Las capas del sufrimiento mental en Puerto Rico

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CLARIDAD

 En un país donde, durante la pasada década, la ciudadanía ha enfrentado una depresión económica consistente, un éxodo de profesionales en diversos campos, aumentos en el costo de vida y una Junta de Control Fiscal (JCF) que pauta la salida de la crisis, la salud mental de la clase trabajadora sufre una gama de estresores. Luego de consultar las bases de datos del Departamento de Salud de Puerto Rico y la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA), CLARIDAD no dio con cifras actualizadas sobre el estado actual de la salud mental en Puerto Rico.

De hecho, la última cifra de la agencia pública– citada por expertos de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (2012) y la Universidad Ana G. Méndez (2023) — tiene fecha del 2002, cuando aparentemente ASSMCA registró, en un análisis amplio de la salud mental del país, 800,000 personas con algún trastorno de salud mental como ansiedad o Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). De esa cantidad, destaca la cifra, el 65% sufre depresión.

No obstante, ninguna de estas fuentes considera los cataclismos provocados por el huracán María, ni la resultante renuncia del gobernador de entonces. Tampoco consideran los terremotos ocurridos en el sur, los efectos de las medidas impuestas por la Junta de Control Fiscal (JCF) ni las condiciones laborales que fluctuaron en ese plazo de tiempo.

El resultado es, inevitablemente, una ciudadanía y una clase trabajadora sujetas a condiciones precarizadas que dificultan su desarrollo. Y aunque cada caso guarda su individualidad, como la del padre que presuntamente olvidó su bebé o la del joven que iba tarde al trabajo, la psicóloga Mercedes Rodríguez López conversó con CLARIDAD sobre la correlación entre las circunstancias que pueden incidir en la psicología del trabajador.

“En el caso del señor y el bebé, hay un elemento que tiene que ver con las exigencias de la vida de trabajo y las exigencias de la vida de familia, que es una situación que estamos acostumbrados a ver en las mujeres. Sobre todo en las mujeres trabajadoras, que tienen siempre esta gran tensión entre dos mundos irreconciliables”, expresó Rodríguez López a este semanario.

Además, la experta en temas de prevención y violencia reseñó cómo la reacción de la sociedad también afecta la salud mental de las personas. Por ejemplo, la situación reciente del padre y su bebé conmovió a muchas personas por su circunstancia: un hombre que trabaja de noche cuida a sus hijos de día, mientras su esposa labora en su turno diurno. En otros casos, como el de una mujer que olvidó, en 2023, a su cría en el auto mientras hacía una entrega de Ubereats, la reacción es más severa.

“De un tiempo a esta parte, vemos a más hombres trabajando en el cuidado de los hijos y los requerimientos de la vida de familia, y vemos que les pasan cosas muy parecidas a las que típicamente le pasan a las mujeres. Pero a mí me parece que la respuesta social es mucho más compasiva hacia los hombres que hacia las mujeres cuando pasan estas cosas”, continuó la también escritora.

En el caso del joven que falleció de camino al trabajo, Rodríguez López comentó que es, por igual, un caso particular con razones que no pueden precisarse desde un análisis externo. Sin embargo, la psicóloga mencionó algunos idearios sociales y subyacentes, como el apego cultural al automóvil, que pueden influir del mismo modo en algunas tragedias.

“Están esos otros elementos, pero naturalmente la salud mental de los seres humanos está presente en todo lo que nosotros hacemos. Hay elementos vinculantes a la salud mental en la formación nuestra. Depende de cómo uno ha sido criado. Quizás venimos de hogares en que se les dio mucha importancia a la salud emocional, a la expresión de emociones… Una vez llegas al espacio de trabajo, vas a tener todo un repertorio de respuestas buenas, malas, regulares que te pueden ayudar a tener una mejor salud mental o no. A tomar mejores decisiones con relación al trabajo”, elaboró la psicóloga.

A este desarrollo emocional se le suma la experiencia colectiva, aseguró la psicóloga. “De(l) (huracán) María para acá”, la ciudadanía ha enfrentado numerosos desafíos que han “lacerado” su salud mental, como la pérdida de vivienda o la falta de recursos, y que no han sido atendidas a la par con el desarrollo. “Lo que hemos ido haciendo es sumando una capa de sufrimientos, de temores, de preocupaciones, una encima de la otra”.

Entre algunas crisis, Rodríguez López recordó la pandemia del COVID-19, los estragos de los terremotos que, en el sur, se viven con mayor intensidad. Todos esos elementos macros que las personas han vivido les siguen estresando en sus rutinas, en sus trabajos, en sus deberes familiares. Y en algunos casos, pueden ser la causa de una tragedia.

“La gente no se da cuenta, pero cargamos en nuestras espaldas, en nuestros cuerpos, en nuestras mentes y en nuestras emociones esas banderas que no fueron de mucha ayuda cuando sufrimos estas tragedias sociales amplias, de estas tragedias políticas amplias”, prosiguió la analista.

Entonces, al desastre natural le siguen las respuestas políticas; los donativos de María y los miles de muertos ocultos sirven de ejemplo. Ese cuadro complicado incide directamente en el “librito de vida” de cada trabajador y trabajadora. Y aunque cada persona puede ser más o menos vulnerable a estas situaciones, ninguna, sostuvo Rodríguez López, está exenta de ellas.

“Siempre podemos hacer más de lo que hacemos”

 Para Rodríguez López, quien tiene una trayectoria de más de 35 años en el campo de la Psicología, una iniciativa loable que emprendió el Gobierno de Puerto Rico luego del huracán María fue el fortalecimiento de la Línea PAS de ASSMCA (1 800 981 0023). Tras la cuantiosa demanda de esta ayuda, la agencia llegó a visitar comunidades para capacitar a sus líderes en temas de salud mental.

“Lamentablemente, esas iniciativas buenas no encontraron una continuidad comparable a la magnitud de lo que representan estos eventos catastróficos como fue María o elementos totalmente noveles para la humanidad como la pandemia. Sin duda, la Línea PAS evidencia la necesidad de salud mental que tiene la gente, porque la gente la usa”, alertó Rodríguez López.

De acuerdo con las últimas estadísticas oficiales y disponibles en la página oficial de ASSMCA, la agencia registró 356,499 llamadas durante el 2024, siendo octubre el último mes disponible y el más alto en llamadas. Pero, inclusive con la existencia de la Líneas PAS, Rodríguez López y muchos otros profesionales de la salud se preguntan cuál es la política pública de salud mental en Puerto Rico.

“Muchos nos preguntamos cuál es la política pública de este gobierno, del anterior y el anterior sobre salud mental porque la porción del presupuesto dedicado a asuntos de salud mental, que se ve en el Departamento de Educación, en ASSMCA o en Familia, no refleja un esfuerzo integrado que pueda llevarle, a la ciudadanía, información, capacitación, orientación o ideas y recomendaciones de qué cosas debemos hacer los seres humanos desde nuestros espacios de familia, laborales o dondequiera. Donde haya gente congregada, hay mucho que hacer con relación a la protección de la salud mental”, puntualizó la profesional.

Actualmente, la página de ASSMCA no dispone de tanta información relacionada con las cifras de este año. Eso respecta tanto la Línea PAS como la cantidad de suicidios reportados este año. Las últimas estadísticas fueron publicadas, en febrero, por el Departamento de Salud, y rondan los 15 suicidios.

La ventaja de la situación, concluyó Rodríguez López, es que estas condiciones impulsan a las personas a “buscarse” y formar estructuras de apoyo paralelas al Estado. Desde talleres que manejan las emociones hasta organizaciones de ayuda, como la Casa Protegida Julia de Burgos, la respuesta de algunos ciudadanos ha buscado suplir esa falta de políticas e iniciativas puntuales.