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La historia alterada (segunda y última parte)

Julio Ramos

Permítanme ahora cambiar brevemente de registro y de archivo para comentar un poema de la escritora mexicana Rosario Castellanos, “Valium 10”, que particulariza algunas de estas cuestiones y paradojas. El acercamiento de Castellanos al tranquilizante y sedante de producción y consumo masivos suscita una reflexión distinta sobre papel de las drogas en la cultura contemporánea, al mismo tiempo que la lectura de su singular narcografía del valium nos permite desprogramar la reducción habitual de estas discusiones a las experiencias, objetos y temporalidades visibilizadas primero por la contracultura y luego por el narcotráfico.

El poema forma parte del libro titulado En la tierra de en medio (otro modo de llamar a Nepantla, el entre-lugar del imaginario mexicano y chicano), un poemario publicado en 1972, en el que las pequeñas vicisitudes y contingencias de una cotidianidad cada vez más prosaica, aplanada por hábitos afectivos sin destino ni fin preciso, desbordan el marco de la intimidad primaria que reclamaba como su territorio propio la poesía lírica, apoyando formas de inscripción del sujeto en el vínculo entre la voz, las palabras y la materialidad de las cosas. Tal como leemos en uno de los poemas más conocidos de ese mismo libro donde aparece “Valium 10”, el texto titulado “Economía doméstica”, la exploración de la subjetividad se debate entre los secretos de un orden casero y el silencio irrevocable de algunos objetos: “He aquí la regla de oro, el secreto del orden:/ tener un sitio para cada cosa/ y tener/ cada cosa en su sitio. Así arreglé mi casa”. La poesía de Castellanos saca las cosas de sitio. Problematiza su lógica del sentido, lo que en otro poema del mismo libro llama “Las lecciones de las cosas”, la lógica de su sentido. Su poesía no re/anima las cosas por gracia e intervención de una potencia figurativa o simbólica que las sacude y disloca, sino, en cambio, porque allí, en la misma lógica de la economía doméstica, las cosas gradualmente dejan de responder al llamado de un orden impuesto por las lecciones de una subjetividad soberana, para replegarse, más bien, en la banal opacidad del hábito.

Como ocurre en otros libros anteriores, especialmente El rescate del mundo, este poemario de 1972 encamina nuevamente a Rosario Castellanos a una serie de preguntas de carácter conceptual o filosófico mediante una dicción levemente fuera de lugar que pone en tensión la preocupación filosófica. Esta leve dislocación de la preocupación filosófica de Castellanos es posiblemente un efecto del prosaísmo del tono en los entornos cotidianos del hábito y en situaciones del tranque irremediable del sujeto, identificada allí como mujer. Por ejemplo, la última estrofa de “Valium 10”, dirigida a una segunda persona que poco a poco reconocemos como la voz desdoblada del sujeto lírico, el “yo” escindido que se habla a sí misma, dice: “Y tienes la penosa sensación/ de que en el crucigrama se deslizó una errata/ que lo hace irresoluble.// Y deletreas el nombre del CAOS. Y no puedes/ dormir si no destapas/ el frasco de pastillas y si no tragas una/ en la que se condensa,/ químicamente pura, la ordenación del mundo”. Más que de una aventura o un gesto de disidencia basado en el exceso sensorial, lo que el poema destaca es la modificación de los estados de ánimo en una sociedad de consumo, donde la producción de nuevos entornos y formas de vida incluye una abundancia de mercancías narcóticas, una elaborada química de los afectos, de reciente cuño sintético en los grandes laboratorios de la psicofarmacología industrial.

Al menos desde el trabajo clásico de Susan Buck Morss sobre Benjamin y la morfina, varias acerca de los regímenes de alteración y la experiencia drogada han sugerido que la droga, si bien opera como una figura de la porosidad de los límites entre naturaleza y las lógicas suplementarias del techné, también produce un entramado que vincula vida material, percepción, subjetividad y biopoder. El poema de Castellanos aborda la relación entre las palabras, el cuerpo y un régimen de alteración sensorial, pero no sugiere una elaboración estética de la sustancia que circula ahí, más bien, como un objeto común y corriente de la vida doméstica. Si en el poema emblemático de Julián del Casal, “La canción de la morfina” de 1890, vemos cómo el fármaco trastoca la frontera entre vida natural y artificial, cuerpo y sustancia anestésica, de un modo que altera la sensibilidad y que potencia paradójicamente una forma alternativa de experiencia estética (Contreras y Ramos 2021), en el poema de Castellanos la rutina del valium clausura aquella posibilidad legada por la poesía moderna, su apuesta por la promesa liberadora y la intensificación de la aisthesis.

Ya para el momento en que Rosario Castellanos escribe su poema sobre una píldora de invención reciente, los laboratorios suizos de la Hofman-Roché que sintetizaron el diazepam en una pequeña sucursal de Nueva Jersey, habían consolidado su lugar como una de las Big Pharma, gracias precisamente a las ventas billonarias de la potente pildorita amarilla, el valium 10, antecedida por el librium. En la denominación latina de esta innovadora farmacopea resuenan los grandes valores occidentales de la libertad, el equilibrio, el valor, aunque ahora condensados, como sugiere el verso de Castellanos, en una ordenación química del mundo puesta al alcance de la mano de la ama de casa de las nuevas clases medias.

La píldora amarilla que reemplaza en el poema de Castellanos el diálogo con la Esfinge es el mismo fármaco que había captado la atención de Mick Jagger y Keith Richards unos años antes en “Mother’s Little Helper”, el éxito de 1966 que generó problemas entre los propagandistas médicos de la empresa farmacéutica al ironizar acerca de los usos femeninos del valium, el uso compulsivo y el riesgo de la sobredosis, no ya en los ambientes de la desobediencia farmacológica y los experimentos contraculturales, tampoco en la calle de las ciudades de la Guerra Fría y los nuevos discursos sobre la pobreza, sino en los espacios protegidos de la vida doméstica. Como dice la canción de los Rolling Stones, en esos recintos saturados de nuevos inventos y comidas preparadas, se multiplicaban también las dosis de la benzodiacepina, el tranquilizante sintetizado en los laboratorios de la Roché en 1960, durante el primer periodo de auge de las drogas anti-psicóticas y los anxiolíticos. Aunque las benzos no son de la familia de los anxiolíticos, cobraron sentido y valor como efecto de la economía de las múltiples dolencias psíquicas y afectivas que proliferan en los diagnósticos de la Guerra Fría. El inventor del valium, Leo Sternbach, patentizó más de 200 fórmulas para la Roché, casi todas en el campo emergente de la psicofarmacología, según comprueba su biógrafo. La larga vida profesional de este exiliado judío, nacido en Hungría, educado en Polonia, integrado como investigador de la empresa en Basilea, establecido luego en las sucursales del laboratorio en Nueva Jersey desde 1941, recorre una trayectoria paralela a la de Albert Hofmann, inventor del LSD e investigador inaugural de la potencia psicodélica de los hongos alucinógenos, quien también laboraba bajo los auspicios de un laboratorio industrial. Aunque, claro, Leo Sternbach, el inventor del librium y del valium 10, aparentemente vivió una vida sin excesivos dramas visionarios; pero su invento, entre 1963 y el momento en que se establecen los controles que regularon las ventas masivas del sedante a mediados de la década del 1980, se convirtió en uno de los productos más vendidos en la historia de la industria farmacéutica de los EEUU y el mundo. De cualquier modo, ambos, Sternbach y Hoffman, son figuras de un complejo entorno material, tecnológico, intelectual y cultural cuyos antecedentes remiten al periodo que la historia norteamericana identifica como la era de la revolución científico-tecnológica de fines del siglo XIX; es decir, el mismo entramado que prepara el camino para el inventor Henry Ford, cuya relación con los laboratorios de Parke-Davis y la alteración bioquímica de la vida quedó estéticamente consignada por Diego Rivera en 1933 cuando pinta en Detroit, la ciudad de Henry Ford y de Parke-Davis, sus murales sobre la línea de ensamblaje bajo el régimen laboral fordista. Dicho de otro modo: nos equivocaríamos si identificáramos las modulaciones farmacológicas exclusivamente con la antropotecnia de una era postindustrial o post-fordista (como ocurre en Preciado y B. Berardi) aunque está claro que la producción farmacológica se intensifica y se masifica después de la Segunda Guerra Mundial.

¿Conocería Rosario Castellanos la canción de los Rolling Stones sobre las consumidoras caseras del valium? Es posible, aunque, conviene tener en cuenta que la poesía de Castellanos no destaca por el tipo de trabajo de cita o de apropiación de materiales intervenidos de la industria cultural, una operación formal que observamos con más frecuencia en la antipoesía y el arte de medios de aquellos mismos años. No obstante, sin necesidad de establecer una relación causal entre la canción y el poema, es posible contrastar las posiciones de ambos ante la irrupción de la droga en la vida y el trabajo doméstico.

Para empezar, el poema de Castellanos, desde el comienzo, elabora una zona de intensidad ligada a la escisión o fractura de un sujeto que dialoga consigo misma, como si la inminencia del colapso fuera cosa de la otra en la que se desdobla, y no de sí misma. Lejos del vago estereotipo de la madre-ama de casa –vista por Mick Jagger desde la perspectiva del “hijo” roquero y contracultural– la figura del sujeto femenino en el poema de Castellanos cobra matices precisos en varias referencias a la forma de vida de una mujer intelectual. El “caos” que gradualmente introduce el valium, la errata del crucigrama, los pequeños pero decisivos momentos de amnesia, el black out, impactan la vida de esa subjetividad transitada por líneas y tensiones múltiples, que se mueve entre el interior doméstico y las obligaciones laborales, o entre la docencia y la escritura para la prensa: “Y lo vives. Y dictas el oficio/ a quienes corresponde. Y das la clase/ lo mismo a los alumnos inscritos que al oyente./ Y en la noche redactas el texto que la imprenta/ devorará mañana”. La lógica suplementaria del valium aliviana el pasaje de una mujer intelectual entre espacios disímiles, exigencias laborales y cuerpos, como notamos en su mención del “ars magna combinatoria” de la cocinera, la trabajadora doméstica que inscribe en la distribución de las funciones cierto orden, no ya del mundo, aunque sí de los cuerpos jerarquizados en el interior mismo de la casa. Como el valium, la cocinera remite a la lógica suplementaria de la casa como escena de trabajo, donde, a su vez, no queda ya ni rastro de la centralización masculina patriarcal, apenas la memoria del “diamante” perdido, y la presencia de los tres hijos varones que la profesora y escritora intenta controlar: “Y vigilas (oh, sólo por encima)/ la marcha de la casa, la perfecta/ coordinación de múltiples programas”.

Tal como ocurre en el legado moderno de la literatura de la intoxicación y la alteración sensorial, en el poema de Castellanos el fármaco condensa la relación entre la vida, la experiencia sensible y el proceso de inscripción o desborde del sujeto en esos órdenes que conectan la experiencia sensible al gobierno de la vida que gradualmente incluiría también la experiencia afectiva bajo la expansiva mercadotecnia del psico-poder. Lo que no había sido nada frecuente en ese archivo, por cierto, era la escritura de las mujeres ante el proceso extremo de la alteración sensorial. Incluso entre las poéticas de la disidencia farmacológica que identificamos con los movimientos contraculturales de los años 60 (y sus importantes antecedentes modernistas y vanguardistas) son relativamente pocas las escritoras devotas de la épica expansión de la conciencia, al menos en los regímenes de la alteración visible.

Diríamos que el libro de María Moreno, Black Out, de 2016, es una excepción a aquella división del trabajo en los archivos de la literatura drogada o intoxicada, si no fuera porque su formidable relato del exceso etílico en los bordes de la autodestrucción, aunque supone una reflexión intensa, personal, sobre la disidencia contracultural, impactada por la dictadura —sin ser reconocida por las historias de la resistencia o del trauma político—, narra la experiencia extrema del black-out en un entorno intelectual masculino. Allí María casi siempre figura como la única mujer en espacios donde el alcohol circula como una sustancia decisiva en la forma de vida y sociabilidad de un entorno intelectual, ligado especialmente al periodismo en sus zonas más literarias o estético-políticas. En ese sentido, Black Out renueva algunas preguntas sobre la bohemia en la historia latinoamericana, una bohemia siempre puesta en jaque por la moralina cívica como demuestra Mónica Bernabé en su libro sobre las “vidas de artista” en Mariátegui y Valdelomar. De aquí se desprenden por lo menos dos sugerencias: primero, que el alcohol o la droga no es simplemente un punto ciego en una economía anestésica, en la medida en que la sustancia produce o al menos provoca ciertos lazos y vínculos sociales; y segundo, que el acercamiento al papel del alcohol o del fármaco en un entorno, a la hora de investigar un campo literario o intelectual, nos permite pasar de los mapas de ideologías y contenidos representacionales en las disputas por la autoridad o el capital simbólico, a una consideración de la experiencia sensible como aspecto de la vida material y las políticas del cuerpo que intervienen en el ordenamiento y los desbordes del trabajo intelectual.

Antes de publicar “Valium 10” en 1972, Rosario Castellanos había trabajado la cuestión del alcoholismo en el marco de los discursos sobre el vicio y la degeneración en su novela indigenista Balún Canán de 1957. Ahí el alcoholismo de Ernesto, maestro rural blanco, residente en las zonas agrícolas, mayormente indígenas, de Yucatán, corroe las reformas pedagógicas y los proyectos integracionistas de Lázaro Cárdenas que se tematizan en la novela, proyectos para los cuales Castellanos trabajó por varios años. En cambio, el poema “Valium 10” supone una elaboración poética distante ya del análisis de la patología alcohólica como debilidad del ser nacional que anteriormente mantenía una resonancia, un dejo amargo de los discursos de un latinoamericanismo inspirado por las teorías positivistas de la diferencia y la inferioridad racial impulsados por figuras como Francisco Bulnes en sus teorías de la alimentación y las jerarquías raciales bajo el régimen del porfiriato.

“Valium 10” le sigue la pista a un pequeño objeto de cuño industrial reciente, emblemático de un consumo femenino, y explora su impacto en aspectos de vida diaria, en el sueño, en la memoria, en las lógicas del deseo, en la “química pura” del “ordenamiento del mundo”. No me interesa necesariamente el cotejo de un referente autobiográfico en estas palabras, aunque no cabe duda de que el nuevo entramado farmacológico de la vida de la mujer intelectual, pasa ahí por una forma muy básica del entramado de la “vida de intelectual”. Lo que me interesa indicar aquí es la conexión entre ese entramado como forma que cobra la sensibilidad modificada, alterada químicamente, en un entorno de vida intelectual, en los márgenes empíricos de las grandes ideas sobre la “ordenación del mundo” a la que el poema de Castellanos alude irónicamente. No cabe duda, como le recordaba ansiosamente Theodor Adorno a Walter Benjamin después de las primeras entregas de la investigación sobre la vida material de los pasajes parisinos en la época de Baudelaire, que el materialismo benjaminiano corría el peligro de dejar en suspenso la mediación conceptual o teórica.1 De eso precisamente se trataba, de la puesta en suspenso de la mediación conceptual en los objetos mismos que Benjamin relacionaba con la imagen dialéctica. Es cierto, por otro lado, que la “química pura” del valium en el poema de Castellanos no es un dato ajeno a las mediaciones. Pero lo que sugiere el poema en los últimos versos es que el fármaco introduce una serie de operaciones distintas que desbordan cualquier división clara entre cuerpo y artificio, entre la vida anímica del sujeto y la mercancía narcótica, en un orden industrial propenso al rediseño químico del afecto.

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1Ver las cartas y comentarios de T. W. Adorno (1970) sobre el proyecto benjaminiano de las arcadas de París y el ensayo de la reproducción técnica (pp. 150-175).

No time to Die: ¡Qué final para el James bond de Daniel Craig!

 

En Rojo

Director: Cary Joji Fukunaga; guionistas: Neal Purvis, Robert Wade, Cary Joji Fukunaga; autor Ian Fleming; cinematógrafo: Linus Sandgren; elenco: Daniel Craig, Léa Seydoux, Ana de Armas, Lashana Lynch, Naomie Harris, Jeffrey Wright, Rami Malek, Christoph Waltz, Rory Kinnear, Billy Magnussen, David Dencik, Ralph Fiennes, Ben Whishaw, Lisa-Dorah Sonnet.

Como seguidora de las aventuras del agente 007 y admiradora, de principio a fin, de las interpretaciones de Sean Connery y Daniel Craig, saber que No Time to Die era el tan anunciado final del magnífico Craig como James Bond, con o sin su código de 007, me provocó tristeza, pero a la vez gran curiosidad de cómo iba a ser ese final. Sin duda, lograron su fin: conservar y desarrollar la personalidad de Bond/Craig y mantener nuestra admiración por este personaje que ha vivido entre nosotrxs por casi 60 años. Como ha sucedido anteriormente, Bond toma la decisión de retirarse del servicio secreto de su Majestad, lo que en verdad significa, simplificarse la vida y distanciarse de todas las agencias/compañías/empresas/individuos que siempre están a su acecho. Por lo general, ese aislamiento va acompañado de una pareja que ha logrado tener toda su atención y hasta olvidarse de algo de su pasado. Este Bond de Craig puede coquetear con todas las mujeres que se crucen en su camino, hacer la matemática a ver cuál de ellas lo quiere asesinar y además encontrar el amor de su vida. Bond se enamora y cuando le rompen su corazón, se vuelve más frío y distante hasta que otra mujer le pide que se desnude en cuerpo y mente frente a ella.

En No Time to Die, esa mujer que amó intensamente, Vesper Lynd, está presente, aunque Madeleine Swann (Léa Seydoux) ahora—y desde el final de Spectre—esté en su vida de hombre retirado que ha cortado todos sus lazos con su gobierno y ha encontrado su nido de amor en un pueblecito hermosísimo de Matera, Italia. Como ha sido el guion de todas estas aventuras del agente 007, antes que anuncien el título del filme, este paraíso se ha perdido al igual que la vida en reposo de Bond. ¿Y quiénes son los enemigos de Bond en su carácter personal y el oficial? Aunque encarcelado, Blofeld (Christoph Waltz), supuestamente con problemas mentales severos que no le permiten comunicarse con nadie, Bond está seguro de ser el empleador de los asesinos que lo persiguen hasta Santiago de Cuba (filmado en San Antonio, Jamaica). Por otro lado, el traumatizado Safin (Rami Malek), ha logrado su venganza personal y ahora quiere acabar con el mundo que le hizo tanto daño a él y a su familia. El primer problema que enfrenta Bond es cómo lograr que lo restauren como agente cuando ya él renunció cuando estaban a punto de despedirlo por su gran problema en acatar órdenes y llevar a cabo sus misiones con precisión. Lo encontramos en un lugar indefinido donde hasta su código, 007, ha sudo asignado a otra agente, Nomi (Lashana Lynch).

Como siempre Bond ha sido tan persuasivo que M (Ralph Fiennes) lo acepta nuevamente, aunque sólo sea para una sola misión y sus siempre aliados, Q (Ben Whishaw) y Moneypenny (Naomie Harris) lo ayudan a desviarse de las rutas trazadas por su superior. Antes de integrarse nuevamente al “servicio de su Majestad”, se encuentra con su viejo amigo de la C.I.A., Felix Leiter (Jeffrey Wright) que pide su ayuda para secuestrar a un científico ruso que se ha convertido en una bala perdida, pero de mucho valor para otros gobiernos, Obruchev (David Dencik). Así llegan a Cuba donde su contacto es Paloma (Ana de Armas), quien se canta una principiante en estos asuntos. Trenzado en todo esto está la mujer que por segunda vez le ha roto el corazón a Bond, Madeleine, lo que no parece capaz de tolerar ni perdonar.

Repasando mis escritos anteriores sobre Bond/Craig, incluyo unos extractos para afirmar lo bien que la franquicia ha trabajado con este actor que transformó al personaje de Ian Fleming. 1. Casino Royale (Martin Campbell 2006): “Este filme es el primero del nuevo intérprete de James Bond, Daniel Craig. Con unos ojos azules y una personalidad similar a la de Steve McQueen, este Agente 007 es agresivo con todos–incluyendo a su jefa M, desafía cualquier restricción que le tratan de imponer, no teme retar de frente a sus enemigos, y no parece apiadarse o conmoverse por nadie. Esta sangre fría lo hace un agente perfecto para los nuevos enemigos del mundo: los traficantes de armas, drogas y carga humana. Gracias a la globalización ya no hay naciones enemigas sino villanos a veces detestables pero la mayor parte muy apropiados por su posición privilegiada en el mundo de los negocios.”

  1. Quantum Solace (Marc Forster 2008) “En la escena inicial de este filme, Bond es perseguido por varios autos de donde le disparan con todo tipo de armas, tratan de chocarlo y aplastarlo para que se detenga y, por supuesto, no lo consiguen. De inmediato se hace la conexión con Casino Royale ya que el cargamento es White, el personaje que ideó el robo y obliga a Vesper a traicionar a Bond. Pero en vez de ser la conclusión de la historia anterior lo contrario ocurre: todo queda en suspenso cuando White logra escapar nuevamente. De aquí en adelante se dan dos cosas muy interesantes: la desconfianza hasta de los agentes mejor entrenados tanto de la Inteligencia Británica como de la C.I.A. y la coreografía paralela (modelada en los Godfathers) en persecuciones y escapes. Mientras Bond persigue al agente que intentó matar a M por sótanos, calles y azoteas, en la superficie se celebra una famosa carrera de caballos en el pueblo de Sienna en Italia. Mientras se dramatiza la tragedia de “Tosca” en el gran teatro de Austria, Bond escapa de sus perseguidores a través de la laberíntica cocina del lugar.”
  2. Skyfall (Sam Mendes 2012): “Hay un cambio de liderato en MI-6 con la presión que ponen los nuevos administradores en M para que se acoja al retiro después de lo que ellos consideran su fracaso en controlar a Bond. Al parecer la relación apasionada y antagónica que han cultivado a través de los años hace que Bond actúe independientemente, tome riesgos innecesarios y se vaya en largas vacaciones a lugares desconocidos para M. La crisis que enfrenta la agencia de seguridad del Reino Unido es el robo del chip que contiene los nombres y ubicaciones de todos sus agentes. No solamente parece imposible de recuperar, sino que el nuevo enemigo ha penetrado los sistemas computarizados de la agencia. Y para añadir más desesperación, el responsable es un ex agente, Silva (interpretado deliciosa y malévolamente por Javier Bardem), cuya mentora fue precisamente M y este intento de destruir la agencia es más que nada una venganza personal.”
  3. Spectre (Sam Mendes 2015): “La búsqueda y persecución de uno de los enemigos de M, la anterior directora del Servicio Secreto (interpretado por Judi Dench), se confunde con trazos de la niñez de Bond. Por eso el hermoso y catastrófico despliegue de imagen y movimiento de la apertura del Día de los Muertos en Ciudad México (la toma del Zócalo es imponente) sienta el paso con la imagen de la calavera y el alcance de su objetivo, aunque fuera parcialmente. Londres siempre es el centro de operaciones y Bond tiene que regresar y rendir cuentas después de cualquier operación ordenada o no. M, su nuevo jefe (Ralph Fiennes sustituye a Dench), puede no aprobar de las libertades que se toma Bond, pero en este momento crítico para su organización, tiene que neutralizarlo al no asignarle una nueva misión y obligarlo a marcarse para poder rastrearlo. C es la cabeza de una organización de seguridad e inteligencia que opera como una agencia privada que vende sus servicios a los gobiernos. Al crear esta sombrilla no hay lugar para la individualidad que caracteriza a MI-5 y MI-6 y por eso el próximo paso es desmantelarlos.”

No Time to Die es el maravilloso final muchas veces anunciado de la serie Bond/Craig y es un digno final porque ata todos los cabos de las historias anteriores y añade elementos humanos siempre escondidos o ensombrecidos para un personaje que controla todo a su alrededor, especialmente sus sentimientos. Algunas historias se cierran, perdemos algunos de los personajes que han acompañado a Bond/Craig a través de los cuatro anteriores episodios, pero cada escena es pura energía, confrontación, movimiento y acción que nunca se detiene. Echaré mucho de menos a Daniel Craig, pero James Bond se recreará con otra dinámica en par de años. Recomiendo un excelente artículo en el número especial de la revista Maclean’s dedicado a James Bond, escrito por Brian D. Johnson, “James Bond: The Evolution of an Iconic Franchise—and the Coolest Secret Agent of All Time” (octubre 6, 2021).

Reflexiones: la quiebra, la crisis del proyecto liberal de posguerra y la discusión del estatus

Mario R. Cancel-Sepúlveda

La quiebra de las finanzas del ELA en 2013 marcó un hito en la historia reciente de Puerto Rico. El ELA y su proyecto económico de desarrollismo dependiente, criaturas de la Guerra Fría y de la ansiedad de mostrar las virtudes del capitalismo ante la seducción del socialismo real de factura soviética, había llegado a su fin. Los efectos del fenómeno sobre la discursividad política y cultural en un régimen que había funcionado como una tercera vía para evitar la independencia y la estadidad, eran previsibles. La idea del ELA como tercera vía estuvo vinculada a la figura del Antonio Fernós Isern (1895-1974), comisionado residente en Washington y otro de los “cerebros mágicos” de Muñoz Marín. La farsa política, frase inventada por Vicente Géigel Polanco (1904-1974) en un volumen publicado en 1972, iba de la mano de la farsa económica que desnudaba la deuda impagable. La idea del ELA como vitrina o modelo de la democracia y el capitalismo exitoso por causa de su asociación con Estados Unidos había perdido toda su cohesión.[1]

Las principales agencias de calificación de crédito coincidían en que los bonos o instrumentos fiduciarios del ELA se habían degradado al nivel de “chatarra” por lo que la capacidad de pago de este deudor era cuestionable. Para un régimen que desde la década de 1970 había subsistido con alguna dignidad mediática sobre la base de las transferencias federales y la emisión de deuda en la forma de bonos del Estado y sus corporaciones el futuro no pintaba bien. A ello se añadía el hecho de que el ELA había visto disolverse la última política económica del capitalismo liberal de la posguerra en 2006, la Sección 936 del Código de Rentas Internas de Estados Unidos.

Los efectos políticos del fenómeno estaban por verse, pero la cuestión de estatus, que siempre había estado allí, se pondría en un lugar visible de la agenda otra vez. Los reclamos del independentismo y del estadoísmo se harían más visibles y la polarización ideológica se profundizaría como había ocurrido en la década de 1930 y en la de 1970. La dinámica del movimiento estadoísta desde 2001 indicaba que aquel podía aprovechar mejor el momento reclamando la “igualdad” con los demás Estados.

La gran pregunta era cuánta ventaja podría sacar el independentismo, un movimiento el retroceso tras el fin de la Guerra Fría, de la situación. La campaña por la expulsión de la Marina de Guerra de Vieques desarrollada entre 1999 y 2003, la última experiencia exitosa de un frente amplio debía ser reinvertida de manera creativa si se pretendía adelantar la independencia en medio del colapso financiero del ELA. Aunque se trataba de luchas distintas, todo dependería de la capacidad teórica y práctica de los sectores comprometidos. Transformar el resentimiento por una muerte accidental de Sanes había sido una cosa. Convertir la quiebra del Estado en un compromiso con la independencia planteaba un reto distinto. A la altura del 2021 todo sugiere que ni el estadoísmo ni el independentismo han podido adelantar mucho sus metas políticas. Ni la estadidad ni la independencia están más cerca ahora que en 2013. En Puerto Rico las posibilidades de cambiar el estatus siempre han dependido de la voluntad del dueño de la soberanía desde el Tratado de París de 1899, es decir el Congreso de Estados Unidos.

¿Qué eran aquellas agencias acreditadoras que condenaban a muerte al estadolibrismo y la industrialización por invitación de Puerto Rico? Aparte de la cuestión de la deuda ¿cuál era el propósito de su presencia en Puerto Rico? ¿Qué relación guardaba aquel proceso con la atropellada transformación del capitalismo liberal de posguerra en el capitalismo neoliberal de posguerra fría? ¿Cuál era la naturaleza de aquellos agentes que se habían colocado al timón del procedimiento por encima de las estructuras del Estado?

Las agencias acreditadoras no eran una novedad. Aquellas estructuras habían nacido durante la segunda mitad del siglo 19 y principios del siglo 20 como expresión del crecimiento del capitalismo financiero estadounidense en el marco del avance hacia el oeste primero, y ultramarino después.

  • Standard & Poors, con sede en Nueva York, había sido fundada en 1860 en el contexto de la expansión hacia el oeste y el desarrollo de la industria del ferrocarril. En 1906 había ampliado sus miras más allá de la cuestión de la industria ferroviaria. El giro de la industria estadounidense hacia el renglón automotriz y los electrodomésticos debió tener algún efecto en ello. El actual estado corporativo de Standard & Poors es de 1941 y, en 1966, fue adquirida por McGraw-Hill Company. La compañía es experta en evaluar las deudas de las instituciones y corporaciones públicas y en establecer las posibilidades de aquéllas de retornar al mercado crediticio cuando pierden la capacidad para ello producto de una quiebra.
  • Moody’s es una agencia de calificación de riesgo fundada en 1909 con sede también en Nueva York vinculada a la industria ferroviaria. En 1924, durante la prosperidad de los “felices años veinte”, Moody’s llegó a controlar casi el 100% del mercado de calificación de bonos de Estados Unidos, Su experiencia en el campo es en verdad amplia. Durante la década del 1970, amplió sus trabajos para la evaluación de la deuda comercial y comenzó a cobrar a los emisores de bonos y los inversionistas en esos instrumentos por la calificación de los instrumentos fiduciarios. El campo de acción de Moody’s se amplió de unos 3 países en 1975 a más de 100 en el 2000.
  • Fitch Group es la más pequeña de las tres empresas. Posee una doble sede, Londres y Nueva York, y es propiedad de Hearst Communications, empresa cuya relación con la intervención de la Marina de Guerra del gobierno de Estados Unidos en el conflicto entre Cuba y España en 1898 es bien conocida. Fue fundada en 1913 en Nueva York asociada con IBCS Limited de Londres, y en 1997 trabó negocios con Fimalac de capital francés. Su crecimiento económico a partir del año 2000 ha sido muy significativo.

Algo que no debe ser pasado por alto es que las tres empresas prosperaron a raíz de la crisis de 1970, un lugar fronterizo entre la economía liberal de posguerra y la economía neoliberal de posguerra fría de la década de 1990. El alcance de la deuda del ELA, al menos el que se discutió públicamente entre el 2013 y el 2016, auguraba un panorama atroz. El total adeudado se fijó en 76,000 millones de dólares, sin considerar los intereses acumulados. Aquella era la mejor demostración del fracaso del proyecto económico de Puerto Rico bajo el control estadunidense: ni OMO ni la Sección 936 habían conseguido el desarrollo apetecido. Es importante llamar la atención sobre un hecho. La genealogía del derrumbe del ELA no puede trazarse, como han insistido los ideólogos del PPD, al año 2006 y el fin de la era de las empresas 936. El colapso asomaba desde la década del 1970 cuando la Gran Recesión y la estagflación recordaron los momentos más atroces de la Gran Depresión de 1929. El principal de la deuda, intereses aparte, no ha crecido más desde 2014 al presente porque el mercado y la Junta de Supervisión Fiscal, no lo ha permitido.

El consenso de los observadores era que el ELA no encajaba en la era global y la economía neoliberal de posguerra por varias razones. La principal era la falta de soberanía: el ELA era un régimen político pensado para la Guerra Fría cuyo fin era actuar al servicio de los intereses hegemónicos de Estados Unidos. Tras la caída del socialismo real el Congreso y la clase política local habían sido incapaces de transformar esa relación en un sentido innovador. El resultado fue que Puerto Rico advino a la posguerra fría sin las condiciones para insertarse en una economía global interdependiente compuesta de países independientes.

Los efectos de la quiebra material del gobierno de Puerto Rico y del consenso de posguerra sobre la retórica dominante en torno al ELA fueron, por lo tanto, significativos. En medio del llamado debate posmoderno criollo, los defensores de la tercera vía habían insistido en que el estadolibrismo había adelantado el rechazo al nacionalismo planteado por los defensores de la cultura llamada posmoderna. No solo eso. De otra parte, la oposición al socialismo se expresaba en la voluntad de desmontar el Estado Interventor y el Estado Asistencial en nombre del retorno al mercado libre y el individualismo convencional, asunto en el cual la privatización de los bienes públicos era clave. Muchos populares estuvieron dispuestos a dejarse llevar por la corriente.

Aquella retórica intelectual no estaba exenta de candidez, por cierto. El neoliberalismo era percibido como el rescate de una forma de “libertad” que se había extraviado durante el largo conflicto ideológico entre el este y el oeste. La “libertad” que se ganaba con el neoliberalismo requería al abandono de la responsabilidad del Estado con el “abajo social”. El Estado ya no se sentiría moralmente obligado a apoyar los sectores lastimados por la crisis: estos tendrían que “reinventarse” si deseaban sobrevivir. Lo más sorprendente de todo fue el apoyo masivo que el “abajo social” le dio a la revolución neoliberal. De una parte, el hecho de que la crítica al cambio económico proviniese de intelectuales asociados al independentismo y las izquierdas, debió influir en la actitud de complacencia. De otra parte, el agotamiento del modelo bipartidista y la degradación de la imagen del Estado desde la década de 1970 debió ser otro factor. La revolución neoliberal se apoyo en la desconfianza de la gente en el Estado e, indirectamente, estimuló la confianza inocente en el Mercado. De ese modo, la austeridad y la privatización fueron interpretadas, acríticamente, como una tabla de salvación. No lo eran.

El lenguaje político sufrió un interesante vuelco. Por una parte, el debate posmoderno criollo había circulado alrededor de la relación entre “dependencia” e “interdependencia” y la improbable sinonimia entre los dos conceptos. Si el neoliberalismo y la globalización animaban la interdependencia Puerto Rico, lo digo con ironía, ya tenía mucha práctica en ello gracias a su relación territorial o colonial con Estados Unidos. El problema era que la “dependencia” en el marco del capitalismo liberal de posguerra no requería soberanía política y, de hecho, dependía de que ésta no se consiguiese para ser funcional. Pero la “interdependencia” del capitalismo neoliberal requería soberanía, aunque fuese en el sentido menguado que admitía el crecimiento del poder del capital financiero sobre los estados nacionales. Por ello el tema de la soberanía en la forma de la estadidad, la libre asociación o la independencia, retorno con tanta fuerza. El ELA era el escollo que todos, incluso los populares soberanistas, querían superar para que el país ingresara por la puerta ancha en la economía neoliberal y global.

Por otra parte, la idea de la soberanía en el marco del capitalismo liberal de posguerra y en el del capitalismo neoliberal de posguerra fría significaba cosas distintas. Lo que no cambió fue el poder extraordinario de los agentes financieros internacionales en el engranaje de la política en ambas fases. Mientras aquel se afianzaba, la injerencia del Estado se reducía. El Estado se sometía a los intereses financieros por lo que sería incapaz de poner freno a la atropellada desregulación de las fuerzas económicas. En cierto modo, la concepción moderna de la “justicia social” era imposible en el orden neoliberal.

 ¿Y entonces qué hacemos con el estatus? La ambigüedad de los soberanistas

Las soluciones al desencaje económico, fiscal y político que era el ELA desde 2013 parecían claras.

  • Primero estaba la estadidad, opción que, tanto en el contexto del nuevo federalismo del 1990 o del federalismo clásico, parecía la más popular entre la ciudadanía desde el 1990. El movimiento estadoísta daba la impresión de una estructura si fisuras, cosa que no era del todo cierta como ya se ha sugerido.
  • Segunda, estaba la independencia con o sin justicia social. El fin de la Guerra Fría había atenuado ese peculiar debate de la década de 1960. Lo cierto era que aquella era una propuesta en franco retroceso hasta las elecciones de 2020, caracterizada por la fragmentación y la incomunicación entre sus numerosas tendencias y camarillas.
  • Tercera, estaba la libre asociación o “la adquisición de cualquier otra condición política libremente decidida por un pueblo”, alternativa que causaba problemas al interior del PPD y llamaba la atención de las periferias posibilistas del independentismo y el socialismo identificadas con el “melonismo”. El abanico de posibilidades de la libre asociación no ha sido explorado con precisión todavía. Un pacto de esa naturaleza podría elaborarse, bien o mal, dentro o fuera de la cláusula territorial.

La fuente a la que se ha apelado a la hora de fijar las soluciones plausibles ha sido la Resolución 2625 de la 25ta. Asamblea General de la ONU autorizada el 24 de octubre de 1970.[2] Aunque se presume que la estadidad, la independencia o la libre asociación son propuestas transparentes, la realidad es que las tres siguen siendo poco comprendidas por la ciudadanía. Los estadoístas y los independentistas de todas las tendencias confían, a veces de manera irracional e ingenua, en el ideal que defienden, elemento que conduce a un irreflexivo exceso de confianza en las virtudes de su meta. Claro que, dada la situación que vive el país y el colapso de orden establecido, aquella es una actitud apropiada para una militancia poco informada sobre la complejidad que implica un cambio de esa naturaleza.

El lenguaje jurídico ha tenido un impacto ideológico confuso en el PPD por que el ELA era el escollo que todos pretenden superar. Los populares soberanistas, una facción que desde 2013 ha ido diversificándose y agrietándose, reflejan bien ese fenómeno. Hay soberanistas exigentes o radicales dispuestos aceptar la libre asociación, una forma de independencia en asociación con Estados Unidos; y hay soberanistas cuidadosos o moderados que cuestionan los méritos de aquella.

Los sectores más cuidadosos se han amparado en esa descripción abierta de la Resolución 2625 (XXV), “cualquier otra condición política”, con el fin de legitimar una reformulación del ELA “soberano”, “mejorado” o “culminado” que podría consolidarse en el marco de la cláusula territorial.[3] También han insistido en que cuando hablan de “soberanía” se refieren a la “soberanía popular” que imaginan más democrática, y no a la “soberanía política” que estiman más restrictiva. El argumento en que se apoyan es que la “soberanía política” depende de la “soberanía popular” y no al revés. El propósito del procedimiento es tomar distancia de los independentistas que, en general, usan el concepto “soberanía política” como equivalente “soberanía nacional” o independencia. Este sector rechaza en principio la estadidad y la libre asociación como “no soberanas” y, por lo tanto, “no descolonizadoras”. Lo cierto es que el PPD está hace tiempo a las puertas de un debate que siempre han evitado: moderados, soberanistas exigentes y cuidadosos, no se han sentado a la mesa porque temen la disolución de esta envejecida organización política.

Me consta que un segmento de los soberanistas del PPD favorece la libre asociación, pero son tímidos a la hora de expresarse al respecto. La educación política de la militancia en organizaciones grandes como el PPD y el PNP, siempre plantea problemas: un taller de formación se convierte en un mitin con mucha facilidad. Los soberanistas cuidadosos que aspiran al ELA “soberano”, “mejorado” o “culminado”, tendrán que negociar una alianza inteligente con los soberanistas exigentes que defienden la libre asociación si no quieren que el PPD se disuelva. Recientemente han aparecido otros actores cercanos a drama del PPD. Uno es el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) fundados en 2019. El otro es la penetración del fundamentalismo religioso entre los populares moderados, hecho que llama la atención por el pasado de secularismo burgués de la referida organización. La decisión sobre el estatus de Puerto Rico debió tomarse en la década de 1980 o, a más tardar, la del 1990. Debió ser parte del proceso de acomodo de Puerto Rico a la nueva situación creada por los tratados de libre comercio de 1994. En aquel entonces el PNP controlaba el poder y el Congreso no quería un Puerto Rico Estado. La gran pregunta es, ¿cuán dañada está la economía local para un cambio de esa naturaleza hoy? Los eventos del 2013 al 2016, de la quiebra a la junta, no impidieron la discusión del estatus, pero cerraron cualquier posibilidad de solución hasta que el ELA vuelva a ser “solvente”.

[1] Refiero a los interesados en el tema a Vicente Géigel Polanco (2009) “Vicente Géigel Polanco y la Ley 600” en Puerto Rico entre siglos URL https://puertoricoentresiglos.wordpress.com/2009/11/15/vicente-geigel-polanco-y-la-ley-600/ El texto proviene de “Ni constitución ni convenio” (Fragmento). Publicado en El Mundo, a 19 de mayo de 1951. Tomado de La farsa del Estado Libre Asociado. Río Piedras: Edil, 1972. Págs. 21-24.

[2] “RESOLUCIÓN 2625 (XXV) de la Asamblea General de Naciones Unidas, de 24 de octubre de 1970, que contiene la DECLARACIÓN RELATIVA A LOS PRINCIPIOS DE DERECHO INTERNACIONAL REFERENTES A LAS RELACIONES DE AMISTAD Y A LA COOPERACIÓN ENTRE LOS ESTADOS DE CONFORMIDAD CON LA CARTA DE LAS NACIONES UNIDAS” en Di Publico. Derecho Internacional URL https://www.dipublico.org/3971/resolucion-2625-xxv-de-la-asamblea-general-de-naciones-unidas-de-24-de-octubre-de-1970-que-contiene-la-declaracion-relativa-a-los-principios-de-derecho-internacional-referentes-a-las-relaciones-de/

[3] Héctor J. Ferrer Ríos (2009) “Ponencia de Hon. Héctor Ferrer ante el Comité de Descolonización” en Asociación y Soberanía Un espacio para el Diálogo Soberanista URL https://asociacionysoberania.blogspot.com/2009/06/ponencia-de-hon-hector-ferrer-ante-el.html

 

Masiva manifestación en Chile a dos años del estallido contra la desigualdad

 

Con una masiva manifestación en Santiago que reunió a miles de personas, Chile recordó este lunes el segundo aniversario del histórico estallido de 2019, una conmemoración que coincidió con el inicio de la redacción de la nueva Constitución. La presidenta de la Convención Constituyente, la mapuche Elisa Loncón, dio inicio al proceso en el que empezará el debate de fondo de la nueva Carta Magna, uno de los reclamos centrales de la ola de protestas que sacudió a Chile dos años atrás.

«El único camino es el ejemplo de octubre»

Al son de «Chile despertó», un clamor que se popularizó hace dos años, y en la céntrica Plaza Italia de Santiago, el 18 de octubre transcurrió en general en un ambiente festivo. Ante un despliegue de cinco mil carabineros, las multitudes protestaron contra el gobierno y clamaron por un modelo socioeconómico más justo y por la liberación de los manifestantes que llevan meses detenidos.

Por la mañana, un grupo de estudiantes y trabajadores de la salud saltaron los molinetes del Metro de Santiago, reeditando uno de los hechos que marcó el comienzo del estallido, inicialmente motivado por un aumento del precio del boleto del subte, pero que luego creció a una exigencia de cambios políticos y sociales más profundos.

Casi al mismo tiempo estudiantes de secundaria se colgaron de una pasarela próxima al edificio Costanera Center, el mayor rascacielos de Sudamérica, para desplegar una pancarta con el mensaje: «El único camino es el ejemplo de octubre». Si bien la mayoría de las manifestaciones en la capital chilena transcurrieron de forma pacífica, por la tarde y noche se registraron algunos disturbios que incluyeron barricadas, vehículos quemados e intentos de saqueo.

Un pequeño grupo de manifestantes intentó ingresar sin éxito a las inmediaciones del céntrico exCongreso nacional, donde trabaja la Convención Constituyente que, tras tres meses discutiendo su reglamento y otras cuestiones técnicas, arrancó la redacción de la nueva Carta Magna. «Por primera vez los pueblos de Chile nos hemos sentado en una mesa plural a discutir y pensar en un país donde la dignidad se hará costumbre», señaló la académica de etnia mapuche Elisa Loncón, presidenta del órgano.

Enterrar la Constitución de Pinochet

La Convención Constituyente, formada por 155 miembros, es la primera paritaria del mundo y cuenta con una gran presencia de ciudadanos independientes y ajenos a la política partidaria. La nueva Constitución, que deberá estar lista en un máximo de un año y debe ser ratificada en un plebiscito de salida, podría servir para dejar atrás la actual, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y de marcado corte neoliberal.

Un importante sector de la sociedad chilena le achaca a este texto las grandes desigualdades del país y la privatización de servicios básicos como las pensiones, el agua o la salud, algunas de las reivindicaciones clave de las manifestaciones. Durante los últimos años se registraron una treintena de muertes y miles de heridos que decantaron en reiterados señalamientos hacia las fuerzas de seguridad por una excesiva represión y violaciones a los derechos humanos.

El aniversario del estallido social llega en medio de la campaña para los comicios presidenciales del 21 de noviembre. La desaprobación del mandatario saliente alcanza al 68 por ciento, según la última encuesta del Centro de Estudios Públicos, y la oposición en conjunto presentó la semana pasada al Congreso una acusación constitucional contra Piñera que puede conducir a su destitución.

 

Cuba lista para reabrir sus fronteras con garantías sanitarias para los viajeros

Corresponsal CLARIDAD

 La Habana, Cuba-Con la mirada puesta en el avance en el plan de vacunación contra la Covid-19 y, con él, la contención gradual de la pandemia, el Ministerio de Turismo de Cuba informó esta semana que el país está listo para poner en marcha la reapertura de sus fronteras al tan esperado turismo internacional el próximo 15 de noviembre.

En conferencia de prensa, el ministro de Turismo, Juan Carlos García Granda, confirmó lo que han dicho las autoridades sanitarias de la isla en los últimos días: el país mantiene una tendencia a la disminución del número de casos confirmados del Sars-Cov-2 y un comportamiento al control de la pandemia.

“En correspondencia con los resultados alcanzados, se flexibilizan las medidas de control sanitario internacional”, ha dicho el ministro, quien también ha expresado tener confianza en que el proceso de reapertura será uno ordenado y seguro.

Tanto así que Cuba eliminará la cuarentena obligatoria de los viajeros internacionales al arribo, a partir del 7 de noviembre. Desde el 15 de noviembre –fecha oficial de la reapertura de fronteras– ya no se realizarán pruebas PCR en los aeropuertos.

En cambio, todos los viajeros provenientes del exterior deberán presentar un pasaporte de vacunación internacional contra la Covid-19; para quienes aún no estén vacunados, será obligatorio presentar una prueba PCR negativo de no más de 72 horas, previo a la entrada al país.

“Cuba reconocerá todas las vacunas [anti-Covid19] que los países y las agencias reguladoras así lo hayan hecho”, explicó García Granda. Se mantendrán, eso sí, las medidas sanitarias en todos los hoteles y casas de hospedaje, restaurantes y demás sitios turísticos, y se mantiene también el uso obligatorio de mascarillas en todo el país. Cualquier cuidado es poco.

La mayor de las Antillas espera que se produzca un incremento de vuelos internacionales a partir del 15 de noviembre y, con ello, la llegada de más de 100.000 viajeros antes de que acabe el año. Es un cifra discreta, pero pudiera ayudar a impulsar nuevamente el mercado del turismo, tan golpeado por la pandemia y las sanciones de Estados Unidos. En lo que va de 2021, el país apenas ha recibido menos de 200.000 visitantes, un número que se encuentra lejos de los 2 millones que esperaba el país para este año.

Apuntando en ese sentido, el titular de Turismo aseguró que “ya están listos los 10 aeropuertos internacionales” en suelo cubano para comenzar a recibir un mayor flujo de pasajeros desde la segunda semana de noviembre. Listo está también todo el persona asociado a ese sector.

“Los trabajadores del sector turístico y los trabajadores del transporte, la aduana, inmigración y la aviación, en conjunto con salud pública, fueron los primeros en vacunarse, por tanto hay total garantía de que todo este personal estará vacunado”, sostuvo el ministro y añadió que gracias a esas gestiones “se ha creado una gran expectativa entre turoperadores y líneas aéreas.”

Desde que las autoridades cubanas hicieran oficial el anuncio de la reapertura de fronteras, el gobierno cubano ha recibido solicitudes de aerolíneas y turoperadores de Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y otros países europeos, para incluir a la isla en sus destinos. También han mostrado su interés compañías aéreas de México, Panamá y República Dominicana, estos últimos importantes puertos de conexión para la región.

La estatal Cubana de Aviación también anunció recientemente el reinicio de sus rutas tradicionales a España y Argentina, regresando de manera paulatina a la normalidad.

CONTROL Y ORDEN ANTE LA REAPERTURA

Para quienes pudieran sentir temor de que una reapertura al turismo derive en un rebrote de la Covid-19, García Granda enfatizó que Cuba aspira a ofrecer un turismo responsable y seguro, con todo lo que eso conlleva.

“Hablar de turismo responsable no es un eslogan. El evitar que exista un retorno de la Covid es algo en lo que todos los días tenemos que pensar”, dijo a la vez que mostró seguridad en los protocolos sanitarios implementados en todo el archipiélago.

Por si fueran necesarias pruebas, he ahí las cifras diarias del Sars-Cov-2: desde septiembre pasado, la curva de contagios por el virus rueda cuesta debajo –de manera lenta pero constante– y la tendencia permite avizorar un control generalizado de la pandemia para el mes entrante, cuando además se espera que más del 90% de la población esté totalmente vacunada.

Hasta la fecha, más del 88% de los cubanos y cubanas ya cuenta con al menos una dosis de alguna de las vacunas desarrolladas en la isla y más del 61% ya completó el esquema de vacunación.

Las muertes a causa del virus, que apenas dos meses atrás promediaban más de 80 diarias, han disminuido a un promedio de 25 diarios. Si bien sigue siendo muy alto el número para las aspiraciones de los médicos cubanos, la propensión a la baja es una buena noticia.

Poco a poco Cuba regresa la normalidad.