One Battle after Another y otras revoluciones televisadas

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Especial para En Rojo

 

Los sábados en la mañana, algo descansado de la semana en la escuela, me despierto temprano y veo una película. Edna la ve conmigo esa mañana, compartir que no ocurre a menudo porque soy mañanero y ella… no tanto. Vemos Inherent Vice (dir. Paul Thomas Anderson, EE.UU., 2015), una película que me gusta mucho y que está basada en la novela de Thomas Pynchon. Edna entiende mejor la experiencia de ver una película en televisión y la comenta. En una sala de cine oscura se mantiene silencio. La intimidad del cuarto invita al comentario en voz alta. Conversamos sobre lo que vemos. Las únicas interrupciones molestosas son los comerciales.

Inherent Vice abre con un plano general donde la costa se ve enmarcada entre dos viviendas. Recuerdo el momento en There Will Be Blood (dir. Paul Thomas Anderson, EE.UU., 2008) cuando Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis) flota en medio de un mar que se mueve con la densidad del petróleo que terminará ahogando su humanidad. Edna comenta lo mucho que la imagen se parece a San Demetrio en Vega Baja por las casas en la orilla de la playa. Cuando voy a responder con algo sobre el mar, irrumpe la narración Sortilège (Joanna Newsom) en la película y nos lleva al momento en que Shasta (Katherine Waterston) visita a Doc (Joaquín Phoenix) para pedirle ayuda. Me encanta la entrada lenta de Shasta y mantengo silencio para gozármela. Ella se acerca a la cámara mientras observa con una sutil sonrisa curiosa y, justo frente al lente, chista. ¿Cómo entró en la casa? Qué importa. Luego pasamos a un primer plano de Doc, que descansa la cabeza sobre unos cojines perdido en su arrebato marihuano. Al sonido del tenue llamado de Shasta, Doc gira la cabeza y enseña su grata sorpresa al verla. “La femme fatale del film noir,” dice Edna. Le comento que me recuerda a Chinatown (dir. Roman Polanski, EE. UU. 1974). Sin embargo, mientras Gittes (Jack Nicholson) es un dandy más cuidadoso con su apariencia, Doc es un hippie de patillas largas, que anda en chancletas y eternamente arrebata’o. “Deja que le vea los pies sucios a Joaquín Phoenix,” pienso conociendo a Edna. Entonces recuerdo la única novela que he leído de Thomas Pynchon, The Crying of Lot 49.

Después de solo leer su novela corta y la mitad de una más larga (Mason & Dixon), Pynchon dejó su marca en mí. Releo The Crying of Lot 49 cada cierto tiempo desde que la discutimos en la Universidad de Puerto Rico para la clase de literatura estadounidense contemporánea con Diane Accaria. En uno de mis momentos favoritos, Oedipa Maas, aburrida de su vida con su esposo Mucho Maas (me mata ese nombre), se encuentra en un motel con un abogado que conocemos por su apellido, Metzger. Ambos beben y coquetean mientras ven en el televisor un melodrama olvidado sobre la primera guerra mundial, Cashiered. En la película, un hombre, su hijo y un perro viajan en un submarino, construido por el padre para apoyar a las fuerzas inglesas en contra de los turcos. Metzger se sorprende por la coincidencia de que él era el niño que hizo del personaje del hijo en la película. Oedipa encuentra esto raro, pero lo interroga sobre el posible final triste que tendrá la película. Ella apuesta por un desenlace trágico y, por un momento, piensa que todo es una treta de Metzger para impresionarla. Esa paranoia prevalente en la novela de Pynchon, donde los personajes sobreviven dentro de múltiples conspiraciones y junto a sociedades secretas que los velan desde la oscuridad, también invade a Doc cuando vuelve a ver a Shasta. Me saboreo la escena desde mi cama y siento a Pynchon reconstruyendo mi charla con Edna sobre Inherent Vice en el intercambio entre Oedipa y Metzger sobre Cashiered en la novela corta. Es inevitable pensar en la mas reciente maravilla de Paul Thomas Anderson, One Battle after Another (EE.UU., 2025).

En One Battle after Another, inspirada por la novela Vineland de Thomas Pynchon, Bob (Leonardo DiCaprio) es un revolucionario en los Estados Unidos, experto en hacer y poner bombas. Este se envuelve románticamente con una líder revolucionaria, Perfidia (Teyana Taylor). Aunque ella es ferozmente independiente, Perfidia tiene una bebé con Bob. Pero su relación se ve amenazada por la recién nacida que Perfidia siente le roba la atención de Bob. Por esto, ella comienza una relación sexual peligrosa con el coronel Steven Lockjaw (Sean Penn), un militar que investiga al grupo revolucionario por sus actos y que está obsesionado con Perfidia. Años después, Bob debe proteger a su hija adolescente, Willa (Chase Infiniti), que ha sido secuestrada por las autoridades y cuya vida corre peligro. En One Battle after Another, la revolución continúa años después de que Bob, tanto como Doc en Inherent Vice, se ha dado por vencido y trata de olvidar su pasado con marihuana y alcohol. La búsqueda de su hija le abre los ojos ante las organizaciones revolucionarias que existen escondidas y cuyos líderes inspiran a proteger a los marginados perseguidos por el gobierno. Por otro lado, la organización del Christmas Adventurers’ Club, una sociedad secreta de hombres blancos adinerados que mantienen la pureza racial en los círculos de poder, amenaza indirectamente la vida de Willa. Es una maravilla ver al sensei Sergio St. Carlos (en una actuación sobria y poderosa de Benicio del Toro), que nunca pierde la calma mientras moviliza a un grupo de indocumentados para escapar de las autoridades, y que contrasta la agresividad trinca de Lockjaw. Anderson entiende a Pynchon, a sus personajes raros y la manera en que nuestra realidad se entrelaza con las surrealidades silenciosas que se mueven desapercibidas en los recovecos oscuros dentro de su universo literario. Bob representa la pureza y el heroísmo del revolucionario, hecho que se reafirma cuando se sienta frente al televisor para ver The Battle of Algiers (dir. Gillo Pontecorvo, Italia y Argel, 1966), una de las joyas del cine revolucionario.

En The Battle of Algiers los revolucionarios argelinos se resisten ante la ocupación francesa de Argel. Desde las calles y con recursos limitados, el ejército secreto de liberación argelina asesina agentes de la policía y pone bombas en negocios frecuentados por la población francesa. La historia nos lleva desde los centros de mando franceses liderados por el coronel Mathieu (Jean Martin), que es sistemático en su persecución y tortura de los revolucionarios, hasta los escondites de Ali La Pointe (Brahim Hadjadj), un joven argelino que se ha convertido en un héroe de la lucha por la independencia. Aunque los personajes en The Battle of Algiers representan roles en la lucha revolucionaria que carecen de desarrollo individual, sentimos el precio terrible que pagan los argelinos en su resistencia al gobierno colonial.

Los riesgos que enfrentan los revolucionarios argelinos por la liberación de su país son tan grandes como los que enfrenta Bob en la búsqueda de su hija. ¿Será el final de Bob y Willa tan trágico como el del trío (el padre, el hijo y el perro) que conduce el submarino hacia la batalla en contra de los turcos en Cashiered? Si Oedipa logra sobrevivir la lata de aerosol para el pelo que vuela como un misil en el cuarto del motel donde ve la televisión con Metzger en The Crying of Lot 49 y Doc llega a desenmarañar el misterio que rodea a Shasta en Inherent Vice, entonces la esperanza por la lucha continúa. No se me escapa que vivo junto a Edna entre conspiraciones y luchas que nos hacen perder el sueño, aunque todavía nos podemos reír cuando ella se queja de los pies sucios de Joaquín Phoenix.

 

 

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