Mirada al País:La pedagogia de la esperanza

Foto: upr.edu

 

Especial para CLARIDAD

Puerto Rico es un país donde la desesperanza, los problemas sociales, los conflictos y las consecuencias constantes del colonialismo que nos arropa, hacen cada día más difícil la convivencia social y la justicia social. Todos los días los medios de comunicación nos avasallan con noticias terribles de violencia y criminalidad mientras que la Junta de Control Fiscal cada día ordena o revoca acciones del Gobierno y de la Legislatura que podrían beneficiar a diversos sectores de la sociedad.

Los arrestos por actos de corrupción de alcaldes y funcionarios del PNP y del PPD, son la orden del día como consecuencia, claramente, del histórico clientelismo político y de una conducta por décadas de los partidos que han gobernado que, no solo han provocado pérdida de fondos públicos, sino también un mensaje oscuro, deshonesto, en perjuicio de la administración pública de Puerto Rico.

La Legislatura no está exenta de muchas de las complejidades de los problemas de este país. El PNP y el PPD siguen legislando para proteger grandes intereses como, por ejemplo, la nueva ley de permisos, la cobardía de la mayoría del Senado de no llevar a votación la moratoria de la construcción en las costas, o no aprobar legislación para detener a los secuaces de la Ley 22 y sus acciones en contra de las comunidades de Puerto Rico. Además, la constante desorganización en el quehacer legislativo, la ausencia de disciplina legislativa, los intentos de aprobar legislación que van en contra de los derechos de las mujeres y de su libertad de decidir, siguen siendo parte de una terrible agenda legislativa.

En contraste a este cuadro, en ocasiones desolador, atestiguamos las actividades y acciones de diversos sectores de la sociedad que provocan debates, crean conocimiento, promueven la justicia social, generan arte y cultura, que sirven como constantes alicientes y promotores de que debemos continuar con una agenda de transformación social, en donde el optimismo, la perseverancia y la constancia deben ser norte de tantos objetivos inconclusos.

El miércoles primero de junio, en el Recinto de Río Piedras de nuestra Universidad de Puerto Rico, se llevó a cabo uno de esos eventos que son parte de ese conjunto de proyectos y acciones que nos conmueven, que nos retan, que nos provocan y que son necesarios para entender cómo funciona este país, cómo son sus políticas públicas y por qué nos queda mucho camino por recorrer. Me refiero al acto de reconocimiento de la primera clase graduanda del programa de estudios universitarios para personas confinadas de la Universidad de Puerto Rico, Mediante esta actividad se reconocieron a cuatro mujeres y ocho hombres confinados en las cárceles de Puerto Rico, quienes lograron graduarse de nuestra Universidad con un bachillerato en Estudios Generales. Este programa dirigido por la doctora Edna Benítez, con el apoyo del Departamento de Corrección y, con la participación de un conjunto de nuestros profesoras y profesores de la Universidad, rompió la muralla de la exclusión y con el paradigma de la imposibilidad de la transformación del ser humano.

En dicha actividad se reconoció el logro titánico de alzarse con un diploma universitario a: Ilka Cruz Rosario, Juan M. Negrón Ayala, Camilo J. Arango Latorre, Coraly Campos Rodríguez, Verónica Jiménez Nevárez, Miguel A. Nieves Domínguez, Raúl Reyes Chalas, Christopher Reyes Pérez, Javier Rodríguez Rodríguez, Jedery F. Santana Durán, Javier Santos García y Omayra Torres Sánchez.

Foto: upr.edu

Este evento, además de hacer los reconocimientos, nos sirvió a muchos de los presentes a continuar reflexionando sobre la realidad carcelaria en Puerto Rico, sobre el discrimen a la mujer en las cárceles, sobre la terrible política del país de extensas condenas de cárcel, sobre la constante visión arcaica de la Legislatura de aumentar las penas, sobre la necesidad de incluir la perspectiva de género en el sistema penitenciario, de los reclamos de injusticia en los procesos judiciales, sobre la necesidad del perdón y la creencia en la redención de los seres humanos y, en que la desigualdad social, la pobreza, el racismo y el discrimen son totalmente vinculantes a la realidad de la población penal de Puerto Rico.

De igual forma esta actividad fue un reflejo del poder de la educación, de la realidad de que una inmensa parte de la población penal no ha podido culminar sus estudios básicos y menos aún universitarios. Es, además, una clara manifestación de la importancia y lo fundamental que es nuestra Universidad en la sociedad puertorriqueña. Esta celebración se llevó a cabo por el esfuerzo y mérito de los propios estudiantes pero, también, por el compromiso de nuestra Universidad, de sus profesores, del legado del Profesor Fernando Picó, y del relevo de batón de la doctora Edna Benítez.

Una de las graduandas en los actos de graduación, Ilka Cruz Rosario, nos expresó:

Propongo, aseguro y confirmo con certeza que la educación universitaria es fundamental para que la persona encarcelada comience su rehabilitación”. Entiendo que la concentración menor del programa de estudios de Mujer y Género debe ser un requisito para todo el estudiantado de la Universidad de Puerto Rico, porque este me ayudó a desarrollar mi pensamiento crítico y fue una herramienta esencial para escribir mi tesina”.

De igual forma otro graduando, Juan Negrón, expresó:

“Como sociedad, no tenemos muchas opciones para escoger. Nuestra opción está entre la libertad o el encierro, entre la educación o el castigo”.

Desde nuestro espacio en la Legislatura logramos la aprobación del Proyecto de la Cámara 467 para enmendar el Artículo 308 de la Ley 146-2012, según enmendada, conocida como “Código Penal de Puerto Rico”, a los fines de aclarar los términos para cualificar para la consideración de la Junta de Libertad Bajo Palabra, en los casos de menores procesados como adultos y enmendar el Artículo 3 de la Ley Núm. 118 de 22 de julio de 1974, según enmendada, con el propósito de atemperar la “Ley Orgánica de la Junta de Libertad Bajo Palabra.

La única manera que no se viola la disposición constitucional que prohíbe la imposición de castigos crueles e inusitados a los ciudadanos, cuando se procesa un menor como adulto, es garantizándole un proceso de rehabilitación, que incluya la posibilidad de libertad bajo palabra.

La profesora Edna Benítez, al dirigirse a los presentes expresó, que el programa demostró una vez más que cada ser humano es rehabilitable, “a veces, hay que creer para ver, de eso se trata la pedagogía de la esperanza”, y añado también, de la libertad en todas sus manifestaciones.

 

 

 

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