Ahora es el tiempo de las iglesias: El evangelio de la resistencia

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Especial para En Rojo

 En el pasado, entre 1999 y 2002, cuando la Marina de Guerra de los Estados Unidos afectaba los recursos y la paz de Vieques, el pueblo católico y protestante de avanzada fue motor decisivo. Brindó apoyo logístico, entusiasmo organizativo, poder de convocatoria y una filosofía de raigambre pacífica, lo que dio un empuje trascendental al proceso de paz. Definitivamente, Vieques fue el punto de inflexión a través del cual hombres y mujeres del archipiélago conformaron un escudo a favor de un evangelio social, comunitario y ambiental de profundas implicaciones sociopolíticas.

Su presencia, particularmente articulada bajo los preceptos de la no-violencia, generó adeptos para la causa pacífica, permitió un clima de respeto y significó un momento de gloria para el cristianismo puertorriqueño.  Sin duda, los hombres y mujeres representados por las Iglesias a lo largo y ancho de Puerto Rico simbolizaron, en la lucha de Vieques, una corriente de fuerza vertiginosa, organización vital, dinamismo y brío sistemático, y, especialmente, el rostro de una Iglesia rebelde y comprometida con los pobres.

En la actualidad, corrientes teológicas y pastorales enfrentan diversas problemáticas en todo el mundo y sus pronunciamientos son cada día más relevadores de una actitud histórica y crítica ante los males de las sociedades, conforme a los signos de los tiempos.  Se han visto cómo agrupaciones laicales y grupos religiosos latinoamericanos transitan por el perímetro de la liberación y en ese contexto han sido fuerza vivificante en aras de luchar por la soberanía, el respeto por los derechos humanos, la protección del medioambiente y el reconocimiento y la justicia para las mujeres, los grupos originarios y afrodescendientes.

Por eso, en las circunstancias vigentes, es conveniente que las Iglesias en Puerto Rico tomen nuevamente la bandera de la protesta y la reivindicación nacional.  De ahí que sea vital que el movimiento cristiano, de fuerte vínculo con las clases desventajadas y de carácter puertorriqueñista, comience a organizarse para poder contrarrestar, desde el espacio boricua, las políticas antiinmigratorias del presidente Donald Trump, la fuerte presencia militar tanto en Puerto Rico como en el Caribe, las políticas de austeridad propulsadas por la Junta de Control Fiscal, el avance de un tipo de Iglesia adherida a los poderosos y la falta de acceso a la luz, producto de mal desempeño de LUMA.

Considero, distinto a lo que piensa algunos otros, que numerosos sectores de las Iglesia en Puerto Rico siempre han sido un eje central de las transformaciones y cambios.  Por ello, hoy día es imprescindible continuar en el plan salvífico de Jesús: la liberación de todas las estructuras del pecado aquí en la tierra.  Para lograrlo, hay que poner en marcha el ecumenismo y liderazgo que se exhibió en Vieques y en otros momentos, proyectar una pastoral abierta a la participación ciudadana y fortalecer el mensaje cristiano sobre la base del humanismo, las libertades, los derechos y la democracia.

El autor es maestro, misionero y autor de varios libros.

 

 

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