Convocar y recopilar como procesos: el caso de El archivo en fragmentos: voces, cartografías, bricolaje en la escritura de Marta Aponte Alsina

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En este sitio y en este mundo en que el que vivimos, somos principalmente los espectadores forzados de un genocidio. Atadas las manos y censurada la boca para evitar que nos expresemos, es preciso deshacerse de las imposiciones del “qué dirán” y de las instituciones que modelan a su manera qué es lo ético o qué es la diversidad y demostrarles que quienes las dirigen forman parte sustancial del mismo tramado genocida, auxiliado por gendarmes y paisanos resentidos y cobardes, ejércitos asesinos y poblaciones ladronas. Este es el genocidio que observamos en Gaza en este momento preciso junto con la secuela de violaciones a la libre expresión en las mal llamadas instituciones universitarias, todas vendidas al mejor postor de ayer y de hoy: gente innombrable como Trump, Netanyahu y sus secuaces, los presidentes y decanos de las universidades, los tribunales, las juntas administrativas y la secuela de agencias y sub-agencias federales que apoyan el despojo y la mentira. Entre otras acciones necesarias, es urgente escribir, testificar, continuar denunciando el crimen, la violación de derechos, los traidores que se mueven al amparo de las instituciones y, principalmente, el genocidio. La escritura es una acción que compartimos con los lectores en ánimo de con-mover. Pocas veces puede hacer lo que realmente quisiera. El ánimo de este volumen fue dar cuenta de una escritura que mueve a hacer, a criticar, a asumir responsabilidades. Con el volumen también rendimos cuenta de nuestro reconocimiento a la escritora Marta Aponte Alsina como una de nuestras narradoras más apegadas y fervorosas a la otra historia y a los relatos que comprometen nuestra vida como caribeños puertorriqueños. Mi homenaje particular consistió en recopilar este libro para ella y los futuros lectores y lectoras. Dada la acción de quienes colaboraron en el volumen y la mía propia como editora y prologuista, todos los demás discursos y panegíricos que se acostumbran en estos eventos sobran. Me consta que a Marta, sobria como es, los excesos le desagradan.

La idea surgió al comienzo del año 2024, y a mediados de junio del mismo año enviaba las primeras invitaciones a los colaboradores del volumen que celebramos hoy: El archivo en fragmentos: voces, cartografías, bricolaje en la escritura de Marta Aponte Alsina. Mientras observaba el acopio noté espacios abiertos que era preciso colmar por lo que, a mi segunda invitación, otra oleada de colaboradores se sumó con presteza al esfuerzo colectivo. Ya desde entonces tenía muy clara la diversidad de voces, estilos y escritos que deseaba congregar, una proliferación de textos que modulara y sostuviera el balance entre unos y otros hacedores en la empresa lectriz en torno a los temas que surgieran y los que ya se advertían dados los escritos previos que había congregado. Las lecturas iniciales de un texto encaminan la crítica por unas vertientes y me interesaba seguir el cauce que trazaban esas huellas y las bifurcaciones y transformaciones que estampara el tiempo a medida que el hacer crítico descubriera otros lugares, pasiones e intereses. De ahí la inclusión de varios ensayos ya publicados previamente. Deseaba dar cuenta de una cronología de las reacciones a su obra, desde aquellos primeros escritos hasta los más recientes, por lo que el volumen cuenta con ensayos y reseñas tan tempranos como los de Luce López Baralt y Manuel Clavell, que me parecen fundamentales respecto a lo que expresan sobre el estado de la narrativa puertorriqueña en ese momento, así como los temas y la forma en que se abordaban, y, más adelante, sobre textos que acompañaron el estallido causado por piezas como La muerte feliz de William Carlos Williams, Sexto Sueño y PR 3: Aguirre, además de una secuela de escritos recientes relacionados con el empuje prolífico de los últimos tres años. También deseaba pensar en un homenaje multifacético a Marta, que no solo es escritora y amante de animales y plantas, –y de ahí la inclusión de tres ensayos críticos que abordan la relación entre las ciencias botánicas y la narrativa,– sino que ella es también una presencia que disfruta injertar la disonancia en el fértil terreno del diariamente asediado archipiélago en que vivimos. Quizás por eso se produce una cierta satisfecha soledad y/o cautelosa distancia de la autora dentro del medio intelectual puertorriqueño; por ese desplante característico de ella frente al poder y quienes lo representan, por su distancia sagaz frente a las academias, por no ostentar una posición desde la cual validarse en el espacio de las instituciones universitarias, como también ocurrió con el poeta Juan Antonio Corretjer.  Marta no es ni carismática ni complaciente ni se pliega con facilidad a las necesidades del orden establecido. Más bien, es espinosa cuando cuenta anécdotas y cáustica cuando se incomoda, pero no por eso deja de ser generosa, cariñosa y tierna cuando se presenta la ocasión. Por eso, aparte de la sección ensayística donde hay también homenajes híbridos de Vanessa Vilches y Carlos Fonseca, intenté que la sección testimonial diera una medida de su carácter y del aprecio del que goza entre narradores que hoy rondan los cincuenta o cuarenta años, y que éstos presenten un retrato bastante preciso de quien fue y continúa siendo la autora. Las excepciones a ese cortejo generacional son el excelente testimonio de quien fuera su compañero en el Programa de Honor de la Universidad de Puerto Rico, el conocido narrador Edgardo Rodríguez Juliá y de la narradora y poeta Lourdes Vázquez, quien figuró en la antología de narradoras puertorriqueñas editada por la excelente profesora ya fallecida, María Solá, en la que Marta no figura. Me refiero a Aquí cuentan las mujeres. Muestra y estudio de cinco narradoras puertorriqueñas, publicada por Ediciones Huracán en 1990, cuatro años antes de que Aponte publicara su primera novela, Angélica furiosa.

Todo archivo es un laberinto en abismo, y como editora y compiladora de este volumen diseñé un archivo que me satisface. Se toma la ruta que preferimos sin saber con precisión qué revelará ni a dónde nos conduce, tan solo orientados por la intuición y cierta experiencia con las superficies rugosas, enrevesadas, traicioneras. El propósito de este laberinto no es salir, sino internarse en sus profundidades, conocer sus desvíos, desconocer sus rutas o quizás toparse con el minotauro que se halla en cada curva. El diálogo que entablan entre sí los textos de los colaboradores con el fundamento textual de Aponte genera aquí un pensar sobre varios temas: lo que serían las voces de un exiliado como lo fue William Carlos Williams y su madre y los lenguajes que desde esa suerte de “literatura menor” ambos gestaron avant la lettre, las cartografías que generó y continúa generando el colonialismo, la expropiación y exilio de sus habitantes y bienes, las fantasías barrocas, alienígenas y religiosas, narcóticas y góticas, las aventuras de la demencia y la discapacidad. El mundo vegetal, omnipresente en esta obra, así como el extenso y variadísimo paisaje donde la autora ha querido cifrar lo que constituye el más amplio archipiélago caribeño es notorio aquí. Me refiero al nombrado por Glissant y que se extiende desde la Isla Margarita en conversación con las costas venezolanas, pasa por el Caribe hispano y angloparlante, bordea el Atlántico Norte y discurre francofónicamente desde Haití y La Tortuga hacia Guadalupe y Martinica para regresar en un gran arco hasta Trinidad, formulando así un viaje a la inversa y en restaurativo ciclo continuo. Esa corriente o vertientes marítimas que se formulan en el viaje son una verdadera provocación y es necesario “marearlas” con maestría porque son las aguas que braman en torno a las islas que como una narradora empedernida, Marta aspira a conquistar. Por ese laberinto en abismo que pienso es todo archivo y, en este caso, el que yo misma construyo, me gustó tanto la propuesta visual que me envió Lissette cuando considerábamos cuál sería la portada, ambas fotos de Marta. En una, la llanura abierta destacando en tonos claros y texturas granuladas una arena surcada de huellas que fragmentan el territorio; y en la otra, lo que ya he llamado el laberinto en abismo, en diferentes colores, texturas y tonos, escarpado y desafiante. Pero, para regresar a la cronología de este montaje, quiero apuntalar que en mayo de 2025, exactamente en un año y medio, teníamos libro, y era necesario presentarlo para culminar el homenaje. Deseo agradecer a Marta Aponte, en primer lugar, por una obra extensa, compleja y variada; a las editoras Lissette Rolón Collazo y Beatriz Llenín Figueroa por su disposición inmediata a hacer de mi propuesta esta realidad en Editora Educación Emergente, a todas y todos los colaboradores que se aprestaron a confirmar su participación y cumplir con los “deadlines”. En este caso, la expresión inglesa me parece más precisa que la hispana, la fecha límite. La muerte acarrea mayores fatalidades que el límite. En mi caso, terminé mi prólogo “La poiesis de la desposesión” fuera de lugar y en un lugar liminar, un umbral desde donde todo es productivo, justo a fines de diciembre, justo después del 27 de noviembre, cuando llegaba mi segunda nieta, la fecha límite, íntima y familiar, por lo que la otra persona a quien dedico mi volumen es a mi hija Dafne Almar, quien dio a luz a Clara.

En mi prólogo destaco varias instancias que quieren ser políticas y éticas: 1) la poiesis colectiva que puede armarse entre los puertorriqueños de aquí, allá y entre medio para formar “los ejércitos del presente que apalabren una estrategia permanente y futura” (cito de mi prólogo) realizada a partir de nuestros propios recursos, 2) el establecimiento de Lectura del Parque Central de Bayamón como urtext de la escritura de Marta Aponte, una escritura donde el bricolaje fundamenta la sobrevivencia gozosa de todo lo que puede hacerse en medio del desastre, 3) la pertinencia que tiene en nuestro tiempo una poética documental, que es evidente tanto en la obra de Aponte, como en la de la poeta Muriel Rukeyser y la narradora Cristina Rivera Garza, entre otros tales como Diamela Eltit, Ernesto Cardenal, Roque Dalton, Anacristina Rossi y Lina Meruane, a quienes he trabajado recurrentemente. Los nombres del colectivo de colaboradores figuran en el índice y en la invitación de la presentación para que no se olviden. Quiero repetirlos en esta ocasión: Marta Aponte y Julio Ramos en la entrevista que abre el volumen, y, en los artículos, Malena Rodríguez Castro, Beatriz Llenín Figueroa, María Mercedes Carrión, Luce López-Baralt, Dafne Almar Duchesne Sotomayor, Ivette López Jiménez, Carlos Fonseca, Nayra Ramírez, Christopher Powers Guimond, Vicente Quevedo Bonilla y Vanessa Vilches Norat. En la sección de reseñas se hallan Juan Carlos Quiñones, Margarita Pintado, Manuel Clavell y Eugenio Santiago Valentín. En la sección de testimonios figura una plétora de escritores: iniciamos con Edgardo Rodríguez Juliá y continuamos con Juan Carlos Quiñones, Lourdes Vázquez, Lissette Rolón Collazo, Carlos Vázquez Cruz, Francisco Font, Rafael Acevedo y Marithelma Costa. Sin esa pluralidad no habría volumen; sin esa voluntad de ejercitarse en comunidad para lograr un resultado, tampoco. Finalmente, quiero agradecer al profesor César A. Salgado, que sufrió los efectos del “deadline” y a quien había invitado originalmente a participar con un trabajo sobre lo gótico en Aponte y Tapia, y que se integra ahora dada su solvencia intelectual como un digno presentador de este.  Fueron cuatro los trabajos que lamentablemente quedaron fuera por una u otra razón y que hubiera querido incluir: el ya mencionado de Salgado, el texto de Natalia Rivera sobre las ruminaciones de Gabriel Marte en Sobre mi cadáver junto con el tema del espiritismo, la demencia y la “disability” del cual es experta, el de María del Carmen Torres sobre la bruja caribeña y las yerbateras en Angélica furiosa, la primera y única novela no discutida en el volumen y que forma parte de la tesis doctoral de Torres, y el de Luis Othoniel Rosa sobre la extrañeza gótico-barroca en la obra de Aponte que hubiera entrado en diálogo con el de Salgado, Powers, Torres y Rivera. Espero que pronto sean publicados estos trabajos. Finalmente, muchísimas gracias a la Fundación Humanidades Puerto Rico y a su directora, Sonya Canetti, por facilitarnos tan generosamente este espacio hermoso y cómodo y gracias a ustedes por su solidaridad y por decir ‘presente’ en este acto.

14 de agosto de 2025, versión revisada, en Humanidades Puerto Rico, Ballajá, VSJ.

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