Especial para En Rojo
El aumento registrado en entradas a Salas de Emergencia y visitas a psicólogos por intentos de suicidio en niños y adolescentes, causados en parte por acoso cibernético, necesita atención. En marzo del presente año, Autum Bushman de 10 años se quitó la vida al no poder escapar del acoso escolar y cibernético. Hay dos preguntas claves que debemos hacernos: ¿a qué edad debemos comenzar a conversar con nuestros hijos sobre suicidio? y ¿a qué edad es seguro darle un teléfono inteligente a un niño?
Los teléfonos móviles están impactando negativamente a los niños y jóvenes de diversas maneras. El aprovechamiento académico de los estudiantes sigue disminuyendo. Además, la salud mental y emocional de los niños puede ser gravemente afectada por la adicción a las redes sociales y el ciberacoso. Por lo tanto, es necesario implementar políticas que limiten el uso de estos dispositivos durante el horario escolar. Las políticas de «campana a campana» (donde los teléfonos se guardan en lockers o zapateras), se está convirtiendo en una opción cada vez más popular en escuelas alrededor del mundo.
Según UNESCO, 79 países han restringido o implementado medidas para limitar el uso del celular dentro de escuelas. Expertos en ciberacoso, como el Dr. Sameer Hinduja, afirman que necesitamos proteger la salud mental de nuestros hijos, instalando lomos o badenes para reducir el tiempo frente a la pantalla. El Dr. Andrew Huberman sugiere que la adicción a las redes sociales y videojuegos es la pandemia que los legisladores deben priorizar y afirma que es preciso que actúen con urgencia. Por su parte, el Dr. Sanjay Gupta advierte sobre los efectos negativos irreversibles de las redes sociales en la plasticidad del cerebro de niños y adolescentes menores de 16 años. Consciente de este hecho, Australia legisló para que la edad mínima para utilizar redes sociales sea 16 años. Esta medida es cónsona con las recomendaciones del psicólogo y autor del libro The Anxious Generation, Dr. Johnathan Haidt.
La adicción a la tecnología y al internet o invertir largas horas frente a la pantalla es una conducta que se ha normalizado en Puerto Rico. Los adultos, en su ignorancia o negación, invisibilizan un problema que amenaza a nuestra juventud. La realidad es que el único método probado que minimiza los efectos negativos, según el estudio Lancet de Inglaterra de febrero 2025, es el separar al estudiante del celular de campana a campana. De igual forma, lo recomienda el experto Haidt de la Universidad de Nueva York tanto en su libro como en entrevistas.
La mayoría de los académicos y los expertos en salud mental recomienda restringir el uso de celulares en niños menores de 16 años, donde el cerebro es más susceptible a adicciones, depresión, ansiedad y a la distorsión de la realidad. Los padres también se han unido y voluntariamente se han comprometido a instruirse y aplicar herramientas para hacer buen uso de la tecnología, llegando a acuerdos con sus hijos sobre el tiempo, lugar y uso del teléfono móvil y las redes sociales. Ejemplos se pueden encontrar en los enlaces: www.smartphonefreechildhoodus.com, MAMA – Mothers Against Media Addiction (www.wearemama.org) y www.waituntil8th.org. Estas organizaciones empoderan, capacitan y guían a los padres en el proceso de restringir el uso de la tecnología.
En las escuelas, los maestros, quienes conviven 6 horas diarias con sus estudiantes, no deben quedarse atrás. Investigaciones revelan que la distracción principal para maestros es el celular. Por otro lado, Haidt cita en su libro investigaciones que documentan que, aunque el celular esté en la mochila apagado, afecta negativamente al estudiante. La única manera efectiva para toda la comunidad escolar de manejar el problema del celular es distanciar el aparato físicamente del estudiante, según la Asociación Nacional de Educación en su estudio de agosto 2024, Reporte sobre el Impacto de Redes Sociales en la Salud Mental. Los maestros y administradores de escuelas también solicitan acción, y se han unido voluntariamente al movimiento de escuelas sin celulares. Un ejemplo lo es phonefreeschoolsmovement.org. Su Programa de Embajador ayuda a las escuelas a desarrollar la planificación y educación sobre normas para remover los celulares de las escuelas.
Según los movimientos voluntarios mencionados existen numerosas razones para considerar la implementación de políticas de restricción de teléfonos en las escuelas y de edad para utilizar redes sociales.
- Erradicar la guerra de poder entre estudiantes y maestros
Los maestros y administradores están exhaustos de ser los «policías de los teléfonos» todos los días. Al mantener los teléfonos fuera de la ecuación se mejora el ambiente de aprendizaje. Además, los adolescentes tienden a experimentar sentimientos de hostilidad y resentimiento cuando se les retiran sus teléfonos, lo cual es comprensible considerando la relación que tienen con estos dispositivos. La posesión del teléfono libera oxitocina, una hormona relacionada con la conexión emocional, lo que provoca una respuesta negativa cuando se les priva de ellos. En el hogar, la batalla se da entre cuidador e hijos. Hay que tener en cuenta que quitarles el celular por tiempo prolongado ha sido razón para que adolescentes se hagan auto daño. El quitar el celular es glorificar aún más la importancia del aparato.
- Más tiempo para el desarrollo de habilidades sociales y emocionales
Los estudiantes suelen elegir la opción más fácil, que es interactuar virtualmente, en lugar de enfrentar situaciones sociales reales. Las redes sociales les privan de oportunidades valiosas para hacer conversaciones y desarrollar empatía. En los últimos años, los niños han tenido más dificultades para leer expresiones faciales y corporales, entender señales sociales y desarrollar empatía. Al retirar los teléfonos por períodos adecuados, se fomenta que los estudiantes interactúen más con sus compañeros y maestros, mejorando así su confianza y habilidades sociales. Excesivas horas frente a la pantalla tiene consecuencias para lograr relaciones íntimas, amorosas y lograr ese sentido de pertenencia que tanto necesitan los jóvenes.
- Más tiempo para desarrollar destrezas de toma de decisiones y manejo de emociones
Cuando los estudiantes están constantemente conectados a sus teléfonos, les resulta más difícil practicar habilidades como la toma de decisiones, la resolución de problemas y la planificación, lo que aumenta su ansiedad y dependencia de sus padres. Limitar el uso del teléfono les proporciona el espacio necesario para desarrollar independencia, lo cual es esencial para su crecimiento emocional y cognitivo. La independencia también ayuda a reducir la ansiedad y la depresión, proporcionando un espacio para que los jóvenes puedan resolver problemas por sí mismos.
- Oportunidad de practicar la independencia
La independencia es crucial para reducir la ansiedad y la depresión. Los estudiantes que no dependen constantemente de sus padres para resolver problemas son más capaces de tomar decisiones por sí mismos. Programas como Free Range Kids ayudan a los niños a practicar la autonomía, lo que les da confianza, autoestima y les permite liberarse de la ansiedad que genera la sobreprotección. Al eliminar los teléfonos de las escuelas, los niños tienen más oportunidades de ser independientes, lo cual es beneficioso para su bienestar emocional, minimizando los destructivos sentimientos de soledad.
- Más espacio para la influencia positiva de mentores adultos
Los jóvenes tienden a buscar orientación en sus compañeros en lugar de en adultos responsables como padres o maestros. Esto puede tener efectos negativos en su desarrollo emocional y social. Mantener los teléfonos fuera de las escuelas permite que los estudiantes se orienten hacia figuras de autoridad positivas, como maestros, consejeros, psicólogos escolares y administradores, lo que facilita el contacto y la influencia constructiva de estos mentores en sus vidas. Todos los programas antibullying enfatizan la importancia de crear y desarrollar lazos de comunicación estrechos con los estudiantes para que les sea fácil expresarse o pedir ayuda.
- Eliminar los efectos del «drenaje cerebral», aumentando la concentración y la atención
La constante distracción de los teléfonos disminuye la capacidad de los estudiantes para concentrarse en tareas importantes como el aprendizaje. El fenómeno conocido como «drenaje cerebral» muestra cómo incluso la presencia de un teléfono cerca de un estudiante puede reducir su capacidad de concentración. Sin la distracción constante de los teléfonos, los estudiantes pueden mejorar su capacidad de concentración y apreciar actividades de bajo estimulo, como leer un libro o compartir en un juego de mesa, lo que les ayuda a sentirse más relajados y conectados. El cerebro es como un tanque de gasolina cuando hablamos de tomar decisiones. Si el estudiante ha realizado mil micro decisiones entre correos electrónicos y redes sociales, cuando llega la hora de estudio, no queda gasolina, tronchando el proceso de aprendizaje.
- Reducir la capacidad de plagio o copiarse
El uso de teléfonos en el aula ha aumentado las oportunidades para “copiarse” durante las pruebas y tareas. Muchos estudiantes recurren a sus dispositivos para buscar respuestas rápidamente, lo que disminuye el verdadero aprendizaje. Al eliminar los teléfonos de las aulas, se reduce la tentación de copiarse y se fomenta un aprendizaje más profundo, donde los estudiantes deben comprender el material en lugar de simplemente buscar respuestas rápidas.
- Reducir las oportunidades de acoso escolar y ciberacoso, principal motivador de auto daño (intento de suicidio)
El acoso escolar cibernético es una preocupación imperiosa, ya que los estudiantes tienen acceso constante a las redes sociales y otras plataformas donde pueden ser intimidados y humillados. Mantener los teléfonos fuera de las escuelas puede ofrecer a los estudiantes un refugio de estos peligros, permitiéndoles experimentar un entorno libre de acoso en su día a día. Cuando tienen el celular no tienen escapatoria de la humillación y se les pueden desvanecer las esperanzas. Esta es la razón principal para restringir las redes sociales hasta los 16 años y la entrada de los dispositivos en la escuela.
- Minimizar el potencial de adicción
El uso temprano de la tecnología y los teléfonos móviles predispone a patrones de adicción que afectan a los estudiantes más adelante en la vida. Una vez adictos a la pantalla, la predisposición para crear adicciones como al alcohol, drogas, apuestas, sexo y violencia (videojuegos) se multiplican. Al limitar el acceso a estos dispositivos en las escuelas, se ayuda a reducir el riesgo de adicción temprana. Las empresas que operan redes sociales y plataformas de mensajería operan muy conscientes de que los jóvenes son su principal mercado, por lo que intentan engancharlos lo antes posible. La restricción del uso de teléfonos contribuye a disminuir la exposición temprana a estos comportamientos adictivos. La principal preocupación entre varones es la pornografía, donde estudios (Gallup) confirman que los adolescentes entran dos y tres veces diariamente, creando múltiples efectos negativos. Esta adicción ha probado ser muy difícil controlar ya que el acceso se logra solo afirmando “Yes, I’m older than 18”. Solo oprimiendo una tecla el usuario obtiene un baño de dopamina en el sistema de recompensa, sin esfuerzo alguno. Esto es una gran preocupación entre psicólogos clínicos. Entonces, ¿a qué edad es seguro dar un celular a un varón? La mejor contestación que he escuchado ha sido: “cuando estés listo para compartir pornografía con tu hijo.” La realidad es que vivimos ignorando y negando los peligros y consecuencias de las redes. De no tomar acción inmediata, les augura una vil desgracia a nuestra juventud.
- Mitigar los peligros adicionales durante situaciones de emergencia
Uno de los mayores temores de los padres es que sus hijos no tengan acceso a sus teléfonos en caso de emergencia. Sin embargo, los estudios muestran que, en situaciones extremas, los estudiantes tienden a perder la calma y actuar de manera impulsiva cuando tienen acceso a sus teléfonos. La mejor respuesta en una emergencia es mantener la calma y seguir las instrucciones de los adultos, lo cual es más fácil cuando no se están distrayendo con sus dispositivos.
- Potencial para un efecto positivo «en cadena» fuera de la escuela
Los cambios que se implementan en la escuela pueden extenderse a la vida fuera del aula. Al enseñar y modelar un mejor uso de los teléfonos en el entorno escolar, es probable que los estudiantes lleven estos hábitos a casa y a sus entornos laborales en el futuro. Padres que tienen a sus hijos en escuelas que restringen el uso de celulares han notado que los estudiantes son más capaces de concentrarse en sus estudios y pasan menos tiempo en sus teléfonos en casa, lo que refleja un cambio positivo en sus hábitos digitales.
En conclusión, aunque los teléfonos móviles ofrecen muchas ventajas, su uso durante el horario escolar tiene efectos negativos significativos en el desarrollo académico, emocional y social de los estudiantes. Implementar políticas que limiten el acceso a estos dispositivos puede proporcionar numerosos beneficios, desde una mayor independencia, hasta un ambiente escolar más saludable y enfocado. La clave es equilibrar el uso de la tecnología para asegurar que los estudiantes se beneficien de sus recursos sin que estos interfieran con su crecimiento y bienestar.
El autor es educador, experto en bullying y cyberbullying
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