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Teología de la liberación y defensa de la Casa Común: voces cristianas frente al proyecto Esencia

 

Tradicionalmente, la narrativa latinoamericana vinculada a la teología de la liberación no concede espacio a los grupos cristianos puertorriqueños que han articulado un discurso y una praxis de fuerte raigambre sociopolítica. En este escrito no se profundizará en las razones por las cuales tal omisión persiste, pero conviene enfatizar que el archipiélago siempre ha contado con voces de cuño liberacionista, especialmente desde la década de 1960. De ahí que me inscriba en la corriente de pensamiento que observa los filos liberadores de las Iglesias como partes constituyentes y herramientas necesarias en la cristalización de proyectos acerca de la liberación de los pueblos y de las clases sociales oprimidas.[1]

Una de las más recientes acciones en las que sectores de vanguardia —dentro de las Iglesias en Puerto Rico— visibilizaron su rol profético ocurrió el pasado 22 de agosto de 2026, cuando figuras del movimiento religioso se posicionaron abiertamente contra Esencia en Cabo Rojo, un proyecto turístico y residencial de lujo que tendrá un impacto inevitable sobre los recursos naturales de la región. Al igual que en la lucha ambiental a favor de liberar al pueblo de Vieques de la Marina de Estados Unidos, estos actores eclesiales acompañaron al pueblo en la protesta y expresaron su oposición a este modelo de desarrollo turístico‑residencial. Además de sectores protestantes progresistas, entre los manifestantes se encontraban el obispo de Mayagüez, Ángel Luis Ríos Martínez; el sacerdote de la Diócesis de Caguas, padre Pedro Ortiz; varios diáconos de la región; numerosos laicos; y el presidente de la Universidad Católica, licenciado José A. Frontera Agenjo. Padre Pedro señaló en esa ocasión: “No al proyecto Esencia. No más daño ambiental. No más destrucción de nuestra patria. Defendamos la Casa Común”.

De una forma u otra, la defensa de la ecología se ha convertido en un componente histórico y estructural de la teología de la liberación. Aunque la reflexión ecológica cristiana comenzó a perfilarse en los años sesenta, su integración plena en las Iglesias se consolidó entre las décadas de 1980 y 2000. Es preciso destacar que la obra La dignidad de la Tierra. Ecología, mundialización, espiritualidad. La emergencia de un nuevo paradigma, del teólogo brasileño Leonardo Boff, se tradujo al español en el año 2000. A través de este trabajo, Boff colocó el tema de la tierra como eje central de la discusión teológica. El autor —cuyas obras se desarrollaron casi en paralelo al trabajo de Gustavo Gutiérrez— había ampliado su horizonte hacia una teología de la vida de carácter ecológico y humanista, por lo que pasó a ocupar un lugar destacado entre las voces cristianas contemporáneas comprometidas con la defensa del medioambiente.

Una coyuntura que reactivó el debate sobre la teología de la liberación en los albores del siglo XXI fue la creación del Foro Mundial de Teología y Liberación (FMTL), que se estableció en 2005 y se celebró simultáneamente al Foro Social Mundial. En su análisis sobre ese primer FMTL en 2005, en la ciudad de Porto Alegre en Brasil, el teólogo chileno Sergio Torres González, una de las figuras históricas de la teología de la liberación latinoamericana y uno de los principales propulsores de Cristianos por el Socialismo, destacó que uno de los aspectos medulares de ese evento fue la importancia teológica que le dieron las distintas ponencias presentadas al tema del entorno ecológico.[2]

Dos años más tarde, se llevó a cabo la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en el Santuario de Nuestra Señora Aparecida, en Brasil. Entre otros elementos positivos y negativos para la Iglesia latinoamericana, Aparecida recuperó la visión misionera de la Iglesia y, contra todo pronóstico, reasumió varios de los elementos esenciales de la teología de la liberación y abrió un nuevo horizonte para la misión y la pastoral en el continente.[3] Sin embargo, la cuestión ambiental parece no haber ocupado —en ese encuentro episcopal— un lugar relevante a juicio de la hermana dominica de Santo Tomás de Aquino, Antonieta Potente.

Antonieta Potente residió en Cochabamba, Bolivia, por varias décadas y forma parte de la generación de mujeres teólogas que han marcado profundamente la vida de la Iglesia. Desde su mirada liberadora, expuso algunos señalamientos de notable significación. Con base en la premisa de que los países pobres concentraban el 90% de las víctimas de los desastres naturales y asumían el 75% del daño económico, la religiosa concluyó que el acercamiento de Aparecida al tema ambiental fue tímido.  Del mismo modo, sostuvo que el ser humano no es el único en este universo “y que su historia de liberación no es verdadera sin la complicidad con la historia de la liberación de la biodiversidad universal”.[4]

En 2010, los religiosos Leonardo Boff y Miguel D’Escoto presentaron en la ONU la Declaración del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad. Con ese fondo, el equipo de investigación interdisciplinario de la Pontificia Universidad Javeriana, ECOTEOLOGÍA, integrado por Alirio Cáceres Aguirre, John Jorge Castiblanco Palomino, Carlos Hernando Díaz Franky, Germán Roberto Mahecha Clavijo y Nohora Inés Pedraza, afirmó que la ecoteología de la liberación está presente en las comunidades y que asume dos valores fundamentales: la sostenibilidad y el cuidado. La primera se entiende como una herramienta necesaria y respetuosa de los límites de cada ecosistema y de la propia Tierra, lo que puede permitir la equidad y la justicia social mundial. Mientras que la segunda involucra una relación amorosa, responsable y no destructiva ni agresiva con la realidad de la naturaleza.[5]

El mayor punto de inflexión sobre este tema surgió con el pontificado del papa Francisco. La publicación en 2015 de Laudato si’ por el papa Francisco marcó el momento en que el cristianismo ecológico adquirió centralidad en la reflexión teológica contemporánea. El propio pontífice profundiza en este aspecto cuando afirma: “La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, el agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance tecnocrático”.[6]

Su exhortación apostólica Querida Amazonia, de febrero de 2020, fue un aldabonazo a la conciencia ambiental y a la protección de este “bioma compartido por nueve países”. Con este documento no solo invitó al cuido de la naturaleza, sino que también hizo un llamado a un cambio profundo en la calidad de vida de los que allí habitan.  En cuanto a esto dijo: “Sueño con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida”.[7] En efecto, como asegura Leonardo Boff, el papa Francisco convocaba a la pastoral de la ternura, del amor incondicional, de los inmigrantes y del respeto a la Madre Tierra, desde una ecología integral que profundizaba en el ambiente, la sociedad, la política, la cultura y el mundo del espíritu.[8]

Este escenario teológico, defendido con fuerza en el pontificado del papa Francisco, permite comprender con mayor claridad la trascendencia de las acciones pastorales en Puerto Rico. En suma, la marcha contra el proyecto Esencia en Cabo Rojo se enmarca en esa misma sensibilidad ecológica y liberadora que hoy atraviesa la reflexión cristiana. No solo la marcha de agosto de 2026, sino también la peregrinación que se realizó en 2025, donde diversos sectores protestantes organizaron un frente común para protestar contra Esencia. En esa ocasión, se congregaron la Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico, la Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo, la Iglesia Metodista de Puerto Rico, la Iglesia Luterana de Puerto Rico y la Iglesia Episcopal. Uno de sus principios fue: “Hagamos caminar la justicia, no la esencia”. A ello sumaron la siguiente afirmación: “Atendiendo este llamado, nos uniremos como Iglesia para caminar juntos, elevando nuestras voces y pasos en favor de la justicia social, la defensa de nuestras comunidades y el cuidado de la creación”.[9]

A este clima de movilización cristiana se incorporó el comunicado emitido por la organización Red de Esperanza y Solidaridad (REDES) pocos días antes de la marcha de 2026, en el que se revalidaron las preocupaciones ambientales y el llamado a la defensa del territorio. REDES, organización históricamente comprometida con los pobres, de carácter fundamentalmente laico y católico, y presidida en la actualidad por Marilyn Valentín González, enumeró los daños que provocaría este megaproyecto en Cabo Rojo, entre ellos:

  1. Impacto directo sobre la Reserva Natural del Bosque Estatal de Boquerón.
  2. Aumento significativo en la demanda de agua para las instalaciones turísticas y de entretenimiento, incluidos los campos de golf.
  3. Destrucción del patrimonio cultural asociado a la zona.
  4. Incremento en el costo de vida y de las viviendas cercanas, con el consiguiente riesgo de desplazamiento de los residentes.
  5. Afectación de las actividades pesqueras y limitación del uso comunitario del litoral costero.
  6. Alteración y posible destrucción de los yacimientos arqueológicos identificados en el área.
  7. Transferencia al pueblo del costo de los incentivos industriales que el megaproyecto pretende utilizar.[10]

             

Estas voces del entramado religioso han interpretado el discurso ecológico cristiano como una vía para cuestionar los presupuestos epistemológicos y éticos que sustentan el paradigma científico‑técnico de la modernidad en su relación con la naturaleza, tal como ha señalado el teólogo Juan José Tamayo en su crítica a los modelos civilizatorios modernos.[11] En mayor o menor grado, estos agentes pastorales puertorriqueños se han hecho parte de las nuevas teologías de la liberación que enriquecen los proyectos evangélicos de la región latinoamericana y caribeña, con lo cual se inscriben en la dinámica de las corrientes religiosas que promueven una teología y una pastoral situadas, contextualizadas y orientadas a la protección de la Casa Común.

 

NOTAS

[1] Sobre esto, véase Michael Löwy, El marxismo en América Latina.  Antología desde 1909 hasta nuestros días (Chile: Lom Ediciones, 2007).

[2] Sergio Torres González, “Foro Mundial de Teología y Liberación (FMTL). Teología para otro mundo posible”, Testimonio, núm. 212 (noviembre-diciembre, 2005): 89.

[3] Francisco Aquino Júnior, entrevista telefónica, 23 de mayo de 2026.

[4] Antonieta Potente, OP, “¿Ecología en Aparecida? Todavía algo para aprender”, CRP, núm. 48 (septiembre, 2008): 40.

[5] ECOTEOLOGÍA, “Evolución de la cuestión ecológica en la Teología de la Liberación”, Vinculum, núm. 250 (enero-marzo, 2013): 56.

[6] Papa Francisco, Carta Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común, Arquidiócesis de San Juan, núm. 111.

[7] Exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonia del santo padre Francisco al pueblo de Dios y a todas las personas de buena voluntad, 2 de febrero de 2020, no. 7, https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20200202_querida-amazonia.html.

[8] Leonardo Boff, “Levanto mi voz en defensa del Papa Francisco”, Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis, 2 de febrero de 2024, https://leonardoboff.org/2024/02/02/levanto-mi-voz-en-defensa-del-papa-francisco/.

[9] Prensa sin censura, “Frente ecuménico contra el Proyecto Esencia en Cabo Rojo”, 25 de septiembre de 2025, https://prensasincensura.com/2025/09/25/frente-ecumenico-contra-el-proyecto-esencia-en-cabo-rojo/.

[10] Marilyn Valentín González, Pronunciamiento de REDES sobre el megaproyecto Esencia (comunicado), 20 de agosto de 2026.

[11] Véase Juan José Tamayo, Cristianismo radical (Madrid: Editorial Trotta, 2025), 78.