Patronazgo político en la nueva crisis de la AAA

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CLARIDAD

 

En Puerto Rico todo el mundo conoce (y sufre) el patronazgo político, que es la colocación de los fieles partidistas en la empleomanía gubernamental. Cuando un mismo partido político domina por mucho tiempo -como sucedió en México con el PRI y en Puerto Rico con el PNP-PPD- el control del mal llamado “servicio púbico” por los fieles partidarios se vuelve permanente y pasa de generación en generación. Ya los abuelos del PNP se jubilaron y ahora el turno es de los nietos.

Todas las dependencias del gobierno sirven para colocar adeptos, pero las más apetecibles, por lo menos hasta que hace algunos años llegó la quiebra, eran las corporaciones públicas, en particular la Autoridad de Energía Eléctrica, Acueductos, Fondo del Seguro del Estado, etc. La razón para esa preferencia es muy sencilla: allí hay muy buenos salarios y mejores beneficios que en el resto del gobierno. Esa suculenta tajada se separaba para los mejores cuadros, loas más “sacrificados” durante la última campaña.

Ese control le supone al PNP-PPD, particularmente al primero, una base política bien pagada y con una fidelidad a toda prueba. Son los que trabajan duro en las campañas, organizan las actividades y dirigen la movilización cuando llegan las elecciones. El trabajo en la agencia o autoridad que lo emplea es casi siempre parcial porque tiene que combinarse con la tarea política. En sus inicios esos beneficiados del patronazgo mantenían cierta discreción, pero con el pasar de los años los velos desaparecieron y el comportamiento abiertamente político se volvió normal. En la AEE, por ejemplo, operaban abiertamente los “Energéticos Progresistas” como un organismo de base del PNP y un grupo similar del PPD. Lo mismo ocurría y ocurre en todas las dependencias públicas.

Huelga decir que el “mérito” no es de ninguna manera el criterio de contratación y, como sucede siempre, solo a veces, por mera carambola, el que se apropia del puesto resulta ser idóneo para el trabajo. Cuando esa carambola no se produce el servicio público es pobre, mediocre, pero el designado se mantiene inamovible. Cuando se acerca el final del cuatrienio y surge el riesgo de perder las elecciones, los cuadros que ocupan los llamados puestos de confianza, son transferidos a plazas “de carrera” donde estarán protegidos en caso de un cambio de gobierno. Allí permanecen, en ocasiones con un sueldo menor, pero seguro, en espera del próximo triunfo electoral.

Hasta hace poco la batalla más común en las dependencias públicas era entre los funcionarios fieles al PNP y el PPD, pero con la debacle de este último, el control del primero se ha vuelto casi absoluto y entonces se pelean entre sí. En los últimos dos años, desde que empezó a perfilarse la contienda entre el gobernador Pedro Pierluisi y Jennifer González, las peleas entre los fieles de ambos se volvieron públicas. Cuando la última se impuso, de inmediato desplazó de los puestos de confianza a quienes no la había apoyado. La batalla entre facciones produjo escenas insólitas, como cuando la facción vencedora colocó una guagua de sonido frente al Departamento de Educación anunciando el fin de la vencida.

Esta lucha faccional aumenta aún más la mediocridad del servicio público. Si la politización y el control del PNP del aparato gubernamental dejaba fuera de los cargos importantes del gobierno a más del 60 por ciento de la población de Puerto Rico, la lucha faccional dentro del partido reduce la base de reclutamiento mucho más. Antes, para poder acceder a un cargo “de confianza” había que ser o estar conectado con la maquinaria partidista. Ahora no basta con eso porque se exige, además, haber sido fiel a la actual gobernadora. A reducir la base de reclutamiento la probabilidad de incompetencia se dispara.

Los platos rotos, como siempre, los paga el pueblo. En la última crisis de la AAA, que dejó sin agua a las partes más pobladas del país, vimos a todo despliegue el efecto del patronazgo político. Como jefe de esa crucial empresa pública se nombró a un tal Luis González Delgado, que hasta el momento había sido “subdirector ejecutivo de la Región Este”. De ese puesto regional de tercera categoría, donde llevaba muchos años, saltó a jefe de toda la Autoridad solo por razones de lealtad. De inmediato, el nuevo mandamás colocó fieles en los otros niveles. En cuestión de meses la nueva camada provocó la peor crisis en el suplido de agua desde el último huracán. Los sectores más importantes del Área Metropolitana, incluyendo los de mayor actividad económica, han estado a secas por muchos días sin que los nuevos jefes encuentren la manera de enfrentar la crisis.

Este es solo un ejemplo. Vendrán otros porque el patronazgo político seguirá ampliándose.