La memoria se borra; las huellas de la historia se van destiñendo. Es uno de los temas principales de “Cien años de soledad” y en el mundo de la inundación de información cibernética y ahora inteligencia artificial, lo que constituye el pasado parece transformar o desparecerse de un día al otro.
¿Y qué puede hacer el teatro frente a esta erosión de la memoria compartida?
En Vieques surgen hechos indiscutibles: la ocupación militar de la mayoría de los terrenos, los desahucios de la población de esos terrenos, la práctica de bombardeo e invasión de guerra por la Marina de Estados Unidos y marinas de guerra de otras naciones, la contaminación — hasta radioactiva — y los escombros – hasta bombas sin explotar – militares y la alta incidencia de cáncer entre los residentes.
También verídicos son los hechos de la economía agrícola de Vieques antes de 1939, su desaparición después, los abusos de los marinos en el pueblo y las protestas desde los años 1950s hasta los 1990s. Como resultado, el movimiento masivo viequense — con la importante participación de sectores puertorriqueños y una red de apoyo internacional – que creció con la muerte de David Sanes en abril de 1999, forzó la salida de la marina de Vieques en 2004.
El logro parece inolvidable – tan inolvidable (o más) como la renuncia forzada del entonces gobernador Ricardo Rossello en el verano de 2019. Y todavía lo es para la(s) subsecuente(s) generación(es) del mismo germen minoritario que lanzó sus ideas, cuerpos y botes de pescar contra la Marina de guerra de Estados Unidos en las últimas décadas del siglo 20.
No obstante, el Vieques de hoy muestra poco de la efervescencia y compromiso compartido de esos años de lucha. Parecen más en evidencia los efectos de su economía inflada de turismo estilo AirBnB y carritos de “golf”, los valores de propiedad asequibles solamente a “extranjerxs”, el crecimiento de la población norteamericana, el inglés como lengua franca y la falta de trabajo adiestrado para viequenses.
Para completar el cuadro, añadimos temas recurrentes: la población viequense como rehén al servicio inadecuado del “ferry”, la todavía incumplida promesa de un hospital y los precios en supermercados y ferreterías más altos – a veces hasta el doble – que los de Puerto Rico.
Estos son los “hechos” que permean el texto de “Porque Vieques es nuestra casa”, la obra teatral presentada el 23 de octubre de 2026 en el Centro de Usos Múltiples de Isabel Segunda. En mi más de tres décadas de enlace directo con Vieques nunca había visto una obra teatral así: un acto de creación colectiva de un elenco de viequenses de edades entre ocho y 60+ años que se basa cien por ciento en las voces, testimonios y memorias de informantes viequenses. Ciertamente, había historias orales publicadas anteriormente, pero esto fue el proceso de viequenses actuando en cuerpo vivo las acciones y palabras de compueblanos (y ellos mismos) en un espacio público viequense.
Las raíces de este tipo de trabajo extienden a América Latina en los años 1960 y 1970. Uno piensa de la “Pedagogía del oprimido” de Paolo Freire y grupos como el Teatro Experimental de Cali de Enrique Buenaventua y especialmente el “Teatro del oprimido” de Augusto Boal. A través de la investigación destapan y rescatan voces, memorias, cuentos e historias personales para crear un texto vivo de una amplia y variada base de informantes locales.
El proyecto facilitador artístico-etnográfico-comunitario “Escenas” comenzó en Río Piedras en 2008 con lxs teatrerxs-maestrxs-activistas transdisciplinarixs Jessica Gaspar, Jennifer de Jesús y Heriberto Ramírez. Desde entonces han facilitado obras colectivas comunitarias en Cabo Rojo, San Juan, San Sebastián, Mayagüez, Cayey, Toa Baja y en 2025 trabajaron en Culebra para crear una obra para celebrar los 50 años de la salida de la Marina de esa isla-municipio.
¿Qué pasó en Vieques? Con ese trasfondo, “Escenas” y colaboradores viequenses realizaron una investigación de más de seis meses para facilitar lo que estrenaría el 23 de octubre como “Porque Vieques es nuestra casa”. El proceso también trae consigo las técnicas de creación colectiva y el Teatro del oprimido: juegos físicos de confianza, improvisaciones, memoria visual, interacciones corporales, libre asociación verbal y pequeñas escenas de conflicto u opresión y sus posibles resoluciones.

El taller intensivo cubrió tres días para construir un texto de cortas escenas (o gestos teatrales) que captaron el hilo conductor de la cronología de Vieques en los siglos 20 y 21. Son puntos de intensidad, rayos vivos que iluminan la historia sociocultural pero también interpersonal de generaciones de viequenses. Objetos concretos específicos sirven como puntos compartidos de referencia: la tina en que la Abuela baña su Nieta, la sección de verja ciclón que crea la cerca y el portón de Camp García y el caballo de estrellitas que llevan lxs niñxs del escenario al público al final de la obra.
El agarre tanto físico-visual como temático-verbal de la historia oral se transmite a través de las voces y cuerpos de los actores viequenses. Algunxs tienen experiencia, pero la mayoría están descubriendo un talento humano innato de crear, comunicar y expresarse con arte y sentido. Somos todos artistas, como diría Augusto Boal, y la espontaneidad, energía, innovación, precisión y textura que los alrededor de 15 integrantes de este proceso histórico-performativo nos dejan, como público, no solamente con memorias y cuentos del pasado, sino en la posición de rescatar nuestras propias acciones concretas de protestar, marchar, cantar. compartir y resistir.

Termino por referir tres escenas: en la primera, la abuela recuenta a su nieta del Vieques que existía antes de la ocupación y los desahucios, la vida agrícola, la naturaleza y los baños de yerbas curativas – es una visión nostálgica, pero a la vez verídica en que, a pesar de la pobreza de la época, la vida viequense entonces proveía una diversidad y autonomía ya pasado por alto. La segunda escena divide el escenario por la verja y el enfrentamiento de los militares armados por un lado y los viequenses protestando por el otro. La tercera utiliza la misma verja para que el elenco, como hace 25 años, pueda enlazar cintas blancas para recordar lxs caídxs y lsx fallecidxs de los últimos 85 años. Los actores traen y nos hacen vivos estos momentos y mucho más en una asombrosa experiencia compartida de aprendizaje teatral.
Gracias al proyecto “Escenas”. También nuestro agradecimiento a Humanidades-Puerto Rico, la Colmena Cimarrona, el Archivo Histórico de Vieques, la Alianza de Mujeres Viequenses, Vidas Viequenses Valen y Vieques en Rescate por apoyar este proyecto.
Casi todo lo que he escrito sobre teatro en los últimos cuatro meses ha sido sobre obras montadas en Vieques: “Ritos de agua” sobre Ismael Guadalupe de Agua, Sol y Sereno, “Mapa de la libertad: María Isabel de la Mota” del Teatro Rodante de la Universidad de Puerto Rico y ahora “Porque Vieques es nuestra casa”. Anteayer vi a Pedro Adorno en Isabel Segunda y me informó que habría funciones de “Ritos de Agua” en escuelas locales. Lo que parecía sequía ya se convierte en una lluvia refrescante y revitalizadora. Gracias muy especiales a Neisha, Alexandra y Elda por sus esfue








