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Cuba aspira a crecer un 2% a pesar de la pandemia y el bloqueo

Alejandro Gil Fernández, Ministro de Economía cubano

 

Corresponsal CLARIDAD

La Habana, Cuba-Con la reapertura gradual de los servicios económicos y el regreso del turismo a la isla, pronosticado a partir del 15 de noviembre próximo, Cuba aspira a un crecimiento de su PIB de, al menos, un 2% este año 2021, según estimaciones del ministro de Economía del país, Alejandro Gil Fernández.

La cifra es mucho más discreta –pero también más realista– que el 6% al que apuntaba el gobierno de La Habana a mediados de este año, cuando las autoridades pronosticaban una contención más temprana de la pandemia y una reapertura del país a viajeros del exterior.

“En todo el 2021 hemos estado enfrentando el rebrote de la pandemia y la contracción de la actividad económica […] tenemos unos 500 millones de dólares menos que lo que teníamos de ingreso en divisas en 2020 a igual fecha”, señaló en conferencia con medios extranjeros el titular de economía.

Universidad de la Habana. Foto Archivo/ Félix Cordero

El PIB de Cuba sufrió una contracción de cerca del 11% el año pasado y el gobierno esperaba poder recuperarse este 2021, pero “la situación de tensión y las complejidades que enfrenta la economía del país están latentes”, ha subrayado Gil Fernández.

Con ello en mente, el país ha puesto en marcha una serie de medidas encaminadas a estimular el sector económico nacional. Tras el anuncio hecho en septiembre pasado de un regreso paulatino a la normalidad en la mayoría de las provincias de la isla, el Ministerio de Economía y Planificación (MEP) ha dado luz verde a la aprobación de más de un centenar de nuevas MIPYMES y cooperativas.

 En total, se trata de 168 empresas de este tipo –“no hay límites en el numero que serán aprobadas”, ha dicho el ministro– que, según datos oficiales, han aportado a la creación de 2.377 nuevos empleos.

 “La economía no está detenida, estamos permanentemente buscando soluciones para enfrentar las complejidades actuales” –ha asegurado Gil Fernández y añade que– estamos entrando ya en una fase gradual de recuperación apoyada por el proceso de vacunación”.

 El proceso, sin embargo, ha sido cuesta arriba. Si para la mayoría de países del mundo recuperarse de la pandemia ha sido un dolor de cabeza, para una economía pequeña y maltrecha como la cubana, lo es aún más. La falta casi total del turismo –una de las principales fuentes de ingreso a la isla– y el recrudecimiento de las medidas de bloqueo impuestas por el gobierno de Estados Unidos han conducido a Cuba a la asfixia.

Con todo, el país no renuncia a su vocación socialista de atención a la población. “Esto es un país socialista, aquí no podemos dejar a nadie atrás”, ha dicho varias veces el ministro de Economía.

Aunque con escasez y dificultades, Cuba ha garantizado, durante toda la pandemia, la atención gratuita y universal a toda la población, con especial énfasis en los grupos vulnerables. Además, ha sido el único país de América Latina que ha creado sus propias vacunas anti-Covid19, con las que ya ha inmunizado parcialmente a más del 90% de sus ciudadanos y a más del 60% de manera total.

Poco a poco, la isla parece regresar a la normalidad. Aunque con ciertas restricciones aún por la situación sanitaria, ya en las pasadas semanas la población ha ido regresando a los restaurantes, los comercios, las playas y los parques, y una mayor cantidad de vuelos han comenzado a llegar al país.

Por el momento, las autoridades mantienen entre sus prioridades fundamentales enfrentar la inflación ocasionada por la escasez de productos y la recuperación y sostenibilidad del sistema energético nacional, que ha sufrido reiterados daños en los pasados meses.

 

 

 

 

 

La historia alterada (primera de dos partes)

Presenté el trabajo que sigue en la serie de conferencias titulada “Nuevas Perspectivas de Historia Intelectual Latinoamericana” en la Universidad Nacional de Quilmes, Argentina, el 4 de junio de 2021. Agradezco a Martín Bergel la invitación a participar en ese ciclo de charlas ofrecidas en el marco del Seminario de Historia Intelectual de la UNQ, y a Elías Palti, director del Centro de Historia Intelectual, sus palabras de introducción. El registro en video de la conferencia, entonces titulada “La droga en las fronteras de la historia intelectual”, está disponible en el canal del CHI en youtube e incluye una sesión de preguntas y respuestas moderada por Dhan Zunino Singh, coorganizador de la serie, a quien también agradezco su hospitalidad.

Voy a comentar sobre una inflexión farmacológica de la literatura y la teoría cultural contemporáneas antes de proponerles una aproximación al poema “Valium 10” (1972) de la escritora mexicana Rosario Castellanos, una inesperada narcografía de la vida doméstica.

En la medida en que las drogas alteran la relación entre vida material, percepción y políticas del cuerpo, suscitan una serie de preguntas sobre los límites de la categoría moderna del sujeto. Desde principios del siglo XIX, cuando la alteración sensorial se convierte en un motivo recurrente de las exploraciones literarias en las fronteras y límites racionales de la modernidad, los intentos de conceptualizar la experiencia de las drogas se han enfrentado a una paradoja recurrente. Las sustancias transforman el tejido sensorial de un principio de realidad secularizado, de modos que frecuentemente se han identificado con el objeto mismo de la estética en su promesa de una relación alternativa con la vida, el cuerpo, la experiencia y la percepción misma, desatada idealmente de los rigores de la razón instrumental. Paradójicamente, cuanto más fuertes son las sensaciones que producen las drogas, más expuesto queda el sujeto al uso compulsivo. Este es al menos el caso de los analgésicos y estimulantes, modelos genéricos en el siglo XIX de las dos sustancias que interesan en estas discusiones, la morfina y la cocaína, ambas procesadas inicialmente en laboratorios europeos, aunque derivadas de una historia extractiva colonial, con sus cuerpos, materialidades y tiempos asincrónicos. El hachís y el cannabis ocupan también un lugar destacado en la farmacopea literaria desde el siglo XIX, pero no tienen el mismo vínculo con la producción industrial de fármacos que nos interesa explorar aquí.

Al menos desde De Quincey (1821) y Baudelaire (1860), los placeres de los paraísos artificiales han estado minados por los agujeros abismales de la repetición compulsiva, la caída del sujeto moderno, orientado normativamente al rendimiento y a la instrumentalización del entorno, en estados de abulia e inacción extrema. Significativamente, De Quincey, Baudelaire y el heterónimo de Pessoa, Álvaro De Campos (1915) asociaron las secuelas de la experiencia de las drogas con la ruptura de la voluntad y el colapso de los atributos que definen a un sujeto activo, autónomo y soberano. De ahí se desprende, como sugería De Quincey en sus Confesiones de un inglés comedor de opio, que los efectos de las drogas se conviertan pronto en un asunto atractivo para la investigación filosófica, incluso antes que para la historia. Las drogas producen la imagen invertida de categorías filosóficas modernas como la voluntad, la libertad, la autonomía del sujeto, a la vez que suspenden las coordenadas del principio normativo de realidad, los amarres que aseguran la integridad de la persona en un orden simbólico y jurídico. No es de extrañar, entonces, en un momento u otro, que en la obra de varios de estos autores que acabo de mencionar el viaje impulsa al narconauta por las rutas de una pesadilla orientalista farmacolonial en el accidentado itinerario de un cosmopolitismo irónico que culmina posiblemente con las fugas contraculturales a México y a Centro y Sur América de la generación Beat.

La paradoja del fármaco como remedio y veneno es recurrente aún en perspectivas contemporáneas que oponen el potencial liberador de la experiencia drogada al control de los sentidos y a la conciencia identificada con la producción institucional de la verdad. Peter Sloterdijk, por ejemplo, ha argumentado que la historia de la filosofía occidental podría narrarse como el devenir de estrategias para contener o expulsar las descargas sensoriales del éxtasis y el entusiasmo del dominio legítimo de la verdad filosófica. Este argumento se basa en una especie “hipótesis represiva”, podríamos llamarla siguiendo muy libremente las paradojas del análisis foucaultiano de la proliferación de discursos de la sexualidad reprimida. Se basa en la escena primaria de la oclusión de la experiencia alterada originada en los rituales del chamanismo. En esto Sloterdyjk coincide con los argumentos más programáticos de la historia general de las drogas de Antonio Escohotado, un punto de referencia ineludible en las investigaciones históricas de este campo. En la Historia general de las drogas de Escohotado los estados de éxtasis y la experimentación son explicados como formas de disidencia o “desobediencia farmacológica” que se oponen, primero, a la centralización religiosa y posteriormente, ya en un mundo secularizado o desencantado, a los controles estatales sobre el individuo y su cuerpo, aposento primero de su derecho y posesión de acuerdo a Escohotado. En efecto, en la monumental Historia general de las drogas, la hipótesis represiva conduce a Escohotado a una especie de individualismo radical, entramado en una crítica de la prohibición que proclama los derechos individuales del sujeto a alterar su cuerpo, su mente, su percepción o lo que le dicte su deseo, contra los controles e interdicciones del Estado. No hay que ignorar la deriva liberal de Escohotado, para reconocer el peso indiscutible del prohibicionismo, su fuerza opresiva, históricamente inseparable de la moral que impulsa a las interminables cruzadas contra las drogas y que subyace a la panoplia de discursos médicos, jurídicos y policiacos que se producen en su entorno. Desde comienzos del siglo XX, estos dispositivos han operado mediante construcciones normativas del cuerpo ideal ciudadano, en el cruce higienista de la medicina y la criminología, según ejemplifica el libro sintomático del Dr. Gregorio Bermann publicado en Córdoba, Argentina, en 1926, una de las primeras referencias latinoamericanas a la emergente “ciencia” de la toxicomanía, inseparable de las primeras leyes de regulación o control del consumo, producción y distribución de las sustancias controladas. La novela corta Sebastián Guenard del escritor puertorriqueño José de Diego Padró (1924), con trama situada en Chinatown de Nueva York, registra cabalmente el tránsito de la droga como dispositivo de una subjetividad bohemia o “decadentista” a la patologización y criminalización.

Aunque supone una historia insoslayable de prohibiciones y guerras contra las drogas, la hipótesis represiva confirma la importancia de un tropo de historia contracultural en el que las sustancias que alteran la sensibilidad, en particular los alucinógenos y el cannabis, y más recientemente otros diseños psicoactivos, como el éxtasis y algunas variaciones de la metanfetamina, son considerados herramientas de resistencia o subversión contra las demandas que se fraguan como horizonte normativo del cuerpo ciudadano en el despliegue de los múltiples dispositivos biopolíticos que puntualizan la historia de las drogas, la prohibición y sus efectos en el complejo industrial-carcelario. Lo que a su vez ayuda a explicar por qué los estados alterados suscitan sistemáticamente reacciones morales y disciplinarias en discursos transitados por la ética del trabajo y la productividad a contrapelo de los usos del cuerpo basados en contra-economías del goce, el gasto y el exceso.

Esto conduce a varios cuestionamientos y posibles debates. 1) El primero tiene que ver con los efectos sociales, económicos, médicos y espirituales de lo que Eve Kosofky Sedgwick relaciona con las “epidemias de la voluntad”, una contribución a la historia de los hábitos y las compulsiones no ya como una condición excepcional de individuos aislados, sino como un horizonte de la subjetividad en las sociedades modernas, marcadas por la historia del consumismo desde sus orígenes en el siglo XIX. 2) La segunda cuestión tiene que ver con la expansión global del régimen farmacológico, donde los experimentos de alcance biomédico, genético o neuroquímico transforman la vida y, con ello, nuestra comprensión de las fronteras entre lo humano y lo no-humano, la vida alterada tecnológica o químicamente. 3) El tercer asunto que no se explica mediante un enfoque contracultural o libertario de las drogas, tiene que ver con una dimensión necropolítica notable, por ejemplo, en el alcance de la epidemia de opioides y de la heroína sintética en los Estados Unidos y otras partes del mundo, probablemente el principal problema de salud pública en ese país hasta que la pandemia actual del COVID lo desplazó casi por completo. La crisis de los opioides ha impactado la discusión acerca de las sustancias en los regímenes de alteración, al menos, de dos maneras: primero, ahora enfrentamos los factores de una crisis desencadenada por drogas manufacturadas industrialmente y en muchos casos legalmente recetadas; segundo, la llamada epidemia de los opioides sintéticos durante la última década reintroduce el elemento de la muerte en el control contemporáneo de las poblaciones vulnerables y abandonadas. Esto complica las distinciones entre drogas legales e ilegales que distribuían aún los límites del análisis de la narco-cultura en un arco de reflexión sobre droga y violencia que culmina en el libro Capitalismo gore de Sayak Valencia, con el antecedente importante de los trabajos antropológicos de Philip Bourgois en el Harlem puertorriqueño de Nueva York. Dicho de otro modo, la droga no es sólo el objeto de economías de una violencia salvaje (o gore), externa de los territorios de la violencia legítima, sino un aspecto del capitalismo contemporáneo.

Cuando se aborda desde el punto de vista de estas tres discusiones, la hipótesis general que sostiene que las drogas han sido sistemáticamente reprimidas en la historia del capitalismo, requiere, por lo menos, algunos matices y discusiones. Sin subestimar los efectos letales que abundan en la larga historia del prohibicionismo y el correlato del complejo médico-carcelario, es necesario reconocer, al mismo tiempo, que la producción de las drogas prolifera en coyunturas diversas y contribuye de múltiples maneras al proceso de nuevos modos de subjetivación y control social, una preocupación que tanto Aldous Huxley como William Burroughs trabajaron intensamente en sus ficciones distópicas sobre la sociedad de control, Brave New World (1932) y The Soft Machine (1961) respectivamente.1 Ciertamente no estamos hablando ya de un régimen biopolítico basado en el doble movimiento foucaultiano de individuación y disciplina, cuerpo y población, sino de formas de alteración o modulación de la vida en sociedades contemporáneas de control, según la propuesta de Gilles Deleuze.2 Ya en el “Post-scriptum sobre las sociedades de control” de 1990, Deleuze mencionaba, sin elaborar casi, “la producción farmacéutica […], los enclaves nucleares [y] las manipulaciones genéticas” que cumplen un papel en la configuración de nuevos regímenes del poder sobre la vida. Con más tiempo convendría notar la deriva en elaboraciones posteriores de este concepto en los debates sobre lo que Lazzarato llama el “noo-poder”, es decir, el poder de la virtualidad y las modulaciones de la vida anímica en la era del trabajo inmaterial; así como en las discusiones ya bastante generalizadas sobre el psico- y neuro-poder.3

Por ahora quiero mantenerme cerca de la dimensión farmacológica de estas consideraciones. La formidable acumulación de capital farmacéutico desde finales del siglo XIX hasta el presente se ha sostenido en una demanda de productos orientada por dos objetivos decisivos en las políticas del cuerpo de la ciudadanía moderna: por una parte, las garantías inmunológicas y la cura de enfermedades contagiosas; y, por otra, no menor en sus efectos materiales y simbólicos, el control del dolor, marco que se amplía notablemente desde la Guerra Fría, en la deriva más reciente de la psico- y neuro-farmacología. En este sentido, al considerar los supuestos teóricos o conceptuales que marcan la investigación histórica en este campo, es importante recordar dos trabajos pertinentes sobre los poderes y materialidades farmacológicos. El primero es el texto clásico de Susan Buck-Morss sobre la relevancia de la historia de la morfina para una relectura del trabajo de Walter Benjamin, y su acercamiento al papel anestésico que cobra la vida material en las fantasmagorías. Su ensayo abrió una ruta alternativa para el estudio de la aiesthesis moderna y la plasticidad de la experiencia sensorial transformada por los cambios tecnológicos del capitalismo y por la intensificación de los estímulos urbanos, particularmente en las fábricas y la vida en la calle. El segundo corresponde a Paul Beatriz Preciado quien, en un giro que expande la noción foucaultiana del biopoder y el debate sobre la sociedad de control, introduce el análisis de las modulaciones contemporáneas de la sexualidad y el control de la natalidad bajo un régimen basado en “los modos de “subjetivación fármacopornográficos”. Me refiero a su formidable cruce de teoría y narrativa del proceso personal de aplicación hormonal trans en Testo yonqui, un protocolo experimental que impacta la discusión en torno a las identidades como construcciones sociales o prácticas performativas para considerar, en cambio, la modulación de la vida bio-psico-afectiva del sujeto.

Bajo el impacto del Covid-19, el debate público sobre los laboratorios de la Big Pharma como entidades corporativas se han intensificado notablemente. La pandemia infunde nuevo vigor a la crítica de intereses empresariales y del capital financiero que sobredeterminan la investigación científica y las políticas de salud pública bajo los mercados neoliberales. La cuestión del “racionamiento del cuidado” y de “quién merece vivir” bajo las presiones extremas del colapso de los sistemas de salud impactados por la pandemia adquiere nuevas dimensiones, pero una vez más dominan la lógica empresarial y los monopolios bajo la protección de unos pocos estados nacionales que rigen la producción del saber y la investigación farmacéutica, cuyos resultados tienen efectos directos en las fluctuaciones de la lógica y los valores financieros. Tomemos, como ejemplo, las declaraciones de los Laboratorios Pfizer cuando el 9 de noviembre del año pasado anunciaron la efectividad de su vacuna contra el coronavirus, noticia que provocó un incremento inmediato en los índices de la bolsa internacional, incluso antes de que se conocieran los riesgos del mencionado producto.

Antes del estallido de la pandemia, la imponente acumulación de capital de los laboratorios farmacéuticos generaba ya una profunda desconfianza popular y en los medios independientes, registrada de múltiples modos en los altos índices de desaprobación pública de sus operaciones y en varios procesos judiciales contra los laboratorios de mucha cobertura y efectos relevantes. Probablemente la reacción pública en los últimos años se deba, por un lado, al alto costo de las medicinas que en proporción inversa a la reducción de los servicios médicos públicos y las pensiones de los jubilados. Pero también las impugnaciones recientes contra empresas farmacéuticas como la Purdue, Johnson and Johnson y otros distribuidores de la Big Pharma, han sido una reacción al papel que han tenido estas compañías en la manufactura de la epidemia de opioides tras el boom de la oxicodona y la heroína sintética provocado por las empresas en las últimas dos décadas. Los análisis de la epidemia de los opioides remiten a un diseño empresarial de consumo nutrido por la desindustrialización, la crisis y precarización de la clase media y trabajadora norteamericana incluso en las zonas rurales, de población blanca, según las pistas testimoniales que explora Sam Quiñones en Dreamland: The True Tale of America´s Opiate Epidemic.

Estimulada por intensas campañas publicitarias y por el respaldo del recetario médico, el estallido de la oxicodona desata lo que Max Haiven ha llamado “nuestras guerras del opio: el fantasma del imperio en la prescripción de la pesadilla opioide”. Los procesos judiciales recientes contra Pharma Purdue y la familia Sackler, propietarios de la Purdue, que patentizó la oxicodona en 1996 documentan ampliamente la multiplicidad de factores e intereses económicos que intervienen en la modulación de la vida en los laboratorios industriales que operan bajo la laxitud neoliberal. La geopolítica de este capital flexible introduce un vector colonial en el análisis de la producción farmacológica, como demuestra Miriam Muñiz Varela en su aproximación a la historia de los laboratorios en Puerto Rico a partir de la década del 1950 y el auge de la píldora anticonceptiva, tras amplios experimentos y pruebas con la población puertorriqueña.4 Todavía hoy varias de las grandes empresas farmacéuticas instalan sus laboratorios en las mismas zonas industriales donde operan los semilleros de la agroindustria, próximos también a complejos carcelarios, frecuentemente en los mismos terrenos desalojados por la vieja industria azucarera, como sugiere lúcidamente Marta Aponte Alsina en su libro de no ficción, PR 3: Aguirre (2018), sobre los destinos de un gran emporio azucarero, la Central Aguirre, en el litoral sur, caribeño, de la isla. De muchas maneras, el laboratorio colonial contemporáneo contrasta la dinámica entre conocimiento científico, implementación técnica y controles del estado-nación investigada por Bruno Latour en su importante historia de la vida material y los detalles operativos de los exitosos laboratorios de Louis Pasteur en la Francia de finales del siglo XIX; aunque, sin duda, el cuestionamiento de Latour a los reclamos de autonomía de la investigación científica moderna mantiene plena vigencia en el análisis del régimen farmacéutico actual.

En vista de la epidemia de la oxicodona y las trayectorias globales del fentanilo, la heroína sintética, y de las muertes por sobredosis que superaron el medio millón de víctimas en los Estados Unidos entre 2010 y 2019, y que el año pasado, en plena pandemia del COVID 19, superaron las cien mil muertes, es evidente que el debate actual sobre las drogas desborda los acercamientos a las sustancias que modifican la conciencia como olas experimentales que nos ayudan a resistir o a subvertir la razón instrumental de un sobrio gobierno de la vida. La necropolítica actual de las drogas, nutrida por la gran industria de fármacos y medicamentos, presiona también a reconsiderar y a cuestionar la excepcionalidad del narcoestado y a matizar el análisis de la violencia en las economías del abandono, ahora en función de la condición farmacológica y de modulaciones de la vida que ciertamente no reducen su campo de acción a las operaciones del narcotráfico, aunque también las incluyen. Las drogas son poderosos dispositivos de alteración. Como tales, son objetos que moldean o constituyen formas de poder, así como eventos nuevos, frecuentemente rebeldes, pero inseparables de las poderosas intervenciones y dispositivos de control.

El autor nació en Río Piedras. Ha publicado varios libros sobre literatura y cultura latinoamericana, es escritor, documentalista, profesor emérito de la Universidad de Berkeley y autor de una importante obra ensayística en la que destacan títulos como Desencuentros de la modernidad en América Latina: literatura y política en el siglo XIX ,  Sujeto al límite: ensayos sobre cultura literaria y visual y «Ensayos próximos» (La Habana, Casa de las Américas, en prensa). Tiene en preparación dos documentales: ¨Detroit´s Rivera¨y ¨Retornar a La Habana con Guillén Landrián»

1Tal como propone Salvador Gallardo Cabrera en su trabajo sobre Burroughs y la sociedad de control, la discusión teórica sobre las nuevas modulaciones del poder tiene un antecedente literario indiscutible.

2Ver también las reflexiones de Mauricio Lazzarato en “Los conceptos de vida y de lo vivo en las sociedades de control” y las de Paul Beatriz Preciado en Testo Yonqui y en sus intervenciones recientes sobre el coronavirus.


3Sobre la distinción entre biopolítica y psicopoder, ver B. Stiegler (2011) y Byung-Chul Han (2014). W. Neidich (2010) discute las derivas de la discusión sobre el neuropoder en la era del capitalismo cognitivo.

4Sobre la experimentación anticonceptiva y la biopolitica colonial en Puerto Rico también resulta clave el documental de Ana M. García, La operación [1982]).

La chulería de la ternura contra los Chulos de la pobreza

 

Nota: Leí este texto el 5 de octubre de 2021 en ocasión de la presentación virtual del libro Chulos de la pobreza y otras crónicas, de mi compañera columnista de la sección Será otra cosa de Claridad, Rima Brusi Gil de Lamadrid.

Lo que los mandamases hacen con Puerto Rico vuelve casi imposible mirar el entorno –y mirarnos nosotras– con ternura. A fuerza de sobrevivir aquí, a ras de piel se nos asoma primero, y a diario, la rabia, la pena, el pánico, la extenuación, todas emociones que, al desatarse, se sienten absolutas, secuestradoras de todo aliento. La ternura, por el contrario, se experimenta apocadita; se acomoda dondequiera; le cabe a una en el bolsillo de una sonrisa. Tiene el tamaño y la textura de una barriguita de gata, de una farina caliente y blanda, de un caracolito escogido especialmente para ti, o de una caricia con las yemas de los dedos. Las más de las veces irrumpe casi de sorpresa, y lejos de encadenarte el cuerpo, tiene el efecto neto de abrirlo, de disponerlo a recibir y a dar. Y todo, de buenas a primeras, adquiere otro cariz. La ternura, como la generosidad, da ganas de seguir. De vivir. En una palabra, es una inigualable chulería que, bien pulida y mejor empuñada, arrasa con los colmillos de cualquier chulo de la pobreza (poverty pimp).

Desde Mi tecato favorito hasta Chulos de la pobreza, Rima Brusi Gil de Lamadrid ha producido una biblioteca de ternuras sobre y para Puerto Rico en forma de textos que a veces podríamos llamar crónicas, otras, ensayos personales, y aun otras, género desconocido del parpadeo. Tras el largo entrenamiento que cargo en hábitos de lectura detenida, podría aventurar algunas ideas sobre cómo ha logrado Rima semejante hazaña por medio de su manejo del lenguaje y su trato cercano, casi como un susurro, de sus lectoras. Mas hoy, mientras celebramos este libro, ilustrado de manera igualmente tierna y hermosa por los trazos contundentemente sutiles de Zuleira Soto Román y publicado este año de 2021 por Editora Educación Emergente, no me interesa tanto analizar el texto como invitarnos a dejarnos acontecer por sus efectos somáticos y afectivos, que son también, sépase, políticos. Porque al igual que Zuleira con imágenes, Rima logra con palabras politizar la ternura y enternecer la política sin hablar de cositas fácilmente tiernas, como gatitos, perritos, platos de farina, ni caracoles escogidos especialmente para ti. La voz encuerpada de la cronista se abalanza a los corazones de nuestro dolor de país vuelto vagón, de nuestro desgarro tanto feral como doméstico, de nuestra contemporaneidad pandéudica, de nuestra quiebra, en todos los sentidos de esa palabra. En el medio del sangrado, ese cuerpo generoso que escribe, bucea y hurga hasta encontrar el otro lado de la carne abierta y, sin chaleco salvavidas, tanque de oxígeno ni maquinaria de remolque que no sean su compromiso con otras miradas, otras palabras, otras formas de percepción conceptual y sensorial, acaricia el promontorio avistado, y halándolo, ay, con tanto cuidado, logra hacerlo acercarse al primero, aquel desde donde la cronista se lanzó al vacío, suturando así el abismo sin hacer desaparecer la evidencia de la herida. Algo así, supongo, es el amor. Y el amor de este libro por nuestro país –que, por otra parte, ha recibido tanto y tan indecible maltrato– es tan contundente como la mar que lo rodea.

Si algo queda claro tras la lectura de esta colección es que la pobreza y su perpetuación son buen negocio para los amos del capital y la colonia, es decir, para los chulos (en el sentido de pimps). Esos últimos son los únicos por los que este libro no siente ternura, pues ansían y requieren la pobreza para que la maquinaria del “sistema” que les beneficia siga su mortal curso. Podríamos hablar así de una política chula de la pobreza, fomentada y reproducida por los críptidos de ayer y de hoy, pero también por todes nosotres cada vez que, detenidas en el semáforo, lanzamos una mirada prepotente –aun si apenada, caritativa, filantrópica– hacia el caserío, o hacia quien pide junto a nuestra ventanilla. En contraste, acercarnos a la pobreza con justicia requiere comprometernos a mirar desde la ternura política y la politizada ternura que las crónicas de Rima modelan.

Este libro nos conmina a asumir la obligación –en palabra y acto, en narración y en revolución– de desmentir a toda hora la generalizada ideología de que la pobreza es una condición inamovible de la naturaleza, de la genética, de la piel, del entorno… Chulos de la pobreza también nos muestra la urgencia de darle carne y corazón, hueso y sudor –esto es, estatuto de existencia digna como todas– a una cada vez más abultada mayoría en nuestro país (según el último dato que investigué, ronda el 52% la cifra de nuestra población que vive bajo el nivel de pobreza). Hacerlo aquí, en Puerto Rico, es absolutamente esencial y radicalmente contestatario, pues la historia “moderna” de nuestro archipiélago se ha fundamentado en la colosal fantasmagoría de la negación de la pobreza, de privar de estatuto de existencia digna a las personas y linajes familiares que el sistema empobrece por diseño, ya que nuestro “progreso” de embuste nos “eximió,” supuestamente, de la miseria de “las islitas” y “las repúblicas”…

La escritura, como tan bien demuestra este libro, puede ser-hacer-devenir emociones, sensaciones, convicciones otras. Entreguemos a ella nuestros cuerpos y dejémosla, en el caso del libro que celebramos hoy, hacer con nosotras su tierna política y su politizada ternura. A ello les provoco ahora con sólo una muestra de Chulos de la pobreza, en forma del texto –corazón del libro y del país, a mi juicio– “Comida para los pobres” (pp. 113-114):

***

Anoche se llevaron arrestado a Giovanni Roberto. Su crimen es predicar, con la ayuda de una tumbacocos, la descabellada idea de que los pobres merecen seguridad alimentaria.

En plena crisis de COVID-19, lo han metido en una celda a pasar la noche. Desde allí, canta. Yo lo que quiero/es comida pá los pobres.

Pobreza es exclusión, exclusión hasta de la ilusión (la que nos quede) de democracia. Es el reclutamiento del ejército, que parece ser el espacio que queda disponible de eso que mientan equal opportunity. O el de las iglesias: están las que prometen salvación y otro mundo y las que te cobran diezmo, pero a cambio te garantizan el trato preferencial de un dios caprichoso, comunidad y renacimiento instantáneos y un club de libros, digo, libro, en singular, pero gratuito y suficiente.

Es humillación, marginación. Condena a mirar de lejos (pero de cerca, porque no te las sacan de la cara) imágenes de riqueza y exceso. Dicen los defensores de la abundancia obscena del “punto uno porciento” que mirar la riqueza ajena motiva a los pobres a progresar. De ahí que los nombres “20” y “22” ya no evoquen paradas en Santurce, sino leyes, invitaciones generosas a quedarse en (¿con?) nuestras islas, comunidades amuralladas con escuelas, playas, parques, seguridad y hasta hospitales. Pero mirar constantemente la riqueza de los de arriba, cuando no existen las estructuras para llegar allí, lo que hace es conjurar los demonios de la frustración y la desesperanza.

Son las paredes de la deuda impagable, cerrándose a tu alrededor. Como en aquella escena en Star Wars, ¿la recuerdan? Tres protagonistas atrapados en un basurero intentan escapar de la muerte (los verdugos de la película son los representantes del “Imperio”, por cierto, pero ése es otro tema) mientras las paredes los van apretando, las aguas van creciendo y unos culebrones gigantes se les van acercando.

Es el miedo a que te arresten por robarte dos latas de café. A que te nieguen comida, techo, sanitizer y dignidad, mientras te llenan esa mochila sin fondo con “es responsabilidad de los padres”, “quédate en tu casa”, “lávate las manos”, “dios mediante” y “resiliencia”.

A que el COVID te enferme o mate con mayor frecuencia, mientras los que mandan nos engañan y regañan. “El virus no discrimina”. “La gente no está cooperando”. “Hay que abrir la economía a toda costa”. Unjú.

“Abrir la economía”. Los que se benefician de esa apertura no son los que tienen que poner y arriesgar el cuerpo para lograrla. A mí en la escuela me dijeron que la economía tenía que ver con el uso y distribución de recursos para satisfacer necesidades humanas. ¿Cómo es que Walmart “necesita” y los pobres no?

De arriba un grito: ¡Abrir la economía! De abajo, una canción: Yo lo que quiero/es comida pá los pobres.

 

 

 

 

Editorial: La marcha de la desesperación

 

Las imágenes de decenas de miles de mujeres, hombres y niños haitianos cruzando la frontera desde México hacia Estados Unidos, por un poblado a la orilla del Río Grande, y formando un enorme campamento bajo un puente, han capturado la atención del mundo entero porque retratan la desesperación que cunde en millones de seres humanos en nuestro hemisferio, que viven asolados por la desigualdad, pobreza y desesperanza, y deciden arriesgar sus vidas por una oportunidad de sobrevivir.

La marcha de miles de haitianos es solo el más reciente impacto fronterizo que ha confrontado el gobierno de Estados Unidos este año. Según la Oficina de Patrulla de Fronteras (US Border Patrol, en inglés) actualmente se experimenta el mayor resurgir en el número de personas que intentan entrar a Estados Unidos por los distintos puntos del cruce de fronteras entre dicho país y México, estableciéndose un nuevo récord de encuentros por dicha franja fronteriza durante este año 2021. Las personas que conforman esas marchas de inmigrantes principalmente proceden de países de nuestro hemisferio.

La dependencia federal informó también que durante el pasado mes de julio hubo 199, 777 encuentros con inmigrantes en la zona fronteriza, el número más alto de intentos de cruce en los pasados 21 años. Informaron también haber realizado más de 1 millón de arrestos hasta el 30 de junio de este año, en el cruce fronterizo entre México y Estados Unidos. Pero las escenas descritas como las más desgarradoras corresponden a las miles de familias haitianas que se encuentran en estos momentos bajo el puente de Dos Ríos, en el estado de Texas.

Para diferenciarse de las políticas migratorias trogloditas de Donald Trump, el gobierno de Joe Biden prometió que daría a los migrantes un trato compasivo. Sin embargo, la compasión no parece alcanzar a los miles de haitianos bajo el puente. Sin muchas contemplaciones, ya han comenzado las deportaciones.

La razón principal tras la inmigración masiva de personas hacia Estados Unidos es muy sencilla. Obedece al avance desenfrenado del capitalismo neoliberal, que ha permitido al imperio estadounidense y demás potencias capitalistas liderar la etapa de acumulación de capital más grande de la historia. Esta acumulación de capital en pocas manos también ha creado una monstruosa desigualdad y provoca guerras, colapsa economías, acrecienta la corrupción de gobiernos y castas dominantes, y sume en la miseria y la desesperanza a millones de seres humanos en todo el planeta.

En nuestro hemisferio, por sobre todas, sobresale la tragedia de Haití, la primera república negra y una de las primeras naciones libres en nuestra América, hundida hoy por siglos y décadas de saqueo y expolio, invasiones militares, dictadores y gobiernos corruptos, castas privilegiadas, y sobre todo el racismo y la exclusión más repugnantes que han mantenido en la pobreza extrema a amplios sectores de su población. A eso, hay que sumarle la constante inestabilidad política e institucional, una sucesión inacabable de desastres naturales- huracanes, inundaciones, terremotos, y ahora, la pandemia del COVID-19.

Este es el cuadro que explica por qué para tantos de nuestros hermanos y hermanas haitianos, y del resto del continente, su marcha desesperada es la última alternativa.

 

Puerto Rico rumbo a la miseria

 

CLARIDAD

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Empleados del gobierno, jubilados y activos, estudiantes, académicos,  artistas, organizaciones de la sociedad civil, expertos en economía y en la ley PROMESA. Continúan aumentando las voces que se manifiestan y advierten sobre los peligros de la aprobación del PC 1003, Ley Habilitadora para el Plan de Ajuste de Deuda (PAD).

Organizaciones sindicales, estudiantiles y de jubilados hicieron un llamado a manifestarse frente al Capitolio, el lunes 18 de octubre, a partir de las 10:00 de la mañana, para demandarles a los legisladores que no aprueben el proyecto. Ese día se supone que la medida regrese a la Cámara de Representantes para atender las enmiendas hechas por el Senado.

Emilio Nieves, portavoz de la Central Puertorriqueña de Trabajadores (CPT), una de las organizaciones convocantes, indicó a CLARIDAD que estarán  haciendo el reclamo específico de que no se apruebe el proyecto  y que se le exija a la Junta de Control Fiscal (JCF) que si se diera alguna reunión se incluya en el PAD los parámetros establecidos en  la Ley de Retiro Digno. Tanto Nieves como otros líderes sindicales y jubilados han estado cabildeando para que aquellos legisladores que votaron a favor de la medida en ambas cámaras cambien su voto. Señaló que su percepción sobre la postura de los legisladores a favor del proyecto es que no entienden y no se han puesto a estudiar las implicaciones que tiene el proyecto y al no estudiarlo ni buscar sus implicaciones, terminan siguiendo la directriz que le da el portavoz de su delegación.

Esta no sería la primera manifestación. Los grupos de jubilados y representantes sindicales de trabajadores activos se han mantenido asistiendo a las vistas públicas sobre el proyecto. Incluso, en varias ocasiones los presidentes de ambos cuerpos limitaron la entrada de público a los hemiciclos.

Por su parte, una larga lista de artistas de múltiples disciplinas también alzó su voz en contra de la aprobación del PC 1003 en una declaración pública dirigida a los  legisladores, al gobernador Pedro Pierluisi, al presidente Biden y al Congreso de Estados Unidos.

“Implementar el ‘plan’ elevará la pobreza en Puerto Rico a ritmo acelerado y llevará a una segunda quiebra en los próximos diez a quince años, según asegura la misma Junta que lo impone. Para entonces, estaremos en la indigencia, endeudados y sin salida viable. De esto serán directamente responsables tanto el Gobierno de EE.UU., por crear e infundir a la Junta con poderes dictatoriales, como el Gobierno de Puerto Rico, por su irresponsabilidad frente al pueblo y su complicidad con la Junta”, expresó el grupo de artistas.

En tanto, los representantes del sector docente y estudiantil ante la Junta  de la Universidad de Puerto Rico (UPR) también dejaron saber su rechazo a la aprobación de la medida por entender que el PAD profundizará la crisis fiscal de la institución, al congelar su presupuesto a $500 millones por los próximos cinco años.

“Por los pasados cinco años, la Junta de Control Fiscal y las administraciones de turno le han recortado a la UPR el 51 % de su presupuesto o unos $426 millones de dólares. Estos recortes han provocado que la institución esté operando con un déficit, lo que hace insostenible la operación a largo plazo de la UPR, anulando las posibilidades de continuar siendo un pilar en el desarrollo socioeconómico del país.

Por lo tanto, los miembros claustrales y estudiantiles de la Junta Universitaria expresan su repudio hacia el PAD y el Proyecto de la Cámara 1003, por los efectos detrimentales que tendrían en el presupuesto de la institución, y le exige a la Asamblea Legislativa a no aprobar dicho proyecto”.

La declaración está suscrita por los representantes claustrales, Omell Pagán Parés, del Recinto de Mayagüez; Jorge Colón Rivera, del Recinto de Río Piedras, y el representante estudiantil Delvin Caraballo Rodríguez, de Río Pierdas.

Desmienten a la Junta

Después de que el Senado aprobó el proyecto la semana pasada,  la JCF hizo declaraciones en contra de las enmiendas introducidas por dicho cuerpo. Las declaraciones de la JCF también iban dirigidas a presionar a la Legislatura a aprobar el proyecto, aun cuando economistas han denunciado que la medida tal y como ha sido aprobada por ambos cuerpos representa un pago de deuda insostenible para Puerto Rico.

La portavoz del Frente Ciudadano de la Auditoría de la deuda (FCAD), licenciada Eva Prados Rodríguez, reaccionó a las declaraciones de la JCF: “Esta es otra táctica intimidante más de la Junta. Como no puede convencer sobre los beneficios reales de su propuesta para el País, recurre a la amenaza. Es la misma Junta que hasta hace unas semanas hablaba de Plan B y de que no necesitaba a la Legislatura. Ahora sí acepta que la Legislatura es quien único puede autorizar una nueva emisión de bonos. Sin embargo, quiere que los legisladores sean sellos de goma y acepten un plan de pago que además de insostenible atenta contra los pensionados, la Universidad los municipios. Ni la legislatura ni ningún pensionado(a) se debe dejar presionar por tácticas intimidantes de la Junta. El plan de la Junta, tal y como está, atenta contra el futuro económico de Puerto Rico, lo dicen economistas expertos(as) y lo reafirman los números de la Junta.”

Mientras, el licenciado Rolando Emmanuelli Jiménez, experto en quiebra y en PROMESA expresó: “Ante el claro reconocimiento del poder de la Legislatura sobre la confirmación del plan de ajuste de la deuda, la Junta recurre a tácticas de miedo, desasosiego y desinformación al pueblo. Como ya hemos expresado, no es real decir que porque no se apruebe este plan de ajuste se levanta la paralización de la quiebra y los acreedores pueden cobrar el 100 %. La Junta puede presentar más enmiendas al Plan de ajuste y el proceso seguir hasta que se logre un acuerdo verdaderamente sostenible para el País. La Legislatura debe resistir e impedir que se apruebe este Plan de Ajuste de la Deuda como está, pues nos va a llevar a una segunda quiebra y a Puerto Rico a la miseria.”