El Monumento a Eugenio María de Hostos cumple cien años. Fue el primero que se erigió en nuestro país, en América Latina o en cualquier otra parte del mundo para honrar la memoria, la obra y los logros de Hostos.[1]
Hay que comenzar por decir que este Monumento representa un acto de autogestión y de afirmación puertorriqueñista. Fue una propuesta del Lcdo. José Agustín Balseiro, oriundo de Barceloneta y egresado de la Escuela de Derecho de esta Universidad. Y es importante destacar que lo sufragó el pueblo de Puerto Rico. Los trabajos que se realizaron son prácticamente como los hubiera deseado Hostos, porque se hicieron mediante el empeño unido y afirmativo de quienes representaron bien a nuestro pueblo.
El 10 de enero de 1924, el Lcdo. Pepito Balseiro publicó en el periódico El Mundo una carta pública dirigida al Juez Emilio del Toro Cuebas. En esa carta, que apareció en primera plana, le proponía a del Toro Cuebas la creación de este monumento. Don Emilio aceptó la propuesta y subsiguientemente se creó la Asociación Conmemorativa Eugenio María de Hostos con el fin de erigirlo.
En años anteriores, específicamente en el 1916, el gobernador norteamericano de turno, Arthur Yager, había puesto a pelear a la familia de José Julián Acosta y la de Hostos, ofreciéndole un busto al que obtuviera más votos en un certamen en que los estudiantes de las escuelas públicas, mal informados y acaso influidos por sus maestros, votarían por uno de estos dos magnos educadores. Fue la típica maniobra colonial: Divide e impera.
En cambio, una propuesta como la de Balseiro, implicaba una instancia de autogestión y decolonialidad, haciendo a nuestro pueblo partícipe en el proceso de crear el monumento y logrando con este esfuerzo un acto de justo reconocimiento. En aquellos momentos, nuestro país estaba sometido a la más indignante sujeción colonial. La educación pública se realizaba en lengua inglesa de forma obligada y en violación de nuestros derechos, e incluso hasta el 1930 se prohibía la celebración de una de las tradiciones que más ha significado para nuestro espíritu musical. Me refiero a la tradición de los Reyes Magos, que había sido censurada. El afán del régimen colonial era evidente: convertir a nuestra gente en buenos americanos.[2]
La manera plural como procedió la Asociación Conmemorativa, sin duda, abonó al reconocimiento y respeto de la diversidad política y de género. Estuvo compuesto por una pléyade de puertorriqueños y puertorriqueñas que sentaron cátedra. Se seleccionó de presidente a don Emilio del Toro Cuebas, expresidente de la Corte Suprema de Puerto Rico y quien posteriormente ocuparía la posición de síndico de la Universidad. Además, aunque era un ferviente anexionista, pero no le caracterizaba el fanatismo político. Ángela Negrón Muñoz, una periodista feminista y sufragista, presidenta de la Asociación Feminista Educativa, sería la vice presidenta. Eduardo Georgetti, hacendado y hombre de negocios, sería su tesorero. Balseiro, que era poeta y abogado, fue uno de sus dos secretarios. La poeta, María Cadilla, y la activista Amina Tió de Malaret, escritora, feminista y sufragista, fueron dos de las vocales, que incluían también al exalcalde de San Juan, Roberto H. Todd. La familia Hostos fue consultada y estuvo informada de los trabajos que se llevaron a cabo. La forma consensuada como se trabajó podría servir de ejemplo y modelo a las iniciativas de hoy en día, en las se excluye a quienes difieren y expresan divergencias.
Una de las primeras determinaciones que debió tomarse fue decidir el lugar idóneo para instalar dicho monumento. Se discutieron dos opciones: ponerlo en el Capitolio de Puerto Rico, o en nuestra Universidad. Esta última, instalarlo en el campus universitario, fue la que ganó mayores simpatías y resultó la adoptada, pues se pensó que debería servir de inspiración para los jóvenes estudiantes de esta institución. Pudiera haberse extendido ese carácter inspiracional a la facultad, el personal y los trabajadores de esta institución.
La campaña de recaudo de fondos fue muy eficaz. En dos años se logró recoger $9,487.69 que hoy es comparable a unos $174,000. El contrato que se estableció entre Balseiro y el escultor en 1924 fue de 50,000 pesetas, que traducidos a dólares serían aproximadamente $8,550, lo que equivale a $162,175.75 en el 2026, ajustados por la inflación. El ejecutor del proyecto fue tan ahorrativo que consiguió que la Compañía Trasatlántica Española donara el costo del embalaje.[3]
Estos números reflejan una realidad digna de reflexión. Distinto a lo que ha sucedido durante los últimos 40 años en nuestro país, cuando los gobiernos de los dos principales partidos políticos han actuado de manera irresponsable, que ha producido una deuda astronómica e impagable, por la que no se ha fijado ninguna responsabilidad, los que levantaron este monumento actuaron de la manera más eficiente y responsable para demostrar que los puertorriqueños tenemos la capacidad de autogobernarnos y de ejercer nuestra soberanía. Para la construcción de esta hermosa obra escultórica, no se le pidió un centavo a la Legislatura de Puerta de Tierra ni al Congreso de los Estados Unidos.
El monumento, propiamente, consiste en un grupo escultórico que nos remite a las ideas del poeta francés Paul Valéry. En su Crisis del espíritu, de 1919, Valéry, propugnaba por el retorno de esa Europa estropeada y desastrada por la Primera Guerra Mundial a los valores helénicos clásicos, pero desde una perspectiva de la modernidad. Sería un modo de reparar el daño terrible que se le había infligido a la cultura europea en ese conflicto bélico. El texto del poeta francés se tornó influyente. De ahí que pocos años después, el escultor Macho incluyera dos cariátides (literalmente: ninfas de los nogales) que son normalmente columnas de soporte en las construcciones clásicas griegas. Pero en el Monumento son relevadas de esa función, para convertirse en símbolos: Patria y Sociología, dos estatuas hieráticas, que, en la visión del escultor, instruido por Balseiro, se refieren a dos importantes pilares del pensamiento hostosiano. En el sentido más amplio, la Sociología puede interpretarse como el profundo interés de Hostos por las ciencias sociales, pues además de sus contribuciones a esa disciplina, ocupó la cátedra de Administración pública e inauguró la de Economía política en el Instituto Superior de Santo Domingo en la década de los 1880. Además, hizo aportes considerables a la enseñanza de la Geografía con el desarrollo del método concéntrico o evolutivo, cuando era rector y profesor del Liceo Amunátegui en Chile, en 1895, que fue premiado y publicado durante la reforma educativa de ese país.
En tiempos en que se concibe, imagina y diseña el Monumento, ya cundía la represión contra el independentismo en nuestra patria y no podía mencionarse la palabra Patria sin producir incomodidad. Algún fanático, celoso de las normas represivas del imperio, ordenó que se eliminaran las bandas en las que se inscribían esos dos nombres. De modo que durante muchos años el Monumento que esculpió Victorio Macho estuvo huérfano de ese elemento arquitectónico de obvias resonancias políticas y conceptuales. No fue sino hasta la incumbencia de la Dra. Gladys Escalona, durante la primera década del siglo 21 que se restituyó el nombre acriollado de las dos cariátides mediante su inscripción en el basamento, realizada por el artista y grabador puertorriqueño Luis Abraham Ortiz.[4] De modo que podemos decir que ahora están inscritos en piedra.
Desde el busto, que es el elemento central del conjunto, el pensador mira hacia el futuro con una actitud firme y podríamos pensar que proactiva; esa mirada es la del Hostos Hacedor, que nos dice la crítica argentina la Dra. Adriana Arpini.[5] Allí está sugerida esa combinación que caracterizaría a nuestro gran educador: hombre de acción y de reflexión. Se trata—y es hora de decirlo como un acto de justicia— del escritor más inclusivo del siglo 19 en América Latina y de uno de los fundadores del pensamiento crítico de nuestras culturas caribeñas y latinoamericanas, cuya inclinación visionaria y obra previsora proponía la igualdad de todas las razas y las etnias, del hombre y la mujer, de un pensador que detestaba las guerras y quien tenía una conciencia ecológica.
Esto es lo que dijo sobre Hostos Tulio Manuel Cestero, el escritor y diplomático dominicano, en el discurso que explicaba la resolución que presentó en la Octava Conferencia Interamericana de Lima, el 16 de diciembre de 1939, que designaría a Hostos Ciudadano eminente de América:
Espléndida vida: periodista, escritor, maestro, sabio con ideas propias y en una sola expresión, americano. Eso fue Hostos, servidor de los pueblos de América y de su solidaridad. Pelea y sueña, comprende y edifica, para que la civilización de América, sin exclusivos de razas ni de credos, pues la tolerancia es una de las virtudes de su noble ánimo, satisfaga en todos los hombres, su derecho pleno al bienestar y a la libertad.[6]
Antes de que llegara el monumento a San Juan y que pudiese juzgarse la obra del escultor, así se expresaba el crítico venezolano, Rufino Blanco Fombona, quien lo vio en Madrid, en el taller del artista, y reaccionó de la manera siguiente:
¿En honor de quién va a erigirse en la isla de Puerto Rico este monumento que, en el taller del joven escultor, contempla reverentemente el grupo de hombres y damas? En honor de Eugenio María de Hostos.
Fue durante su vida entera un benefactor. En Venezuela comienza a difundir, en el Colegio de Soteldo, lo que aprendió en España, lo que la vida e ininterrumpido estudio le enseñaron más tarde. Es profesor de Derecho Constitucional, por una serie de años, en la Universidad de Santiago de Chile y por otra serie de años es profesor de Sociología, Derecho Internacional y Derecho Penal en la República Dominicana.
Y cuando no enseña desde la Cátedra, enseña desde la Prensa o por medio del libro. Y su mejor enseñanza la dio viviendo una vida pura, austera, de deposición, de sabiduría, de bondad, de utilidad, de amor…
Bien está el fuerte pensador, de tan fuerte vida, en el monumento del fuerte escultor de arte tan fuerte.[7]
Estas son las frases con las que consagra dicho monumento Ángela Negrón Muñoz en su discurso del 11 de agosto de 1926:
[…] las mujeres feministas de Puerto Rico, al erigirse la estatua que perpetuará la memoria de este apóstol, quisieran que en ese bronce y en ese mármol, palpitase también el esfuerzo de ellas, como hoy vienen a llenar de rosas este recinto. […] en Puerto Rico, todavía, una mitad de sus ciudadanos está privada de sus derechos políticos, y tú nos enseñaste que en los pueblos donde esto ocurre, no puede existir sino una democracia a medias.[8]
En un artículo de 1939, para conmemorar el Centenario de Hostos, Balseiro rememoraba con carácter definitivo, que, mediante este Monumento, logramos que de Hostos empezara a ser algo más que un nombre para el corazón y la cultura puertorriqueños.[9]
Importa señalar que al final de la ceremonia de dedicación, del 11 de agosto de 1926, un grupo de estudiantes nacionalistas interrumpió el silencio que siguió a la colocación de los arreglos florales para depositar la proscrita bandera monoestrellada sobre las flores que adornaban el pedestal del Monumento.
En la buena tradición del pensamiento crítico hostosiano, durante los últimos 60 años, los discursos frente al Monumento se han convertido en un foro en el que se tratan los problemas y asuntos que afectan a la sociedad puertorriqueña. Eso representa un verdadero enriquecimiento para nuestra sociedad civil y da la medida de la actualidad y pertinencia de las ideas de Hostos.
Nuestra Universidad tiene la encomienda de proteger este Monumento, dar a conocer su importancia a sus estudiantes, profesores, trabajadores y su personal, y proyectarlo como un valioso legado a nuestra Cultura, a nuestra Historia y a nuestras luchas. Deberá ser, como hoy, el lugar de encuentro de quienes tenemos interés por continuar la obra de educación emancipadora y las propuestas cívicas que concretó el Maestro Hostos en su iniciativa de la Liga de Patriotas Puertorriqueños, en su acertada defensa de la Naturaleza, y en sus planteamientos a favor de los derechos humanos y del trato amable hacia los animales.
Muchas gracias.
11 de enero de 2026, Universidad de Puerto Rico-Río Piedras
El autor es co-coordinador de la Comisión Nacional Hostos 180.


