Reseña desde el estudio
Especial para En Rojo
Arianna Rosario levantó tres paneles de madera al fondo de su cuarto. Sobre ellos: papeles, lienzos, pomos de pintura, pinceles; es un espacio íntimo, pero a su vez dinámico, extrovertido, en el que se mueve rápida, pequeña, ágil. Saca una caja de abajo de su cama, busca en ella una carpeta, «algo que me encanta del grabado es su multi-ejemplaridad,», «¿Por qué?» le pregunto. «La obsesión. Son pensamientos que se repiten y se repiten y se repiten.»
Arianna Rosario Valentín nace en Mayagüez, criándose en el pueblo de Aguadilla. «Nunca no he hecho arte, y sé que suena bien clichoso. Cuando yo tenía nueve años, aprendí a dibujar viendo animes» nos dice la artista emergente, para quien el grabado, la pintura y el dibujo se vuelven el surco que canaliza éxtasis, frustración, dolor, «Si tuviese que explicarlo, es lo que me atrae. Necesito hacerlo. Para expresar y articular las cosas que no se hablar.» En el 2020, se traslada a San Juan para estudiar arte en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. A de llegar de Nueva York, donde realizaba una residencia artística en el New York Academy of Art.
Busca con sus manos en la caja, saca una pequeña envoltura; la placa de acrílico de «cómo me tiene (la p*ta colonia)», obra que formó parte de la exposición «Huella Indeble» en el Museo de San Juan. Lleva la cualidad de un grabado antiguo, del abrir un libro y toparse con las mismas líneas, las gradientes del negro que evocan una tradición de ilustración plasmando, en la manera más literal, cuando algo te vuela la cabeza, la noticia constante de un país en el que la realidad parece más incomprensible que la ficción. Su rostro mira pasado al espectador, inerte, incrédula, «yo trabajo mucho el autorretrato. Es una forma de entenderme, de conversar conmigo misma.» nos dice la artista emergente.
«Cuando estoy haciendo intaglios, me fijo demasiado en los detalles. Me tardo alrededor de una hora y media en entintar una placa.» nos dice Rosario. Es una compulsión, un rito. Sus series son pequeñas, usualmente reducidas a 15 ejemplares. «Con todas las redes sociales, el capitalismo consumista, hay esta presión de producir contenido; no arte. No me interesa hacer eso. Necesitamos tiempo de pausas. Es una forma de resistir… el arte no es algo que solo sale.


Recostado contra la pared se posa una gran xilografía sobre lienzo. Había visto la plancha de impresión afuera al llegar. «Ese se imprimió con la aplanadora, como parte de la jornada de Grabado en Movimiento.» El trazo de la madera ejerce su textura en la obra. «Para mí es importante trabajar la madera porque mi familia por parte de padre son artesanos y carpinteros. Mi papa me contaba que mi tío abuelo cogía un pedazo de madera y una gubia, y se sentaba todo el día a tallar eslabones, cadenas. Era su fijación. Yo quiero incorporar eso en mi obra. Mira, ese caballete-» apunta hacia el que se recuesta sobre la pared «lo hice junto a mi papa.» Nos dice la artista.
Sobre la cama, hay un boceto pequeño, en tonos naranjas y amarillos. Lo tomo en la mano y se ilumina por sí mismo. Es ella nuevamente, nos mira de reojo. «Ese es el estudio para la obra grande, va a ser igual que ese; (apuntando hacia el grabado que realiza como parte de la grande.»
Arianna Rosario crea desde nuestro instante, tratando las dinámicas de género, el cuerpo, la condición colonial, con trazos, juegos de tinta y pinceladas que articulan lo que no se puede poner en palabras.



