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Boricuas en EEUU se unen a la denuncia contra LUMA

 

 

En un acto de solidaridad la diáspora puertorriqueña llevó a cabo también su manifestación en contra del contrato de Luma Energy (LE), el mismo viernes 15 de octubre. La actividad que se llevó a a cabo en Union Square, en la ciudad de Nueva York fue convocada por la organización, Frente Independentista Boricua. La expresión de la diáspora incluyó el rechazo a la imposición de la Junta de Control Fiscal (JCF).

La diáspora resaltó la denuncia hecha en la isla de que el desempeño de Luma ha sido desastroso causando una crisis de suministro eléctrico sin precedentes en Puerto Rico.

fotos suministradas

«La debacle de la electricidad en Puerto Rico la provocaron los gobiernos de los colonialistas Partido Popular y el Partido Nuevo Progresista, que mientras endeudaban y quebraban al país-colonia, también desmantelaban la Autoridad de Energía Eléctrica con el propósito de privatizarla. Año tras año redujeron los presupuestos para mejoras capitales y mantenimiento mientras aumentaban los puestos de confianza con gente de sus partidos rojo y azul» afirmó Pedro Reyes, portavoz de El Frente y militante del Friends of Puerto Rico Initiative.

Por su parte Eric Ramos, también portavoz de El Frente y militante del PIP de Nueva York expresó: «Hoy no solo rechazamos a LUMA Energy. Rechazamos la Junta Fiscal que fue impuesta por el gobierno de Estados Unidos con el propósito de sumir en la miseria a nuestro pueblo. Rechazamos enérgicamente el plan de austeridad que orquestan junto al gobierno colonial, exigimos que se respeten y se amplíen las pensiones de nuestros retirados, que se fortalezca la universidad de Puerto Rico y se realice una auditoría forense y política de la deuda con el propósito primario de hacer pagar a los responsables. La deuda de Puerto Rico es colonial e ilegítima.»

 

 

Mirada al País: El corralito colonial

 

Especial para CLARIDAD

El corralito financiero es una restricción impuesta por un gobierno para impedir la salida y libre disposición de los depósitos bancarios. El término se hizo famoso en diciembre de 2001 cuando se decreto en Argentina y se mantuvieron retenidos los depósitos hasta diciembre de 2002. Para 2015, Grecia recurrió a este recurso ante la celebración de un referéndum sobre el tema de la deuda.

En la colonia que vivimos nos han impuesto un corralito por niveles, dirigido a restringir el uso de fondos públicos y sus propósitos, no así los depósitos privados, por ahora. El corralito colonial afecta negativamente y principalmente a la clase trabajadora, a quienes dependemos de un ingreso producto del trabajo, las pensiones, pequeñas empresas y oficios técnicos y profesionales. Veamos.

Ante el agotamiento del modelo económico del estado libre asociado para la década de 1970, entiéndase exención contributiva a empresas foráneas y mano de obra barata, los administradores coloniales recurrieron al endeudamiento mediante la compra y venta de bonos. “Coger prestado” se vendió ante el país como algo positivo, sencillo y legitimo. La deuda se promovió a nivel individual, de empresas y de gobierno. De esta manera se obtenía dinero para obras, para refinanciar deuda y para pagos y operaciones recurrentes. Cuando se llego al máximo de lo permitido en la constitución colonial, se inventaron una deuda “extra constitucional”. Todo ello con la aprobación de la estructura financiera del imperio.

A partir del 1980 cada gobernante promovió sus medidas neoliberales, reducir el gobierno, promover la privatización de servicios públicos y desreglamentar toda legislación que protegiera el trabajo, las comunidades, el ambiente, la educación y la salud, entre otros servicios colectivos. La oposición a estas medidas la protagonizo el movimiento sindical de entonces.

Ya para el 2004, con la deuda al máximo, se añadió un impuesto al consumo, IVU, el cual fue politizado por los partidos de mayoría al punto de que muchos lo aceptaron y hasta marcharon por su aprobación. Lo que no decían al pueblo trabajador era que la deuda limitaba la obra y razón del estado de bienestar y por otro lado, los impuestos de todo tipo reducían la capacidad de compra de los asalariados y a quienes menos ingresos tenían. Las divisiones dentro del movimiento sindical eran obvias.

En diciembre de 2008, sin aun tomar posesión el nuevo gobernante, la clase rica presento una propuesta de reestructurar y rehabilitar la situación fiscal del país. Las medidas, reconocida por el nuevo gobernante como una “medicina amarga” propuso el despido de 30 mil empleados públicos, privatización de empresas bajo la modalidad de alianzas publicas privadas, nuevos intentos de desreglamentar y el control judicial para favorecer las interpretaciones de las controversias, así como fortalecer el aparato represivo del estado. El endeudamiento fue mayor a otros gobernantes y se promovió mediante legislación la llegada de millonarios que a cambio de residir en el país e invertir, no pagan contribuciones por su riqueza.

Para el cuatrienio del 2013, el nuevo gobernante, asumió el discurso de cumplir con las obras ya iniciadas de privatizar, aprobó nueva deuda para pagar viejas deudas e intento recibir apoyo del movimiento sindical mediante una política de apertura y el nombramiento de funcionarios que no eran de su partido. Aprobó legislación para extender “la medicina amarga” y creo un grupo a cargo de ex funcionarios del Fondo Monetario Internacional que rindieron un informe de recomendaciones (Informe Kruger) para limitar servicios básicos de educación, salud, trabajo y empleos. El pliego de medidas de austeridad no logró aliviar los intereses de los bonistas, inversionistas y empresarios foráneos lo que llevo al país al impago de la deuda. Ya se sentía el debilitamiento del movimiento sindical.

Entonces, en pleno 2016, el imperio se reafirmo una vez más en sus poderes plenarios para poner en sindicatura al país, a los gobernantes, a los legisladores, alcaldes y judicatura colonial. Aprobó la Ley PROMESA con el objetivo de hacer pagar una deuda odiosa, restaurar el crédito del país y establecer una ruta sobre servicios esenciales, con énfasis en la privatización. Para ello la Ley PROMESA creó una Junta de Control Fiscal y delego en una jueza de distrito federal todo el poder de interpretar las controversias fiscales.

Ya el corralito estaba construido. Ningún puertorriqueño puede aspirar a gobierno propio, a que se aprueben leyes en protección del bien común, el ambiente, el trabajo, que se regulen los permisos de hacer negocio u obra privada en el país. La Junta lo controla todo y nosotros pagamos el costo de esa Junta.

Aquel que no desee vivir dentro del corralito, o que no pueda sobrevivir en el por falta de empleo o pérdida de ingresos, puede mudarse al imperio. Como consecuencia hay menos puertorriqueños y sobran tierras para la venta. En el 2017 se legislaron toda una serie de leyes especiales al amparo de PROMESA como fundamento para así continuar eliminando convenios colectivos, derechos a los trabajadores públicos y privados, continuar con la privatización, eliminar derechos humanos mediante la reducción de servicios esenciales y reducir los controles y permisos requeridos a los empresarios.

Al corralito colonial la Junta de Control le quiere hacer un techo basado en dos instrumentos, los planes fiscales y el Plan de Ajuste de la Deuda. Ambos recursos buscan pagar la deuda en términos favorables a los bonistas. El dinero para pagar surge de las reducciones operacionales de los servicios que el gobierno debe dar. También se incluyen compromisos de pago de hasta 40 anos, como los impuestos al consumo y su rendimiento a favor de los bonistas. Este falso techo pretende que no veamos alternativas al problema colonial.

Lo complejo de este proceso del coloniaje implica un pueblo dividido entre quienes quieren superar la colonia y quienes la afirman de diversas maneras. Existen instituciones norteamericanas que junto a los partidos políticos norteamericanos mantienen el nudo colonial. Los fondos federales que llegan hoy por miles de millones, ya sea por vía gubernamental o por medios privados nublan el sentido a muchos.

El corralito está construido. Como vamos a ir rompiendo las paredes del corralito, como vamos a localizar las grietas que debemos ampliar para que caigan las paredes es la tarea. La educación y organización de nuestro pueblo siempre ha sido la prioridad. Estas tareas tienen que ser asumidas por los sectores más afectados, la clase trabajadora en todos sus matices, niveles y expresión. El movimiento sindical, los trabajadores de la Cultura, las comunidades, los ambientalistas, las iglesias comprometidas y muchos más tienen mucho que aportar.

El concepto de corralito proviene del corral de infantes. Cuando el infante crece y aprende a andar, se sale del corral. Esa es la receta, crecer, andar y salirnos del corralito colonial.

LUMA Energy, el Tribunal Supremo y el Congreso

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Una estrategia para dilatar el proceso y demorar el escándalo es lo que confirma la postura del consorcio de LUMA Energy, LLC al ignorar la decisión del Tribunal Supremo de Puerto Rico y volver a insistir en el Tribunal de Primera Instancia que no va a entregar la información requerida por la Cámara de Representantes de Puerto Rico; es lo mal hecho que está el contrato firmado por la Autoridad para las Alianzas Público Privadas (AP3), que le entrega a la privatizadora la administración de la transmisión y distribución del sistema eléctrico del país. En eso coincidieron varios entrevistados.

El pasado martes, 12 de octubre, el Tribunal Supremo declaró no ha lugar la petición de LUMA Energy, para que dejara sin efecto una decisión del Tribunal de Primera Instancia que le ordena entregar información relacionada con el número de trabajadores, ejecutivos, sueldos y otros aspectos desde que asumió la operación de la transmisión y distribución del sistema de energía, el 1.0 de junio. LUMA informó que volverá al Tribunal a levantar defensas y objeciones para no entregar la información solicitada.

Mientras, el congresista Raúl Grijalba, quien preside el Comité de Recursos Naturales del Congreso de Estados Unidos, le dio de plazo hasta el 28 de octubre al presidente de LUMA Energy (LE), Wayne Stensby, para entregar la información.

En entrevista, el profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Interamericana Carlos Ramos González expuso que LE está siguiendo la estrategia legal de ir presentando sus argumentos procesales ante el tribunal “de poquito a poquito”, para ganar tiempo. Es decir, presentar asunto por asunto. Si pierde el primero, espera hasta el último día y recurre al próximo tribunal hasta llegar al último. Si le dicen que no, vuelve otra vez al de Primera Instancia y presenta otro argumento. Así, hasta que los argumentos se le acaben. La estrategia es una sola: entregar y llevarlo todo lo más tarde posible. Apuntó que LUMA actúa así, primero, porque se ha demostrado que no tiene supervisión estatal y que tiene el aval del gobernador, “por lo tanto, se siente muy confiado y van a seguir la estrategia”.

Ramos González explicó que esa litigación fue la que siguió el presidente Donald Trump cuando la Cámara de Representantes le pidió unos documentos. Este levantó dos objeciones: una, que la Cámara no tenía el poder sobre el presidente del EE. UU., algo que ya estaba resuelto desde el caso del entonces presidente Nixon, y dos, que lo solicitado estaba protegido por un privilegio. El presidente litigó primero el poder de la Cámara para enviarle un subpoena y llevó el caso hasta el Tribunal Supremo, lo que tardó dos años. Después levantó el argumento del privilegio. En todo eso, se acabó el cuatrienio.

Según él, esa es la misma estrategia que sigue LUMA, aparte de seguir trabajando a oscuras y sin transparencia. LUMA opera “como si fuese una compañía absolutamente privada, cuando para todos los efectos, opera con fondos del pueblo de Puerto Rico, que es lo que LUMA no quiere aceptar”.

De regreso al Tribunal de Primera Instancia, el caso tomará algunos días, aunque a la luz de lo que el juez decidió la primera vez no puede cambiar su decisión. Ahora lo que procede es ver cuáles serán las nuevas controversias procesales, si algunas, que levantará LUMA. “Créeme que va a levantar todos los que encuentre porque la estrategia es siempre encontrar algún punto donde apelar y retrasar la entrega hasta que no pueda más”.

Ramos argumentó que desde hace tiempo se está reflejando que hay muchos aspectos del contrato que son cuando menos cuestionables, de si se está protegiendo el interés público de manera adecuada. Es

evidente que si, por ejemplo, el contrato tuviese algunos aspectos relacionados con la transparencia, ciertamente no incluyó o no se acordó la responsabilidad que tiene LUMA. A pesar de ser privada, hay unos asuntos básicos de transparencia de cuántos empleados tiene, quiénes son, cuánto ganan. Para todos los efectos prácticos, la gestión que está realizando LUMA en el contexto puertorriqueño es una que históricamente era una del Estado. Esta gestión la asume LUMA, por lo que el contrato, entre otras cosas, tenía que establecer ciertos temas, incluso ciertos derechos constitucionales de ciudadanos y otras agencias, que LUMA tenía que obedecer como si fuese una entidad pública.

En entrevista por separado, el director de Política Pública del Centro para una Nueva Economía (CEN), Sergio Marxuach, coincidió con la apreciación de que la actitud de LUMA evidencia que hay algo malo en el contrato y que se falló en requerirle a LUMA que respondiera a los procesos públicos de rendir cuentas, que explique sus acciones y dé evidencia de lo que está pasando en la compañía.

“Por un lado, no me sorprende la actitud de LUMA; desde el principio no ha sido la más colaboradora. Pero por otro lado, desde el punto de vista jurídico, es un asunto resuelto hace décadas. Tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico, la Legislatura tiene poderes amplísimos para investigar, supervisar, a una empresa privada. Tenemos el asunto de que no es una empresa enteramente privada, sino una APP con el Gobierno”, subrayó.

El director de Política Pública del CNE, que también es abogado, añadió que no entiende cuál es el razonamiento, la obstinación por parte de LUMA de no entregar los documentos, debido a que desde la época del presidente Nixon, la facultad de la Legislatura para requerir información está resuelta, y en el caso de Puerto Rico, igual hay muchísimos casos, incluyendo la investigación del Cerro Maravilla, que le dio amplia jurisdicción a la Asamblea Legislativa para llevar a cabo todo tipo de investigaciones, requerir documentos, exigir la comparecencia de personas. Reparó en que es obvio que no se puede abusar del poder, pero que no cree que ese sea el caso en estos momentos.

“El cuestionar el poder de la Legislatura no es un argumento que te va a llevar a ningún lado. Esto es un asunto requetedefinido por los tribunales, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico”, reiteró.

Insistió en que el contrato se debe revisar para requerir mayor transparencia a LUMA en sus operaciones, facultad que está claramente dentro de las prerrogativas de la AP3. “Aquí el ente al que le toca supervisar el contrato es la AP3, que es la supuesta encargada de administrar y supervisar el contrato”.

En el caso de la Comisión de Energía, observó que su supervisión se limita a lo técnico y a analizar las tarifas, si son justas y razonables, y sobre la instalación de tecnología nueva, ya sea generación o transmisión. “Aquí al ente que le toca supervisar el contrato es la APP3, que es la supuesta encargada de administrar y supervisar el contrato”, reiteró.

El director de Política Pública del CEN, entidad que hizo un detenido estudio sobre el contrato y advirtió sobre posibles conflictos de interés entre LUMA y sus afiliadas, Quanta y ATCO, las cuales constituyen una misma empresa, subrayó que por eso es importante que el público conozca cuáles y quiénes son los contratados por LUMA y si está cumpliendo con el proceso legal que aplica en estos casos. Pero el hecho es que ahora ni se sabe quiénes son. La junta de directores de LUMA se ha negado a decir nombres, quiénes son los accionistas, y hay una serie de preguntas que van más allá de que las partes que tengan un interés no participen en decidir si se aprueba un contrato o no.

“No veo cómo LUMA pueda argumentar que tiene un poder mayor al que reclamó de Nixon en aquel momento. Hasta ahora, la actuación de LUMA deja mucho que desear. Aun las personas que estaban a favor de la contratación de LUMA tal como estaba, están diciendo que esto no puede seguir así, que hay que buscar una manera de que esta gente entienda cómo funcionan las cosas aquí en Puerto Rico. La acción de no producir la información tiene muy poca validez. El poder de la Legislatura para requerir documentos e investigar está claramente establecido en ambas esferas”.

También entrevistado, el licenciado Rolando Emmanuelli Jiménez coincidió con las declaraciones del presidente de la UTIER, Angel Figueroa Jaramillo, en el sentido de que la divulgación de la información requerida a LUMA desatará un escándalo peor que el del chat de Ricardo Rosselló.“El pillaje de los $168 millones que gastaron en la primera etapa, ese pillaje, va a salir a la luz pública, y yo estoy de acuerdo en que va a ser peor que el chat”.

Emmanuelli Jiménez, está convencido de que si LUMA entrega la información al Congreso, lo hará en una sesión ejecutiva, privilegio que puede permitir que solo los congresistas conozcan la información. “No hay duda que el Congreso y la Legislatura de Puerto Rico tienen ese poder. Lo que pasa es que se están defendiendo como gato boca arriba; lo que pasa es que despilfarraron los fondos públicos y que hay gente en la nómina que son de la clase política. Pero va a salir eventualmente, a menos que le peguen fuego a los papeles”, manifestó.

 

 

 

 

Lionel Cruet: Retóricas de un futuro incierto

 

El artista Lionel Cruet inauguró su primera exposición individual en Puerto Rico el sábado, 16 de octubre en El Lobi, espacio independiente ubicado en el 621 de la calle Ernesto Cerra en Santurce. La muestra, titulada “Retóricas de un futuro incierto”, aborda el problema de los cambios que ha sufrido el medio ambiente a causa de la actividad humana. Su obra propone un análisis de las relaciones entre el ser humano y su entorno bajo el sistema económico actual. Según la doctora Dianne Brás Feliciano, curadora de esta exposición: “Con este proyecto nos proponemos ayudar a concienciar e inspirar la toma de acciones necesarias para el cambio radical que debe realizarse para preservar la humanidad y el resto de les habitantes de nuestro planeta”.

“Esta muestra es la segunda presentación de un proyecto transmediático que consta de tres partes, y que incluirá intervenciones a través de las redes sociales y de múltiples formatos audiovisuales. Las personas que visiten la muestra podrán apreciar obras en medios como la instalación, acuarela, escultura y videoarte, y hacer conexiones visuales y conceptuales mediante una narrativa que nos hacen entender las relaciones existentes y futuras entre las formas de vida que se encuentran en el litoral de la isla, pero que a su vez son un espejo de los ecosistemas tropicales de todo el planeta”, expresó el artista.

Cruet nació en San Juan, Puerto Rico. Vive y trabaja en Nueva York y San Juan. Realizó su bachillerato en Bellas Artes en la Escuela de Artes Plásticas y Diseño de Puerto Rico y obtuvo una maestría en Bellas Artes en CUNY – The City College of New York, y una maestría en Educación en el College of Saint Rose. En el 2013 recibió el Premio Audiovisual Juan Downey en la 11ª Bienal de Artes Mediáticas en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile, y en 2018 fue becado para el Socrates Sculpture Park en la ciudad de Nueva York. También fue becado por The Laundromat Project, una organización que se centra en las artes y el compromiso social en la ciudad de Nueva York.

La exposición estará abierta hasta el 6 de noviembre.

El Lobi es una organización cultural sin fines de lucro, gestionada por artistas, que promueve la práctica artística, el pensamiento crítico y las colaboraciones con agentes culturales tanto locales como internacionales mediante talleres, encuentros, conferencias, residencias y exposiciones.

Lula es el anti-Bolsonaro

 

Por Emir Sader

La tesis de polarización entre Lula y Bolsonaro se basa en encuestas, en las que estos dos candidatos suelen representar alrededor o incluso más del 80% de las preferencias de los votantes, quedando menos del 20% para quienes opten por la tercera vía. Y la tendencia a la caída del apoyo a Bolsonaro -que parece haberse detenido en torno al veinte y tantos por ciento- no se traduce en un aumento del apoyo a esos candidatos de la tercera vía, sino en un traspaso de preferencias a Lula.

La tesis de la polarización tiene, pues, un fundamento real: cuatro de cada cinco brasileños prefieren en este momento a Lula o Bolsonaro. No obstante, esta tesis puede resultar engañosa y está siendo utilizada de una forma muy torpe para fines políticos de dudosa valía.

En primer lugar, no son dos posiciones extremas: a la derecha Bolsonaro, a la izquierda Lula. No hay duda de que Bolsonaro representa posiciones de extrema derecha, que han venido para quedarse, aunque hoy estén más debilitadas, y más que estarán tras la derrota de Bolsonaro.

Pero Lula no representa el polo opuesto, la extrema izquierda. Lula gobernó Brasil con medidas democráticas, en el marco del respeto a las instituciones, conviviendo democráticamente con los demás poderes de la República, con los medios de comunicación -que lo atacaban, en su mayor parte, todo el tiempo- y con sus opositores. Además, bajo su mandato se redujeron drásticamente las desigualdades, el hambre y la pobreza en Brasil, con políticas insertas en el marco de las instituciones existentes.

Es cierto que su gobierno y sus propuestas actuales tienen un fuerte tono antineoliberal, debido a la toma de conciencia de que son éstas el tipo de políticas en materia económica que están detrás del aumento de las desigualdades en Brasil, de la intensificación de la concentración del ingreso y del desarrollo del capital especulativo, en vez de la producción, y de la incapacidad de este modelo para generar empleo y desarrollar políticas sociales. Este es un hito al que Lula no renuncia, sabiendo que si quiere gobernar para todos, favoreciendo a los más pobres, tiene que impulsar políticas que fomenten el crecimiento económico, priorizando las políticas sociales y generando empleos con contratos formales, como ya hizo en sus anteriores gobiernos. Consciente de que le costará mucho trabajo reconstruir el país que se encontrará enfrente, porque heredará, si es elegido, un Brasil en una situación mucho peor que la que él heredó en 2003 de FHC.

Lula polariza contra Bolsonaro, porque es el único candidato que tiene la fuerza para derrotar al actual presidente y a todos sus aliados, sean del tipo que sean. De hecho, aunque perdió muchos apoyos, Bolsonaro todavía cuenta con aliados en gran parte del mundo de los grandes negocios, con el apoyo de los militares, de parte de los medios de comunicación, de las milicias y de buena parte de los evangélicos. Por esa razón, no solo se trata de derrotar a un presidente desconcertado, que ya no gobierna, que tan solo es capaz de generar conflictos, que no sabe qué hacer con el país, que piensa más en cómo enfrentarse a Lula en las elecciones, que en cómo enfrentarse al estancamiento económico, la inflación, el hambre y la miseria, que hoy dominan Brasil. Asimismo, el objetivo es derrotar a quienes apoyaron a Bolsonaro, a quienes lo llevaron a la presidencia y a quienes aún hoy lo prefieren a Lula, entre quienes se encuentran, como acabo de decir, gran parte del empresariado, de los militares y, entre otros, de los medios de comunicación.

Lula sabe que no será con una posición de extrema izquierda que podrá seguir sumando apoyos a su nombre, por lo que deberá privilegiar una posición expresamente favorable a la reconstrucción de Brasil, tanto desde el punto de vista económico como político, social, cultural o moral, poniendo el acento en la recuperación de la soberanía nacional. Sabe que para ganar, en la primera o en la segunda vuelta, necesita el mayor apoyo posible por parte de la población brasileña, canalizando el amplio rechazo existente contra Bolsonaro y su gobierno.

Para gobernar, asimismo, Lula tendrá que contar con el apoyo de amplios sectores del país, incluidos sectores del mundo empresarial, sin cuyas inversiones no será posible recuperar la economía, ya que ésta no puede depender únicamente de inversiones públicas, a pesar de que jugarán un papel determinante como palanca para la recuperación económica del país.

Lula es el anti-Bolsonaro, aunque no por ello sus posiciones son de extrema izquierda, como sí son de extrema derecha las que representa Bolsonaro. Lula representa a 2/3 de la población brasileña, representa a quienes no están dispuestos a votar por Bolsonaro, a quienes quieren que sea derrotado, para de esa forma poder salir de la catastrófica crisis en la que Bolsonaro ha metido al país.

La tesis de la polarización como oposición de dos extremos es, en este sentido, falsa, como lo es la tesis de que un sector significativo de la población no quiere ninguna de esas dos opciones y busca alternativas en una ‘tercera vía’. La gran mayoría rechaza a Bolsonaro y ve en Lula a su candidato. Además, cuanto más nos acerquemos a las elecciones, más personas dejarán de apoyar candidatos de la tercera vía en favor de Lula, dándose cuenta de que esta es la única forma de derrotar a Bolsonaro y de rescatar al país de la desastrosa situación en la que vive la gran mayoría de la población.

Lula, cada vez más, aparece ante los brasileños como el anti-Bolsonaro, como la alternativa al gobierno catastrófico de Bolsonaro. En este sentido, Lula se opone a Bolsonaro en una polarización entre democracia y dictadura, entre la política de bienestar para todos y la política de favorecer el capital especulativo, entre gobernar para todos y gobernar para una élite minoritaria.

Esta es la polarización del país hoy, cuando se polariza entre Lula y Bolsonaro, entre un gobierno para rescatar a Brasil y uno que solo lo hunde en la miseria y la desesperación.

Reproducido de www.rebelion.org