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Conejo y cazador (1)

 

Abre.

Cazador se acerca al lente.  Se apresta a mirar antes de entrar.

Un conejo escapa, apurado en su tiempo de reloj roto, en los instantes antes de ser presa.

Cerca de allí hay una quebrada.  Pronto no habrá aire, pronto sólo se llenarán las cuencas.  Como todo esto es cosa sabida, hay que escribirlo, antes del ahogo.  Hay que hurgar con pluma y daga y dedo, poner la palabra ahí, a toda costa.

Ahí, en riego y riesgo.

Ella ve el tronco fino, la mancha verde, el anuncio blanco del café de la India.

El conejo cae.  Ella abre: el corte íntegro, la línea recta, cabal.  Al instante: el brote, el derrame y flor de su interior, la curva tibia de cosas que aún no tienen nombre.  Ahora abierto el animal, puede por fin entrar en su gruta.

Entra.

Cazador sonríe.  Sus ojos miran el lente que lo mira, que lo refleja, que lo multiplica.  Cazador sólo busca una cosa; no existe sino para esta cosa que busca.  Quiere hurgar ahí, pedir entrada, seguir su cacería detrás de ella, detrás de ese cuerpo frágil y oscuro que ha visto abrirse paso frente a él.  Quiere que ese cuerpo lo hale adentro, lo lleve al fondo de la gruta.

Ella vuelve a colocar el puñal en su lugar, con ese cuidado desmedido de los actos que surgen de la espera, el filo limpio y propio ahora.  Retrocede unos pasos y admira su obra, satisfecha.

El lente abre.

Sin aviso, sin motivo alguno, una hoja del café de la India cae.  Ella recoge la hoja, la restriega entre mano y labio.

Abre el lente.

Ahí, en el fondo, ven una clámide roja, antes de la ceguera.

 

Gracias, Norberto

 

Rafah Acevedo/En Rojo

Los amantes de los libro y la lectura en Puerto Rico ha expresado su tristeza por el fallecimiento del amigo Norberto González, cuya importancia como promotor y pilar de esa industria aún está por aquilatarse debido a su enormidad. Y es que Norberto no solo forjó un espacio en el mundo de las librerías y la distribución de libros, sino que además ayudó a editoriales independientes a mantenerse y a ampliar sus catálogos. También escritoras y escritores fueron apadrinados por él. Y sus clientes lo recordarán con cariño por su sentido de servicio. Quizás lo más importante es que fue un maestro para muchos.

El escritor, periodista y profesor, Eugenio García Cuevas ha escrito: No recuerdo exactamente en qué año Norberto González abrió su Librería y luego Editorial Gaviota en la Ponce de León de Río Piedras. Sí recuerdo que antes de convertirse en un empresario exitoso de la frágil industria del libro en PR; a principio de la década del 80 Norberto González vendía y compraba libros usados en una furgoneta Ford frente de la Universidad Sagrado Corazón, en Santurce. Ahí lo conocí y empecé a comprarle libros. El Norberto que conocí no hablaba mucho, solo lo necesario. Siempre me pareció una persona honesta y justa. Luego alquiló un pequeño local al lado de la misma universidad para expandir el negocio y le seguí comprando libros. Tiene que haber sido en los años 90 cuando abrió una pequeña librería en Río Piedras en donde hoy se encuentra El Boricua. Le seguí comprando libros usados y nuevos. Cuando se mudó a la Ponce de León a un piso enorme de dos plantas continuó con el negocio de libros usados y aumentó la oferta de los nuevos. Siguió siendo justo, honesto y bonachón. Un por ciento considerable de mi biblioteca proviene de las librerías de Norberto desde los 80 hasta hoy día. Cuando hace unos años abrió Casa Norberto, en Plaza Las Américas, vino a llenar un vacío enorme que existía después del cierre de la librería Borders. Todas las veces que le llevé mis libros publicados siempre me pagaba inmediatamente en cheque o cash. Hace unas semanas que saludé por última vez a Norberto. Me ha sobrecogido enterarme de su fallecimiento. Una pérdida muy lamentable para Río Piedras y el libro en PR.

Tamara Yantín administra en Ponce la Librería El Candil, promotora de la cultura, nos consta su amistad y cariño por Norberto González. Sobre él ha dicho: “Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no entregarlo” -W. A. Ward. Conocí a Norberto mientras trabajé con el Lcdo. Pedro Malavet. Siempre tuvimos una relación cordial y con montones de chistes que solo entendíamos nosotros. Sus hermanas e hijos se reían de nuestras ocurrencias mientras negociábamos.

Cuando decidí abrir la librería El Candil, solo hubo una condición de su parte -la cual me reservo-. Tanto en los saludos como en las despedidas había una broma envuelta. Él me saludaba como Tamara “Santini” y yo le decía Norberto “Yulín”. Agradecida siempre.

El poeta y editor Carlos Roberto Gómez ha manifestado: Se ha despedido la gran columna del libro en Puerto Rico: Norberto González. Maestro, colega, amigo y faro. Ya no seremos los mismos, pero su ejemplo como librero, distribuidor, promotor y editor nos debe guiar. Pocos, como él, han sabido perdurar en un oficio tan necesario, uniendo honestidad, verticalidad, conocimiento, pasión, familiaridad y generosidad. Esto que acabo de escribir se lo decía en vida y él siempre se sonrojaba, como el alma sencilla y brillante que era. “Gracias, Robert…”, me decía. “Gracias, Norber…”, le digo.

Eugenio Ballou, editor, director de la editorial Folium se expresó de este modo: Cada librería tiene su personalidad, que seguro es una extension de la de sus libreros y empleados. La librería Norberto González en Río Piedras ha sido por muchos años punto de referencia de estudiantes, investigadores, bibliófilos, lectores ocasionales, y de la pequeña comunidad del mundo del libro en Puerto Rico: escritores,editores, distribuidores. Los bibliófilos encontramos en sus anaqueles libros queridos que hacía mucho tiempo habían desaparecido de circulación, o descubríamos algún volumen que desconocíamos. Esto era posible gracias a la visión de Norberto que guardaba en su famoso almacén los libros que los lectores futuros iban a necesitar. Los editores encontrábamos en Norberto un aliado que acogía y promovía el trabajo de nuestras editoriales. Los escritores, un editor que publicaba sus libros, muchos de los cuales son clásicos de nuestra literatura. Y los estudiantes de los colegios de Río Piedras buscan allí sus textos escolares a buen precio. No conozco a nadie que no sintiera por Norberto otra cosa que no fuera cariño, respeto y agradecimiento. Todos sabíamos en secreto de su generosidad con los jóvenes que se iniciaban en el mundo del libro en sus múltiples facetas. Puerto Rico ha perdido un gigante, un hombre generoso, trabajador, amable, solidario. Vaya a su familia y amigos un abrazo.

El escritor y librero, Luis Negrón, cuya librería La Esquina es un remanso, enunció estas palabras: La última vez que lo vi fue en la librería de Río Piedras cargando una caja de libros. Sé que le hará feliz que lo recuerde así, ejerciendo el oficio de librero al que le dedicó todo. Nos regaló su vida para que leyeramos, nos dió el fruto de su trabajo para apoyar los libros que fuimos capaces de imaginar. Nunca abandonó la amabilidad, ni la honestidad, ni la paciencia. En lo personal, lo consideré mi maestro y lo lloro porque sin él mi vida huebiese sido más dura. Nunca me dejó de apoyar. Me uno al dolor de su familia, tan buenos y amados como nuestro Norberto, al de sus empleados y al gremio de libreras y libreros quienes hoy también nos sentimos huérfanos.

Gracias Norberto por ayudarnos a soñar.

Me resta solo concurrir con las compañeras y compañeros que se han manifestado a través de los medios y las redes sociales. Norberto González fue amigo, maestro, honesto y solidario. Por eso nos duele su partida pero nos alegra su recuerdo y su legado.

El fin de la Junta y la hipoteca a 40 años

 

CLARIDAD

La delegación del Partido Popular que controla la Legislatura, particularmente los de la Cámara de Representantes, tienen prisa por aprobar legislación que facilite poner en vigor lo que la Junta de Control Fiscal negoció con los bonistas. Detrás de ese ajoro está una creencia que, aunque suene ridícula, habita desde hace meses en la mente del presidente de la Cámara, Rafael Hernández Montañez. Cree que la ratificación del acuerdo implicaría en el fin de la Junta y ¡zas!, con la desaparición de ese grupo el “estado libre asociado” volvería a florecer.

Populares como este que apodan “Tatito”, desde hace tiempo han querido creer que la JCF es una mácula pasajera, y que basta con que ésta cese operaciones para que todo vuelva “a la normalidad”. Llevaban 70 años mintiéndose con el fin de la colonia, y, en cuestión de unos meses, el mismo Congreso que en 1952 les había aprobado el “ela”, decidió reutilizar sus “poderes plenarios” para poner la Junta encima de su creación anterior. Tras ese golpe, el castillo del patriarca se derrumbó, pero sobrevivió la fe entre muchos de sus herederos. Como buenos creyentes piensan que, si esta última creación del Congreso se va, podrán volver a sentirse “soberanos” o, al menos, “autónomos”.

Si todo se redujera a ese juego de creencias, o a ese auto de fe, podríamos decir “allá ellos”. Ante cualquier adulto quiera seguir creyendo en Santa Clos no podemos hacer otra cosa que sonreír y dejarle un regalito debajo de la cama cada 25 de diciembre. Pero el problema es que estos creyentes, en su afán por rescatar su fe, podrían hacer mucho daño. El resultado de esa apuesta sería dejarnos hipotecados por otros cuarenta años, mientras le llenamos el bolsillo a una legión de buscones.

A todas luces, lo que la Junta acordó con los llamados “acreedores de obligaciones generales” (los tenedores de los bonos emitidos por el gobierno central) no le conviene a Puerto Rico. Desde que el Congreso estadounidense impuso ese organismo, se denunció que su objetivo final no era rescatarnos, sino proteger a los bonistas, asegurándose que pudieran cobrar. Lo que antes se denunció, se vuelve a confirmar con el nuevo “plan de ajuste”.

En primer lugar, el acuerdo supone la entrega inmediata a los acreedores de toda la reserva monetaria del Gobierno -$14 mil millones- a modo de pronto pago. Además de engullirse esa enorme suma, que dejaría nuestras arcas vacías, los acreedores recibirían nuevos bonos, con mejores garantías, que nos endeudarían otros 40 años obligándonos a pagar sumas onerosas anualmente.

Para vender su plan la Junta y sus defensores aseguran que los acreedores estarían aceptando un descuento que, según ellos, rondaría en el 60%. Aún si aceptáramos esa cifra como cierta, se queda fuera otro dato mucho más importante: que esos bonistas, en su mayoría fondos de inversión a riesgo, adquirieron sus acreencias pagando diez o veinte centavos por cada dólar. Con la suma que estarían recibiendo a modo de “pronto pago” nada más, recobrarían con creces su inversión. Con los nuevos bonos, su ganancia se multiplicaría.

De ordinario, en casi todos los procesos de quiebra, los acreedores pierden dinero debido a la insolvencia del deudor porque, como norma general, este tipo de legislación tiene un propósito social. Busca evitar que los acreedores se lancen como fieras contra el deudor despojándolo hasta de lo más básico. De ahí la frase de que tal persona “se acogió a la protección” del Tribunal de Quiebra. En la mayoría de los casos efectivamente el tribunal protege.

El caso de la quiebra de Puerto Rico está resultando en algo muy distinto. Ya los acreedores cuyos bonos no están garantizados por el Fondo General, los de la corporación COFINA, se despacharon con la cuchara grande. También cobraron miles de millones de dólares como pronto pago y, además, recibieron bonos que estarán garantizados con el dinero del impuesto a las ventas. Aquel “acuerdo” fue avalado por el anterior gobierno y ratificado por la Legislatura, entonces controlada por el Partido Nuevo Progresista, a pesar de las voces de alerta que incluyeron al Nobel economía Joseph Stiglitz.

Entre los bonistas que se llevaron la gran tajada en el acuerdo de COFINA y los que ahora recibirán el bocado grande del Fondo General, no hay diferencias. Se trata de los mismos fondos buitres, que tan pronto escucharon sobre los problemas de crédito de Puerto Rico se lanzaron como depredador sobre la presa.

Tanto en el caso de COFINA como ahora, Puerto Rico ha tenido a su disposición un arma de poder para la negociación, que es el requisito de acción legislativa. Para que lo decidido por la Junta pueda materializarse, la Legislatura debe aprobar una ley habilitadora que, entre otras cosas, autorice la nueva emisión de bonos. Esa ficha, que pudo haber sido de tranque, fue entregada graciosamente por el PNP al aprobar lo de COFINA. Ahora el PPD se propone hacer lo mismo con el acuerdo sobre los bonos de obligaciones generales.

Para enmascarar la entrega, los legisladores del PPD incluyeron en la ley habilitadora algún lenguaje protector en torno a las pensiones, junto a una garantía de $500 millones para el presupuesto de la UPR. En el primer caso, se trata de un reclamo que la Junta dejó en el acuerdo precisamente para tener algo con qué negociar, permitiéndole a los legisladores cantar una victoria. En el segundo caso, esa supuesta “garantía” implica realmente aceptar para siempre un descuento de al menos otros $500 millones en el presupuesto de nuestro sistema universitario, que sería mayor cada año.

Adicional a esas dos “conquistas”, por lo bajito Tatito y el grupo de la mayoría PPD ya celebran el “fin de la Junta” como el otro gran logro de su ley habilitadora. Es falso que los procónsules se van tras aprobarse su último plan, pero, aunque se vayan, todo en la colonia seguirá igual.

El servicio de LUMA va de mal en peor

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La situación que tiene que ver con el sistema de eléctrico  es tan compleja que no basta con una sola vista pública, afirmó a CLARIDAD la licenciada Ruth Santiago, quien depuso en la vista pública acerca del contrato de LUMA Energy y la situación de la  Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) del Comité de Recursos Naturales del Congreso de Estados Unidos. A la vista, efectuada este seis de octubre y presidida por el congresista demócrata Raúl Grijalva, comparecieron el presidente y CEO de LUMA, Wayne Stensby; el director ejecutivo de la AEE, Josúe Colón;  el presidente de la Junta de Gobierno de la AEE, licenciado Fernando Gil Enseñat, y el presidente del Negociado de Energía de Puerto Rico, Edison Avilés Deliz.

La licenciada experta en Derecho Ambiental, quien depuso por el movimiento Queremos Sol (QS), además de sugerir que no se podían atender todos los problemas de la AEE en una sola vista, indicó que  la situación es muy amplia y que los asuntos del sistema eléctrico son bien complicados. Añadió que hay muchos problemas distintos que tienen que ver con el acceso a la energía y que los problemas que el país está  teniendo con los apagones se han agravado con la llegada de LUMA.

“Ahora, aunque LUMA dice que las plantas no están generando lo suficiente, no dice que en agosto hubo problemas de transmisión que dañaron la planta de Costa Azul. LUMA tiene demasiadas excusas y el hecho es que no está brindando el servicio”. Se supone que el país tiene  más de 6 mil megavatios de generación instalada, pero en los informes que rindió la AEE este mismo año dice que hay 3,300 megavatios y otros 935 que  estaban disponibles. Hay números que no se explican y que LUMA  no tiene el personal adiestrado,  ni el suficiente, plantea Santiago.

“Ahora LUMA tiene acceso a más dinero y el servicio es peor. No cabe duda de que hay que transformar el sistema, pero LUMA a lo que viene es a trabajar el mismo sistema centralizado  de transmisión. Esto es como si tú ordenaras algo en línea y te dicen que el transporte te va costar más que lo que pediste. De eso es que se trata el contrato de LUMA, que ellos pretenden usar gran parte de los $9.6 mil millones para los proyectos de ellos de transmisión, subestaciones. Con eso la AEE se pone al día en el siglo XXI con sistemas solares y baterías a todo Puerto Rico”.

Eso incluye que  los trabajadores de la AEE que están desparramados por otras agencias del gobierno pueden volver a trabajar, “como Dios manda”. Hay la errónea impresión de que con la energía solar, renovable no se van a necesitar. Hay 1.1 millones de abonados. Hay trabajo para largo y esos sistemas requieren mantenimiento y destrezas. Se puede trabajar con comunidades organizadas para que se agilice el proceso, para que la corporación pública pueda hacer las instalaciones lo más rápido posible”, defendió.

A preguntas de CLARIDAD, reconoció que en la vista faltó preguntar por parte de los congresistas cómo LUMA  está manejando  el presupuesto  y cuánto presupuesto le está asignando al manejo de las plantas. La licenciada Santiago cuestiona qué ha tenido que ver la Junta de Control Fiscal con el presupuesto para el manejo de las plantas antes de que  llegara LUMA. “El tema es tan amplio que quedaron muchas cosas sin preguntar y sin aclarar, por eso es que estamos pidiendo la investigación completa”. Santiago afirmó que no descarta que si el comité continúa su investigación haya cambios, hasta la suspensión del contrato de LUMA.

En comunicado de prensa, otras voces de la coalición Queremos Sol destacaron que la vista demostró que el contrato de LUMA es tan deficiente y desventajoso que le permite  cometer  sus abusos y falta de servicios sin consecuencias reales para la empresa.

“La complacencia de Stensby con un servicio que ha significado pérdidas económicas para familias y comercios está amparada en un contrato que se hizo a la medida de los privatizadores y en perjuicio del pueblo de Puerto Rico”, expresó Ingrid Vila Biaggi, presidenta de CAMBIO PR y portavoz de la coalición Queremos Sol.

A juicio de Queremos Sol, la vista evidenció de nuevo la falta de transparencia y la falta de conocimiento de la isla que tiene LUMA. En sus respuestas a los congresistas, Stensby admitió que no sabía  el número de empleados de servicio al cliente que tenían e indicó desconocer el ingreso promedio en Puerto Rico. Stensby se negó a proveer información sobre los sueldos de los empleados y ejecutivos de LUMA  después de haber dicho que creer “completamente” en la transparencia.

“Es inaceptable que el presidente de una empresa que provee un servicio básico y esencial que afecta el bolsillo de todos los puertorriqueños y que recibe millones de fondos públicos ni siquiera sepa información básica sobre la situación económica de la Isla”, planteó Myrna Conty coordinadora de la Coalición Anti-incineración y miembro de Queremos Sol.

Otro de los deponentes en la vista fue el Dr. Agustín Irizarry, profesor de Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez y asesor técnico de QS. Este puntualizó que el deterioro del servicio eléctrico se debe a la falta de empleados cualificados y experimentados en la empresa. “El capital humano no se puede reemplazar en unos meses y con respecto a puestos especializados, como operadores de despacho y celadores de línea, requiere años de capacitación para que una persona sea realmente proficiente”.

Queremos Sol resaltó el hecho de que al finalizar la vista Grijalva decidiera que había necesidad de  una investigación más amplia sobre el contrato de LUMA e indicara que el Comité  indagará con FEMA sobre la posibilidad de utilizar fondos federales asignados por esa agencia para facilitar la instalación de energía solar en techos de hogares y comercios. Esta alternativa va en contra de lo expresado por LUMA,  la AEE y la misma comisionada residente, Jennifer González. Estos insisten en utilizar fondos federales para el desarrollo de más proyectos de gas natural licuado en Puerto Rico, que prolongarían el uso de combustibles fósiles, caros y contaminantes, advirtió.

 

 

 

 

Mirada al País: Un nuevo proyecto económico: ¿para quién?

 

Especial para CLARIDAD

Es casi ya un lugar común decirlo: hace falta formular un nuevo proyecto económico en Puerto Rico. Lo que no está claro es qué se quiere decir con un enunciado que se encuentra en la frontera del cliché. Es hora de escudriñar una propuesta que podría tener tantos significados como sectores hay que la repiten. Lo primero que quiero señalar es la hipocresía con que representantes de grandes intereses utilizan el enunciado “hay que construir un nuevo proyecto económico”. Cuando la propuesta viene del sector empresarial organizado o de alguno de los principales medios de comunicación, responde a un deliberado propósito de reafirmar la política neoliberal que el bipartidismo ha seguido desde hace más de tres décadas. La razón es sencilla. Lo que se busca es fortalecer el modelo existente que representa sus grandes intereses.

En otras palabras, se reconoce la necesidad de un nuevo proyecto con el burdo propósito de reiterar la necesidad de proseguir una ruta ya establecida. Obsérvese que cuando se habla de establecer una nueva dirección económica, la tendencia del gran capital y s coreografía local es mirar hacia el gobierno y acusarlo de burocratismo, de gigantismo, de ineficiencia en sus funciones y de falta de calidad en sus servicios. Desde la década del 80 del siglo pasado la propuesta no ha variado: privatizar las corporaciones públicas y otras agencias del gobierno para “liberarlo” de su ineficiencia, de su pesadez, y convertirlo en una estructura ágil y eficiente al servicio de la empresa privada. La lógica no podía ser más sencilla: la empresa privada debe ser el motor de la economía. Pues bien, esa nueva política pública, como se le llamó al principio, consistió en la formulación de un nuevo proyecto económico: el modelo neoliberal.

Este nuevo modelo económico, resultado de una nueva política pública adoptada por los dos partidos políticos, ha tenido ya múltiples nombres: la segunda gran transformación, de la que habló el gobierno de Rafael Hernández Colón a fines de la década del 80, o el nuevo modelo económico, del que habló el gobierno de Pedro Rosselló, o el Puerto Rico de primera, en palabras de Aníbal Acevedo Vilá. Lo que ha caracterizado el mismo proyecto económico, exponente de las grandes compañías multinacionales y de los grandes intereses locales, es el continuo cambio de nombres. ¿Por qué? La razón no es muy compleja. La búsqueda de nuevos nombres para el mismo proyecto neoliberal es resultado de su evidente fracaso ante la mayoría del país. Cuando el gobierno de Hernández Colón emprendió la política neoliberal de privatización, con el objetivo de incorporar la competencia mercantil en el interior del gobierno y hacerlo más efectivo, no consiguió la segunda gran transformación que buscaba. Lo mismo le sucedió a Pedro Rosselló cuando impuso su nuevo modelo y privatizó la salud, las telecomunicaciones, y apoyado en las bondades del mercado adoptó la política de eliminar la sección 936 sin buscarle un sustituto mejor: fracasó y hundió a Puerto Rico en la crisis actual.

El proyecto neoliberal de Sila Calderón también fracasó, así como fracasó el Puerto Rico Inc. de Aníbal Acevedo Vila, que debió llevarnos a un Puerto Rico de primera. ¿Quién puede olvidar la gigantesca victoria electoral de Luis Fortuño en 2008? Si bien nunca se había visto una ventaja como aquella desde la hegemonía del Partido Popular Democrático, tampoco se había visto una derrota tan significativa como la sufrida por Fortuño cuatro años después. Pero, ¿quién puede olvidar los despidos masivos del la Ley 7 de 2009? Con el gobierno de Luis Fortuño se dio un viraje significativo en la política bipartidista. El asalto a la riqueza pública se hizo entonces mucho más sistemático y efectivo. Desde el gobierno de Pedro Rosselló, con la privatización de hospitales y la venta de la Telefónica, no se habían dado procesos de privatización de enorme envergadura. Fortuño le dio forma de ley a la Autoridad de las Alianzas Público-Privadas, y se propuso entregar la administración del aeropuerto Luis Muñoz Marín a grandes intereses mexicanos. No pudo culminar el proceso, pero la fidelidad al modelo neoliberal permitió su culminación bajo el gobierno de Alejandro García Padilla. Esa fidelidad al mismo modelo, el modelo neoliberal, propició que se hablara, con razón, del bipartidismo. El concepto recoge una sólida e irrefutable verdad: ambos partidos gobiernan con la misma filosofía, con los mismos valores, con el mismo objetivo, bajo un mismo modelo económico.

Ahora bien, es importante entender con precisión el nuevo giro neoliberal del gobierno de Luis Fortuño. Con el despido de alrededor de 25,000 empleados y empleadas del sector público, como efecto de la Ley 7 de 2009, desplazó durante su cuatrienio más de mil millones de dólares hacia el sector privado. Es decir, literalmente le sacó el dinero del bolsillo a más de dos decenas de miles de trabajadoras y trabajadores y lo dirigió hacia una claque de empresarios políticos y de políticos empresarios que se lucraron con una gran velocidad. Mientras destrozaba el servicio público a lo largo de todo el sector del gobierno, deteriorando los servicios esenciales, creó nuevos millonarios y fortaleció algunos viejos millonarios. ¿Quién le dice a estos beneficiados viejos y nuevos ricos que el modelo neoliberal ha sido un fracaso? Estos reducidos sectores empresariales, ¿necesitan un nuevo modelo?

Es evidente que las mismas palabras significan cosas muy diferentes. Por eso hay que llevar la batalla al interior de las palabras, a los espacios que iluminan los conceptos. Cuando decimos que el neoliberalismo ha fracasado no nos referimos a esa claque que asaltó y todavía asalta la riqueza pública. No nos referimos a los que se están robando la riqueza pública del país. Nos referimos a los efectos generales sobre la economía y la sociedad, a la retórica grandilocuente del bipartidismo que ha pronosticado la segunda gran transformación, la conversión de Puerto Rico en un país moderno y avanzado, a un Puerto Rico de primera, y a los políticos del fraude anexionista que han hablado de la igualdad mientras han sumido a nuestra sociedad en la pobreza y la precariedad, cada día más dependiente de fondos federales.

Llevamos más de treinta años con la retórica de que la solución está en el sector privado. Esa es la retórica del mismo modelo que se ha presentado como la salvación del país. Pues bien, desde la posición de la clase trabajadora, de amplios sectores asalariados, desde la posición de las comunidades pobres del país, desde la juventud estudiantil, incluso de grandes sectores de pequeños comerciantes y productores, ese modelo neoliberal ha fracasado porque ha hundido a nuestra sociedad en la pobreza, le ha expropiado el futuro a decenas de miles de jóvenes, ha expulsado decenas de miles de personas a la emigración y ha reducido la base productiva del país haciendo más precaria la vida de la mayoría.

¿Por qué no vemos entre sectores empresariales y en los medios masivos de comunicación una crítica del neoliberalismo? ¿Por qué siguen proponiendo la misma política hasta cuando hablan de la necesidad de un nuevo modelo económico? Sencillamente porque no quieren cambios en la política neoliberal que los ha enriquecido ni en los procesos escandalosos de corrupción que les permite apropiarse de la riqueza pública. Tiene que aludir al cambio, aunque no crean en él, porque el país se está movilizando fuera del bipartidismo corrupto. Pero no pueden alejarse de la política del tumbe y del asalto. Por eso cuando es evidente el fracaso de LUMA y de la privatización, propician la profundización de la crisis de la generación de energía eléctrica bajo la AEE, intentan sacar a LUMA del ojo de la furia pública y el gobierno tiene la desfachatez de proponer como solución la privatización de la generación de energía como solución. Es como si le dijeran a un enfermo: para sanarte te inyecto más de lo mismo que te está matando. Para efectos de la mayoría del país el fracaso neoliberal lleva un signo inevadible. El fracaso ha sido de la empresa privada. Ha sido el neoliberalismo quien la puso en el centro de la atención. Eventualmente el sector privado, por su protagonismo excesivo, cargará con los efectos de los cambios profundos que avanzan en Puerto Rico.