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Coronavirus y globalización

Por Rodrigo Bernado Vega

La gran paradoja que ha revelado la crisis del COVID-19 ha sido el hecho de que la globalización trajo consigo el germen de su propia destrucción. En efecto, la expansión de un virus que inició en las entrañas de China, rápidamente se instaló en lugares insospechados a causa de la velocidad de tránsito y comunicación. Para algunos analistas, la propagación de la enfermedad desnudó las desigualdades estructurales en el mundo, pues aquellos ciudadanos que pueden viajar libres -a causa de sus recursos y capital- fueron los que trajeron la enfermedad a sitios llenos de pobreza y sin margen de respuesta sanitaria u hospitalaria. En consecuencia, la “geografía del virus” se ha distribuido más en aquellos sitios sin mayores controles o herramientas de prevención. Esto sumado, por su puesto, a las respuestas llenas de ignorancia de líderes mundiales como Donald Trump, Boris Jhonson y Jair Bolsonaro que, en un primer momento, minimizaron la acción del virus y luego, lo concibieron como algo inevitable, cuando ya los muertos se contaban por miles.

Por esa razón, la promesa de la globalización de un mundo interconectado y liberal, luego de la caída del socialismo real a principios de los años noventa, se convirtió en la aparente panacea mundial. Incluso algunos autores hablaron del «fin de la historia», hecho que marcaba la victoria definitiva de los Estados Unidos y por extensión de su modelo económico. Y todo apuntaba a que era cierto: los procesos de integración en Europa, la conversión de China y el espacio post-soviético al modelo capitalista, la conectividad asegurada a través de internet y la entronización de los mercados bursátiles, por mencionar sólo algunos fenómenos. No obstante, muchos ignoraban las señales contrarias y las atribuían a pesimistas o resentidos, verbigracia, el aumento de los movimientos nacionalistas/secesionistas, el resurgimiento de partidos de ultraderecha con consignas xenófobas, los movimientos antiinmigración o políticos con discursos proteccionistas, ejemplos todos de un mundo que nunca se fue.

De ahí que la globalización tenga que ser leída como una estrategia propia del neoliberalismo que benefició a un segmento específico de la población: aquellos que cuentan con los recursos de movilización, pues los millones restantes son vistos con desconfianza y excluidos de los procesos de toma de decisiones. Sin embargo, dejando de lado la discusión sobre la aporofobia, el COVID-19 plantea una interesante reflexión sobre el futuro del fenómeno globalizador que será atendido y desarrollado en las siguientes líneas. Lo primero que hay que mencionar es la paradoja con la que inició este texto: la propagación del virus es una consecuencia inmediata de la globalización. Es decir que la promesa de un mundo unido e interconectado fue el caldo de cultivo ideal para la propagación acelerada de la enfermedad.

Dicho de otro modo, «el aumento de la movilidad de las personas que tantas bondades ha supuesto a la sociedad y a la economía en las últimas décadas se ha convertido en el mejor aliado del virus». La consecuencia inmediata no ha sido otra que el aislamiento de las personas sospechosas de contraer el virus, la cancelación de rutas comerciales y aéreas, el confinamiento de millones de individuos y, como no, el cierre de fronteras. Esto sin contar los innumerables problemas internos como la paranoia colectiva, las enormes desigualdades y la búsqueda de chivos expiatorios que se han centrado en los ciudadanos chinos e increíblemente, en los médicos. Todo ello lleva a preguntarse, ¿El mundo post-pandemia supondrá el fin de la globalización? La respuesta es compleja y requiere de múltiples aristas de análisis. En efecto, por una parte, podría considerarse que los movimientos antiglobalización tenían razón y que en aras de salvaguardar la humanidad de futuros brotes infecciosos es necesario desarrollar estrategias autárquicas y proteccionistas. Por otro lado, están los sectores reacios a perder la unión económica global y por eso le apuestan a la integración solidaria (la cual ha brillado por su ausencia) para superar este impase de la humanidad.

Aunque suele decirse que las grandes catástrofes son las parteras de soluciones y líderes de las mismas dimensiones, lo cierto es que la pandemia del COVID-19 puede transformar al mundo tal y como lo conocemos. Enfermedades y pestes estuvieron en el telón de fondo de la caida de grandes sociedades e imperios y que la debacle de los Estados Unidos no será la excepción. En esta misma línea se encuentra la opinión del filósofo político, John Gray, para quien “el apogeo de la globalización ha llegado a su fin”, éste estará caracterizado por la caída de gobiernos, una ruralización generalizada, la restricción de viajes comerciales, la desintegración de la Unión Europea al estilo del “Sacro Imperio Romano” y el ascenso de la extrema derecha; en una palabra estamos asistiendo al desmoronamiento del «orden mundial». Algunas voces han caracterizado este fenómeno como la “desglobalización”, un proceso consecuente que puede derivar en peligrosas circunstancias como el auge de nacionalismos xenófobos y el proteccionismo económico.

En relación con lo anterior, no debe perderse de vista que el período de entreguerras en Europa suscitó el desarrollo del fascismo y significó un fuerte retroceso al comercio internacional. Y aunque la pandemia no puede compararse con la carnicería de un conflicto bélico, sus consecuencias sí han sido alarmantes, por ejemplo, en tan solo 18 días del coronavirus se perdieron la misma cantidad de empleos que en el periodo posterior a la segunda guerra mundial, con la diferencia que esto se produjo 799 días después. Además, siguiendo a la teoría liberal en las Relaciones Internacionales, la interdependencia compleja asegura que dos Estados no entran en conflicto directo a causa de las consecuencias que se pueden derivar de esta decisión. En pocas palabras, si se decidiera atacar a otro país, esto provocaría un gran peligro, sería como una espada de Damocles. Por eso, de acuerdo con estos teóricos la cooperación y el diálogo resultan mucho más eficientes que el conflicto. No obstante, no debemos perder de vista que la globalización sólo beneficia a un sector social, aquel que cuenta con los recursos necesarios para viajar y negociar.

A pesar de no ser una de las voces autorizadas en el tema -y hasta en cierto sentido, uno de sus causantes-, el multimillonario Bill Gates trae a colación que el coronavirus «nos enseña que todos somos iguales (…) nos recuerda que las fronteras falsas que hemos puesto tienen poco valor ya que este virus no necesita pasaporte”. Resulta hipócrita, sin embargo, que el hombre más rico del mundo hable de “igualdad” cuando tiene asegurado el acceso básico a alimentos y otros bienes, en contraste a millones de personas que sobreviven en situaciones paupérrimas. Las desigualdades estaban antes del coronavirus y seguirán allí después de que pase la catástrofe. También debe destacarse que el período neoliberal de los años ochenta es sólo una fase más de la globalización, para algunos especialistas inició en el siglo XV con el llamado “descubrimiento de América” y la expansión del comercio mundial o incluso tiene sus orígenes en la Ruta de la Seda en la dinastía Han.

Otro de los escenarios que puede caracterizar la “nueva normalidad” será un aparente retorno a la integración económica mundial, donde los grandes triunfadores serán las multinacionales farmacéuticas que obtendrán jugosos dividendos a costa de la necesidad de la cura. Y aunque la Organización Mundial de la Salud ha insistido en la gratuidad del medicamento, no es descabellado pensar que nuevamente todo estará orientado por la oferta y la demanda. De hecho, al estilo de la carrera espacial en tiempos de la Guerra Fría, el país que primero obtenga una cura efectiva tendrá enormes ganancias en posicionamiento y prestigio, de ahí que Estados Unidos esté en una situación tan compleja, pues de no encontrar la vacuna, tendrá que entregar irremediablemente el estandarte de primera potencia mundial. Esta lectura, menos apocalíptica, se basará en un retorno paulatino a la integración económica global, aunque los Estados serán mucho más cautos a la hora de establecer relaciones comerciales.

De otro lado, es importante mencionar la perspectiva del filósofo coreano-alemán Byuung-Chul Han,quien en un texto revelador titulado “la emergencia viral y el mundo del mañana”, propone su interpretación del por qué en el oriente asiático parece haber una mejor gestión del coronavirus. Según Han, Estados como Japón, Corea, China, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria derivada de su tradición cultural (confucianismo), acompañada de sociedades menos renuentes y más obedientes que, por ejemplo, en Europa o América Latina. Otro de las ventajas, de acuerdo con el filósofo es la vigilancia digital, con lo cual, el big data encierra un potencial inimaginable para defenderse de la pandemia. En China, por ejemplo, hay 200 millones de cámaras de vigilancia con técnicas muy eficientes de reconocimiento facial, hecho que permitió controlar la propagación por medio de un cerco epidemiológico, avisado a través de mensajes de texto. La reflexión de fondo que orienta el artículo de Han es la consideración sobre el dilema entre democracia (libertad) y autoritarismo (eficiencia). Por supuesto que el control de la pandemia es mucho más efectivo en países cuyos índices de libertad están más restringidos, hecho que según el pensador coreano llevará a replantearse en occidente las formas de gobernar, razón por la cual, la tentación a los gobiernos populistas autoritarios no es una coincidencia.

Tomando en cuenta todos los elementos anteriormente mencionados, es posible concluir que la pandemia del COVID-19 está empujando a una reestructuración de las relaciones socioeconómicas mundiales. En el texto intentamos abordar varias perspectivas: desde una visión de la “desglobalización” caracterizada por el ascenso de gobiernos nacionalistas y de fronteras cerradas, hasta una postura mucho más morigerada en donde la integración económica seguirá siendo parte del panorama de países que le apostarán a una reconstrucción colectiva. Si bien, no podemos anticiparnos a lo que sucederá (y nadie, de hecho, puede hacerlo), lo cierto es que los cambios provocados generarán que estemos asistiendo a una transformación en el orden mundial donde se comience a explorar alternativas al extremo individualismo y el culto de mercado tan característicos en occidente y que tanto daño le han causado a millones de personas.

Reproducido de www.alainet.org

Será Otra Cosa: Isleña, playera y otros crímenes pandémicos

 

 

Por Mari Mari Narváez/Especial para En Rojo

 

I. Yo nunca olvidé los helicópteros de Vieques. A veces, cuando pasábamos muchos días en los campamentos esperando los arrestos, me cansaba de tanto bullicio y me iba a una playa un poco apartada para bañarme y estar un rato sola. En varias ocasiones, el helicóptero de la Marina que rondaba por allí se me acercó demasiado mientras me bañaba. Podía ver incluso las armas que exhibían los militares, casi colgando de aquel aparato. Los veía muy con el rabo del ojo tras las gafas de sol pues, en realidad, la manera de lidiar con aquel hostigamiento, era haciéndome la que los ignoraba por completo. Seguía con mi baño y mirando al horizonte, como si mi ensimismamiento fuera más grande, como si no sintiera las hélices del helicóptero sobre mi cabeza ni me perturbara que se acercaran tanto. Nunca en estos 20 años olvidé aquella sensación de invasión, el temor que ese mismo día aprendí a disimular.

II. Isleña y costeña al fin, una sabe lo que es correr y correr hasta llegar al final de esta tierra. Siempre alcanzas un punto en que no queda más remedio que detenerse en una orilla de mar, mirar a lo lejos, respirar. Para nosotras, esa es la sensación de estar en una frontera. A veces he extrañado poder llegar desde aquí a otro lugar, contar con una frontera terrestre. Poder irme de paseo por la mitología del viaje transnacional, costa a costa, que atraviesa lugares parecidos y, a la vez, muy apartados. En una isla no es así.

La playa nunca ha sido un solo lugar. Ni siquiera un solo elemento, un único imaginario. Tengo miles de playas inscritas en el arquetipo de mi evocación. Está la playa plena, absoluta de mi niñez, cuando pasaba el día completo realenga (sin mi madre ni otra figura de autoridad) jugando con los niños que aparecieran. Salía temprano y regresaba poco antes de que se pusiera el sol, muchas veces sin haber comido siquiera, a veces insolada pero feliz, lleno el espíritu, no solo de jugar y nadar y buscar peces y olas sino también de imaginarme los cuentos más truculentos posibles en el escenario marítimo, que era de mis pasatiempos favoritos. A cada objeto perdido en la playa podía hacerle una historia y a veces esa historia cobraba cierta realidad. Por ejemplo, un día vi muy a lo lejos un bebé recién nacido y solo, siendo arrastrado por las olas en la orilla. Corrí a salvarlo. Estaba bastante lejos, así que debí correr muy rápido para intentar salvar a aquel bebé. Cuando llegué donde él, muy fatigada y temerosa, el bebito resultó ser un coco seco y yo tuve por primera vez esa decepción tan contradictoria de cuando algo malo que esperabas no llega a ocurrir.

En las noches todo se volvía muy distinto. El mar frente a esta casa de playa hacía un ruido salvaje, monstruoso, que el silencio y el vacío de la soledad nocturna magnificaba brutalmente. A veces, si estábamos solas mami y yo, las noches eran un tanto tenebrosas. Recuerdo una vez que ella llamó a la Policía porque había un tipo rondando la casa. El vecindario era muy solitario y oscuro, pero yo lo que recuerdo es que mami era tan fuerte y poderosa que, a pesar de lo espeluznante de aquellas noches en medio de un pueblo fantasma y frente a un mar salvaje del que parecían salir todo tipo de fábulas y revelaciones, yo no sentía miedo. Pero sí me impresionaba lo radicalmente distinto que podía sentirse estar cerca del mar según la hora del día.

Ya en la juventud, los días sagrados eran los de playa. Íbamos en grupos, todos los fines de semana, de día y de noche. En esta época el mar también era una frontera entre la juventud y la adultez experimental, entre la ingenuidad y la temeridad, entre la degustación del mundo y sus riesgos. Podría escribir decenas de cuentos sobre los cientos, miles de imaginarios de playas que digo llevar por dentro, pero eso será después. Por ahora, lo importante es establecer que la playa es a muchas de nosotras las isleñas como el agua a la vida.

III.No estoy segura si fue de mis profesores de la UPR, María del Carmen Baerga y Juan Giusti, tal vez fue de mi amiga Jennifer Wolf, de quienes aprendí que el mar es una categoría de análisis. De Fernand Braudel para acá y a partir de su fijación con el Mediterráneo, se han sugerido los mares y los océanos como categorías de análisis histórico superiores a aquellos anclados en las estructuras de naciones-estado. Según quienes proponen esta mirada, «ese acercamiento disuelve distinciones artificiales, a veces incluso absurdas, entre regiones supuestamente coherentes y ostensibles, llamando la atención sobre ciertas interacciones sistemáticas, sostenidas a largo plazo, que se llevan a cabo a través de diversos cuerpos de agua», dice Jerry Bentley en su artículo Sea and Ocean Basins as Frameworks of Historical Analysis. Él ofrece el ejemplo de la esclavitud, que se construyó sobre el escenario (esa especie de denominador común) del Océano Atlántico, protagonizado por tres continentes muy disímiles que crearon un triángulo de actividad, tráfico, relaciones y explotación, sobre el Atlántico (Europa, África, el Caribe).

Ahí entendí que había mucho más en esa búsqueda reiterativa en la orilla del mar; algo que me hace sentir por quienes transitan entre esos cuerpos de agua que desde acá vislumbramos. Que ahí, en última instancia, está impresa la radiografía de la actividad humana entre nuestras islas.

IV. Este verano pandémico, el acto sencillo de ir a la playa se ha convertido en un ejercicio de extraordinaria resistencia. Aquel tiempo del helicóptero, de improvisar valentía para darme un baño de mar, ha regresado. Esta vez el aparato hace acto de presencia constantemente. Es una vigilancia manifiesta, tóxica, intimidante, que necesita dejarse sentir. Los primeros meses de la cuarentena era realmente absurdo, pues las playas estaban completamente vacías. Y si acaso se hubiese colado alguien, esa persona hubiese estado en absoluto distanciamiento físico. El vuelo constante del helicóptero entonces parecía un ejercicio completamente fútil, de exhibicionismo y control, incluso más bien psicológico. Si algo había por esos días era un gran silencio, hasta que este aparato comenzaba su excursión diaria.

Ir a la playa se ha vuelto una paradoja. Crees que puedes hacer algo para relajarte de toda esta ansiedad por la pandemia. Ir a la playa es seguro. Sería muy pero que muy raro contagiarte allí de Coronavirus, así que te dispones a hacer algo por ti, por tu salud mental y física, por tu vida familiar. Preparas todo. Eso nada más hoy día es un esfuerzo épico para mucha gente. Llegas a la playa y al ratito llega también el helicóptero. Es una sensación extraña. No quieres darle importancia, no quieres mirarlo siquiera porque sabes que eso es lo que busca allá en el aire, atención, intimidación, autoridad. Pero aún sin mirarlo, lo sientes. Imposible no hacerlo. Se interpone y te provoca inseguridad. ¿Cuánto va a bajar? ¿Está tomando fotos? ¿Qué busca? Y aquí solamente estoy hablando de algo que hasta cierto punto es lejano: un helicóptero molesta, intimida, a veces baja demasiado y es peor aún. Pero permanece en el aire. Así que todavía no estoy entrando en los casos que hemos documentado en la organización que dirijo, de personas solas arrestadas, entiéndase privadas de su libertad y expuestas al contagio del virus por una Policía que es uno de los mayores focos de contagio en el País. Arrestadas por pasear perros en la playa, por caminar, por estar en pleno distanciamiento observando el horizonte. Tampoco estoy hablando de personas que han sido arrestadas en su hogar incluso o en sus carros por llevar comida a familiares enfermos (¿puede haber más distanciamiento físico que estar en tu casa o en tu carro?)

Nuestro gobierno ha encontrado en la pandemia el subterfugio perfecto para poner su autoritarismo en un tratamiento de esteroides. Hace ya casi medio año que no sabemos lo que es disfrutar de un día de playa sin ser vigilados y en muchos casos acechados por la Policía. Esto a pesar de que, en esta pandemia, lo más recomendado es utilizar los espacios naturales al aire libre. Mucha gente piensa que estas medidas son justificadas por el terrible riesgo de contagios que enfrentamos en estos días. No coincido con ellos pero esa parte de la discusión se puede incluso estipular porque da igual si están o no justificadas. El efecto será el mismo: pérdida de derechos y un enorme retroceso en la cultura democrática del País, que nunca ha sido muy robusta, lo que solo me sugiere que será aún más difícil reponernos. Los gobiernos siempre han sabido utilizar el miedo para eliminar o violentar derechos y arreciar su poder y autoritarismo. En cuestión de meses, se ha criminalizado el acto sencillo y ordinario de acudir a una playa y ya nos hemos acostumbrado a que ejecutar esa inocente actividad puede tener la consecuencia de ser intervenido por el Estado. Así fueran claros, concisos, legales y ejecutables los decretos de la Gobernadora (que no lo son), de todos modos nuestra policía es incapaz de actuar bajo márgenes constitucionales. No lo digo yo. Es un hecho extensamente documentado tanto por el Departamento de Justicia federal como por nuestra sociedad.

Nuestro gobierno ha descansado excesivamente en medidas policiacas para atacar un problema que es de salud pública, y nada tiene que ver con crimen y castigo. Quiere insistir en que el problema somos nosotros, que somos indisciplinados, cuando aquí la gran mayoría de las personas, aún sin poder, hizo y todavía hace un sacrificio increíble para quedarse en sus casas. Desplazan la culpa hacia nosotros porque sus medidas han sido mediocres, corruptas, insuficientes e inadecuadas. Ninguna pandemia puede controlarse con policías, sin pruebas, rastreo, campañas de promoción de salud, estudios de prevalencia y el aislamiento efectivo de los casos positivos, que es en lo que debían haberse concentrado desde el primer día.

«Institucionalizar la mentira es la demostración más absoluta del poder», dice Diego Olavarría, en su artículo Fascismo en tres partes,publicado recientemente en la revista de la Universidad de México.

Siempre he sabido que agua y libertad están imbricadas. Me pregunto cuánto de eso tan grande e intangible que es la libertad puede sobrevivir la represión. Cuál es el límite, la frontera de la voluntad de libertad, esa orilla donde no importa cuántos policías lleguen, solo encontrarán su propia futilidad, la infecundidad de aquello que se busca y no se alcanza.

Pero también me pregunto: Cuando la pandemia sea ya solo un recuerdo traumático de nuestro pasado: ¿Cuánto habremos retrocedido en la búsqueda del país realmente democrático que queremos ser?

 

 

 

Hablando sobre la obra de Rosario Ferré

 

Por Rafael Acevedo/ En Rojo

Recibo una nota de prensa en la que se anuncia la salida de un libro sobre la obra de Rosario Ferré de la autoría de la escritora Melissa Alvarado Sierra.  La nota incluye un fragmento del libro en cuestión: La narrativa activista de Rosario Ferré: feminismo e identidad(McGraw- Hill España).

Se trata de un análisis del relato “El regalo” . Sobre éste se concluye:

Este cuento aplica muchas de las técnicas que Ferré comenta en su libro Sitio a Eros sobre la transformación que la mujer debe tomar para vencer los obstáculos impuestos. Con «El regalo», Ferré plasma la solidaridad femenina como un tipo de emancipación, invitando a que las mujeres se acepten unas a otras, independientemente de su raza o clase social, para crear un espacio liber- tador. «El regalo» es en sí un obsequio que muestra un escape del racismo y prejuicio, tanto de la mujer como de la nación, a través de la alianza femenina.

Me comuniqué con la autora del libro en ánimo de establecer un diálogo sobre su investigación. Por supuesto, mi primera interrogante era si ese feminismo y su perspectiva de la identidad se habrían transformado a lo largo de su obra.

 Melissa Alvarado Sierra: El libro no cubre toda la obra de Ferré. El enfoque es la obra creada en los años 70s y 80s, específicamente Papeles de Pandora, Maldito Amor y Sitio a Eros. Es en esa época que Ferré se declara independentista y feminista. Su obra en ese entonces señala al imperio como opresor, no solo de la isla, pero de las mujeres que la habitan. Mi análisis intenta rescatar la obra anticolonial y feminista, realzando los paralelos que Ferré presentó entre la isla y la mujer, dos entes marginados — uno por el colonizador y el otro por el patriarcado. Existe una conexión entre la opresión de la isla y la opresión de la mujer. Un buen ejemplo de estas ideas es el cuento “El regalo” en Maldito Amor.

 Yo diría que Ferré expone ideas feministas en casi toda su obra, incluyendo los últimos escritos. Ella cambió de ideología política pero creo que nunca dejó de ser feminista. Sus últimas obras, y las traducciones de Papeles de Pandora (The Youngest Doll) y Maldito Amor (Sweet Diamond Dust), reflejan el cambio ideológico, una narrativa menos anticolonial. Ellla fue más bondadosa con el americano en ese entonces. En definitiva, no podría decirse que en sus últimos textos escribe en contra de la ideología burguesa de su familia. En ese sentido, ella cambió de parecer.

 Mi intención con el libro es que se revisite la literatura anticolonial que comparaba la lucha por la libertad nacional con la lucha por la libertad femenina. Los tiempos que vivimos son diferentes a los que Ferré vivió cuando se declaró estadista en los 90sy creo que su obra temprana es más relevante ahora, una época de caos político y social en Puerto Rico y Estados Unidos.

ER: Como usted muy bien señala esos primeros libros de Rosario Ferré son contestatarios, tanto a nivel estético y formal, como desde un punto de vista ideológico. Para mí Fabulas de la garza desangrada y Papeles de Pandora son el pico de su obra creativa.

Aunque Fábulas se publicó en 1982 sintetiza mucho de las luchas feministas de la década anterior. Establece diálogos muy ricos con la poesía de Anjelamaría Dávila, por ejemplo, aunque son dos poetas muy diferentes hasta en su procedencia de clase. ¿Ha trabajado con ese libro?

Por otro lado su adhesión más clara al estadoísmo (estadidad) ocurre en 1998 en el NYT: «When I travel to the States I feel as Latina as Chita Rivera. But in Latin America, I feel more American than John Wayne”. Una frase muy buena para realizar un análisis. Pero lo cierto es que, aparte de ese asunto extraliterario, sus dos primeros libros son deslumbrantes.

Melissa Alvarado Sierra:Estoy muy de acuerdo con todo lo que expone. Leí y estudié «Fábulas,» pero no lo incluí en mi libro ya que mi experiencia como escritora y crítica es en prosa y no poesía. Pero es un poemario exquisito y una muestra innegable del gran talento de Ferré. Ahora que estoy escribiendo mi primer poemario, seguramente escribiré sobre esa obra de Ferré en el futuro.

 Lo que Ferré publicó en el NYT fue muy claro y la frase que usted cita es definitivamente controversial y buenísima para realizar un análisis sobre el tema de identidad. Lo tomaré en cuenta.

 Quería comentarle que impartiré cursos en un centro literario en Denver (Lighthouse Writer’s Workshop) y la primera clase será sobre la obra de Ferré. Cubriré su cuentística y ensayística, pero también recomendaré «Fábulas,» ahora que usted lo menciona. Le comento que recibí una beca en ese mismo centro para escribir mi segundo libro, una colección híbrida (ensayos y cuentos) sobre lo que significa vivir en un constante desastre en la isla (desastres naturales y sociopolíticos).

        Alvarado Sierra vive entre Puerto Rico e Islas Vírgenes mientras realiza su labor creativa e investigativa. Sus cuentos, crónicas y ensayos han sido publicados en The New York Times, The Puerto Rico Review, Catapult, The Caribbean Writer y Zora, entre otros. También contribuyó para un libro sobre soberanía alimentaria y justicia ambiental en Vieques, Puerto Rico de la editorial neoyorquina The New Press. El libro será publicado en el 2021. Nuestras felicitaciones por la publicación de este libro sobre la obra de Rosario Ferré.

 

Minutos de Cine:Project Power

 

Por Marcos I. López Orriz/Especial para En Rojo

 

 

Project Poweres un filme de superhéroes de Netflix. Este es dirigido por Henry Joost y Ariel Schulman y protagonizado por Jamie Foxx, Joseph Gordon Levitt y Dominique Fishback. La historia se centra en una joven traficante de drogas, un oficial de policía persistente y un ex soldado sin nada que perder. Deciden unir fuerzas para detener la distribución de una droga que le da al consumidor un poder como los vemos en cómics y las películas de superhéroes que tanto disfrutamos, pero solo durante cinco minutos.

 

El concepto del filme es genial. Me encanta que es algo fresco y diferente en una industria saturada por las películas de superhéroes post Avengers: Endgame. El hecho de que los súper poderes son vistos como un problema en este mundo es algo fascinante y no es por el lado del comentario social a la X-men, sino porque son personas con problemas de uso de sustancias y el que tenga poderes lo ven como lo peor. Aunque pienso que pudieron usar los poderes un poco más, estas habilidades son sumamente creativas. Específicamente hay unos cortes que me recuerdan a Requiem for a Dream(Darren Aronofsky, 2000) en cuanto a edición y es sumamente interesante. Lamentablemente, un concepto genial no te garantiza un buen producto.

El libreto del filme es fatal. Esto causa que el diálogo sea horrible y no tengas una buena conexión con los personajes. Especialmente con nuestro protagonista, Art, quien intenta pasar como el tipo cool que no le importa nada la primera vez que lo vemos, pero luce como alguien arrogante que se cree la última Coca Cola del desierto. Este problema también se ve con el personaje de Dominique Fishback, quien tiene varias escenas que prometían un desarrollo genuino, pero un libreto malo la arrastra y no deja que conectemos con ella como nos hubiese gustado.

Esto me recuerda mucho a Bright(David Ayer, 2017) y Code 8(Jeff Chan, 2019), películas de Netflix que tenían premisas magníficas y no hicieron nada con ellas. Es triste decirlo, pero Project Powerno funcionó. Una película con tanto potencial se convertirá en una más cuando todos la olviden en varias semanas. Quiero decirles que un mejor equipo detrás de la cámara me motivaría a darle otro intento a esto, pero después de este filme no quiero visitar este mundo de superpoderes de Netflix en un buen tiempo.

Comentarios a:Marcoslopez614@gmail.com

Mirada al País: Factores electorales (II): La abstención electoral

 

Por: Wilma E. Reverón Collazo/Especial para CLARIDAD

De ser uno de los países con mayor participación electoral en elecciones en el mundo, Puerto Rico ha ido descendiendo significativamente en la participación electoral de sus ciudadanos.

La tasa de participación electoral de los electores inscritos entre 1996 al 2016 es como sigue:

% ABSTENCION ELECTORAL INSCRITOS

1996    16.8

2000    17.4

2004    18.3

2008    21 – mujeres votantes lograron superar al de los hombres por más de 8%

2012    26.9

2016    30

Sin embargo, al examinar la participación electoral de la población mayor de 18 años hábil para votar, los hallazgos son los siguientes:

% ABSTENCION ELECTORAL HABILES MAYORES DE 18 AÑOS (CARABALLO CUETO)[1]

2008    2.96 MILLONES          VOTARON 1.94 MILLONES = 34%

2012    2.8 MILLONES             VOTARON 1.88 MILLONES = 33%

2016    2.7 millones              VOTARON 1.56 MILLONES = 42%      4 DE CADA 10 PERSONAS

Entre 2012 y 2016 hubo 320,000 personas menos votando.

“Quizás la desconfianza en los políticos, la desesperanza ante la crisis, la desilusión con la calidad de los candidatos o la convocatoria expresa de deslegitimar el proceso en respuesta a la imposición de la Junta de Control Fiscal pueden ser las razones para esta participación baja”, comentó el doctor José Caraballo Cueto, director del único CIC en Puerto Rico.

A base de las recientes experiencias electorales, Caraballo Cueto adelanta que se anticipa que esta tendencia continúe manifestándose en los próximos comicios:

“Si sumásemos los votos protestados y las nominaciones directas simbólicas que suman más de 2,000 papeletas, la deslegitimación del proceso es aún mayor. Con esta amplia abstención electoral, podemos afirmar que muchos políticos fueron elegidos por una minoría.[2]Los mecanismos de ‘segundas vueltas’ establecidos en otros países se pueden considerar en Puerto Rico para darle mayor legitimidad a las elecciones. Pero, independientemente del mecanismo electoral, todos los partidos deben cuestionarse por qué cada vez menos personas votan por ellos y cómo pueden volver a esperanzar a un pueblo en un proceso democrático que no se limite a las urnas cada cuatro años. Si durante cuatro años no consideran al pueblo en sus decisiones y en sus propuestas, es probable que las urnas continúen vaciándose”, aseguró el también doctor en economía.

En reseña que hiciera en El Nuevos Día el periodista Roberto Cortés Chico[3], identifica a los pueblos del norte oriental como los que más baja participación reflejaron en los comicios del 2016, en algunos municipios como Río Grande, Loíza, Fajardo, Vega Alta, Gurabo y Canóvanas, donde menos de la mitad de las personas con edad para votar llegaron hasta los colegios de votación. Según Chico Cortés, se trata de un factor que pudo ser determinante para los resultados en municipios como Loíza cuya administración cambió de partido en esas elecciones.

“De hecho, muchos de los municipios al noreste estuvieron entre los que tuvieron menor participación electoral.

En cambio, los pueblos de la zona central, justo en la misma cordillera, presentaban índices de participación altos. Por ejemplo, en Las Marías, el 88% de las personas de 18 años o más emitieron su voto en la carrera a la gobernación. Ciales y Villalba también tuvieron unos índices que sobrepasaban el 80%.”

Los analistas políticos Domingo Emanuelli y Héctor Luis Acevedo señalaron la posibilidad de que las listas de lectores inscrito estuvieran infladas como resultado de la decisión del Tribunal Federal que obligó a la Comisión Estatal de Elecciones (CEE) a mantener como electores activos a aquellas personas que votaron en los comicios del 2004 pero no así en los del 2008 y los del 2012. Previo a esta determinación, si una persona no participaba en una elección, tenía que reinscribirse para que apareciera en las listas de electores elegibles en la próxima contienda.

“Esta situación llevó a que la CEE mantuviera en sus listas un total de 2,865,419 electores cuando la población en Puerto Rico con edad para votar en el 2015 era menor (alrededor 2,736,791 personas).”

Por su parte el experto en materia electoral, Héctor Luis Acevedo, indicó que la lista de electores en Puerto Rico estaba inflada en unas 700,000 personas.

Como resultado del referido proceso de depuración de listas, los electores activos para las elecciones generales de 2016 fueron clasificados de la siguiente manera[4]:

Código Status Electores
A1 Votó en las Elecciones Generales de 2016 1,596,842
A2 No Votó en las Elecciones Generales de 2016 646,699
I8 No Votó en las Elecciones Generales de 2008 268,204
I9 No Votó en las Elecciones Generales de 2012 355,812
Gran Total 2,867,557

 

¿Las predicciones para el 2020? El profesor Ángel Israel Rivera, al anunciar que ha optado por la abstención electoral para el 3 de noviembre, 2020, nos dice: “Puedo equivocarme, pero parece ser que la situación está servida para un aumento en la abstención electoral respecto de la que arrolló a la partidocracia en 2016. Y parte de esto, además de los peligros de la pandemia, es el descontento con toda la clase política y la ausencia de opciones que sean alternativas reales.”

La apatía que demuestra el 42% de la población que ni siquiera se inscribe para votar debe ser objeto de una investigación cuidadosa desde el punto de vista tanto de género, edad, raza como condición social y económica.

Los tímidos intentos de ofrecer alternativas organizativas nuevas se estrellan contra la indiferencia, escepticismo, suspicacia y falta de voluntad política de un 42% de la población.

Esto se convierte en un reto aún mayor si surgiera de que ese 42% se compone mayoritariamente de las generaciones ascendientes de Millenials y centennials. El voto joven es un factor determinante en estas elecciones. La CEE ha hecho poco y por presión de los comisionados electorales del PIP y el MVC, para inscribir a esos sectores.

 

[1]Centro de Información Censal (CIC) de la Universidad de Puerto Rico en Cayey, noviembre, 2016.

[2]El PNP, que sólo pudo elegir a Ricardo Rosselló con el 42% de los votantes y el PPD no llegó ni al 40% en su candidato a Gobernador,Rivera, Ángel Israel, Claridad, agosto 2020

[3]https://www.elnuevodia.com/noticias/politica/notas/enorme-la-abstencion-del-electorado/El Nuevo Día, 15 de noviembre, 2016

[4]https://electionspuertorico.org/referencia/electorado.votante/: Elecciones en Puerto Rico:
La Participación de Electores Inscritos en las Elecciones Generales de 2016