Especial para En Rojo
Estos días, compartimos entre nosotros los mejores deseos para este año que está a punto de comenzar. Sin embargo, ¿cómo hablar de paz y justicia, en un mundo en el que sólo dos mil personas tienen la misma riqueza que cuatro mil setecientos millones de seres humanos?
Según los cálculos de la FAO, la organización de la Organización de Naciones Unidas contra el hambre, a cada minuto, pueden morir de hambre al menos once personas en el mundo. Al mismo tiempo, el planeta se hunde en una crisis medioambiental cada vez más profunda y la humanidad no parece librarse ya de la pandemia. Eso, sin hablar de la tragedia de la migración. En medio de esta realidad, es inexplicable que, en la última década en todos los continentes, los gobiernos hayan duplicado su gasto militar.
La élite financiera colabora activamente para que el continente latinoamericano siga con gobiernos de extrema derecha que rinden culto a Hitler, Mussolini y a dictaduras militares. Al mismo tiempo, en todas las Iglesias crecen movimientos religiosos que rinden culto a Dios como símbolo del poder dictatorial y de los privilegios de clase, raza y género.
Nuestra esperanza no proviene de un análisis de la realidad, que, sólo puede ser pesimista. Viene de nuestra fe en la vida, en los seres humanos y en el Amor Divino que fecunda el universo y los corazones humanos. Al igual que la salud del árbol depende de sus raíces, las opciones fundamentales de la sociedad se basan en la cultura. El capitalismo, antes de ser un sistema económico en lo cual todo, incluso las personas tienen precio, es una cultura, o sea, una forma de ver la vida. Si trabajamos para transformar esta cultura, podemos confiar en que podemos transformar el mundo.
Este año, en su mensaje para el 1 de enero, Jornada Mundial de la Paz, el Papa Francisco propone: «La educación, el trabajo, el diálogo entre generaciones: instrumentos para la construcción de una paz duradera». La transformación provocada por la educación, el diálogo entre generaciones y la valoración del trabajo no se producirá de arriba abajo, sino desde las bases.
En estos días, el cristianismo celebra la memoria del nacimiento de Jesús. Es una forma de proclamar que la salvación de la humanidad viene de las periferias del mundo y de la pequeñez de un pesebre. Cada uno de nosotros puede redescubrir en lo más profundo de su ser la cuna de paja que, por pobre que sea, alimenta al nuevo ser humano que nace en nosotros y para un nuevo mundo posible. Como decía Mahatma Gandhi en la India: Empieza por ti mismo el cambio que deseas para el mundo.



