En Rojo
A mitad del juego final de la Liga Nacional de Fútbol (NFL, en inglés), donde los Seahawks se batían en duelo contra los Patriots, Benito Antonio Martínez Ocasio presentó su Súper Espectáculo de Medio Tazón. Y gente de todo el orbe se reunía en barras, salas, comedores, terrazas y spots de jangueo para ver al primer exponente del género urbano cantar en uno de los eventos más comercializados de la cultura estadounidense.
Auspiciado por Apple Music, el concierto breve inició con las imágenes de un cañaveral poblado por gente vestida con pavas y ropas blancas. La escena se une con el escenario televisado y Tití me preguntó despuntó el mosaico de melodías en medio de quioscos de cocos fríos y mesas de dominó. Aparecen señores con guayaberas, filas de Marías, Sofías y Gabrielas que le guiñan a Bad Bunny mientras se pasea por los pastizales impostados. Otra muchacha lo saluda desde una pila de bloques de cemento y Benito, contento, la mira antes de recibir una piragua. Sin darle un bocado, se la da a un hombre que finge operar un quiosco de tacos. Es la imagen de un hombre paseando por su barrio.
Durante los intervalos de silencio, mientras las melodías se intercalaban, la multitud se filtraba por los micrófonos como un rumor intraducible de gritos y vítores. Entonces, Yo perreo sola sonó mientras el vegabajeño cruzaba entre dos jóvenes que amagaban puños de pugilista. Esquivando la escena, el artista llega a un escaparate donde le dan un anillo, lo mira, se asusta y lo pasa rápido a una pareja de novios.
Aparece, luego, un gentío perreando desde la famosa casita: Young Miko, Pedro Pascal, Karol G y otras figuras mediáticas de América Latina y los Estados Unidos. A pesar de estar plagadas de frases soeces, aquellas líneas que suelen hablar de falos fugados o juegos pudendos, la casita, que simuló ceder ante el peso del conejo, dio paso a una versión corta Voy a llevarte pa PR que, junto a Pa que retozen, Dale Don, Travesuras y Gasolina, preludiaron el éxito EoO.
Al timbre de unos violines similares a los MONACO, Benito saludó a la multitud californiana mientras la pareja de novios regresó para casarse. El paseo por el barrio se convirtió en un rito comunitario. La boda, celebrada entre murallas que parecen coloniales, reveló al bandón de Los sobrinos junto a Lady Gaga. Die with a smile suena por primera vez en clave de salsa, maridando los asiduos trombones, pianos, güiros, bajos y trompetas del género afrocaribeño con la voz de la astro norteamericana. Las nupcias ficticias acabaron al son de Baile inolvidable, antes de que el escenario se mudara a La Marqueta y al club de Toñita. Allí, perlada de sus sortijas, el personaje neoyorquino le dio un palo de caña al conejo. Benito dirigió el frenesí de Nuevayol en medio de una coreografía precisa.
De súbito, el cuatro de José Eduardo Santana reclamó la atención de todos para que Ricky Martin entonara, desde dos sillitas plásticas, Lo que le pasó a Hawái. El espectáculo cerró con El Apagón, Café con ron y Debí tirar más fotos. Había, colgando de postes de madera, bailarines disfrazados de celadores de electricidad. A la Rubén Blades en Plástico, Benito recordó todos los países que comprenden América: Chile, Argentina, Perú, Venezuela, Cuba, Haití, Canadá…y, por supuesto, la pequeña isla caribeña que lo miraba con excesivo orgullo.



