Especial para En Rojo
En estos primeros días del año, es habitual que las personas se deseen unas a otras un feliz año nuevo. En algunas sociedades antiguas, se creía que la palabra tenía poder mágico, como si bastara con decirlo, para que sucediera. En la sociedad actual, en la cual la palabra se utiliza tan a menudo con fines publicitarios y comerciales, no basta con desear un feliz año nuevo, para que 2026 sea mejor que el año que acaba de terminar. De hecho, basta con observar la realidad social y política de América Latina, Caribe y del mundo para darnos cuenta de los inmensos retos y dificultades que hay que superar. También a nuestro alrededor y en nuestra propia vida personal, no basta con cambiar los números del calendario para que las cosas cambien.
La ONU estableció el 1 de enero como el día de la fraternidad universal y, desde hace algunas décadas, muchas comunidades cristianas celebran la víspera del año nuevo con oraciones y vigilias por la paz.
Sin duda, para la convivencia fraternal entre los seres humanos y para que se establezca en el mundo la paz que proviene de la justicia, es fundamental que las personas se abran a la pluralidad cultural y religiosa y que podamos convivir a partir de la interculturalidad, como principio de diálogo y respeto entre todas las personas, comunidades y grupos humanos.
Podemos empezar por una señal sencilla, pero muy reveladora del etnocentrismo colonial, en el que aún vivimos. En todo el mundo, mucha gente vive el cambio de año, como si el 1 de enero fuera el comienzo del año para toda la humanidad. La televisión muestra fuegos artificiales en Pekín, China, como en Sídney, Australia, y de la misma manera en Nueva York y en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro. Sin embargo, el 1 de enero es la referencia del año nuevo para los pueblos y grupos que cuentan los años a partir de lo que se ha convenido llamar «era cristiana». No podemos olvidar que nuestros hermanos y hermanas de China (la segunda población más numerosa del planeta) solo celebrarán su Año Nuevo el próximo 17 de febrero y, para ellos, será el año 4724 y no 2026. El Año Nuevo tibetano (el 2153) tendrá lugar al día siguiente (18/02). El Año Nuevo hindú será el 19 de marzo (año 2083) y esta fecha es celebrada por la mayoría de la India, la nación más numerosa del mundo. Del mismo modo, las comunidades judías celebrarán el Rosh Rashaná («cabeza del año») el 11 de septiembre y este será el año 5787. Para las comunidades musulmanas, el año nuevo islámico (Hijri) celebra el aniversario de la hégira, la huida del profeta Mahoma de La Meca a Medina (en nuestro año 622). Este año nuevo será el 1448 y coincide con nuestro 26 de junio.
Poca gente sabe que en África, el pueblo de cultura yoruba, del que tanta gente vino como esclava a América, celebrará su año nuevo el 3 de junio. Será el año 10069. Es el de mayor numeración, lo que indica que es el más antiguo de todos los que se celebran en la humanidad. Se llama Kójodá y marcará el inicio de la cosecha del ñame, la plantación de los árboles de Obi y un nuevo ciclo lunar.
Hay otros que no he anotado, como el Año Nuevo andino (Inti Rami) el 21 de junio. Estos ya sirven como motivo para darnos cuenta de la diversidad de culturas y de cómo no podemos fingir que los demás no existen.
En este Año Nuevo, pongámonos también en comunión con esos grupos y pueblos que no lo celebran. Esto ya será un ensayo de un mundo multipolar y cultural y religiosamente pluralista. Solo así podremos caminar hacia un nuevo mundo, necesario y posible.
Un cacique iroqués afirmaba que debemos pensar en las consecuencias que las decisiones que tomamos hoy y las acciones que realizamos tendrán para nuestros hijos y nietos, hasta la octava generación. Cuando vemos tantas tragedias ecológicas y sociales, nos damos cuenta de que cada vez se acerca más nuestra última oportunidad de mantener la sostenibilidad de la vida en el planeta Tierra.
Así pues, hoy nuestro deseo de un feliz año nuevo se hará realidad si nos ayudamos mutuamente a ejercer la sensatez, la inteligencia, la humildad, la solidaridad, la comprensión, el amor y, por supuesto, todo ello en la lucha pacífica por las utopías en las que creemos.
Que la inspiración del Amor Divino nos acompañe en este camino.
Les deseo un feliz año nuevo con las palabras de una antigua bendición irlandesa:
«Que el camino sea suave bajo tus pies.
Que el viento sople suave en tus hombros.
Que el sol brille cálido sobre tu rostro,
Que las lluvias caigan serenas en tus campos.
Y hasta que, de nuevo, te vea,
Que el Amor Divino te guarde en la palma de su mano».
El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

