11.
Le parece que el bosque no es sino apertura. Que bosque, que no es sino otra palabra para mundo, es una cinta que discurre y sopla y pulsa, que se desenrolla veloz hasta golpear la mano que la sostiene, que estampa la piel de un chicotazo al abrirse furiosa.
En esta cinta hay pliegues y ruedos rotos: cuadros en tela que se expanden hasta abrirse en flor. El bosque es el mundo, y es una cinta, y es abrirse. Una fila eterna de portales, cada uno en expulsa de deseo, algunos en tragos de ruego. El mundo, le parece, no es sino apertura. Este bosque dilata.
Cazador viaja por la arboleda. Corre atento y sigiloso por el soto; evade simas y raíces crecidas mientras busca su presa. Está cansado. Lleva una vida buscando tras estas puertas, en mira de lentes que opacan al instante del toque. Lleva vida, que no es sino otro modo del hoy, buscando el arribo en pieles sin carne. A veces amasa la promesa de un alimento que acaba en sabor ciego: ahí se vierte entonces sin sentir, ahí se da en parvo deseo, ahí la leche corre por la vertiente sin verbo, sin mapa. Está cansado.



