En Rojo
No cabía un alma en el vestíbulo de la Sala de Festivales. Las tertulias solapaban otras tertulias al filo de que comenzara el evento, a las 8 de la noche. Había algo risueño en la noche y en pleno parloteo, una contentura como de una gran cofradía lista para agremiarse, minutos después, para ver a Fiel a la Vega en un espectáculo que el grupo no ha repetido en más de 20 años: una sinfónica.
Adentro, música típica preludia al concierto especial. Salsa navideña, trullas y coros de Johnny Albino y Antonio Cabán Vale “El Topo” pregonan su lelolai de lechones ante la velada rockera. Una muchacha masticaba un Twix a catorce minutos del concierto; más de una decena bebía algo y, de fondo, una orquesta afinaba los violines y micrófonos desde las sombras. Un arpa también reluce en el escenario.
A las 8:44 de la noche, sonaron los violines, las trompetas y baterías como dando inicio a una gran alborada de sonidos. Pitidos de flautas y silbidos de clarinetes pueblan el silencio. El director acompasa el asunto. Pone la percusión a su ritmo, los violines en su lugar y las luces, con los aplausos y los demás vítores, estallaban como señal del comienzo. Monte fue el primer éxito que cantó Tito Auger con los hermanos Arraiza y Ricky Laureano.
Dos trompetas, dos trombones. No podía contarse la cantidad total de metales, pero más de 26 violines aupaban la intensidad de la música, dotando la canción– como dijo Auger a En Rojo– de máyor “drama”. Los músicos se acomodaban en dos suertes de graderías que, a un lado, cobijaban las cuerdas y los vientos en otro.
“Cuando estábamos planteándonos hacer esto, dijimos vamos a ver qué podemos hacer distinto dentro de lo que nosotros hacemos, que ha sido tan diferente desde que empezamos. Buscamos la definición de la palabra sinfonía. Decía que era una pieza musical que corría, constantemente, por hora y media, dos horas sin parar. Nos dijimos vamos a hacer algo así. No tenemos que hablar mucho”, anunció Auger, eximiéndose de los demás mensajes que suelen interrumpir los conciertos.
Lo demás fue melaza sencilla, puro regodeo para los fanáticos fieles de la Vega. Entre ellos, el presidente de la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND), coreaba sencillos como CVND, Elipsis de una fuga, Oda a la fidelidad y Equilibrio. Y eran, de fondo, las cuerdas, los vientos y la percusión como una ola sonora que revestía las trenzas de Auger con aires divinos.
Se puso la cosa buena
Las luces de verbena
Se agitan en el viento
Y expiran con el tiempo
Es la fiesta de los tuertos
Todos andamos sueltos
Los coros parecían acopiarse según las melodías progresaban. El panal y Turísticamente bien causaron un fragor particular, igual que Encontrarte es una historia, Vieques y Septiembre/Río Piedras, cuando una mujer ondeó, con orgullo, la bandera de la Isla Nena en todas direcciones. Fue un orgullo casi soberbio, muy parecido al que todos lucieron durante los casi diez minutos de Salimos de aquí. Ahí todos salieron del beso de una diosa olvidada, de un volcán al que no le queda lava y del pensar de que aquí, donde se vive de cantazo en cantazo, no queda nada. Salieron todos y cada uno. Y como todos se pararon, algunos le impidieron la vista a quienes la tenían por debajo de la espalda de su vecino.
Quizás algún día comprendan lo que importa de verdad
Quizás lo que importa en esta vida
Es algo que no tiene que ver
Con las cosas que persigo, con aquello que soñé
Pero algo necesito; hoy algo tengo que creer
Uno de los momentos cúspides de la noche se dio durante la interpretación de Boricua en la luna, poema de Juan Antonio Corretjer musicalizado por Roy Brown. Clarinetes pitaban junto a las flautas, contrastando con los crescendos violinistas, y los metales complementaban este susurro musical hasta desembocar en el introito de la melodía, tan consabido. Entonces, todos juraron ser borincanos aunque fueran hijos de la luna.
Como ñapa para las 18 canciones que ambientaron la noche sinfónico-rockera, la banda despidió a su público– casi cofradía– con Una plegaria más y Los superhéroes, consignando que en Puerto Rico, así seas una caricatura, Fiel a la Vega te va a tumbar.



