Quiero hablar de libros. De lo que encontramos a pasos de la Gran Vía. Sin embargo, de vez en cuando es mejor comenzar por el principio.
Apenas habíamos llegado a la capital de España. Las ocho horas de vuelo pesaban más que las maletas. Llegamos al hotel y decidimos caminar un poco. Veo a un señor de mediana edad presto a cruzar la calle con una bandera española a la manera de Superman. Lo seguimos.
Resultó que nos metimos en medio de una manifestación en la que la derecha aprovecha la crisis en Ceuta para pedir la renuncia de Pedro Sánchez. Tari Beroszi es fotógrafa y yo soy periodista, entre otras vicisitudes, de modo que había que documentar. Pero esa es otra historia. Ya la conté. Hasta video les compartí.
Ahora les digo que cayó la noche y yo tomé una siesta a deshora. Luego, otra vez, decidimos volver a caminar. A pasos de la Gran Vía -Hortaleza 5- descubrimos la Librería Pérez Galdós. Un espacio como los de antes, nada fancy, atiborrado de libros. Allí hay una colección de miles de libros. Centenares de títulos agotados. Novedades. Reediciones hermosas de clásicos. Compra y venta.
Cuando miré la vitrina ya sabía que al menos tres libros de aquellos miles regresarían conmigo. Arte. Literatura. Guerra Civil.
No he dicho que eran las 10:30 p.m. cuando la descubrimos y la Gran Vía, la calle Hortaleza y el librero estaban más despiertos que nosotros. Olviden la concentración política por ahora. Este es el relato de la Librería Pérez Galdós y don Pepe.
Don Pepe es el librero. Estaba al fondo actualizando el catálogo y atendiendo a los lectores y lectoras que a esa hora desusada buscaban clásicos o lo más reciente. Hice todo el esfuerzo posible por admirar títulos y ojear otros sin pensar en adquirirlos. Sin embargo, en cinco minutos ya tenía tres libros en las manos. Tari buscaba los mejores ángulos para alguna foto. Entonces comenzamos a hablar con don Pepe.
Pepe González de Paz. Simpático, locuaz, nos cuenta que esta librería fue fundada en 1947 por el nieto del escritor Benito Pérez Galdós. Y sí, al otro día, ah, porque por supuesto, volvimos, ya González sabía que el autor de Doña Perfecta fue, en 1886, diputado por Guayama, Puerto Rico, en las Cortes Españolas.
La librería se conserva, con ligeros cambios, como la tenía el nieto del escritor. Don Pepe la adquiere en los años noventa del siglo pasado y, hasta hoy, se mantiene ofreciendo no solo libros sino un caudal de conocimiento literario, histórico y gastronómico. Si, don Pepe es estudioso y estudiante. Toma cursos de gastronomía en la mañana. Él le da una perspectiva sociológica al asunto. Y cerca de las once de la noche la librería está abierta de par en par para charlar con él.
Allí llegó una norteamericana buscando un libro que le permitiera practicar español, “no castellano”. González se trepa en una escalera para buscarle lo que quiera mientras le da un breve mini curso sobre las diferencias y similitudes entre el castellano y el español.
Una muchacha de Murcia, vestida para ir a la discoteca, entra acompañada de una amiga. Está buscando El maestro y Margarita, de Mijail Bulgákov. Me sorprendo, qué sé yo, porque a esas horas, y como que va a la discoteca. Pregunto si son estudiantes de literatura. No. Se trata de leer por gusto. No me hecho a llorar de alegría porque no quiero que mis emociones abrumen a desconocidos.
También se asomó una señora que andaba con prisa pero vio tanto libro que entró a preguntar si tenían uno que venía con un mono en la portada. Se la puso difícil a don Pepe. Pensé en La política de los chimpancés, de Frans de Waal, pero hice silencio. No hubo manera. Ella prometió que volvería con el título.
Me alejé hacia alguno de los estantes que llegan hasta el techo. Literatura, fantasía, historia, misterio, novelas, arte, gastronomía, por supuesto. Las aventuras de Gordon Pryme de Poe a la izquierda. A la derecha Los rateros de William Faulkner. Por allá veo Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso, que no es de mi autoría. Es de Miguel Delibes aunque yo escriba cartas en ese tono.
El asunto es que si quieres lo más reciente, don Pepe lo tiene. Que si quieres A practical English Grammar, él busca una escalera y te lo entrega en la mano. Lo mejor de Ernesto Sábato, también. Y, por supuesto, lo que quieras de Benito Pérez Galdós.
Este gran librero me hace pensar en los buenos que conocí y conozco: Gallagher, que parecía más un administrador de prisiones pero tenía un gran espacio; Luis Negrón, formidable escritor con el que comparto el amor por los libros bien diseñados; Leah, buscando en el caos de Mágica y en la pequeñez de la Librería del ICP; Eddie Ortiz, sugiriendo joyas con su mal humor que es buen humor. Don Pepe, por otro lado, es un sabio noctámbulo, conocedor de todos los temas, de alegre plática. Así que, llegar a la Librería Pérez Galdós en la noche es encontrarse con un experto en sugerir títulos adaptados a los intereses y gustos específicos de cada lector.
A mí me sorprende que tenga la vitalidad de un muchacho. Estudia en las mañanas. A las once de la noche te puede presentar joyas descatalogadas, libros de autores menos conocidos o independientes que pueden pasar desapercibidos en grandes cadenas o plataformas online. Y si le mencionas alguno que no conozca, en tres minutos lo busca y lo manda a pedir. Resulta que hablando de gastronomía le sugerí Un festín en palabras: Historia literaria de la sensibilidad gastronómica desde la antigüedad hasta nuestros días, de Jean Francois Revel, que leí hace unos años. Cuando regrese en una semana seguramente lo tendrá disponible.
Sé que es cómodo buscar libros en Amazon. Pero es placentera la interacción directa con el librero que puede hacer que el proceso de compra sea más agradable y menos impersonal. No es una compra en un sentido estrictamente mecánico. Es un intercambio humano de conocimiento.
Además, hemos viajado desde el otro lado del Atlántico para confirmar que al comprar en librerías independientes, los lectores apoyan a pequeños negocios y contribuyen al desarrollo cultural de su comunidad. Y si bien Madrid, o la calle Hortaleza no es mi comunidad, gracias a don Pepe y ha la Librería Pérez Galdós hemos desarrollado un vínculo significativo con un espacio y con un amigo que enriquece la experiencia de lectura en múltiples niveles.
fotos de Tari Beroszi









