Luther King y el mundo actual

 

 

Especial para En Rojo

En este momento, la nueva variante de la COVID 19 y una epidemia de influenza obligan a gobiernos a cancelar eventos públicos y afectan países en todo el mundo. Más cruel que la Covid es el hecho de que industrias multinacionales multiplican sus intereses con venta de vacunas que deberían ser gratuitas, como bienes comunes de la humanidad. Mientras casi mil millones de personas en el mundo sufren inseguridad alimentaria, la ínfima minoría del 1% de la humanidad ve triplicados sus ingresos.

Cada año, en Estados Unidos, el lunes de la tercera semana de enero se recuerda a Martin Luther King. A principios de los años 60, en los Estados Unidos, ese pastor negro y militante social coordinó la lucha de la población negra por la igualdad social y los derechos civiles. El 15 de enero, aniversario de su nacimiento, se consagró como fiesta nacional.

Tantos años después de esa lucha, la humanidad no ha eliminado el apartheid social y económico. En América Latina y Caribe, casi siempre, ser negro es sinónimo de ser pobre. La África del Sur venció oficialmente el apartheid, pero mantiene enorme desigualdad racial, basada en la desigualdad económica. Dignidad humana y igualdad de derechos era y es el proyecto de todas las personas que luchan por justicia y paz.

A ese respecto, todavía resuenan las palabras de Luther King: “Una persona que no ha descubierto nada por lo cual acepta morir, no está lista para vivir.” Donde el expresó más su causa fue el discurso, considerado el más importante realizado en los Estados Unidos, durante el siglo XX. En el 28 de agosto de 1963, en Washington, para culminar la marcha por los derechos civiles, ante más de 200.000 personas, afirmó: “Tengo un sueño. Sueño con un mundo en lo cual mis hijos sean juzgados por su carácter y no por el color de su piel”.

Aunque tengamos muchas dificultades y con todas las contradicciones de la historia, la memoria de Martin Luther-King nos asegura: nadie podrá destruir los mejores sueños de nuestro pueblo. La espiritualidad es la opción de vivir a partir de ahora lo que soñamos. Una verdadera justicia eco-social y el derecho de convivencia y complementación entre las más diversas culturas de los pueblos son no solamente los sueños de la humanidad, sino del mismo Dios que es Amor.

El pastor Luther King nos recordó: “Hay en el mundo un poder de amor capaz de crear lugar donde no hay camino y transformar la noche oscura en una mañana más brillante.”

El autor es monje benedictino y escritor.

 

 

 

 

 

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