers (Andrew Scott), el compositor de Oklahoma! que estuvo envuelto en una relación profesional con el escritor 16 años antes. Rodgers rompió su colaboración con Hart por su alcoholismo y conductas autodestructivas. Sin embargo, en el universo dentro del vestíbulo de Sardi’s, la tristeza y amargura de Hart toman otras dimensiones. Aunque lucha contra sus ganas de beber en la barra, Hart tiene una audiencia en el bartender (Bobby Cannavale), el pianista (Jonah Lees), y otros personajes que entran y salen por momentos. En cada intercambio, Hart revela sus inseguridades, la homosexualidad que se disfruta, su amor por la belleza, que incluye su obsesión con la joven actriz, Elizabeth (Margaret Qualley), y sus críticas al trabajo de Rodgers que muchos celebran esa noche. La imagen de ese pasado que Linklater plasma en su maravillosa película se perpetúa en la tradición de teatreros que todavía celebran en Sardi’s, inmersos entre los fantasmas de un pasado glorioso.
En Nouvelle Vague, Linklater revisita el París de Breathless (dir. Jean-Luc Godard, Francia, 1961), una de las obras más representativas de la Nueva Ola francesa. Su estética influyó en clásicos como Taxi Driver (dir. Martin Scorsese, EE.UU., 1976) y en Dogme 95, el movimiento danés que lleva el cine a su forma más pura y con presupuestos limitados [una de mis favoritas de Dogme 95 es The Celebration (dir. Thomas Vinterberg, Dinamarca y Alemania, 1998)]. En ese París de principios de los 60, el cine francés entraba en una efervescencia juvenil y creativa liderada por directores que aparecen en la película de Linklater como François Truffaut (Adrien Rouyard), Claude Chabrol (Antoine Besson) y Agnès Varda (Roxanne Rivière), entre otros. Algunos, como Godard (Guillaume Marbeck), el protagonista de la película, empezó como un crítico que quería filmar un desafío a todas las normas estéticas del cine de la época. Linklater recrea las dinámicas divertidas entre las figuras esenciales que participaron en la producción, desde los actores, Jean Seberg (Zoey Deutch) y Jean-Paul Belmondo (Aubry Dullin), hasta las luchas de Godard con su productor, Georges de Beauregard (Bruno Dreyfürst), y la colaboración con el director de fotografía, Raoul Coutard (Matthieu Penchinat). Linklater construye un París en blanco y negro usando las mismas tecnologías cinematográficas de la época, dándole a la ciudad la textura visual del cine de Godard que también se ve en su Band of Outsiders (Francia, 1964). El París sesentoso de Linklater nos invita a fumar un cigarrillo mientras nos tomamos un café esperando alguna joya musical de Jacques Demy [vean la belleza de su Los paraguas de Cherbourg (Francia y Alemania Occidental, 1964)] o mi maravilla favorita de Agnès Varda, Cléo de 5 a 7 (Francia e Italia, 1962).
En Blue Moon y Nouvelle Vague, Linklater explora el punto de vista crítico de un letrista genial y el proceso creativo de un director que revolucionó el cine. En Blue Moon, Hart critica el simplismo sentimentalista de Oklahoma! Su visión artística es evidente en una de mis canciones favoritas de su autoría, “Bewitched, Bothered, and Bewildered,” especialmente cuando es interpretada por Ella Fitzgerald o Sinéad O’Connor. Esta canción captura la realidad de un romance que empieza con un ensote, pasa al disfrute sexual acompañado por los problemas con el amante y concluye con la ruptura de la relación. Las diferentes etapas amorosas en la canción marcan el pasar del tiempo en esta, reflejando la complejidad de la escritura de Hart. En Nouvelle Vague, Linklater adentra en la lógica desafiante de Godard en su uso de improvisación, de técnicas de edición y fotografía que iban contra la norma, y en su insistencia por la espontaneidad creativa. En ambas películas, Linklater examina dos artistas carismáticos con personalidades problemáticas cuyas aportaciones al arte definieron un momento en la historia del teatro, la música y el cine.
Gocen de Nouvelle Vague en Netflix. Aunque Blue Moon todavía no se consigue en streaming, manténganla “en periscopio,” como dice mi amigo Miguel López de Llovio.



