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Reflexiones: conmemoraciones y política estatutaria en el marco del centenario del 1898

Mario R. Cancel-Sepúlveda

El centenario de la invasión de 1898 invitó a algunos sectores a la celebración y a otros a la crítica. El discurso del estadoísmo radical de Rosselló González había sembrado la esperanza de que el siglo 21 encontrará a Puerto Rico como un territorio incorporado más cerca de la estadidad. El éxito de aquel discurso sólo me parece comparable al que tuvo la promesa independencia a la “vuelta de la esquina” de Muñoz Marín para las elecciones de 1940. Si en la década de 1940 la conflagración mundial imposibilitó la palabra muñocista, en la década de 2000 fue la crisis financiera de 2008 y su secuela fiscal y económica. A la altura de 2021, en medio de la quiebra del ELA, la solución del estatus parece más distante que nunca. Un nuevo acuerdo contractual entre las partes, es decir una revisión del estatus que saque al país del coloniaje o reformule la asimetría de un modo engañoso como ocurrió entre 1950 y 1952, no parece probable en medio de una situación como esta. El hecho de que la vitrina esté rota, una frase que tomo del amigo Silverio Pérez, y que se justifique la demolición de las estructuras jurídicas inventadas en medio de la Guerra Fría, no ha servido para adelantar un proceso eficaz de descolonización.

El centenario del 1898, las metáforas de la invasión o el encuentro volvieron a jugar la partida como en el caso de 1492 y el 1493, parecía un buen momento para adelantar las posibilidades de la estadidad. Hernández Colón y sus intelectuales habían utilizado el descubrimiento o encuentro hispano para afirmar su versión de la puertorriqueñidad por lo que nada nuevo ocurría en el panorama. Recuerdo haber participado en ambas recordaciones más entusiasmado por la segunda que por la primera. La modulación de la memoria colectiva desde el poder para fines que poco tienen que ver con el pasado mismo, es uno de los rasgos distintivos del estado moderno. El efecto simbólico del evento en torno al 1898 no puede pasar inadvertido. Las posibilidades estaban allí: conmemorar el gobierno civil del 1900 o la ciudadanía estadounidense de 1917, igual que se celebrada la constitución de 1952, eran parte de un proyecto ideológico en el cual la cultura y la demagogia pugnaban, como sucede en todas las recordaciones. El objeto de la memoria se deformaba y ajustaba a los apetitos del celebrante de una manera plástica.

La sensación de que 100 años debía ser un periodo de tiempo suficiente para que los puertorriqueños decidieran su futuro político o para que los estadounidenses se expresaran sobre el tema, dominaba ciertos sectores. Detrás de todo centenario hay una ansiedad mágica heredada de la cultura latina que los inventó y la cristiana que los reformuló desde el Jubileo del 1300. Jacques Le Goff (1991) en El orden de la memoria, había dicho que la “tiranía” de los centenarios en la imaginación histórica fue un proceso que se inició durante el siglo 16 y se formalizó durante el 18. En cada conmemoración centenaria hay algo de retrógrado y premoderno, y algo de ensueño progresista y modernidad. De igual modo, esto es peccata minuta, si la coronación de la invasión había sido el desastroso huracán de San Ciriaco el 8 de agosto de 1899, el preámbulo de la consulta de 1998 no fue otro que el huracán Georges del 22 de septiembre de 1998.

Y el futuro de Puerto Rico… ¿qué? 1998

De un modo u otro había una atadura simbólica entre el “molde artificial” del siglo y su presumible unidad y las posibilidades de que el gran problema del siglo se resolviera en favor de la estadidad. La consulta plebiscitaria del 1998 se justificó sobre la base de varias consideraciones. Por un lado, estaba el éxito electoral del PNP en los comicios de 1996. El resultado había sido esperanzador: aquella organización y Rosselló González obtuvieron el 51.1 por ciento del voto popular ante un débil candidato popular, el intelectual soberanista y profesor Héctor Luis Acevedo (1947- ). Por otro lado, el hecho de que desde el 23 de marzo de 1996, Puerto Rico hubiese sido el escenario de unas vistas de estatus en el contexto de la discusión del Proyecto Donald Young, representante republicano de Alaska, colocaba el asunto en el primer plano del interés público.

El Proyecto Young no se consolidó en el vacío. Por el contrario, surgió en el contexto específico e incierto del fin de la aplicación de los privilegios fiscales de la Sección 936 del Código de Rentas Internas Federal al Estado Libre Asociado. En aquel 1998, el Congreso había acordado eliminar los incentivos progresivamente entre los años 1998 y el 2006. Una era terminaba con el siglo cronológico. En eso todos los observadores estaban claros: el neoliberalismo se abría paso sobre las cenizas del liberalismo de la segunda posguerra y, con toda probabilidad, requeriría un nuevo sistema de relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos. Nadie estaba seguro respecto a cuáles serían las condiciones del territorio no incorporado tras el fin de la Sección 936, orden celebrado en extremo por los sectores moderados en el país y cuya restitución sigue siendo el sueño de distinguidos líderes del PPD en el 2021.

El mayor temor que asomaba entre el liderato del PPD era que un ELA sin incentivos fiscales de aquella índole no fuese funcional como, de hecho, no lo ha sido. A la altura del 2016, los comentaristas insistían en llamar la atención sobre el efecto adverso de la decisión para el país y parecían confirmar el papel fundamental de aquel hecho en la crisis fiscal y económica que se profundizó por aquel entonces. El argumento, que no carecía de cierta validez, confirmaba que el ELA, una estructura pensada para la Guerra Fría y el liberalismo propio del Estado Interventor, había dejado de ser funcional. En 2021 muy pocos lo podrían en duda. En 2015 una de las voces ideológicas más visibles del soberanismo popular, Rafael Cox Alomar (1974- ) según citado por Noticel, proclamó sin tapujos que el ELA había colapsado. Los comentarios provenía de una columna suya publicada en el periódico El País de España, titulada “La encrucijada puertorriqueña” .

En 1998, algunos observadores interpretaron que la decisión del Congreso, más que “fiscal” era “política”. La lectura no me parece desacertada aunque me consta que un atributo no tenía por qué excluir al otro. Todo indicaba que la intención de ciertos congresistas era estimular la discusión del estatus a la luz de la búsqueda de una relación innovadora entre Estados Unidos y Puerto Rico que fuese soberana pero que excluyese la estadidad. Cualquier analista informado podía llegar a la conclusión de que el mensaje para los populares era que el ELA forjado en 1952 había perdido utilidad por lo que, detrás del argumento, debía existir un bien articulado plan para “timonear” a aquel sector en una dirección que le evitara problemas mayores a Estados Unidos en la posguerra fría.

La clase política insular, en especial los sectores moderados del PPD, no parecen haber visto el escenario en toda su complejidad o, si lo vieron, suprimieron su evaluación con el fin de proteger intereses particulares de cara a las elecciones de 2000: confiaban en la tesis de que el estatus no debía estar en issue durante los comicios. Una situación tan complicada como aquella se redujo a un vulgar reclamo moral que justificó que ciertos populares acusaran a las autoridades estadounidenses de “desamparar” al ELA. No solo eso: el espíritu aldeano los condujo a insistir en que con aquella decisión, en tanto y en cuanto equiparaba a la isla con los demás estados, se adelantaba la estadidad. Un cambio global radical y profundo fue reducido a sus implicaciones domésticas por una clase política que temía revisarse ideológicamente. El hecho de que el liderato del PNP no hiciese mucho para evitar la eliminación del privilegio fiscal, alimentaba aquel juicio simplificador que, sin duda, la gente común apropiaría y consumiría más fácilmente que una explicación más densa.

La situación del estadoísmo de cara a la era neoliberal no era la misma del 1968 cuando Ferré Aguayo ganó la contienda electoral. El congresista Young favorecía la incorporación y la estadidad pero insistía en que el inglés debía ser el idioma el territorio antes de dar ese paso: los tiempos de pluriculturalismo que había permitido la configuración de la “Estadidad Jíbara” eran parte del pasado. No solo eso: el inglés debía ser el idioma de la educación pública si se pretendía considerar a la isla caribeña como candidato a la estadidad. Los fantasmas del 1898 retornaban en 1998. La cuestión del “english only”, combinada con la cercanía de la conmemoración de la hispanidad en 1992 y 1993, animaron el nacionalismo cultural entre el liderato de los populares. Aquel había sido un instrumento que el PPD había manejado con eficacia desde la década de 1940, consolidando alrededor de sus postulados la discursividad de la resistencia entre los sectores no-estadoístas. En términos sencillos, se había convencido a una parte significativa de la comunidad que proteger la tradición nacional, lo que ello significase, era más relevante que evitar la invasión del capital estadounidense y la apropiación de los recursos del país. Algo que me sigue sorprendiendo es la disposición de muchos sectores del nacionalismo y el independentismo de tendencias socialistas y socialdemócratas a confiar en la transparencia del susodicho discurso.

Rosselló González aprovechó la coyuntura abierta por el “Proyecto Donald Young” para hacer una nueva consulta de estatus. El centenario del 1898 animaría la subjetividad del estadoísmo radical y exigente que defendía aquel caudillo posmoderno. La consulta fue presentada en el Congreso con el endoso del PIP. La colaboración entre aquellos extremos era comprensible: las dos organizaciones electorales vocalmente anticolonialistas colaboraban en una causa común contra la fuerza colonialista. El escándalo de ciertos líderes del PPD respecto a la alianza informal entre ambos no dejaba de ser irrisorio. He identificado formas análogas de colaboración en los contextos distintos del siglo 19 y del siglo 20 en numerosas instancias. Pero el proceso daba por descontado que cualquier organización que no fuese electoral no debía tener voz en el proceso de consulta. Se trataba de dilemas propios disculpen la figura retórica, de una partidocracia bipartidista estatuscéntrica electoralista. En Puerto Rico existía un establishment bien definido y excluyente que considera que las propuestas que rechazan los mecanismos electorales no tenían que ser consultadas a la hora de articular este tipo de procesos.

El PPD, el PNP y el PIP poseían esa legitimidad en 1998. Lo más patético de todo ello ha sido que, cada vez que se han organizado grupos políticos de diversas tendencias sobre base electorales -el Movimiento Unión Soberanista (MUS), el Partido del Pueblo Trabajador (PPT), Puertorriqueños por Puerto Rico (PPR), el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), el Proyecto Dignidad (PD), entre otros- la actitud ha sido la misma. La partidocracia estaba tomando un rostro nuevo en 1998. El bipartidismo poseía un “segundo violín”, el PIP era parte del problema, que determinaba quien debía tener voz y quien no a la hora de la “suprema definición”. Lo cierto era que el estadoísmo, el estadolibrismo y el independentismo electorales, habían devenido en fórmulas retóricas vacías a la altura del 1998 sin darse cuenta de que el estatus era solo una parte del problema del país. El estatucentrismo de la política puertorriqueña iba camino al colapso, pensamos algunos. El proyecto respaldado por el PNP y el PIP, fue aprobado en la Cámara de Representantes del Congreso sin problemas, pero el Senado federal nunca pasó revista sobre aquel. La deslegitimación del proceso no impidió que se celebrara la consulta el 13 de diciembre de 1998.

La oferta de opciones en aquella consulta se ajustó, hoy algunos podrían cuestionarlo, al lenguaje del Derecho Internacional. El votante podía elegir entre el ELA, la Libre Asociación, la Estadidad y la Independencia. Las definiciones de cada opción se pormenorizaban en la papeleta. El lenguaje de aquel instrumento electoral favorecía el cambio y condenaba el inmovilismo representado por el ELA. Una de las finalidades del diseño había sido estimular la confusión entre los electores que no eran independentistas o estadoístas y dividirlos. De hecho, los representantes del ELA y la Libre Asociación, quienes de un modo u otro provenían mayormente del PPD, no se pusieron de acuerdo respecto a la definición que se daba al ELA en la papeleta. Les molestaba la vaguedad de la descripción del estatus quo:

“La aplicación sobre Puerto Rico de la soberanía del Congreso, que por virtud de la Ley Federal 600 de 3 de julio de 1950, delega a la Isla la conducción de un gobierno limitado a asuntos de estricto orden local bajo una Constitución propia. Dicho gobierno local estará sujeto a la autoridad del Congreso, la Constitución, las leyes y tratados de los Estados Unidos. Por virtud del Tratado de París y la Cláusula territorial de la Constitución federal, el Congreso puede tratar a Puerto Rico en forma distinta a los estados, mientras haya una base racional. La ciudadanía americana de los puertorriqueños será estatutaria. El inglés continuará siendo el idioma oficial de las agencias y tribunales del Gobierno Federal que operen en Puerto Rico.”

El desacuerdo condujo a que se incluyera una “quinta columna” con la opción “Ninguna de la anteriores”. Los populares moderados, encabezados por la empresaria Calderón Serra, entonces alcaldesa de San Juan, Acevedo Vilá y el exgobernador Hernández Colón, votarían por la “quinta columna”. Aquella opción sería una forma de protestar contra el proceso y afirmar la legitimidad del ELA como una opción a pesar de que todo indicaba que tras el fin de la Guerra Fría, ya no sería así. La táctica de la “quinta columna” fue eficiente a la luz de los resultados:

  • El ELA obtuvo 0.1 % o 993 votos
  • La Libre Asociación obtuvo 0.3% o 4,536
  • La Independencia obtuvo 2.5% o 39,838
  • La Estadidad obtuvo 46.5 % o 728,157 (subió 0.2 % respecto a 1993 pero con menos votos)
  • Ninguna de las anteriores obtuvo el 50.3 % o 787,900
  • En blanco 0.1 % o 1,890 papeletas

El “no” al cambio venció por más de la mitad de los electores: la victoria conservadora no sorprendió a muchos. Si bien la consulta no adelantó un ápice la discusión del estatus, sirvió para sellar el futuro político de Rosselló González y devolverle el aire a un PPD venido a menos de cara a un siglo nuevo.

 

El deporte y el público

Especial para CLARIDAD

A los fanáticos y fanáticas del deporte que les gusta ver deporte en vivo

 Hace par de semanas regresé al Yankee Stadium, presenciar un evento deportivo en persona por primera vez en más de un año y medio, fue mágico. En Puerto Rico el Americup de Baloncesto Femenino se pudo celebrar con público, aunque con restricciones. Y otros eventos también van regresando a incluir aficionados. Durante la pandemia sin duda el deporte se vio sumamente afectado; primero al detenerse por completo y luego al irse reanudando poco a poco, inicialmente sin público y luego con muy pocos aficionados. Aunque está lejos de estar en una situación de completa normalidad, vamos viendo cómo poco a poco se va restableciendo, y sin duda el regreso del público a las gradas tiene un gran impacto en un sinnúmero de renglones.

Emocional

El deporte moderno incluye aficionados como parte de su estructura. El atleta y el público tienen una relación simbiótica. Por eso en ocasiones cuando se quiere penalizar a un equipo uno de los castigos más frecuentes en el fútbol europeo es jugar partidos a puerta cerrada. Cuando se reanudó el deporte sin aficionados vimos todas las maneras artificiales de simular la “presencia” de fanáticos. Desde las caras en cartelones, las caras virtuales, sonidos y cánticos, aplausos pre grabados, entre otros. Pero nada de esto sustituye la interacción entre aficionado y atleta, ese grito visceral con el penal cantado injustamente, o ese abucheo constante al mejor jugador del equipo contrario, bailar al ritmo de la música que sale del altoparlante, interaccionar con los otros aficionados. Nada de esto se pudo reproducir por más que se intentara durante la pandemia.

Económico

Económicamente también tener aficionados tiene un gran impacto. Y no solo es la venta de boletos, sino los concesionarios, la venta de mercancía y toda la economía que rodea los eventos, los empleados, los vendedores ambulantes alrededor de los estadios, las líneas aéreas que mueven aficionados, entre otros. En estos días que la Eurocopa se juega en múltiples países, hemos visto cómo aficionados se mueven dentro de Europa siguiendo a sus selecciones y éstos se hospedan, consumen, etc.

Regreso a la normalidad

Hay algo también anímico y simbólico en el regreso a las canchas, parques, estadios y es que ayuda con la sensación del regreso a la normalidad. Es como poder abrazar a los seres queridos después de vacunarse o regresar al trabajo o a la escuela, es añadir a la lista de actividades que hacíamos pre pandemia. Para los aficionados del deporte es importante estar presente e incluso cuando lo vemos por televisión ver y escuchar a otros aficionados allí. Nada más lindo que una cancha o parque lleno.

Para mí regresar al parque de pelota ha sido una de las actividades que más me han alegrado en estos meses de ir regresando a la normalidad. Comprar un hot dog, tomarme una cerveza, cantar “take me out to the ballgame”, gritarle a el equipo contrario, insultar al árbitro por el strike no cantado, era por un momento volver al 2019. Y por la tele me he disfrutado los cánticos en la Eurocopa, los gritos y llantos en los juegos de la NBA y ver el Roberto Clemente vibrar nuevamente.

“La noche que volvimos a ser gente”

Cuando el sábado en la noche se fue la luz en medio del juego por la medalla de oro entre Puerto Rico y Estados Unidos en el Americup, porque había aficionados en el Coliseo Roberto Clemente pudieron gritar “fuera LUMA”. También pudieron participar y animar a las jugadoras de ambas selecciones cuando, en medio del apagón, se pusieron a bailar en medio de la cancha. Nada de esto hubiera sucedido sin aficionados. Recordando y parafraseando al gran escritor José Luis González, el regreso de los aficionados trae vida al deporte en ambos lados, los atletas lo sienten y los fanáticos también, es darle humanidad, y esa noche en el Clemente fue evidente, como “la noche que volvimos a ser gente”.

 

La histórica plata del Americup

 

 

Especial para CLARIDAD

El pasado sábado terminó el torneo Americup Femenino que otorgó cuatro plazas para el Premundial Femenino del 2022. La actuación del equipo femenino de baloncesto que jugó para marca de cinco ganados con solo dos derrotas es una sin duda de carácter histórico. Este equipo, que hasta el momento es el único deporte de conjunto que nos representará en los Juegos Olímpicos de Tokio, obtuvo una medalla de plata, la primera vez que se llega en las primeras dos posiciones en un torneo de tan alto nivel donde todos los equipos (quizás con la excepción de Estados Unidos) vinieron con su equipo principal.

Nuestra selección por la última década ha seguido demostrando un crecimiento sostenido y de manera callada ha logrado ganarse el respeto de los rivales internacionales, aunque no reciba ni una décima de la publicidad de los varones, este equipo desde hace algún tiempo es el mejor equipo de baloncesto de nuestro país. La victoria obtenida el pasado viernes contra Canadá que es el cuarto mejor del mundo y el hecho de que les hicieron un gran partido a las estadounidenses en el juego de la medalla de oro, ha hecho que el equipo se convierta en noticia de primera plana y que finalmente el programa empiece a recibir su merecido reconocimiento.

Tokio será una prueba aún más dura

No cabe duda que a las nuestras le tocó un grupo durísimo en los Juegos Olímpicos pues enfrentarán a Australia, China y Bélgica, todos entre los primeros diez del mundo. En el papel Puerto Rico será desfavorecido abiertamente ante todos ellos, sin embargo solo jugando con el mayor nivel se progresa y este equipo poco a poco está dejando su huella, convirtiéndose en una potencia en América y con un núcleo de jugadoras que estoy seguro dará candela en los próximos años. No quiero crear falsas expectativas, los equipos que veremos en Japón son aún mejores que los que enfrentamos en el Americup pero estoy seguro que nuestro equipo que no se intimida hará una representación digna y dará un paso importante para el desarrollo y visibilización del baloncesto femenino que lleva años en esa lucha.

No cabe duda por que los hombres serán los 12 magníficos pero están son las 12 guerreras, nos sentimos orgullosos de sus logros y seguiremos reseñando de cerca su participación olímpica y todos los peldaños que siguen escalando. Éxito.

 

 

 

Crece el rechazo a LUMA

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

¡Lucha si, entrega no! Al son de consignas un nutrido grupo se manifestó el pasado viernes frente a las oficinas de la Junta de Control Fiscal (JCF), en Hato Rey, en rechazo al contrato de privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) con la empresa LUMA Energy.

Mientras no cesan las quejas de miles de ciudadanos, comunidades completas tanto del interior de la isla como de la zona metropolitana por la falta del servicio de energía eléctrica en estas primeras cuatro semanas en que Luma asumió el control del sistema de distribución y transmisión de la AEE.

En el piquete convocado por el Frente Amplio todo Puerto Rico contra LUMA, en el cual convergen tanto sindicatos, organizaciones políticas, comunitarias, figuras del ambiente cultural, estuvo presente el presidente de la UTIER (Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego), Ángel Figueroa Jaramillo.

A preguntas de CLARIDAD sobre el accidente que dejó fuera de servicio a la central de Costa Azul lo que dejó a miles de abonados sin servicio (eso fue el miércoles 16 de junio) y luego la excusa que había dado Luma de que la carbonera de AES en Guayama estuvo fuera de servicio por lo que había insuficiente energía, el presidente de la UTIER explicó que en lo que respecta a Costa Azul, el problema fue en el transformador de salida por falta de aceite trabajo de mantenimiento que le corresponde atender a Luma, según el contrato de la AEE. No fue hasta 24 horas después en que Luma pudo terminar los trabajo y eso atraso la incorporación de la unidad 6. La salida del sistema de la planta se debió por un problema de la subestación a la que Luma también tiene que darle mantenimiento, pero la unidad estaba disponible.

Reconoció que con la salida de Aguirre, la salida de AES y la salida de Costa Azul si hubo una deficiencia de generación de 1,200 megavatios menos. Figueroa Jaramillo coincide con el reclamo de las comunidades del sur en particular de Guayama de que la planta de AES se debe de cerrar. “No hay excusa para no hacerlo”. Agregó que es obvio que estas salidas no son salidas programadas son salidas forzosa que pasan en cualquier momento indistintamente se tenga sobre generación o no. En lo que respecta en específico a la salida de Costa Azul reiteró que la unidad estaba disponible inmediatamente el problema que hubo era que el transformador de la sub estación que saca la unidad 6 le faltaba aceite y ese trabajo le tocaba a LUMA hacerlo y no fue hasta casi el jueves en la tarde que terminaron de hacer un trabajo que antes los trabajadores de la AEE lo hacían en tres y cuatro horas.

“Eso demuestra que a LUMA le faltan trabajadores, les falta experiencia que es lo mas importante en toda esta situación no es la cantidad de trabajadores que ellos puedan aludir que tienen, sino la experiencia que puedan tener esos trabajadores en esa área de mantenimiento a las sub estaciones prácticamente los compañeros que optaron por irse con Luma son una cantidad muy pequeña y compañeros nuevos que no tienen conocimiento ni la experiencia para hacer ese tipo de trabajo”, declaró.

Observó que LUMA tiene mas gerenciales 22 vice presidencias que salen casi en mas de $600 mil al año lo que es una estructura burocrática mayor que la que tenia la AEE, más cara y la está pagando el pueblo de Puerto Rico.

El presidente de la UTIER manifestó que Luma a lo único que ha venido es a robarse el dinero e incluso denunció que la empresa tiene una actitud racista y discriminatoria y que ya han habido alrededor de ocho renuncias entre celadores y gerenciales de la AEE que se fueron con Luma.

Por su parte entre los presentes en el piquete se encontraban miembros de la Alianza Comunitaria Ambientalista del Sur Este, la cual desde hace cinco años lucha por el cierre de la carbonera. Ángel Quiles, portavoz reiteró que, la carbonera no es necesaria porque el consumo eléctrico que hay ahora mismo en el País según los mismos datos de la Comisión de Energía la hace innecesaria. “Entendemos que además de innecesaria por el excedente de energía que hay en Puerto Rico la hace cara uno de los argumentos del gobierno es que el kvh que la carbonera produce es mas barato pero cuando se le añaden los costos sociales y de salud vemos que es una energía sumamente cara y sucia”.

En tanto el mismo día del piquete-viernes 18 de mayo- el juez del Tribunal de Primera Instancia (TPI) de San Juan Alfonso Martínez Piovanetti, desestimó la demanda presentada por LUMA contra la UTIER. El juez le había pedido a las partes llegar a una negociación, Figueroa Jaramillo dijo a CLARIDAD que la UTIER presentó una propuesta pero hubo resistencia de parte de LUMA y adelantó antes de conocerse la decisión que si el juez tomaba una determinación conforme a derecho no tenía otra opción que negar a LUMA el interdicto preliminar y permanente.

 

 

 

Mirada al País:En una playa de Rincón: Boricuas y dominicanos

 

Especial para CLARIDAD

 En las sesiones del Senado de Puerto Rico, senadores y senadoras podemos tomar turnos iniciales de cinco minutos. En esos cinco minutos podemos abordar cualquier tema que nos parezca meritorio. Lo que sigue es la transcripción de uno de esos turnos (asumido en la sesión del 17 de mayo), inspirado por un incidente ocurrido el día anterior a la sesión y que me pareció un hermoso gesto espontáneo de solidaridad humana y antillana. Demás está decir que sobre el tema abordado se puede y debe abundar mucho más. Pero he preferido presentar el texto tal y como se expresó en su momento, sin añadir o quitar nada.

 Muchas gracias, señor presidente.

Cuando en Estados Unidos existía la esclavitud, existía también una organización y una red que se conocía en inglés como el Underground Railroad—el Tren subterráneo sería la traducción—que era un sistema, era una organización para ayudar a los esclavos fugitivos a escapar hacia la libertad.

En aquella época, la esclavitud era la ley. Y la ley señalaba que había que entregar a los esclavos fugitivos. Pero los que organizaron el Underground Railroad sabían que la humanidad está por encima de la ley, cuando la ley es injusta.

Y yo traigo todo esto porque ayer muchos de nosotros pudimos ver un vídeo a la misma vez estremecedor y conmovedor, de hechos que ocurrieron en una playa de Rincón, en la playa El Faro de Rincón, cuando en una yola hermanos y hermanas dominicanas llegaban a playas puertorriqueñas perseguidos por los oficiales de inmigración y por la Policía y desembarcaban en nuestra tierra. Que llegaban a Puerto Rico como resultado de la injusticia económica, emigrando a Puerto Rico igual que miles de puertorriqueños han emigrado de Puerto Rico hacia Estados Unidos, buscando la posibilidad de una vida mejor para ellos, ellas y sus familias. Y que llegan de esa forma por la injustica de las leyes y el sistema, el ordenamiento político internacional que tenemos, que permite el flujo libre de todo—de las mercancías, del dinero, del capital, menos de los seres humanos.

Y, a la misma vez que es estremecedor ver a estas personas que se les obliga a llegar de esta manera a Puerto Rico, es conmovedor, y yo los invito a que vean el video, es realmente conmovedor, como los puertorriqueños que estaban en esa playa les decían por donde tenían que correr, les decían ¡que se sentaran con ellos!, que se mezclaran con ellos… dominicanos y puertorriqueños, para que no los pudieran encontrar los oficiales de inmigración, para que pudieran empezar un nuevo capítulo de su vida en Puerto Rico. Y eso, repito, es conmovedor.

Y yo sé que algunos van a decir por ahí: «ahí está Bernabe llamando a que se viole la ley». Lo que pasa es que yo, que nosotros, como los que organizaron el Underground Railroad, sabemos que la humanidad está por encima de la ley, que la solidaridad humana está por encima de la ley. ¡Y que bueno que en Puerto Rico hay todavía mucha gente que entiende eso! Yo no sé cuántos de los hermanos dominicanos lograron evadir a quienes querían capturarlos, como antes se capturaba a los esclavos. Les deseo la mejor suerte.

Y a las personas que los trataron de ayudar, a las personas que los invitaron a sentarse con ellos, mi respeto y mi agradecimiento, porque gestos como ese es lo que nos renueva la fe en la humanidad y el orgullo de ser puertorriqueños. Muchas gracias.

 El autor es Senador por el Movimiento Victoria Ciudadana

Esta intervención puede verse y escucharse aquí: https://www.facebook.com/370916972975638/posts/4156405564426741/?sfnsn=mo&d=n&vh=e

El vídeo que se menciona sobre los hechos en Rincón puede verse aquí:

Video | Boricuas ayudan a dominicanos que llegan en yola a huir de la policía (diariolibre.com)