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La Venezuela de Simón Bolívar y de Nuestra América

Especial para En Rojo

Las mega elecciones que movilizaron a Venezuela el domingo 21 de noviembre demostraron una democracia popular que funciona, incluso en medio de la guerra que el gobierno estadounidense y sus aliados libran contra este país. El resultado de estas elecciones demuestra que, a pesar de todos los problemas a los que se enfrenta, el pueblo de Venezuela cree en el proceso del bolivarianismo y aprueba al gobierno que lo está llevando adelante. La guerra económica impide al gobierno venezolano recibir pagos incluso por el petróleo que vende fuera del país. El bloqueo económico no permite que entren en el país ni siquiera las materias primas para las medicinas indispensables. Sin embargo, Venezuela resiste y celebró sus 29ª elecciones generales desde 1998, cuando el Presidente Chávez se presentó à las elecciones y ganó por primera vez. Esta vez, el pueblo venezolano eligió gobernadores, alcaldes y cámaras legislativas estatales y municipales.

Una vez más, la prensa internacional hizo todo lo posible por desmoralizar el proceso electoral. La Unión Europea y Estados Unidos han enviado centenares de observadores, 110 ONGs participaron en el proceso de recuento de votos con derecho a intervenir. No pudieron presentar ninguna queja sobre la imparcialidad de las elecciones.

El gobierno bolivariano y el proceso político iniciado bajo el liderazgo del presidente Hugo Chávez y continuado hoy bajo Nicolás Maduro han elegido a 20 de los 23 gobernadores elegidos. Han ganado 205 alcaldías de las 335 que se presentaron a la contienda y hicieran buen número de legisladores. En el estado de Barinas habrá nuevas elecciones, previstas para el domingo 9 de enero.

Para nosotros, latinoamericanos, por varias razones, la victoria del proceso bolivariano en las elecciones venezolanas es una buena noticia. Porque después de tantos años de guerra y bloqueo por parte de Estados Unidos, el pueblo venezolano confirma que el imperio tiene mucha fuerza, pero no puede comprar la dignidad de un pueblo. Si Venezuela logra decir No al imperio, toda América Latina y el Caribe pueden mantener la esperanza de su integración comunitaria y su liberación de todos los imperialismos.

Este próximo 17 de diciembre, celebramos el 191 aniversario de la muerte de Simón Bolívar, el libertador que a principios del siglo XIX ya se propuso la descolonización. El 17 de diciembre de 1830, a la edad de 47 años, murió pobre, dejándonos como herencia el sueño de la integración continental y el pleno reconocimiento de la dignidad humana y la liberación de todos los pueblos. Muchas gracias al gobierno y al pueblo de Venezuela por reavivar en nosotros este proyecto de vida y fraternidad social.

 

 

El legado de Juan Mari Brás

 

ccotto@claridadpuertorico.com

La lucha por la independencia de Puerto Rico no puede estar divorciada de las luchas emancipadoras que todavía persisten en nuestra región caribeña y latinoamericana, sostuvo la licenciada Annette Martínez Orabona, en su conferencia De aquí no nos saca nadie: Por una declaración universal de nuestra libertad.

 La conferencia, presentada en el Teatro de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana en Hato Rey, fue la actividad principal de la Fundación Juan Mari Brás, en ocasión de la celebración del natalicio 94 del líder independentista, el 2 de diciembre. Una de las tareas principales del licenciado Mari Brás en pro de la independencia de Puerto Rico fue dar a conocer nuestra condición colonial a nivel internacional.

La licenciada Orabona Martínez, quien es activista internacional de derechos humanos, resaltó que el país vive en un momento coyuntural de nuestra historia y que cuando esto pasa es importante tener claridad de conciencia, solidaridad y acuerdos lúcidos que nos ayuden a definir una estrategia de lucha. En nuestro país la opresión colonial se ha agravado a pasos agigantados con la imposición de la Junta de Control Fiscal (JCF) en el 2016, describió. “Lo que hemos vivido es una aceleración brutal del despojo de nuestros servicios públicos, de nuestro patrimonio, dejándonos cada vez con menos recursos y con más incertidumbre”.

Expuso que las políticas impuestas por la JCF favorecen la gentrification o el aburguesamiento y empujan a un sector cada vez más grande de nuestra población a vivir en niveles de pobreza incluso de extrema pobreza. Esa violencia estructural se convierte en ollas de presión que obligan a las personas a escapar, ya sea que los empuje al destierro o, en ocasiones, al encierro. Resaltó que ese desplazamiento poblacional no es desconocido en nuestra América, lo hay en otros países y es parte del proceso colonial, de los gobiernos opresores, racista y elitistas.

En esa dirección expuso que el colonialismo y sus políticas es algo que nos afecta a todos, en términos individuales, nacionales y regionales, por lo que el proceso de descolonización debe llevarse en esas tres dimensiones. Haciendo alusión a la postura del psicoanalista Frantz Fanon, expresó: “El coloniaje es una gran enfermedad de la que no estamos exentos en tiempos de pandemia. Utilicemos ese pensamiento de este doctor en medicina para definir dónde estamos y hacia dónde vamos. Para hablar de verdadera independencia, es necesario reconocer que cargamos con los efectos de esa enfermedad”.

A nivel regional, como puertorriqueños, nuestra la emancipación requiere reconocer que pertenecemos a la región caribeña y latinoamericana en donde todavía está muy presente el coloniaje con nuevas tácticas, nombres y andamiajes y que las fuerzas avasalladoras que quieren sacar a los puertorriqueños de nuestro país también quieren acabar con nuestras hermanas y hermanos de nuestra región. En torno al tema, expuso sobre el desplazamiento de poblaciones pobres e indígenas de Centro América, la deportación de personas haitianas de República Dominicana, la condición de apátridas de personas de origen haitiano en ese país, la explotación de las minas de carbón y el asesinato de líderes comunitarios, entre otros.

Recalcó que es necesario que en Puerto Rico el independentismo se sienta parte también de estas luchas, ya que la independencia no es un fin en sí mismo, sino un proceso que tenemos que comenzar y vivir día a día hasta que la logremos por completo. Ese proceso no puede estar divorciado de otros procesos de emancipación que se están dando en nuestra región.

La actividad fue conducida por Mari Mari Narváez, miembro de la Fundación hija de Mari Brás. Tras la exposición, la actividad contó con la participación del grupo Mapeyé, en la percusión Frankie (Pipo ) Huertas y el trovador Eduardo Villanueva.

 

 

 

La juventud demuestra lo que es invertir en el deporte

Foto: Cortesia COPUR

 

 

Especial para CLARIDAD

Al momento de escribir, se acaban de terminar en Cali Colombia los Primeros Juegos Panamericanos Junior de la historia. El evento fue de preparación a los atletas de menos de 23 años para cuando subieran al próximo nivel y contó con sobre 3,600 atletas de 31 países.

La delegación boricua logró un total de 20 medallas con: 8 de oro, 4 de plata y 8 de bronce, y llegó en la 9na. posición.

Tengo que admitir que tras concluida la Justa Panamericana, lo primero que me vino a la mente fue una publicación sin sentido que leí días después de los Juegos Olímpicos. El mismo cuestionaba si el Gobierno de Puerto Rico debía seguir apoyando económicamente el deporte, pues supuestamente no se veía desarrollo y los atletas que ganaban no era producto de aquí.

Esa teoría absurda quedó desmentida con estos juegos donde prácticamente todos los medallistas se criaron y desarollaron en la isla y quedó claro que la inversión que se hace en ellos es una que rinde frutos. Nuestro deporte se encuentra en buenas manos camino al nuevo ciclo olímpico.

Desglose de medallas

La distribución de las 8 medallas de oro fue la siguiente:3 en bolos- La pareja integrada por Pamela Pérez y Taishaye Naranjo fue la primera en hacer sonar la borinqueña. Taishaye añadiría un segundo oro en individual para convertirse en la única atleta boricua con 2 medallas de oro. En esa misma, Jeriel Burgos ganó oro en la rama masculina.

2 en atletismo- De la mano de Paola Fernández en salto largo y de Héctor Pagán en los 10 mil metros. Confieso que estas me cogieron un poco por sorpresa, no porque los atletas la ganaran , sino porque se obtuvieron en dos eventos donde el atletismo boricua ha tenido una sequía significativo en todos los niveles por los últimos 30 años. El hecho de que ambos hayan podido ganar su evento y hacerlo de manera convicente trae nuevos bríos al atletismo. Con su oro, mbos aseguraron su pase a Santiago 2023.

1 en karate – 61 KG- De la mano de Janessa Fonseca, una joven que se quedó a nada de obtener la clasificación olímpica para Tokio 2021 al llegar 5ta. en en un mundial donde entraban las mejores tres. Fonseca dejó ver su clase al tener marca de 4 -1 y vencer a representantes de Cánada, Estados Unidos y Brasil en sus últimos tres encuentros.

1 en dobles de tenis de mesa – La combinación de Ángel Naranjo y Derek Valentín demostró que este deporte sigue en ascenso. Estos vencieron a parejas de Colombia, Chile, Brasil y Cuba.

3x3en baloncesto- La victoria de nuestro cojunto 3 x3 fue una demostración de cría, pues el equipo perdió temprano en el torneo a su armador, Adrían Ocasio, por una lesión en el hombro, lo que obligó a jugar en desventaja prácticamente todo el campeonato. Aun así, jugaron para 5-1, vengando su única derrota frente a Venezuela en el juego por la medalla de oro.

Cuatro platas

Los deportes de combate siempre han producido grandes resultados para el país, esta vez con seis medallas en total, 2 de estas de plata.

1 en karate – 68 kg de Destiny Vergara. La boricua tuvo marca de 3 ganados y 2 perdidos (ambos frente a Brasil). Su victoria 3 a 2 frente a la mexicana Pamela Campos fue uno de las mejores peleas de todo el campeonato.

1en taekwondo- Gianna Vargas fue la primera medallista por Puerto Rico en los juegos.

1 en volibol playa – En lo que fue realmente un partidazo (para mí, el juego del torneo) P.R. cayó derrotado frente a Brasil en un gran final de tres sets, 17 -21, 26 a 24 y 15 a 13, tras haber ganado sus primeros cinco partidos. En el proceso, cualificaron para Santiago 2023 por ser el mejor de NORCECA.

1 en tenis de mesa- Ángel Naranjo sigue dando de qué hablar con tan solo 17 años, y ya siendo parte del programa adulto, es el único atleta que no es de bolos en ser doble medallista.

Ocho bronces

2 en boxeo- William Colón obtuvo victoria en su primer combate, pero luego cayó frente al representante de EE. U.U., que ganó la medalla de oro.

William Ortiz- tras ganar su primer combate fue retirado de la competencia por motivos de precaución.

1 en bolos- La pareja formada por Edgar Burgos y Jorge Rodríguez obtuvo medalla de bronce. Esa combinada con los tres oros hace del bolo nuestro deporte bandera de los juegos.

1 en judo- Sairi Colón, la abanderada de nuestra delegación, consiguió la única medalla en este deporte.

Tenis de mesa femenino- Sabíamos que el deporte de tenis de mesa femenino, que tanta gloria le ha dado a Puerto Rico en años recientes, no se iba a quedar atrás. La pareja compuesta por Fabiola Díaz y Brianna Burgos obtuvo en cuartos una importante victoria frente EE. UU. para asegurar la medalla.

2 en tiro con arco- Fue el único deporte donde se obtuvieron dos bronces. Esta disciplina ha ido creciendo y haciendo ruido en los últimos eventos continentales.

1 en softball femenino- Este deporte, que siempre ha sido de tradición para el país, obtuvo su medalla al vencer a Perú en el juego.

Sin duda, los Juegos Junior demostraron que nuestra delegación está lista para los retos del El Salvador 2023, Santiago 2023 y París 2024.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UPR Cayey levanta la huelga

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

El estudiantado del recinto de Cayey de la UPR uno de los que se mantenía en huelga indefinida, llegó a acuerdos con la administración este martes en la tarde (30 de noviembre) por lo que levantó su huelga.

Eliezer Díaz Lebrón, presidente del Consejo General de Estudiantes (CGE), confirmó a CLARIDAD que los acuerdos se firmaron con el Comité de Diálogo y Negociación que fue constituido hace unas semanas a través del Senado Académico de Cayey. Estos comités se supone que hayan sido constituidos en cada recinto a solicitud de la presidenta de la UPR, Mayra Olavaria, para negociar con los estudiantes. .“Tuvimos la tercera reunión el lunes en la tarde donde se discutieron los acuerdos finales que solicitábamos los estudiantes. Una reunión casi de cuatro horas y ayer en la tarde se firmaron”.

Entre los ocho acuerdos sobre salen; informar a la comunidad universitaria sobre los proyectos de infraestructura en progreso y proyectados para el recinto; informar sobre la distribución de los fondos institucionales de HEERF (Higuer Education Emergency Relief Fund). Díaz Lebrón indicó que el estudiantado esta preocupado y quiere saber cómo se gastó ese dinero institucional dado a que la administración contrató unos empleados para tareas de desinfección y equipo durante la pandemia, parte de estos contratados son conocidos en el recinto como “Covid Police” porque a lo que se dedican es a velar por el uso de mascarillas y que no haya aglomeración de personas. Esto no se ha visto en ningún otro recinto.

Otros dos acuerdos fueron retomar el horario universal de los martes y jueves y que se presente un informe sobre el presupuesto del recinto para el año fiscal 2021-2022, el cual a su vez será presentado al estudiantado en asamblea general de estudiantes.

Una vez levantada la huelga se espera que las clases presenciales se reanuden en los próximos días luego de que se lleven a cabo trabajos de acondicionamiento debido a que el recinto estuvo cerrado durante todo el mes de noviembre. Al inicio del semestre el 90% de las clases en Cayey se impartían de manera presencial. El presidente del CGE dijo que en estos momentos se encuentran en el proceso de matricula adelantada y que los cursos en línea son unos tradicionales básicos para que haya un poco mas de versatilidad para los estudiantes. Al igual que en otros recintos la rectora doctora Glorive Rosa Pérez, hace unas semanas hizo expresiones públicas en contra del recorte al presupuesto de la UPR.

Díaz Lebrón, estudiante de Ciencias Sociales expresó que entienden que su recinto de Cayey junto a Utuado, Ponce y Humacao, son de los recintos que estarían en esa lista de cierre ante los recortes al presupuesto de la UPR lo que sería fatídico para jóvenes de los pueblos del área central que no pueden llegar a otros recintos.

“La lucha estudiantil continua los estudiantes siguen motivados en que se tiene que seguir luchando por la UPR y vamos a seguir haciendo movimiento hasta que se haga justicia por la UPR”.

 

“De aquí no nos saca nadie: Por una declaración universal de nuestra libertad”

De izquierda a derecha, Gilberto Ortiz, Annette Martínez, Rosa Mari Pesquera,Mari Mari Narváez, Eduardo Villanueva,Tony Rivera, Frankie (Pipo) Huertas, Carlos Martínez. foto: Juanma Hernández

 

Buenas noches y saludos a todos y todas. Quiero agradecerles por acompañarme hoy en esta conmemoración y celebración de la vida y de los aportes de Don Juan Mari Brás. Mi agradecimiento especial a la Fundación Juan Mari, por extenderme esta invitación.

Yo no conocí personalmente a Don Juan. Pero, vengo de una familia que se comprometió con la lucha de la independencia desde que tengo uso de razón, y los andares de don Juan, así como de otros y otras luchadoras por la independencia de nuestro país eran siempre parte de nuestra conversación y formó parte fundamental del desarrollo de mi conciencia sobre lo que es ser puertorriqueña.

Me invitaron para compartir con ustedes mi pensar sobre lo que hoy significa la lucha por la independencia de nuestro país, y en ese sentido, creo que es importante mirar a los aportes de Don Juan como un punto de partida, de arranque y de impulso al trabajo que es necesario seguir haciendo, pero también, al que es necesario comenzar a hacer.

Hoy, como en el pasado, vivimos un momento coyuntural en nuestra historia. Cuando eso pasa es importante tener claridad de consciencia, solidaridad, y acuerdos lúcidos que ayuden a definir una estrategia de lucha. Puerto Rico hoy ha visto el peso de la opresión colonial agravarse sobre nosotros y nosotras a pasos agigantados. Con la imposición de la Junta de Control Fiscal en el 2016, lo que hemos vivido es una aceleración del despojo de nuestros servicios públicos, de nuestro patrimonio, de nuestro territorio, dejándonos cada vez con menos recursos y más incertidumbre. Las políticas impuestas favorecen la gentrificación y empujan a un sector cada vez más grande de nuestra población a vivir en condiciones de pobreza y violencia estructural. Estos procesos se sienten como una olla de presión que nos obligan a escapar, que parecen empujarnos al traslado, al destierro, incierto también. Pero ese desplazamiento poblacional es una estrategia más del coloniaje al que hemos sido sometidos, utilizada de manera consistente por gobiernos opresores, racistas y elitistas. Es una manera más de ocupar el territorio colonizado y explotar sus recursos para el beneficio de unos pocos, de anexionarse el territorio que no les pertenece, causando mayor dependencia y disminuyendo las posibilidades de un ejercicio autónomo de independencia.

Estas políticas no afectan a todas las personas de la misma manera. La desigualdad en nuestro país es evidente para algunos, pero no para todos. Porque en la colonia siempre hay grupos privilegiados. El mayor peso de ese despojo recae particularmente sobre quienes históricamente han sido marginados de todo tipo de toma de decisión.

Por eso cuando pienso en la lucha por la independencia de mi País, siempre tengo que pensar que es una lucha contra el coloniaje. Y el coloniaje en todas sus dimensiones. La independencia debe llevarnos al despojo de esa condición colonial y a una verdadera emancipación. Ese proceso lo identifico en tres niveles: el personal, el colectivo y el internacional.

Como punto de partida, creo que el coloniaje debe enfrentarse primero a nivel individual. Ese coloniaje que se nos mete en la piel y que nubla el pensamiento, que produce desigualdades de las que terminamos siendo parte. Porque la colonia, en ese sentido, es como lo define Franz Fanon, una gran enfermedad, de la que no estamos exentos ni exentas. Y me parece apropiado que en tiempos de pandemia, utilicemos el pensamiento de se gran estudioso del poder colonizante para redefinir donde estamos y hacia donde vamos.

Para hablar de verdadera independencia, es necesario reconocer que cargamos con el peso de esta enfermedad. El coloniaje nos ha afectado, y es importante que nos miremos en el espejo, y nos atrevamos a identificar en ese reflejo los efectos de esta condición. Es un ejercicio personal, íntimo, pero también colectivo, nacional, regional y continental. Este ejercicio, es en esencia, la verdadera emancipación. La que nos lleva a enfrentar nuestros propios fantasmas, nuestras opresiones, tanto las que nos han impuesto, como aquellas de las que hemos o seguimos formando parte. La que nos lleva a preguntar críticamente lo que nos han hecho creer. Nadie se salva, en la colonia todos fuimos expuestos al virus de la enfermedad y aquí no hay vacunas para evitarla. La única salida es aprender a enfrentarla, reconocerla y a sacarnos una por una las capas de esa costra que se nos ha pegado a la piel y al pensamiento y que se reproduce en nuestro diario vivir. El patriarcado, el machismo, la violencia intrapersonal, son parte de esa lacra que necesitamos enfrentar y que tanto daño ha hecho a nuestro movimiento independentista. No puede haber verdadera emancipación e independencia cargando con esos niveles de desigualdad en las pupilas.

A nivel colectivo, las opresiones del coloniaje están claramente presentes en las políticas impulsadas desde el gobierno administrador y sus estructuras, generando distintos tipos de desigualdad y violencia que vemos en procesos judiciales, en el sistema carcelario, en la falta de vivienda segura, en la ausencia de servicios para la protección y desarrollo de nuestra niñez, en el masivo cierre de escuelas, en la falta de transporte y servicios médicos y hospitalarios en Vieques, en la ausencia de alternativas de desarrollo y autonomía para las mujeres, y en general, la falta de oportunidades que afectan particularmente a personas pobres, negras, migrantes, ancianas y privadas de libertad. Las desigualdades que se ven allí son producto también de ese coloniaje elitista, patriarcal y misógino. Para mí, la verdadera independencia requiere un despojo total de esas opresiones con las que hemos cargado y vivido siempre, tanto las personales y las colectivas.

A nivel regional e internacional, el ejercicio de la emancipación requiere un nuevo reconocimiento de nuestra identidad como puertorriqueños y puertorriqueñas, con dignidad, respeto y valores reconocidos a todos los sectores de la población, y en especial para quienes han pagado el peso más profundo de nuestra condición. Es importante también, reconocernos pertenecientes a una región que aún vive bajo la sombra de una historia colonial muy presente, con nuevas tácticas, nombres y andamiajes. Y que las fuerzas colonizantes y avasalladoras que quieren acabar con nosotros y sacarnos a la fuerza de nuestro país, son las mismas fuerzas que quieren acabar con nuestras hermanas y hermanos en la región.

Este proceso de emancipación colonial, requiere que nos indignemos con la intervención permanente de Estados Unidos en Puerto Rico, pero también con su ocupación en Haití, que denunciemos el bloqueo a Cuba, pero también que expresemos nuestro repudio a la detención y deportación masiva de mujeres embarazadas en República Dominicana, así como que repudiemos la condición de apatridia a que han sido sometidas tantas hermanas y hermanos negras en República Dominicana y en Las Bahamas, en Colombia y en Brasil. Que repudiemos enérgicamente la extracción de recursos naturales, la privatización del agua, el desplazamiento masivo de poblaciones indígenas en Centro América, y en el Caribe, y la persecución, detención y desaparición de activistas y defensores en nuestra región. Es necesario que nos reconozcamos como parte de esas luchas también. Que el carbón que se quema aquí en la planta de AES, no sale de aquí, sale de las minas de carbón sur y centroamericanas, donde se explota a la población indígena y se le imponen condiciones de pobreza y contaminación extrema. Estamos conectados.

Por eso, yo creo en una independencia que no es un fin en si mismo, si no un proceso que debemos vivir día a día, hasta que la logremos completamente. La independencia, nuestra emancipación del coloniaje, no puede estar divorciada de otros procesos de liberación y emancipación que se están dando en nuestra región. No podemos, no debemos enajenarnos de esa cadena que nos ha impuesto el coloniaje, a través del capitalismo transnacional impulsado por Estados Unidos y por el capital privado. Es una realidad compartida, y por ello la solidaridad de los pueblos debe ser eje principal de nuestra lucha.

Por eso, desde que comencé mi carrera como abogada internacional me enfoqué en los derechos humanos como una herramienta de trabajo, acompañando a poblaciones violentadas por esas fuerzas de opresión. Y en el proceso aprendí de las personas a quienes tuve el privilegio de acompañar en sus denuncias internacionales y de los colectivos que mantienen redes de apoyo en la región. Aprendí que la lucha de Puerto Rico en contra del coloniaje es fundamentalmente una lucha por el reconocimiento de sus derechos humanos, de nuestro derecho a existir como pueblo, de nuestro derecho a exigir respeto y dignidad. Con la dificultad de que no existen espacios fácilmente abiertos para ventilar nuestros reclamos. Que Estados Unidos se ha encargado de torpedear e impedir nuestro acceso a las mesas internacionales de discusión, y en el camino nos ha hecho pensar que no podemos exigir en ellos nada, que el derecho internacional no nos aplica. Un discurso que es repetido por voces colonizadas y colonizantes, aquí, y en el Congreso de Estados Unidos.

Yo creo firmemente en nuestro derecho a tener voz y reclamar ese espacio dentro de la comunidad internacional de la que formamos parte. Esto lo conocía don Juan, y por eso se encargó de mantener una presencia activa junto a otros y otras en los espacios de las Naciones Unidas, tendiendo puentes diplomáticos y manteniendo relaciones políticas activas con países hermanos. Y gracias a esos esfuerzos se abrió paso a la discusión de Puerto Rico ante el Comité de Descolonización.

Por mi parte, yo creo e insisto en que abramos espacio también en sistemas regionales de protección de derechos humanos (con todos los desaciertos que estos sistemas puedan tener), porque desde mi perspectiva, nuestro reclamo debe ventilarse en todos los espacios posibles, especialmente en los foros de derechos humanos, porque nuestra condición es una violación múltiple y continua de derechos humanos con consecuencias terribles para nuestra posibilidad de subsistir como pueblo.

Por eso, nuestro camino a la independencia requiere que identifiquemos las estructuras opresoras aquí en nuestro país y exijamos su desmantelación desde Puerto Rico y en todos los foros que sean necesarios. Este trabajo es necesario hoy más que nunca. Las discusiones recientes en Estados Unidos impulsadas por ciertos sectores con una agenda anexionista intenta tergiversar la realidad de nuestra condición colonial, definiéndola como un problema de discrimen contra una minoría dentro de los Estados Unidos. Este argumento no se sostiene en el derecho internacional. Esta afirmación, es una nueva forma de tratar de legitimar el proceso de anexión al que hemos sido sometidos desde la invasión a Puerto Rico por el gobierno de Estados Unidos. Fue el mismo argumento legal adelantado por el ex gobernador Pedro Roselló en un caso internacional que presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Tomando en cuenta el impacto de este caso para Puerto Rico y para la región, desde nuestra Clínica de Derechos humanos, y junto al Prof. Steven Lausell, decidimos presentar un Escrito de Amigo de la Corte, para aclarar que, aunque es cierto que el caso de Puerto Rico es un grave ejemplo de violaciones múltiples a los derechos humanos, estas violaciones no surgen de una condición de minoría dentro de Estados Unidos, sino porque Puerto Rico es un pueblo ocupado por otro al que no se le ha permitido ejercer su derecho a la descolonización.

Hace unos días estuvo en Puerto Rico el Relator de Naciones Unidas sobre derechos de minorías, y uno de los aspectos que hubo que aclararle, fue precisamente que Puerto Rico no tiene la condición de minoría dentro de otro país, sino la condición de pueblo ocupado, y que el derecho internacional reconoce nuestro derecho inalienable a la auto-determinación. El Relator tuvo oportunidad de escuchar múltiples testimonios sobre violaciones de derechos humanos contra poblaciones específicas en las islas de Puerto Rico y Vieques. Testimonio tras testimonio, se denunció al Relator la intervención de una Junta de Control Fiscal, impuesta por Estados Unidos, como claro ejemplo de nuestra condición colonial.

Este es parte del trabajo que nos toca hacer. Un trabajo de denuncia continua, local, regional e internacional, y de lucha para reafirmar nuestra verdadera identidad como pueblo, creer en lo que tenemos y podemos hacer, y darle paso a un proceso continuo de afirmación puertorriqueña, caribeña y latinoamericana.

Por suerte, contamos con un pueblo sabio, que ha reconocido que los indispensables son ellos y ellas mismas. Y toman en sus manos el ejercicio de la independencia y la soberanía paso a paso, todos los días. Lo vemos en proyectos comunitarios que buscan la independencia energética. Lo vemos en el desarrollo de sistemas agroecológicos en manos de agricultores jóvenes y viejos que labran la tierra codo a codo, pensando en lo que es posible. Lo vemos en grupos colectivos de apoyo mutuo que han retomado espacios abandonados por el Estado y los han convertido en cooperativas de vivienda y centros de trabajo. Lo vemos en la resistencia de pescadores y pescadoras de Aguadilla, que se niegan a abandonar sus espacios de vida y trabajo, a pesar de que el gobierno ha hecho todo lo posible para desplazarlos. Le vemos en las luchas ganadas, que no han sido pocas y lo vemos también en las que nos faltan por ganar. Este no es el momento de abandonar el barco y salir corriendo, este no es el momento de ceder, este sigue siendo el momento de la resistencia, sigue siendo el momento de denunciar, de acompañarnos en nuestra lucha y de exigir el reconocimiento de nuestra identidad y nuestra libertad. La lucha sigue. Lo han intentado de todas las formas posibles pero de aquí no nos han sacado, y de aquí no nos van a sacar. Este es nuestro pedazo de mundo en la tierra. De aquí no nos saca nadie.

¡Que viva Puerto Rico Libre, y que viva Juan Mari Brás!

Palabras pronunciadas el 2 de diciembre, en el Teatro de la Interderecho.